Sus manos sujetaban fuertemente las ajenas, llevándola al interior de la casa mientras los animales las seguían casi pisándole los talones a la albina. Olaf fue llevado al jardín trasero tras asustar a la joven con su tamaño y ladridos. Elsa la hizo sentarse en el sofá, notándola tan nerviosa y asustada como lo había estado ella cuando Anna la llevó ahí.
– Annelise… Necesito que respires y te calmes, ¿De acuerdo? – pidió la albina soltando sus manos unos momentos, levantándose para buscar a la historiadora y sujetarla del brazo atrayéndola. – Annie, ¿Podrías tú explicarle y tratar de hacer que te diga como rayos llego aquí? Iré a prepararle un poco de chocolate caliente y algo de comida.
Anna asintió con una comprensiva sonrisa, dando un suave beso sobre sus labios. Apenas la albina se fue, la pelirroja se dejó caer a un lado de la princesa, observándola de reojo y buscando las palabras exactas para comenzar a hablar, porque aún recordaba cuando conoció a Elsa y había metido la pata al explicarle que estaba sucediendo.
– ¿Sucede algo? – Preguntó Elsa.
– Si, bueno, creo que lo que pasó es... En realidad, no hay una manera fácil de decirlo, pero creo que de alguna manera... Tú lograste llegar al futuro.
– ¿Futuro? – Anna asintió. – ¿Tratas de decime que viaje al futuro?
– Exacto. – Contestó Anna. – Bueno no del todo... Estuviste congelado y... Tu año de 18... Como sea, fue hace 200 años para mí. – Aclaró la pelirroja. – Estuviste muerta por dos siglos.
Elsa se congeló, con la boca abierta por la sorpresa.
– ¿Qu-qué?
– Oh, mierda, eso no... Quiero decir congelada, estuviste congelada dos siglos. No muerta. – Se corrigió Anna.
Elsa se dejó caer lentamente a la cama, mirándose las manos en silencio. Su labio inferior temblaba ligeramente; parecía como si ella estuviera a punto de llorar.
Anna se acercó a ella y puso su mano sobre el hombro de la albina. De seguro acababa de arruinar todo el mundo entero de esa chica. No sabía qué sería lo mejor que podía hacer, pero ahora se daba cuenta de que tenía que hacer lo mejor posible.
– Y-yo... – Tartamudeó Elsa. – Estoy... ¿Estoy muerta?
– ¿Qué? No, no lo estás. – Apresuró a decir Anna, esperando sonar alentadora. – Estas viva. ¿Lo ves? Estás aquí, ahora mismo estás aquí.
Anna sacudió la cabeza tras recordar aquel incidente suyo, debía ser cuidadosa, más porque la joven seguía asustada de todo, inclusive del pequeño Marsh que intentaba subirse al sofá con Bruni en su cabeza. Junto sus manos y se inclinó al costado para ver a su novia leyendo las instrucciones para hacer apropiadamente una pizza, porque desde que la hizo probarla, Elsa solía sugerirla para comer durante las cenas.
– ¿Dónde estoy? – pregunto, por primera vez, Annelise.
Anna relamió sus labios, acomodándose mejor en el sofá. Colocó su brazo en el respaldo y se giró para verla con una pequeña y gentil sonrisa. Annelise no tardó en responderle antes de girar el rostro para observar el lugar.
– En Arendelle, estamos en el futuro… Pero la pregunta más importante es, ¿Cómo llegaste aquí? ¿Alguien te despertó? ¿Estuviste congelada? Porque si eso es verdad, déjame decirte que Elsa pasó exactamente por lo mismo que tú, aunque fue demasiado difícil tranquilizarla porque era la primera vez que me encontraba frente a una reina de hace doscientos años y…
– ¿Doscientos años? Dijiste doscientos años, ¿Por qué dijiste eso?
