"Acepté que mi tipo no es tradicionalmente guapo cuando mi amiga me preguntó: ¿Él? ¿Estás segura?, seis veces delante de él en el bar anoche".
H I N A T A
—¿Por qué no hemos salido en una cita antes? Esto es divertido.
¿Saben qué más es divertido? Ver el increíble culo de Naruto sobresalir cuando palmea la bola antes de hacerla rodar por la pista central, esos bolos blancos al final cayendo como dominó.
Con sus mangas subidas por sus codos, le doy a su firme antebrazo un apretón cuando pasa, dejándose caer en el banco mientras tomo mi turno.
Dios, amo sus brazos.
Quiero subir sobre él y besar todo su rostro.
Amo ese rostro.
Ese imperfecto y cicatrizado rostro.
Retrocedo, plantando un beso en el puente de su nariz antes de regresar al suelo de madera del boliche.
—Deberíamos haber invitado a mis compañeros de cuarto a venir. No creo que Haku haya estado en el boliche jamás, esa diva.
— Haku no me parece del tipo atlético.
Balanceando la bola, entrecierro los ojos en su parte superior.
—Tienes razón, no lo es. Además, no creo que metiera a propósito sus dedos en estos agujeros. —Me río de mi propia broma, dándole a mis caderas un pequeño contoneo y una sacudida para ver si Naruto lo nota.
Lo hace.
Mi brazo va atrás, se balancea hacia delante, la bola escapando de mi mano y sobre la pista de brillante madera. Rueda ligeramente descentrada, perdiendo por poco el canalón, luego pasando despacio a la derecha de los bolos.
Dos caen.
—¡Maldita sea!
—¿Quieres un poco de ayuda, nena?
Sonrío.
—Claro.
Espero pacientemente por la bola, golpeteando impacientemente en la máquina de devolución que automáticamente trae la bola de regreso al jugador. Naruto la recoge por mí cuando sale del aparato. Dobla sus brazos a mi alrededor desde atrás mientras agarro la bola rosa. Besa mi cuello. Pone sus enormes manos en mis caderas, hace que doble las rodillas.
—Mira al bolo del centro todo el tiempo —canturrea en mi oído—. Y sigue el movimiento después de soltar la bola.
Cierro los ojos, asintiendo, su voz sureña haciendo esa cosa que hace en mis zonas erógenas.
—Mmm, de acuerdo.
Gentilmente palmea mi culo antes de regresar a su asiento.
—Tienes esto.
Excepto que ahora todo en lo que puedo pensar es en cuán pronto podemos salir de aquí y desnudarnos.
Echo atrás mi brazo. Suelto la bola. Sigo el movimiento, justo como Naruto me dijo. Vuela más alto de lo que tenía intención, aterrizando con un ruidoso golpe, rodando hacia el bolo del centro. Me inclino a la izquierda… luego a la derecha, mi pierna en el aire, como si mis movimientos de alguna manera, con algún tirón gravitacional, controlarán los movimientos de la bola.
No derribo el resto de los bolos.
—¡Seis no está mal! — Naruto choca los cinco conmigo cuando se levanta—. Estás mejorando.
Mejorando. ¿Ese arrastre en sus palabras alguna vez se vuelve viejo?
—Gracias, nene.
Me paro, mis ojos perlas escaneando el boliche; está lleno, lo más abarrotado que alguna vez lo he visto en las pocas veces que he venido con amigos. Sé que es un sitio popular para pasar el rato ya que está cerca del campus, y a menudo dejan que organizaciones del campus celebren sus recaudaciones de fondos aquí.
Mi sonrisa vacila cuando mi mirada se posa sobre un grupo que luce familiar: Miembros del equipo de fútbol, reunidos en las cercanas pistas una y dos.
Gigantes entre hombres normales.
Hombres-niños, en serio, tan inmaduros como los he visto comportarse.
Sé que es el equipo de fútbol porque reconozco a Gaara Sabaku No, el linebacker y mejor amigo de mi ex novio… mi ex novio, Toneri, que levanta su cabeza plateada en mi dirección en el momento exacto que lo noto entre la pequeña multitud.
Quiero decir, ¿quién no lo haría? El tipo es enorme, y lleva una camisa rosa.
Su rostro pálido esboza una sonrisa dentuda cuando me nota accidentalmente notándolo, una sonrisa que una vez consideré encantadora y guapa, y que ahora sé que era todo para el espectáculo.
Toneri Otsutsuki no es un caballero.
