Saint Seiya: Siguiente Generación.
Fanfic escrito por: Andrómeda
Primera Fecha de publicación: 3 de junio del 2011; para la página de Facebook: Yuna De Águila (Saint Seiya Omega Ω)
Edición: Rankakiu
Disclaimer: Saint Seiya es propiedad de su autor Masami Kurumada; así como de TOEI Animation LTD.
Nota del editor: Muy buenas a los lectores de este Fanfic. Es un gusto dejarles el trigésimo tercer capítulo de Siguiente Generación, escrito por la autora Andrómeda. Sin más que agregar, los dejo con la lectura, esperando sea de su completo agrado. Saludos.
Rankakiu
En el capítulo anterior de Siguiente Generación: Aarón de Piscis logró neutralizar la técnica del Héroe Mítico Heracles usando su cosmos para tal hazaña. Posteriormente, Aarón libera otra técnica, "espinas carmesí" con las cuales pensó haber acabado con el enemigo. Mientras tanto, en el templo de Acuario, Helena fue salvada de una muerte segura por la intervención de su amiga y compañera de armas Selenia de Pegaso, siendo ahora ella la oponente de Ícaro. Tras despejarse la polvareda, se revela que Heracles aún sigue vivo y arremete contra ambos santos, en especial contra Idalia. Ambos contendientes sacan a relucir otras técnicas, las cuales al colisionar causaron una implosión, en la que al parecer, solo uno de ellos sobrevivirá…
Siguiente Generación
Capítulo 33: Distancia (Parte III).
La implosión fue audible para buena parte del Santuario, y en la cámara del Patriarca se pudo ver claramente la enorme polvareda que surgió de ambos ataques, aun cuando la distancia era de bastantes kilómetros; todos los presentes ahí miraron con consternación el suceso. Por su percepción del cosmos sabían que Idalia de Fénix y Aarón de Piscis se encontraban peleando en ese lugar. Solo les quedaba confiar en sus dos compañeros de armas, teniendo la fe en que ellos lograrían la victoria sobre un Héroe Mítico.
Quizás de haber observado la situación más de cerca perderían esa esperanza.
Heracles se mantuvo de pie todo el tiempo, teniendo varias cortadas y quemaduras por partes iguales en todo su cuerpo, producto del intenso ataque de la amazona del ave inmortal. No obstante, después de unos segundos, Heracles resintió el ataque, su cuerpo sintió una atroz punzada, lo que hizo que se doblara y que quedara con una rodilla al suelo. Tosió gravemente, e incluso escupió algo de sangre. Tras normalizar su respiración, se incorporó y miró a su alrededor, encontrándose con la santa del Fénix a unos metros de distancia, tumbada en el suelo. Sin perder tiempo, Heracles caminó hacia ella, crujiendo sus nudillos.
—Debo de admitir que fue una dura batalla, — Dijo, sonriente, siguiendo con el crujido de sus nudillos, —pero por fin logré vencerte y ahora debo darte el golpe final. —Dijo, adoptando ahora un gesto sombrío y sin emoción palpable, cargando su puño con su cosmos, con lo cual pensaba arrancar la cabeza de la santa de un solo tirón.
—"¿Acaso todo acaba aquí para mí?" —Se preguntó Idalia con una voz vacía de energía y sobre todo, vacía de voluntad. —"¿Mi vida no valió nada? Entonces, ¿de qué sirvió obtener mi armadura con todo el esfuerzo que hice?" —Continuaba su monologo, mientras retenía las lágrimas de impotencia. —"Y ahora no podré recuperar a mi hermana…" —mientras tenía ese pensamiento, sentía como las fuerzas de su cuerpo le abandonaban gradualmente, —"…había prometido protegerla… y le falle otra vez… perdón… padre… madre…" —Idalia ya no pudo contener sus lágrimas y se preparaba para recibir, en su opinión, su muy merecida muerte.
—Si tú te rindes todo acabara aquí, Idalia. —Dijo una voz de tono sereno y parsimonioso.
Los presentes ahí quedaron sorprendidos de escuchar dicha voz y momentos después vieron unos rayos de luz dorada que transmitían calma. La luz se transformó en una silueta humana difuminada y conforme se acercaba a ellos iba adquiriendo una forma más definida, la de un caballero dorado.
— ¿A qué vienes Virgo? ¿Acaso al igual que Piscis trataras de salvar a la santa del Fénix? —Preguntó irritado el Héroe Mítico, ya que la oportuna intervención del santo de la virgen hizo que se desconcentrara.
