Había olvidado publicar porque soy un mono volao xDDD y eso que mi br tenía lista las correcciones como reloj xD aún sigo peleando con mi libro de 120 páginas y aunque lo intenté, terminé escribiendo un poco de ¡Es culpa de su aroma! que ya debería al menos tener cinco capítulos más y OH, con suerte hay la mitad de uno xD (siempre trato de adelantarme al menos un capítulo antes de publicar) más que algo de mi propio mundo.

Con respecto a melodrama, el siguiente y el que le sigue serán bastante intensos (o eso pienso yo) así que cuando termine ambos, serán publicados juntos :D ya verán porque. Eso xD gracias a la gente que sigue este insulto al mundo de hp :v pero que al menos a mí, me hace feliz de escribir xD

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El cumpleaños de la señorita Hydra Isworthy, Parte tres.

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Fue una suerte que la mesa de bocadillos estuviese cerca. Y que los elfos domésticos comenzaran a deambular con copas de hidromiel, champaña y vino. James no era particularmente fanático del vino, pero Teddy si, por lo que no le sorprendió cuando el hombre sacó una copa de hidromiel para él y un poco de vino para sí mismo.

No es como si no hubieses almorzado, James

¿Hm? –James levantó la cara de la mesa sólo porque el hombre le tocó el hombro. Teddy alzó una ceja, tendiéndole la copa.

Estas tragándote los bocadillos sin siquiera probarlos –como era un comentario digno de ignorar, James siguió comiendo. La crema de calabaza tenía un sabor exquisito. Y los mini pudines de Yorkshire eran tan pequeños que no podías no echarte más de uno a la boca –además de ser casi lo único dulce en la mesa–. Para su suerte, no era el único hombre que se encontraba en las mesas de bocadillos, pero si el único Potter – Jamie

Mejor cuéntame lo que ves, tú que estás mirando hacia el piano –le interrumpió él, alzando un mini pudin hacia Teddy. El hombre lo miró con cara de resignación, pero acercó la boca a su mano y se comió el pudin. Como no había gente que les mirara, James considero que no era una falta de respeto atacar la mesa de bocadillos sin hablarle a alguien más que a Teddy. Los de la clase alta solían tirar a la basura la comida que sobraba, por lo que no le hacía daño a nadie si comía lo que quisiera.

Draco y Harry peleando con tu abuelo –James arrugó la nariz. Teddy le sonrió, tomando un poco de la copa de vino –Albus parece querer salir de ahí, pero Scorp lo tiene agarrado del brazo

Es tu tío abuelo también –le recordó él. A diferencia de su abuela, James no consideraba a Lucius como su familiar. Era el papá de su padre, el abuelo de Scorp, pero sólo eso. No recordaba alguna vez el haberle dirigido la palabra más que para saludarle y luego huir del fuego cruzado. Tampoco tenía un deber sanguíneo como los dos rubios, por lo que pasar de él era algo que hacía sin culpa alguna – Y el hombre ya le dijo una vez que Albus era una distracción, entre otras estupideces ¿Por qué querría estar ahí?

Oh, no sabía eso –James se encogió de hombros. No había habido mucho que contar, salvo el rumor de que Scorpius quiso golpearlo. Eso era lo que había contado Lily, y Merlín sabía de dónde había sacado la información. Se separó un poco de la mesa de bocadillos sólo para intentar ubicar a un elfo doméstico que le diera más hidromiel – Oh, es la tía Narcisa –le avisó él. Teddy se había acercado a la mesa para robar otro pudin que se echó a la boca. James despegó la vista de la multitud y de su familia para posarla en la entrada.

¿Dónde? –No pudo verla al comienzo. Sin embargo, cuando vio a una mujer rubia ataviada en un vestido verde supo que era su abuela. No eran muchas las personas que conocía que llevaran un porte tan elegante y distinguido. Y no había ninguna otra que se dirigiera justo donde sus padres se encontraban. A la batalla. Lo que le llamó la atención era que un hombre la secundaba. Un hombre que ellos dos conocían. – ¿Ese no es…?