Despeina su cabello plata con sus dedos, inclinando su cabeza para hablar con Gaara, sus ojos fijos en los míos. Su mano se extiende para separar a la multitud, empezando su lento caminar en mi dirección.
Ugh.
Es tan obvio en su pose de bravuconería masculina, pondría mis ojos en blanco si pensara que merece el tiempo que me tomaría.
Naruto palmea su bola, lanzándola mientras mis ojos se entrecierran, vigilando los movimientos de mi increíblemente ridículo ex novio.
Oigo sonido de un strike.
Me vuelvo para lanzar mis brazos alrededor de su cuello, bloqueándolo de la acechante figura que está empeñada en invadir mi primera cita oficial con mi nuevo novio.
Tal vez si lo ignoro, simplemente se irá.
—Hola, Hime —dice—. Hace mucho que no te veo.
Me tenso ante el sonido su apodo para mí, aflojando mis brazos de Naruto con un gemido. Me sonrojo, irritada. Me vuelvo para saludarlo.
— Toneri… hola.
Mis ojos vagan por su pecho, escaneando las palabras impresas en el bolsillo de su ordinaria camisa rosa: No soy ginecólogo, pero puedo dar un vistazo.
Un tipo elegante, mi ex novio. En absoluto un cerdo.
Me alcanza en unas pocas zancadas, sus brazos rodeando mis hombros, atrayéndome para un abrazo y me hace girar. Huele la parte superior de mi cabello como solía hacer en el breve tiempo que estuvimos saliendo antes de soltarme.
—Mmm, mmm, mmm. Maldición, Hinata, hueles tan bien como recuerdo.
Sobre el hombro de Naruto, miro a Naruto tomar un lento trago de su botella de agua, sus ojos escaneando y nunca dejando las manos de Toneri sobre mi cuerpo. En la parte baja de mi espalda.
Me encojo.
Le doy a Toneri un empujón fuera de mi espacio personal, retrocediendo tres pasos, poniendo distancia entre nosotros. Deslizo mi brazo alrededor de la cintura de Naruto cuando deja su botella de agua.
Los chicos se evalúan el uno al otro.
—Hola, hombre. —La barbilla de Toneri se inclina hacia Naruto—. ¿Te conozco?
Naruto niega con un gesto cortante.
—Nop, no creo que hayamos sido presentados.
—No, te conozco. — Toneri lo estudia más de cerca hasta que es incómodo, chasquea sus dedos cuando localiza a Naruto en su cerebro—. Namikaze. ¿No pusieron tu rostro en el lado del estadio? Por la lucha libre o alguna mierda.
Naruto asiente.
—Supongo. El equipo de marketing debe estar preparándose para los campeonatos.
—¿Qué? —Me vuelvo hacia él con entusiasmo—. ¿Estás en un cartel? ¡Naruto, eso es increíble! —Beso sus labios, incapaz de detenerme—. Imagina eso, ¡¿el rostro de mi nene está en el lateral del estadio?!
¿Estoy chillando? ¿Rebotando sobre mis pies como una niña con una sobredosis de azúcar? Hago una nota mental para celebrar la ocasión especial con crema batida y granas por todas sus partes más deliciosas.
El rostro de Toneri se contorsiona, agraviado.
—Nunca me llamaste tu nene.
No puedo evitar la burbuja de risa subiendo dentro de mí. ¿Habla este tipo en serio?
—Bueno. —Suelta un suspiro, volviendo su atención a mí. Menea sus cejas sugerentemente, el gran imbécil—. Vine a saludar, ver cómo has estado. ¿Cuánto tiempo ha sido?
—Honestamente, no tengo ni idea.
—Pues debo decir que te ves… genial. —Lo dice de una manera en que viejos y sórdidos tipos lo dicen. Hace que mi piel se erice y me acerco más a la seguridad del cálido costado de Naruto.
—Mm, gracias. —Mis mejillas están tan rojas, avergonzada de que sea tan imbécil y que malgastara mi tiempo saliendo con él. Toso. Pongo mi mano en el antebrazo de Naruto—. Por cierto, Toneri, este es mi novio Naruto.
—Su novio. En serio. — Toneri luce arrogante—. Toneri Otsutsuki, su ex.
—Ah, bien, esto tiene sentido ahora. — Naruto, desconcertado, sonríe cuando mis dedos se meten en una de las presillas de su pantalón.
