¡Habemos actu! Me iré de vacaciones una semana, por lo que estaré fuera de actividades hasta entonces. So, no quise irme sin dejarles esta joyita, antes de que me beteen la otra y el mundo comience a explotar.

¡Draco es quien dirige esta sesión!

.

...


El cumpleaños de la señorita Hydra Isworthy, Parte dos.

.

.

...

El terreno era fácilmente un quinto más grande que su hogar, pero la distribución era tan mala que no lo parecía. Tenían tantos objetos, plantas y flores en tan malos lugares, que Draco estaba seguro que el decorador de interiores debía ser el mismo idiota que tuvo la ocurrencia de remodelar la mansión Malfoy, una vez él y su madre se fueron de ahí y su padre salió de Azkaban.

Cuando él y Harry decidieron comprar el terreno donde actualmente vivían, fueron muchos los cambios y las decisiones tomadas entorno a ello. Una casa de la época en donde su abuelo nació, remodelada completamente para que cinco diablillos pudieran funcionar a plena potencia. El jardín había sufrido muchos cambios alrededor de los años, pero siempre con la mentalidad de que debía ser más acogedor que de buen gusto. Draco había tenido que forzarse a aprender a encontrar un balance entre las dos cosas, y con mucho esfuerzo lo había conseguido.

Wow –escuchó a Harry exclamar. Draco sonrió indulgente, tirándole del brazo para llamar su atención. El resto de los suyos estiraban las piernas y se dedicaban a mirar asombrados aquel jardín, como si fuese la primera vez que veían algo tan ostentoso. Él suspiró. Siempre serían niños pequeños para él.

Es hora –anunció Draco, tironeando a Harry para que caminara. No era muy difícil avanzar, dada las antorchas que guiaban el camino pedregoso. Pero la luz era demasiado brillante para su gusto, aunque debía darle puntos al diseño de las antorchas. Quizá si se animaba en el futuro, podría conseguir algunas de ellas para su patio y colocarlas en algún punto poco iluminado. Sus hijos, por supuesto que comenzaron a hacer comentarios que el elfo doméstico escuchó apenas pusieron un pie en la recepción. Y seguramente le comunicaría aquello a su amo más tarde. Draco soltó un suspiro antes de voltearse y fulminarles con la mirada.

Es de mala educación hacer ese tipo de comentarios sobre la casa de alguien más, chicos –les regañó, arrugando el entrecejo, a pesar de estar secretamente de acuerdo con ellos. Eran demasiadas columnas griegas para tratarse de una mansión apenas un quinto más grande que su casa. Ni siquiera los Silverstone, o los Lodge tenían tantas columnas en sus castillos. Ambos chicos cerraron la boca mientras Harry echaba un par de carcajadas, por supuesto que haciéndole gracia a las malas costumbres de sus hijos. Draco le clavó las uñas en el brazo por mera venganza, pero no lo suficientemente fuerte como para hacerlo saltar ni provocarle dolor. Harry, sin embargo, le dirigió una mirada divertida antes de conducirlo hacia el salón de baile. Lo normal.

Al rubio le gustó la araña del salón y las decoraciones del techo, la familia realmente se había esforzado por demostrar sofisticación. Los patrones de rosas de los vientos y símbolos celtas eran encantadores. El problema era… que era excesivo, como todo en esa casa. Podría apostar y no se equivocaría, que Hydra Isworthy no vestiría de blanco y las señoritas casaderas si, en consecuencia, se perderían en el salón. Si es que no lo estaban haciendo. Con tanto blanco y con el exceso de luz, era difícil de distinguir. Draco se esforzó por tratar de buscar a Lily, su madre o cualquier familiar, encontrando el piano antes que a ellos. Pero podía ver a Anthony en él y a Lily vigilándole como un halcón, por lo que debían ser ellos dos.

Saludemos a Lily –Draco se volteó hacia ellos, tras darle una mirada significativa a su esposo primero, a su hijo después. Podrían ir a buscar un bocadillo después de saludar a Lily y a su madre. No antes. Considerando que era muy probable que él se terminara perdiendo con Ronald y Draco tendría que lidiar con su padre a solas, porque Scorp no estaba nada dispuesto a dejarse llevar por él. Sin considerar que sus hijos parecían tener la misma aversión de Harry por aquellos eventos, sobre todo James por encontrarse en edad de casarse. James se encogió de hombros descuidadamente, acostumbrado a sus miradas de advertencia. Pero no se perdería sin Teddy, y Teddy solía cernirse sobre él como Lily sobre Anthony, lo que le daba un verdadero descanso.

