Los personajes de Kingdom Hearts y Fire Emblem: Three Houses no me pertenecen, sus dueños son Disney, Square Enix y Nintendo.

CAPITULO 36 – CELEBRACION.

Ahora que ya estamos en la etapa timeskip, pondré aquí la lista de edades que tienen ahora los integrantes de las fuerzas de asalto de las Aguilas Negras:

-Sora: 21 años.

-Riku: 22 años.

-Beres: 27 años.

-Bernadetta: 22 años.

-Dorothea: 24 años.

-Petra: 21 años.

-Caspar: 22 años.

-Ferdinand: 23 años.

-Hubert: 25 años.

-Linhardt: 22 años

-Edelgard: 23 años.

-Felix: 22 años.

-Mercedes: 28 años.

-Ashe: 22 años.

-Annette: 22 años.

-Sylvain: 25 años.

-Ingrid: 22 años.

-Hilda: 23 años.

-Leonie: 25 años.

-Lysithea: 20 años.

-Marianne: 23 años.

-Yuri: 24 años.

-Hapi: 25 años.

-Constance: 23 años.

-Balthus: 31 años.

-Catherine: 33 años.

-Shamir: 30 años

-Alois: 50 años.

-Flayn: ?*

-Seteth: ?*

/

El imperio celebraba el regreso de Sora y Beres a lo grande con varios tipos de banquetes repartidos por toda la mesa, todos los miembros gritaban de euforia conviviendo con ambos de distintas maneras.

Lo que no podía faltar jamás en la fiesta era unas bebidas de vino y, por qué no, algunas cervezas y unos shots.

Caspar, Linhardt, Ferdinand, Sylvain, Balthus y Yuri estaban bebiendo algunas copas de ese tipo comenzando a emborracharse.

— ¿No quieres tomar un trago, Sora? —le preguntó el peliazul cielo animándolo a beber con ellos.

— No gracias, yo no tomo. —negó el mencionado.

— ¡Vamos, Sora! ¡Una copa no le hace daño a nadie! —el pelinaranja le incitaba de igual manera.

El portador de la llave espada no tuvo más remedio que ceder agarrando una copa de cerveza y tomándola como si fuera un vaso de agua.

— ¡SIIIII! —gritaron en euforia los hombres al verlo tomarse la copa de golpe.

Era la primera vez que Sora tomaba una bebida alcohólica pero por lo menos ya tenía la edad suficiente para eso y más porque todo el mundo celebraba.

Aunque eso hizo que se comenzara a medio embriagar expresando la euforia y se volviera medio loco de alegría entre ellos.

Algunas mujeres tampoco podían faltar a la borrachera, Manuela se hallaba notablemente fuera de sus cinco sentidos, Dorothea también estaba en las mismas, y al ver a Sora en ese estado pues caminó hacia el chico, se sentó a su lado y lo envolvió con un brazo.

— ¿Cómo estás héroe? ¿Disfrutando de su velada? — preguntó la pelicafé ya ebria comenzando a coquetearlo.

— Bien, Dorothea. ¿Ya estás ebria o qué? —respondió el mencionado de forma muy graciosa.

— Pues mírate, también te ves ebrio, pero te diré algo, guapetón, me acabo de dar cuenta de que te has convertido en todo un hombre que toda mujer desea. —dijo Dorothea en tono juguetón ciertas cosas subidas de tono.

— ¿En serio? ¿Cómo? —Sora le hacia una pregunta sonrojado.

— De todos los demás hombres del imperio, siempre me has gustado, Sora, quiero decir, fuiste como un flechazo a mi corazón, cuando la muy puta de Rhea te dejó inconsciente, me sentí triste, de hecho, todas las chicas estábamos así por tu falta de presencia y de nuestra maestra. Pero cuando apareciste y salvaste el monasterio, sentí un inmenso alivio. —manifestó Dorothea sus sentimientos

Aprovechando de que Caspar y los demás estaban distraídos montando puras euforias, Dorothea le declaró lo siguiente:

— Sora, te quiero, te quiero tanto como Beres, Edelgard y las demás chicas que forman parte de tu propio ejército. —declaró la pelicafé susurrándole al oído para luego revelarle algo muy comprometedor.

