SHIKURO: UN CUENTO DE HADAS EN EL CARIBE

Por Inuma Asahi De

Traducido por Inuhanya

Disclaimer: La escritora no posee ninguno de los personajes creados por Rumiko Takahashi pero todos los demás desearían que sí. Todos los personajes originales o conceptos son de la autora Inuma Asahi De (a excepción de las figuras históricas).

-.-.-.-.-.-

-.-.-.-.-.-

Capítulo Veintiocho:

Traducciones Mortales

"Una brújula," susurró Kaede, su ojo bien abierto mientras se detenía al lado de Kagome, concentrada en el objeto que había conocido por años y aún nunca había sido capaz de abrir. "Es una brújula."

"No lo sabías?" Preguntó Inuyasha sorprendido desde su lugar a unos pies, sus ojos moviéndose entre la anciana y la paralizada Kagome quien sostenía la brújula en frente de ella, sus ojos también llenos de incredulidad.

La anciana frunció ligeramente, su expresión una de contemplación mientras miraba el pequeño objeto de madera en manos de Kagome. "No, nunca pude abrirla y Kikyo nunca lo intentó en su momento." Le informó suavemente levantando la mirada, observando al hombre mucho mayor antes de mirar al resto de ellos. "Todo lo que sabía era que había sido delegada a nosotras."

"Delegada por quién?" Preguntó Sango deteniéndose al lado de Kagome, mirando con intriga la brújula.

"Nuestro padre. Antes de morir, le confió esta caja, o brújula, a Kikyo." Susurró la anciana tristemente, su ojo bueno parecía regresar en el tiempo, a un lugar que la atormentaba hasta este día. "En su lecho de muerte nos contó la historia que le había contado su padre y su padre antes de él," pausó y sacudió su cabeza de los recuerdos antes de continuar. "Que la caja de cierta forma era la respuesta a la historia." Mordió su labio cuando sus palabras finales encontraron silencio. "Siempre pensé que debía significar que lo que sea que hubiese en esta caja podría encontrar los fragmentos."

Nadie habló por varios segundos mientras miraban la pequeña caja ahora conocida como brújula. "Kaede," Inuyasha habló tranquilamente rompiendo el silencio. "Kikyo sabía que—" Pausó por un segundo moviendo sus ojos de la brújula a la anciana que estaba interrogando. "Mi fragmento era un fragmento de Shikon?"

"No estoy segura," le dijo Kaede honestamente cerrando su ojo y colocando sus manos detrás para soportar su adolorida espalda. "Pero me inclinaría a que no. Kikyo fue bendecida espiritualmente como sabes," frunció sus labios con un largo suspiro. "Pero no era alguien para esta leyenda. No creyó que fuera cierta." Abrió su ojo lentamente. "Incluso no sabía que había una brújula en esta caja porque se rehusó a creer en ella." Kaede les informó reafirmando de nuevo el extraño e inquietante suceso—Kikyo no lo había sabido.

"Entonces cómo lo supiste?" Habló Inuyasha en la creciente desorientación. "Nunca has visto una, verdad?" Presionó mientras daba un ligero paso hacia ella. "Entonces cómo supiste de esto?"

La anciana guardó silencio ante la pregunta, su arrugado rostro apretado mientras miraba la brújula en la mano de Kagome. "Yo creí en la leyenda de nuestro padre." Ofreció franca pero algo en su voz sonaba controlado. "Creo que creer me llevó a ver lo que mi hermana no pudo."

"Kikyo," Kagome finalmente habló mientras sus hermosos ojos parecían temblar de la fuerza de su mirada en la caja. "No sabía?" Lentamente, sus ojos se desviaron de la caja para mirar a Kaede, suave, casi imperceptible ahora, interrogante. "Pero eso es imposible." Logró decir finalmente. "Kikyo tuvo que haber sabido." Se dijo buscando respuestas en los ojos de la anciana. "Tenía que saberlo."

"Mi hermana," le dijo Kaede a Kagome gentilmente. "No sabía nada de esto," movió su mano entre la joya y la brújula. "Ella era completamente inconsciente de que había una brújula dentro de esta caja, como dije," Pausó un momento viéndose casi decepcionada. "Kikyo no quiso saber, no creía en las leyendas que nos dijo nuestro padre." Terminó encogiéndose de hombros y resoplando.

La mente de Kagome se fijó en esa simple declaración: Kikyo no sabía. Sus ojos se abrieron sorprendidos mirando a Kaede completamente sorprendida de que esa mujer, esa gran miko que le dijeron era su encarnación, no había sabido de los contenidos de la pequeña caja, tenía que saber, tuvo que haber sido capaz de abrirla. Si su encarnación no pudo entonces lógicamente tampoco ella debería haber sido capaz. "Estoy confundida." Declaró la joven, su expresión completamente perpleja.

"Todos lo estamos." Respondió Sango desde su lado mientras estiraba un dedo para tocar la madera, sintiendo lo suave que era. "Esto es muy extravagante si me preguntan."

"Lo sé—" Kagome comenzó lentamente mientras observaba el dedo de Sango trazar la parte de la caja donde la imagen de la joya pareció estar grabada. "Pero, lo que no entiendo es cómo es," pausó luchando por las palabras. "Posible."

"Qué quieres decir?" Preguntó Miroku con su cabeza ladeada. "Está pasando así que debe ser posible."

"Tal vez no es lógico." Añadió el Capitán a la declaración.

"Pero posible." Añadió Miroku también, enviándole al Capitán una sonrisa en el proceso, una sonrisa que el hombre devolvió de alguna manera, divertido.

"Pero—no lo entienden?" Continuó Kagome no influenciada por las bromas normalmente caprichosas y entretenidas del Capitán e hijo. "Esta mujer Kikyo y yo, somos la misma, verdad?" Hizo la pregunta con poca confianza, su cuerpo rígido con desconcierto, su rostro en una forma que sugería que estaba a punto de llorar. "Soy su reencarnación así que cualquier cosa que ella podía hacer, yo puedo hacerlo," continuó ella, su voz llena de pánico. "Y cualquier cosa que yo pueda hacer ella lo hizo, verdad?"

"No," Kaede sacudió su cabeza lentamente, su ojo mirando al piso, su rostro parecía casi avergonzado por las palabras que su boca estaba por decir. "Kikyo," susurró la anciana. "Era muy nublada, muy ciega." Lentamente, levantó su cabeza, su ojo bueno miraba a Kagome como si fuera una trabajadora milagrosa. "Se rehusó a ver lo que estaba en frente de ella, se adivinaba a sí misma y a su padre." Tristeza irradiaba de Kaede mientras hablaba. "Kikyo no creía en cuentos de hadas, sólo creía en que el mundo era frío y no habían joyas mágicas y cajas misteriosas que se mezclaban con las leyendas." La anciana sonrió levemente pero parecía dolida. "Y por eso, nunca pensó en intentarlo como lo hiciste tú, Kagome."

Kagome dejó caer sus manos ligeramente en la caja aun segura en la punta de sus dedos. "Intentar?"

"Kikyo nunca intentó abrir la caja." Susurró Kaede sonando casi avergonzada de su hermana. "Estaba muy asustada de lo que potencialmente pudiera pasar. Tú, Kagome, eres diferente a ella," la anciana miró a Kagome, su rostro parecía melancólico y esperanzado. "Un paso más cerca de la pureza y la iluminación, de esta forma eres capaz de hacer lo que ella podía." Sonrió. "Simplemente eres diferente."

