Día 20 de la cuarentena: no he sentido alegría (que no esté relacionada a medicamentos) desde los 17...
Perdón por lo del día de los inocentes...
Tengo como doce historias que no pude embonar en este fic, así que estén pendientes de una segunda parte.
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—Sí acaso eran las dos de la tarde del sábado catorce de marzo…
—Catorce de marzo del dos mil veintisiete…
—Correcto… sabía que una de ellas, Leni, administraba el restaurante que está sobre la calle de…
—Sí, es el negocio familiar—Lincoln sabía que los reporteros tienen esa peculiar costumbre de interrumpir aun cuando lo que iban a decir no era relativamente relevante o necesario, quizá fuera por querer mantener el protagonismo en las entrevistas, pero empezaba a cansarse.
La mano de Leni apretó un poco su brazo antes que uno de los oficiales le pidiera que guardara las distancias, el albino respiro un par de veces para calmarse y continuó.
—Sí… algo así… por eso habíamos acordado comer ahí. El lugar no estaba muy lleno, aun así Leni nos llevó a una pequeña sala en la parte de atrás. Desde la privacidad del pequeño saloncito sólo se oía el murmullo colectivo de las personas afuera, en el comedor principal. Estábamos haciendo simple sobremesa, esperando a que Lily regresara de la cocina y que Lynn terminara de hablar con sus seguidores cuando alguien entró por la puerta del salón. Eran dos hombres y una mujer, llevan a rastras tanto a Lily como al mesero y socio de Leni.
El reportero de rostro apático intentó volver a interrumpir pero un rápido gesto con las manos esposadas de Lincoln lo detuvo antes que pudiera abrir la boca.
—Hubo gritos, de ellos y de Leni. Yo no entendía la situación o mejor dicho: creí que era un simple robo, pensé que sólo querrían las ganancias del día y que tan pronto se las dieran estaríamos a salvo. Fue entonces que ellos mataron a Kotaro…
—El mesero y mejor amigo del difunto Lynn padre —se apresuró a complementar el reportero, provocando una pequeña risa del camarógrafo y de algunos de los oficiales de policía que los escoltaban fuera del hospital general de Royal Woods—. Disculpe las interrupciones, gajes de oficio…
—No importa, Armando —con una pequeña sonrisa de resignación, Lincoln continúo con su relato, ganándose la simpatía del reportero—. Ahí deduje que no querían sólo dinero, creí que lo mejor era enfrentarlos para proteger a mis nuevas amigas…
— ¿Acaso aún no sabía que eran sus hermanas? —interrumpió otro reportero.
—No, supongo que me invitaron a comer justamente para decírmelo pero no tuvieron oportunidad para hacerlo por las inesperadas interrupciones —tanto Leni, con una sonrisa magnifica, junto con casi todos los presentes, se rieron por la broma de Lincoln—. En el forcejeo logré inmovilizar a uno, creo que era el líder, utilicé una pistola-taser que me regaló Lisa tan pronto llegué a Royal Woods. Logré tomar el arma del sujeto del piso y tuve la suerte de poder disparar contra otro de los asaltantes antes de que lograra desenfundar. Entonces quise huir por la salida principal junto con Leni y Lily pero estábamos tan asustados que no logramos coordinarnos a tiempo. Entre nuestros lamentos escuché entonces un grito y luego un par de explosiones. Algo me había golpeado en mi costado. Fueron golpes secos y muy fuertes. Mientras perdía el equilibrio se me escaparon del arma del monstruo ese un par de disparos más, yo caí en medio del piso ensangrentado cual piedra. Mientras ellas lograban salir por fin, yo me quedé tirado sin levantar la cabeza. Después de unos segundos sin oír otro ruido que el de la gente entrando en pánico afuera del restaurante me levanté. Descubrí que estaba solo en la habitación.
Uno de los policías escolta lo empujó algo más fuerte al salir finalmente del edificio, Lincoln tuvo que hablar un poco más fuerte y la nube de reporteros caminar más rápido para no perderse ningún detalle de la jugosa historia del momento.