Lily tuvo suerte de no haber venido de blanco. Tendríamos que tantear las paredes para poder encontrarla –Comentó Albus, confirmando el hecho de que todos los Potters parecían ser igual de indiscretos. Los masculinos al menos. Draco no escuchó lo que Scorpius le dijo, pero sólo tuvo que ver la expresión fulminante de la señora Ford como para voltearse y volver a disciplinar a sus hijos con la mirada. Especialmente a James, que estaba a un paso de estallar en carcajadas.

Lastimosamente, su preciosa Lily interrumpió sus planes.

¡Papá! –Vestía un morado recatado que le gustó bastante a Draco. Realzaba su figura de muñeca y en contraste con el blanco de la habitación, le daba un poco de sobriedad al rojo intenso de su cabello. Cabello que esta vez se encontraba tomado en una cola de caballo que tuvo su completa aprobación. Los brazos de Draco se abrieron automáticamente para acunar a su hija en ellos, recibiendo un sonoro beso de ella antes de ir a los brazos de su Harry. Anthony le hizo un gesto suave de saludo, vestido en un riguroso negro que seguramente era obra de su hija.

Ese morado te queda perfecto –dijo él, sonriendo un poco. Lily le guiñó un ojo aún entre los brazos de su otro padre. James le hizo un gesto de saludo al pianista que aún se encontraba sentado en el piano. Y por lo que Lily comentaba y lo que ellos le conocían, solía despegarse de él bastante poco. Draco prevenía una barriga muy próxima si no hacía un poco de ejercicio para contrarrestar el tiempo que pasaba sentado.

Tony tiene un excelente gusto –ella dijo, sonriendo bastante feliz. Anthony era probablemente uno de los pocos yernos que cualquier madre querría tener y que resultaba difícil de detestar. Aunque dedicaba mucho más tiempo a la música que a cualquier cosa, parecía haber estado enamorado de Lily desde hace bastante tiempo. Y parecía tener una personalidad afín a la de su controladora hija.

¡Hey! ¿Por qué él es papá y yo no soy nada? –reclamó Harry, desviando la conversación. Lily se echó a reír, encogiéndose de hombros y abrazando a Albus y Scorp al mismo tiempo. Draco se encogió de hombros con indiferencia.

Harry, no eres un niño –Le regañó con diversión.

¡No es justo! Draco siempre se ha ganado a las mujeres de la familia

También te amo, papá –Lily rió, besando la mejilla de Harry, como un consuelo que el hombre si detectó. Y le hizo hacer un mohín bastante adorable en su opinión. Agh. Si encontrabas que el mohín de un hombre pasado de los cuarenta era adorable, es que estabas perdido. Hufflepuff-en-San-Valentín.

Por supuesto que no. Ya te he dicho que no a todas –le recordó, provocando que Harry refunfuñara. Pero le sujetara la mano con suavidad, uno de los pocos contactos físicos que tenían en esa clase de fiestas –Considerando las excepciones que ustedes conocen –Angelina Weasley; que a pesar de los años aún desconfiaba de él y su tía Andrómeda; que en cada visita solía bromear sobre las formas y métodos por los cuales Draco podía asesinar a Harry – Y que hacen de esa frase algo erróneo, tampoco podría asegurar que mis nietas me amarán tanto como tu afirmas, cariño –dijo, con sabida intensión. Si bien Lily no llevaba mucho tiempo casada, si era un buen momento como para que comenzaran a darle nietos. Y Albus y Scorpius llevaban demasiado tiempo juntos como para no considerarlo.

Yo estoy cubierto con Ed –anunció James, por supuesto. A Draco no se le pasó la mirada que Teddy le dirigió. Como si fuese parte de aquella aseveración, parte de la familia que James había armado con Ed. Intercambió una rápida mirada con Harry, decidiendo que aquella sería una de las cosas que comentarían cuando volvieran a casa. Draco no había querido decir nada cuando los encontró en aquella posición tan comprometedora, pero aquello le había hecho pensar que era muy probable que ellos dos ya hubiesen tenido algún tipo de contacto más íntimo. ¿Se habrían acercado durante la semana? ¿Cómo lo estaría llevando James?

