Disclaimmer: Hey Arnold le pertenece a Craig Barttlet, todo lo que se reconozca en la historia lo he tomado prestado sin ánimo de lucro y no voy a quedármelo... fue con v de vuelta.

IMPORTANTE

¡Hola de nuevo! Quisiera iniciar diciendo que si no has leído el capítulo 7 de mi historia 'Before Chronicles' entonces, quizás te puedas llegar a confundir un poco en un párrafo por ahí... verán, yo entro en una especie de transe cuando escribo, es como si tuviera que desconectarme para que la inspiración tome control de mí y muchas veces no tengo idea de lo que he escrito hasta que lo leo, como si hubieran dos personas dentro de mí y una no sabe lo que la otra hace (Ayer me he visto la peli de Fragmentado, y soy un poco influenciable jeje) Así que, una vez terminé este capítulo y lo volví a leer, me di cuenta que sin querer hice alusión al capítulo que subí anoche sobre lo que había ocurrido en el baile de graduación de los chicos y tuve toda la intención de quitarlo, pero entonces me di cuenta de que no tenía el mismo impacto, y no quedaba conforme si lo quitaba. Así que los invito a leerse ése capítulo por lo menos antes de leer este, que aquí seguiremos, no iremos a ningún lado en lo que van a 'Before' y vuelven. Si no les apetece, yo ya se los he advertido... XD

Muy bien, dicho eso, en respuesta a los reviews que me han dejado en los últimos capítulos, que por cierto les agradezco desde el fondo de mi corazón, no saben lo feliz que me hace leerlos:

Violet Hello

gracias por tu review, sólo me gustaría saber si te has enamorado de la historia o de mi versión de Gerald porque a veces me pasa que me gustaría toparmelo por ahí, sólo como fuente de inspiración, claro. ;)

MyMindPalace221b,

me encantó tu #ESITips, y estoy completamente de acuerdo contigo, el sexo seguro te pone más duro... o cómo va? XD jajaja, en fin, intencionalmente la escena fue así por un poco de drama que está por venir. Ya sabes, porque no tenemos suficiente hasta ahora... ;) y me ha puesto a tope que te haya gustado el capítulo, es la primera vez que escribo una escena así y tenía ansiedad de arruinarlo. Espero poder leer otro review tuyo que de tan buen humor me ponen.

Mario DV

Creo que no te lo he comentado a ti, pero mi novio ya lo sabe... te has convertido en mi amor platónico, chaval. Y he de decir que me encanta leer tus reviews con la voz de Drácula del anime de Netflix 'Castlevania' rezonando en mi cabeza. Que me escribas no sólo me hace feliz, sino que hace sentir orgullosa, gracias por compartir conmigo tus impresiones de los capítulos, creeme que lo atesoro. Y como siempre tan perceptivo, así es, Miriam ha aceptado lo que pasará, sabe que ha cometido errores y prefiere pasar el tiempo que aun le quede intentando compensar a su familia y no enclaustrada a una cama de hospital. Ya casi es navidad y tendrán que pasarlo en medio de todo este drama, el capítulo de hoy es sólo el preludio y como otros que lo han sido, sólo es la calma antes de la tormenta que le espera a Helga y Gerald.

Drinea

¡Hola! Qué emocionada estoy de ver un review tuyo de nuevo y saber que sigues leyendo la historia y que te está gustando, espero que este capítulo también te agrade (aunque sinceramente, el capítulo anterior ya es mi favorito)

Allison Dawn

Hola Allison, comparto tu opinión, hay muy pocos fics sobre ellos dos como pareja, y es una lástima porque siento que tendrían mucha química en pantalla, pero hago mi mejor esfuerzo por contribuir a que eso cambie. Me gusta leer sobre parejas no convencionales y esta es de mis favoritas. Me halagas con tu opinión y espero volver a leer de ti pronto, que disfrutes la continuación.