Lo santos de Piscis y Fénix aún no salían de su sorpresa, en especial porque Maha de Virgo no estaba ahí físicamente, se trataba más de una proyección astral y quedaba bastante claro por qué Maha lucía transparente.
—No, yo solo vengo a cumplir con una vieja promesa. —Dijo tranquilamente. —Idalia, Aarón: para vencer los fantasmas del ayer nunca quiten la mirada hacia el mañana. —Les dijo, volteando a verlos y dedicándoles una cálida sonrisa.
Al principio no entendieron muy bien a lo que se refería Maha, pero después de unos momentos de reflexión, lograron comprender el sentido de la frase. Ambos santos se miraron directamente a los ojos, sonrieron y asintieron, con lo cual, a pesar de sus cuerpos maltrechos, recuperaron sus energías y su voluntad de pelear.
Idalia y Aarón comenzaron a levantarse. Resultó doloroso, pero no les importó en absoluto, ya que habían recuperado las esperanzas y haciendo honor a su título de santos, dispuestos a luchar hasta el final.
—Maha… cumpliste tu promesa hacia mi madre… gracias. —Musitó Idalia, sonriendo de forma autentica, como pocas veces se ha permitido en su corta vida.
—Gracias, Maha…—Dijo Aarón, con un enorme brillo en sus ojos que denotaban un ardor renovado por pelear. —Terminaré mi misión; y dejare en manos de Idalia salvar a Sharon. —El santo de Piscis miró fijamente a Heracles. — ¡Así que prepárate Kenzaki! —Exclamó Aarón, mencionando el nombre que alguna vez tuvo el Héroe Mítico.
—Yo también te acabaré y salvaré a mi hermana. —Dijo Idalia, adquiriendo el mismo brillo en los ojos que Aarón. —Le prometí a Hipólita, no, le prometí a Kiku-san que las personas más importantes para ella descansarían al final.
— Adelante, santos de la esperanza. Peleen hasta elevar sus cosmos y crear el milagro. — Dijo Maha, sonriendo para darles aún más aliento y su proyección astral terminó por desaparecer.
El Héroe Mítico que había presenciado todo, se echó a reír y luego carraspeó de frustración de ver como los santos de Athena seguían insistiendo en pelear, incluso estando al borde de la muerte.
— ¿Y cómo unas sabandijas como ustedes piensan acabarme, eh? ¡Están a un paso de la tumba! —Bramó el Héroe Mítico.
— ¡Lo haremos juntos! ¡Por nuestros compañeros, por Sharon y por Athena; venceremos a Ares! —Exclamaron ambos santos al unísono, elevando sus respectivos cosmos.
— ¡Estoy harto de su terquedad! —Exclamó Heracles, apretando fuertemente sus puños y encendiendo su cosmos, con la intención de acabar con el par de una buena vez por todas y para siempre.
— ¿Ya lo olvidaste? Nosotros tampoco nos rendíamos, siempre seguíamos de pie para vencer al enemigo. —Respondió Aarón, quien al igual que su enemigo apretó sus puños y concentró más su cosmos. —Idalia…—Musitó Aarón.
—Lo sé…—respondió escuetamente Idalia, interrumpiéndolo, —no olvides que puedo leer tu mente… y estoy de acuerdo con tu plan. —Finalizó.
—No sé qué tanto murmuran, pero de nada les servirá. ¡Vengan por mí, débiles santos de Athena, podré con cualquier truco suyo! —Exclamó, con un claro aire retador, e incluso hizo el gesto con su mano de que vinieran hacia él.
Aarón e Idalia se pusieron en guardia y continuaron elevando sus respectivos cosmos, concentrándose como nunca lo habían hecho. Ambos cerraron sus ojos, dejando que sus sentidos restantes se amplificaran y pronto sintieron emerger dentro de sus corazones un poder capaz de rivalizar con el Héroe Mítico; no, un poder capaz de derrotar al Héroe Mítico. Ambos alcanzaron el séptimo sentido a su máximo nivel, y con ello estaban listos para crear un auténtico milagro.
Idalia de Fénix fue la primera en abrir sus ojos y ponerse en guardia. Tensó sus músculos, en especial los de su brazo derecho para liberar con toda su fuerza su ataque. Una vez que se sintió lista, se lanzó al ataque, a la velocidad de la luz, aunque claro, el Héroe Mítico pudo seguir su movimiento sin problema alguno.
— ¡PHOENIX GENMA KEN! —Exclamó la santa del Fénix, estirando su brazo y su puño soltó un hilo de luz muy fino que el Héroe Mítico intentó bloquear con su mano, pero fue imposible, ya que la luz atravesó su mano y fue directo a su cerebro.
