EL OJO DE LA LUNA (II)

Hermione gritó de dolor sin poder evitarlo, sintiendo un ardor furioso en la palma de su mano izquierda que la hizo cerrar los ojos con tanta fuerza que salieron lágrimas de ellos.

— ¡Hermione!—oyó el grito de una voz femenina, ronca y rasposa.

Abrió los ojos nuevamente y pudo ver horrorizada el inmenso hombre que estaba delante de ella, manteniendo su espada casi pegada a su cuerpo. Ella, al parecer, en un intento de escapar de la muerte, había colocado su mano, deteniéndola, sin detenerse a pensar que el filo la cortaría. Y ese era el dolor que sentía. No obstante, más allá de que su corazón latía velozmente y que se sentía sudar demasiado, no era capaz de sentir miedo.

Dándose cuenta que tenía su propia espada en su mano derecha, movió el brazo violentamente e intentó pegarle, causando que él retrocediera, llevándose el filo de su arma lejos de ella. El dolor nuevamente le quitó el aliento pero entendía que estaba peleando por su vida y que no debía dejar que eso le impidiera seguir luchando. Nuevamente aquel gigante atacó pero Hermione fue rápida y de un solo paso ágil escapó. Por fortuna, otro hombre apareció de repente y empezó a pelear también, defendiendo a Hermione, gritándole que corriera al interior.

¿Al interior?, se preguntó confundida y con desesperación miró a su alrededor, dándose cuenta que se encontraba en una especie de playa de arena blanca y palmeras, muy cerca de un mar azul. Pero el maravilloso paisaje era interrumpido por la feroz lucha que estaba llevándose a cabo en ese mismo momento, donde al menos cincuenta hombres gritaba, gruñía y peleaban a puño de espada entre ellos. Algunos rostros le resultaron ligeramente familiares aunque no pudo deducir en ese momento porqué.

Cuando su rescatista volvió a gritarle, corrió por la arena sin tener mucha idea de a dónde dirigirse.

Alejándose de la playa se podía ver una espesa mata de árboles y rocas y a un lado, quizás a unos treinta metros, una cueva que tenía una enorme entrada que parecía estar iluminada por antorchas. Aceleró sus pasos hacia allí, haciendo caso omiso al ardor de sus pulmones.

— ¡Hermione!—volvió a oír el grito y esta vez pudo seguir el sonido.

Miró hacia su derecha y descubrió a una mujer que estaba completamente enfrascada en una pelea con un hombre que era casi igual de su tamaño, pero el doble de veloz. Esta vez no tardó demasiado en reconocerla. Anna. La mujer pirata que había conocido en muchas realidades atrás. ¿Podría ser ella? ¿Realmente la misma? Se quedó aturdida unos instantes hasta que nuevamente oyó que ella gritaba nuevamente su nombre, justo en el momento en que conseguía que acertar un mortal golpe con su espada en medio del abdomen de su contrincante.

— ¡VE Y CONSÍGUELO!—le gritó, señalando el interior de la cueva.

Hermione asintió y corrió nuevamente, siendo consciente que un nuevo hombre lleno de cicatrices se acercaba peligrosamente a Anna, pero ésta se agachaba justo a tiempo para escapar.

Pero, ¿qué se suponía que debía conseguir? ¡No tenía idea! ¿Sería posible que se tratase de la misma Anna, de la misma realidad? Sería la primera vez que la magia los transportarse nuevamente a una realidad que ya habían visitado antes. Tampoco entendía por qué sucedió esto, si ese era el caso.

Mientras corría, intentó estrujarse la mente pensando en lo que había sucedido en aquella realidad de corsarios y piratas. Anna había sido la que la había sacado de la isla donde vivía con Draco, su esposo, ya que había estado destrozada por la muerte de su hijo pero luego habían regresado a él para que las ayudara a cobrar venganza del hombre que era el verdadero responsable del fallecimiento del pequeño.

Su corazón se estremeció ante la imagen de un niño rubio que apareció en su mente pero rápidamente se obligó a dejar esa imagen de lado y seguir pensando en lo que se suponía que debía de encontrar.

Al llegar a la entrada de la cueva la invadió un instante de duda, una sensación que se mezcló con el temor. No obstante, algo muy dentro de ella le decía que debía de hacer aquello y dio un paso hacia adelante y luego otro y otro. Después de eso, fue fácil adentrarse en aquel frío ambiente. Un escalofrío recorrió su espalda, haciéndola estremecer y todos los vellos de sus brazos descubiertos se erizaron.

Había algo allí dentro… algo que podría decir que era mágico.

A medida que avanzaba iba sintiendo como la temperatura seguía descendiendo aún más. De su boca salía el vaho de su aliento e incluso las antorchas encendidas que iluminaban las paredes de piedra de aquella cueva parecían ser incapaces de emanar calor. Volvió a estremecerse pero no se detuvo; por el contrario, avanzó más rápidamente en un intento de alejar el frío que se colaba a través de sus botas y congelaba sus pies.