Si, creo que si –él estaba tan sorprendido como el pelirrojo.

Creo que necesito otro trago –admitió James, volviendo a su tarea de buscar al elfo doméstico. ¿A Lucius Malfoy se le ocurriría sacar la varita y hechizar a alguien? ¿Llegaría tan lejos por su exmujer? Oh si, era probable. Su padre había admitido que era probable que Lucius Malfoy aún amara a su esposa, o al menos le tenía el suficiente respeto para no intentar tener otro heredero Malfoy. A medio camino entre la mesa de bocadillos y su familia se encontraba un elfo doméstico con lo que buscaba. James se encaminó hacia allá. De donde estaba podía ver al rubio mayor tenso y furioso y también podía ver a su abuela bastante divertida. James se limitó a observar a quien fue el Ministro de Magia anterior a su madrina. Parecía un poco incómodo pero decidido a participar en ese intercambio del diablo. James chasqueó la lengua. Bien podría agradecer no estar en una situación así, pero… ¡Esperen!

Se concentró en quitarle una copa de hidromiel más al elfo doméstico. Justo un poco antes que una señorita de sociedad, quien chocó su mano con la de él.

Oh, disculpa –replicó él, aunque reacio a cederle la copa. Era la única de hidromiel que quedaba y James no la cedería por caballerosidad. No era un caballero, aunque Draco se hubiese esmerado en intentar que fuera uno. Ella le miró de arriba hacia abajo antes de negar con la cabeza, al parecer avergonzada por haberle tocado.

No, no importa… –Él se encogió de hombros. Ella se quedó mirándole unos segundos sin saber que agregar. No parecía mayor a Lily, pero tampoco podía asegurarlo. Las brujas solían mantener una apariencia similar de los 17 hasta como los 35 años, siempre y cuando no se hicieran algo. Ella parecía ser tímida, lo que le hizo pensar que probablemente se trataba de una debutante. Las chicas solían desenvolverse bastante mejor conforme pasaban los años en aquellas frívolas fiestas – Yo… soy Daphne

Soy James –se presentó, sonriendo un poco antes de decidir devolverse. Su abuela parecía estar conversando con sus padres e ignorando deliberadamente a su ex – si me disculpas… –no esperó respuesta y le dio la espalda, decidido a poner tierra de por medio por si a su abuela se le ocurría venir a saludarlo e incluirlo en esa batalla. Tenía un brazo bastante fuerte y unas uñas que podrían tironearlo sin problemas. Cuando volvió, Teddy parecía debatirse entre fulminarle con la mirada y estar pendiente de la interacción de sus familiares – No estaba flirteando –se excusó él, rodando los ojos. Teddy alzó una ceja, mirándole con escrutinio, como siempre que alguna chica andaba cerca. Podría apostar tranquilamente que, si seguía de esa forma, el hombre tendría arrugas en la frente antes de los cuarenta.

No podrías asegurarlo

Te lo estoy diciendo, merlín bendito –¿Por qué los elfos domésticos no entregarían botellas en vez de copas con tan poco contenido? James se tomó la mitad del contenido de su copa de un trago y le pareció demasiado poco. Ni siquiera tenía que darle explicaciones y ahí estaban, conversando sobre algo que ni siquiera había pasado. Como si necesitara darle más sentido a lo que le había dicho hace unas horas – No necesito una niñera, Edward Lupín. Y menos con una debutante –.

¿Eso te dijo ella? –preguntó él. James ni siquiera contestó. Su abuela parecía por fin haber prestado atención a su ex mientras que Shackebolt interactuaba con Harry. Era como una telenovela de las que su hermana veía en los veranos. Teddy le pasó el brazo por encima de los hombros y James le dejó, más por costumbre que otra cosa. Al menos el brazo libre se encontraba justo cerca de los bocadillos de mayonesa con ciboulette y merlín sabía que. Los bocadillos gourmet podrían tener cualquier cosa y James ni lo sospecharía. Draco era el único que conocía con las papilas gustativas lo bastante desarrolladas para decir que alimento estaban comiendo – Tus padres dieron dos pasos atrás

¿Tu tío abuelo va a sacar la varita? –preguntó con curiosidad. James se había distraído con la comida un momento y se había perdido de un poco – ¿Dónde están Al y Scorp?

