Capítulo 32
Mjosgard se encontraba en el salón de su palacio, leyendo.
Miró el reloj. Habían pasado ya más de 4 horas desde que su sobrina se había marchado a hacer dios sabe el qué.
No iba a mentir, la revelación de que era una revolucionaria en cubierto lo había impactado, pero al mismo tiempo aliviado.
El peso de todos los pecados familiares, y de los suyos propios, era algo que lo atormentaba desde el día en que la reina Otohime dio su vida por la de él. Saber que había alguien en ese linaje podrido que estaba dispuesto a cambiar las cosas era algo... que le daba esperanza.
Sí, él ya no era el mismo de antes, pero tampoco hacía nada para mejorar el mundo. Pensó que sería suficiente si abandonaba los lujos y los caprichos, si liberaba a sus esclavos y castigaba las acciones egoístas de otros Tenryubitos.
Pero, ahora que la había visto a ella, ahora que conocía su historia... se había dado cuenta que él mismo no era para nada la buena persona en que creía que se había convertido.
Mientras Mina lucha junto a la Armada Revolucionaria para acabar con la esclavitud, la opresión y el abuso de poder, él fue incapaz de abandonar su hogar en Marijoa. Fue totalmente incapaz de dejar de ser un Tenryubito, a diferencia de su tío Homing.
Mirándolo bien, él no había cambiado nada.
Sí, ya no tenía esclavos, pero su mansión seguía siendo la misma, su estilo de vida era el mismo... No había renunciado a ninguno de sus privilegios. Y eso no lo hacía alguien que parecía arrepentido por sus pecados.
Mina... Esa niña le había hecho darse cuenta de qué tanto se había estado engañando a sí mismo.
Si esa niña que apenas superaba la mayoría de edad estaba más que dispuesta a sacrificar su vida entera a favor de la revolución ¿Qué diablos hacía él sentado leyendo un libro tranquilamente?
Pero tampoco era estúpido. Un plan como ese no iba a salir bien al 100%. Habría bajas. Muchas.
Si el Gobierno Mundial por algún motivo la capturaba, la acusaría de alta traición, la cual era castigada con una muerte humillante y dolorosa, una especie de sacrificio llamado como el Águila de Sangre. Una salvajada en la cual te cortaban los huesos de la columna por detrás y tus pulmones se sacaban para cubrirlos. La muerte era lenta y agonizante, además de humillante.
En el mejor de los casos, esa tortura estaría reservada para Dragon y su segundo, aquel chico rubio. Para ella y el resto podrían conseguir que su pena de muerte se redujese a la muerte por horca o decapitación.
Se quedó pensativo. Recordó la conversación de aquella mañana:
"-¡Si te capturan te torturarán y te cortarán la cabeza! ¡O serás condenada a la horca! ¿¡Y acaso no sabes lo que le puede pasar a tu jefe!?
-Créeme, conozco bien la muerte por águila de sangre, era algo muy común en el ejército de Dressrosa.
-Y si lo sabes ¿Por qué demonios vas a arriesgarte de esa manera?
-Porque es el precio que debo pagar por todos los pecados que he cometido en mi vida - contestó completamente seria y convencida de sus palabras - Y porque es la única vía para conseguir la libertad.
-No... No lo entiendo. Podrías simplemente haberte marchado lejos. Podrías haber huido a algún país pacífico fuera de la jurisdicción del Gobierno Mundial, podrías haber formado una familia... Podrías haber sido libre...
Ella sonrió.
-Mjosgard, esa no es la libertad que busco."
Sí, mientras él se había acobardado, una niña había salido para luchar en la primera fila de la batalla.
"Yo...quiero ser como ella" pensó para sus adentros. "Quiero que mi vida tenga algún otro significado aparte del de seguir vomitando comida lujosa y llenarme los bolsillos a costa de otras personas..."
-¿Tío Mjosgard? - era Mina, ya había vuelto - Estoy aquí ¿Vamos a almorzar?
-¡Voy!
Caminó hasta llegar a la puerta de entrada, donde su sobrina lo esperaba.
Qué criatura tan bella. Había heredado por completo las características de la rama principal de los Donquixote. Y pensar que un rostro tan bonito podía esconder tanta oscuridad...
Ambos comían plácidamente en el jardín de su palacio a solas.
A Mjosgard le parecía graciosa la forma en la que aquella niña comía. Prácticamente se atragantaba cuando veía grandes cantidades de comida. Aunque posiblemente se debería a la hambruna que ha estado pasando desde siempre al estar siempre en territorio hostil.
Era encantadora, por lo que sonrió.
Ella paró de comer y lo miró con curiosidad.
-¿Por qué no comes, tío?
