Disclaimer: Los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer y la trama a vampbirch.
31 de octubre, 2012
11:00 p.m.
Es como en las películas: demasiado rápido de comprender, pero tienes una idea de lo que pasa. Hay personas discutiendo, y hay una chica en el rincón, llorando, y me siento mal por ella, pero realmente quiero saber qué está pasando.
—¿No podías decírmelo? —El hombre, que está gritando en la escena frente a mí, es Charlie Swan.
—¡No sabía que era importante! —Esa sería su esposa, la mujer que nos acompañó en las buenas y en las malas.
—Es un papel, Reneé, es simple, lo firmas y sigues adelante —ruge. La vena en su frente sobresalta—. Sabía… sabía que esto era una mala idea, pero no me quisiste escuchar. Eres tan…
Toma una reposera y la patea, de hecho, patea las patas, hacia el patio del vecino.
—¡Papá! —grita Bella, mirándolo sorprendida. Dirige su mirada llena de pánico hacia mi, y me encojo de hombros.
¿Qué carajos está pasando aquí?
—¿Qué se supone que hará ella ahora, Reneé? —pregunta a su esposa, que está de pie, sosteniendo su mano contra su boca—. Tú eres la que la convenció de este lio.
Frunzo mis cejas, demasiado confundido, pero con miedo de preguntarle a Charlie qué pasa en medio de su furia. En cambio, camino hacia el borde del césped donde está Bella. Con su rostro enrojecido, intenta controlar sus sollozos.
—¿Qué pasa? —susurro, envolviendo mis brazos alrededor de sus hombros para abrazarla fuertemente. Me devuelve el abrazo, igual de fuerte, llorando en mi hombro.
—No sé que pasó, Victoria llamó y dijo que cambió de parecer —me dice, jadeando por aire.
Me congelo, y de repente entiendo todo.
—¿Cambió de parecer? —repito, sacudiendo mi cabeza incrédulamente—. ¿Cómo? Ella… —Es en este momento donde no sé qué otra cosa decir más que—. ¿Qué mierda?
—Lo sé —dice ella, secándose los ojos y girándose hacia el patio—. ¡Papá! ¿Te puedes calmar?
—No pueden hacer esto —susurro, más para mí que para alguien más.
—Oh, sí. —Se ríe Charlie y se gira hacia mí. Planta sus manos en sus caderas asintiendo hacia Bella—. Sí, pueden. Esta no era una adopción legítima, como mi esposa acaba de informarme.
—¿Legítima? —chilla Reneé—. Charlie, no podemos obligarlos a que tomen el bebé. Incluso si hubieran firmado el contrato, ¿realmente crees…?
—Ese no es mi punto, Reneé —replica él—. Si hubieran firmado el contrato, hubieras sabido que esto era real… que en serio lo iban a tomar. ¡Te dije que esta era una mala idea y que tenías que tener cuidado, pero no me escuchaste, es como hablarle a la pared contigo!
—Agh —gruñe Bella, encorvando sus hombros y escondiendo el rostro en sus manos—. ¿Qué mierda está pasando ahora?
—¡Mira lo alterada que está! —grita Charlie, señalando a su hija.
—¡Está alterada porque tú no te calmas, idiota! —Sisea Reneé.
Frunzo mis labios, no del todo seguro qué pasa llegados a este punto. Sé que debería estar preocupado por la noticia—que ya no sabemos qué hacer—pero estoy más preocupado por los padres de Bella. ¿Se tomaron demasiadas pastillas para la locura hoy?
—¡Mamá no lo sabía, nadie lo sabía! —le grita Bella a su padre—. ¿Puedes calmarte así puedo pensar?
—Pensar —responde Charlie, negando con la cabeza. Levanta la vista hacia su mujer, señalándonos—. Creo que es bastante obvio ahora… te quedarás con el bebé.
—No —dice firmemente Reneé, apartándose del camino de Charlie. Nos mira, sacudiendo la cabeza—. No tienen que quedarse con el bebé solo porque ellos se negaron…
—¿Es un chiste? —grita Charlie—. ¿Sabes lo mucho que les llevó —dice, señalándonos—, decidir esto? No confiaron en ellos hasta hace poco. Les llevó meses, meses, aceptar esto, para confiar en esos jodidos fraudes, y tú seguías y seguías presionándola, diciéndole a Bella que son buenas personas. —Vuelve a señalarnos, con su mirada en Reneé—. Obviamente tenían razón.
Y en ese momento me doy cuenta.
—Esperen, ¿por qué se echaron para atrás? —pregunto, volviéndome hacia Bella.
Ella sacude su cabeza.
—Ella no lo dijo.
Antes de que termine, ya estoy dado vuelta, dirigiéndome hacia mi coche.
—¿A dónde vas? —grita.
—Ya vuelvo —respondo por sobre mi hombro.
—Mira al chico, saliendo a encontrar respuestas… —dice Charlie, casi orgulloso—. ¡Edward, no puedes ir allí!
No sé si realmente me está dando su apoyo, pero puedo ver a Bella estirando sus brazos.
—¿Qué rayos…? —Patea la reposera que Charlie lanzó antes—. Me voy a dormir. Despiértenme cuando todos se tranquilicen.
En ese momento dudo, pensando en que debería quedarme… pero no. Teníamos un acuerdo, y quiero saber por qué se retractan. ¿Somos nosotros? ¿Pensaron que no íbamos a poder hacerlo?
Con cada segundo que pasa, me enojo más. ¿Por qué nos hicieron sentir que estaba bien dudar, solo para darnos la espalda cuando el bebé está a punto de nacer?
En vez de preguntármelo, entro en mi coche, ignorando a la familia loca que me grita desde su patio delantero… excepto Bella. Ella ya está volviendo a la casa para dormir, o quizás llorar, no lo sé en estos momentos.