—Mi cuerpo… mi mente estaban como dormidos; se trataba de un momento de negación. Tan sólo unos segundos en los que rogué que esas explosiones que escuché y esos golpes que sentí no significaran lo que yo, en ese momento, temía —pausas sutiles en su tono calmo lograron darle al relato un toque mucho más drástico—. Mientras salía, alcancé a tocarme las costillas y luego miré mis manos… ahí lo entendí: me habían disparado y me estaba desangrando.
— ¿Cómo se siente? —volvió a interrumpir Armando Lara, el reportero insignia del noticiario del canal once.
— ¿"Cómo se siente" qué? ¿Un disparo? Pues se siente horrible —al ver que ya estaban cerca de las patrullas, Lincoln se permitió un poco más de libertad—, es como si un caballo te pateara. Sientes el golpe. Un calor horrible te quema las entrañas… te rompe la carne… es un dolor horrible.
Y con esas palabras, una mano se posó en la nuca de Lincoln y empujo su cabeza dentro de una patrulla que arrancó al instante. Al haber perdido de momento a su presa, los reporteros cambiaron rápidamente su atención a una de las mujeres que se hallaban en la escena.
—Y… díganos señorita Leni ¿cómo descubrió que el mayor héroe en la historia de Royal Woods era su hermano?
La rubia sonrió al notar como las docenas de cámaras reunidas a su alrededor se peleaban por ganar un buen ángulo para gravarla. Acomodándose juguetonamente el pelo, ganando varios flashes por ello, Leni respondió con el mismo tono inocente e irresistible con el que apenas y evitó que levantaran cargos en su contra.
—Les diré, como que, un secretote… la verdad es que yo no sabía nadita, fue mi hermana Lisa la que descubrió que teníamos un medio hermano por parte de papá durante uno de sus experimentos —ensuciar con una mentira tal el nombre de su difunto padre no le causó problema alguno, al menos no que se notara ante las cámaras—, convencerlo de que nos viéramos no fue difícil, ustedes ya lo conocen… él es una dulzura… es…
— ¡ES UN HEROE! —gritó una voz anónima entre la multitud y un centenar de voces, la de Leni incluida, lo corearon.
Después de esas palabras, la pantalla de la televisión de plasma explotó.
-o-
La escena de la pantalla plana explotando con un puño incrustado en el centro, provocó que un escalofrío recorriera la espalda de Ronalda Santiago. Hace apenas dos semanas, ella y su "compañero" habían estado en esa misma oficina para pedir un permiso de operación especial, a la mujer latina le resultaba casi imposible de creer que aquel hombre gordo y apático que los recibió en aquella ocasión fuera el mismo obeso furioso que en estos momentos hacía un berrinche frente a ella.
Hank Schrader se paseaba como una fiera rabiosa por toda su oficina maldiciendo entre dientes y dando pisotones, su brazo derecho aún tenía pegados algunos trozos de los circuitos de la televisión rota.
— ¿¡Acaso escuchaste algo de eso, Santiago!? ¡Los imbéciles de las cámaras lo celebran como si fuera el jodido Abraham Lincoln moderno! —ladró en el oído de la mujer al parase a su lado—. ¡Sin lugar a dudas todo esto es obra de esa perra rubia! ¡¿Te has dado cuenta que los únicos que terminamos con mala fama fuimos la agencia y yo?! ¡Estamos jodidos y todo porque le disparaste al jodido Eliot en lugar de al maldito asesino anónimo! —por el temblor en sus labios parecía que iba a llorar de tan enojado—. Pudimos haber manejado sin problemas un juicio contra Stabler, teníamos todas las ventajas de haber sido ese el caso ¡mierda! cómo necesitábamos tener un culpable que enjuiciar, pero no… la señorita quería vengarse. ¡Acabaste con mi carrera por simple venganza, Santiago!