Aquella cueva parecía una especie de pasadizo largo y profundo y aunque no lo podía asegurar con certeza, parecía ir adentrándose en las profundidades de la tierra, con una inclinación de tan pocos grados que casi era imperceptible. En varias ocasiones miró hacia atrás y el orificio por el que había entrado, que dejaba ingresar un poco de luz solar del exterior, se iba haciendo cada vez más pequeño; hasta que descendió tanto que ya no fue capaz de verlo. Nuevamente sintió un poco de miedo pero no se detuvo y finalmente dio con una bifurcación en la cueva. Miró los dos caminos sin saber a dónde ir pero decidió que debía seguir su instinto y armándose de valor tomó el que iba hacia su derecha, a pesar de que no había ya ninguna antorcha por allí. Así que tomó la larga vara de madera encendida y avanzó.

Se sorprendió al sentir una ligera briza chocando contra ella, haciendo que el fuego crepitara.

Tuvo que esquivar grandes rocas que veía casi cuando estaba a punto de chocar con ella. Sus pies se humedecieron cuando encontró agua, en lo que podía ser el inicio de un río. E incluso tuvo la mala suerte de que una brisa potente soplara y amenazara con apagar su antorcha hasta que finalmente lo consiguió y quedó completamente a oscuras.

Pero Hermione no se detuvo a pesar de que la negrura absoluta la rodeaba. Extendió sus manos hacia delante y tanteando las rocas frías y húmedas fue avanzando. La temperatura era tan baja que el agua helada que rodeaba sus pies era una especie de escarcha en vez de líquida. Sus piernas comenzaban a cansarse de tanto andar y su cuerpo temblaba tanto que le resultaba difícil avanzar. Era incapaz de controlar el castañar de sus dientes y su respiración se volvía cada vez más pesada.

Por fortuna pudo ver a lo lejos una nueva abertura a través de la cual se veía nuevamente una luz tenue entrar. Pensó que se encontraba demasiado lejos pero a medida que iba aproximándose a ella comprendió que no era así en realidad, sino que era una salida tan pequeña que tuvo que inclinarse para pasar. Y cuando volvió a pararse derecha y observó lo que la rodeaba, se quedó absolutamente maravillada.

Estaba en una caverna que tenía forma de cono hueco en cuya cúspide había una nueva abertura que dejaba ver un trozo incandescente de cielo azul. El pequeño río de agua cristalina que la había acompañado durante su trayecto salía del hueco por donde ella había salido y se extendía hacia adelante por unos cinco metros hasta desembocar en una especie de lago semi-congelado. Incluso había plantas pero parecían secas y casi sin vida a causa de las bajas temperaturas. Toda la base de aquel cono—que Hermione sospechaba que se trataba de un volcán inactivo—era de una piedra dura y oscura.

Caminó cuidadosamente por el costado del lago, cerca de las paredes porque los bordes rocosos estaban congelados y resbaladizos. En su piel, más allá del frío, comenzó a sentir un hormigueo que sólo podría provenir de la magia. Todo su cuerpo se puso tenso y sacó su espada de su cinturón para aferrarla con fuerza en su mano. No tenía idea de qué podía haber allí y tampoco si era peligroso o no. Pero por más que rodeó toda la circunferencia de la base no logró encontrar el sitio de dónde provenía la magia.

Hasta que miró hacia el fondo del lago.

Allí estaba.

Era un objeto que ella no podía distinguir con claridad pero que irradiaba una tenue luz blanquecina. Supo de inmediato que eso era lo que debía de conseguir y que no le quedaba otra opción más que tirarse al agua congelada para conseguirlo. Ella sabía nadar muy bien pero era consciente que tan bajas temperaturas serían como miles de agujas clavándose sin piedad en su piel.

Pero no creía que tuviera otra opción.

Así que se quitó las botas y el chaleco largo que usaba por encima de su camisa y se tiró al agua. Se quedó sin aliento en el mismo momento en que el agua fría tocó todo su cuerpo y en un pensamiento lejano se preguntó cómo es que Harry había podido hacer aquello un año atrás, cuando tuvo que rescatar la espada.

Sus brazos y piernas comenzaron a doler y pudo sentir la presión de aquella masa líquida encima de su cabeza y pecho. Sus pulmones ardieron nuevamente a causa del esfuerzo que representaba retener el aire y moverse al mismo tiempo. No obstante, cada vez que acortaba las distancias entre ella y aquel objeto, podía sentir la magia rodeándola con mayor intensidad.

Cuando finalmente las yemas de sus dedos pudieron tomar aquel brillante objeto, lo aferró en su puño, comprendiendo que no era demasiado grande. Dejó que sus pies tocaran el fondo rocoso de aquel lago e intentó impulsarse hacia arriba, aunque no pudo avanzar demasiado porque sus músculos estaban demasiado agotados.

Deseo más que nunca ser capaz de poder hacer magia, tener su varita e impulsarse fuera de aquella trampa helada pero no en ese momento no tenía más que su fuerza de voluntad.

No obstante, se debió de dar cuenta que obtendría algo más de ayuda. Un cuerpo oscuro de una persona que no logró identifica en ese instante se sumergió también y la ayudó a salir de allí, tomándola de un brazo mientras se impulsaba para salir a la superficie. Cuando lo hicieron, se arrastraron por la orilla y se tendieron boca arriba, con la respiración agitada y el cuerpo temblando.