Err papá… es muy pronto –respondió Lily, sonriéndole pasivamente.

Lo siento, aún somos estudiantes –inquirió Scorpius, con una sonrisa algo tensa. Albus hizo una mueca. Estos niños…

No entiendo cuál es el afán… –comenzó él, pero Harry le pasó el brazo por detrás de la cintura, y le acarició la espalda. Draco soltó un bufido. Harry le había repetido hace unos días que lo mejor que podían hacer era tener paciencia y actuar en consecuencia. Es cierto que no había ningún apuro ni eran una familia antigua que necesitara un heredero, pero la idea de ser un abuelo y presumir a sus nietos era algo que siempre quiso para su feliz vida. Y aunque ya era feliz teniendo a Ed, Draco esperaba que cada uno de sus hijos le diese al menos un nieto.

Eventualmente lo harán, y yo sostendré mi queja hasta entonces –sentenció Harry sin ninguna vergüenza.

Madura, Potter –bufó él, pero Harry le besó en la mejilla y eso pareció zanjar el asunto por algunos segundos. Segundos que se vieron arruinados cuando Scorpius pudo ver a su mayor causa de estrés. Draco maldijo internamente. Su expresión se volvió automáticamente seria y el agarre de Harry entorno a él se hizo mucho más tenso. Scorpius no parecía más feliz que él y Draco le llevaba razón en eso. Después de muchos intentos fallidos por obtener su custodia, algunos más legales que otros, se había limitado a enviarle numerosas lechuzas con consejos que a Harry le habían parecido la peor de las blasfemias. Y por supuesto, a presentarle a la mayoría de las señoritas en edad casadera que el hombre consideraba adecuadas. Sin preguntarle a Scorp que pensaba o si estaba dispuesto a aquello. Draco, después de conversarlo con Harry, le había recomendado que le siguiera el juego y que fuera cortés con él. No era recomendable iniciar otra disputa pública ni seguirle el juego a alguien que sólo quería llamar la atención.

Gracias a Merlín que Narcisa no ha llegado –susurró Harry. Draco suspiró cuando sintió la mirada de desagrado de su padre y para su consternación, el hombre se dispuso a caminar hacia ellos.

Pero va a llegar, Harry. Así que aguantemos hasta entonces –porque no había nada que su padre odiara más que ver a su exmujer feliz por su divorcio. Nada. Sobre todo desde que su madre había comenzado a salir con uno que otro caballero, después de que Lily se hubiese graduado y ella hubiese decidido que era hora de encontrar una pareja –O tener sexo, algo que Harry había comentado con diversión y a Draco siempre le provocaba un mal sabor de boca–.

Su padre, como siempre, le dirigió una mirada desagradable a él. A sus hijos y a su marido, los ignoró olímpicamente.

No concibo entender cómo una familia tan respetable como los Isworthy pudo cometer un error tan garrafal en sus invitaciones –dijo él, mirándolos como si no fuesen más que una mancha en el piso. Draco le presionó automáticamente el brazo a Harry, quien parecía tener bastantes ganas de golpear otra vez a su padre. Pero estaban en un lugar público, lleno de aristócratas frívolos que no lo verían con buenos ojos. Y lamentablemente tenían una imagen que mantener.

También es un agrado contar con tu presencia, padre –respondió él, dándole una sonrisa cordial que no tenía nada de cordial.

Scorpius, por otro lado, es una excelente oportunidad para que puedas conocer a las personas indicadas –su padre le habló, como si recién hubiese llegado a aquel lugar y como si no se hubiesen fulminado con la mirada entre falsas sonrisas hace un minuto. Su hijo parecía notablemente incómodo al respecto.

Err, abuelo, acerca de eso… –Albus trató de escapar, pero Scorpius no le dejó. James tuvo un poco más de suerte. Draco conocía a sus hijos lo suficiente como para saber que su hijo mayor iría a asaltar la mesa más cercana, su hija menor no se movería para enterarse del chisme completo y si Albus no conseguía huir por sí solo, Scorpius se las arreglaría para intentar escabullirse. Lo que no se esperaba, era que Harry abriera la boca.

Supongo que debo recordarte de que no tienes el poder para obligar a mi hijo a hacer algo que no quiere ¿O la edad te ha vuelto desmemoriado, Lucius?