La joven se echó ligeramente hacia atrás ante la respuesta, moviendo su cabeza lentamente de un lado a otro. "Eso no tiene sentido, te estás contradiciendo!" Acusó Kagome. "Primero me dices que soy Kikyo y luego dices que soy diferente, soy ella y no soy ella, soy una reencarnación pero eso no me hace la persona que fue. Yo," llevó una mano hacia su cabeza hundiéndola en su cabello mientras lágrimas se formaban en sus ojos. "No entiendo." Susurró llevando la brújula hacia su pecho, sosteniéndola fuertemente como si le pidiera protegerla de su propia incertidumbre. "Por qué yo?"

Kaede mordió su labio sabiendo que su respuesta no era satisfactoria. "Fuiste elegida."

Kagome elevó frustrada sus manos al aire. "Por quién?" Demandó.

"No lo sé." Admitió Kaede suavemente.

Kagome gruñó por la respuesta, no dispuesta a aceptar lo que estaba pasando. "Soy alguien más," Se dijo. "Pero no soy alguien más? Por qué no puedo—ser—yo?" Tomó un profundo y tembloroso respiro antes de hablar. "Sólo quiero ser yo," le dijo firmemente a Kaede. "No quiero ser la reencarnación de alguna chica que tenía miedo de tomar decisiones, no es quien soy."

"Lo sé," Kaede asintió sonriendo suavemente. "Nunca dije que fueras ella, solo vienes de la misma ropa de ella, Kagome, nada más y nada menos."

Kagome se sintió dejar la pelea ante esas palabras, sabía que lo que decía Kaede era verdad, por lo que se oía de eso (lo poco que había escuchado de esta mujer), ellas no eran iguales pero eso no cambiaba los hechos. Levantó su cabeza para mirar al Capitán quien observaba en silencio, "Aun así soy la reencarnación de la mujer que él amaba." Tragando, bajó la mirada hacia su cuerpo sintiéndose pesada. "Por qué soy tan diferente?" Las cansadas palabras salieron de su boca suavemente.

Kaede tragó, un nudo pareció formarse en su garganta mientras trataba de hablar. "Tú," dijo, sus viejas manos temblaban alcanzando por Kagome. "Abriste la caja, Kagome. Eso te hace diferente porque—" Dijo caminando hacia la joven, extendiendo una mano para tocar la mano de Kagome gentil, tranquilizadoramente. "—nadie lo hizo antes."

"Nadie nunca la abrió?" Susurró Sango juntando sus cejas, si nadie la había abierto pero Kagome sí, entonces eso realmente significaba que Kagome era diferente. "Ella y Kikyo pueden provenir de la misma ropa," pensó citando la anterior declaración de Kaede. "Pero, no son la misma persona. No, no son ni cercanas por lo que se oye."

"No hasta ahora, ninguna mano abrió esta brújula." Aseguró Kaede, su ojo brillaba mientras miraba a Kagome. "Tú, Kagome, eres la única que ha sido capaz de abrir la caja. Eso te hace diferente, muy diferente y creo que también significa que te eligió."

"Cómo puede una caja elegir a alguien." Preguntó ella maliciosa, su voz aún sonaba cansada.

"No lo sé." La voz de Kaede fue casi animada mientras le daba a Kagome una suave sonrisa. "Todo lo que sé es que la abriste y si la abriste entonces eso significa que eres la destinada a usarla." Sus palabras hicieron a Kagome levantar su cabeza sorprendida. "Eres la única que puede."

"Qué?" Susurró ella, la joven se veía de solo diecisiete años. "Quieres decir, crees, que esta brújula tiene un uso?"

"Como dije, mi padre nos dijo," Kaede habló lenta y cuidadosamente deseando que Kagome escuchara cada palabra. "Que esta brújula era la respuesta para resolver el problema de la Shikon no Tama."

"Estás diciendo, que crees que puede—encontrarlas, encontrar los fragmentos de la joya?" Tartamudeó Miroku mirando de cerca la brújula en manos de Kagome. Se veía como cualquier otra brújula con cuatro puntos para cada dirección norte, sur, este y oeste, junto con una flecha roja que mostraba la dirección en la que estaba señalando actualmente. Estaba apuntado hacia Kagome, el este. "Es extraño, la flecha roja," murmuró levantando su cabeza, todos lo miraban con interés, "Siempre debería apuntar al norte."

"Qué?" Kagome se giró hacia el joven frunciendo sus ojos. "La flecha de la brújula?" Preguntó ella antes de mirar el objeto en su fuerte agarre, seguro estaba apuntándola, apuntando al este en vez del norte.

"Tal vez está rota." Dijo Shippo saltando de los brazos de Miroku al hombro de Kagome, mirando la brújula mientras asentía.

"No," Kaede sacudió su cabeza, sus ojos brillaban. "No está rota."

"Entonces por qué apuntaría a Kagome!" Intervino Sango. "Ella no está encarando el norte y todos sabemos que la flecha de una brújula solo apunta al norte," habló la fiera mujer con un brillo en su voz. "Y nunca a ningún otro lado. Entonces por qué está señalando a Kagome, a menos que esté rota?"

"Porque esta brújula no está diseñada para apuntar al norte." La dura voz de Inuyasha llenó el aire impositora y sorprendiendo a las personas alrededor porque no había hablado en un tiempo. "Tiene otra dirección en mente."

"Está diseñada para señalar la joya." Miroku concluyó por él, su rostro sorprendido con la información. "Kagome—" Murmuró girándose para mirarla, parpadeando pocas veces para aclarar su cabeza. "Dame la joya, aquí—" Extendió su mano, esperando.

"Oh, seguro." Kagome asintió tontamente antes de alcanzarle el fragmento a Miroku, depositándolo en su mano, sus ojos inmediatamente regresaron a la brújula, ya muy consciente de lo que Miroku estaba buscando. Muy seguro, en segundos, la dirección de la brújula cambió del este al sur, apuntando directamente a Miroku.

"Asombroso." Susurró Kaede, su voz casi frívola.

"Ven, déjame ver la brújula." Demandó Sango alcanzando por la caja, su curiosidad alta mientras tocaba la útil madera.

Kagome le soltó la caja rápidamente a la mujer, su mente incapaz de comprender lo que estaba pasando mientras el peso abandonaba sus manos.

"Dale la joya a Kagome, Miroku." Demandó ella, pero amablemente.

Miroku asintió y le alcanzó la joya a Kagome quien la tomó en sus vacías manos con cuidado, sus ojos observaban con interés el brillante objeto como si pareciera brillar momentáneamente ante su contacto. "Es tan hermosa." Pensó manoseándola levemente. "Y creer que fue creada del mal." La joya pareció brillar ante sus pensamientos pero no le prestó atención. "Me pregunto cómo la obtuvo el Capitán?" Preguntó ella en silencio mientras su mente trabajaba con ideas de él siendo hijo de un noble, abandonado al nacer y la joya fuera lo único con él cuando fue dejado en el orfanato. "Eso es tonto." Se reprimió. "Probablemente ha sido hecha en tantos pedazos que es más común ahora y todos los días la gente puede tener una."

"No se movió."

Todos volvieron sus cabezas hacia la voz de Sango mientras la mujer ladeaba su cabeza, mirando la brújula con ojos bien abiertos.

"La rompió?" Susurró Shippo en el oído de Kagome pero la joven no respondió, en vez, solo miraba, como si supiera por qué no funcionaba, aparentemente lo sabía.

Lentamente, sus pies con mente propia, Kagome caminó hacia Sango, la joya en su mano brilló levemente que nadie pareció notar su cambio. "Sango." Habló suavemente, extendió su mano para tomar la brújula mientras la joya colgaba de sus dedos. "No funcionará." Dijo sinceramente mientras la mujer le devolvía la caja. "No puede, a menos que esté en mis manos."