—Lamento llegar tan tarde—dijo su rescatista, respirando con dificultad a causa del esfuerzo— ¿Estás bien?

Hermione sintió que Anna se inclinaba y comenzaba a tocar su rostro en busca de heridas y veía que siguiera respirando.

—Podría estar mejor—contestó Hermione.

Anna rió nerviosamente y la envolvió en un abrazo frío.

—Me vas a matar un día de estos, maldita tonta—se quejó sin soltar.

—Cuida tu lenguaje—la reprendió Hermione con diversión cuando Anna se separó.

Ambas se sentaron y Hermione se puso a contemplar lo que había extraído del fondo del lago. Era una especie de roca porosa de color blanquecino con forma circular. Ahora que lo había sacado del agua ya no desprendía esa luz que había visto en el fondo del lago pero la magia parecía colarse en cada uno de los puntos de contactos con su mano.

—Es diferente a lo que imaginé—confesó Anna a su lado, acercando su mano para tomarlo pero retirándola de inmediato—. Siempre tuve la extraña idea de que en realidad se parecería a un ojo.

¿Ojo?

¡El Ojo de la Luna!

Hermione parpadeó varias veces, observando atentamente el objeto, recordando de inmediato que ese era su objetivo en aquella realidad. Encontrar aquel "Ojo" para poder destruir a Mifán, transformando su alma inmortal en mortal y así vengarse. Pero ahora que finalmente tenía aquello en sus manos, la idea de matar a aquel pirata no le gustaba.

Se levantó tambaleante y buscó sus botas y chaleco. Se los colocó, guardando la piedra dentro del interior de su bolsillo.

— ¿Dónde está Draco?—le preguntó a Anna, que también se había puesto de pie y caminaba hacia el túnel que las sacaría de allí.

—La última vez que la vi estaba peleando con uno de los seguidores de Mifán. Él me ayudó a librarme del imbécil que quería matarme y me gritó que viniera a ayudarte.

Hermione temió por él y apresuró sus piernas temblorosas a través del interior de la cueva. Tenía frío, su mano dolía y sentía un cansancio supremo en todo su cuerpo.

—Mis hombres casi estaban controlando la situación—le dijo Anna como si pudiera leer la preocupación en sus rasgos—. Tu queridito estará bien. Sólo agradezco que Mifán nos haya subestimado de esa forma. Sólo envió a una docena de sus hombres, pensando que no tardarían en acabar con nosotros. Cuando se dé cuenta de su error, no lo cometerá dos veces.

Hermione no estaba segura de qué pensar sobre eso. Si Mifán mandaba a un mayor número de hombres a atacarlos la próxima vez, no creía que tuvieran mucha oportunidad de salir victoriosos.

Cuando finalmente volvieron a salir a la playa, Hermione agradeció poder sentir la cálida arena sobre sus pies descalzos y los rayos de sol secando su piel húmeda y fría. Los hombres que estaban esperándolas allí, las saludaron y les dieron la bienvenida alegremente y gritaron entusiasmados cuando Anna gritó "Lo encontramos".

— ¿Y Draco?—quiso saber.

Pero el chico llegó de repente corriendo, con la respiración agitada, la piel quemada por el sol y una mirada llena de ansiedad.

— ¡Hermione!—gritó.

La joven no pensó dos veces antes de correr hacia él y en cuanto estuvieron frente a frente lo envolvió en un abrazo fuerte que el rubio devolvió.

— ¡Merlín, te extrañé!—dijo Draco cerca de su cuello, sorprendiéndola por la confesión.

Hermione tomó su mejilla entre una de sus manos y unió sus labios en un beso feroz que hizo que los hombres y Anna, testigos del evento, chillaran y lanzaran silbidos ruidosos. Draco tomó su cintura y la pegó a su cuerpo, sin dejar de besarla cuando sintió que quería alejarse. La besó por unos instantes más, suavizando el movimiento de sus labios hasta que se separó muy lentamente, sonriendo ligeramente cuando notó sus mejillas ruborizadas.

— ¡Ya basta!—exclamó Anna con aparente molestia, aunque no dejaba de mirar con diversión a la pareja— ¡Debería asesinarte, Malfoy, por besar a mi chica!

—Ella era mía mucho tiempo antes—gruñó el rubio sin soltar a Hermione.

—Y no supiste mantenerla contenta—respondió la mujer, haciendo un gesto obsceno con su mano.

Draco enrojeció, sintiéndose furioso por tal insinuación. Él era más que capaz de mantener contenta a Hermione en todos los sentidos.

— ¡Estoy aquí!—exclamó la Gryffindor.

—Creo que todos nos dimos cuenta de eso cuando casi violaste a Malfoy frente a nuestros ojos, Hermione—indicó Anna, riendo, mientras avanzaba sobre la arena.

