Casa de Edward y Bella — Forks — Jueves 14 de Enero de 2009 — 02:25 PM
— ¡Alice no! —gritó Bella echando a correr escaleras abajo.
— Bella, son solo unos zapatos de tacón, no vas a morirte por subirte a ellos —se quejó Alice mirándola desde el primer escalón en el segundo piso.
— ¿Zapatos? —preguntó Bella en un chillido— ¿Eres consciente de que eso podría matarme?
— ¿Qué está pasando? —salió Edward de la cocina con Emma en brazos.
— Tu hermana… me quiere muerta —dijo Bella escondiéndose tras el cuerpo de su prometido— quiere que me ponga unos zapatos de tacón… ¿sabes lo que significa eso?
— Bella es por tu bien… ¿te imaginas lo preciosa que estarás unos centímetros más alta? —dijo Alice mostrándole el zapato.
Edward le quitó a Alice el zapato de las manos y lo observó durante unos segundos, ver a Bella con eso puesto sería difícil para su autocontrol, además de peligroso para ella. Lo sopesó mentalmente y después le devolvió el zapato a Alice con una mueca.
— Busca algo más de su estilo… es su boda y debe estar cómoda —dijo Edward en un susurro dándose la vuelta y volviendo a entrar en la cocina.
Bella sonreía triunfal y Alice tenía un puchero muy tierno, pero que no resultó efecto ya que Bella volvió al piso superior donde estaban haciendo las pruebas de su vestido.
…
Bella se dio dos vueltas frente al espejo y se miró maravillada. El vestido que Alice le había escogido era… ¡perfecto! Irina, la modista, era una artista con la aguja, y su vestido de novia era digno de cualquier princesa de cuento de hadas.
— Estás preciosa —sollozó Esme desde la puerta.
— Y eso que está sin terminar —canturreó Alice— con los últimos retoques se verá deslumbrante.
— Con verme bien para Edward me conformo —susurró Bella mientras se ruborizaba.
— ¿Verte bien? —preguntó Rosalie que apareció tras Esme— se caerá de culo en cuanto te vea, ese vestido es… wow.
Todas rieron y Bella volvió a ruborizarse.
Irina la ayudó a quitarse su vestido y después salió de la habitación acompañada de Alice y Esme que todavía le estaban dando algunas indicaciones de lo que exactamente querían. Rose ayudó a Bella a vestirse.
— ¿Estás nerviosa por la boda? —preguntó Rosalie casualmente.
Bella suspiró.
— Un poco… y eso que todavía queda un mes pero… —susurró bella retorciendo sus manos una con la otra.
— Es normal —la tranquilizó Rose palmeando su hombro— cuando me casé con Emmett estuve dos semanas comiendo helado de vainilla antes de acostarme para poder dormir tranquila.
— ¿Tenias antojos? —dijo Bella sonriendo.
— Algo así… —Rose rodó los ojos— ¿qué tal os va a ti a Edward?
— Bien… —dijo Bella encogiéndose de hombros— la boda sigue adelante, eso quiere decir que las cosas van bien.
— Ya…
— Edward tiene mucha paciencia conmigo, siempre le estaré agradecida por todo lo que me ayudó y me está ayudando todavía —susurró Bella emocionada.
— Pero… —dijo Rose con suspicacia.
— Pero nada —susurró Bella desviando la mirada.
— Bella, Bella, Bella… ¿sabes que a mí no puedes ocultarme nada? —preguntó Rose sonriendo— ven aquí, dijo sentándose sobre la cama y palmeando el colchón a su lado.
— Es vergonzoso —dijo Bella ruborizada con la mirada clavada en sus zapatos.
— Somos amigas Bella, puedes confiar en mí —susurró Rosalie tomándola de la mano.
Bella suspiró y alzó la mirada para cruzarla con los ojos azules de su amiga y casi hermana.
— ¿Qué es lo que pasa? —preguntó Rosalie con prudencia.
— Edward no… verás… es que… —Bella resopló— creo que Edward no se siente atraído por mí.
— ¿Por qué piensas eso? —preguntó su amiga con el ceño fruncido.
— Desde que estoy aquí nunca me ha insinuado nada… ni si quiera después de que estuviésemos juntos —lloriqueó.
— Bella… ¿no has pensado que quizás Edward está asustado? —dijo Rosalie con una leve sonrisa—. Cariño, has pasado por algo muy duro y traumático, incluso para Edward verte como estabas pudo resultar traumático.