"Pero—" Sango frunció su rostro mientras observaba girar la aguja de la brújula, apuntando a Kagome de nuevo. "Ahora que está abierta debería funcionar para cualquiera, verdad?"

"No," Kagome sacudió su cabeza ligeramente, lentamente, como si estuviera en trance. "Sólo puede trabajar en mis manos, el creador de la caja planeó que ese fuera el caso." Su voz era plana y nivelada, casi monótona mientras miraba el rostro inexpresivo de la otra mujer. "Sabía que lo apropiado era que el destructor también fuera el navegador."

"Kagome," susurró el Capitán, sus palabras hicieron eco en la habitación, perturbadoras y atemorizantes, su voz sonaba como en el bote cuando la había encontrado con las cenizas de Manten—distante, antinatural, como si ella no fuera quien hablara realmente sino fuera un canal para alguien más.

De repente, Kagome parpadeó varias veces sacudiendo su cabeza y mirándose desconcertada como si de repente hubiese despertado de un sueño que simplemente estaba presagiando. Sus ojos los miraron a todos antes de moverse hacia el Capitán, sus cejas fruncidas confundidas. "Dijiste mi nombre?" Murmuró ella.

"Sí." El Capitán asintió en acuerdo, su expresión de incertidumbre.

"Eso fue extraño." Sonrió levemente sacudiendo su cabeza. "Fue como si me hubiese dormido por un momento, lo siento, supongo que me fui." Rió para sí aparentemente avergonzada, como si no recordara nada de lo que había pasado segundos antes.

"Curioso." Murmuró Kaede para sí antes de caminar hacia Kagome, sus ojos en la brújula que ahora había cambiado direcciones, de nuevo apuntaba al este hacia la miko reencarnada. "Parece, que sólo Kagome puede usarla, así como, que solo Kagome pudo abrirla." Les dijo dejando pasar el extraño incidente.

"Pero por qué yo?" Preguntó Kagome, toda la calma abandonó su voz mientras miraba expectante a la mujer. "Qué me hace tan especial?"

"Puede que nunca lo sepamos." Le informó Kaede gentilmente. "Todo lo que sabemos Kagome es que tú eres quien abrió la caja, fuiste quien reveló la brújula que ahora yace en tus manos." Kaede alcanzó para acariciar las manos de la joven donde la caja aun residía en un gesto de apoyo. "Es tu destino usarla."

"Y encontrar los otros fragmentos?" Supuso Kagome, mientras juntaba todas las piezas rodeándola, formando un extraño e increíble rompecabezas.

"Eres la única que puede." Continuó Kaede asintiendo firme. "La única que pudo abrirla, hacer que la brújula las busque, está en ti, Kagome," su voz sonó extrañamente como un oráculo de una leyenda griega. "Algo hay en ti que hace funcionar la brújula."

"Lo entiendo mucho," admitió Kagome asintiendo antes de girarse para mirar a la anciana, sus ojos ahora menos asustados pero aún preocupados. "Pero, por qué yo?"

"No lo sé." Le dijo Kaede otra vez con una ligera carcajada. "Podrían haber muchas razones pero todo lo que podemos ver son los hechos frente a nosotros, no la razón."

"Y cuáles son los hechos?" Kagome continuó, mirando la brújula en sus manos, girándola de un lado a otro estudiando la extraña pero familiar caligrafía, la misma caligrafía que estaba en su hombro.

"Que abriste la caja." Fue tan simple como eso.

Kagome no habló de nuevo, solo asintió, sus ojos miraban vacíos al frente asimilando esta información, finalmente aceptándola por lo que era. "Soy la única que pudo abrirla e hizo funcionar la brújula." Tragó lentamente mientras la realidad finalmente la inundaba. "Soy la única, ni Kikyo, ni Kaede, sino yo." Sintió sus dedos apretarse alrededor de la brújula un poco más. "Y eso significa que soy la única en el mundo que lo sabe, quien podría encontrar la Shikon no Tama y completarla de nuevo." Su respiración se atascó en su garganta ante la idea. "Ni siquiera Kikyo pudo hacerlo." Pensó Kagome para sí girando la caja una y otra vez en sus manos. "Tenía miedo o algo así pero qué me hace más valiente que ella, qué me hace capaz de hacer lo que ella no pudo?" Parpadeó ante la idea, "Qué me hace diferente?" La idea era una difícil. Fue entonces que las palabras del Capitán la golpearon, las palabras que había dicho un poco antes, ni en una hora.

"Ella siempre hizo esto," Continuó vociferando el Capitán. "Siempre quiso borrarlo, mantenerlo oculto, bien que finalmente encontró una manera!" "Había querido olvidar, para que no tuviera que admitirlo."

Kagome frunció sus labios mientras se desvanecía el recuerdo. "Tal vez esa es una diferencia, Kikyo—" Miró al Capitán quien parecía también estar perdido en sus pensamientos mirando intensamente la caja en sus manos. "Kikyo estaba avergonzada por ti, verdad? Pero yo—no sé por qué lo estaría. De qué hay que avergonzarse? Sólo porque eres un pirata?"

"No quería manchar su agonizante reputación al contarle al mundo del maldito pirata demonio con el que se acostaba."

De nuevo las palabras hicieron eco en su mente. "Podría ser que Kikyo estuviera avergonzada porque eras un demonio y ella una humana?" Kagome frunció extensivamente ante la idea. "Eso es algo tonto de qué avergonzarse. Supongo que eso nos hace diferentes. Yo no me avergonzaría, en lo absoluto." Se encogió de hombros traviesa. "Yo estaría feliz de saber que un hombre como tú, pudiera amar a una mujer como yo." El rostro de Kagome se enrojeció mientras sus pensamientos la golpeaban realmente, su mente asimilando lo que se había admitido inconscientemente.

Desde su lugar a unos pies, Inuyasha miraba la extraña brújula en manos de Kagome, completamente inconsciente de los pensamientos de la joven, sus ojos bien entrenados estaban enfocados en una extraña anormalidad en la madera de la brújula. Acercándose más entrecerró sus ojos, inadvertido por la Kagome ahora apenada y el silencioso grupo rodeándola, mientras intentaba confirmar lo que estaba mirando. Ladeando su cabeza continuó mirando las extrañas marcas, eran familiares, muy familiares y aún, difíciles de ubicar, como si alguna vez las hubiese conocido pero ahora no podría discernir su significado.

"Casi parece escritura Nihon." Pensó mientras ladeaba su cabeza intentando ver la escritura entre los dedos de Kagome. "Pero—es Hiragana? No," Sacudió su cabeza mientras fruncía sus cejas, los bloques de caracteres eran muy complejos para ser simple Hiragana. En vez, era muy intrincada, consistente en más de seis trazos para cada palabra, incluso algunas más cercanas a ocho. "Maldición." Murmuró Inuyasha para sí mientras aplastaba sus orejas en su cabeza con rabia, conocía exactamente lo que estaba mirando pero desafortunadamente no estaba seguro si aún podría leerlo. "Es Kanji." Gruñó Inuyasha tan bajo que ninguno de los humanos o incluso Shippo lo escuchó mientras se enderezaba, rotando sus hombros en el proceso. "Kanji complejo."

Aunque Inuyasha había aprendido kanji, había olvidado la mayoría de ello en los pasados trescientos años, después de todo, era muy raro que él escribiera más en su idioma natal habiendo pasado la mayoría de los últimos trescientos años en el hemisferio occidental. De hecho, hasta que había comenzado a enseñarle a Miroku, no había escrito en el idioma la mayor parte de al menos doscientos años. No había sido necesario.

