METAMORFÓSIS

-¿Eries?

No pudo evitar voltear al escuchar su nombre en aquella voz que justo ahora, proyectaba sorpresa y felicidad. Estaba escondida debajo de la enorme tarima estudio que daba al extraño artefacto de Zaibach, donde Folken tenía su habitación.

-Disculpa, estaba a punto de retirarme cuando no te encontré por ningún lado, ¿pasó algo?

-Hitomi volvió a casa.

Se acercó sin más, ayudándolo a despojarse del manto blanco que cubría su garra, luego a retirarse del todo la túnica de cuero negro para que pudiera descansar solo con los pantalones y la camisa verde que parecía portar todo el tiempo.

-Así que, ¡la conmoción era por eso!, quería averiguar si el Imperio tenía algo que ver con la columna de luz, me fue imposible, estuve supervisando todos los sitios de reconstrucción y verificando la entrega de raciones en un par de templos.

-Mhm… mi hermano, tu hermana y Allen Schezard parecían creer lo mismo que tú en un principio, cuando les dije que esa luz no provenía de la máquina de Dornckik, Van sugirió que ella había vuelto a su hogar, en la Luna Fantasma.

-Ya veo.

Él se sentó en la cama, se notaba cansado, ella simplemente sirvió té de la jarra que la mucama había dejado antes de que ella entrara, endulzando el suyo apenas un poco antes de ofrecer la otra taza a su anfitrión.

-Lo lamento mucho por Allen entonces -Comentó la princesa justo antes de dar un trago a su taza de té.

-¿Allen?

-Si, él me pidió consejo hace algunos días, al parecer, le pidió matrimonio a la joven Hitomi justo antes de irse en reconocimiento con tu hermano.

-¿Y ella aceptó?

-Eso parece.

-Algo no está bien… ¿ella y Allen?

Lo miró un momento, luego de terminarse su té y notando que él no había tomado ni un sorbo todavía.

-No pensé que la señorita Kanzaki fuera de tu interés, ¿debería haberme preocupado cada vez que charlaban juntos en los jardines? -Soltó ella con un dejo de broma en la pregunta.

-No -Contestó el faneliano con calma, tomando un trago a su té antes de mirarla fijamente- esperaba que ella se convirtiera en mi hermana en algún momento, o bien que encontrara el modo de volver a su lugar de origen… nunca pensé que ella…

Suspiró aliviada, Hitomi Kanzaki le había parecido una joven extraña, pintoresca, demasiado simple y sencilla en comparación con su hermana menor a pesar de tener la misma edad, y completamente estrafalaria, claro que su lugar de origen era suficiente para explicar su extraña afición por mostrar las piernas o usar ropa que podía considerarse ropa interior masculina.

-No he tratado mucho con ella, o con tu hermano, a decir verdad, pero ¿sería posible que él no sepa cómo hablarle?

Él pareció considerarlo un momento. Ella no pudo evitar recordar el día en que su hermana contrajera matrimonio, con Hitomi colgando del brazo de un extraño guy melef zaibachiano y el Rey de Fanelia completamente desesperado por liberarla.

-Tal vez, Van no tuvo a mi madre para guiarlo en ciertos… asuntos.

Ella solo asintió, observándolo con atención ahora, decidiendo que hacer a continuación. La extraña rutina que se habían formado le había brindado una cierta seguridad estando ahí, en esa habitación, a solas con él, fingiendo ser algo que en realidad no eran y que, probablemente, no serían jamás, en otras circunstancias, seguramente habría comenzado a incitarlo de alguna manera, o quizás habría sido él quien iniciara con sus juegos… no esa noche.

-¿Te habría gustado que tú y yo fuéramos hermanos?

Él sonrió, mirándola ahora, saliendo por completo del estado pensativo en que se había encontrado.

-Sabes que sí, te habría consentido con libros y charlas, muy seguramente me las habría ingeniado para tenerte de visita cada verano, cuando los campos son de un verde tan brillante que parecen gemas, y la ciudad de Fanelia se viste de colores brillantes para recibir la temporada de cosecha con bailes, música y representaciones teatrales… claro que, eso habría sido de casarme con Marlene.

-No creo que pudieras consentirla a ella de la misma forma.