— ¿Qué quieres decir? —preguntó Bella confundida.
— Las mujeres que han pasado por lo que tú has pasado les cuesta dar ese paso, quizás solo tiene miedo de proponértelo y hacerte daño —explicó Rosalie— no quiere que pases un mal rato.
— Sé que con Edward será diferente que con Mike… con él me siento segura —susurró Bella volviendo a ruborizarse.
— ¿Por qué no se lo dices a él? —dijo Rosalie de repente sobresaltándola, Bella la miró como si le fuese a crecer una segunda cabeza— no es tan descabellado, es tu pareja, ¡te vas a casar con él! Deberías tener la confianza suficiente para poder hablar con Edward de ese tipo de cosas.
— ¿Y si le pregunto a Emily? —dijo Bella con la nariz arrugada.
— Te dará su opinión, pero no la opinión de Edward —dijo Rose divertida por el nerviosismo de su amiga—. Sé que quizás es difícil para ti plantearle esto a Eddie. Pero piénsalo, debes tener confianza en él para hablar sobre eso, vais a pasar el resto e vuestra vida juntos.
Bella se quedó en silencio sopesando las palabras de su amiga, y solo una frase se repetía continuamente en su mente:
"vais a pasar el resto de vuestra vida juntos"
Quizás, unos meses atrás, antes de estar con Mike, esa afirmación le habría dado miedo. Pero ahora, con Edward a su lado había comprendido que estar con alguien el resto de su vida no era algo malo ni de lo que tener miedo. Era algo maravilloso, ella estaría el resto de su vida con sus hijas, y si todo marchaba bien, también estaría el resto de vida con Edward, el hombre que amaba más que a sí misma.
¡Y claro que tenía que hablar con él! ¿Con quién más? rose le había dado un buen consejo, nadie mejor que ellos dos, los únicos implicados, para resolver el "problema" si es que tenían alguno.
— Gracias rose —dijo Bella sonriendo.
— Estaré siempre para ti —dijo su amiga abrazándola.
Unas horas después ya las niñas ya habían cenado, las había bañado y estaban durmiendo plácidamente cada una en su cunita. Edward se quedó en el quicio de la puerta de su habitación viendo como descansaban sus pequeños angelitos. Agradecía cada día a quien quiera que fuese que hubiese puesto a esas tres mujeres en su vida. Nunca había sido tan feliz.
— No van a desaparecer —susurró Bella poniéndose a su lado.
— Eso espero —Edward se acercó a su prometido y la envolvió con sus brazos— creo que no te he agradecido suficiente por hacerme tan feliz —susurró contra tu pelo.
— No tienes que agradecerme nada, nosotras también somos felices a tu lado —contestó Bella con su voz amortiguada contra su pecho.
Bella se alejó un poco de él y lo miró a los ojos, haciendo acopio de todo su valor separó sus labios para comenzar a hablar.
— Edward, me gustaría hablar contigo —susurró.
Edward frunció el ceño y la miró con prudencia.
— ¿Pasa algo malo? —preguntó confundido.
— No… —Bella sonrió para tranquilizarlo—solo es algo que debemos aclarar.
— Está bien… vamos al salón —dijo Edward comenzando a caminar.
— No —Bella tiró de su mano para detenerlo— mejor en nuestra habitación.
Edward asintió y siguió a Bella con una expresión indescifrable en su rostro. Algo preocupaba a Bella, y por consiguiente, algo lo preocupaba a él. No podía permitir que algo ensombreciese su felicidad en ese momento, ahora debía preocuparse solo de sus hijas y de ella misma, nada de pensar en los demás ni en preocupaciones que podría relegar en otras personas.
Bella se sentó en la cama y palmeó el colchón a su lado, en ese instante recordó la conversación con Rosalie horas atrás y se sintió más segura, más envalentonada con lo que iba a hacer.
— Verás Edward… —Bella carraspeó y comenzó a juguetear con sus propios dedos— me gustaría que hablásemos sobre algo importante.
Edward la miró en silencio durante unos segundos. Lo que quera que fuese que quería hablar Bella no le resultaba fácil.
— Tú dirás —dijo con cautela mientras su ceño todavía continuaba fruncido.
Bella tomó una bocanada de aire y lo miró a los ojos, desviando la mirada totalmente avergonzada instantes después.
