Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, la historia es completamente mía.
CAPITULO IX
Bella despertó con el sol en el rostro, gruñó y se dio la vuelta. Una risita la sacó de su entresueño. Oh, Dios. Había olvidado donde estaba. Espió desde su posición, Edward estaba muy cómodo en su pijama con el computador en su regazo y el móvil en la mano. Tecleando furiosamente. Sonreía a medias, pero no la miraba. Se enderezó y le dio la espalda. Confusa. No se había despertado esa mañana para salir corriendo y tampoco tenía la necesidad que antes había rugido allí. Frunció el ceño. Debería de ser media mañana, tenía tantas cosas para terminar esa semana allí que por ende no quería empezar. O tal vez debería visitar el centro en América para saber qué demonios había soltado ese rumor de que las cosas estaban saliendo mal.
Gruñó y se levanto de la cama. No era una persona mañanera. Fue directo al baño a tomar una ducha y comenzar el día. No es como si tuviera un lugar especial en la casa pero el día estaba soleado y tenía ganas de quedarse en el jardín de la casa. Allí tumbada con sus elementos de trabajo en el regazo admiró a su alrededor. Edward tenía una mini mansión, cómoda y realmente le sorprendía que viviera en las afueras de la ciudad. La realidad era que no reconocía muchas cosas de él ahora de adultos, había evitado hacerlo a lo grande para evitar repercusiones en su pobre corazón. Pero se permitió soltarse un poco más.
Conocía el negocio de Edward, lo duro que trabajaba y el empeño que le ponía a su negocio. Puede que haya preguntado por ahí en el último tiempo, y que Rose estuviera articulando con posibles donaciones de su parte. Ahora mismo trabajaban en un proyecto para presentar en unas semanas. Conocía la magnitud de la empresa, la capacidad y estaba lista para unirla a su lista de activos. Utilizar a Edward de esa forma no le parecía ético, o si quiera moral. Pero él tenía un prestigio que pocos tenían y que ella necesitaba. Sobre todo si descubría en qué demonios se había involucrado Riley.
Eso trajo su mente de regreso a los negocios. Se acomodó los lentes de sol en el puente de la nariz y tomó el móvil. Removiendo el té negro que Elena le había traído.
-Socia.
-Rose, linda. ¿Tienes un minuto? Esto es realmente importante.
-Me sorprende que puedas llamarme, en vez de enviarme un correo.
-En realidad, estoy en... la casa de Edward, esta semana.
-¿Qué? Quiero detalles. Espera...- le prosiguieron ruidos de puertas- Listo. Soy toda tuya.
-Edward tiene una idea, la que realmente no conozco demasiado bien, para sacar a Charlie de la empresa. Tiene un socio que puede ayudar con ello y parte de su plan me incluye. El cree en el honor de la familia y toda esa idea anticuada. Pero sobretodo, sabe quién soy y Edward quiere que me conozca para estar de su lado.
-¿Algo así como que, por más que tengas sangre Swan no tienes ni un pelo de ellos, verdad?
-Exacto. Eso me recuerda a algo... Este hombre, Lucas MacCarthy...
-¿Quién?
-Lucas MacCarthy.
Rose silvó.
-¿Qué sucede con él?
-Ese hombre es una bestia de los negocios. Si Edward espera que realmente esté de su lado tiene que tener una muy buena estrategia. Fue mi cliente hace muchos años, casi en mi comienzo. Es puro salvajismo.
Bella tembló. No podía relacionar ese perfil con el que ella misma creía tener con respecto al tipo.
-Lo conozco, Rose.
Murmuró. Rose se tomó un minuto, analizando el matiz de su voz.
-¿Qué quiere decir eso en realidad?
-Tengo extraños recuerdos de cuando era muy pequeña, de una voz masculina junto con la de mi madre. Es una armonía dulce y tranquila. Apenas una palabra salió de su boca, lo reconocí. Siento que lo conozco, que es él.
Rose suspiró.
-De todas formas, no hay manera de confirmar eso o de que siquiera tenga sentido...
