31 propuesta
Ciel a media mañana descansaba un poco después de ese ajetreado despestar, con un poco de náuseas permanecía en la cama mientras con su mano acariciaba su vientre con ternura. Aproximadamente en una hora su ex prometida iría a visitarlo, aprovecharía esa visita para contarle lo del embarazo; no negaba que estaba un poco nervioso, las reacciones de su prima a veces eran difíciles de predecir, aunque conociéndola un poco, podía asegurar que después de la impresión por la noticia se emocionaría mucho.
—Ciel... Te traje una deliciosa gelatina de fresa, como lo convenimos. El precio fue pagado...
Sebastian muy animado entró a la habitación con una charola en manos, interrumpiendo los pensamientos de su joven señor.
—No la quiero ahora, tengo algo de náuseas.
—¿De nuevo las náuseas? —Sebastian preocupado se acercó con prisa al verlo algo pálido, dejó la gelatina a un lado y acariciaba su frente perlada en un tenue sudor frío.
—Es normal tener náuseas, tampoco exageres... Preocupándote así...
Ciel en medio de su malestarniño tó la sincera preocupación de su demonio, ese rostro que reflejaba devoto amor lo enternecía, acariciaba también su rostro mientras sus mejillas se teñían en un rubor. Dulce momento que fue interrumpido cuando el embarazado volteó la cabeza vomitando a un lado de la cama.
—Ya sé que soy asqueroso pero no me lo hagas saber de esa manera —Se burlaba Sebastian viendo como su joven amante devolvía de su estómago lo que había desayunado antes.
Ciel intentaba patearlo al escuchar su burla, ¿Bromeando en un momento así? ¿Cuándo sentía que las entrañas se le saldrían por la boca?
—Uhh te dije que no lo tomaras todo... —Se burló Sebastian mientras se levantaba para empezar a limpiar, veía el vomito escurriendo por el costado de la cama— No más semen para ti en ayunas.
—¿Puedes callarte? —Ciel palidecido volvía a recostarse pesadamente en la cama, su respirar agitado era evidencia del mal momento, sonrojado por lo que dijo su demonio solo desviaba la mirada.
Ciertamente en la mañana, en el ajetreo de su desbordante pasión, en ese clímax de placer no pudo apartar su boca del miembro bien dotado de su demonio, succionando hasta la última gota de su semen, tragándolo todo, ahora ese fluido resaltaba en medio de su vómito, eso lo hacía avergonzarse.
—¿Te sientes mejor? —Cuestionó el demonio dejando su burla a un lado, lo acariciaba cariñosamente.
—Ah, ahora si te preocupas después de burlarte...
—Yo no me burlé, solo dije la verdad.
—Cállate... ¡Es tu culpa por tener tanto fluido adentro!
—Era temprano estaba recargado además es tu culpa porque te dije que no lo tomarás todo pero nunca me haces caso... —Con una falsa sonrisa parecía regañarlo— Eres un caprichoso que me contradice en todo siempre.
—¿Por qué me regañas? —Con la mirada llorosa Ciel le cuestionó, sintiéndose vulnerable al notar como Sebastian lo miraba seriamente.
—No te estoy regañando... No te pongas así —Nervioso su demonio lo trataba de calmar, solo estaba jugando al ponerse serio y su amo más sensible de lo normal en ese momento no lo entendió. Trató de abrazarlo pero Ciel se negaba todo resentido a su agarre.
—Limpia eso que me da náuseas olerlo... Es una orden.
Sebastian obedecía a su orden sin insistir en ese abrazo, tendría que esperar que se le pasara el berrinche. Mientras limpiaba observó de reojo a su joven amo devorar ansioso esa gelatina.
—¿Te gustó?
Ciel ignoraba la pregunta de su tonto mayordomo, porque obviamente le gustó ya que sino no la estuviera comiendo con tal ansiedad.
—Cuando te pones de ese humor eres muy malo conmigo, yo debería llorar cuando me ignoras.
—Llora pues ¿Qué te lo impide? —Burlón Ciel le insinuó con una pequeña sonrisa a la vez que se levantaba de la cama— Debo vestirme, Lizzy llegara en cualquier momento, no puedo recibirla en pijama.
Caminando se despojaba de su pijama a cada paso, quedando en ropa interior llegaba a su armario. Sebastian sonreía al notar su obvio intento de reconciliación, ese niño podía pasar de un estado de animo a otro en cuestión de minutos o quizás simplemente reconoció que fue tonto enojarse por algo insignificante.
—Te ves lindo... —Susurraba Sebastian pasando por su lado le daba una nalgada— ¿Qué ropa te pondrás? ¿Te quedará algo? Has aumentado de peso y hace semanas no te has puesto tu ropa usual.
—Lo sé... Pero tú harás algo por arreglarlo además es por tu culpa que esté así de gordo.