—Novio, ¿eh? —Mi ex cruza sus gruesos brazos, su mirada de halcón de mariscal de campo estudiando a mi novio—. Así que no hay oportunidad que tú y yo, ya sabes… —Sus cejas hacen ese raro e inapropiado meneo de nuevo.
Naruto replica antes de que yo pueda soltar cualquier palabra furiosa.
—Amigo, ¿qué mierda?
Toneri alza las manos.
—¿Qué? Solo compruebo. Algunas parejas están en eso.
—Pues nosotros no. —Pongo mi expresión falsa—. Fue muy bueno verte de nuevo, pero nos vamos. Saluda a Gaara por mí, ¿de acuerdo?
—¿Por qué no vienes y lo saludas tú misma?
—En otro momento tal vez.
—De acuerdo. —Es tan inconsciente—. Deberías pasarte algún día, venir a la casa.
Mm, sí… no. Ya no soy una novata; su popularidad no me atrae como solía hacer… como hace en tantas chicas despistadas, persiguiendo el nombre y no el corazón.
Me acurruco en el costado de Naruto, feliz.
—Buena suerte con tu temporada.
—Sí. —Ojos grises van al chico a mi lado—. Con la tuya también, Namikaze. Fue bueno conocerte. Cuida de mi chica aquí.
Hay una larga pausa cargada de tensión. Entonces:
—No es tu chica. —La voz de Naruto es baja. Dura—. Es mía.
Vaya.
Vaya.
Vaya.
Mi boca se abre, desconectando de ellos porque, ¿qué diablos fue eso?
Es mía.
¿Y la manera en que lo dice? ¿Con convicción y su sexy acento sureño?
El interior de mis bragas se está derritiendo. ¿Naruto, poniendo límites, dejándole saber a mi ex novio que cruzó una línea? Sí, por favor.
Aprieto mi agarra alrededor de su cintura y mis pechos finalmente salen, presionándose y a mí contra él.
—Eso fue lo más sexy jamás.
Pone sus ojos celestes en blanco.
—¿Qué diablos hacías saliendo con ese estúpido? Jodidamente no puedo creer que tú…
Lo interrumpo con un beso.
—Por favor, no me lo recuerdes. No es mi mejor momento.
—Lo sé, pero, maldición, Hinata, qué jodido…
—Cariño, por favor. Para. Sé que es un imbécil. Lo entiendo. —Aparto un imaginario mechón de cabello de su frente—. No todos los chicos son tan asombrosos como tú, ¿de acuerdo? Eres un novio unicornio.
Esto pica su interés.
—¿Qué demonios es un novio unicornio?
—Raro y difícil de encontrar en la naturaleza. Y eres mío —canturreo en su oído—. ¿Qué deberíamos hacer ahora que nuestra cita ha terminado, Naruto? —En mitad del boliche, para que todo el mundo lo vea, paso mi lengua por su lóbulo—. Dime, nene.
—Dios, esa puta palabra es mi kryptonita —murmura—. Quiero…
—¿Qué?
—Quiero llevarte a casa y… —Se detiene, incapaz de pronunciar las palabras; sé que no está acostumbrado a vocalizar lo que quiere, todavía no, pero lo ha estado intentando.
Está llegando ahí.
Soy paciente, esperándolo.
—Je veux te baiser. —Roza mi cuello con su nariz, su boca en mi pulso—. Quiero follarte.
Puta mierda, no acaba de decir eso.
Tengo la erección femenina más grande ahora mismo y me esfuerzo por asentir mi acuerdo sin que mis piernas cedan.
—Sí.
—¿En serio? —Se retira para estudiar mi rostro—. ¿Solo así, nos vamos y tenemos sexo porque pedí por ello?
—Sí —repito, mis manos uniéndose en la parte de atrás de su cuello.
—Uh, ¿cuán jodidamente genial es eso? —dice–. ¿De verdad es tan fácil?
Mi risa es ligera, mis brazos todavía alrededor de su cuello.
—Soy tu novia ahora, por supuesto que quiero que me lleves a casa y… ya sabes… —Espero que mi voz suene sensual y que golpee su cerebelo en el lugar correcto—. Me folles.
—Jesús, ahora estoy duro.
—Lo sé —ronroneo—. Puedo sentirlo.
—¿Y si no puedo esperar hasta llegar a casa?
—Quieres decir, como… ¿hacerlo en el Jeep?
—Sí.
—De acuerdo.
Agarra mi mano, tirando.
—Larguémonos de aquí.
Continuará...