"Si quiero saber lo que dice," se dijo pasando una mano por su cabello aliviando el dolor de cabeza que había comenzado a formarse en su sien. "Necesitaré moverme," Miró los extraños caracteres desde su actual distancia sacudiendo su cabeza, sabiendo que tenía razón, tenía que darle un vistazo más de cerca. "Tal vez si lo veo todo podré recordar algo de eso. Claves del contexto y lo que no."

Tomando un profundo respiro, Inuyasha ajustó sus hombros, sus ojos miraban a Kagome quien no miraba en su dirección. La joven simplemente estaba mirándola, paralizada como si pensara que la caja pudiera moverse. Tragó, "Soy un debilucho." Pensó para sí con un frunce desviando la mirada y dirigiendo sus ojos hacia las otras personas en el grupo. Todos ellos estaban en el mismo estado de Kagome, inmóviles, mirando la caja, como si quedaran mudos e incapaces de creer nada de lo que había pasado en los últimos minutos.

"Tal vez," concluyó él de analizar sus rostros distraídos. "No noten si me acerco un poco más." Inhalando un profundo respiro, se movió, el sigilo de su raza salió instantáneamente mientras maniobraba alrededor de Sango y Miroku, posicionándose al lado de Kaede para poder mirar sobre su hombro la caja en la mano de Kagome. Ladeando su cabeza, miró la caligrafía, analizando cada símbolo que podía ver, ojos dorados leían como no habían leído en años.

私を開いた人は、心と心の純粋です.

"Hay algo de Hiragana mezclado con Kanji." Notó mientras leía la primera oración, la única realmente visible, encima de la caja. Parpadeó, "Eso significa, la escritura es Nihon, no Chuugoku." Inuyasha lamió sus labios ante la idea. No era Kanji puro, no era escritura Chuugoku, era la escritura de su hogar, era Nihon verdadero (la combinación de Hiragana y Kanji) y podría leerlo con algo de paciencia.

Tomando un profundo respiro, miró la escritura que podía ver, estudiándola por familiaridades, intentando leer lo que decía. "Watashi o hiraita hito wa," susurró para sí parpadeando varias veces, repitiendo la idea en su mente, convirtiéndola al inglés. "La persona que me abra." Identificó antes de mirar la siguiente mitad de la oración, sus ojos fijos en las palabras. "Shin to kokoro no junsuidesu," lamió sus labios antes de optar por mordisquear uno de ellos lentamente. "Puro, Shin to kokoro, Shin to kokoro, qué significa? Pura de corazón?" Levantó una ceja preguntándose. "Suena bien." Supuso antes de moverse a la siguiente parte de la oración, "No junsuidesu, junsuidesu. Mente—?" Ladeó su cabeza. "Sí, mente, pura de corazón y mente, entonces," Rápidamente miró la primera oración leyéndola una vez más mientras sus ojos se abrían en realización. "Eso es por qué," dijo en voz alta mientras se acercaba más a Kagome colocando una mano en su hombro.

Kagome hizo una mueca ante el contacto, volviéndose para verlo agarrado a su brazo, sus ojos grandes con sorpresa. "Capitán?" Murmuró ella encogiendo su hombro no queriendo que la tocara en el momento.

"Sé por qué puedes abrirla y Kikyo no pudo. No es sólo porque no lo intentara—es porque bueno—" Admitió suavemente, sus ojos enfocados en las palabras de la caja, su mente repitiendo rápidamente la oración una y otra vez, como si estuviera redescubriéndola constantemente. "Es porque eres diferente, mayormente diferente."

Kagome sacudió su cabeza lentamente, sus cejas juntas mientras llevaba la caja hacia su pecho como antes. "Qué quieres decir?"

Inuyasha tomó un profundo respiro antes de levantar sus ojos dorados para mirarla, serio y franco. "Eres pura. Solo la persona que sea pura de mente y corazón puede abrir la brújula."

Sango frunció sus ojos. "Cómo lo sabes?" Preguntó cruzando sus brazos sobre su pecho, su curiosidad despierta.

"Eso dice." Admitió el Capitán con un movimiento de hombro. "Lo leí en la tapa de la caja."

"Dónde?" Preguntó Kagome girando la abierta brújula en sus manos, mirando cada instancia de la extraña escritura. "Dónde lo dice?"

Inuyasha alcanzó, deteniendo el movimiento de su mano, girando la caja hacia arriba, mostrándole el lugar bajo la tapa donde estaba el escrito que había leído.

Desde los costados, Miroku miraba asombrado, incluso con su limitado conocimiento del idioma reconoció de inmediato la escritura que estaba señalando el Capitán. "Hiragana." Susurró Miroku mirando el objeto en cuestión. "Es Hiragana."

Inuyasha asintió. "Una combinación de Hiragana y Kanji. Lo leí," Señaló con una garra la oración que había leído, delineando con su uña cada pieza para Kagome. "Dice: la persona que me abra, es pura de corazón y mente." Retiró su mano, sus cansados ojos miel miraban a Kagome mientras hablaba. "Eres diferente," susurró, el dorado de sus ojos pareció pulsar mientras le hablaba, la miraba, una gentil y dulce sonrisa en su rostro. "Eres pura donde ella no lo fue."

El rostro de Kagome se tornó rojo de nuevo, una reacción obtenida por la dulce sonrisa y el tono gentil. Estaba hablándole como si fuera un tesoro, como si fuera hermosa, como si fuera asombrosa, como si pensara que era la mujer más maravillosa que hubiese nacido.

A su lado, Kaede llevó una mano a su boca, tosiendo en el arrugado puño antes de aclarar su garganta. Ambos, Inuyasha y Kagome reaccionaron instantáneamente, girándose avergonzados y colorados. "Qué más dice?" Dijo ella señalando el otro escrito.

Inuyasha rascó su nariz mientras miraba la caja con un ojo. "No puedo decirlo por sus dedos."

"Oh," exclamó Kagome alcanzándole la caja, "Toma," dijo, su voz temblorosa e incómoda. "Para que puedas verla."

El Capitán tragó pero asintió, aceptando el objeto, prestándole atención más de cerca a la posición de su mano para no rozarla accidentalmente. "Gracias," murmuró mientras acercaba más la brújula a su cara, estudiando la pequeña caligrafía con ojos intensos y observadores. Debajo de la tapa de la caja había más escritos incluso más largos y más complicados que el último. Hizo una mueca mirándola, sus ojos estudiaban intensamente la primera oración.

"Puedes leerlo?" Chilló Shippo desde el hombro derecho de Kagome, el Capitán todavía estaba en el izquierdo.

"Cállate mocoso." Ordenó el Capitán bruscamente frunciendo sus ojos, leyendo la misma oración una y otra vez, intentando desesperadamente reconocer al menos uno de los símbolos.

Shippo tragó y asintió, pequeñas lágrimas se formaron en sus ojos por las duras palabras.

"Está bien." Susurró Kagome levantando una mano para frotar su cabeza, un gesto casi maternal. "Guarda silencio." Dijo lo suave suficiente para que solo Shippo escuchara. "Necesita concentrarse."

Shippo asintió rápidamente comprendiendo antes de regresar al Capitán quien ahora murmuraba para sí.