Sebastian embelesado contemplaba la silueta de su amo semidesnudo frente al armario, con su vientre bastante abultado, la piel de su vientre estirada hermosamente aguardaba a su primogénito, eso lo emocionaba, últimamente debía admitir que estaba emocional también, algo vulnerable pero lo disimulaba.
El conde Phantomhive se dejaba contemplar, le gustaba sentir la mirada morbosa de su demonio en su "deforme cuerpo" como se decía a si mismo, así confirmaba que seguía siendo el objeto de su deseo, le levantaba el ánimo. Sonreía al sentir sus firmes caricias en su piel mientras buscaba que prendas ponerse para esa visita, los dos estaban tan acostumbrados uno al otro que las tontas peleas solo quedaban en eso, tontas, porque las olvidaban a los pocos minutos. Habían aprendido a tolerarse, todo en nombre del amor que se tenían, en especial por el pequeño que ahora los unía.
—Señorita Elizabeth... Sino le molesta el joven amo va a recibirla en su habitación. —Era la indicación del atractivo mayordomo de la mansión cuando recibía a la joven de cabellos rubios casi al mediodía.
—¿Ciel sigue enfermo? No había venido porque hace una semana regresé de un viaje que hicimos, me sirvió para aclarar mis ideas con respecto a todo esto... —Conversaba la joven encaminándose junto a Sebastian a esa mencionada habitación— Me preocupé mucho cuando dijiste que Ciel no recibía visitas porque estaba enfermo. ¿Está mejor?
—Tiene malestares pero él se lo explicará mejor cuando hablen...
La joven miraba sospechosamente al mayordomo sentía que algo le estaban ocultando así que aceleró el paso para llegar donde Ciel la esperaba, entrando veía a su primo sentado en la cama, apoyándose al espaldar de esta, estaba un poco cubierto con la sábana.
—¡Ciel! —Gritó emocionada la joven al verlo, notó su rostro algo distinto en si todo su semblante. No estaba tan delgado como era su contextura normal o al menos como la última vez que lo vio.
—Lizzy... No te me vayas a lanzar encima, estoy un poco delicado.
Sebastian se cubría la boca, callando su risilla, el conde podía adivinar el motivo de su burla. Siempre había sido delicado pero ahora lo estaba un poco más, eso no era motivo de burla ¿O si? Pero ya conocía como era el idiota de su "novio mayordomo" por cualquier estupidez se le burlaba.
—Entonces sigues enfermo... —Murmuraba la joven con tristeza y preocupación, se quedaba a unos pasos conteniendo su abrazo— Se supone que Sebastian debe cuidarte, ahora él es tu novio.
Ella fijaba la mirada en el mayordomo, quien solo esbozaba una menuda sonrisa al sentir esos enormes ojos amenazantes fijarse en su persona.
—Se me pasará pronto... —Dijo Ciel con una nerviosa sonrisa al notar la tensión producida— Lizzy debo decirte algo importante así que te ruego mantengas la calma...
El conde hablaba con relativa calma, su prima volvía a verlo, intrigada deseaba saber que era eso tan importante. Quizás le diría que se casaría con Sebastian ¿Estaba lista para escuchar esa noticia? No lo sabía. Ciel quitaba la sabana que lo cubría, mostraba su vientre abultado que era notorio aún con la ropa que llevaba.
Confundida Lizzy no entendía que sucedía, ¿Por qué su ex prometido tenía así el abdomen? Se restregaba los ojos queriendo asegurarse que miraba bien. Sebastian se sentaba junto a su amo, lo tomaba de la mano.
—Tendremos un bebé... Nacerá pronto...
Dijo la pareja al unísono como lo habían practicado minutos antes, impávida ella los escuchó pero aún así no lograba asimilar lo que dijeron.
—¿Un bebé? Pensé que estabas lleno de gases. —Fue lo que se le ocurrió decir mientras sus mejillas se teñían de un notorio sonrojo.
—No, señorita Elizabeth... Le aseguro que es un bebé... Un hermoso bebé.
—Pero para un hacer un bebé se necesita estar casados y cumplir con los deberes maritales... —Sonrojada ella trataba de entender la situación— Además tú eres chico... Los hombres no tienen bebés ¿O si?
—Eh... Cumplimos con esos deberes pero sin casarnos... Con respecto a lo otro soy un chico pero por algo dentro de mi cuerpo pude concebir, yo tampoco entiendo bien ese detalle.
Ciel hablaba nervioso, nervios que se aumentaban al notar como su prima los miraba fijamente.
—Hicieron eso sin estar casados...
—Su primo insistió tanto en hacer eso... —Se justificaba con fingida inocencia el demonio solo para molestar a su amado.
—Fue Sebastian quien insistió yo no quería...
Lizzy obviamente le creía a su primo, no sabía que agarrar para rebanar al mayordomo que se aprovechó de la pureza de Ciel.
—Es broma Lizzy... —Ciel le detenía al ver como ella pretendía atacar al demonio, claro que no era porque temiera que lastimara a Sebastian sino lo contrario— ¡Yo lo quise...! ¡Yo quise tener intimidad con él!
