.
LA PELEA
Cuando llegó al campo de entrenamiento, se sorprendió al ver que la mayoría de los habitantes de castillo estaban allí. Al parecer se había corrido la voz.
-¿Preparada para hacer morder el polvo a Chard? Un poco de humildad le vendrá bien.
Alistair esgrimía una amplia sonrisa y Candy supo que había sido el artífice de todo. Como solía decir cada vez que ella y Tom luchaban, una humillación no es una humillación si nadie lo ve.
-Esperemos que sea el quién caiga - dijo no muy convencida de que hubiese tantos testigos.
-La actitud lo es todo, prima - apoyó las manos en sus hombros para hablarle, con gesto serio - Cree en ti y vencerás.
-No me vengas con semejantes tonterías a estas alturas, Stear - rió- Ambos sabemos que el tamaño de mi primo es un gran inconveniente.
-Y ambos sabemos que tienes trucos suficientes para que su tamaño juegue a tu favor - elevó las cejas varias veces provocando otra carcajada en ella.
-¡Qué voy a hacer sin ti cuando te vayas de Inveraray! - suspiró.
-¿Quien dice que yo me voy a ir? Más bien creo que serás tú quien lo haga.
-¿Yo?
-Esa forma de tratar al primo de Anthony anoche me ha parecido de lo más reveladora - una sonrisa jovial apareció en sus labios - Promete ponerse interesante.
-Ése será el siguiente en morder el polvo - bufó.
-Y a mí me encantaría ver cuanto tardas en caer sobre él - se burló él.
-Ni se te ocurra hacer algo, Stear - lo amenazó - Lo que pase entre nosotros no es asunto tuyo.
-Entonces, ¿pasa algo?
-Nada que merezca la pena mencionar - se ajustó la coraza de cuero al pecho mientras hablaba.
Se había vuelto a poner sus ropas de hombre. Desde que la descubrieron, no había vuelto a usarlas y las había extrañado. Eran cómodas y manejables. Más que los vestidos, desde luego.
-Revelador - repitió.
Candy decidió que lo mejor era ignorarlo y centrar su atención en la lucha. Charlie era un rival imponente. Su sola presencia bastaba para intimidar al más valiente. Tal vez a ella también lo habría hecho sino fuese su primo.
-Te desearía suerte pero no creo que la necesites - le dijo Alistair en cuanto dio un paso hacia su primo.
Miró hacia él y le sonrió en agradecimiento. La fe que depositaba en ella le infundía ánimos. Caminó hacia Charlie, que la esperaba en una pose relajada, con las manos apoyadas en la empuñadura de su espada. Le sonreía, convencido de que no sería rival para él. Y esa sería su mayor ventaja. Al menos hasta que comprobase que no era tan débil como cabía esperar.
-Ayer te retiraste muy pronto, prima - le dijo - ¿Quizá por nervios?
-Quizá porque me aburría verte tan embobado con cierta dama - no mencionaría a Janet delante de todos. Charlie la entendería perfectamente - Espero que no estés demasiado cansado. No querría que pensasen que te he ganado porque no eras capaz ni de sostener la espada.
Su primo rió e, inesperadamente, la abrazó. Le dejó hacer y al ver que no la soltaría hasta que se lo devolviese, así lo hizo.
-Estoy deseando ver lo que has aprendido estos últimos años - la miró después de soltarla - He oído historias sobre ti y quiero comprobar cuanto tienen de verdad.
-Si loan mi destreza, créetelas todas.
Charlie le guiñó un ojo en respuesta y desenvainó su espada para blandirla por el aire. Era enorme y parecía una prolongación de su brazo. Hizo algunas fintas, que arrancaron exclamaciones de asombro entre los espectadores.
-No seas fanfarrón, primo - le dijo ella desenvainando - y empecemos de una vez.
Charlie atacó sin previo aviso y Candy no tuvo más opción que retroceder para evitar que la tirase al suelo con su ímpetu. Después de varias estocadas de retroceso, realizó una maniobra de despiste y logró deshacerse de su primo.
Movió su espada en el aire con un elegante giro de muñeca y atacó a Charlie. Era su turno para hacerlo retroceder y, si bien no pudo ser tan contundente como él, logró su objetivo igualmente.
-No está mal, prima - admitió Charlie - Impresionante pero insuficiente.
-Sólo estaba calentando, primo.
Volvió a atacarlo, esta vez con movimientos cortos y rápidos. Procuraba moverse continuamente para que Charlie no supiese por donde vendría el siguiente golpe. Lanzaba una estocada a la izquierda y giraba sobre sí misma para atacar después el costado derecho de su primo. Cada vez que Charlie lograba asestarle un golpe, ella lo esquivaba con soltura. Intentaba en todo momento evitar el contacto con el arma de su primo porque sabía que no lograría detener un ataque con su espada. Él era demasiado fuerte y su arma demasiado pesada. Su única oportunidad era entretenerlo hasta que bajase la guardia. Entonces podría deshacerse de su espada y asestarle el golpe definitivo.
-Bonito baile - rió Charlie - Te mueves con bastante soltura, prima.
-No puedo decir lo mismo de ti - lo provocó.
-Yo sólo bailo en los brazos de una mujer - le guiñó un ojo.
Y esa era la oportunidad que estaba esperando. Atrapó la espada de su primo con la suya y con un rápido y estudiado juego de muñeca, la lanzó por los aires. La pesada espada se clavó a unos metros de ellos.
-Vaya - dijo Charlie, sorprendido de tal hazaña.
-Vaya - sonrió ella orgullosa de su proeza.
Cuando Charlie se movió para recuperarla, ella hizo lo propio para impedírselo. En una arriesgada maniobra, soltó la espada y alcanzó a su primo. Le propinó una fuerte patada en la parte de atrás de la rodilla para obligarle a doblarla. En cuanto lo vio trastabillar, se lanzó contra su cintura y lo empujó hacia delante, provocando su caída. Su primo, que no se lo esperaba, sofocó un gemido al sentir el golpe en sus costillas. En cuanto quiso desprenderse de Candy, ya no pudo hacerlo. Ella sostenía una daga contra su cuello.
-Impresionante, prima - dijo intentando hacerse oír por encima de la algarabía de voces que se había levantado por su victoria - Debí hacerle caso a Alistair y no retarte.
-A veces es mejor aprender las lecciones por uno mismo.
-Será mejor que dejes levantar a tu primo, Candy - una potente voz acalló los vítores y alabanzas - Ya debías saber que la lucha no es cosa de mujeres.
Candy alejó el cuchillo del cuello de Charlie y se levantó de un salto. Enfundó el arma y limpió el polvo que se había acumulado en sus vestimentas. Realizó cada movimiento con deliberada lentitud, tratando de serenar a su histérico corazón. No se sentía preparada para lo que estaba a punto de suceder pero aún así, enfrentó su mirada con la del hombre que había hablado.
-Pues haberlo pensado antes de enseñarme, papá.
CONTINUARA