Se fueron hacia el lado contrario de donde estamos. No creo que aguanten mucho acá –dictaminó él. Parecía mucho menos ceño fruncido y mucho más curioso. ¿Sería porque lo tenía bien agarrado? Ni siquiera parecía importarle su chaqueta. A pesar de que al principio se había sentido un poco nervioso por la cercanía debido a sus palabras, ahora mismo estaba bastante bien. No tenía que saludar a nadie –y no había visto a nadie para saludar– y lo más probable es que se fueran luego de que Hidra Isworthy apareciera y ellos la saludaran como dictaba el maldito protocolo –y Draco no le daría un discurso a nadie por ello–. Teddy lo atrapó mirándole, sonriéndole con algo que pareció ser nerviosismo. Algo bastante curioso en alguien que no tenía reparos en ordenar tus calcetines si no le gustaba como lo estabas haciendo – ¿Qué?

Pues…

¿Por qué cada vez que nos encontramos en sitios sociales tengo que buscar a James primero? –Ambos ladearon la mirada hacia el frente, donde un hombre se les había acercado. James rodó los ojos y Teddy le soltó para darle un abrazo que el hombre correspondió. James le estrechó la mano amistosamente, intentando olvidar que hacía unos segundos se habían tocado como si fuesen una pareja. Pero la persona frente a ellos era Brian Whitelaw, más acostumbrado a los desmanes de Teddy que el propio James.

Alguien debe asegurarse de que ningún otro Potter salga en el profeta por un escándalo amoroso –respondió Teddy. James rodó los ojos, Brian Whitelaw sonrió dócilmente. Siempre le había parecido un tipo más bien tranquilo, algo completamente opuesto con el tipo de profesión que había elegido. Pero de todos los amigos y conocidos de Teddy –incluyendo a su esposa– era uno de los pocos que le caía bien.

Supongo que es tu proyecto de noche –dijo él, haciendo sonreír al auror. James volvió a rodar los ojos. Detrás de ellos, su abuela parecía aún conversar alegremente, pero Lucius Malfoy parecía cada vez más consternado.

Supones bien, Brian. ¿Estás acá por trabajo? –Él negó con la cabeza. Según James recordaba, trabajaba para la firma que estaba defendiendo a su abuela en su eterno proceso de divorcio. El hombre se volteó hacia atrás un momento, como si intentara ubicar a algo o a alguien. Luego se volteó hacia él.

No exactamente. Me invitaron porque soy soltero y estoy en edad de casarme, sin embargo… –Brian dirigió la mirada hacia donde se encontraba su abuela – espero no tener que trabajar esta noche. Vine con mis hermanos –hizo una mueca que se le antojó gracioso. Seguramente andaría en plan hermano-mayor-responsable.

¿Todos? –preguntó con curiosidad. La única chica de ellos, Alice, había sido compañera de casa de ellos. Y porque Merlín era bueno, nunca había salido ni con Marcus, ni con él. Había sido un antecedente conocido que esa chica tenía más hermanos que dedos de una mano y ninguno de los dos había tenido ni un poco de ganas de ser maldecido o golpeado por ellos –juntos–. Además de que Teddy se habría enterado y la situación habría ido a peor. Pero Alice le caía bien y era golpeadora en su equipo de Quidditch adicionado, además de que Owen jugaba en la banca cuando alguno de sus jugadores faltaba.

No. Sólo Eliott y Jonathan. Donovan no tenía ganas de venir –y según James, se había amarrado hacía un año. No estaba moralmente obligado a asistir si no quería hacerlo– y Keith está en Bulgaria –el criador de dragones que trabajaba con su tío Charlie.

¿Y Owen?