—Ciel... —Susurró avergonzada la joven ante esa declaración, el conde estaba tan rojo que con la cara así rellenita parecía un tomate, lo que notó Sebastian echándose a reír.
—No es divertido, idiota... —Le regañaba el joven al sentir que se burlaba por aquella vergonzosa confesión, sin sospechar que era otro el motivo de su risa.
—Señorita Elizabeth —Sebastian la llamaba calmando su risa— Debo corregir a Ciel, ya que los dos lo quisimos, quisimos tener intimidad, fue mutuo el sentir.
Lizzy los miraba, su primo se notaba aún más enamorado que la última vez y Sebastian también, solo bastaba verlos juntos, los gestos, las miradas que se dedicaban mutuamente eran de amor puro ahora de ese amor tendrían un bebé, su mirada se iluminó al imaginar un pequeño Ciel pronto, porque aseguraba que ese niño o niña se parecería a él.
Acercándose los abrazaba a los dos, estaba emocionada, una mezcla de nostalgia y alegría desbordante, dejó sus anhelos a un lado por la felicidad de Ciel y no le importaba por verlo sonreír como ahora lo hacia.
—Ahora... —Ella secándose las lágrimas de sus ojos se les separaba pero se mantenía cerca— Ni crean que mi sobrino nacerá fuera de un matrimonio. Ustedes deben casarse o al menos hacer una ceremonia simbólica de amor.
La pareja se miraba entre si, habían previsto que ella propondría eso con lo cursi y moralista que era.
—Si lo habíamos pensado, una ceremonia simbólica es perfecta ya que nuestra relación no puede salir de esta mansión. —Hablaba Sebastian con calma— ¿Usted nos haría el honor de organizarla?
—¡Claro...! Será hoy mismo, mientras más rápido se casen ese bebé no crece en pecado.
—¿Pecado? —Murmuró burlón el conde, ese niño o niña en su interior era hijo de un demonio, más pecaminoso no podía ser. Aunque eso no le restaba el milagro que representaba.
—¿Uh? —Dudosa la joven lo miró ante ese murmullo, Sebastian lo codeaba porque adivinaba porque lo dijo— Otra cosa... Cuando me confesaron lo de su relación semanas atrás, apenas si se besaban me dijeron... ¿Cómo es que avanzaron al otro nivel tan rápido?
—Ya te lo dijimos, los dos lo quisimos y solo pasó, lo hicimos solo una noche y me embaracé —Avergonzado Ciel le trataba de aclarar, ella como que no le creía mucho.
—¿Una sola vez?
Sebastian solo escuchaba la conversación sin intervenir, sabía que de abrir la boca arruinaría la mentira de su amo, quien para no verse como un depravado frente a su inocente prima dijo aquello, cuando era muy diferente la vida sexual que compartían. A veces en una noche tenían sexo más de una vez sin contar los encuentros furtivos por el día, y las escapadas aún en lugares públicos donde lo hacían, nada los detenía. Las travesuras constantes presos del amor y lujuria se reflejaban en ese bebé que crecía poco a poco, ahora que lo pensaba no podría precisar el momento de su concepción con tantos deslices amorosos.
—Bueno te creeré, después me cuentas como fue aquella vez... Ahora debo ir a arreglar la mansión, aunque sea un matrimonio secreto debe ser hermoso... —La joven pretendía marcharse para alistar todo, antes de salir acariciaba el vientre de su ex prometido mientras sonreía sentía como se movía leve ese bebé, emocionándola— Me hace feliz verte feliz...
Dijo ella con sincero afecto para salir corriendo de la habitación, llamaba a su fiel sirviente para que le ayudara en los preparativos. La pareja suspiraba al quedarse solos, era un alivio que esa conversación haya salido bien.
—¿Se me ve feliz? —Cuestionaba sonrojado el conde.
—Hermosamente feliz... —Susurraba Sebastian todo cariñoso, Ciel sonreía emocionado ante sus palabras— Veo mi felicidad reflejada en tu carita regordeta...
—¿Tienes que arruinar los momentos bonitos siempre? —Ciel molesto le halaba el cabello por su burla pero en ese forcejeo lo haló para si y lo besaba con dulzura— Te amo, Sebastian... ¿Quieres casarte conmigo?
—Eh... Se supone que yo debería preguntártelo... No sé que decir... —El demonio murmuraba con una sonrisa mientras sentía como Ciel le colocaba un anillo en uno de sus dedos enguantados— Me siento como una chica cuyo novio le pide matrimonio.
—Sebastian, está bien que te sientas la chica de vez en cuando en nuestra relación...
Ambos sonreían y unían sus labios en un dulce pero profundo beso, un matrimonio era una mera formalidad para aparentar frente a los demás porque ellos ya consideraban que estaban más que casados, estaban unidos por los inquebrantables lazos del amor sincero que se profesaban a pesar de sus diferencias.
Muchas gracias por seguir esta historia, espero haya sido de su agrado este capítulo escrito con love para ustedes...