Potter… –Draco miró a su marido, estupefacto. Harry tenía una expresión de desafío latente, esa que usaba cada vez que el peligro estaba cerca. Era cierto que Lucius Malfoy había hecho bastante para intentar arruinar su relación, pero el rubio sabía que en público no se arriesgaría a nada. No con el profeta y medio mundo mágico al tanto de su mala relación. Antes de que pudiera decir algo más, James emprendió retirada. –Soy su abuelo, su abuelo biológico Potter –inquirió él, no permitiéndoles volcar su atención en su hijo mayor. Draco entrecerró los ojos. Sabía que, por el hecho de ser su nieto, Lucius se había tomado bastantes molestias en intentar volverlo… como él había sido. O, mejor dicho, convertirlo en lo que Draco no había podido ser –Estoy en mi derecho de guiarlo en las costumbres y tradiciones de la familia Malfoy, como el patriarca que soy

Padre –Dijo Draco, llevándose la mano que no sujetaba a Harry al puente de su nariz –Scorpius ha tenido una educación perfectamente respetable para un heredero de la casa Malfoy –Lucius hizo una expresión desdeñosa. Draco intercambió una mirada con Harry.

No estás en posición de evaluar eso, Draco. No con el repulsivo estilo de vida que llevas –Draco podría jurar que Harry habría dirigido la mano hacia la varita si Draco no le hubiese estado sujetando el brazo. Pero presionó el otro puño tan fuerte que el rubio temió que comenzara a sangrar. O aún peor, que se decidiera a darle un golpe –que su progenitor si merecía– finalmente y el escándalo se desatara.

Yo no creo que la vida que haya llevado padre y Harry sea repulsiva –intervino Scorpius, sorprendiéndolos a ambos. Harry relajó la mano, mirando a su hijo con incredulidad. La mirada de Scorpius era decidida, aunque a Draco no se le pasó el hecho de que una de sus manos aún sostenía la de Albus. Lucius miró fijamente durante unos segundos aquella unión antes de volver a mirar a su nieto. Ya no había amabilidad en sus ojos, pero si condescendencia. Condescendencia que a Draco le irritó.

Eso lo dices porque no conoces algo más, Scorpius. Si hubieses llevado la educación correcta… –Encima de todo, parecía que realmente lo lamentara. Si no se hubiese tratado de su padre, si no le conociera, Draco habría creído su fachada de pobre abuelo. Pero estábamos hablando de Lucius Malfoy, a quien no le importó mandar a quemar su antigua casa ni intentar declarar una y otra vez a su único hijo como incompetente para criar.

La vida de mi hijo es perfectamente correcta como está, Lucius –rugió Harry, arrugando el entrecejo. Draco se preguntó distraídamente cómo alguien como su padre no tenía sentido de preservación en algunos momentos. Sin embargo, Draco pudo notar que una de sus manos se encontraba temblando –Y no necesita que un hombre que no supo mantener a su familia segura le diga ni cómo pensar ni cómo actuar. Criamos a un hombre perfectamente capaz de tomar sus propias decisiones –La mirada de su padre se endureció automáticamente, dirigiéndole una mirada gélida llena de reproche. Draco guardó silencio. Harry debía de estar verdaderamente furioso con él para recurrir a palabras tan duras como aquellas. Pero Harry había sido testigo de las veces que Draco había despertado pálido y sudoroso en medio de la noche, y le había reconfortado como lo había hecho su madre al principio. Él lo sabía, porque lo había vivido junto a él. Y había odiado a Lucius al punto de arrepentirse de haberle ayudado con su declaración décadas atrás. No obstante, no había nada que hacer al respecto más que aguantar su perorata y hacer oídos sordos. Draco lo sabía bien.

Scorpius decidirá lo que es mejor para él, como Harry acaba de afirmar –dijo el rubio entonces. La otra mano de Harry apretó su brazo en un gesto de cariño y apoyo que calentó su corazón –Tanto su posición como heredero, su trabajo, como con quien compartirá su vida, padre. Y no hay nada que puedas hacer con su libre albedrío –Afortunadamente, no pudo evitar pensar. Quien sabe en qué se habría convertido Scorp de haber sido criado por su padre. En una réplica de él en su peor momento, probablemente. O alguien peor. Draco no era ciego, sabía que la mayor culpa recaía sobre él y sus decisiones; pero tampoco podía negar que era producto de la crianza de sus padres. Aunque su madre se había resarcido y había aprendido, Lucius no.