Subieron a unos botes que se encontraban sobre la playa y fueron hacia el barco de Anna. Una vez allí comenzaron a navegar de regreso hacia la isla de Draco mientras se dedicaban a curar sus heridas y mantener bien guardada el "Ojo". Hermione quería hablar a solas con el chico, preguntándole si tenía alguna idea o sospecha de por qué habían vuelto a caer en una realidad a la que ya habían ido con anterioridad; no obstante, el barco estaba lleno de personas que podrían escuchar su conversación.

Una noche antes de llegar a su destino, Anna se le acercó a Hermione cuando la encontró sola en el camarote principal.

— ¿Te quedarás con él?—le preguntó.

— ¿Con Draco?—Hermione no estaba completamente segura de haber entendido las implicaciones de la pregunta— ¿Cuándo?

—Cuando toda esta mierda acabe—se sentó a su lado, al borde de la cama.

—Sí—respondió de inmediato.

Hermione rogaba que su estadía en aquella realidad no fuera tan extensa pero si debía de permanecer allí por más tiempo quería estar al lado de Draco.

—Siempre supe que aún sentías algo por el idiota—dijo Anna con una sonrisa en sus labios—. Sólo estabas odiando al Destino por lo que sucedió y eso te impidió darte cuenta que aún lo amabas.

No dijo nada pero pensó que esa era una razón lo suficientemente buena como para explicar las acciones que la habían llevado a ese punto.

Anna la miró con suma atención.

— ¿Lo extrañas?—preguntó lentamente.

— ¿A Draco?

—A tu hijo.

Había pensado poco en aquel niño desde que había aparecido nuevamente en aquella realidad pero ahora que se detenía específicamente a hacerlo pudo volver a sentir esa opresión en el pecho. Ya no era esa angustia abrumadora que le quitaba la respiración pero la tristeza seguía presente. Y ella sospechaba que mientras estuviera allí, nunca se iría. Pero lo extraño de aquella situación era que no estaba segura de querer dejar de sentirse así. Era como si esos sentimientos que la invadían y esos recuerdos que la llenaban de añoranza fueran la conexión con aquel hijo que tuvo pero que nunca conoció.

—Siempre.

Anna envolvió uno de sus brazos alrededor de ella.

— ¿Y crees que él lo extrañe tanto como tú?

—No podría decirlo, pero no pondré en duda sus sentimientos—le dijo, contemplándola con curiosidad— ¿Por qué? ¿Qué estás tramando?

— ¿Por qué crees que tramo algo?

—Porque te conozco.

No lo hacía, en realidad, pero no podía dejar de tener el extraño presentimiento de que allí había algo más que mera curiosidad.

Anna puso los ojos en blanco.

—No siempre eres tan malditamente perspicaz como crees ser—le dijo—. Y sí, tengo algunas ideas pero… no quiero compartirlas contigo ahora—se puso de pie, se estiró, colocando sus brazos encima de su cabeza—. Necesito un buen vaso de ese coñac añejado de tu bomboncito y dormir cinco días seguidos.

—Creo que te bebiste hasta la última gota.

Anna negó con la cabeza.

—Sé que tiene una reserva privada en alguna parte de su jodida isla.

Hermione suspiró profundamente mientras agitaba la cabeza de un lado al otro. No entendía dónde entraba tanto alcohol en un cuerpo tan pequeño como el de Anna.

La llegada a la isla fue tranquila. Los sirvientes se apresuraron a acercarse a su jefe y él les ordenó que llevasen a todos a las mismas habitaciones en las que estuvieron antes. A su ayudante de cámara le pidió que preparase una tina llena de agua para tomar un muy largo baño.

Hermione y Anna compartían habitación. El cuarto que les habían entregado era amplio y la cama que se encontraba centrada contra la pared del fondo era tan grande que podrían entrar hasta tres personas en ella.

— ¿Realmente quieres quedarte con un hombre que a pesar de que he insinuado que soy tu amante, te lanza de este modo a mis brazos?—le preguntó, señalando la cama.

—Créeme, seguramente la idea lo enfurece.

—Entonces, ¿por qué demonios lo hizo?—quiso saber Anna, tirándose a la cama sin molestarse en quitarse la ropa sucia ni las botas— Si realmente fueses mía, mataría al primero que te mirase por demasiado tiempo.

—Pero no soy ni tuya ni de él—replicó, mirándola con el ceño fruncido— ¿Podrías al menos quitarte las botas? Yo también debo dormir en esta cama y no me entusiasma la idea de que esté llena de tierra.

—No dormirás aquí—y para darle énfasis a aquel hecho se estiró justo en el medio.

—Si crees que voy a dormir en el suelo…

Anna puso los ojos en blanco y se sentó.

—La única razón que se me ocurre para explicar porqué te puso conmigo en este cuarto es para hacerte sentir cómoda en esta mansión—dijo—. Ese tipo está hasta las cejas por ti.

— ¿Qué?—preguntó sin entender.

— ¡Está loco por ti!—exclamó—Está tan brutamente enamorado que está dispuesto a hacer cualquier cosa por ti, incluso si no le gusta.

— ¡Eso no es verdad!—protestó Hermione—Estas viendo cosas que no existen. Él sólo es amable.

— ¡Ja!—rió sarcásticamente— ¿Amable? Es amable al dar a mis hombres un lugar dónde dormir y sólo gruñir cuando ellos vacían sus botellas.