"Yuiitsu kanojo no te," murmuró lentamente mirando el kanji, deseando haber prestado más atención a sus lecciones de niño. "O motsu watashi wa hidari no isan o mitsuke," sacudió su cabeza, el idioma volvía a él poco a poco. "Sólo con sus manos." Murmuró traduciendo la primera parte antes de mirar la segunda parte otra vez. "O motsu watashi wa hidari no isan o mitsuke, o motsu, encontrarán, watashi wa hidari, el legado que yo, no isan, he dejado?" Levantó una ceja mientras hablaba, claramente confundido por las palabras. "Odio el kanji." Murmuró antes de intentarlo de nuevo. "De acuerdo," dijo como si se motivara a leer la difícil oración. "Encontrarán el legado que he dejado y—o mitsuke, mitsuke, mitsuke, mitsuke, destruir? Eso es, destruir!" Sus ojos se abrieron entendiendo mientras juntaba toda la oración en su cabeza. "Sólo con sus manos podrán encontrar el legado que he dejado y destruirlo."

"Destruirlo?" Murmuró Kaede, sus ojos brillaban con conocimiento. "Está diciendo que Kagome puede destruirlo, como con la joya?"

"Eso es lo que dice." Le dijo Inuyasha encogiéndose de hombro, "Justo como lo dijo antes cuando hablaba tan extrañamente." Pensó girando la caja, buscando algún otro escrito, la mayoría eran palabras sin sentido de motivación y el destino, advertencias sobre los poderes de la joya y la leyenda detrás de ella, cosas inútiles de las que ya era consciente el grupo.

"Dice algo más?" Inquirió Sango estirando su cabeza para darle un vistazo a la caja mientras el Capitán la giraba en sus manos estudiando cada ángulo.

Inuyasha se encogió de nuevo mientras giraba la caja, mirando el escrito con intensidad. "Nada en realidad, la leyenda, sobre el demonio nutria y hay una advertencia sobre el poder de la joya, eso es." Giró la caja bocarriba mirando el fondo, sus ojos buscaban cualquier cosa que pudiera estar faltando, tal vez una pista hacia los orígenes de la caja (al menos eso podría ser conveniente).

Pausó cuando sus ojos captaron una palabra que no había visto en trescientos años, probablemente más pero definitivamente no menos. "Ishoku," leyó la extraña palabra, sus ojos se fruncieron, sabía lo que significaba, la había visto muchas veces en la parte inferior de obras maestras cuando era niño. "Encargado."

"Oficial como la persona que la mandó hacer?" Preguntó Kaede acercándose a Inuyasha, su viejo ojo miraba con poderoso foco e interés.

"Sí pero el nombre ha sido tachado." Gruñó el Capitán mientras levantaba la caja hacia la luz de la lámpara, tratando de ver qué nombre había sido dejado. "Maldición, vamos—," Sus palabras murieron en su lengua cuando de repente el nombre fue iluminado, la madera había sido golpeada por la luz justo ahí, haciendo que todo el cuerpo del Capitán se congelara mientras el nombre parecía mirarlo, burlándose, desafiándolo a decirlo en voz alta mientras uno de los peores recuerdos que hubiese tenido en su niñez regresaba destellando en su cabeza.

El jardín, la figura alta que permanecía dentro de la lluvia de flores de Sakura, los ojos dorados, el cabello plateado tan liso a diferencia del suyo, las marcas en la carne de sus mejillas, rojas, rojas como la sangre.

Casi podía verse, pequeño como era, apenas dándole a la rodilla del hombre, una pequeña e inocente voz haciendo una pregunta para la que nunca debió haber necesitado una respuesta. "Onii-san, nani ga hanyou?"

Y la respuesta, en una voz fría como hielo, "Orokana ikimono wa," Ese sentimiento de dolor entró en su pecho mientras el hombre se giraba para mirarlo, veneno goteaba de su voz mientras hablaba, "Kuki no kachi, sore wa kokyu."

"Onii-san," Inuyasha sintió la palabra escaparse de su boca. "Inu no Taisho-sama." Apenas pronunció, el título lo miraba casi amenazador. "Sesshomaru."

"Inu no qué?" Murmuró Shippo mirando confundido al Capitán mientras el hombre miraba la caja, sus ojos abiertos con incredulidad.

De repente, sin advertencia la caja cayó de las manos de Inuyasha, cayendo al piso traqueteando mientras golpeaba la superficie de la madera, rebotando una vez antes de detenerse en una silla cercana.

"Inuyasha!" Reprimió Kaede agachándose para recoger la caja, mirándola por cualquier daño. "Qué pas—," Se detuvo girándose para mirarlo, su ojo bueno vio la palidez de su piel mientras el Capitán permanecía inmóvil, su cuerpo tieso mirando a la nada, sus manos temblando mientras su boca se abría y cerraba en shock como un pescado tratando de respirar en tierra.

"Capitán?" habló Miroku, su voz tímida, temerosa mientras avanzaba hacia el distraído perro demonio. Nunca en su vida había visto al hombre verse como si hubiese visto un fantasma, un fantasma sosteniendo un arma, un arma que en verdad podría matarte. "Inuyasha." Susurró Miroku esta vez acercándose más al hombre.

El cambio de nombre no molestó al Capitán quien solo levantó su cabeza comenzando a sacudirla de un lado a otro lentamente mientras sus ojos miraban la caja. "Es imposible." Pensó para sí mirando sus manos donde la caja había estado momentos antes. "Ese nombre, ese nombre—." Sus ojos se nublaron y parpadeó varias veces para poder ver claramente. "Inu." Murmuró cerrando su boca fuertemente, sus hombros elevándose, mientras su cuerpo se tensaba, sus manos aun temblorosas, "Tomó ese nombre." Su voz sonó oscura, lleno de veneno por dentro, el demonio comenzó a gruñir. "Cómo se atreve?" Apretó sus dientes tan fuerte que por un momento sonaron como si pudieran quebrarse. "Inu no Taisho," escupió las palabras con disgusto. "Sesshomaru!"

Fue con esas últimas palabras que algo en el Capitán pareció estallar.

"Bastardo!" De repente, el Capitán gritó a todo pulmón, sus ojos destellaban rojo mientras descubría sus colmillos, gruñéndole a un asaltante desconocido. "Mentiroso hijo de perra, tú no eres el Inu no Taisho. El Inu no Taisho está muerto, y tú nunca serás la mitad del hombre que fue—," La respiración del hombre comenzó a salir en jadeos como si estuviera hiperventilando.

"Otou-san!" Miroku finalmente saltó para alcanzarlo, sujetando ambos hombros de Inuyasha sacudiéndolo levemente. "Otou-san, qué pasa!"

"Suéltame!" Gritó Inuyasha de nuevo mientras empujaba a Miroku gruñendo fuertemente con rabia mientras su mente humana se alejaba más y más de él. "Ese bastardo!" El indomable demonio en su alma salió con total fuerza con odio por el hombre que había robado ese nombre. "Desgraciar ese nombre, cómo se atreve."

"Otou-san!" Miroku continuó gritando mientras intentaba acercarse de nuevo solo para ser golpeado en la cara por una poderosa garra, enviándolo al piso.

"Miroku!" Gritó Sango cayendo junto a él en el piso, sus manos lo agarraron y lo ayudaron a sentarse. "Estás bien?"

"Estoy bien." Miroku sacudió su cabeza mientras llevaba una de sus propias manos a su rostro, limpiando el pequeño hilo de sangre que brotaba por la comisura de su boca. "Pero él no."

"Maldito hijo de puta!" Inuyasha continuó maldiciendo, su furia pareció explotar mientras pateaba una mesa, destrozándola con el simple impacto de su bota.