Esa acción primero paralizó por unos segundos a Heracles, quien luego se recompuso de su estupor y finalmente, lleno de ira, asestó un golpe al estómago de Idalia, lo que hizo se cayera al suelo. Aprovechando esto, Heracles le dio una patada que la arrastró varios metros, hasta que quedó de nuevo junto a Aarón. Sin embargo, a pesar de esos golpes, Idalia no perdió nada de su cosmos y lo demostró, poniéndose de pie de forma inmediata.
— ¡Ahora, Idalia! —Exclamó Aarón.
Ambos santos se lanzaron al ataque con el máximo de sus cosmos.
— ¡HO YOKU TENSHO!
— ¡JET LAVANDA!
Heracles respondió, elevando su cosmos y preparándose para acabar con los dos de una vez por todas.
A las afueras del templo de Acuario, Selenia de Pegaso y el Héroe Mítico Ícaro continuaban quemando su cosmos, no para acabar el duelo de forma rápida, sino tener un combate intenso y lleno de pasión, hasta acabar con la flama de sus respectivas vidas.
— ¡Veamos que tienes niña!—Se burló Ícaro, con su cosmos concentrado y dispuesto para desatar un ataque devastador. Para ello requería un buen ángulo y la altura suficiente para darle a su ataque fuera y velocidad, por lo cual Ícaro, ante la sorpresa de Helena y un poco de París, elevó el vuelo una decena de metros y posteriormente quedándose en pleno aire.
— ¡Ya lo veras!—Respondió enérgica la santa de Pegaso, concentrando no su cosmos, sino su cuerpo y mente.
París observaba la situación en absoluto silencio.
—"Ahora que recuerdo, —Pensó París—Selenia tiene muchas habilidades; no solo el copiar técnicas…"
— ¡Comencemos, señor ángel! —Dijo Selenia, esbozando una gran sonrisa de emoción y para sorpresa de Helena y sobretodo Ícaro, ella también comenzó a flotar, quedando suspendida en el aire, justo como su rival mítico.
— ¿¡Cómo pudiste hacer eso!? —Dijo atónito el Héroe Mítico, señalando a Selenia como si esta fuera una especie de criatura nunca antes vista.
Selenia soltó su característica risilla.
—Te lo había dicho, —contestó, quitándose su máscara en el acto — ¡yo soy todo un estuche de monerías! — Selenia se lanzó finalmente al ataque, a punto de desencadenar la energía de su técnica. Pero, de repente, un muro compuesto de flamas de ardor increíble se interpuso en su camino, separando a ambos contendientes. — ¿Pero quién…?—Preguntó Selenia y la fuerte voz de Helena le hizo mirar abajo.
— ¡Selenia! ¡Te dije esta es mi pelea! ¡LÁRGATE! —Tronó la santa del Cisne, mirando de forma reprobatoria a su compañera de armas.
—Helena—dijo Selenia— yo nunca he obedecido a nadie, ni a mi tío, ni a los viejos, ni a Sara-chan, —dijo, negando con la cabeza y sonriendo ampliamente—Es obvio que a ti menos. —Dijo, soltando una risilla.
Helena suspiró pesadamente.
—Siempre serás un desastre—dijo mirando a Selenia y dedicándole una sonrisa—tonta…— musitó. Tras esto, Helena empezó a quemar su cosmos y aire del ambiente fue poco a poco enfriándose. — ¿Qué te parece una competencia? —Sugirió. —La que derrote primero a Ícaro gana. —Dijo, volviendo la vista hacia Ícaro.
Selenia se encogió de hombros, pero aquella idea le agradaba por mucho. A Ícaro le sentó terrible, recuperando su malgenio.
— ¿¡Qué!? ¡Malditas niñas! ¡Seiya y Hyoga eran más serios! —Exclamó iracundo. — ¡Me las pagarán! —y como manera de reafirmar sus palabras, el Héroe Mítico elevó su cosmos.
Heracles logró ver ambos ataques dirigidos hacia su persona y con un solo movimiento de sus manos, logró bloquear los puños de ambos santos sin mayores contratiempos. Al parecer el cosmos de Aarón e Idalia no fueron lo suficientemente fuertes para acabar con el terrible guerrero al servicio del dios Ares. El Héroe Mítico bufó lleno de sorna y dedicó a los santos una sonrisa burlona y despreciativa.
— ¿Creyeron que podrían ganar esta vez? Ilusos, son unos niños después de todo…
De repente, Idalia soltó una pequeña risa, lo que hizo que el Héroe Mítico se extrañara de su actitud.