.
.
.
Hay un momento en mi vida cuando miro a mi alrededor hacia las personas y me doy cuenta que están locas. Y entonces, me miro a mi mismo, y me doy cuenta que soy un maldito hipócrita.
Tengo esta revelación cuando me doy cuenta que mis nudillos están por sangrar de tanto golpear a la puerta de Jim.
—¡Jim! —grito—. Sé que estás allí, puedo ver…
Es mágico.
La puerta se abre, mostrando a James Hunter en, sin exagerar, los pantalones de dormir más finos que he visto en mi vida, y una camiseta de Cage the Elephant.
Sabía que el maldito dormía en pantalón de vestir.
—¿Qué mierda? —Ensancho mis ojos.
Se frota los ojos con sus palmas, tratando de despertarse, antes de entrecerrar sus ojos hacia mí.
—¿Edward? —murmura, mirando sobre mi hombro—. ¿Qué haces aquí? ¿Dónde está Bella?
Alzo mis cejas.
¿Es un puto chiste esto?
Se sorprende.
—Oh, —dice, haciéndose un paso hacia atrás.
Asiento, repitiendo—: Oh.
Frunce sus labios, tocándose una mejilla.
—Oh, mierda… Supongo que Victoria los llamó.
Otra vez, asiento, aun mirándolo, preguntándome qué rayos está pensando.
—¿Lo dices en serio? Quiero decir, me siento como un maldito idiota. —Rio sin humor, sacudiendo mi cabeza—. Confiamos en ustedes, estábamos listos para entregarles nuestro bebé. ¿Es por esto que no funcionó con los demás? ¿Cambiaron de parecer?
Niega con la cabeza, pero no me importa.
—¿Saben lo mucho que nos costó confiar en ustedes? —No me doy cuenta que me estoy alterando, o que Jim prende un cigarrillo mientras hablo. Para nada—. ¿Quién carajos son en realidad? ¿Están un culto o algo? ¿Hacen esto a propósito…?
—Chico, cálmate —me dice, ofreciéndome su cigarro.
—Y también fumas, qué bueno. —Me inclino sobre mi cintura, colocando las manos sobre mis rodillas. Mis hombros tiemblan.
—No, solo por hoy —dice, lanzando el cigarrillo hacia el arbusto—. Edward, lo siento…
—¡¿Lo sientes?! —grito, enderezándome—. ¿Acabas de arruinar todo y lo sientes?
Asiente lentamente, haciendo una mueca.
—¿Por qué no entras?
—Ni siquiera sé quién eres, no voy a entrar a tu casa, psicópata. —Intento recuperar el aire, teniendo algo parecido a una crisis nerviosa. Mi pecho se siente como si fuese apuñalado, ¿quizás es un paro cardíaco? En mi cabeza, pienso que recibiría feliz un paro cardíaco… pero no, necesito sobrevivir.
Bella me necesita.
Sacudo mi cabeza, dándome cuenta lo idiota que soy por dejarla sola con su familia loca. Probablemente está enloqueciendo peor que yo, y yo solo me fui sin preocupación.
—Edward, mira, sé que estás enojado conmigo, tienes todo el derecho, pero, por favor, déjame explicar. No estoy en un culto, quería a este bebé tanto como Victoria.
Suelto un bufido, enderezándome y girando hacia mi coche, listo para volver a lo de Bella.
—Sí, bueno, Victoria tuvo la oportunidad de explicarlo cuando dejó su mensaje, así que…
—Yo no —grita detrás de mí mientras yo gruño y camino más rápido, convencido aun que estoy teniendo un paro cardíaco.
Me detengo entonces, volviéndome hacia él.
—Dímelo, así puedo irme.
Suelta un suspiro, acercándose hacia el porche y echando un vistazo a su vacío vecindario antes ve mirarme.
—Está embarazada.
Frunzo mis cejas.
—¿Victoria? —Asiente—. Pensé… pensé que no podían tener hijos.
Asiente, mirando a su alrededor otra vez.
—Yo no puedo. No es mío.
Dejo de respirar, y en este momento es fácil comprender.
El universo no gira a mi alrededor. No soy el único con problemas, y mi vida no es la única que es una locura.
—¿Ella…?
Se rasca el cuello, haciendo una mueca.
—Sí, me engañó. Con su asistente.
—Oh, —Suelto, incluso aunque mi corazón sigue latiendo como loco en mi pecho—. Eh… Lo siento.
Me da una sonrisa arrepentida.
—No, yo lo siento. Debería haber terminado esto hace un tiempo, pero Victoria es…
—¿Una perra controladora? —respondo, alzando una ceja—. Sí, nos dimos cuenta de eso.
Sus labios forman una línea recta, sin decir nada para defenderla.
—Realmente lo siento, Edward. Desearía que las cosas fueran diferentes.
Volviendo a mirarlo, sé que dice la verdad. Realmente está arrepentido, y sé que quería que las cosas salieran diferentes.
Miro hacia mis pies, asintiendo con tristeza.
—Si, bueno… Espero que todo se solucione con Victoria.
—No hay chance que volvamos a estar juntos, si eso es a lo que te refieres. Se fue esta mañana, y me olvidé de la adopción hasta…ahora.
Asiento de nuevo, entendiendo. Acaba de jodernos la vida, pero cómo sea.
—Entiendo. —Le doy la espalda—. Gracias de todas formas, supongo.
Camino hacia mi coche y me meto. En vez de irme, saco mi teléfono, ignorando las llamadas perdidas y buscando mi última llamada. Cuando ella responde, suena más calmada que yo. Lo hace más fácil calmarme por un segundo y así escuchar.
—¿Qué hacemos ahora?