Kagome hizo una mueca mientras las astillas llovían alrededor como un tifón, sus ojos miraban con horror mientras la taberna de Kaede era atacada sistemáticamente. "Va a destruir el lugar." Notó mientras lo observaba levantar una silla y lanzarla por la habitación, rompiéndola contra la pared mientras continuaba gritando, esta vez en un idioma completamente diferente, uno que no reconoció. Miró a Miroku quien estaba tratando de levantarse pero incapaz, su rostro ya estaba lastimado del golpe. "Tengo que hacer algo." Se dijo alejándose de Miroku, el mundo casi se detuvo a su alrededor mientras tomaba su decisión.

Con cuidado, sujetó a Shippo en su hombro, removiendo con fuerza al aferrado niño antes de depositarlo en el piso con un ligero pero fuerte movimiento en dirección de Sango y Miroku. "Ve con ellos, Shippo." Le ordenó ella al asustado niño quien no discutió, simplemente se escurrió hacia los dos adultos.

Con Shippo a salvo y fuera del camino, Kagome avanzó valiente, todo a su alrededor parecía suceder en cámara lenta. Apenas registró los gritos de Sango tras ella, la mujer le suplicada que se detuviera, y regresar hacia ellos donde estaba a salvo.

No pudo distinguir el asustado jadeo de Kaede, o los murmullos que la anciana decía por lo bajo. Eran algo así como, "Kagome, niña, lo ha perdido."

Incluso no reconoció el sonido de Miroku diciéndole a Sango no ayudarla, el sonido de Miroku gritándole que no se acercara al enfurecido demonio. "No lo detendrás!" Pensó que gritaba el hombre, fuera lo que fuera que estuviese diciendo no estaba segura.

Kagome solo continuó ignorándolos, sabiendo algo que ninguno de los otros sabían, con confianza sabía que Inuyasha no la lastimaría, no podía. Sabía que no podía, nunca lo había hecho. Si nadie contara así con su corazón, de otra manera, fue el primero en decirle que era muy especial para lastimarla.

"Mejor agradece que seas especial."

"Esperemos que eso sea verdad." Asintió para sí mientras se dirigía hacia el infierno que era el desconocido hanyou. "Inuyasha!" gritó hacia el hombre quien estaba haciendo un hueco en la pared, él se giró para mirarla, sus ojos de un color totalmente diferente al dorado que estaba acostumbrada. Kagome retrocedió en shock mientras veía los enfurecidos ojos rojos y azules, junto con las rayas como marcas en su cara. Tragó mientras le gruñía, su puño cerrándose y abriéndose, como si estuviera debatiendo golpearla. "Tal vez estaba equivocada." Pensó frenética retrocediendo un paso solo para paralizarse mientras esos ojos se fruncían como si le dijeran detenerse. "Maldición," maldijo ella haciendo lo que le pedían, quedándose quieta en medio de la habitación, estudiando al hombre igualmente quieto.

Había algo en él que era familiar, un leve recuerdo tal vez que podría haber sido solo un sueño. "Esos ojos." Susurró, el demonio le dio una extraña mirada mientras hablaba. "Conozco esos ojos." Podía verlo, el hombre ante ella en el bote con Manten, resoplando, gruñendo, furioso, transformándose. "Qué detuvo la transformación entonces?" Se preguntó, intentando desesperadamente recordar lo que había traído al hombre de regreso a la realidad, qué lo había calmado.

Su mente se tornó vacía, esa parte del recuerdo era muy borrosa para ella recuperarla, todo lo que sabía era que había extendido sus manos y entonces sus ojos de repente se habían vuelto dorados otra vez.

Ella parpadeó, la idea la detuvo. "Tal vez, fui yo?" Notó ladeando su cabeza ligeramente, no queriendo llamar la atención. "Pero qué hice?" Mordió su labio, sin importar lo mucho que tratara no podía recordar. Todo lo que supo de seguro fue que podía cambiar esa cara, podía cambiarla al hombre que se supone debía ser pero cómo, cómo podía hacer tal cosa? "Todo lo que hice la última vez fue levantar mis manos! Espera un minuto." Los pensamientos de Kagome llegaron a un alto mientras esa idea la golpeaba duro. "Mis manos, brillaron."

Podía verlas cuando alcanzó por él, el leve brillo de sus dedos mientras sus manos se acercaban a su cara. Ese mismo brillo le había pasado minutos antes cuando Miroku le había regresado la joya y también cuando había abierto la caja de la brújula. Inuyasha le había dicho que ese mismo poder había sido el responsable de matar a Manten, ese poder Miko. "Miko! Tal vez, ese es mi poder, el poder de la Miko, la bruja, la sacerdotisa, como sea." Tragó. "Es ese poder pero él es un demonio, lo matará!" Sabía que era verdad, cuando usó su poder con Manten, murió, cuando la usó con Inuyasha, se calmó, por qué, cuál era la diferencia! "Eso importa!" Intervino la parte lógica de su cerebro. "No, a quién le importan las razones, necesito ayudarlo, eso es todo lo que importa ahora!" Se dijo con convicción dando un gran paso adelante. "Él necesita mi ayuda."

El demonio le gruñó, todo su cuerpo tensándose mientras se acercaba. "Vete a la mierda!" Le gritó gruñéndole, amenazante pero Kagome no se detuvo solo continuó caminando hacia él, sus manos extendidas en frente de ella, casi amorosa mientras alcanzaba por él insegura de qué estaba haciendo pero sabiendo que era algo natural.

"Inuyasha." Llamó suavemente, segura mientras hablaba, la pálida energía comenzó a brillar desde sus dedos. "Regresa." Ordenó ella deteniéndose en frente de él, sus ojos de un gris gentil y calmado, una suave palma para su alma furiosa y herida. "Regresa, por favor?"

Inuyasha parpadeó una, dos, tres veces, cada vez su visión parecía aclararse un poco más hasta que todo lo que quedó fue un confundido dorado. "Kagome?" Preguntó él mirándola, completamente perplejo. "Qué—," Comenzó a preguntar mirando alrededor y asimilando todo el daño que ahora se mostraba en el bar, "Mierda," Maldijo mientras llevaba una mano a su cara, hundiéndola en sus mechones. "Yo hice—esto?"

"Sí, Otou-san." Murmuró Miroku desde su lugar en el suelo a cierta distancia, Sango aun arrodillada junto a él, una mano en su espalda apoyándolo.

"Mierda." El Capitán dejó escapar la palabra mientras se tambaleaba hacia atrás, su mente no registró la gentil sensación de las manos de Kagome ayudando a estabilizarlo momentáneamente antes de separarse tan rápido mientras llegaban a ayudar.

"Qué pasó?" Llamó Miroku, llamando la atención del Capitán para sí.

Inuyasha sacudió su cabeza aclarando sus pensamientos, llevando una de sus manos para pellizcar su nariz, un truco de un viejo lobo de mar para tratar con los mareos o las resacas. "El Inu no Taisho, eso pasó."

"Inu no Taisho," susurró Sango mientras se levantaba ayudando a Miroku a levantarse antes de llevarlo hacia el Capitán. La corta distancia fue cubierta rápidamente por ambos antes de detenerse al lado del Capitán. Miró los ojos del Capitán (o al menos lo intentó) su rostro parecía tan preocupado como el de Miroku, una de sus manos alcanzó para tocar la mejilla del hombre, tratando de hacer que la mirara. "Lo mismo como el Inu en tu nombre?"