En casa, el hombre con suerte –Brian colocó una expresión de cansancio que James compartió. Si le hubiesen preguntado sobre qué hubiese preferido hacer, él se habría quedado en casa con su hijo y su televisor. Y si tenía suerte, con Teddy también. No es como si tuviese un interés en tener pareja –y no creía que alguien quisiese tener algo con un padre soltero– y tampoco necesitaba contactos. Le gustaba su trabajo, le gustaba su casa y no necesitaba más. Quizás si él… pero no. Se estaba bien así.

Al menos los bocadillos están buenos –dijo él, volteándose para tomar uno de carne con algo rojo que parecía tomate y que sabía a tomate con otra cosa. Teddy dejó su copa en la mesa y tomó otro bocadillo de pudin de Yorkshire.

Debo buscar a Eliott. Teddy ¿Me acompañas un momento? –Preguntó el hombre, apuntando hacia el fondo. Como casi todos los hermanos Whitelaw eran castaños, James no pudo reconocer a nadie. Teddy arrugó el entrecejo, mirándole con duda.

Es que, James…

Estoy seguro de que James puede estar un momento sin ti ¿Cierto? –James asintió, dándole un empujoncito al auror. No pretendía pasarse la noche haciendo otra cosa más que comer y tomar hidromiel o whisky de fuego. Tal vez enterándose del chisme con Lily. Y tampoco era como si pudiera reconocer a las debutantes con tanto blanco alrededor. Teddy alzó una ceja.

Ve tranquilo, hombre. Yo me dedicaré a acabar con la comida –anunció. Y para enfatizar el hecho, se echó otro bocadillo a la boca. Teddy soltó un suspiro, asintiendo al que James sabía, era su mejor amigo. No lo podía anticipar, pero intuía que Teddy apenas y le había contado sobre su divorcio y el abogado querría saber sobre eso. Y alguien debía representarle en su divorcio, además. Le dirigió una mirada de advertencia, como si se tratara de un niño, antes de seguir al abogado quien le sonrió y le guiñó un ojo. Con un poco de suerte, lo convencería de iniciar el proceso para que aquel melodrama terminara de una vez.

¡Me parece una desfachatez que tú…! ¡ …Que tú! –James se volteó rápidamente, mirando hacia donde se encontraba su abuela. Lucius Malfoy había comenzado a gritar, apuntando a su exmujer con el dedo. James suspiró, fastidiado. Iba a tener que intervenir si seguía así.

No hay nada que deba parecerte, Lucius. Este no es tu asunto –replicó ella, en un tono de voz lo bastante fuerte como para que llegara a oídos de él. ¿Qué le había dicho? ¿Qué estaba embarazada o algo así? Hizo una mueca. – Ya no tienes poder sobre mí para decidir qué es lo que hago con mi vida, que no se te olvide – Ni siquiera quería saber. En una de esas su abuela admitía que se había follado a Shackebolt durante años y… eww.

Sácalo de tu mente, James. Sácalo de tu mente.

¿James Potter? –una voz femenina le llamó justo cuando se había decidido a salir de la mesa de bocadillos e ir a echarle una mano a su familia. James dirigió la mirada hacia su interlocutora, curioso. Una chica pelirroja en un vestido blanco de encaje reglamentario, que se le hizo conocida. Pero no podía recordar de donde. – Eres James Potter, ¿verdad? –parecía algo ansiosa en saber quién era él. James asintió.

Ehm sí. Tú eres… ¿? –trató de hacer memoria, pero no la recordó. ¿Se la habría follado en alguna noche de copas? Podría ser, era el tipo de mujer con el que tranquilamente se dejaría llevar. Aunque su cabello colorín se encontraba ataviado en un moño muy de la alta clase y que le hacía ver mucho mayor que su hermana.

Giselle. ¿Realmente no me recuerdas…? –Oh, ese acento francés. Había salido con una Giselle ¿No? Como en sexto año. La chica había venido de intercambio, pero tenía un cabello mucho más… rebelde. Y esa Giselle tenía una postura mucho más provocadora que la chica que tenía en frente.