Annelise se levantó y Anna debió imitarla, intentando sujetarla de los hombros para hacerla sentar, pero la princesa ya se encontraba rumbo a su hermana mayor. Abrazando a la albina y ocultando su rostro en el cuello de la más alta, casi tomándola de sorpresa. La mirada azul de Elsa paso de su hermana a su novia, quien levantó sus manos dándole a entender que no había hecho nada malo, ni siquiera había logrado explicarle que estaba sucediendo o sacarle algo de información para poder ayudarla.
Elsa levantó una ceja y acarició los cabellos de la menor, casi enredando sus dedos en aquel mar de cabello rojo oscuro. Beso aquello y logró separarla para limpiar sus mejillas, finalizando con un pequeño beso en la punta de su nariz. Y eso descolocó no solo a Annelise, sino también a la historiadora presente. Anna mordió su labio y miró hacia otro lado, queriendo desviar aquel malestar que le causó una simple muestra de afecto.
Se aclaró la voz solo para tener la mirada de ambas hermanas sobre ella, casi atragantándose con su propia saliva para ser socorrida por su novia tan preocupada por su bienestar.
– ¿Estás…?
– Sh, sh. – interrumpió la menor corriendo fuera de la casa, siendo seguida de ambas chicas con preocupación. – ¿Escuchan eso? Esa… Ugh, me estoy volviendo loca otra vez, Hansel lo dijo cuando le mencioné que escuchó una voz y…
– ¿Dijiste escuchar una voz? – preguntó Anna. – ¿Algo así como un "¿Ah-ah, ah-ah"?
– Si… Pero más afinado, claramente la voz era mucho más afinada y dulce, era como una melodía que… más bien un llamado, no sé como explicarlo. – confesó volteando a ver a su hermana mayor y a Anna. – ¿Creen que estoy loca?
Elsa miró de reojo a su pareja, como esta se cruzaba de brazos y fruncía el ceño. Claramente se había molestado ante el cometario de su hermana menor y debía hacer algo. Abrazó su cuello, llamándole la atención para morder y jalar su labio inferior levemente.
– ¡Hey! ¿Puedes soltar a mi hermana y escucharme? En serio, no fue mi mejor día y…
– Tampoco fue mi mejor día, ¿Sabes? – interrumpió la pelirroja soltándose del agarre de Elsa para encarar a la menor. – Me secuestraron, golpearon, me encerraron en una cueva donde casi muero y…
– ¿Dijiste cueva? – interrumpió, esta vez, Annelise provocando que Anna cubriera su rostro y gruñera de la frustración. – ¿Esa cueva tenía cristales? Porque ahí desperté, no tenía muchos recuerdos de como llegué ahí… Solo desperté escuchando esta voz y…
– Y te trajo hasta aquí, ¿No? Debe ser, quizás es la misma voz que yo escuché antes Anna, quizás… Quizás esa cueva era una clase de portal o, no sé, ¿Una abertura entre dos tiempos diferentes?
Anna permaneció en silencio unos pocos segundos. Sin responder, ingresó nuevamente a la casa, dejando a las hermanas solas en el porche. Elsa sujetó la mano de Annelise, dándole una pequeña sonrisa y un apretón antes de llevarla dentro, encontrándose a la pelirroja acercándose con el libro que habían usado mientras leían sobre Arendelle para saber un poco más sobre Elsa. Anna pasó las páginas con cuidado antes de detenerse en una en específico.
– Sonará raro, pero puede ser que tu hermana estuviera encerrada en la cueva y cuando recuperaste tu memoria, logró salir. – explicó Anna entregándole el libro a Elsa. – Quizás este equivocada, pero jamás mencionan la fecha de su muerte… En ninguno libro y sitio web, nada. Es como si también hubieras desaparecido.
Mientras Elsa leía atentamente las páginas que le fueron indicadas, Annelise se sentó en el sofá con Anna observándola curiosamente. No, no desconfiaba de ella, claro que no… pero algo de celos sentía, su novia le confeso el gran amor que había sentido por aquella chica en su momento y, por más que lo negará, tenía miedo que Elsa decidiera intentarlo, arriesgarse por ella.