—Señor, permítame rectificar mi error, verá que la situación aún no está perdida —incomoda, Ronalda se acomodó en la pequeña silla de madera tanto como sus heridas y yeso se lo permitieron, un delgada gota de sudor escurrió por su frente—. Leni Loud está en la cuerda floja justo ahora, sólo necesitamos que estornude en un mal momento para ponerla tras las rejas de por vida, incluso en el muy improbable caso en el que no la encarcelemos, ya logramos desbaratar toda su operación ¿Cuánto tiempo cree que dure en el negocio sin hombres que hagan nada por ella en las calles?… ni que hablar de ese tal Lincoln, sí es que estuvo involucrado, como creemos, en los "accidentes" ocurridos debió apoyarse en la discreción y el sigilo para ello ¡ahora todo el mundo lo conoce! Eso vuelve inútil su forma de operar.
— ¿Cómo crees que esa tal Leni Loud se volvió la "reina dorada del norte"? ¡La maldita armó el cartel más redituable fuera de Colombia en sólo tres años! Déjame decirte que, aunque me duela aceptarlo, ella ni se tambaleará por haber perdido a un puñado de infelices… todo lo que obtuvimos de los poco más de cuatro años de operaciones e investigaciones en secreto fue fracturar una rama ya podrida de todo el Cartel… arruinaste el fruto de cuatro fructíferos años después de uno sólo de acción encubierta.
Ronalda carraspeó sintiéndose un poco más molesta que avergonzada, sabía que a último momento había sido ella la que metió la pata, pero no creía haberlo arruinado todo o al menos no creía ser la única responsable.
Antes que pudiera volver a levantar la voz y defenderse de las acusaciones de su capitán, el hombre gordo habló con un tono un poco más controlado pero no menos histérico.
—Espero que estés consiente de que condenaste toda la operación… pero eso no significa que no puedas enmendar parte de tu error —la silla ergonómica de Schrader crujió al volver a soportar la humanidad desparramada a los costados del hombre calvo—, en unos cinco o siete meses se debe celebrar un juicio para aclarar la situación en la que se encuentra tu novio de cabello blanco; asegúrate que esta vez el bastardo no vuelva a disfrutar de la luz del sol… eso repondrá un poco la imagen de la DEA y dañará enormemente la de Leni Loud y sus mierdecillas de hermanas… sí es que lo logras quizá hasta te deje conservar tu actual puesto… pero… —con el rostro extremadamente serio, Hank sacó una galleta de uno de los cajones de su escritorio— te prometo que si lo estropeas una última vez…
La galleta explotó a escasos centímetros del rostro moreno de la agente, pequeñas migajas caían entre los dedos gruesos de su capitán que formaron un puño.
—Señor, le prometo que no le volveré a fallar.
-o-
La jueza Díaz observaba desde arriba de su estrado al pequeño grupo de personas que se habían reunido frente a ella, por el color peculiar que habían tomado sus mejillas, tan diferente al de sus ojeras, parecía estar a un pequeño empujón de caer en la furia absoluta. Era una mujer menuda, delgada y con unos risos enormes que en otra época debieron haber sido completamente dorados. Tenía sus hundidos ojos clavados en las frentes tanto del abogado representante del capitán Hank Schrader como de Ronalda Santiago, quienes estaban sentados delante de Highsmith y de Foster. Ninguno de los cuatro agentes podía evitar sentirse incómodo.
—Entonces, déjenme ver si les entendí correctamente —una de las huesudas manos de la jueza acarició el puente de su nariz—. ¿Me piden que no fije fianza alguna… aunque ustedes mismos no pueden darme un motivo concreto por el que debería negarle este derecho…? ¿Quieren que el acusado se quede en la prisión por tiempo indefinido así sin más?
Ronalda se puso de pie, se acomodó el cabestrillo un poco antes de alzar la voz.
—Señoría, este hombre mató a tiros a dos agentes de la Administración para el Control de Drogas e hirió a uno más… ¡lo hizo delante de un par de testigos, tenemos sus testimonios firmados!
— ¿Los agentes acusados y encontrados culpables de forma póstuma por cargos que en varios Estados son castigados con pena capital…? ¡¿Se refiere a esos mismos "agentes de la Administración para el Control de Drogas"?!