—No son sólo ellos los que las vacían—dijo Hermione significativamente.

— ¡No me cambies de temas!—la reprendió y se arrastró fuera de la cama para acabar frente a Hermione, mirándola con aparente seriedad—Creo que ambas sabemos el inevitable final de esto.

—Creo que no—respondió la Gryffindor con rotundidad— ¿Qué estás queriendo decirme?

—Quieres que te lo diga con todas las letras, ¿no?—se burló Anna—Quiero que vayas ahora mismo desnuda delante de él y le pidas que te folle hasta que no puedas caminar.

Hermione sintió que todos los colores se le subían a la cara y el cuello, haciendo arder su piel a causa de la vergüenza.

— ¡Eso…! No…—su lengua inclusive parecía fallar.

La idea de dormir con él era…

No iba a decir que no lo había pensado. E incluso había tenido algunos sueños bastantes explícitos en la realidad anterior. Sin embargo, ese era un gran paso, al menos para ella, quien en el mundo real jamás había estado con nadie.

— ¡Oh, vamos!—exclamó Anna—Deja de actuar como una virgen asustada. ¡No es como si nunca lo hubieras hecho con él!

Era cierto que en esta realidad ellos ya habían estado juntos de aquel modo, pero Hermione no tenía ningún recuerdo de ello.

Anna colocó sus manos sobre sus hombros y la miró con suma atención.

—Realmente estás nerviosa—dijo sorprendida—, estás asustada.

—Sí.

— ¿Crees que te rechazará?

—No—dijo sinceramente.

— ¿Entonces?

Hermione tardó unos instantes en hablar.

— ¿Qué sucederá después?

— ¿No pensabas quedarte con él?—preguntó Anna.

—Sí, pero… ¿Hasta cuándo sería eso?

— ¿Me estás preguntando si va a dudar? ¡Mierda, Hermione, eso nadie lo podría saber! Aquí no hay garantías pero yo pensé que eras valiente.

— ¡Lo soy!—aseguró.

— ¿Entonces qué haces aquí?—inquirió— ¿No deberías estar desnuda en su cama ahora mismo?

—Estaba por tomar un baño y yo debería de hacerlo también—dijo mirándose a sí misma.

Anna sonrió con picardía.

— ¿Y por qué no bañarte con él?—sugirió.

Draco sentía que todo su cuerpo dolía. No sólo a causa del cansancio sino también por la intensa pelea en la que se había metido días atrás. Él jamás en su vida había hecho algo así y esperaba que jamás tuviera que volver a hacerlo porque, aunque no le gustaba admitirlo, no era precisamente bueno en ello. Casi lo habían matado dos veces en esa realidad.

Se frotó su cuello sintiendo un nudo mientras caminaba hacia el cuarto de baño que tenía al lado de su propia habitación. No se parecía en nada al que tenía en la mansión pero definitivamente podía notar que era lujoso; una muestra de las riquezas que poseía. En el centro se encontraba una bañera que en ese momento estaba siendo llenada de agua tibia por su ayudante de cámara. El hombre colocaba los baldes de agua que traían las sirvientas de la cocina, un trabajo increíblemente pesado. Agradeció que en el mundo real existieran las cañerías…y la magia.

Frente a la bañera se encontraba la chimenea encendida, entibiando agradablemente la habitación. Las toallas se encontraban dobladas cuidadosamente sobre un mueble blanco, junto a varias botellas de vidrio con diferentes contenidos.

Cuando el baño estuvo listo despachó a su ayudante de cámara, se desnudó y se metió dentro, suspirando de placer al sentir que sus músculos se relajaban con el agua caliente. Tomó una esponja y comenzó a fregar su cuerpo a consciencia, usando un poco del jabón de una de las botellitas. También lavó su cabello, notando por primera vez que estaba un poco más largo de lo que usualmente lo llevaba. Se lo enjuagó y volvió a suspirar mientras se recostaba contra una de las paredes de la bañera, cerrando los ojos.

No estaba seguro de qué pensar sobre encontrarse nuevamente en aquella realidad. No estaba precisamente feliz pero iba a admitir que lo prefería a la realidad anterior, donde a duras penas podía hablar con Hermione. Allí, afortunadamente, ella parecía más que predispuesta a besarlo.

No obstante, era extraño volver a aquel sitio.

— ¿Draco?

El rubio se sobresaltó y se volteó bruscamente cuando escuchó la voz de la chica. Su corazón se aceleró tan sólo pensar que ella estaba allí, en aquella habitación donde él se encontraba completamente desnudo. Con velocidad, extendió su mano sin moverse demasiado y colocó una toalla justo encima de sus caderas, importándole poco que la tela se mojara por completo.

— ¡Hermione…! ¿Qué…?— la toalla intentaba elevarse pero él la mantuvo aferrada a sus manos— ¿Qué estás haciendo aquí?

La chica sonrió pero en su mirada podía verse que estaba nerviosa.

—Me preguntaba… si podría unirme a ti—dijo mientras se quitaba el chaleco y comenzaba a desprender muy lentamente los botones de su camisa.

