Por algún extraño y muy despistado motivo de mi parte, iba a subir el capítulo siguiente antes de el correspondiente xD como lo dije en ¡Es culpa de su aroma! les reitero que espero sinceramente que estén en cuarentena, cuidando los suyos y sin ser contagiados. Si no, al menos cuídense lo más que puedan, dado que al final el contagio va a ser más o menos inevitable. Yo estoy sana, pero con trabajos y tareas que debo cumplir, por lo que tanto tiempo no tengo. No obstante, haré el esfuerzo por cumplir tanto con ustedes como con mis obligaciones (uno más divertido que el otro xD) porque no soy yo si no escribo un rato. Lo mejor de mi semana es sentarme a escribir C:
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El cumpleaños de la señorita Hydra Isworthy. Parte cuatro.
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La verdad es que no recordaba bien cómo bailar. Criado por un señorito de sociedad y un hombre común, James había aprendido cómo bailar, hablar y pararse. Sin embargo, aquellos conocimientos sólo le servían de vez en cuando y obviamente no en un bar. Pero Giselle de alguna forma lo había adivinado y había sido ella quien había puesto la mano en su cintura. Y estaba guiando el baile como si James lo hubiese hecho, algo que el hombre agradeció. En una de las esquinas se encontraba Lily bailando con Draco y ambos le miraron con una obvia curiosidad, pero era algo con lo que podía lidiar luego.
–Él está parado en la orilla de la pista, pero no mires –le secretó ella cuando él –o ella misma– le hizo girar. James miró por el rabillo del ojo con la excusa de agarrar la otra mano de la chica para verle. Y sí. Ahí estaba. Con cara de querer hechizarlo como si James hubiese hecho algo malo –Creo que me va a hechizar –
–Sólo ignóralo –sentenció él, decidido a que al menos podía joderle la noche un rato. No tenía intención alguna de acostarse con Giselle, como hubiese hecho antaño, pero aquella escena le había trastocado un poco. Un poco mucho. Además, ella estaba comprometida y él no podía comportarse como un crío. Su hijo merecía un padre decente. O al menos uno que intentaba serlo. –Y… ¿Cómo es él? ¿Tu prometido? –ella hizo una mueca, pero pareció pensarlo un poco.
–Es un buen hombre –sentenció. James negó con la cabeza.
–Sólo dices eso, pero nada sobre él. ¿Tan mal es? –
–Oh no, Wilfred él… es realmente bueno –dijo inmediatamente. James la dirigió un poco más al centro y un poco más lejos de Teddy. No tenía intención de que el auror fuera a escuchar algo de lo que hablaban – Se dedica al rescate de reliquias antiguas en el ministerio de magia y los Lehnsherr son una estupenda familia –admitió ella.
–Entonces sabe sobre pintura –dijo él. Ella asintió.
–Si, él… me llevó a una exposición de arte increíble hace un tiempo y… siempre me escribe cartas y me manda regalos –Al menos parecía más entusiasmada que al principio. Quizá y sólo quizá se debía a que ella no pretendía casarse con él o no estaba enamorada. Pero si tomaba en cuenta que era un compromiso arreglado, al menos él se esforzaba por llevarse bien con ella.
–¿No se ven muy a menudo? –ella negó con la cabeza.
–No yo…estuve en Irlanda un tiempo largo. Visitando a un familiar enfermo. Wilfred pretendía venir, pero su trabajo se interpuso –parecía algo aliviada al respecto. James arrugó el entrecejo. Eran señales tan mezcladas que no podía adivinar si le quería o no. Quizá Lily tendría mucha más suerte que él en ese tipo de asuntos. Estaba claro que, en asuntos de amor, James era una real mierda –Y… ¿Y tú? ¿Por qué has dormido tan poco? –
–Oh, soy padre ahora. Mi hijo demanda bastante tiempo –ella asintió, sonriendo un poco. James la hizo girar una vez más y logró ni pisarla ni tropezarse. Lo cual era un gran mérito en aquellos momentos.