¿Lefevre? Eras de Beauxbatons ¿no? –preguntó, intentando mezclar la Giselle que recordaba con aquella señorita de la alta sociedad. La chica le sonrió con calidez, asintiendo. James abrió la boca de la sorpresa. Había competido con Marcus por su atención aquel año, y su amigo se había enojado dos días enteros porque había perdido. James se echó a la boca otro bocadillo, haciendo un gesto con la mano de saludo. No le apetecía hacer algo como abrazarla, con Teddy cerca para darle un discurso estúpido –¿ Qué tal? ¿Por qué no estás en Francia?

Siempre fuiste tan directo… –ella hizo una mueca, pero se rió al final. James se encogió de hombros. ¿Qué otra cosa iba a decirle? Hace mil millones de años que no la veía, desde que terminó el sexto año y ella se fue a Francia para no volver. A lo más había recibido una carta de ella al año siguiente– Estoy de visita, James. Tengo un primo que vive en Inglaterra y decidí hacerle una visita

¿No será Lefevre del departamento de misterios? ¿Eres su familiar? –Ella asintió. Oh, qué pequeño mundo era ese. No hacía mucho que le había visto en el caldero, en plan de conquista con una chica. Nunca había trabajado con él, pero seguramente Teddy sí. Y su jefe también le conocía.

¿Lograste tu sueño de ser auror? –James asintió. No recordaba haberle dicho algo sobre eso. Pero tampoco le recordaba a ella, así que le dio el beneficio de la duda. Ella le sonrió – Me alegro mucho…

¿Y tú? ¿No querías ser artista o algo así? ¿Trabajas en algún diario o alguna editorial? –Lo poco que recordaba de ella era que había hecho uno que otro dibujo de él, en un blog. Ella era realmente buena. Había hecho un dibujo a carboncillo de Beauxbatons que debía seguir en Hogwarts, en la sala de arte. La chica congeló su sonrisa automáticamente para hacer un gesto de amargura. Ouch. Había tocado una fibra sensible.

No, yo… –ella titubeó, mirando al piso. James aprovechó de que un elfo doméstico pasaba cerca para alargar la mano y sacar dos copas de hidromiel. Le ofreció una a ella que aceptó. – Yo… me comprometí. Me casaré el año siguiente, entonces…

No entiendo –admitió él, dando un sorbo a su hidromiel. Ella le miró con curiosidad. James tuvo que explicarse – ¿Qué tiene que ver tu compromiso con lo que te dedicas? ¿No son compatibles? –Ella negó con la cabeza.

Mi familia no cree apropiado que trabaje. Ni mi prometido –¿ Prometido ? ¿Iba así de serio? Ella no parecía feliz en lo absoluto. No al menos como lo había estado Lily, quien armó un show de aquellos para comunicar la feliz noticia. Ella sonrió con algo que parecía pena. – Mi familia… ellos hicieron el compromiso. Él es… alemán. Es un buen hombre

¿Es mayor que tú? –ella negó con la cabeza. Al menos no era un viejo, lo cual lo haría peor. Draco les había contado que su matrimonio con la tía Astoria había sido porque los padres de ella la habían comprometido con un viejo horrendo. Así tal cual. Y él como su mejor amigo, no lo había permitido – Entonces eso es bueno –aunque no, no lo era. Ningún compromiso arreglado lo era. Pero James no tenía ni la más mínima idea de qué decir sin arruinarlo. Desvió la mirada de ella hacia su familia, donde su abuela había medio despachado a Lucius Malfoy –quien estaba a escasos metros de ellos hablando con otro mago y alternaba la conversación con las miradas envenenadas– y ahora se encontraba hablando animadamente con Lily. ¿Qué había pasado para que eso sucediera? Mierda. Se lo había perdido por darle conversación a Giselle.

Supongo que sí. Al menos puedo pintar como hobby, no lo he dejado del tod… ¿A quién estás mirando?