– Hermanita, ¿No recuerdas nada? ¿Algún indicio? ¿Hansel te dijo o hizo algo?
– Me dijo que iba a buscarte, que él se encargaría de todo y que no debía exponerme al peligro, pero… No podía perderte Elsa, eres mi única familia y cuando la noticia de que no aparecías llegó… – suspiro pesadamente, sintiendo como su hermana la envolvía en sus brazos y besaba su cabello. – No sabes lo feliz que estoy de tenerte de vuelta…
– También me alegra verte otra vez… Annie, ¿Podemos hablar?
Anna asintió, dejando el libro sobre la mesa mientras era arrastrada por su novia hasta la cocina.
– ¿Puede quedarse con nosotras? Hasta averiguar cómo demonios llegó aquí y…
Los labios de la pelirroja la callaron, sujetándola de la cintura para sentir las frías manos de Elsa apoyarse en sus mejillas.
– Claro que puede, además adoro leer sobre la historia de Arendelle. – bromeo logrando hacer reír a su pareja. – Sabes que siempre voy a ayudarte, Els… Arriesgue mi vida por ti, nunca dudes en pedirme ayuda.
No habían descansado ni un solo segundo tras comenzar con la investigación de lo que estaba pasando en esos momentos, habiendo pasado alrededor de tres días cuyo tiempo era organizado entre el trabajo de doble turno que tenía Anna y la paciencia de Elsa para atar los cabos de la situación.
Mientras que Annelise, poco a poco, fue logrando acostumbrarse al nuevo cambio de vida. Sintiéndose más que feliz de tener a Elsa consigo, pero claro que su felicidad no estaba del todo completa, no con Anna cerca. Aun sabiendo las intenciones que tenía aquella pelirroja hacia su hermana mayor, no podía evitar sentir celos al verlas tan juntas. Celos de que jamás tendría el mismo amor que su hermana le entregaba a Anna.
– ¡Elsa, mira lo que encontré! – grito la historiadora con un libro en manos. – Según esto… es posible que tu hermana pasara por lo mismo que tú, quizás estuvo dormida y congelada en el tiempo, lo que explicaría él porque faltan datos de su muerte… O mi otra teoría es que, al matar a Hans, ella se liberó del cautiverio en la que su adorable esposo la puso para poder tener el torno solo para él, lo que explica porque tampoco encuentro fechas exactas de su coronación como reina. ¿Tú encontraste algo?
– Bulda mencionó que mi hermana fue con ellos pidiendo ayuda de Pabbie y que visitó la cueva por razones que todavía no logró descifrar, como sea… supongo que eso puede ser un indició y… ¿Por qué me miras así?
Anna rio sentándose a un lado de ella, pasando su brazo sobre los hombros de la albina para morder el lóbulo de su oreja.
– Amo cuando te pones en modo detective privado y conectas los puntos. – murmuró besando su mejilla. – Escucha, mañana será mi día libre, quizás podamos ir a la cueva e investigar más a fondo y…
La pelirroja iba a seguir hablando, pero la presencia de la princesa fue notoria en cuanto esta comenzó a toser exageradamente para que ambas se separaran. Aun sabiendo de sus intenciones y conociéndola, Annelise llegaba a hacerle escenas de celos a la mayor que acababan con un regaño y una disculpa hacia la historiadora.
– Hermana, ¿Sucede algo? – pregunto la albina levantándose.
– ¿Podríamos ir a la cueva? Quizá logre recordar algo si regreso a ese lugar.
Elsa y Anna se miraron antes de aceptar, sobre todo la albina.
"SEPARADOR"
Elsa sujetaba la mano de Anna mientras seguían a la princesa, volvían a verse dentro de aquel bosque que tantos problemas las trajo. Anna sintió a su novia tensarse y detenerse, giró un poco el rostro para ver el semblante serio de Elsa, causándole cierta intriga.