Ah, cuando lo llamaba tío un sentimiento de calidez lo envolvía. Se había realmente encariñado con esa niña.
Él sonrió.
-Me alegra que seamos familia.
Ella no respondió, pero el adulto pudo ver un leve rubor en esa cara tan estoica. Incluso a pesar de que fuera inexpresiva, cuando mostraba caras como esas era más encantadora. Podía entender un poco a Doflamingo, sí que daban ganas de monopolizarla.
-Y bien - comenzó a hablar para cambiar de tema - ¿Cómo van las preparaciones? ¿Tenéis ya idea de cómo vais a abrir las puertas?
-Sí, gracias a nuestro chip tenemos acceso a todas las instalaciones, incluso a la Puerta de los Dragones Celestiales. Pensamos eliminar a los agentes gubernamentales que custodian la puerta mientras se da a cabo el último día de reunión del Reverie.
-Pero ese día la vigilancia será demasiada. Es muy arriesgado.
-No, es el momento perfecto. Durante el último día, todas las escoltas estarán demasiado ocupadas protegiendo a todos los reyes invitados y a los Tenryubitos, la puerta será secundaria para ellos. Las bombas instaladas en el resto del palacio de Pangea se activarán y comenzará la liberación de esclavos, tal y como hizo Fisher Tiger.
-Pero Mina, eso es dentro de 2 días... - aquello era demasiado repentino.
-No te preocupes, este asalto ha estado siendo calculado desde hace casi 20 años, Hemos cubierto todos los escenarios posibles y estamos preparados para prácticamente cualquier situación.
Ella estaba confiada, eso se podía notar en su mirada y su tono de voz.
-Mina... ¿No tienes miedo a la muerte?
Ella se sorprendió un poco con esa pregunta, pero volvió a su mueca particular.
-No. Uno tiene miedo cuando tiene algo que perder - bajó la mirada, pero continuó sonriendo - Y yo hace tiempo que me di cuenta que nunca tuve nada.
Mjosgard se sintió triste al escuchar esas palabras. Mina no temía a la muerte porque sentía que no tenía nada que perder. Era una apuesta.
El premio, su libertad. Pero si perdía... No había otra cosa más que una muerte segura.
Tras acabar de comer, Mjosgard miró a su sobrina alejarse. Sintió una presión en su pecho al pensar que alguien tan joven cargaba tal responsabilidad sobre sus hombres. La vida y libertad de millones de personas no era algo con lo que se podía jugar, y eso ella lo tenía claro.
Pero, si ella velaba por la libertad del mundo ¿Quién velaba por la suya?
"¿Sabes Mina? Yo también he decidido apostar... A favor de tu libertad"
-Dos días después-
Todas las preparaciones estaban hechas. No había cabos sueltos. Los barcos de la Armada Revolucionaria habían pasado por las zonas de alta seguridad sin ser notados gracias al esfuerzo de Kaito. Las comunicaciones enemigas habían caído y toda la información necesaria había sido proporcionada gracias a Kota. Toda la tierra de Marijoa y sus seguridad había sido destruida por Sabo, y las puertas a punto de ser abiertas gracias Mina.
-No hay fallas - pensaron los cuatro revolucionarios, más Dragon, al mismo tiempo - Todo va según lo calculado.
Y sí, de no ser por ese incidente en concreto, todo habría ido según lo calculado.
Nadie se lo esperaba. Nadie veía venir aquello.
El pánico cundió mucho antes de lo calculado. Mina tuvo que abrir las puertas antes de lo previsto y la Armada Revolucionaria se vio envuelta en una batalla mucho más grande de lo que esperaba.
Era imposible prever algo así.
Mina cerró los puños con fuerza y se mordió con tanta intensidad el labio que comenzó a sangrarle.
Otra vez. Otra vez ese Im-sama se la había vuelto a jugar. Siempre era él ¿Por qué diablos ese hombre podía deshacer un plan de 20 años en cuestión de segundos?
-No es tu culpa - le dijo Sabo a Kota, el responsable del área de inteligencia - Era imposible para nosotros saber que algo así iba a pasar.
Incluso el propio Dragon no tenía palabras para lo sucedido.
El rey Kobra de Arabasta había sido cruelmente asesinado a plena luz del día, durante la última reunión del Reverie.
El pánico cundió en la sala. Todos los reyes y reinas del mundo corrían desesperados por salvar sus vidas. Todos sabían que aquello no había sido un accidente, si no una purga del Gobierno Mundial.
La princesa Shirahoshi, junto a sus hermanos y el Rey Neptune fueron rápidamente escoltados por Garp y su equipo. Rebecca y Violet, la princesa Mansherry... todos corrían despavoridos en busca de protección por miedo a ser los siguientes.