-No, definitivamente no, no la veo especialmente interesada en las cosas que a nosotros nos interesan, sin embargo, hay algo en charlar con ella que me tranquiliza… quizás el hecho de que sea tan inocente, que no es capaz de discernir del todo sus sentimientos.

Eries no pudo evitar reír, levantándose para guardar las dos tazas de té en la bandeja justo antes de sentarse sobre las piernas del dueño de aquella habitación para besarlo, envolviéndolo en un abrazo.

-Quizás si tu madre hubiera podido concebir una niña…

-… creo firmemente que habría sido como Hitomi.

Él también sonrió, abrazándola, besándola y cambiando su atención a la rutina usual, para deleite de Eries, quien realmente necesitaba el afecto y el ejercicio.

.

La hora de la comida había pasado hacía un buen rato, el sol estaba muy bajo ya en el firmamento cuando ella acababa de desocuparse. El día había sido largo entre las pocas conferencias que había ese día, las revisiones de insumos, verificar la reconstrucción y los materiales que necesitaban abastecerse, además de auxiliar a Dryden con los encargos para la guerra, de más estaba decir que las forjas habían recibido pagos por sus trabajos y más materiales incluso que quienes estaban ocupados reconstruyendo la ciudad, la guerra estaba a punto de alcanzarlos, era difícil, sabía que la obligarían a partir junto a Millerna y a su padre si parecía necesario, no deseaba hacerlo.

-¡Princesa Eries!

Uno de los hombres de Allen la esperaba justo ahora, en realidad, todos los miembros de la tripulación habían ido a buscarla para solicitar una audiencia por órdenes del caballero celeste al cual servían, ella no había podido atender a sus súplicas sino hasta ahora.

-He terminado con todo lo que tenía que hacer, Gadeth, ¿qué necesita Allen con tanta urgencia?

.

¡Era imposible!

Allen parecía feliz, conmocionado, preocupado, sincero y angustiado, frente a ellos se encontraba una joven de cabellos platinados y cortos utilizando ropas que, obviamente, pertenecían a Allen. Observándola bien, daba la impresión de que fuera más una niña de apenas dos o tres años que una mujer de quince como debía.

Era tarde, el sol ya había comenzado a pintar de colores el cielo, dando un aire más cálido al viejo cementerio en que la supuesta Celena Schezard se encontraba observando con curiosidad la tumba de su madre, más entretenida en tocar las flores, repasar las figuras y atrapar los insectos que hubiera por el lugar.

-¿De verdad ella es Celena?

No pudo evitar preguntar, luego de tantos años y de las historias que había oído de la joven, era difícil de creer que se tratara de la misma persona.

-Si… sé que han pasado diez años, pero ella es Celena, sin duda. -Contestó el caballero caelli.

La seguían observando, algo no debía andar bien y no sabía como preguntar exactamente, que Allen tomara aire para proseguir la había salvado de preguntar.

-Desde que Celena llegó… no ha pronunciado ni una palabra.

-¿Qué? ¿ni una sola?

-Princesa Eries, yo tendré que irme a la guerra y no tendrá dónde ir, ¡hazte cargo de ella, por favor!

Por un momento se preguntó porqué no le estaba pidiendo ese favor a Millerna, con quien se había vuelto más cercano, la pena que el estado de la joven le provocaba la ponía triste, podía sentirse satisfecha de ser la persona en quien Allen depositara su confianza, pero no estaba muy segura de poder hacer algo con la joven, además de hospedarla en el castillo.

-¡De acuerdo, primer caballero! No te preocupes por nada, vete tranquilo, que yo la cuidaré.

Había tomado la decisión, haría todo lo que estuviera en su poder para cuidar de aquella pobre criatura, pediría consejo a Millerna e investigaría tanto como le fuera posible, sin importar cuanto tiempo duraba aquella guerra, ella le dedicaría algo de su tiempo a Celena para ayudarla a sanar, así fuera solo para que pudiera pronunciar el nombre de Allen.

Él parecía agradecido, su semblante preocupado se había relajado un poco, entonces la escucharon quejarse, atrayendo la atención de ambos.

Lloraba a mares, lloraba a gritos, ¿acaso habría recordado a su madre? ¿comprendería en dónde se encontraba?

-¡Celena! -La llamó el rubio caballero con la preocupación más que palpable en la voz.