—Sí, pero…
—Agentes fuertemente armados que al parecer, y según SU propia declaración firmada, tenían malas intenciones con una de las ciudadanas más notables de Royal Woods…
—Señoría, permítanos explicarle…
— ¿Cree que el acusado, mismo que fue descrito por los vecinos cercanos al domicilio Loud como: "encantadoramente inocente" o "noble y considerado", cuyo historial penal está limpio de hasta la más mínima falta y cuyas acciones se explican de forma perfecta como "legítima defensa" supone una amenaza real para la salud y seguridad de alguien en el Estado de Michigan?
—No puedo prever sus acciones, señoría, sin embargo tengo fuertes sospechas de que…
—Oh claro, tiene fuertes sospechas… —La jueza volvió a resoplar y apoyó su frente en ambas manos.
Sentadas tras la otra mesa del recinto, la que estaba delante de la familia Loud, estaban las dos abogadas defensoras, ambas elegantemente vestidas con sus respectivos trajes azul y violeta, la compañera de Lori era lo bastante famosa, al menos en ámbito televisivo, para que cualquiera la reconociera al instante: Carol Pringrey. Lincoln estaba sentado en silencio entre ambas rubias, escuchando atentamente todo. Llevaba un uniforme naranja con el número 011 grabado con tinta negra en el pecho y en la espalda. Su cabello blanco pulcramente peinado lucía casi plateado de tan limpio y su postura apenas y se notaba desmejorada a causa de la herida que supuestamente sufría. Las abogadas habían solicitado inmediatamente su libertad por fianza tan pronto se cumplieron las condiciones necesarias. Generalmente en los casos de homicidio no se permitía que se fijaran las fianzas, pero debido a la incertidumbre que rodeaba este en caso específico y al inmenso apoyo del público y los medios en general, se había logrado presentar esa oportunidad. Una oportunidad que crecía un poco más cada vez que la jueza fruncía el ceño.
Ronalda cambió el peso de su cuerpo mientras una gruesa gota de sudor caía desde su frente directo en su yeso, el abogado representante se inclinó a la izquierda para hablarle entre susurros.
— ¿Un hombre con un padecimiento en los riñones causado por herida de bala que no puede ser tratado como se debe en las instalaciones de ninguna prisión federal? —la voz de Díaz sonó fría.
Una pregunta que no necesitaba respuesta.
—No sé cuáles son las afecciones que puede o no puede tratar el personal de prisión —admitió Ronalda con la boca seca.
—No, claro que no sabe… —el tercer resoplido y el más grande de todos—. Ya oí suficiente mierda por un día. Es hora de acabar con esto.
Lori se levantó.
—Estamos dispuestos a aceptar una fianza considerable que garantice que nuestro cliente acuda a, literalmente, cualquier visita o juicio que se pueda celebrar en el futuro. Sólo pedimos que pueda volver a casa… con su familia, en Royal Woods.
— ¡Objeción! —interrumpió por fin el abogado representante, quién casi no había hablado durante el juicio.
La mirada que le dirigió la jueza fue suficiente para cerrarles la boca tanto al abogado como a la agente herida.
— ¡Claro que objetan! Sólo les falta saber por qué lo hacen. Estará reflejado en el acta. Recurran al tribunal de su preferencia. Tal vez alguno de los títeres de la DEA querrá encarcelar a un buen hombre mientras ustedes averiguan lo que sea que estén intentando averiguar. Para mí el asunto es muy simple —se volteó y sus ojillos sombríos se fijaron fijamente en Lincoln. —Señor, si fijo una fianza, quiero algo más que simple dinero. Quiero su palabra de que se presentará a este tribunal cuando se le pida.
Lori le indicó que se pusiera de pie, muy serio, Lincoln se irguió firmemente como si fuera un soldado.
—Por supuesto, señoría, siempre estaré dispuesto a volver y cumplir con lo que tenga que cumplir.