El ruido de sus pies estrellándose contra los charcos de agua de los callejones se perdía entre el ruido de fondo que producían las sirenas policiacas.

Sentía su corazón golpeando contra sus costillas.

Sus fosas nasales ardían. El amargo sabor de sus jugos gástricos inundaba su boca, mientras él hacía un esfuerzo por tragar y seguir corriendo.

Huir.

Siempre supo que después de hacer lo que planeó, ése sería el único destino para él… huir.

Y aun así, corriendo sin un rumbo fijo, sin un verdadero plan de qué vendrá, sin nadie a quien recurrir y cada vez menos posibilidades de conseguir librarse de los policías que lo buscaban por Hillwood… esbozó una sonrisa de satisfacción mientras dos lágrimas rodaban por sus mejillas.

Consiguió lo que se proponía, consiguió demostrarle a Rhonda que él, y sólo él, era capaz de cualquier cosa por ella… hasta arrebatarle la vida a alguien. Porque él no era ningún cobarde, no. El recuerdo del día siguiente al baile de graduación donde fue llevado por agentes a la comisaría para ser interrogado, y que el padre de Gerald confirmara su coartada, él estaba en la biblioteca, había un video de vigilancia y el testimonio de la bibliotecaria de que él estuvo ahí durante las horas en las que fue cometido el crimen. No encontraron veneno en ninguna bebida, ni en el sistema de ningún asistente a la celebración que había terminado en desgracia, lo que habían liberado los sprinklers era el agua de la red de combate contra incendio, nunca hubo ningún antídoto, porque nunca hubo ningún peligro. Él los engañó… los engañó a todos… e hicieron lo que él quería, sin que tuviera siquiera que ensuciarse las manos. No pudieron probar que él tuviera alguna relación directa o indirecta con la muerte de Josh Evans y lo único que consiguió el padre de Rhonda fue una orden de restricción en su contra… mientras era liberado, lo último que le dijo aquel día la pelinegra antes de que él se viera obligado por un año a mantenerse en las sombras, fue "Eres un cobarde… ni siquiera te atreviste a hacerlo tú… convertiste a otros en asesinos, cuando el asesino eres tú… te odio" y esas palabras se grabaron en él como labradas en mármol… Ahora, casi dos años después, por fin tendría claro ella que él no era ningún cobarde. Ella lo retó. Ella le miró por debajo del hombro porque usó otros medios, mucho más elegantes, para alcanzar su objetivo en aquella ocasión… pues no más.

Y tenía muy claro el precio que pagaría, estaba en paz con ello, pero a pesar de eso, su corazón dolía ante la idea de vivir sin la opción de volver a verla… a ella… porque nunca hubo nadie más… siempre fue ella.

Ahora, bajo la lupa del miedo y la desesperación, se daba cuenta de que había cometido un error. Aun si nunca lo encontraban, ¿Cómo volvería a verla?

Esa realización le obligó a frenar su carrera.

Jadeando, con sus latidos martillándole la cabeza, se vio a sí mismo entre los muros de un callejón sin salida. No sólo metafóricamente, sino literalmente, al estar atrapado en sus pensamientos, no se había dado cuenta en dónde giró hasta que entre la oscuridad fue capaz de distinguir las formas del muro frente a él.

Debían ser las nueve de la noche.

Escuchó demasiado cercanas las voces de los policías que bajaron de las patrullas para buscarle a pie. No los había perdido. Corrió tanto, sin descanso, para nada. Entonces, se aventó dentro del basurero justo a tiempo para evitar la luz de las linternas del par de agentes que dudosamente se aventuraron dentro del callejón. Escuchó cómo lo buscaban, removieron las bolsas que estaban hasta arriba del basurero, pero él se mantuvo quieto y en absoluto silencio. Tuvo suerte de que no buscaran más a fondo, y más suerte de que no llevaran canes… cuando finalmente concluyeron de que ahí no había nadie y se fueron, él esperó algunos minutos más para salir de su escondite improvisado.

¿Ahora qué?