— ¿Eso crees? — Preguntó Idalia, aplicando más fuerza en su puño, sostenido por la mano derecha de Heracles, sonriendo pícaramente.
Heracles, de pronto sintió que la misma fuerza era aplicada a su mano izquierda y la imagen de Aarón empezaba a desvanecerse.
— ¿Pero qué…? La proyección de Aarón se desvaneció por completo y el Héroe Mítico observó que en realidad estaba deteniendo ambos puños de Idalia. — ¿Cuándo fue…?—Preguntó atónito.
Idalia, aprovechando el desconcierto de su oponente, hizo un rápido movimiento de piernas, colocando sus pies en el pecho del Héroe Mítico y después, sin soltar las manos de su oponente, hizo otro movimiento, una media vuelta que hizo que ella quedara de cabeza, suspendida en el aire y que Heracles tuviera sus brazos alzados y por ende el torso indefenso.
— ¡Ahora, Aarón! —Exclamó Idalia.
Heracles, entonces se dio cuenta que el puño fantasma no buscaba destruirle de un golpe, sino el de crear una ilusión y por tanto una oportunidad para vencerle. De las últimas cosas que vio, fue a Aarón concentrar su cosmos, sosteniendo una rosa blanca.
—Nos veremos en la próxima vida. —Dijo Aarón, teniendo una mirada melancólica. — ¡BLOODY ROSE! —Exclamó Aarón, lanzando una hermosa y blanca rosa, bañada en su cosmos que fue a dar directo al corazón de Heracles. Idalia se soltó del Héroe Mítico y aterrizó en el suelo de forma grácil.
El Héroe Mítico dio unos pasos delante de forma tambaleante, mirando como la blancura de la rosa se tornaba de poco en poco en un carmesí brillante. Un hilo de sangre salió de una de las comisuras de sus labios. Heracles, aun sabiendo que estaba perdiendo su vida, no mostró miedo ni por un segundo. En vez de eso, frunció el ceño, alzo la cabeza, viendo por última vez el cielo oscurecido y dio un grito de guerra, con lo cual se infundió de valor y se abalanzó hacia Aarón, con la intención de quitarle la vida; así ambos morirían y se llevaría al santo de Piscis con él al infierno.
Afortunadamente, Aarón adivinó por completo sus intenciones y con su cosmos todavía ardiendo, corrió hacia Heracles, lanzándole al menos una docena de rosas blancas, que terminaron perforando todo su pecho y cuarteando severamente su armadura. El Héroe Mítico miró su pecho cubierto de rosas y como estas también se teñían del rojo de su sangre. Sus fuerzas le abandonaron de inmediato y terminó por caer de rodillas.
—Tu…—Musitó el Héroe Mítico, antes de que cayera al suelo, boca abajo, para no levantarse jamás. Las rosas se teñían de rojo poco a poco.
Aarón simplemente se acercó a Heracles, poniendo una rodilla en el suelo, para después tomar entre sus brazos a Heracles.
—Kenzaki…perdóname…—Fue lo único que dijo Aarón, ya que el sentimiento de tristeza le embargó y lo expresó abiertamente, derramando lágrimas por su antiguo amigo.
Aquello sorprendió al moribundo Héroe Mítico. Las rosas estaban ya a la mitad de ser rojas en su totalidad. Heracles tosió, escupiendo sangre y con las fuerzas casi extintas, aunque todavía poseía la suficiente para hablar y dirigirle sus últimas palabras al santo dorado.
—Tú no eres así… antes eras un hombre frio…—Dijo, soltando una pequeña risa al recordar la personalidad pasada de Aarón, e incluso el santo dorado sonrió, a pesar de la tristeza. … ¿o acaso estar aquí te ablandó? —Preguntó, sonriendo, mientras veía como todo se oscurecía.
—Supongo que eso fue… —Dijo Aarón, cuya sonrisa se esfumó y volvió a su gesto melancólico y triste. —Ahora te reunirás con Kiku, así como siempre lo deseaste. —Dijo, llevándose una mano hacia su boca, en un intento de contener sus sollozos.
—Así es… gracias… Aarón… —Dijo Heracles, con un hilo de voz, con sus sentidos abandonándole simultáneamente. —Nosotros te estaremos… esperando. —Dijo, cerrando los ojos y dando su última exhalación. Su corazón terminó por detenerse y las rosas en su pecho adquirieron el color rojo de forma definitiva.
Finalmente, el tercer Héroe Mítico, Heracles, acababa de morir.