Draco quedó tontamente mirando sus delgados dedos deslizándose majestuosamente por cada uno de los botones, abriéndolos uno por uno, mostrando una mayor porción de piel prolijamente bronceada por el sol… hasta que se detuvieron y alzó su mirada hacia sus ojos castaños nuevamente.

— ¿Puedo?—preguntó ella.

Él asintió con la cabeza en un movimiento algo ansioso y tembloroso. Su corazón no parecía dar tregua y su mente había colapsado en el mismo instante en que comenzó a ver cómo ella se desnudaba ¡Porque se estaba desnudando y él se encontraba allí, mirándola, siendo incapaz de pensar o de hacer cualquier otra cosa!

Siguió con su mirada cada uno de sus movimientos hasta que finalmente terminó de abrir su camisa y deslizó con mucho cuidado las mangas fuera de sus brazos, haciendo que la prenda acabara en el suelo. Pero Draco ya no era un maníaco del orden como en realidades anteriores; de todos modos, sospechaba que si lo fuera no le importaría demasiado una camisa en el piso del baño cuando tenía delante suyo a una Hermione Granger semidesnuda.

Ella se ruborizó ante la intensidad de su mirada y reprimió el violento intento de cubrirse cuando notó que los ojos grises de Draco se detenían por un tiempo excesivamente largo en sus senos. Luego de un momento, comenzó nuevamente a moverse y se inclinó, quitándose el par de botas. Eso fue relativamente fácil en comparación con lo que siguió: su cinturón y su pantalón.

Finalmente quedó completamente desnuda delante de él, sintiendo que los nervios hacían temblar su cuerpo ligeramente. Sabiendo que no podía quedarse demasiado tiempo allí, caminó hacia la bañera y estaba por entrar cuando él se puso de pie repentinamente, mostrándose tan desnudo como ella, mientras le extendía una mano para ayudarla, tirando a un lado la toalla que había estado utilizando para cubrirse segundos atrás. Hermione se quedó boquiabierta y lo miró sin ser capaz de evitarlo. Un rastro de agua corría por el pecho de Draco y sus ojos curiosos siguieron el recorrido pero cuando notó la obvia dirección, alzó la mirada, sonrojada, y pudo ver que él tenía una sonrisa petulante en sus labios.

Eso fue suficiente para incentivarla. Tomó su mano con firmeza y entró a la bañera.

— ¿En dónde me quieres?—le preguntó.

A Draco se le ocurrieron unas cuantas ideas pero se las guardó para sí mismo. Quizás todo lo que quería ella era bañarse y si era así no iba a apresurar las cosas. Iba a dejar que todo siguiera su curso.

—Siéntate—le ordenó.

Hermione le lanzó una mirada llena de dudas pero obedeció. Draco se movió hasta quedar detrás de ella y se sentó. Con un poco de un líquido ambarino de uno de los frascos que tenía cerca, lavó cuidadosamente el cabello rizado de la chica, desenredando cada uno de sus rizos largos. Volviendo a tomar la esponja llena de jabón, comenzó a pasarla cuidadosamente por un brazo y su mano, vigilando de no presionar demasiado en la herida reciente que tenía en la palma. Lo enjuagó y luego hizo lo mismo con el otro. Se tomó su tiempo en limpiar su espalda y sus hombros. Hermione se estremeció al sentir su dedo trazando un patrón incomprensible sobre su piel en vez de la esponja.

—Date la vuelta—le susurró cerca de su oído.

Esta vez no dudó. Giró sin inconvenientes y se quedó sentada frente a él, sintiendo que el agua rozaba la base de sus senos. Los ojos de Draco se desviaron momentáneamente hacia aquella parte de su anatomía pero volvió rápidamente a contemplarla al rostro.

—Recuéstate.

Hermione lo hizo, apoyando su espalda contra la bañera. Draco tomó uno de sus pies y pasó la esponja llena de jabón, subió por sus pantorrillas, se deslizó cuidadosamente por la curva detrás de su rodilla y finalmente se dedicó a limpiar su muslo. La respiración de la chica se aceleró pero él mantuvo firme su idea de no ir más allá hasta que ella se lo dijera claramente. Así que tomó su otro pie y le dio el mismo tratamiento, deteniéndose en sus muslos. La esponja rozó delicadamente su pubis pero sin presionar o detenerse y fue un contacto tan efímero que Hermione tembló notablemente.

Draco contempló su rostro, buscando cualquier indicio de rechazo o incomodidad. Sin embargo, Hermione simplemente le devolvía la mirada ansiosa, mordiéndose el labio inferior, respirando con cierta agitación mientras esperaba que él continuara. El rubio volvió a sumergir la esponja en el agua hasta dar con su abdomen. Con toques gentiles rodeó su ombligo, fue hacia sus costados y luego subió hasta sus senos. Se suponía que la estaba bañando pero él mismo se dio cuenta que sus toques eran muy parecidos a las caricias y su idea de no propasarse tambaleó violentamente cuando ella arqueó su espalda y gimió despacio cuando la esponja rozó uno de sus pezones.

¡Merlín! ¡No se suponía que debía de ser así!

