George se encontraba junto a su padre viéndolo como firmaba el último documento que le faltaba para adueñarse de lo que no le corresponde, un tanto nervioso como incómodo, él sabía del por que de su malestar, más sin embargo sé esforzaba por mantener la calma frente a su mentor.

El patriarca presentía que algo no andaba bien con su hijo mayor, cerro la carpeta de golpe quedando al aire una sospechosa hoja suelta, la vió con cierto detalle, sabía de que se trataba, con cara inexpresiva acomodó el legajo, lo sostuvo con firmeza sobre su mano, se lo entrego a George y haciendo contacto visual expresó —¿ tienes algún problema hijo?

Con el rostro un tanto nervioso el joven contesto —no, todo está bien

El empresario se paró de su silla tocándole el hombro a su hijo y le dijo —sabes que puedes confiar en mí... Si tienes alguna inquietud puedes contarmelo, entre los dos podemos encontrar una solución

George tenía un nudo en la garganta, acaso él merecía tanta comprensión por parte de aquel hombre que lo trato como a un hijo, dándole no solo una educación para que pudiera valerse por sí solo, ese hombre a quien el llamaba padre le dio una familia hermosa donde era aceptado y querido, sin reproches y sin recriminaciones. Elroy era un caso aparte, aguantarla no significa nada, claro que en ocasiones ella lo hacía sentir mal pero esos momentos amargos no eran nada a comparación de la felicidad que lo hacía sentir cada caricia que Pauna le regalaba con dulzura, cuando sus hermosos ojos azules se posaban sobre él, con ese orgullo que solo una verdadera madre puede sentir cuando ve que su retoño tiene innumerables cualidades. Callar las verdades que le retumbaban en la cabeza era hacer un trabajo sobrehumano, George carraspeo y de su boca salieron mentiras como si fueran verdades con una sonrisa fingida — no padre... Solo que estoy preocupado por mamá, su enfermedad es progresiva

El patriarca puso cara sería al recordar el desmayó de su querida esposa y por la mentira casi imperceptible de su hijo mayor, William sabía perfectamente que lo dicho por el joven no era casualidad, sus palabras tenían intención de lastimarlo para distraerlo, se sintió desilusionado por su hijo pero vería hasta donde era capaz de llegar el joven por conseguir lo que se proponía.

George tenía en sus manos el papel que lo acreditaba como el dueño de la fortuna Andrew, esos documentos le quemaban la piel como indicándole que había logrado su cometido a base de infamia, pesaba como el acero queriéndose escabullir de las manos del joven como si tuvieran conciencia propia y supieran que no pertenecen a ese lugar. Pero George se esforzó para hacer a un lado sus remordimientos saliendo del despacho del patriarca despacio y sin hacer ruido como lo haría un ladrón que sabe que lo robado no le pertenece. Al estar a solas se obligó a acomodarlos en una carpeta de piel por la importancia de los documentos.

En el pueblo se encontraban los niños Andrew paseando y curioseando al lado de Pauna, Rosemary y Elroy. Will en una oportunidad se escapó de la vista de su familia, él se encontraba parado frente a un aparador viendo unas hermosas cintas rojas de seda, sin pensarlo más entró a la tienda y las compró, la adquisición había significado una considerable baja en sus ahorros personales pero no le importo, sabía que valía la pena, su hada merecía eso y más, solo esperaba poder conseguir más para ponerlo a los pies de Candy. Con una sonrisa de satisfacción guardo las cintas en su bolsillo interior de su chaqueta porque la relación con la niña bonita era solo cosa de él, era un secreto íntimo que no quería compartir con nadie. Después compró una caja de chocolates para dárselo a su madre quien gustosa lo recibió mostrando una sonrisa alegre y orgullosa de ver en lo caballeroso que se estaba volviendo su pequeño príncipe. Pauna estaba sentada observando cómo jugaban los niños comiendo los chocolates que compartía con los demás miembros de la familia. Esos momentos eran maravillosos y Will los atesoraba en su corazón.

En la mansión Andrew estaba George caminando hacia su mujer, por su cara de preocupación más bien parecía que en vez de caminar por el jardín de rosas caminaba por las brasas del mismísimo infierno, sus pasos eran inseguros como si sus pies se resistieran para no llegar donde se encontraba una joven dama muy hermosa como elegante, el tiempo pasa para Luisa lento y para George rápido, él quiere detener el tiempo para no llegar a su matadero, pero el tiempo pasa como las acciones y ya la tiene enfrenté, la ve nerviosa por lo que están a punto de realizar, él sostiene en sus manos la carpeta de piel que alberga su traición. Ella estira la mano pidiéndole que le entregué el paquete y preguntando —¿los firmó?

George trago saliva asida mientras entregaba la cabeza de su familia en charola de plata dijo —es mi ofrenda de amor... Te la doy humillante esperando que la aceptes

Continuará...