Estaban llegando al hospital general de Hillwood, Gerald había visto impotente cómo crecía la ansiedad, el miedo y la angustia en el rostro de Helga... siendo como era, seguramente no era nada más por Harold y Lorenzo, o por su madre… también estaba pensando en que seguramente vería a Arnold.

La sola idea lo enervaba.

Haber estado con ella había sido…

Embriagante.

Helga era tan intensa como las emociones que transmitían su palabra escrita. No tenía muchos puntos de referencia, ya que él sólo había intimado de esa forma con Phoebe. Ella era mucho más delicada, cada vez que se besaban tenía miedo de romperla con sus manos. Había algo en la torpeza de la oriental a la hora de tocarlo, que la volvía imposiblemente tierna. Él siempre temía hacer algo mal, por alguna razón el peso de las expectativas no desaparecía de sus hombros y temía que si decía algo o actuaba fuera de tono, ella pudiera molestarse o sentirse violenta.

Gerald siempre tomaba a Phoebe por la barbilla, su mano pareciendo enorme comparada al delicado semblante de la pelinegra, alzándole el rostro con delicadeza para franquear la diferencia de alturas, y entonces la besaba larga y dulcemente.

Helga era completamente diferente.

Ambos se sujetaban con fuerza, aferrándose al otro, como si el miedo a perderse fuera mutuo, y todo se volvía pasión, intensidad, ardor y necesidad, una necesidad que no se saciaba por más cerca que estuvieran, sólo la alimentaban. Podía acariciarla con sordidez, hacer como le placiera, sin medias tintas, sin contemplaciones, porque ella era tan despiadada, cruda y poderosa como sensible, frágil y femenina… como una fuerza de la naturaleza que en toda su destrucción aun despedía una fascinante belleza que arrebataba el aliento a cualquier espectador.

Cuando se besaban, arrasaban con el otro, sin clemencia, sin tregua, dejándolo todo.

Provocándose, tentándose, saboreando cada resquicio uno del otro…

El recuerdo de lo que pasó esa misma madrugada, conseguía estremecerlo al punto de sentir una ola de posesividad recorrerlo. Él nunca se consideró ese tipo de hombre. Con Phoebe no lo fue. Pero pensar en que Helga y Arnold se encontrarían frente a frente una vez más, le ponía tan celoso que lo enfermaba desde sus entrañas.

Quizás por eso lo hizo.

Quizás porque le llevaba dando vueltas a tantas cosas que perdió la cabeza.

Quizás porque no había otra cosa que quisiera hacer con más fuerzas que aquello.

-Helga- sujetó la muñeca de la rubia, y la giró, aferrándola de las caderas, y la besó. No le importó que detrás de ellos estuviese su familia y la de ella, no le importó que estuvieran en Hillwood, en el hospital donde sus amigos seguramente también estaban, besarla era, ahora, lo único que parecía poder mantenerle cuerdo, como si las últimas horas le hubieran desquiciado, como si él fuera un adicto padeciendo la agónica abstinencia de su droga.

-¡Gerald!- y lo supo antes de interrumpir el beso y girarse con el corazón bombeándole en las sienes, quién era la dueña de esa voz.

Se encontró con el rostro de Phoebe, deformado por la traición y una infinita decepción mezclada con el dolor más profundo.

Él le había roto el corazón.

Ella lo vio besando a la chica de la que siempre se sintió insegura, confirmándole todos aquellos argumentos de sus discusiones, dándole pie a creer que ella tuvo razón durante esos episodios de celos vividos tiempo atrás. Dio un paso adelante, y en cuanto se movió, ella salió corriendo y él se detuvo, dudando de qué hacer, sintiéndose incapaz de girarse a buscar la mirada de Helga, y al mismo tiempo, la duda de saber cómo se sentía ella lo carcomía.