La jueza de pelo rizado esbozó una sonrisa fría de dientes delgados y relucientes, el gesto le daba aspecto de pez abismal.
—Espero que su buena disposición no cambie en el futuro… señor Loud. —dio un mazazo y volvió a hablar—. La fianza será de medio millón de dólares. Se levanta la sesión.
—Gracias señoría, será depositada de inmediato —ambas abogadas rubias hablaron al unísono.
Las palabras que le había dicho Leni antes de entrar al juicio le pegaron como un tren a la mente de Lily.
—"¿Riesgo? ¿Cuál riesgo? Lori y yo conocemos a Díaz desde hace años, sé que no querrá ser la jueza que mantiene encarcelado a un encantador ciudadano, cuya salud, supuestamente por una herida de bala, empeora con cada día sin tratamiento. ¿Entiendes? Es mala publicidad para ella, especialmente cuando logré que la imagen pública de Lincoln fuera la de un héroe que salvó muchas vidas y colapsó una red criminal de agentes corruptos. Sí, nosotras sabemos que sólo salvo dos vidas… pero nadie tiene que enterarse de eso ¿ok?"
Un ligero apretón en el hombro por parte de Lucy regresó a Lily a la sala de audiencias, los labios adornados por lápiz labial negro de la gótica sólo formaron "ve tú" sin emitir sonido alguno, Lincoln se giró para encarar al ejército de mujeres que se acercaba, aunque los guardias sólo dejaron pasar a Leni y Lily.
— ¿Cómo estas, Lincoln? —preguntó Lily en voz baja.
—Pues me he convertido en un asesino legalmente reconocido… estoy muy bien, pequeña. De hecho es una sensación casi liberadora —Su sonrisa se ensanchó un poco y con un tono de voz más fuerte habló para que todas las Loud lo escucharan—. ¿Te digo algo, Lily? He hecho algunos amigos bastante interesantes en prisión, por ejemplo hay uno que se llama Chandler… según me contó, lo acusaron por dispararle a su padre… lo descubrió acostándose con uno de sus compañeros de escuela.
Ambos amigos hicieron una mueca juguetona de asco.
—Creo, Lincoln, que tenemos una charla pendiente —interrumpió Leni—.Y aún no hemos hablado de cómo nos pagaras el dinero de la fianza… lo ideal sería reunirnos en un lugar público ¿Te parece en el restaurante familiar?
—Claro que sí… hermana mayor —contestó Lincoln, apretando la mandíbula.
Un guardia de prisión, un fornido hombre pelirrojo que parecía sacarle una cabeza completa de altura a Lincoln y que había permanecido alejado algunos pasos durante la conversación, le tocó el brazo.
—Tenemos que volver a la cárcel, Lincoln —dijo con una delicadeza casi amistosa, de un modo nada hostil recargó su manota en el hombro del albino—. Aunque creo que saldrá pronto… espero no volverlo a ver bajo las mismas condiciones.
—Yo también espero eso, Liam —con una sonrisa, Lincoln festejó la broma de su nuevo amigo—. Será fantástico empezar a vivir una vida normal.
-o-
Con asombro, que crecía con cada tarro que se vaciaba en el pequeño escenario del lugar, Lincoln y Lily se preguntaban si lo que realmente impulsaba a continuar con el espectáculo a Luna y su gente era únicamente su amor por la música y no alguna especie de hechizo vudú de Lucy… les parecía improbable que alguien que hubiera consumido tanto alcohol pudiera seguir cantando y tocando al ritmo al que ellos lo hacían.
—Sí crees que su comp-promiso con el micrófono es sorpren-ndente, prepárate para oír algo extremadamente extraordinario… Linky —la cara de Luan estaba a escasos centímetros de la suya, una sonrisa que apestaba a alcohol se formó entre eructos y continúo—. Después de tantos tragos, ninguno de ellos ha ido al bañ-ño… ¿me entiendes? n-nos van a rociar —la sonrisa se ensanchó un poco mientras sus mejillas adquirían un color rojizo— nos v-van a bañar con…
—Entonces, será mejor que nos alejamos y vallamos a un lugar más privado… antes que nos vomiten ¿no crees, Luan? —Maggie apareció entre Lincoln y la bromista sin que ninguno la notara acercarse, con un tono suave y susurrante le volvió a hablar a Luan— ¿o no te gustaría estar conmigo… a solas?