Me decepciona haber gastado tanto tiempo en una crianza cuidadosa para que…

Ah, la abuela –anunció Scorpius, interrumpiendo lo que sea que el hombre iba a decir. Probablemente otro insulto. Draco levantó la mirada hacia la entrada, entrecerrando los ojos para poder distinguir. No tardó en percatarse de que su madre, en un vestido verde oliva que le daba un curioso tono moreno a su piel, se acercaba hacia ellos. Del brazo de nada más ni nada menos que del ex ministro de magia.

Por Salazar.

Su padre se volteó inmediatamente, entrecerrando los ojos de la furia ante la vista de su ex. A pesar de que Draco estaba más que acostumbrado a los intercambios verbales entre sus padres, no evitó tragar saliva anticipadamente.

Acá es cuando nos vamos, Al –Anunció Scorpius, comenzando a tironear al moreno hacia la barra más cercana. Draco no pudo culparlo ni le impidió hacerlo. Su padre tampoco dijo nada. Intercambiaron una mirada de preocupación con Harry, pero decidieron quedarse en su lugar y esperaron. Su madre soltó delicadamente –y hasta podría considerarse cariñosamente– el brazo del hombre para acercarse a ellos dos y besarles en la mejilla.

¡Draco, cariño! Se ven espléndidos, maravillosa elección –les saludó ella. Draco le sonrió levemente, sobre todo cuando vio a Harry hacer una mueca.

Esta vez elegí mi ropa yo solito, Narcisa. No necesito a Draco todo el tiempo eligiendo mi guardarropa –se quejó. Su madre hizo una risita, dejando un beso en la mejilla de su auror quien le sonrió al final.

Déjalo que piense que puede vivir sin mí por el momento –replicó el rubio. Su madre negó con la cabeza, claramente divertida.

Ustedes dos… ¿No te dije que eran un encanto juntos, Kings querido? –El exministro sonrió, acercándose para estrechar la mano de Harry, quien era el más cercano. Vestía de riguroso negro y le sentaba bastante bien a su piel oscura. Draco también estrechó su mano antes de volver la mirada hacia su padre, quien parecía debatirse entre la cortesía y su propia cólera.

Te ves bien, Harry. Se ven bien los dos

Tú también, Kingsley. ¿Cómo van tus vacaciones? –El ex-auror hizo una mueca. Según lo que tenía entendido Draco, al hombre lo habían tenido que prácticamente obligar a tomar vacaciones. Su ex-asistente y actual asistente de Granger había bromeado un montón de veces con respecto a eso en reuniones informales. A pesar de pertenecer a bandos diferentes durante la guerra, Shacklebolt nunca tuvo un trato diferente hacia él, lo que Draco agradeció. Ahora; el cómo él y su madre habían llegado juntos era un misterio –uno que no quería saber–.

Ya estoy completamente aburrido. ¿Cómo hay gente que se las arregla para estar tanto tiempo fuera? –Harry negó con la cabeza y se encogió de hombros. Draco alzó una ceja, tratando de entender el nivel de cercanía entre su madre y el hombre. Narcisa, para su sorpresa, le dio un codazo amistoso.

Oh vamos. Uganda estuvo bastante bien –Harry alzó una ceja en su dirección y Draco rodó los ojos. No. Quería. Saber. En serio. Pero eso resolvía el misterio de quien había acompañado a su madre en aquel viaje que la tuvo un mes afuera. Alguien carraspeó, llamando la atención de todos ellos y sacando a Draco de horribles pensamientos sobre la vida de su madre. Su padre se encontraba mirando fijamente a su madre, quien sorprendentemente le sonrió con una oscura simpatía.

¡Lucius! Me sorprende que te hayan invitado –Cuando vio a su padre hacer una mueca, Draco supo que el infierno se había desatado. Pero Harry le agarró el brazo y dio dos pasos hacia atrás, hacia donde estaba Lily –quien no se había acercado a saludar a su madre, seguramente absorta en el chisme– dispuesto a hacerles presenciar ese intercambio de pullas a la distancia. Era más seguro así.

Narcisa…

Kings, supongo que ya conoces a mi ex-marido –Dijo su madre, como si Shacklebolt nunca hubiese sido el Ministro de Magia regente en su juicio y no hubiese estado allí cuando su padre fue sentenciado a Azkaban –Lucius, te presento a Kingsley Shacklebolt, mi adorable novio

–Ehm… ¿alguien quiere un trago? –