— ¿Tú… tú… tú me deseas? —preguntó en un murmullo casi inaudible.
Edward parpadeó sorprendido y abrió y cerró la boca sin saber muy bien que decir. Resopló y se despeinó pasando una mano por su revuelto cabello. Se puso en pie y se arrodillo ante Bella, permanecía sentada en la cama con las manos y su mirada clavada en ellas. Edward las tomó entre las suyas y sonrió al percatarse de que Bella se estremecía ante su toque.
— Bella —susurró su nombre… pero no obtuvo respuesta— Bella… —lo intentó de nuevo— mírame por favor —casi suplicó.
Bella alzó la mirada y la clavó en los ojos verdes que más amaba, sintiéndose mucho más tranquila al momento.
— Yo… tú… —Edward resopló nervioso— ¿por qué demonios piensas que no te deseo? —preguntó sorprendido y con sus ojos muy abierto ante la incredulidad que sentía.
Bella bajó la mirada de nuevo.
— No sé… quizás no te parezco bonita o no quieres estar con una chica que haya tenido hijos… Edward no sé… pero es que nunca me lo has demostrado. Sé que me amas —dijo tajante cuando vio que él iba abrir la boca para protestar— pero a veces el amor y el deseo no van de la mano.
— Conmigo sí —dijo Edward convencido, haciendo que Bella alzase la mirada para observarlo con la boca abierta— si no intento nada es porque… porque pienso en ti, no sé si estás preparada y no quiero presionarte. Para mí es importante que te sientas bien a mi lado, no quiero que te sientas obligada a hacer algo en lo que no te sientes segura.
— ¿Solo es eso? —preguntó Bella sorprendida, Edward asintió sonriendo— ¿solo es porque te preocupas por mí?
— Te amo Bella, y me gustaría hacer el amor contigo, pero esperaré hasta que te sientas preparada, no quiero que algo en tu recuperación vaya mal por habernos precipitado en un paso tan importante —Edward besó las manos de Bella que todavía seguían entre las suyas.
— Yo me siento preparada para dar ese paso contigo —dijo Bella acariciando su mejilla— quiero intentarlo.
— ¿Estás segura? —preguntó Edward preocupado.
Bella sintió efusivamente.
— Llevo unas semanas pensándolo, quiero sentirme completamente tuya —dijo Bella emocionada—, soy la madre de tus hijas y pronto seré tu esposa, también quiero ser tu amante.
Edward sonrió y volvió a sentarse al lado de Bella para estrecharla entre sus brazos y besarla. Ella respondió enseguida a ese beso, sintiendo como las manos de Edward se enredaba en su cintura más posesivamente que nunca. Ella se sentía arder entre sus brazos, con cada roce de su piel contra la suya sentía un fuego ardiendo en sus entrañas.
Con una seguridad en ella misma que desconocía, alzó sus manos y comenzó a desabrochar los botones de la camisa de Edward. Él estrechó su cuerpo más fuerte contra el suyo y ella no pudo evitar gemir cuando su pecho chocó contra el suyo. Ese gemido hizo que Edward se separase de ella bruscamente y respirando entrecortadamente.
— ¿Qué… qué pasa? —preguntó Bella confundida.
— Así no… —dijo Edward simplemente y sonriendo ante el entrecejo fruncido de ella —no quiero que nuestra primera vez sea así y con el riesgo de que las bebés se despierten y nos interrumpan.
— Pero… —intentó protestar pero Edward la silenció con un suave beso en sus labios.
— Te prometo que pasará, que será especial y que nos amaremos más que nunca —susurró sonriendo.
— Edward… por favor —gimoteó.
— Haz eso por mí… solo aguanta un poco más, te prometo que será pronto —beso su frente y se puso en pie.
— ¿A dónde vas? —preguntó Bella con el ceño fruncido.
— A darme una ducha… —dijo Edward avergonzado— necesito algo para… reajustar mis ideas.
Bella sonrió y sus mejillas se colorearon.
— No tendrías por qué hacerlo si no fueses tan duro contigo mismo —dijo Bella sintiéndose segura de nuevo— yo me sentiré bien si pasa esta noche.
— Pero yo no… quiero lo mejor para ti.
Y con esa última frase, Bella vio como Edward se encerraba en el baño y suspiró, no había pasado nada, pero al menos habían dejado más claros sus sentimientos.