Antes que Lincoln y Lily se alejaran contrariados de la pareja y de la potencial bomba de orines, o que Luan venciera su rubor y torpeza ebria para asentir como idiota por diez minutos completos, Luna empezó a sacar espuma por la boca segundos antes de caer entre convulsiones sobre los miembros de su banda.
Sorprendentemente, y aunque estaba en el otro extremo del restaurante cuando aquello sucedió, la primera en llegar a socorrer a su hermana fue Lynn, seguida de Lana.
Antes que una de las hermanas que se habían apresurado a ayudar pudieran siquiera ponerle una mano encima, los espasmos de Luna empeoraron, las sacudidas aumentaron en intensidad… y entonces quedó quieta y con los ojos cerrados sobre el escenario.
— ¡Llamen una ambulancia maldita sea ¿Es que no ven lo que ocurre?! —para la sorpresa de todos, ni el baterista inmenso ni ningún otro miembro de la banda movieron un musculo ante la escena. Sam, la otra guitarrista del grupo, se limitó a levantar una mano, indicándole a toda la familia que esperara un poco.
Después de los que le parecieron a Lincoln los tres segundos más largos, la castaña se levantó de golpe y volvió a cantar.
— ¡Pa pa pa pa pa pa pa…! ¡Oom m mow mow…! —y con Luna otra vez de pie, los músicos volvieron a tocar al alocado ritmo de "Surfin' Bird"—. Lori don't you know, about the bird? Everybody knows that the bird is the word!
La banda festejó su broma con otra ronda de cervezas, la única que se rio junto con los músicos y para la sorpresa de nadie, fue Luan.
Entre las carcajadas y los abucheos, una muchacha asiática con uniforme de mesera se acercó con una sonrisa tensa y llamó a la pareja de amigos, cuyo "parentesco" recién descubrían. Lincoln, no recordaba haberla visto en su visita anterior por lo que supuso que era nueva.
—La señorita Leni quiere verlo, Lincoln. Dijo que usted ya conocía el camino —sin alterar en nada su sonrisa, la castaña se dirigió de pronto a Lily— y me pidió también que acompañara a la señorita por un helado a la cocina, ya después podrá alcanzar a sus hermanos.
—Creo que mejor acompaño a Lincoln, recuerdo lo que ocurrió la última vez que fui a la cocina por un helado —La Loud más joven se aferró al brazo de Lincoln, por pura suerte había escogido el costado sano.
—Tonterías pequeña Lily bebé —Lynn y su dúo inseparable se acercaron para consolar a Lily— es muy improbable que algo así vuelva a pasar y si sucede, nos tendrás a nosotras para protegerte ¿no es así chicas?
—Se me hace que sólo quieres alejarte de Luna y sus ebrios…
— ¡Qué buena observadora eres, Lily! —mientras las cinco mujeres se alejaron con rumbo a la cocina, Lincoln suspiró.
La idea de estar a solas con Leni había perdido todo el encanto desde aquella última vez. Con pasos largos y constantes Lincoln llegó a la sala privada en el fondo del restaurante, sin llamar a la puerta, entró.
Adentro del pequeño saloncito se encontró a Leni y a Lisa hablando animadamente, sólo Leni hablaba en realidad pero eso no parecía importarle a la rubia, tan pronto notaron la presencia de su nuevo 'hermano', Lisa se levantó y salió murmurando un "gracias por la oportunidad".
—Hola Linky ¿disfrutas de tu fiesta de reencuentro con la familia? —Como si fuera una niña, Leni empezó a bailar aun sentada, moviendo rítmicamente su torso y brazos—. Todo esto es por ti… hermanito.