Celena seguía llorando, llorando con su voz cambiando de tono, algo extraño debía pasarle a la joven, la playera antes holgada se había comenzado a estirar de repente, los sonidos que producía aquella criatura ya no eran solo de pena, también de dolor, la cintura desapareciendo, el cuerpo debajo de la ropa prestada se adivinaba repentinamente más fibroso y menos delicado, más… masculino… ¡Por Jichía! ¿qué estaba pasando ahí?

La hermana de Allen se puso en pie, ¿en verdad era esa su estatura? ¿y su cabello no era platinado? ¿Por qué de repente se veía más bien de un tono diferente?

-¿Estás bien, Celena? -La llamó su hermano mayor.

La joven volteó ligeramente, Eries no podía evitar sentirse asustada, nerviosa y completamente confundida.

-¿Celena? -Había contestado la voz de un joven en lugar de la dulce voz que había escuchado minutos atrás.

No sabía cómo reaccionar, la persona parada frente a ellos no era una mujer, parecía un hombre, sus ojos tenían otro color, sus facciones eran más duras, el semblante antes inocente ahora se notaba hostil.

-¿Dónde diablos estoy? -Preguntó aquel sujeto que momentos antes había sido una joven amnésica e incapacitada para hablar, mirando ahora a todos lados, evidentemente nervioso y preocupado- ¿QUÉ ESTOY HACIENDO VESTIDO DE ESTE MODO?

Eries se sentía sumamente confundida, el joven frente a ellos no solo parecía confundido y desorientado, también se notaba sorprendido y asustado, adolorido inclusive.

Justo había comenzado agritar y lloriquear tomándose el rostro cuando Allen dirigió su mano a su espada, sin llegar a tomar la empuñadura, de pie entre ella y la criatura.

-¡MALDITO! ¿ACASO ERES UN HOMBRE CAMALEÓN?

-¡JAJUKA! ¡JAJUKAAAAA! -Había comenzado a gritar el extraño de un modo tan violento y angustiante, que ella misma había sentido ganas de gritar y salir corriendo sin llegar a hacerlo en realidad, sin importar lo que pasara, estaba a salvo con Allen.

-¡JAJUKAAAAAA! -Clamó aquel extraño una última vez en un lamento desconsolado y angustiante.

El viento comenzó a soplar con fuerza, la luz que caía sobre el cementerio a tornarse extraño, diferente, era como si la luz se refractara de manera repentina contra algo pero, ¿qué?

-¿QUÉ! -Soltó Allen tan sorprendido como ella misma, dando un paso atrás, seguramente para protegerla, con una mano intentando escudarla y la otra dudando entre tomar la espada o no- ¿QUÉ ESTÁ PASANDO?

De repente, aquella luz fragmentándose de manera anormal había tomado forma, un melef extranjero había aparecido frente a ellos, a juzgar por sus movimientos, había estado oculto en una de esas capas de invisibilidad de las que Folken había hablado en más de una conferencia.

-¡SEÑOR DILANDAU! -Sonó una voz cavernosa desde el interior de la máquina humanoide, al tiempo que el melef zaibachiano se arrodillaba y estiraba un brazo para alcanzar a la supuesta Celena.

La criatura volteó, parecía repentinamente más relajada, había murmurado algo que ella no había alcanzado a escuchar.

-¿Dilandau? -Exclamó el caballero frente a ella con la voz cargada de preocupación y enojo- ¡ESPERA DILANDAU!

Allen había exigido algo, adelantando su cuerpo, listo para hacer todo un interrogatorio militar en la zona, siendo completamente ignorado. El melef había alcanzado su objetivo, cubriéndose de nuevo con la capa tecnológica y volviéndose invisible una vez más, el viento se había vuelto salvaje apenas una fracción de segundo después, seguramente, la impresionante armadura ya había emprendido el vuelo. Ambos tuvieron que cubrirse los ojos, pétalos secos, tierra y aire les habían bloqueado la visión, ambos habían buscado en vano alguna señal que les diera la ubicación de aquella máquina mortal, sin encontrar nada.

-No, ¡NOOOO! ¿DÓNDE ESTÁ MI HERMANA? ¿QUÉ DEMONIOS LE HICIERON A CELENA?, ¡DILANDAUUUUU!

No podía culpar a Allen por tener aquella reacción, simplemente se aproximó a él, tomándolo de un brazo y jalándolo un poco, sintiendo como aquel hombre rabioso se tensaba, temblando completamente de furia y frustración.