Las palabras que la chica le dedicaba dejó sonrojado al pelicafé, no era tanto su declaración de amor y cosas así, sino algo más.

Por otro lado, Beres estaba sentada conviviendo con demás chicas, algunas ya en estado de ebriedad, como Constance, quien estaba bien eufórica a más no poder y Mercedes, quien se portaba sugerente con ellas.

— No pensé que fueras a ser un gran estratega, maestra. —expresó la rubia de forma juguetona.

— Bueno, fui una mercenaria antes. —le aclaró Beres conservando sus cinco sentidos, a diferencia de la mayoría, no habia bebido ni una bebida alcohólica.

— ¡Pues por eso pudimos sacar al ejercito pedorro de Faerghus! ¡Ho ho ho ho! —rio Constance en ese estado, de manera muy alocada.

— Maestra, ¿alguna vez usted se ha acostado con Sora? —inquirió Mercedes ganándose la atención de todos.

— ¡Mercie, no te pases! —Annette le hizo una llamada de atención sonrojada de sobremanera.

— ¿Qué tiene? Todos los humanos llegan a tener sexo alguna vez, Annette. —Mercedes intentó explicarles.

— A ver, a ver, ¿de qué está hablando? —las interrogó Beres curiosa.

— Lo siento, es que Mercie se pone así cuando está ebria. —le explicó Annette el problema de su amiga. — Se pone porta muy pervertida.

— En parte tiene razón, Sora es un bombón. —coincidió Constance, sintiendo la inmensa atracción hacia el portador de la llave espada.

— Chicas… —Beres se sonrojaba por cada palabra que ellas les dedicaba.

— Vamos, maestra, admita que está enamorada de Sora, nosotras también lo estamos. —declaró Mercedes en un tono juguetón.

— Es cierto. —Edelgard les daba la razón, también visiblemente borracha, pero no tanto como las otras. —Así como Hilda, Marianne y Leonie lo están de Riku, y ¿sabes que hacen los cuatro todas las noches?

— ¿Qué hacen? —inquirió Beres levantando una ceja.

— Los cuatro tienen sexo en su cama. —declaró Mercedes ganándose la atención de la maestra, quien se sonrojaba.

— ¿Riku y las chicas qué? —interrogó la peliverde-clara en ese estado.

Beres se sorprendió ante los comentarios de las chicas, ella los miraba como sus estudiantes que todavía no habían alcanzado la mayoría de edad, pero ahora ya estaban grandes y era obvio que a cualquiera se le ocurriría hacer lo que las chicas les mencionaba.

— Maestra, piénselo, cualquiera mataría por estar con Sora. —remató Constance en tono juguetón. —Él ya no es un estudiante, sino todo un adulto que toda mujer desea tener.

— Ee… Tienen razón pero estamos en tiempos de guerra y tenemos que estar concentrados, chicas. Quizás cuando terminemos con la Neo-Organización XIII, ya veremos. —dijo Beres intentando sonar estricta.

— La maestra ti-tiene razón. No podemos distraernos mucho. —coincidió Ingrid, quien al igual que ella, estaba en sus cinco sentidos a diferencia de las demás.

— Bueno, bueno, pero tarde o temprano sentirás ganas de hacerlo con Sora, nada mas te digo, mi querida amiga. — comentó Mercedes sonrojando mas a la rubia.

— Miren chicas, no me siento con ganas de ser una damisela en apuros, no me crie para eso. —les refutó la mujer haciéndoles ver que no pensaba ser una dama tradicional como lo eran con los nobles.