—Tú chica nueva me dijo que querías hablar conmigo, y yo también he esperado tener un momento para hacerlo. Verás no me gusta que nadie toque mis cosas —Lincoln no dejó que ni el vestido que abrazaba de forma perfecta el cuerpo perfecto de Leni ni su aire inocente lo distrajeran en lo más mínimo—. Así que antes que empieces con tu acto de inocente alma de dios, quiero preguntarte ¿dónde está mi dinero? Apenas llegué fui a buscarlo donde lo dejé y ya no está.
—Descuida, todo lo tengo yo, los dos millones sesentaicinco mil quinientos noventa dólares y las armas están en un lugar seguro, entiende que tuve que esconder tus cosas de miradas indiscretas —Leni sirvió un poco del líquido transparente de una botella con una calavera con sombrero en dos vasos pequeños y le pasó uno a Lincoln—. Tan pronto te llevaron los policías, la manada de viejas histéricas con las que vivo empezó a querer hurgar en el ático...
Leni vació su vaso.
—Ahora, ya que estamos hablando de cosas serias, te llamé aquí para volver a ofrecerte trabajo. Sé que la última vez que tuvimos esta charla hubo algunos inconvenientes, ambos logramos superarlos de buena forma pero no me dejaras mentir, que ambos necesitamos, ahora más que nunca un poco de ayuda.
—Primero me robas dinero y ahora quieres amenazarme para que te siga a todas partes de forma incondicional. No creo que eso te funcione muy seguido.
—Lincoln, los quinientos mil que te faltan corresponden al pago de tu fianza, yo me arreglé con Lori y su clon… considéralo un acto de buen fe hacia mi futuro socio.
—No acepto ser parte de esto… ni siquiera el dinero que me quitaste me convencerá de lo contrario, tu planeas obligarme y no voy a permitirlo—aunque no tenía ningún arma consigo, confiaba que el vidrio de la botella rota funcionaría lo suficientemente bien, le rajaría la garganta, abandonaría el salón por el pasadizo debajo de la mesa y nadie lo volvería a ver—. Sé que tuviste algo que ver con el "descubrimiento" de Lisa, es obvio que tuviste que manipularla de alguna forma, digo, lo único que tengo similar con alguna de ustedes son las pecas… y esas son algo bastante común.
—Y ahora que viviremos juntos debo seguir intentando convencerte… no quiero empezar con el pie izquierdo la relación con mi hermano perdido —Leni sacó de debajo de la mesa una de las pistolas de Lincoln, quitándole al pobre todas las ganas por usar una simple botella como arma—. Por favor, ve el panorama completo; ahora que todos te conocen, tu trabajo se hará imposible si continuas de la forma en la que lo has hecho hasta ahora, necesitas alguien con influencia que pueda protegerte y yo necesito más que nunca a alguien con tu experiencia y habilidad ¡por favor, mataste a nueve agentes de una agencia de elite en menos de una semana…! ¡Y sólo lograron culparte de la muerte de dos de ellos!
Leni vació su segundo vaso, contrariado, Lincoln hizo lo mismo con el suyo y casi escupe su contenido, con la lengua ardiéndole leyó la etiqueta de la botella «"Tequidka", vodka y tequila unidos de forma artesanal; vol alch 80%», preocupado, alejó la botella, nunca le había gustado emborracharse.
—Mira; mi vida ha empezado a cambiar para mejor y no estoy dispuesto a perder eso y tampoco quiero volver a la cárcel. Con una vez me bastó para quitarme la curiosidad
—Descuida —replicó Leni y sirvió otros dos vasos—. No volverás.
—No, no volveré jamás —se acabó su trago recién servido—. Escucha aún hay algunas cosas que me retienen de aceptar tu trato. Quiero que dejes a Lily fuera de tus porquerías. La pequeña debería ir a la escuela y tener una vida normal. Sí prometes cumplir con esa simple petición acepto ser tu guarura, pero querré una paga de… quinientos dólares a la semana —lo había dicho a tientas, para probar las aguas—. Supongo que tendré que encargarme de una que otra persona, no tengo problema con lastimar gente pero quiero que me paguen por ello, no lo hago por deporte.