-¡Ve tras ella Gerald!- le arreó un pescozón su madre que le hizo reaccionar. Fuera cual fuera la situación en la que ahora estaba parado con Helga, Phoebe había sido su novia ocho años… y hasta hace unas semanas, él la amaba, estaba convencido de que era el amor de su vida y que sería la mujer con la que construiría un hogar y una familia… le debía por lo menos una explicación.

Reuniendo todo el valor del que fue capaz, se giró a ver a la rubia, en sus ojos había rabia contenida, probablemente porque su actuar le había parecido imprudente, pero aun así, hizo una seña con un movimiento de cabeza en la dirección que había tomado la oriental, y Gerald le entendió, quería que la buscara… el moreno se giró para ir tras ella, y sólo entonces notó que Patty, Park y Arnold también estaban ahí…

Sin más demora, emprendió la carrera, si se quedaba probablemente terminaría enzarzado en una pelea con Park o Arnold, o los dos…

Le dolió físicamente separarse de la rubia. Pero le había prometido a Phoebe que nunca le haría sufrir y lo que vio en ella, le lastimó a él también.

-Aah… ¡Llegaste, Helga!- interrumpió el tenso ambiente Brainny al encontrarse en recepción a los Pataki y los Johanssen, más sus amigos que habían ido a la cafetería a comer algo.

-Brian- dejó salir su nombre como una exhalación… como sólo pasaba cuando algo demasiado malo acababa de ocurrirle… como cuando se enteró de la novia de Arnold o después de la pelea con Phoebe. Y corrió a aferrarse a su pecho, dejando libre su llanto, asustada de haber perdido cualquier posibilidad de reconciliación con su mejor amiga.

-Aah… aah… ¿Helga?- con manos temblorosas, el castaño le devolvió el abrazo confundido… la conocía tan bien, que sabía que su llanto no tenía relación con la desgracia que rodeaba la pandilla, los Berman y los Mota de Larrea… su llanto no era por eso… o quizás sí, pero también por algo más… Brian podía sentirlo como si pudiera tocarlo. Algo más pasó.

-Oye, tranquila… Mi hermano es un redomado idiota- se quejó Jamie O. acercándose al par de amigos y colocando una mano en la espalda de la rubia.

-¿Te traigo un vaso con agua?- preguntó con dulzura Melissa cuando Helga se separó de Brainny en cuanto sintió la presencia del hermano mayor del culpable de su estado actual… o uno de los culpables. Sólo pudo asentir mecánicamente.

-Iré a saludar a Marilyn- le llegó amortiguada la rasposa voz de su madre, Miriam le sonrió con entendimiento, Helga no entendía por qué parecía que la escena que todos acababan de presenciar no le sorprendía. El Gran Bob, tras ella, parecía un volcán a punto de hacer erupción y Olga no podía cerrar la boca… "Ojalá le entren moscas", pensó con rencor su hermana menor –Llévame con los Berman, Bob- el patriarca estuvo a punto de protestar, pero en cuanto abrió la boca su esposa lo fulminó con la mirada, y decidió no contradecirla, lanzando, en su lugar, una mirada de advertencia a su hija menor.

-De esto hablaremos en casa, Olga- le espetó. Helga rodó los ojos e hizo el amago de ir a decir algo, pero Timberly se le adelantó.

-Se llama Helga, señor Pataki. Hel-ga- silabeó el nombre de su amiga para hacer más énfasis en lo que decía.

-Sí, Sí… gracias Kimberly- le dijo el padre de la rubia.

-Soy Timberly- reviró con el ceño fruncido la morena, haciendo sonreír a Helga que observaba el intercambio sintiéndose aliviadamente reconfortada.

-Lo que sea- farfulló colorado, y se apresuró a llevarse a su esposa del lugar antes de que la niña lo siguiera contradiciendo en frente de su familia.

-Aquí está el agua linda, bebe- le pidió amorosamente Melissa. Jamie O. continuaba con su mano en la espalda de la rubia, ahora dando pequeños círculos que intentaban ser tranquilizadores… Lo único bueno era que los hermanos de Martin Johanssen y sus hijos se habían desviado a la casa de la familia, intentando evitar otra escena como la del día anterior en el hospital de Seattle, lo que redujo considerablemente la audiencia del bochornoso suceso.