Pero en contra de sus mejores deseos, repitió el movimiento, sabiendo que estaba provocándola. No obstante, en cuanto ella lanzó un gemido mucho más profundo y suplicante, dejó caer la esponja y se levantó, dispuesto a darle su espacio y también él tratar de tranquilizarse. Sabía que estaba excitado, que Hermione podía notarlo, pero no le importó. Simplemente salió de la bañera.

No contó con que Hermione también lo siguiera. Volteó al oírla salir del agua y casi chocó contra ella.

— ¡Merlín, Hermione! ¿Qué quieres de mí?—le preguntó con cierta desesperación.

—Pensé que era obvio—respondió, dando un paso hacia delante.

Draco retrocedió ante su avance y se quedó momentáneamente pasmado ante lo absurdo de la situación: él no era de los que retrocedían.

—En realidad, en estos momentos me encuentro bastante confundido. Pensé que no querías dormir conmigo.

—No me encontraba preparada en aquel entonces—confesó la chica, colocando un rizo húmedo detrás de su oreja—, pero eso no quería decir que no te deseara… o que no haya cambiado de opinión ahora.

— ¿Y qué causó ese cambio de opinión?

La frente de Hermione se frunció.

— ¿Eres siempre tan inquisitivo con todas las mujeres que quieren dormir contigo?—le preguntó.

— ¡Estás cambiando de tema!—la acusó— ¡Respóndeme!

Hermione se encogió ligeramente de hombros, causando que sus senos se movieran por el gesto, capturando la atención de Draco. Éste se reprendió mentalmente y se obligó a concentrarse.

—Supongo que he aprendido a confiar más en ti y a aceptar que te deseo—respondió.

Esa podía ser una razón bastante convincente para aceptar el hecho pero era imposible para Draco no estar asustado un poco ante la idea de dormir con ella. Claro, había bromeado al respecto, la había besado y tocado y estaba seguro que en ocasiones anteriores si algo no los hubiese interrumpido habrían terminado teniendo sexo pero en este momento él realmente estaba pensando en las consecuencias de sus actos. Ella no sería el tipo de chica a la que podría botar sin más y lo más importante de todo, no quería hacerlo. Quizás, mientras ellos se mantuvieran en esas realidades alternativas podrían manejar cualquier tipo de relación que mantuvieran pero… ¿después? ¿Estarían ambos preparados para lo que tendrían que soportar cuando volvieran? ¿A su madre, Narcissa? ¿A Potter? ¿Weasley? ¿El resto del mundo?

—Te querré aún cuando salgamos de esto—le advirtió.

Hermione sonrió maravillosamente.

—Cuento con ello—le contestó.

Y para que él no fuera capaz de olvidar qué se suponía que debía de suceder ahora, extendió una de sus manos hacia él para secar una gota de agua que se había deslizado hacia su estómago y sintió bajo sus dedos cómo los músculos del cuerpo el rubio se tensaba.

— ¿Planeas torturarme?—preguntó con la voz ligeramente ronca.

—Nunca toqué a un hombre—confesó— ¿Me permitirías?

Draco dudó. No porque no quisiera sentir las manos de Hermione en él sino porque casi podía predecir lo tortuoso que sería. Pero al ver sus ojos expectantes fue incapaz de decirle que no.

—Primero nos secamos y luego vamos a la cama—le dijo, buscando una toalla para ella y otra para él.

Hermione estaba por secarse pero él lo hizo por ella. Su toque con la toalla fue tan gentil como lo había sido cuando estaban en la bañera.

—Ahora es mi turno—indicó.

Su mano no tembló a pesar de que estaba nerviosa. Con la toalla cuidadosamente aferrada entre sus dedos secó primero su rostro, deslizando la tela desde sus pómulos hasta su mandíbula y mentón. Luego, pasó a su cuello y de allí a cada uno de sus brazos. En sus manos se tomó el tiempo para secar sus palmas y cada uno de sus dedos. Giró y fue detrás de él, sintiendo que giraba su cabeza en un intento de seguirla con la mirada.

A pesar de que se suponía que debía de secarlo, se tomó el tiempo para admirar sus hombros anchos y tanto la mano que tenía con la toalla como la otra, se deslizaron por ellos, siguiendo su contorno para luego bajar y sí admirar su estrechas caderas e incluso más abajo donde sus manos se quedaron por un mayor tiempo, disfrutando de hacerlo estremecer. Pero después de unos instantes que pudieron ser demasiado largos, giró y nuevamente y se quedó frente a él. Los ojos grises de Draco parecían arder y, al mirarla, la hacían arder a ella. Pero estaba decidida a seguir con su exploración… ¡Secándolo!, se corrigió rápidamente.

Pasó la tela suave de la toalla por su pecho, bajando hacia su abdomen, llevándose todo rastro de humedad. Sabía qué parte debía continuar pero sintiéndose incapaz, se arrodilló, siendo inconsciente de la escena que estaba protagonizando o de lo que la mente de Draco imaginaba al tenerla así. Secó sus pies y sus piernas, subiendo por cada una de ellas y fue allí, finalmente, cuando logró adquirir el valor suficiente como para tomarlo tan íntimamente… toalla entre medio.

