Resquicios de orgullo
STaty
Capítulo 14
[…]
Ginny convenció a Harry de comprar un buen desayuno y llevárselo a Hermione. Pensó que sería un día difícil sin sus padres. Iba a ser el primer año en el que no tendría una carta de ellos. Siempre le mandaban una bonita carta a primera hora de la mañana cuando desayunaba en Hogwarts. Quería que empezara con buen pie el día, así que también obligó a su hermano Ron, quien hizo una parada en su viaje.
-¿Qué le has comprado Ron? –le preguntó Ginny mientras se dirigían hacia la casa de la chica.
-Un collar. Lo vi en uno de mis viajes, en un bazar de Egipto.
-No sería en el mismo bazar al fuimos cuando nos tocó el viaje, ¿no? –preguntó Ginny con reserva pensando en el asqueroso antro donde los habían llevado prometiéndoles grandes reliquias y eran más falsas que las que vendía Mundungus Fletcher.
-Ehhhh, el detalle es lo que cuenta- dijo sin mirar a su hermana- ¿y vosotros?
-Ginny le quiso comprar unos zapatos y yo le cogí un libro.
Ron se giró hacia su hermana molesto.
-¿Y a él no le dices nada por el libro?- le bufó.
-Porque es uno muy bueno sobre leyes, una edición limitada. ¡Listo, que eres tú muy listo! –le sacó la lengua.
-Inmadura- le susurró él.
Ambos se encontraban delante de la casa de la chica. Timbraron varias veces, pero nadie les abrió. Se sorprendieron, pero supusieron que ya se habría ido a clases.
Un vecino de Hermione, al verlos se acercó.
- ¿A quién buscan? –preguntó.
-A Hermione Granger- respondió Ginny.
-Hace meses que no la veo.
- ¿Cómo que meses? - preguntó Harry escéptico.
-Sí, desde unos días después de la muerte de sus padres, no la he vuelto a ver.
-No nos ha dicho nada- masculló Harry.
- ¿Cuándo fue la última vez que hablasteis con ella? –preguntó Ron. Estaba empezando a preocuparse.
-Hace una semana me mandó una lechuza- dijo Ginny.
-No la vemos desde después de la boda- aseguró Harry.
-¿La habéis perdido?- preguntó histérico.
-¡No es un perro!- le gritó su hermana.
-¡Puede estar en peligro!- siguieron gritando.
-Hermione sabe defenderse- les dijo Harry.
Ambos hermanos se giraron hacia el moreno.
-¿Y tú que sabes?-le preguntaron ambos a la vez.
-¡Queréis calmaros! –les gritó.
-¡VOY A LLAMAR A LA POLICIA! –les gritó el vecino mientras les apuntaba con la manguera del jardín.
-Vámonos- les recomendó Harry.
Al aparecer en la Madriguera, Ron entró rápidamente y se dirigió a Fred y su padre.
-Tenemos que hablar con el ministro, llama a Kingsley- aseguró Ron- Hermione puede estar en peligro.
Tanto su padre como su hermano se levantaron de golpe.
-¿Qué pasó?
-Lleva tiempo sin vivir en su casa- les explicó Harry.
-Tenemos que averiguar donde está, que hace, que…
-No seas exagerado. Hoy me aseguró que vendría a cenar a la Madriguera- le dijo Molly.
Todos respiraron más tranquilos y guardaron silencio.
-Si no aparece, llamaré al Ministerio- le aseguró Ron con los brazos cruzados- os recuerdo que comparte clases con un mortífago- comentó furioso porque lo dejasen salir de Azkaban.
Harry le puso una mano en su hombro para calmarlo. Pero realmente estaba preocupado.
Hermione llevaba media hora delante del armario. En esos momentos odiaba a Malfoy. Desde que se fue a vivir con él, había empezado a tener problemas de decisión con su forma de vestir. Odiaba no saber que poner. Antes tenía poca ropa y casi toda era igual. Ahora miraba el armario lleno de ropa y todo tipo de complementos. Suspiró al pensar que era más grande el armario que su antigua habitación. Al final, se decantó por un vestido sencillo que ese mismo día le había enviado Cindy como regalo. Era una gran mujer con la que no quería perder el contacto. A pesar de que ella le dijese un par de veces de verse en sitios muggles para no encontrarse con nadie conocido. A Hermione no le importaba ya que ella había hecho mucho por ella. Cuando nadie la quería contratar ella le dio una oportunidad a pesar de no tener experiencia. A demás, la había cuidado y protegido en todo lo que pudo. Hermione le tenía mucho cariño.
Iba apurada, así que se recogió el pelo en un moño rápido. Luego se puso un abrigo de pelo sintético con unos guantes y una bufanda a juego.
Se apareció a unos metros de la entrada de la Madriguera. Si ya le había costado vestirse, no se imaginaba, como sería esa cena. Desde hacía un tiempo, había aprendido a apreciar la soledad. No era que odiara estar rodeada de gente, sino que era como si ya no encajase. Desde la boda, tenía miedo de meter la pata y no saber que decir. Nunca había sido una persona charlatana, ni sabía llevar la conversación con mucha gente. Prefería hablar de temas más concisos. Le gustaba saber pociones, fechas, datos y conjuros. Pero temas los de actualidad eran su punto más débil. Nunca estaba al tanto y no sabía quién decía la verdad. Odiaba las conversaciones banales sobre temas que no conocía.