-¡BASTA ALLEN!

-¿Qué le hicieron a Celena? ¿Porqué? ¿qué demonios hacía Dilandau en este lugar? ¿PORQUÉ?

Lo soltó, él necesitaba sacar un poco de frustración y ella necesitaba pensar. Era extraño, todo lo que había pasado era extraño, una niña extraviada volviendo a su casa en los bosques sin poder hablar luego de años perdida, sin reconocer nada a su alrededor; una joven llorando de dolor frente a una tumba y convirtiéndose en un hombre; y luego estaba el melef de Zaibach que parecía haber estado ahí todo el tiempo, esperando a ser llamado por ese tal Dilandau… Dilandau… el nombre le sonaba de algo, pero, ¿de qué?

-¡MALDITO BASTARDO! ¡REGRESA! ¡POR FAVOR! ¡Por favor!

-Allen, ¿Quién es Dilandau?

La mano de la espada del caballero había estado dando vueltas en el aire, acercándose peligrosamente a la empuñadura y alejándose tan pronto el arma estaba a su alcance, el comportamiento errático de Allen la preocupaba más, incluso, que lo que acababan de presenciar.

-Dilandau Albatou es uno de los líderes militares de Zaibach, uno que estuvo dándole caza a Van desde que Fanelia fuera incendiada.

Era horrible, ¡era espantoso!... y entonces la idea llegó.

-Debemos hablar con Folken, él podría saber algo al respecto.

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-¿Estás segura? -Había preguntado su amante conforme ambos avanzaban al despacho del rey, dónde Allen y Dryden ya los esperaban.

-Eso fue lo que vi, y lo que me dijo Allen, si sabes algo…

Ambos se detuvieron justo antes de llegar a la vuelta en el pasillo que los conduciría al despacho. Folken la abrazó entonces, ella le devolvió el abrazo también, lo necesitaba luego de lo que había pasado en la tumba de Enzcia.

-Lo haré, no te preocupes, gracias por informarme de qué se trata, me das tiempo a ordenar mis ideas.

Un beso y ambos se dirigieron al despacho.

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-Dilandau, su origen es de las pocas cosas que yo no he podido descubrir, pero, lo que sí sé, es que él siempre estaba en tratamiento con los magos.

-¿Con los magos? -Repitió Allen en murmullos.

-Si, los hombres de más confianza de Dornckik, los encargados de las ciencias en Zaibach; tengo entendido que ellos hacen toda clase de experimentos con hombres, directamente, y los resultados pueden terminar en una alteración total del sujeto.

-¿Alteración total? -Gritó el caballero caelli.

Tanto Millerna, de pie junto a ella, como Dryden parecían un espejo de lo que ella misma había sentido ante aquella confesión, eso significaba que la pequeña hermana de Allen había sido secuestrada para usar como sujeto de experimentación… entonces… ¿era la hermana de este quien les había dado caza por tanto tiempo?

Folken miraba al suelo, para otros podría parecer frío e indiferente, Eries en cambio podía notar cuan apenado estaba de ser él quien tuviera que abrirles los ojos sobre lo que había pasado, aun si no había sido su culpa en lo absoluto, el que su cabello estuviera un tanto despeinado, más similar a como lo usara en su juventud, no hacía más que darle un aire contrito y melancólico.

-¡Celena entonces…! ¿Celena es…?

Folken simplemente asintió con su cabeza, parecía incapaz de hablar.

-Lamento mucho la situación, en verdad.

Allen se lanzó contra Folken, tomándolo del cuello de la ropa, zarandeándolo con ira.

-¿LO LAMENTAS? ¿ESO ES TODO?

-¡BASTA ALLEN! ¡SUÉLTALO! -Ordenó Dryden de pie al lado de ambos hombres e interponiendo uno de sus brazos entre Folken y Allen.

-¡ESOS MALDITOS DE ZAIBACH USARON A MI HERMANA PARA HACER EXPERIMENTOS!, ¿Y TÚ SOLO LO LAMENTAS?!

Folken no dijo nada, evitó incluso ver a Allen a los ojos, mirándola a ella en cambio, que tenía las dos manos entrelazadas junto a su pecho, mordiendo uno de sus labios para no salir corriendo a interponerse entre ambos, sabiendo de sobra que ella solo estorbaría. Lo vio suspirar y luego mirar a Allen a los ojos.