A mi familia. Teddy y yo huimos de una pelea, pero él… –¿A dónde se había ido Teddy, a todo esto? Giselle tomó un poco de pudín y se lo echó a la boca, mirando con curiosidad hacia donde James había apuntado. James nunca se los había presentado, dado que la naturaleza de su relación no había sido tan seria. No había sido sólo sexo, pero tampoco había sido para llegar a eso. Aunque sí que se la había presentado a Teddy. Siempre lo había hecho. Y él…

No pensé que él vendría a estas fiestas. ¿No estaba casado? –James se encogió de hombros. Ella hizo una mueca. Pudo ver a Jonathan Whitelaw hablando con una chica, pero no a Eliott ni a Teddy ni a Brian. ¿Habrían ido al baño? ¿Eliott había hecho algo lo bastante grave como para tomar su atención? No tenía cómo saberlo a menos que fuera a buscarlo. Y aunque no era un caballero, tampoco estaba tan mal criado como para dejar a una conocida con la palabra en la boca. Aunque sabía bastante bien que Teddy no se tomaría de buena manera su compañía.

Decidió que era una buena noche para ser mi niñera –admitió él, negando con la cabeza – Pero ya ves, no era a tiempo completo –le guiñó un ojo, tomándose la otra mitad del hidromiel. Ella hizo una risita.

La única vez que lo vi, me pareció que era del tipo de hombre que no te dejaría ni a sol ni a sombra –él se encogió de hombros. No lo veía por ninguna parte, ni a él ni a Brian. Y aquello comenzó a preocuparlo de verdad – si quieres… podemos buscarlo

¿Gastarías tu tiempo de vacaciones en Inglaterra en una aburrida búsqueda? –ella asintió, tomando un sorbo de su hidromiel. Tenía una sonrisa bastante viva, cuando no tenía que ver con su compromiso.

¿En que gastarlo si no? –Ella le guiñó un ojo en respuesta, en un gesto que le recordaba a la Giselle que había conocido. Y que le hizo sonreír. James alzó el brazo en una postura muy de señorito de sociedad y ella pasó el brazo por debajo. Ambos comenzaron a deslizarse por la orilla, intentando vislumbrar a Teddy o al menos a Brian. Giselle sólo ubicaba al auror, por lo que tuvo que prestar extra-atención y dejar de lado la posibilidad de asaltar las mini tartaletas de fruta que había visto en una de las mesas.

¿No le molestará a Lefevre que te lleve de su compañía? –preguntó de pronto, recordando su familia. Las familias de la alta sociedad podían ser muy molestas y malinterpretar muchas situaciones cuando les convenía. Y ella estaba prometida, lo que podía considerarse como una falta de respeto el pasar mucho tiempo cerca de un hombre soltero. Pero Giselle negó con la cabeza e hizo un gesto de sin importancia.

No. Mi tía abuela también está en la fiesta, así que es probable que piense que estoy cerca de ella

¿Probable? –Esquivaron a dos chicos que saludaron a Giselle con un gesto en la cabeza y que él no reconoció. La pelirroja les sonrió antes de proseguir.

Si. Verás, Will… supongo que estará buscando a una chica. Elizabeth se llama –¿Sería la rubia del bar? ¿Sería otra? Era lamentable el no haberla visto bien, pero la oscuridad del lugar le había dado el anonimato que seguramente Lefevre había estado buscando. Y en el momento, no había sido causa de su curiosidad. Ni ahora.

Es mejor que me avises si ves a alguien que pueda causarte problemas –admitió, serpenteando alrededor de un par de chicas que los miraron con curiosidad mal disimulada. James les sonrió suavemente, provocando que las mejillas de ellas se ruborizaran y comenzaran a cuchichear. Suspiró internamente. Debutantes.

Creo que deberías omitir el sonreírles así. Llamas mucho la atención –le recomendó. James no la miró, pendiente de buscar al auror o a alguien que le dijera donde estaba él. Giselle le tironeó del brazo, buscando su atención. ¿Quién era, Teddy?

¿Por qué?, no hice nada más que intentar saludar –se justificó.

Porque eres atractivo –dijo ella. James se detuvo, alzando una ceja. Ella se limitó a asentir, un poco ruborizada. ¿Ruborizada, por qué? James se había visto esa mañana al espejo, y parecía de todo menos 'guapo'. Más bien, medio muerto.