Bella se encargó de volver a los negocios. Conversó a cerca de las sospechas a cerca de Riley y ella quedó encargada de averiguar a cerca del asunto. Estaba convencida que como como contadora no se le había escapado nada y mucho menos una estafa. Y a Rosalie como abogada y representante legal, menos. Dejó la llamada para volver a registrar las cuentas y así pasó la siguiente hora, trabajando.
Edward la miró por el ventanal de su oficina. Suspiró lentamente. Había pasado de admirar su ceño fruncido mientras trabajaba, por supuesto no podía ver nada de lo que ella hacía desde allí pero al menos había confirmado que trabajaba de algo. Ni siquiera lo dudaba, a pesar de que en un principio se había dejado llevar por las críticas de Charlie. Admiró la belleza de su perfil, la delicadeza de sus rasgos. Su mente se abstrajo hasta el momento en que la conoció.
-¡Bella, espera!
La chica que estaba de espaldas a él, rió y continuó corriendo hacia atrás para tomar la porra. Ella era una animadora, en realidad la capitana. La conocía bien, ella era Bella Swan. La belleza del instituto. No solo era superficial, él mismo jamás se hubiera fijado en alguien así. Pero la había oído hablar en varias ocasiones y todas, lo habían dejado desconcertado. Era audaz, inteligente y seductora. Apenas tenía dieciséis años, pero su madurez era mejor que la de sus amigas. Bella siguió hasta tropezar con él y la tomó en brazos.
Ella se enderezó y se apartó de inmediato. Su sonrisa lo prendió de inmediato. Su mirada era clara, feliz y vivaz. Bella rió.
-Diría que lo siento, pero eso sería una mentira.
Osada. Sonrió en respuesta y rió un poco, sin tener algo coherente para decir. Ella le nublaba el juicio.
-Diría que tuvieras más atención por donde corres, pero eso sería una mentira.
Sus ojos brillaron. Su sonrisa se hizo más grande.
-¿Me atraparías?
-Siempre que quieras.
Bella rió en una carcajada y se alejó. Meneando su cabeza. Él la había dejado sin palabras. Se giró para verlo una última vez, él seguía sonriéndole. Sin apartar la mirada de ella. Con el sol brillando en su cabello, la luz iluminando su mirada. Edward supo en ese momento que se había enamorado a primera vista de Bella.
-¿Señor, Masen?
Se enderezó del alfeizar de la ventana, descubriendo que Bella ya no estaba allí. Solo sus cosas quedaron en la galería. Elena estaba de pie detrás de él.
-¿Que ocurre?
-Tiene visitas, la señora la ha recibido.
Edward asintió, tenía la necesidad de correr para saber quién los había sorprendido de esa forma. Solo esperaba que no fuera su suegro, no tenía energías para pelear ese día. La risa de Bella, cálida y educada, le llenó el pecho de alivio. Jamás podría dar esa respuesta si se trataba de su padre.
-Ha sido muy atento, de verdad se lo agradezco.
Lucas le sonrió educadamente. Bella acomodaba el ramo de rosas blancas en sus manos mientras las olía. Suspiró.
-Eran las preferidas de mi madre.
El hombre se mordió la lengua y asintió. Él lo sabía mejor que nadie. Edward se adelantó, Bella fue la primera en mirarlo. Sonriente.
-¡Mira! ¿No son preciosas?
Brillaba como el sol de verano, si tan solo hubiera precedido que las flores ablandarían su corazón, él mismo lo hubiera hecho antes. Sonrió algo tenso y dirigió su atención al recién llegado. Lucas lo miró y se acercó para tender su mano.
-Siento no haber programado una visita, esperaba que pudiéramos discutir de negocios.
Bella se adelantó.
-No es problema ¿se une a almorzar, señor MacCarthy?
Lucas miró a Edward. Quién estaba tan sorprendido por el intercambio que apenas podía reaccionar.
-Nos encantaría, Lucas. Adelante.
Bella lideró el grupo hacia la cocina, tras avisar a Elena que la visita se quedaba. Cada vez que ese hombre ponía la mirada en ella, la piel se le erizaba. Ese presentimiento de conocimiento era inexplicable, la ponía nerviosa así como quería descubrir cada halo de misterio a su alrededor. Edward se sentó a su lado dejando al invitado frente a ellos.