El santo de Piscis colocó con cuidado el cuerpo del Héroe Mítico en el suelo, derramando más lágrimas en el proceso. Cruzó ambos brazos de Heracles, en la posición mortuoria adecuada y luego Aarón se sentó, se llevó una mano a sus ojos y se enjugó sus lágrimas. Miró por última vez a Heracles y luego dirigió su vista hacia el cielo, probablemente rezando por el alma de su enemigo.
—Lo sé…—Fue la escueta respuesta de Aarón, diciéndola en un hilo de voz.
— ¡Aguja Escarlata! —Exclamó Pierre de Escorpio, lanzando las catorce agujas de una vez hacia el Héroe Mítico.
Belerofonte por su parte, ni se inmutó, para él no fue necesario utilizar su Defensa Divina, sino que solo con un rápido movimiento de brazo, generó una corriente de aire lo suficientemente fuerte para desviar las agujas y que estas fueran a impactarse de forma certera en el caballero del escorpión, causándole un enorme dolor y grietas en su coraza dorada. No conforme con esa acción, Belerofonte, haciendo uso de su cosmos, generó una decena de lanzas finas hechas de luz y las lanzó hacia Pierre. El ataque terminó por destruir en gran parte su armadura y que el santo dorado cayera al suelo, probablemente muerto.
— ¡Pierre! —Exclamó Iñaqui de Capricornio.
Aquella voz hizo que Belerofonte volteara la cabeza para mirar al santo orado de Capricornio, sujetándose su brazo fracturado. El caballero frunció el ceño y encendió su cosmos para propinar un ataque al Héroe Mítico. El guerrero de Ares volteó todo su cuerpo para quedar frente a él y esperando pacientemente el ataque de Iñaqui.
— ¡Maldito, no te lo perdonaré! —Gritó Iñaqui.
—Ríndete o sufre las consecuencias de tu imprudencia. —Fue la respuesta escueta de Belerofonte.
— ¡Excalibur! —Exclamó el santo de Capricornio, desatando un enorme haz de luz dorada cortante que produjo ráfagas violentas de viento que cortaban todo a su paso.
Sin embargo, el Héroe Mítico, al igual que con Pierre, desarticuló la técnica de Iñaqui, primero sosteniendo con solo los dedos la filosa luz y después con un movimiento de empuje destrozó el haz de luz, volviéndolo innumerables agujas de luz que devolvió a un aterrado Iñaqui, quien sufrió cortaduras por todo su cuerpo. Aquel devastador ataque terminó de mermar sus pocas fuerzas y cayó de rodillas, tratando de reprimir el intenso dolor del que era presa. Para su desgracia, Belerofonte tenía la intención de que no volviera a levantarse, así que el Héroe Mítico junto su cosmos y lo reunió en su palma derecha en forma de una esfera luminosa. En un santiamén recorrió la distancia que los separaba e hizo estallar la esfera en el rostro de Iñaqui, provocando que todo el cuerpo del santo se impactara brutalmente contra el suelo que terminó por agrietarse en una gran extensión. Con esto quedó derrotado Iñaqui de Capricornio.
Belerofonte solo hizo un gesto desdeñoso y continuó su marcha por los doce templos. Dado que pelearon fuera del templo de Escorpio y derrotó a su santo guardián, El Héroe Mítico pasó sin contratiempo alguno, cruzando de igual forma los templos de Sagitario y Capricornio y ahora se encaminaba al de Acuario, sin embargo algo le hizo detenerse. Dejó de sentir el cosmos de su compañero de armas Heracles, con lo cual supo de inmediato que había muerto. Bajó la cabeza en señal de empatía por su compañero caído y permaneció inmóvil alrededor de un minuto.
Finalmente reanudó su marcha, esta vez con la mirada más seria y fruncida que nunca.
—Heracles… tú también…—Musitó Belerofonte. —Estos santos saben nuestras intenciones, por esa razón el fin de esta guerra ya está decidido. —Habló mientras se detenía mirando las escaleras que conducían al templo del ánfora.
—Ahora todo depende de mí. —Dijo, dando pasos para subir los primeros escalones del templo, con su corazón lleno de la ardiente llama de la retribución.
Continuará…
En el próximo capítulo de Siguiente Generación: El duelo de Selenia de Pegaso y Helena de Cine se verá aún más complicado con la aparición de Belerofonte. Ícaro revela un terrible secreto a la santa del hielo y se verá dominada por su propia ira. Mientras tanto, una presencia maligna y divina detendrá Idalia de Fénix y a Aarón de Piscis de ayudar a sus amigos. ¿Qué pasará con los valerosos santos de Athena?