-Espera - de pronto dejo Rebecca - ¿Y Vivi? ¿¡Dónde está Vivi!?
La princesa heredera de Arabasta, después del shock de perder a su padre en sus brazos, fue enseguida llevada por una sombra desconocida.
Todos temían por la vida de la princesa, ahora reina, Vivi.
-Rebecca ¡No podemos quedarnos atrás! ¡Va a comenzar una guerra! - gritó Violet apurada, al escuchar las bocinas que indicaban la entrada de enemigos al pabellón de Pangea. La Armada revolucionaria ya había llegado.
Ambas salieron a la calle, para encontrarse con cientos de esclavos de todas las razas corriendo desesperados mientras intentaban ser asesinados por las balas de los agentes del gobierno.
Aquello era una estampida, los agentes no diferenciaban ya entre esclavos y realeza, disparaban a cualquiera que fuese alcanzado por sus balas.
Violet protegió a Mansherry y Rebecca como pudo, e intentó llegar a un lugar seguro, fuera del alcance de las balas.
Estaba preocupada por Vivi, pero ahora mismo ellas eran más importantes. ¿Cómo se le había ocurrido traer a Rebecca con ella? ¡Si ella moría, Rebecca era la única capaz de ascender al trono!
Los gritos de esclavos y reyes por igual corrían a través de toda la tierra santa.
El hermoso pavimento blanco de mármol ahora estaba teñido de rojo.
De pronto, explosiones. Las explosiones de la Armada Revolucionaria comenzaron a hacer que todo el lugar saliera por los aires. Aquello era el infierno en la tierra, era casi peor a la revolución de Dressrosa en contra de Doflamingo. No había ni punto de comparación.
De pronto, en medio del caos, Violet pudo distinguir una hermosa cabellera rosa pálida.
-Imposible...
Una hermosa mujer, con un vestido de Tenryubito completamente destrozado, daba órdenes a soldados de la Armada Revolucionaria como si fuesen sus subordinados.
Había cambiado. Su voz era menos robótica, pero más imponente. Tenía un aura de fuerza y dignidad que daban ganas de seguir.
Pero era ella. Esos hermosos ojos morados, y esa katana de filo rojo sólo le pertenecían a una persona en este mundo.
Sus ojos se llenaron de lágrimas. Pensó que había muerto, que había sido ejecutada.
Pero allí estaba, al frente de una revolución en el centro del mundo.
Rebecca también se percató, y comenzó a llamar desesperada el nombre de Mina.
La revolucionaria, al escuchar su nombre, se volteó y se encontró con los rostros de las dos herederas de la familia Riku, pero, en lugar de alegrarse, su rostro mostró una mueca que dejó a ambas perplejas.
Mina las miró y, con horror, ladeó la cabeza.
Rebecca no lo entendió, pero Violet sí. La morena le tapó la boca a su sobrina y con desesperación corrió a otro lugar fuera de aquel caos.
-¡Violet! ¡Era Mina! ¡Debemos volver con ella! - gritó desesperada.
-¡No! - Rebecca miró que Violet estaba muy nerviosa - ¿No te has dado cuenta? ¡Es una revolucionaria!
-¿Y qué? ¡Ella nos ayudará! ¡Es mi amiga!
-¡No! - Violet sacudió con violencia a la pelirrosa - Rebecca ¿Sabes por qué ella sacudió la cabeza?
La adolescente negó con el rostro.
-Porque sabe que su victoria no está asegurada. La Armada Revolucionaria acaba de declarar un Golpe de Estado contra el Gobierno Mundial. Si triunfan comenzará la guerra más sangrienta que jamás se haya visto en el mundo entero.
-No...no lo entiendo...
-Si ella pierde, y el Gobierno Mundial se entera que somos simpatizantes con algún traidor nos ejecutarán a toda la familia, y ella sabe eso. Por eso no debemos acercarnos a ella ¿De acuerdo? No importa cuantas ganas tengas de verla o hablar con ella. Debes fingir que no la conoces, o de lo contrario seremos ejecutadas por cómplices o simpatizantes.
-Pero Lucy vendrá a...
-¡Luffy no vendrá Rebecca! ¡Acaba de terminar la terrible guerra de Wano y nadie sabe cuál ha sido el resultado! Si Luffy ha ganado, estará herido y agotado, y no tendrá fuerzas para llegar hasta Marijoa. Él no nos puede salvar ahora.
Rebecca comenzó a sentir que las lágrimas se formaban en sus ojos, pero aguantó las ganas.
-De acuerdo - miró a la morena con decisión - Sobreviviremos a esto y volveré con papá.
Violet sonrió y la abrazó.
-Sí, sobreviviremos y volveremos a casa. Te lo prometo.