El Capitán asintió alejando su mano, un gesto que no significaba ser hiriente pero aún fue doloroso para Sango nada menos. Sacudió su cabeza de nuevo, esta vez cerrando sus ojos intentando recuperar el control de su cuerpo—parecía imposible. Apretando sus dientes, luchó con la urgencia de saltar al mesón del bar y agarrar una botella de whisky. Mordiendo su labio se giró hacia Kaede, aparentemente más calmado que antes. "Tienes algo de tabaco," preguntó franco para sorpresa de todos. "Y—un—poco de whisky." Cedió a la urgencia.

La anciana asintió, su viejo ojo parecía más preocupado que enojado. "Seguro," le dijo mientras se dirigía hacia el bar, su ojo todavía en él mientras continuaba hablando. "Tienes una pipa?"

El Capitán estiró una mano ahora más fuerte en su chaqueta, su control lentamente regresaba mientras buscaba por la pipa que siempre mantenía en su bolsillo interior, la pipa que no había guardado hoy. "Mierda." Logró decir llevando su mano a su cara para masajear su sien, sus manos comenzaron a temblar de nuevo, necesitando los efectos calmantes que su adicción le pedía. "La dejé en el barco."

"Puedes usar la mía." Administró Kaede suavemente mientras se apresuraba hacia el mesón, agarrando un vaso y el whisky, la botella y el vaso resonaron juntas. Rápidamente, regresó depositándolas en una mesa cercana indicándole a Miroku antes de regresar a su habitación por su pipa.

Kagome observó la escena sorprendida y en shock, el nombre, este Inu no Taisho, había hecho que el Capitán lo perdiera completamente. Tragó observándolo, temblando ligeramente incluso ahora mientras Miroku lo conducía gentilmente hacia la mesa, una mano en el hombro del hombre girándolo literalmente para que no se tropezara con alguna de las sillas en el camino. "Cómo?" Preguntó ella. "Cómo puede un nombre destruir así el control de un hombre? Esto no está bien." Sabía que era verdad. "Sé que los demonios algunas veces pueden transformarse pero—usualmente están en completo control cuando sucede, esto parecía como si el Capitán no tuviera control!"

Ella continuó observando mientras el Capitán alejaba las manos de Miroku una vez que alcanzaron la mesa; el fuerte Capitán estrelló sus manos en la madera haciendo que el vaso y el whisky saltaran por el impacto. El hombre maldijo por lo bajo, una palabra que Kagome no reconoció antes de alcanzar por la botella de whisky agarrándola con una temblorosa garra. Sus ojos se volvieron hacia su rostro, observando mientras los dorados ojos miraban duramente la botella, como si tratara de asustarla para abrirla mientras sus manos trataban de maniobrar la tapa desesperadamente, sin éxito.

"Demonios, maldita sea!" Gritó finalmente haciendo que todos en la habitación saltaran de miedo, incluso Miroku quien estaba en silencio de pie al lado del Capitán, su rostro se tornó un poco pálido mientras inhalaba un profundo respiro.

"Déjame abrirla." Sugirió él suavemente, su voz un poco temblorosa al hablar. Era el único en la habitación que había visto al Capitán en un estado asemejando este y sabía más que nadie que lo peor había pasado en su mayoría. "Gracias a Dios la Srta. Kagome logró calmarlo. Incluso yo no pude esta vez." Miró a la joven sobre su hombro, asombrado. "Ella debe tener más impacto en él de lo que pensé."

Inuyasha se giró mirando al joven con duros ojos dorados como si debatiera consigo mismo lo que debía hacer. Finalmente, empujó la botella bajo la nariz de Miroku, esperando mientras el joven la abría apresuradamente, sus manos (tan temblorosas como las del Capitán) fueron lo ágiles suficientes para romper el sello de la botella y forzar la tapa para desenroscarla.

"Bien," dijo Miroku alcanzando por el vaso. "Déjame servirlo."

"No te molestes." Gruñó el Capitán mientras alejaba bruscamente la mano de Miroku del vaso (aunque mucho más amable de lo que podía) y agarró la botella en su firme agarre antes de colocarla en sus labios bebiendo tres largos tragos antes de estrellarla en la mesa, siseando del ardor de la bebida.

Todos observaban mientras tomaba respiro tras respiro, sus ojos cerrados mientras el alcohol quemaba su garganta. Lentamente, comenzó a hundirse hacia el suelo, Miroku lo atrapó como lo hizo esta vez, Sango se apresuró a tomar una silla para colocarla debajo de él para que el Capitán no se desplomara en el piso.

Inuyasha abrió sus ojos borrosamente, su visión agotada mientras lo hacía, era como si estuviera despertando de una pesadilla. Lamiendo sus labios miró el whisky antes de tomarlo y beber otros tres largos tragos. Estrelló la botella en la mesa antes de apoyarse, ambas manos cubrían su rostro. "Maldición," maldijo levantando su cabeza. "Lo perdí, verdad?" Murmuró sintiendo la sangre de demonio que había estado plagándolo comenzar a disiparse, desapareciendo en el fondo de su mente una vez más, latente por un poco más.

"Estás bien?" Preguntó Miroku, su voz no más suave y aplacada pero de nuevo normal. "Por un segundo pensé que ibas a destrozar el lugar completamente."

"Por un segundo," murmuró Inuyasha mirando al joven, sus ojos parecían casi ensangrentados. "Así lo hice." Parpadeó atontado. "Lo siento," dijo, su orgullo no intentó atravesarse en sus palabras. "Tu cara está bien?"

"Quieres decir esta pequeñez?" Miroku ondeó su mano en frente de su cara mientras dejaba escapar un 'tsk'. "La he tenido peor que esto," señaló la golpeada carne de su mentón. "Golpeas como una niña cuando estás transformado."

Inuyasha sonrió levemente ante el mal intento de broma. "Seguro que sí." Dijo sarcástico antes de girarse, su rostro ahora avergonzado mientras se obligaba a mirar a Kagome. "Gracias." Susurró como si no tuviera intención de decir las palabras verdaderamente.

"De nada." Respondió Kagome asintiendo. "No fue nada."

Kaede emergió entonces, una pipa en su mano, añadiendo tabaco en su punta mientras caminaba hacia ellos. Con el tabaco listo sacó un fósforo de su bolsillo y lo rozó en el borde de la mesa antes de colocar la pipa en su boca y el fósforo en la cabeza de la pipa. Aspiró unas pocas veces hasta que estuvo segura de que el tabaco había prendido y apagó el fósforo. Llegando al otro lado de Inuyasha, le alcanzó la pipa encendida al hombre quien la aceptó sin preguntar, sus manos ahora completamente bajo su control mientras sujetaba la pipa llevándola a sus labios, inhaló el humo calmante con una larga inhalación antes de alejarla de sus labios.

"Yo—um." Comenzó a decir pero la anciana levantó una mano para detenerlo.

"No," le dijo la anciana, su expresión ligera a pesar de la situación. "He tenido daños peores aquí que solo dos mesas rotas y un par de viejas sillas."

Las orejas de Inuyasha se aplastaron en su cabeza con vergüenza. "Al menos," su voz apretada mientras hablaba. "Déjame pagar por los daños."

Kaede sonrió y guiñó, un gesto extraño y confuso viniendo de alguien con un ojo. "Estaba pensando obligarte."

Inuyasha le sonrió tontamente antes de inhalar otra bocanada de la pipa.

"Entonces," comenzó Sango mientras alcanzaba por la silla junto al Capitán, sus temblorosas piernas no podían ser capaces de soportar su peso. "Te importaría decirnos por qué te transformaste así?"