-Helga… sé que no es el momento- empezó diciendo Arnold –pero, ¿crees que podamos hablar?- la chica se limpió las lágrimas y asintió, postergarlo no serviría de nada.

-¡Phoebe!- gritaba el moreno mientras intentaba darle alcance a la pelinegra que iba sin rumbo por los pasillos del hospital -¡Phoebe, detente!- le suplicaba, pero la mujer en cuestión no parecía por la labor de hacerle caso. Eso, hasta que una enfermera le salió al paso a la oriental, obligándola a frenar su carrera y a que Gerald pudiera, aumentando su velocidad, llegar hasta ellas en unos segundos más… El rostro de la enfermera no lucía nada amigable.

-¿Acaso han enloquecido?- les preguntó rabiosa –Están en un hospital, por amor a Cristo, aquí ni se grita ni se corre… ¿Qué edad piensan que tienen? Comportense como miembros funcionales de la sociedad o mandaré sacarlos y no podrán poner un pie en este lugar a menos que se estén muriendo, ¿Entendieron?- ambos chicos asintieron, sintiéndose como niños de nuevo, regañados por algún profesor por haber hecho alguna travesura. La enfermera bufó y se giró, perdiéndose en una de las habitaciones de los laterales del pasillo. Phoebe continuaba de espaldas al moreno y había empezado a sollozar, o quizás había estado haciéndolo todo ese tiempo, pero él no se percató.

-Pheebs- le llamó con cariño y pudo apreciar con relativa facilidad cómo tensaba todo su cuerpo –hey… tenemos que hablar, pollita- le dijo en un tono más suave, intentando acercarse, pero entonces la pelinegra se giró a encararlo, con algo muy cercano al odio brillando en sus llorosos ojos.

-No… no me llames pollita, Gerald- su voz había salido estrangulada, y la culpa que tenía apretando en un puño su corazón, se volvió más fuerte.

-Phoebe… no es lo que estás pensando- intentó acariciarla, pero en cuanto acercó a su rostro su mano, la oriental la desvió de un manotazo.

-¿Ah, no? Porque lo que estoy pensando, Gerald, es que tuve razón y tú apenas te diste cuenta- y la rabia en su voz actuó como una daga clavándosele en el pecho al moreno.

-Pheebs, por favor- rogó –lo que viste no es algo que pasara mientras estábamos juntos- intentó explicarse de nuevo, siendo interrumpido una vez más.

-¿En serio? Vaya qué alivio… mi ex novio y mi mejor amiga no se besaban mientras él fue mi novio, pero ahora sí… ya puedo dejar de sentirme así- habló cargada de sarcasmo, su cuerpo temblaba como una frágil mariposa al viento, moribunda y en busca de refugio.

-Phoebe, no es así…- Gerald no encontraba las palabras para explicarle, porque se había dado cuenta de que no tenía idea de qué demonios había estado pasando los últimos días, siempre vio a Helga como su mejor amiga, ni él entendía cómo era que de un día a otro tenía esos sentimientos tan violentos hacia ella… pero existían, y eran tan inmensos en sí mismos que no podía negar su presencia en su interior –tú y Park- intentó decir, pero la oriental reaccionó a la defensiva y no le dejó terminar esa idea.

-¿Esa es la razón?- le espetó con ira –Porque tú nos viste a él y a mí besándonos ¿Quieres castigarme?- el dolor era tan evidente como la carne debajo de un herida abierta, igual de pesaroso de ver.

-Esto no tiene que ver contigo… no besé a Helga por ti- le aseguró, pero aparentemente no eran las palabras correctas porque la pelinegra reaccionó de forma violenta, estampándole una cachetada en su mejilla derecha.