— Pero si no serás una damisela en problemas Ingrid, al contrario, seguirás siendo la mujer caballero solo te hace falta la versatilidad. —le comentó Mercedes.

— ¿Versatilidad? —le preguntó Ingrid curiosa.

— Que seas un poquito más femenina, Ingrid. —le aclaró la mujer. —Qué tal si un dia de estos se te presente la ocasión y tienes que estar preparada, querida.

— Me-Mercedes… —tartamudeó la mujer caballero perpleja por las palabras de su amiga.

Y así transcurrieron varias horas de la noche con muchos divirtiéndose cada uno a su manera, Riku de igual manera estaba ebrio con sus amigas haciendo cosas dios sabe que hicieron.

Sora por su parte, se bebió una copa de cerveza más con sus camaradas y platicaron un montón de cosas de hombres.

Beres tomó una pequeña copa de cerveza sin llegar a embriagarse como la gran mayoría pero al menos mantuvo sus cinco sentidos.

/

AL DIA SIGUIENTE

Era un nuevo dia para las Fuerzas de Asalto de las Águilas Negras, hubo muchos que se levantaron con resaca por lo de esa noche y eso incluía a Sora y Riku.

— Ay maldición… —se quejó el pelicafé revolcándose en la cama con el gran dolor de cabeza. —No puedo creer que haya bebido demasiado.

Sora no tenía ganas de levantarse de la cama quejándose de la resaca, pero tenía que trabajar como todo un soldado imperial y evitarse problemas.

Entonces se vistió como tal portando una armadura de temas rojinegros que la propia Edelgard le habia proporcionado un dia antes, en cuanto al traje negro, decidió guardarlo en el armario como un recuerdo para que cuando se presentara una ocasión así, se lo volviera a poner.

Luego se abrochó una pequeña capa roja por la parte de atrás de su armadura, en verdad se miraba como todo un caballero imperial.

Se salió de su habitación para así empezar su día llegándose a encontrar con su amigo Riku.

— Hola, Sora. —lo saludó el peliplateado, también con los mismos problemas. — ¿Cómo te sientes?

— Sigo teniendo resaca. —respondió el pelicafé sintiendo ese dolor de cabeza.

— Dímelo a mí, muchos de nosotros estamos en las mismas. —Riku comprendió las palabras de su amigo. — Pero mira, tú y Beres nos salvaron el pellejo, ¿sí? Por eso celebramos su regreso, habíamos que salir de nuestra rutina por un rato, Sora.

— Si, ya hemos luchado bastante y habíamos que relajarnos. —coincidió el pelicafé entendiendo el motivo de la celebración.

— Asi es, y Sora, lo que voy a decirte es secreto. —el peliplateado le empezó a confesar algo muy personal. — Verás, Marianne, Hilda, Leonie y yo… lo hemos estado haciendo en la cama todas las noches desde hace mucho tiempo.

— ¿Qué? Ustedes han… —Sora se sorprendió, aunque hablando por lo bajo sonrojándose.

— Si, y como miré como esas tus amigas hablaban de ti en la fiesta entonces pensé en tú alta probabilidad de que también las complazcas de la misma forma. —declaró Riku dándole a entender que Sora tenia las probabilidades de hacer lo mismo con las chicas.

— Pero Riku… eso me pone de nervios el hacerlo con algunas de ellas, además, estoy enamorado de Beres.

— Lo sé, pero hay algunas que se están enamorando de ti y nada más te digo esto para que estés preparado para ello, Sora. Además, lo que les puede lastimar y doler es que si una, además de Beres se te aparece con cara angustiada y triste y te pide que le ayudes a olvidar cosas horribles y la rechazas. Eso puede hacer que esa persona te odie por el resto de su vida. —le aconsejaba Riku en tono serio para que él pensara muy bien que decisión tomar. —Asi que cuando pase eso, le tienes que hacer caso a esa chica que quiera contigo.