-Esperaba que podamos discutir este asunto en privado, desde luego son negocios. Pero realmente me interesa que... Isabella, si puedo llamarte de esta forma, esté presente.
Edward comenzaba a impacientarse. No le gustaba que ella estuviera de por medio de las reuniones de negocios, pero le gustara o no, él solo la había involucrado y ahora tenía que morder su lengua. Ella sonrió suavemente.
-Bella, está bien.
Edward carraspeó. Se enderezó en su lugar y asintió.
-Por supuesto, ella es mi esposa y si bien también tiene su tiempo ocupado en sus negocios, es partícipe de mis decisiones.
Mentiras aparte. Lucas asintió, mirándolo a ambos.
-Voy a ser honesto aquí. Desde luego no esperaba que siquiera uno de los hijos de Swan fuera menos que él, incluso no esperaba más que escoria cuando te conocí, Bella. Estaba negado de entrada a enlazar los negocios con tu esposo, por ti.
Ella solo sonrió, ocultando la tensión de él. Edward se enderezó, más sorprendido que molesto por la declaración. Si bien era una realidad, no sabía como manejar esa clase de cordialidad y falta de respeto hacia su esposa. Bella se adelantó, levantando una mano en el aire para detener lo que fuera a salir por su boca.
-Entiendo su postura, señor MacCarthy. Incluso yo misma, ni siquiera mezclaría mis negocios con la estirpe Swan. No es algo lindo. No me siento en lo más mínimo ofendida, estoy más que acostumbrada a cargar con el peso del renombre poco ético de mi padre y créame, nadie más que yo lo sabe.
Bella había adoptado una nueva postura, habían dejado de lado las educaciones para ir directo al grano, mientras el almuerzo era servido. Ella se preparó para defender a Edward. Le debía aquello, y si él había creído que podría ayudarlo, lo haría.
-Voy a ser completamente honesta con usted también, lo tenemos respirando sobre nuestra cabeza, queriendo sabotear cada parte de nuestras vidas y no queremos dejarlo ganar ni un poco. Estamos decididos a alejarnos completamente de él, los negocios de Edward son realmente importantes para nosotros. Nuestra familia merece tranquilidad, y estoy hablando como una Masen. Llevo mi vida completa luchando por la patria potestad y la independencia de mi nombre pero no puedo. Nuestro matrimonio fue el comienzo de ello, intentó manipularnos y estamos creando la resistencia. Esperamos que esté de nuestro lado para limpiar nuestro nombre y dejarlo reducido a solo donde se merece estar.
Edward miró a su esposa con el orgullo llenando su pecho, ella realmente se había puesto la camiseta de su nombre en el asunto. La seguridad, la seriedad en el asunto y su postura estaban convenciendo a McCarthy. Bella sacó la artillería pesada y lo miró fijamente.
-Sacar a mi padre de la empresa es en una de las cosas en las que podemos ganarle realmente. Con la estrategia adecuada y sin darle el poder de rematarlo después. Quiero que Edward pueda estar tranquilo, mi padre ya nos ha hecho demasiado daño como para permitirle, o darle una herramienta más para que nos torture. ¿No lo cree, Lucas?
Mientras ella hablaba Lucas reparó en los parecidos que tenía con su madre, que eran exactamente los más básicos. Su extraordinaria belleza, casi exótica. La delicadeza de sus rasgos y la finura para hablar. No solo era una cara bonita, ella gozaba de un raciocinio y un intelecto que le dejaban sorprendido. Lucas estaba fascinado con la mujer que tenía en frente. Asintió de acuerdo.
-Lo haré, Bella.
Miró a Edward.
-Ella debería estar en tu equipo de marketing o en tu equipo legal. Tienes una gran defensora allí.
Edward ni siquiera lo miró. Solo tenía ojos para Bella. Sonriendo, estuvo de acuerdo. Bella le devolvió la sonrisa, satisfecha. Él le había dado el poder de convencerlo y ella lo había logrado. Esa mujer era la que él había conocido, audaz, capaz y estaba cada día más enamorado de ella.
De nuevo.