-¿No tiene que ver conmigo?- le dijo con desesperación –Eres el hombre de mi vida, Gerald… con quien siempre soñé casarme… y ella es como mi hermana… es más que eso… sabes cuánto sufrí todo este tiempo que nos hemos dejado de hablar, sabes cuánto me dolió nuestro distanciamiento, ella es familia, la amo… te amo a ti… y tú la besaste, no me digas que no tiene nada que ver conmigo- el ritmo de su respiración había incrementado, y ahora hacía un ruido nasal cuando exhalaba.

-Si tanto te dolía, ¿Por qué nunca quisiste hacer las paces con ella? ¿Realmente tanto te molestó que te pidiera que no fueras a Harvard?- sabía que estaba desviando el tema, igual no podía dejar pasar la oportunidad frente a él, nunca supo qué pasó entre ellas, Phoebe nunca sacó el tema y cuando él preguntaba, sólo guardaba silencio.

-¡No tiene nada que ver el bobo Harvard!- alzó la voz… de la habitación a su derecha se asomó el rostro iracundo de la enfermera que les llamó la atención, censurándolos con la mirada… cuando se volvió a meter, la oriental continuó en un tono más bajo –peleamos porque ella… porque yo no fui a tu último partido contra los caballeros- suspiró, limpiándose las lágrimas con coraje –Ese día le dije que yo sabía que le gustabas, y ella lo negó… estos años llegué a pensar que me dijo la verdad… llegué a sentirme culpable… pero hoy- y le miró con renovada rabia –ya no pueden engañarme más- le espetó. Gerald la miró sin palabras… ¿Habían peleado por él?

-¿Está todo bien Phoebe?- Park estaba de pie al final del pasillo, observándolos con cautela, como si esperara que de un momento a otro la oriental se desvaneciera o Gerald lo atacara… verlo ahí lo llenó de ira.

-¿¡A ti qué te importa mi novia, imbécil!?- y escucharlo, fue lo que terminó por derrumbar a la oriental.

-Los familiares de Lorenzo Mota de Larrea- pidió el neurocirujano en cuanto salió a la sala de espera en la que estaban sentados Rex, Eugene, Rhonda, Nadine, Lila, Agatha, Sid, Stinky y los padres de Lorenzo.

-Yo soy Jesús Franco Mota de Larrea, padre de Lorenzo- el patriarca se había puesto inmediatamente de pie y se acercó al médico, siendo imitado por su esposa y el resto de los presentes, que se mantuvieron a una distancia prudente desde la que podían escuchar la conversación sin que molestaran con su presencia.

-Su hijo ha salido de la duroplastia y muestra signos de recuperación- la señora Mota de Larrea soltó un suspiro de alivio y comenzó a persignarse en agradecimiento según su fe.

-Me parece excelente doctor, ahora prepárelo para su transferencia- los presentes enmudecieron, el cirujano lo miró con incredulidad.

-Creo que no le comprendo. Aquí tenemos los medios para ayudar a la recuperación de su hijo, se lo aseguro. No hay necesidad de trasladarlo- el padre de Lorenzo se mostró iracundo.

-¡Le dije que lo prepare para su transferencia! Ya he llenado el papeleo necesario para el traslado… no le estoy pidiendo su opinión, haga lo que le digo- su esposa lo tomó del brazo.

-Jesús, no lo hagas… es nuestro hijo, es muy riesgoso- le suplicó.

-Por eso mismo Carmen- la voz del hombre resonó con autoridad, amedrentando a su esposa que se encogió en sí misma –es nuestro hijo… y merece estar con los mejores en el ramo, si no ¿De qué sirve tener tanto dinero si no puedo darle eso?- y en la última pregunta su voz pareció quebrarse.

-Señor Mota- inició el médico.

-Es Mota de Larrea, doctor- espetó iracundo, de nuevo con ese aire de superioridad, el episodio de vulnerabilidad olvidado.