– Hey, ¿Todo en orden?
Elsa negó, soltando su mano y abrazándose a si misma mientras se apresuraba a alcanzar a su hermana menor.
Anna relamió sus labios antes de dar un pequeño suspiro, se sintió desplazada por un momento, como si su novia le estuviera ocultando algo. Pero prefería no hacerse ideas erróneas en la cabeza, dejarse llevar por el miedo e inseguridad que sentía al ver a Elsa alejarse de ella tan así. Quiso alcanzar a las hermanas, pero estas ya se habían ido, dejándola completamente sola en aquel enorme bosque.
Por un segundo, sintió que ya había estado allí, que ya se había perdido entre los arboles y no encontraba el camino de regreso a casa. Se detuvo, ajustando la correa de su icónico bolso y giro sobre su propio eje para buscar a las hermanas que parecían haberse esfumado.
– No… No, no, no. ¡Elsa, Annelise! ¡¿Dónde están?! – gritó corriendo hacia algún punto del bosque, acabando por perdiéndose en él. – No otra vez, ¡ELSA, RESPONDE! – pero no obtuvo respuesta y eso solo la estaba agobiando demasiado, hasta el punto de sentir como el aire no lograba ingresar a sus pulmones. Tenía un ataque de pánico – No… no… no…
– ¡NO!
– ¡Anna, tranquila! – pidió la ojizarca al verla.
Anna se levantó de golpe, respirando con dificultad mientras observaba su alrededor. Estaba otra vez en aquella improvisada cabaña en el valle. Se quedó, al final, observando a Elsa y su castaño cabello que la hizo recordar todo lo que habían pasado.
– ¿Qu-qué paso? – preguntó con dificultad mientras volvía a recostarse.
Elsa se acomodó a su lado en silencio, pensando como responderle de la forma más breve posible. Enredo un mechón castaño de cabello en su dedo índice y mordió su labio inferior, no quería ver a su novia por miedo a su reacción.
– Bueno… Logramos vencer a Hans, pero nos hirió lo suficiente como para dejarnos inconscientes… Perdí mis poderes y Pabbie duda mucho que logré recuperarlos, pero lo hizo por mi bien, parece que Hans tenía todo planeado.
Anna frunció el ceño, estaba segura de haber vivido aquello, pero no de esa forma. Algo estaba mal, quizás el que Elsa realmente fuera castaña y sus poderes jamás regresarían o el hecho de no ver a Joan por ninguna parte.
– Fue… fue un sueño entonces… ¿Annelise está aquí? – preguntó tan pronto recordó lo que había vivido.
Pudo ver la cara de sorpresa en la castaña, como levantaba una ceja y colocaba su mano sobre su frente para verificar que no estuviera delirando de fiebre.
– Anna… mi hermana jamás estuvo aquí con nosotras. – aclaró la ojizarca levantándose para darle una corta sonrisa. – Escucha, estaré afuera hablando con Pabbie, estoy segura de que Bulda vendrá para darte algo y calmar cualquier dolor.
Quiso contestar, pero se había ido. Jadeó apenas logró sentarse, levantando la camisa que estaba usando para ver el vendaje alrededor de su cintura. De acuerdo, parecía que todo lo anterior había sido un producto de su imaginación, quizás por eso le resultó tan extraño que Elsa fuera la activa cuando estaba teniendo relaciones, porque la ojizarca no tenia el carácter para hacerlo, aunque dijera lo contrario. Además, haber visto a la princesa tan similar a ella, causó algo.
Bulda ingresó con un pequeño tazón, el cual le extendió a Anna para que bebiera todo sin escupir. Era asqueroso, espeso y sabía peor que el estofado de su tía, pero según Bulda, la ayudaría bastante y le daría las energías necesarias para regresar a casa cuanto antes.