El Capitán se detuvo a media bocanada pero no dijo una palabra, solo se giró y miró hacia la ventana, sus ojos cubiertos por sus mechones. "No quiero hablar de eso." Gruñó antes de terminar la chupada en la pipa.

"Pero Capitán." Sango continuó presionando, sus manos alcanzaron para agarrar uno de sus largos mechones, obligándolo a girarse y mirarla. "Al menos podrías decirnos después de que tú—," Ella señaló la destrozada taberna. "Revolvieras el lugar y nos asustaras así."

"No—." Mantuvo el Capitán soltándose de la joven, sus ojos cerrados mientras mordía un poco el extremo de la pipa, una leve señal de irritación.

"Es lo justo." Intervino Miroku tomando una silla y sentándose. "Creo que necesitas decirnos por qué el nombre Inu no Taisho—y—um—Sessho—ma—ru, puede hacer que enloquezcas."

Inuyasha apretó sus dientes, deseando que el tabaco y el licor actuaran más rápido. "Es una larga historia." Les dijo firmemente mientras llevaba una mano hacia su cabeza pareciendo irritarse más a cada minuto. "Y en verdad no tengo ganas de contarla."

"Tenemos toda la noche." Presionó Kaede en lugar de Sango, Inuyasha gruñó en respuesta, el demonio en él despertando, alimentándose de la animosidad creciente en el lado humano del hanyou.

"Sólo dinos!" La chillona voz de Shippo golpeó sus delicados oídos, encendiendo aún más al demonio en él.

"Nos lo debes." Suplicó Sango girando sus ojos al hablar. "Tenemos que soportarte, lo menos que puedes hacer es tirarnos un hueso, sin juego de palabras."

Una vena pareció formarse en la cabeza de Inuyasha por sus palabras. "Cálmate." Se dijo firmemente. "No tienes que decirles nada, eventualmente se darán por vencidos."

"Te matará compartir por una vez?" Miroku puso sus dos centavos, la punzada en su mejilla mataba su comportamiento normalmente paciente y comprensivo así como nublaba su gran juicio cuando se refería al legendario lado demonio del Capitán.

Fue la paja que quebró la espalda del camello.

"Es suficiente!" Espetó Inuyasha apretando su puño tan fuerte que sus nudillos se pronunciaron y sangre brotó de donde sus uñas cortaban su carne. "Si me quedo aquí en este momento haré más que sólo golpear la mejilla de Miroku." Se dijo mientras sus manos comenzaban a temblar del demonio dentro de él, sabía que sólo era cuestión de minutos antes de que su control se escapara de nuevo. "Si no quiero decirles entonces no tengo que decirles!" Gritó él, permitiéndole al demonio regresar a la superficie una vez más, sus ojos destellaron rojos con frustración y desprecio. "Sólo déjenme en paz!" Terminó él, usando su renovada furia como una excusa para irse, levantándose de la mesa con tal fuerza que la botella de whisky casi se voltea, y lo hubiera hecho si no la hubiese atrapado. "Me llevo el whisky!" Gruñó mientras marchaba hacia la puerta para sorpresa de todos. Agarró el pomo, casi arrancándolo de la puerta mientras abría la entrada de la taberna con un rápido movimiento, saliendo a la oscuridad, desapareciendo en la noche mientras tiraba la puerta tras él haciendo que las luces en el techo se sacudieran del temblor a su salida.

Desde su lugar al lado de la mesa, Kagome hizo una mueca, el sonido de la puerta cerrándose fue tan fuerte que lastimó sus oídos. Alrededor, todos permanecieron en silencio, enervados por la repentina rabia que había reaparecido en el comportamiento casi calmado del Capitán.

"En verdad está enojado." La infantil voz de Shippo susurró en el tenso aire rompiendo el silencio.

"Pueden culparlo?" Susurró Kagome, su propia rabia despertaba. A través de toda la conversación (o interrogatorio como fue) había permanecido en silencio, observando, esperando que el Capitán hablara pero conociendo al hombre era muy reservado para dejar escapar cualquier información. "Sé que es extraño el cómo ha estado actuando pero—," Se giró y los miró a todos, sus ojos fruncidos con su propia irritación. "Si él no quiere decirnos entonces no podemos obligarlo. Es muy orgulloso para eso."

"Admítelo Kagome." Refutó Sango. "Quieres saber tanto como nosotros."

"Sí." Le dijo Kagome honestamente con un movimiento de cabeza. "Pero lo respeto lo suficiente para saber que no quiere hablar de eso." Los reprendió inadvertidamente, cruzando sus brazos en frente de su pecho. "Lo que sea que pasó en su pasado fue horrible y ustedes, preguntándole, obligándolo a hablar de eso no lo hace más fácil." Le envió una dura mirada a Sango. "Tú, más que nadie, debería entender eso."

La joven de oscuro cabello tragó cuando la realidad la golpeó. Kagome tenía razón, estaba siendo insensible pero en su propia defensa, nunca había pensado que el Capitán se afectaría por algo tan insignificante como su pasado—él era más fuerte que eso—más fuerte que ella.

"Voy a ir a buscarlo." Les dijo Kagome, satisfecha de que entendieran que era su culpa de que se hubiese ido como lo hizo.

"No puedes." Kaede se levantó, su voz firme. "Es peligroso allá afuera, Kagome, de noche esta ciudad puede ser horrible."

"No puedo quedarme aquí mientras él está allá afuera." Respondió Kagome señalándose hacia la puerta.

"Regresará." Le dijo Miroku confiado mientras miraba a Kagome desde su lugar en la mesa. "Cuando se enciende así, necesita enfriarse, una vez que esté calmado, regresará y todo volverá a la normalidad."

Kagome suspiró y miró entre Miroku y la puerta, contemplando seriamente su próximo movimiento. Debería salir tras él, debería ir y encontrar al perturbado Capitán, intentar consolarlo? "Dudo que quiera ser consolado en este momento. Probablemente Miroku tiene razón, sólo quiere estar solo. Necesita algo de tiempo para solucionar lo que esté pasando en su cabeza." Suspiró de nuevo antes de alejarse de la puerta y regresar a la mesa, su cabeza gacha mientras se movía.

"Por qué no descansan un poco?" Sugirió Kaede suavemente levantándose desde su lugar en la mesa, crujiendo su espalda en el proceso. "Tengo unas habitaciones extra que pueden usar."

"Gracias." Confirmó Sango con Kaede rápidamente, sabiendo que era mejor para ellos quedarse con ella en la noche en caso de que el Capitán decidiera regresar a la taberna. Después de todo, se preocuparía si regresaba por ellos y ya se hubiesen ido al barco.

"Lo apreciamos mucho." Miroku estuvo de acuerdo con ella mientras también se levantaba preparándose para ayudar a la mujer de edad.

En realidad, Kagome no escuchó la conversación, su atención estaba enfocada en la ventana, mirando a la oscuridad que era New Orleans de noche, su mente fija en una figura de cabello plateado que estaba allá en algún lugar en esa oscuridad, el corazón herido sin nadie con quien hablar.

"Inuyasha—" Preguntó ella, su curiosidad no mejor que la de los otros en el salón pero su habilidad para respetar los límites de alguien mucho más grande. "Qué te pasó, qué pasó que hizo a un hombre como tú actuar así?"

Verdaderamente, Kagome no estaba segura de querer saber la respuesta a esa pregunta.

Fin del Capítulo

Dejen sus Reviews, por favor

-.-.-.-.-.-.-.-.-

Traducción del japonés:

私を開いた人は、心と心の純粋です. La persona que me abra es pura de corazón y mente.

Notas:

Chuugoku es lo que el chino y el japonés llaman chino.