Indeciso, Lincoln se detuvo, consiente que el brebaje de Leni le había soltado la lengua.
—Muy bien, los quinientos dólares serán para que protejas a las locas de mis hermanas, últimamente a varios de mis competidores les han entrado ganas de probar suerte… los encargos "especiales" se discutirán individualmente… pero Lily me contó que ya estás acostumbrado a esa línea de trabajo —Leni volvió a servir los vasos pero esta vez no le dio el suyo a Lincoln—, el dinero sin embargo se quedará conmigo, por motivos de seguridad debo ser yo la que maneje las cuentas, mantener la imagen pública y eso... seguirá siendo tu plata. Yo sólo la guardaré. Seré algo así como tú banco personal…sólo que mucho mejor, sin pagar comisiones y eso, además, ya sabes los bancos siempre son asaltados o se incendian y déjame decirte que nada de eso le pasa a Leni Loud…
—No me agradas, Leni. No somos amigos y sé que tampoco estamos relacionados sanguíneamente, hace años cometí el error de buscar a mi padre… y esa experiencia no me abandonará jamás. De hecho no sé cómo lograste convencer a Lisa de que te siguiera el juego, pero ya que no tengo nada mejor que hacer, acepto, aunque te advierto, con que me falte un solo dólar me largo.
—Bien, es bueno que aceptaras la oferta… Linky —la sonrisa de Leni volvió a aparecer en su rostro colorado, aún más magnifica que cualquiera que Lincoln le hubiera visto hasta ese momento—. ¡Genial! Ahora eres mi hombre. Un vaso más de esta maldita felicidad destilada, sellamos el trato y te llevo a mi casa.
—No creo que seguir tomando sea una buena idea… pero que daño puede hacer una más.
Ambos chocaron los vasos y bebieron.
— ¡Espera ¿Qué dices!? —aunque odiaba admitirlo, su corazón se había acelerado al oír aquellas palabras.
-o-
Lincoln era demasiado alto como para poder enderezarse en la mayoría de las regaderas, por lo que agradecía enormemente que el de Leni fuera lo suficientemente grande. Enredándose en una toalla, salió del cuarto forrado en azulejos sin molestarse en apagar la luz.
—Te descubrí otro talento, Linky, y estoy feliz por haber sido yo la que lo hizo —Leni estaba sentada, peinándose lentamente sobre su cama de sabanas rojas—. Sabes, todas las chicas decían "Cualquier hombre enloquecería en una casa llena de mujeres pero Lincoln no, él es un caballero que nunca pensaría en esas cosas desagradables" si tan sólo te conocieran tus mañas y fijaciones…
—Por cierto ¿Tienes alguna fijación por los meseros asiáticos? —admirando la figura de su nueva jefa, Lincoln se puso sus pantalones.
—Lo dices por Sid ¿cierto? La imbécil es policía, cree que no sé para quien trabaja en realidad aunque por serte sincera ella me cae mejor que su predecesora, es una lástima que por Lori no le pueda hacer nada a la maldita —La sonrisa dulce desapareció del rostro de Leni para ser reemplazada segundos después por una completamente diferente; como si se tratara de un gato cazando un ratón—. Ellos envían agentes y policías encubiertos de forma tan regular que hasta resulta predecible cuando es que alguien tiene dos cara.
—Sí sabes para quien trabajan… ¿entonces por qué les das un trabajo tan cercano a ti?
—Mantén a los amigos cerca y a los enemigos más…
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Tengo que decir esto; lo siento por las otras personas con problemas de salud mental, ahora sé lo que se siente tener ese aspecto de la vida bajo control gracias a (aparte de medicamentos) rutinas diarias y estilos de vida más activos... y de repente todo es interrumpido ya que debemos aislarnos en casa.
Sí alguno de ustedes tiene esos problemas, pueden hablarme y desahogarse... sé que no es mucha ayuda y que es probable que yo esté tan mal como ustedes pero comunicarse es la clave.