– Bulda… ¿Cuánto tiempo estuve inconsciente? – preguntó la historiadora observando el tazón vacío.
– Un día y medio, pero me alegra que despertaras y no debiéramos de usar algún método extraño y antiguo para saber si seguías en este mundo.
Con eso, Anna volvió a estar sola. Dio un suspiro recostándose nuevamente y tratando de recordar algo, pero las imágenes comenzaban a volverse borrosas para ella y eso solo logró frustrarla.
– Anna, Pabbie dijo que… ¿Anna?
La voz de su novia la hizo abrir los ojos, se centró en el rostro preocupado de Elsa, como esta extendía su mano para ser tomada y ayudarla a levantarse. Los pocos centímetros que quedaban entre ellas una vez que Anna se levantó, fueros arrebatados por la castaña y el sorpresivo beso que le dio a la pelirroja.
Anna logró, con ayuda de Elsa, cambiar de ropa para poder irse. Pasos lentos, pero seguros. Ambas chicas avanzaban por el bosque sin soltar sus manos, robándose pequeños besos y tratando de pensar en todo lo que debieron pasar para poder estar juntas al fin de cuentas. Aunque la cabeza de Anna seguía en lo otro, sintiendo que ya había pasado por aquello. Quizás era un déjà vu.
Se enfocó en la cabellera castaña de su novia, debía de acostumbrarse a ella a partir de ahora. Después de todo, Elsa había perdido sus poderes y la posibilidad de que pudiera recuperarlos era muy muy escasa.
– Anna, deja de mirarme así… siento que no te gusta cómo me veo. – susurró.
Eso la hizo detenerse, recordaba perfectamente aquello y que ella terminaba besándola para aclarar su fascinación hacia las morenas. Quizás si cambiaba sus movimientos, podría cambiar las cosas.
– Lo siento, es solo que… te ves preciosa y, me tardaré un poco en acostumbrarme.
Elsa sonrió, acercándose lo suficiente como para darle un beso sobre su mejilla.
Como pudieron, lograron regresar a la civilización. Llegando sanas y salvas a casa, Anna buscó la llave para poder introducirla en la puerta y poder entrar a su hogar. Un suspiro de alivio escapo de los labios de Anna apenas dejó las llaves en su lugar correspondiente, la ojizarca se aferró a su brazo, recargando su cabeza en el hombro de su novia. Pero se detuvieron cuando escucharon el televisor encendido y fueron recibidas por sus mascotas. A pasos rápidos, Anna se encontró con Kristoff y Moana disfrutando de un partido de hockey mientras Olaf jugaba con Sven.
– ¡Al fin aparecen! –exclamó el rubio levantándose. – ¡AAH! ¿Elsa? ¿Qu-qué le paso a tu cabello? ¡Te recuerdo albina!
La ojizarca colocó un mechón detrás de su oreja mientras reía de manera nerviosa.
– Si… uh… Es una larga historia, y no quiero aburrirlos con eso, además estamos demasiado casadas con Anna y…
– ¡Oh vamos! Ahora quiero escucharla, y estoy seguro de que Moana también quiere hacerlo… ¿Cierto Wailiki?
La polinesia levantó un pulgar sin despegar la vista de la pantalla, hasta que llegó el medio tiempo y pudo reunirse con la pareja y Kristoff. Los dos observaban como Elsa jugaba con sus manos y Anna acariciaba a Bruni con su dedo meñique.
– ¿Y bien? ¿Por qué se ven así y por qué Elsa es castaña?
– Bueno… Kriss, ¿Recuerdas esa noche que fui a tu casa y te burlaste porque parecía haber visto un fantasma? – preguntó Anna, viendo como el rubio asentía con una expresión de completa confusión en su rostro. – Pues la verdad es que había despertado a una reina de hace dos siglos atrás y esa reina era Elsa… Ella estaba congelada en el tiempo.