— Entonces, lo que me pides es… complacer a cualquier chica que quiera un momento a solas conmigo. —dedujo Sora entendiendo el mensaje que su amigo le daba a entender.

— Si. Imagínate, que por ejemplo, Edelgard te mande a llamar a su sala de trono a puerta cerrada y te mire con ganas, o hasta Beres pidiendo que fueras a sus aposentos, ¿qué vas a hacer? —comentó Riku haciéndole suponer lo que pasaría si sucediera como él decía.

— Edelgard nunca haría eso, pero… haré lo que me aconsejaste, Riku. —afirmó Sora visiblemente sonrojado con una sonrisa nerviosa rascándose la cabeza.

— Eso, Sora. Eso debes de hacer con cualquier chica de tu propio ejército si así lo requiere. —dijo Riku satisfecho con la respuesta.

Sora comprendió el mensaje que su amigo le daba a entender con respecto de las relaciones íntimas con una chica, dado a que nunca en la vida se había acostado con alguien, pero gracias a los consejos de Riku empezaba a ser consciente sobre la sexualidad y las cosas de adultos.

Aunque eso si, como estaban en tiempos de guerra, debía en enfocarse en su supervivencia y de todos a su alrededor.

[EL GRADO DE APOYO ENTRE SORA Y RIKU SUBE AL NIVEL C]

— Buenos días, chicos. —los saludó Beres siendo acompañada por la emperatriz. —¿Cómo amanecieron?

— Buenos días, chicas. Aquí con la resaca, pero ya se nos está quitando. — respondió Riku ocultando la conversación secreta.

— Me levante con un tremendo dolor de cabeza. —secundó Sora recordando la noche en el que se emborrachaba con los demás.

— No me digas que es la primera vez que tomaste, si es así, ese ha de ser ese motivo. —intuyó Edelgard reconociendo el problema del pelicafé. — Te sugiero que no estés tomando mucho por ahora. Anoche te volvías bien loco con los demás y por estar muy borracho tuvimos que traerte a tu cuarto.

— Es verdad, no quiero volver a tomar durante un largo tiempo… —comentó Sora avergonzado.

— Bueno, bueno, al fin y acabo nos divertimos anoche, ¿no creen? —expresó Riku admitiendo tambien sus acciones, además de defender el motivo de su borrachera con todos.

— Si, hasta he visto como bailabas con tus amigas. —mencionó Beres en tono divertida.

— ¡Hola chicos! —los saludó Mercedes acompañado por todos los demás miembros del ejército.

— Mercedes, ¿Cómo están? —los saludó Sora sonriendo.

— Bien, Sora, creo que tú también llevas resaca. —respondió la rubia plateada al percatarse del mismo problema.

—Si, creo que somos la mayoría que amanecimos así. —reconoció el portador de la llave espada riendo.

— ¡Lady Edelgard! ¡Necesitamos que vengan! —les avisaban uno de los soldados. —¡Es urgente!

— ¿Qué sucede? —preguntó la emperatriz atenta.

— Es Lord Claude, solicita hablar con ustedes. —respondió uno de los soldados dándole a entender el motivo.

— ¿Claude? ¿A que habrá venido? —se preguntó Sora extrañado por su visita.

Y así todo el ejercito imperial se dirigió hacia la puerta de la entrada al monasterio y al abrirla se encontraron con el que ahora era el líder de la alianza con todo y sus soldados.

— Claude. —articuló Edelgard volviendo a ver a su ex compañero de la academia.

FIN DEL CAPITULO 36

NOTA: LA RAZON POR LA CUAL LES PUSE LOS SIGNOS DE INTERROGACION EN DONDE ESTAN MARCADOS LOS ASTERISCOS, ES PORQUE NO SE SABE LA EDAD DE SETETH Y FLAYN. SI ALGUIEN SABE ALGO AL RESPECTO, PUEDEN MANDARME UN MENSAJE PRIVADO.