No sabía que estaba ocurriendo. Dentro de ella aun tenía esa extraña batalla interna en la que no sabía si besar con amor o pasión al compañero de piso que tenía. Todo se había salido de madre en un abrir y cerrar de ojos: de visualizar un precioso futuro de película americana a desear la muerte y sexo duro en el que se mezclaban todos aquellos sentimientos confusos. Todo aquello aderezado con un extraño y maníaco abuelo abogado con ínfulas de mafioso. Era inestable, explosivo, pero muy adictivo, como una coca cola con chispazo de Martini después de un duro día de trabajo con pequeños.

Todo porque ella había sido la mayor de las idiotas del planeta.

Debía ser sincera y reconocer sus errores: no debió acudir al que se hacía llamar su abuelo por el trato de Leia hacia su persona, no debió volcar sus frustraciones pasadas y, desde un principio, sabía que no debió iniciar una relación interesada con Ben Solo. El karma le estaba devolviendo con creces cada mala acción y decisión que había cometido desde el momento en el que conoció a Ben Solo.

Era la mayor de las idiotas.

Escuchar los suaves y pequeños ronquidos de Anakin le decían que solo se había caído rendido. En cuanto despertara le haría las tantas preguntas que tenía en mente y cerraría puertas para que no pensara que ella se iba a ir de sus vidas. Pero todo había cambio: él la veía como su ex-esposa. No veía en sus ojos ese reflejo de luz que tanto la había encandilado. Ella se había esmerado en borrarlo. Ya solo quedaba esa chispa que encendía la pasión cada noche. Se había trabajado cada mirada de desprecio y orgasmo sin sentimiento que le había dedicado.

" ¿Rey? " aquella llamada de atención de parte de Ben la despertó de sus pensamientos. Estaban en la mal decorada habitación de Anakin, arropando al pequeño que aquella camita con sabanas de naves espaciales.

" Vamos " le ordeno en susurro Rey mientras intentaba salir sin tocar ningún juguete del suelo.

Ben imitó sus movimientos y cerró la puerta con suavidad. Ambos se miraron por un momento y, bajo un pesado silencio, se sentaron en el sofá. No encendieron la televisión, simplemente se sentaron para ver la oscura pantalla. Su reflejo delataba el nerviosismo de ambos, aquel extraño acto de Anakin y, sobre todo, aquel extraño libro que tenía el pequeño sobre sus manos. Quería hablar de aquel libro, pero ninguno de los estaba dispuesto a sacar el tema.

" Rey, creo que tenemos que hablar " ella asintió, algo preocupada. Aquellas palabras nunca habían sido buenas. Ambos se giraron para quedar frente a frente. " Esto no funciona y, por culpa nuestra, Anakin está… ¿bien?¿mal? Ya ni se como está mi propio hijo "

" Ben...esto no es culpa tuya. Es mía " fue lo primero que dijo ella. La mirada del padre desesperado se clavó sobre ella " Fui yo que empezó con todo esto, no debí hablar así contigo o con el que dice ser mi abuelo, no debí hacer caso a tu madre y… debí ser sincera todo este tiempo. No solo sirves para un polvo Ben. "

" ¿Todo esto es por qué te ha dado pena mi hijo o porque has vuelto a discutir con Nova? " la pregunta estaba llena de veneno. No lo culpaba, todo ello lo había creado ella y se lo merecía. Sus ojos pestañearon varias veces para evitar que se viera cualquier lágrima delatadora.

Ben se tomó su tiempo para fijarse en el rostro de ella, en como sus mejillas se encendían en un suave tono rosado y pestañeaba para que lindos y brillantes ojos no dejaran caer una lágrima. El pelo revuelto mal recogido en una coleta delataba una ligera dejadez en si misma y, la forma en la que sus pequeñas manos se juntaban en un guiño claro de nerviosismo revelaba mucho más que sus propias palabras. Ella apartó la mirada, avergonzada, e hizo además de querer marcharse, pero él agarró su brazo y tiró de ella para que estuvieran más juntos. Estaban frente a frente y notaba la suave respiración de ella en contra de sus labios, enciendo en Ben el deseo de besarla a pesar de no estar en la mejor de las situaciones.

" Lo siento " aquel suave susurro estaba lleno de nerviosismo y sinceridad difícil de fingir " Lo arreglaré todo y... "

" No prometas, por favor " pidió él de forma seria pero sin romper aquel meloso ambiente que habían formado ambos " solo quedate con nosotros… conmigo "

Rey entendía aquella suplica. Ya entre ellos habían demasiadas cosas rotas y recomponerlas con promesas igual de frágiles daban la sensación constante de que podía volver a querer marcharse en cualquier momento. Sin dudarlo un solo segundo más, Rey besó los secos labios de Ben, quien no tardó en corresponder. Poco a poco fueron encendiendo aquella llama que habían extinguido a base de errores, queriendo sellar a cada beso aquel amor que ambos se procesaba con sinceridad, complicidad y, sobre todas las cosas, ese amor sincero que se había creado entre ambos. Se separaron por un momento para reírse de la situación, puesto que daba la sensación de estar dentro de una serie americana.

Sin cenar, aun con la misma ropa de cuando salieron a buscar a pequeño Anakin, se tumbaron en la cama, abrazados. Solo querían descansar uno sobre el otro, dejando que el peso del duro día diera la bienvenida a los sueños más placenteros. Ya tenían una vida larga entre ambos para compartir la cama de formas más salvajes.

" ¡Papa! " se escuchó en la puerta. Era la mañana siguiente y, el joven padre, se despertó entre los gritos de su pequeño. Se había despertado con gran energía. Se giro para ver el dormido y tranquilo rostro de Rey, quien a pesar de los gritos de su hijo, no se había despertado. Poco a poco se separó de ella para poder ir con el pequeño a la cocina.

" ¿Qué hacías durmiendo en el despacho de la abuela? " preguntó mientras abría el frigorífico buscando que desayunar

" ...sabía que la abuela había cogido un libro de casa sin decirte nada y quise recuperarlo "

Sabía que su pequeño le estaba, en parte, mintiendo, pero no iba a enfadarse con él en ese momento. Se había quedado pensando en el hecho de que aquel libro estaba abierto y que su futura mujer sabía de la existencia pero no del contenido. Lo que más le preocupaba era que su madre había metido sus narices donde no le llamaban, cogiendo lo que no le pertenecía. Debió de ser en un momento del descuido, se daría cuenta de que tenía y por ello se lo llevaría.

" ¡No cocinéis nada! " se escuchó a Rey desde la puerta. Debió de notar su ausencia e imaginar que era lo que iba a hacer.

Como si nada hubiera ocurrido durante aquellos días, se formó un ambiente familiar de desayuno en el que Rey preparó uno de eso sanos desayunos que sorprendían a Ben.