Las mujeres están locas –bufó él – ¿Guapo, si tengo ojeras de tres metros? Debo parecer más un inferi que un mago –y se estaba dando mucho crédito. James nunca había tenido una baja autoestima, pero tenía que admitir que no se encontraba en su mejor forma. Todo lo contrario; iba a tener que dormir un poco antes de volver al trabajo, o la próxima misión dejaría a Ed sin padre.

Por favor, los hombres son siempre así –replicó ella. Y James podría jurar que había rodado los ojos – Eres igual que Will: hoy hizo todo un problema de cómo se veía y no creo que… –James se detuvo de pronto, casi haciéndola patinar. En honor a la verdad, sólo escuchó la mitad de lo que ella había dicho, porque su atención súbitamente fue robada. – ¿James? ¿James que pasa? –Giselle intentó llamar su atención, jalándole del brazo. Pero la vista y el cuerpo del pelirrojo, se encontraba centrada en unos metros más adelante, donde se encontraba Teddy.

Teddy y Victoire, conversando como si no hubiese pasado agua por aquel puente.

Como si aún estuvieran casados.

Lo primero que hizo fue apretar los puños y tensar el cuerpo. Luego, su parte racional le recordó que aquella sensación de traición era inútil y absurda, dado que eĺlos no tenían una relación. Sólo eran compañeros de habitación y tenían una hermandad inútil y dolorosa. Pero sólo eso. Con la mujer que se encontraba aferrada a su brazo había hecho mucho más que con el hombre con el que vivía y, lastimosamente, ahora compartía su vida. También se recordó que no tenía poder para enfadarse ni para decirle nada por hablar con su ex-mujer, a pesar de haberle visto tan miserable hace un par de semanas por ello. Ella le hacía mal y él seguía hablando con ella. Y James…

A James le hacía mal Teddy. Aquel Teddy atento, aquel Teddy familiar, aquel Teddy que le había dicho hace un par de horas que odiaría el verle con otra persona y, aun así, no podía sacarse de la cabeza a su exmujer.

Le hacía mal. Se le metía debajo de la piel como si fuera veneno. Le consumía.

Yo… nada. Sólo encontré a mi amigo , pero parece que está ocupado –admitió, obligándose a despegar la mirada de ahí y dirigirse a ella. Era más fácil si simplemente se daba la vuelta y miraba hacia otro lado. La pelirroja le miró con abierta curiosidad.

Él es tu Teddy, ¿no? –él asintió, queriendo corregirla sobre ese , porque definitivamente no era suyo. Pero no tuvo oportunidad de hacerlo – ¿Ella quién es? ¿Su novia?

Su esposa. Creo que… no debería interrumpirlo –Giselle asintió, empujándolo hacia el lado contrario después de unos segundos de mirar de un lado hacia el otro. No recordaba que tan intuitiva ella era, sin embargo, su cara debió de ser lo bastante alarmante para atar cabos. James se dejó arrastrar felizmente, hasta que tuvieron que detenerse a la fuerza. Anthony comenzó a tocar una melodía en piano que hizo que la mitad de los comensales despejaran la pista de baile. Entre ellos, ellos dos.

¿No quieres tomar algo? Creo que estás en shock –observó ella. James ni asintió ni negó con la cabeza. Prefería ir a ver a sus padres y buscar una excusa para irse a sentir miserable a su casa. – Él… parece que viene hacia acá –James se volvió a tensar, pero ella comenzó a tirarle del brazo hacia la pista de baile.

¿Qué estás…?

Bailemos un poco. ¿No quieres sacar de los nervios a tu Teddy un rato? ¿Qué mejor que bailar con una debutante? –James lo pensó un segundo. Segundo que ella aprovechó para seguir tironeando de su brazo y hacerlo trastabillar hacia adelante.

Tras no llegar a ninguna conclusión, pero, sin tener ni un poco de ganas de enfrentarse al cuestionamiento de un hipócrita como él, simplemente se dejó llevar.