- ¡Hola a todos! –saludó Hermione al entrar por la puerta.
- ¡Feliz cumpleaños! - le gritaron todos mientras echaban confeti y fuegos mágicos.
Todos se acercaron a darle besos y abrazos a Hermione. George incluso le golpeó graciosamente el moño. Ginny le comentó que estaba muy guapa y Harry que quería verla más a menudo. Al aproximarse a la puerta vio a Ron apoyado en ella, iba a hablar cuando su madre salió a fuera.
-Ahora todos a la mesa- les gritó Molly.
Dejaron un asiento en el medio de la mesa para la cumpleañera.
-Hermione, cuéntanos que tal en la Academia- le pidió Percy.
-Muy bien. Me gusta su metodología de estudio. Además, las materias son muy interesantes.
-Me alegro- dijo sinceramente- yo aprendí cosas realmente útiles. Además, ahí estudiaron los miembros más relevantes del Ministerio. Seguro que tus amistades te serán muy útiles.
- ¿Qué tal los compañeros? –le preguntó Bill- he escuchado que también asiste…
- ¡Ya basta! –gritó Ron- Hermione, ¿dónde narices vives?
- ¿De qué hablas Ron? –preguntó nerviosa.
-No me intentes engañar. Hemos ido a tu casa y tu vecino dice que no vives ahí desde hace meses- le gritó.
-Yo…- no sabía que decir.
- ¡Habla! Dime dónde vives- exigió Ron con la paciencia en su límite. Llevaba toda la tarde dándole vueltas y cada vez estaba más nervioso. Verla tan tranquila mientras le ocultaba eso a ellos le pareció la hecatombe.
-No- dijo rotunda, mientras se apoyaba en el respaldo de la silla y cruzaba sus brazos.
-Somos tus amigos, merecemos saberlo- continuó el pelirrojo.
-Hermione por favor…- dijo Harry- estamos preocupados.
-Esa casa tiene muchos recuerdos. Aún no estoy lista para volver- dijo sinceramente. Todavía quieres quedarte con Draco le recordó su subconsciente.
- ¿Por qué no nos dices dónde vives? –preguntó Ginny.
-Quiero estar sola- le contestó sin mirarla.
-Está siendo una egoísta al alarmarnos- le dijo Ron molesto al resto de la mesa buscando apoyos.
-Más egoísta fuiste tú al irte. No pensaste ni en tu familia ni en lo culpable que me hiciste sentir –le dijo la chica recordando su conversación con Draco.
-No puedes compararlo- bufó el chico.
Hermione dirigió la vista al resto de la mesa. Todos tenían la vista atenta a ella, como si se fuera a romper en cualquier momento. No le gusto ver como la miraban con pena y con una pizca de preocupación. Por Merlín, ella era una heroína de la guerra. Se había enfrentado a múltiples peligros y resuelto grandes problemas. No entendía porque la infravaloraban. Ya no era una niña a la que tuvieran que vigilar las veinticuatro horas del día por si se caía y se rasguñaba las rodillas.
Cualquier otro día, lo hubiese pasado por alto. Pero ya estaba cansada de todas esas tonterías. Solamente pensaba en que en casa estaría más a gusto. Había pasado estrés pensando en esa visita y ahora pasaba un mal rato. La vida era muy corta para pasarlo mal.
-Sabes qué, mejor me voy- Hermione se levantó.
-Hermione es mejor hablar las cosas- le dijo Harry.
-Puede que otro día, no me siento bien- dijo Hermione dolida porque no la vieran como alguien fuerte e independiente.
Hermione se levantó de la mesa y Ron fue detrás de ella.
-Eres una niña pequeña- le reprochó.
-Lo único que quería era pasar una noche divertida y entretenida- hizo una pausa- yo no te he hecho nada para que me ataques de esa manera. Es el primer cumpleaños sin mis padres y lo que buscaba era cariño, no que me hicieras hablar de cosas que no quiero. No puedes entender que necesito mi espacio para recuperarme de la muerte de mis padres.
-Mione, yo lo único que quiero es saber dónde estás. No quiero que te pase algo y no saber dónde te encuentras.
-Si quieres saber donde estoy puedes mandarme una lechuza. Las de Harry y Ginny llegan sin problemas- le recalcó el hecho de que él no le enviase ninguna.
-¡Ahora eres tú la egoísta! –le gritó- estoy enamorado de ti y me fui porque no podía soportar el verte y no tenerte. Tú me diste falsas esperanzas.
-¿Yo? Tú eres el que durante años ni se fijó en que era una chica. Y de repente nos damos ese beso y surge el amor.
-Si no puedes ver todo el amor que te he tenido todos estos años, eres una ciega.
-Lo vi cuando le metías la lengua a Lavender hasta la campanilla.
-Y tú confraternizabas con el enemigo.
-Krum es mucho mejor amigo que tú. Él sí que se ha interesado en mi vida y nunca me ha presionado.
-Pues vete con él y no vuelvas.
-Eres un inmaduro- le gritó.
Sin decir nada más, se fue de la casa.