-Yo no fui quien la robó de su casa, yo no fui quien la usó para hacer experimento alguno, yo ni siquiera supe que Dilandau era originalmente una niña, Lord Dornckik simplemente lo asignó a mi fortaleza hace poco menos de tres o cuatro lunas en contra de mis deseos.

Dryden había estado forcejeando con Allen todo ese tiempo, Folken se había quedado en su lugar, su mirada denotaba lástima, un poco de fastidio y bastante pena por la situación, en cuanto a Allen, había terminado por soltar al antiguo estrategos, con su rostro encarando el suelo y los puños apretados, doblándose sobre sí mismo, de nuevo parecía que estuviera a punto de romperse.

-¿Porqué no los detuviste, si sabías que hacían experimentos con personas?

Eries notó como la atención de su hermana y su cuñado habían saltado de Allen a Folken al terminarse aquel reclamo, Folken simplemente volteó a la ventana, mirando algo que ella no alcanzaba a ver, antes de regresar su atención al caballero caelli.

-Porque jamás tuve poder sobre los magos, mi opinión con respecto a este tipo de acciones nunca fue tomada en cuenta, incluso creo que era una opinión despreciada entre los demás estrategos y el emperador, así que, luego de algunos años de decir abiertamente lo que pensaba, dejé de hacerlo, como dije, no era yo el que hacía el trabajo sucio en cuanto a la experimentación con humanos.

Hubo un silencio increíblemente pesado y tenso en el despacho, ella no pudo evitar mirar al hombre al cual había amado por tanto tiempo, sin atreverse a juzgarlo de modo alguno, luego de todo lo que habían hablado, luego de todo lo que habían pasado, estaba bastante segura de que él decía la verdad.

-Muchas gracias por esta información, Folken -Dijo Dryden, rompiendo el silencio y la tensión- puedes regresar ahora a tus actividades, yo me encargaré de ayudar a Allen a sobrellevarlo todo.

Él simplemente inclinó la cabeza en asentimiento y comenzó a caminar, mirándola a ella por el rabillo del ojo sin voltear, ella esperó a que la puerta se cerrara entonces, quería voltear, quería seguirlo, la noche había caído finalmente, apenas terminara la cena, sería libre de ir con él y vivir por un rato la vida que sabía que no podría tener en otro momento.

-Lamento mucho lo ocurrido, Allen -Se disculpó ella, acercándose unos cuantos pasos, sin atreverse a tocarlo por nada.

-No, no, Eries, soy yo quien lamenta lo ocurrido, te puse en peligro, pero es que yo…

-Si hay algo en lo que pueda ayudar ahora… -Se ofreció ella, sinceramente apenada.

-Yo también te ayudaré en lo que necesites Allen -Se apresuró a hablar Millerna, acercándose del todo y posando su mano en el hombro del caballero.

Dryden miró al rubio, luego a su esposa, a Eries no le gustaba nada lo que estaba viendo en la mirada de su cuñado en aquel preciso momento, con Allen levantándose, tomando la mano en su hombro y llevándola a sus labios para besarla, antes de soltarla de nuevo sin atreverse a levantar la mirada.

-Les agradezco a ambas, pero, creo que necesito estar solo por un rato.

-Si necesitas algo, Allen, cualquier cosa -Ofreció Dryden esta vez- no dudes en pedirlo.

Allen no contestó, asintió un momento antes de comenzar a caminar a la salida, retirándose del lugar, con Millerna mirándolo todo el tiempo y Dryden viendo a Millerna a su vez.

Realmente, no le gustaba nada lo que acababa de ver, ni la transformación de Celena, ni lo que fuera que le había pasado a Dryden por la mente.

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Notas de la Autora:

¿Que les ha parecido este cap? tuve que mirar una y otra vez el cap donde Hitomi se va de Gaea sola y el otro dónde encuentran a Celena y... ¡Oh por Escaflowne! La escena dónde Folken habla sobre Dilandau es la única escena EN TODA LA SERIE en que Eries y Folken aparecen en la misma habitación, ¡me emocioné tanto viendo esto! en fin, feliz fin de semana y bueno, nos vemos entre martes y miércoles.

SARABA