— ¡Merlín!—Draco gimió mientras sus manos buscaban algo a lo que aferrarse pero al no encontrar nada se cerraron en forma de puño.

El toque fue firme y aunque sus manos no hicieron nada al comienzo, todo su cuerpo tembló. Parecía que hacía mucho tiempo no estaba con una mujer tan íntimamente. Al menos, él, en el mundo real, no lo había estado desde que las hormonas lo llevaron a enredarse con Pansy, y eso fue antes de que lo peor de la guerra explotara.

Pero cualquier pensamiento o recuerdo que pudiera tener de cualquier mujer que pasó por su vida se borró en el mismo momento en que ella dejó caer la toalla y lo tocó directamente, piel con piel. Sus piernas temblaron y su boca soltó un gemido demasiado profundo. Sintió los ojos de Hermione mirándolo con cierto orgullo. Draco cerró los ojos y apretó los labios con fuerza, al igual que los párpados de sus ojos.

—Por favor—le rogó—…Detente.

Hermione lo miró algo ofendida por el pedido pero lo soltó lentamente.

— ¿Hice algo mal?

Draco estuvo a un segundo de reír ante la posibilidad de que eso fuera cierto. Hermione no podía tener experiencia sobre este asunto pero eso no quería decir que no fuera capaz de hacer tambalear su universo cada vez que ponía una mano encima de su piel.

—No—le aseguró mientras la ayudaba a ponerse de pie, tomando esos segundos para recuperarse—. Sólo quiero devolverte el favor.

Sonrió cuando notó que ella se ruborizaba ante sus palabras. Extendió uno de sus brazos y la acercó a él. La respiración de ambos se cortó cuando sus cuerpos se tocaron. Draco se inclinó hacia su rostro y la besó, estremeciéndose no sólo por poder acariciar su boca con la suya sino también porque sus senos presionaban contra su pecho y su miembro se apoyaba contra la parte baja del abdomen plano de Hermione. El beso se volvió más exigente y cuando ella enredó sus brazos alrededor de su cuerpo, él aprovechó para usar los suyos para tomarla por sus piernas y elevarla de suelo y caminar hacia la cama, donde la dejó caer suavemente.

Draco subió también, arrastrándose encima de su cuerpo pero sin tocarla hasta tener su rostro a la altura de suyo. Hermione podía sentir la calidez de su cuerpo y estaba más que ansiosa por continuar besándolo pero él se decidió por arrastrar sus labios por su cuello y en un punto muy particular dejó que sus dientes dejaran una marca rojiza en la piel. Hermione tembló, gimió y clavó sus dedos en los brazos de Draco. Él siguió deslizando sus labios hacia su pecho y se tomó el tiempo para arrastrar su lengua lentamente en cada uno de sus senos, tomándose el tiempo en cada uno de ellos, logrando que la chica que tenía bajo él se estremeciera, temblara e incluso inclinara sus caderas hacia él en busca de contacto. Eso estaba matando lentamente a Draco.

Al igual que los interesantes sonidos que dejaba escapar de su boca.

A pesar de que había imaginado muchas veces esta situación—incluso más de las que le gustaría admitir—, nunca había creído que Hermione fuera tan sonora. No se quejaba, en absoluto. Le gustaba demasiado que fuera capaz de demostrar de esa forma cuánto le agradaban las atenciones que él le dedicaba. Sonriendo ligeramente, volvió a arrastrar sus labios sobre su piel, pero deteniéndose en su zona más íntima y privada.

— ¡Oh, mierda!—exclamó, casi saltando de la cama ante el primer contacto.

Draco rió sin poder evitarlo.

—Ese lenguaje, Granger—dijo con tono de reprimenda pero sin dejar de sonreír.

Ella se ruborizó adorablemente y por unos instantes pensó en seguir molestándola pero no quería que se sintiera incómoda con la situación, sino todo lo contrario. Quería que disfrutara. Así que siguió con sus actividades, logrando que soltara una buena cantidad de gemidos mezclados con alguna que otra palabrota.

¡Fue esplendoroso ver esta particular actitud de ella!

Su pecho se llenó de un orgullo puramente primitivo al darse cuenta que nunca nadie antes había visto esto y que él era el responsable de haberla puesto en este estado.

Se tendió a su lado, consguiendo una sonrisa peresosa de parte de Hermione mientras luchaba por recuperar el aliento.

—Si esto fue bueno, imagina en el mundo real—le dijo el rubio, giñándole un ojo.

Hermione volvió a ruborizarse pero a pesar de su vergüenza rió.

— ¡Eres increíble!—lo reprendió.

—Lo sé—le guiñó un ojo.

—No lo dije en ese sentido—aclaró pero al ver que su rubia ceja se elevaba, se apresuró a añadir—. Bueno, sí, lo eres, pero no lo dije por eso.

—Lo sé, sé que soy increíble en todos los sentidos de la palabra.

Hermione rodó los ojos antes de besarlo.

—Mejor bésame y cierra la boca—le ordenó antes de unir sus labios.

Draco estaba más que feliz de complacerla.