–Ya veo. ¿Es muy grande? ¿No tienes una chica que te respalde? –
–¿Una chica? –él alzó una ceja, riéndose un poco. Tenía sus buenas semanas sufriendo de abstinencia por la llegada de su hijo y luego, porque Teddy se había ido con él. Ni siquiera podía pensar en alguien más que no fuera el cabrón hipócrita que le fulminaba con la mirada. Ahora mismo no estaba para chicas. Ni para nada en realidad –No hay chica. Soy padre soltero. De vez en cuando una prima lo cuida, pero sólo soy yo y Teddy, quien vive conmigo –
–¿No estaba casado? ¿Qué edad tiene tu hijo? –
–Eso mismo me pregunto yo ahora –admitió él, no sin sonar amargado. Ella asintió con comprensión, como si entendiera por lo que estaba pasando. Quien sabía, quizá si lo estaba. Tampoco se había visto sorprendida por su paternidad, ahora que lo pensaba –Edward tiene siete meses. Es un bebé muy tranquilo, casi no me da problemas –tranquilo, hermoso y perfecto. Que Merlín y Draco lo perdonaran, pero era hasta más lindo que Cissy de bebé. Él la hizo girar otra vez. Ella lo hizo lentamente, dándose el tiempo para observar a su alrededor.
–Él está a un paso de cruzar la pista de baile –anunció en voz alta, notablemente divertida. James tragó saliva.
–¿Por qué me arrastraste acá? –preguntó finalmente. No lo había pensado inicialmente, y con la conversación se le había ido de colación. Pero ella habló de fastidiar a Teddy como si conociera la cercanía entre ellos dos. O peor… los sentimientos de James. El rostro de Giselle se volvió pensativo unos segundos.
–Yo soy…–
–¿… Legeremante? –murmuró él, alzando una ceja. Ella le miró con el entrecejo fruncido.
–No, siempre tuviste la mala costumbre de interrumpirme cuando no debías –protestó. James le sonrió como gesto de disculpa. Ella negó con la cabeza, no dándole importancia –…observadora. Soy observadora. Puede que ya no pinte tanto como antes, pero sigo siendo artista, James. Y soy sensible. Es obvio que estás despechado. Y es obvio, que él está celoso –James tragó saliva al mismo tiempo que su cabeza comenzaba a procesar a toda velocidad. ¿Despechado él? ¿Por qué, si él no era nada más que un familiar? ¿Debido a que no era suyo ni nunca lo sería? ¿Debido a que él aún amaba a su mujer y a James no podía evitar molestarle? ¿Y que había con ese comentario sobre los celos de Teddy?
–¿Qué? ¿Lo está? –preguntó, aunque se sintió un imbécil por hacerlo. Teddy siempre había sido sobreprotector con él, desde que tenía memoria. Y no podía olvidar aquel comentario de hacía un rato y días atrás, cuando se había enfadado por su asesor financiero. Pero nunca se había inclinado a verlo como celos, más bien… sólo como parte de su horrible personalidad.
–Hay que ver lo ciegos que pueden ser los hombres a veces… –se lamentó ella, en voz alta. James arrugó la nariz. De alguna manera se las habían arreglado para seguir bailando y que su cabeza procesara al mismo tiempo. Y el baile estaba terminando y James milagrosamente no la había pisado ni una vez, pero sí que había estado a punto. Sin embargo, ella apretó su mano y llamó su atención, lo que le obligó a volver a la realidad. –Sólo mira –murmuró. Y justo cuando la canción daba sus últimos acordes y el baile se podía dar por terminado, ella subió una de sus manos hacia su cuello y le sonrió con aquella sonrisa gamberra que si recordaba para acercarse a él.
Y le dio un beso en la boca, cosa que lo tomó por verdadera sorpresa.
No fue más que un simple contacto de labios y pudo asegurar que ningún otro bailarín se dio cuenta, pero fue suficiente como para que la vista de James se fuera rápidamente hacia la orilla de la sala. Y se sintiera alarmado con lo que vio.
Teddy se acercaba hacia él dando grandes zancadas y con una cara de odio bastante terrorífica.
–Creo que iré por mi tía –anunció ella, guiñándole un ojo. James se quedó parado en su lugar, atónito y aún sin procesar lo ocurrido. ¿Hace cuánto que no era besado por otra persona? ¿Seis meses? ¿Quizá más? ¿Por qué tenía que ser justo frente a la única persona que no tenía que verlo? Giselle, por otro lado, parecía bastante pagada de sí misma. Y durante esos segundos antes del desastre, James podría haber jurado que se había parecido bastante a aquella novia que tanto le atrajo en su juventud –Nos vemos, Jim –
James no le dijo adiós, no alcanzó. Porque antes de que siquiera intentara decir algo, su brazo izquierdo fue tironeado casi sin ninguna contemplación.
–¿A qué crees que estás jugando, James? –
Ah, mierda.