-Sí, bien. Señor Mota de Larrea, trasladar a Lorenzo supondría exponerlo a estrés innecesario que incrementarían las posibilidades de un shock cardiogénico que lo lleve a un derrame cerebral o a la muerte… le suplico desista de sus deseos, le aseguro que su hijo está en manos muy capaces aquí en el hospital general- Carmen se giró a su marido, con ojos suplicantes abnegados en lágrimas.

-Es mi última palabra- dictó altivo, el doctor formó una expresión de derrota y asintió lentamente.

Rhonda y Rex se apresuraron al matrimonio.

-¡Señor Mota de Larrea, no lo haga!- le pidió Rex, sintiendo que el aire no pasaba a sus pulmones y que la desesperación le impedía a su corazón dar un latido más… ¡Lorenzo podía morir por la terquedad de su propio padre!

-Señor Jesús, entienda, la salud de Lorenzo está muy delicada… no corra riesgo, por favor, se lo suplico, no lo exponga… no soportaría que algo le pasara- le sollozaba Rhonda, sin saber qué hacer, arrodillándose de un momento a otro, sujetando la mano del padre de su mejor amigo -¡Yo amo a su hijo! Él tiene que saberlo, él no puede morir creyendo que no- balbuceaba entre lágrimas, el amigo de su padre le miraba sorprendido, la había visto crecer ante sus ojos y nunca vio en ella un comportamiento tan alterado y abatido que aquel… la orgullosa hija de Buckley Lloyd se arrodillaba pidiéndole que no expusiera a su hijo, dudó por un momento, sólo un breve momento.

-¡Rhonda, de pie! No seas ridícula, mi hijo estará bien. Y no permitiré que continúe en este hospital… irá a la mejor clínica neurológica del país- y sin permitir que nadie viera las lágrimas brotar de sus ojos, el señor Mota de Larrea se giró y haló consigo a su esposa rumbo a los sanitarios, dejando detrás a unos destrozados Rex y Rhonda.

Una vez más, el destino de Lorenzo se volvía incierto.

-¿De qué quieres hablar Arnoldo?- sentada a la mesa de la cafetería, con el rubio frente a ella, sentía a su corazón latir desbocado… sabía que no había forma de que él supiera que había hecho el amor hacía unas horas con su mejor amigo, pero de alguna manera, sentía que llevaba un letrero anunciándolo al mundo, porque lo sentía grabado en su piel, todavía podía percibir en ella el aroma del moreno y tenía la idea de que los demás también lo sentían, volviéndola un poco paranoica.

-Quería pedirte una disculpa- la rubia lo vio con los ojos abiertos de par en par. No se esperó eso, creyó que le recriminaría por el beso con Gerald –desde tu regreso a Hillwood, yo no estaba seguro de cómo comportarme contigo… la primera vez que te vi, me sentí como un niño pequeño perdido en un inmenso océano, y creo que… no he sido nada sincero contigo, y te lo debo- la rubia lo miró confundida, ¿A qué quería llegar? –he estado pensando, desde que ingresaron a Harold y a Lorenzo, en lo que te diría al volvernos a ver… lo he repasado y me he recriminado por no ser capaz de encontrar las palabras- el rubio tomó las manos de Helga sobre la mesa, notando el sudor en sus palmas como la primera vez que, cuando salían, sostuvo su mano entre la suya –Lamento haber ido a tus espaldas a preguntarle a Brian sobre ti- Helga frunció el ceño, seguía sin comprender –Y lamento haber minimizado tus sentimientos… pero al volver a Hillwood, sólo quería una cosa, y la sigo queriendo… Quiero recuperarte- y la intensidad de esa mirada azul llenó de incandescencia cada centímetro debajo de su piel… Arnold Shortman nunca se había visto más decidido que en ese momento, y a ella nunca le había parecido más atractivo que en ese momento… y el pensamiento de cierto moreno sólo la desquiciaba, porque en verdad estaba confundida…

¿Se podía amar a dos personas con toda la energía en tu ser?