este capítulo contiene fragmentos del manga, ojalá y lo disfruten ...
Capítulo 33. El peor de los errores
A la mañana siguiente desperté sin ganas de levantarme, me dolía la cabeza, los ojos y el corazón, por lo que me tape con la sábana hasta los cabellos para llorar un ratito más, no sabía que hora era pero parecía medio día por la posición del sol y por los ruidos de mi estómago que pedía comida. Sin pensarlo por más tiempo me paré de la cama para ir a la cocina, como no tenía ánimos de nada opté por prepararme un emparedado de verduras con un café bien cargado y sin azúcar para quitarme el sueño, comía con gran amargura sintiendo como gruesas lágrimas salían de mis ojos, tenía un nudo en la garganta que me impedía pasar los alimentos pero me oblige a terminar el sándwich sin poderme acabar el café, después deposité los trastes sucios en el fregadero sin lavarlos, el día de hoy no tengo ánimos de nada, al pasar por el comedor vi otra vez la mesa puesta a la perfección, realmente me enferma verlo así por lo que decidí quitarlo para no verlo más, mientras más me acercaba más me impacientaba, trataba de tener calma y de quitarlo lo más pacíficamente posible pero no pude al tocar los platos sentía odio hacia lo que estába viviendo, quería destruir todo lo que había en la mesa como lo que había en mi corazón, cuando estába decidida en romper la vajilla vi una cajita que llamó mi atención, la sostuve entre mis manos, la abrí y me dí cuenta que era un hermoso anillo, sin dura una exquisita joya, era un enorme diamante que tenía alrededor unas piedritas diminutas de color verde, la tomé para apreciar mejor su belleza, quería destruirla con solo cerrar la mano pero a mi mente llegó la imagen de Albert, su sonrisa, sus ojos, sus besos, sus caricias, la forma tan delicada de tratarme que no podía hacerle daño al anillo que de algún modo lo representa a él, sin poderlo evitar corrí hacia mí habitación dejando el anillo en la mesa después tomé la caja donde guardo mis recuerdos y saqué la cadena que contenía el broche de mi príncipe y el crucifijo de la señorita Pony, me lo puse y lo sostuve cerca del pecho teniendo un poco de paz, salí al patio trasero para sentir el calor del sol en mis mejillas, subí el árbol pero al hacerlo solo cauce recordarlo con mayor intensidad, no sabiendo que hacer decidí regresar a la casa para llorar otra vez. No me di cuenta de como es que me quedé dormida y desperté al otro d ya más calmada, tomé un reconfortante baño, para continuar con quitar la mesa y tirar la comida echada a perder que estaba en la cocina. Al terminar escuché que tocaban la puerta al abrir dije con asombro:
—¿Archie, Annie, incluso tu Paty?— viendo las maletas pregunté —¿se van de viaje los tres?
Archie habló preocupado —¡pero, es que no te acuerdas!, ¡Has olvidado que día es hoy!. Veamos: ¡Neil!
Annie intervino —¡ rápido Candy! ¡tienes que huir!
De pronto recordé que hoy era la celebración de mi compromiso con Neil, después Archie dijo sosteniendo un sobre en sus manos —¡hay dinero suficiente para huir y vivir en otro lugar! También las maletas están hechas. ¡vamos, Candy!
Con una cara sonriente les dije —no vale la pena. Voy a negarme firmemente ante toda la familia
Los tres estaban sorprendidos ante mi decisión pero finalmente lo aceptaron y me dieron su apoyo, más tarde busqué entre mi guardarropa un vestido para la ocación encontrando uno adecuado y me peine el pelo dejándolo suelto para que cayera en mi espalda poniéndome una diadema de flores para que mi cabello no se me pasará a la cara, salí de la casa con determinación. En la mansión había mucha gente y estaba decorado de una manera muy elegante, cuando entre al salón Neil se dirigió a mi de forma altanera:
—¡ah! ¡llegas tarde! ¡me has hecho perder el tiempo!
Para no seguir escuchando más desvaríos lo quité de mi camino con un manotazo, para después oponerme rotundamente a mi compromiso con él, la tía estaba enojada ante mi oposición pero de pronto se escuchó la dulce y al mismo tiempo poderosa voy del patriarca Andrew, Albert hizo su aparición con toda su magnificencia, se veía tan buen mozo con ese traje negro, cuánta elegancia podía tener ese hombre que me dejaba sorprendida de tan solo verlo y escucharlo decir que se oponía a este absurdo compromiso me hizo quererlo y respetarlo un poco más por darme su apoyo en estos momentos que lo necesito tanto.
Después de que Albert dictaminó que no habría ningún compromiso y después de ver la cara de sorpresa de Archie por enterarse de quien era el patriarca, Albert se acercó a mí diciéndome que lo esperara cerca del lago mostrándome esa sonrisa que amo tanto, quiero desviar la mirada pero mis ojos no obedecen viendo con total detenimiento su perfecto rostro grabando en mi memoria su cabello dorado, sus ojos azules que destellan paz y su sonrisa que me derrite el corazón, ante todas estas emociones lo único que puedo hacer es aceptar con la cabeza, mi bello rubio desapareció junto con la tía Elroy no sin antes acariciarme el rostro dejándome atontada y sin aliento.
Al dirigirme al lago me topé con Neil llorando y vi como era consolado por su madre, no soportando por más tiempo sus lamentos me alejé de ellos, al llegar al lago sentía ansiedad por estar a solas con el patriarca, para tranquilizarme un poco me subí a un árbol, pasado un tiempo vi como Albert caminaba a orillas del lago, estaba buscándome, se veía tan adorable que estaba embobada viéndolo a lo lejos hasta que empezó a gritar mi nombre, yo quería hacerlo sufrir un poco más pero mi corazón enamorado que reclamaba su cercanía me impulso a gritarle —¡Albert! ¡estoy aquí!
Al escucharme volteó hacia arriba donde yo me encontraba y dijo —ya veo: ¡ ya sobré el asiento de honor!
Se quitó el saco, en realidad quería ser yo quien se lo quitará, también se deshizo de la corbata dejándose los dos primeros botones de camisa desabrochados mientras yo me lo comía con la mirada tragando saliva en seco por saber a la perfección que es lo que escondía ese fina camisa color azul. Tratando de esconder mis pensamientos inapropiados le contesté — deberías venir, ¡es muy agradable!
Al subir el árbol las ramas rasgaron su camisa, sin importarle lo acontecido llegó a mí sonriendo mientras que yo le enseñaba la falda rota y le dije un poco apenada pensando que si no fuera por mí él no abría sufrido ese accidente —¿ tú también?
Él contesto amablemente —seria mejor no llevar estás ropas...
Después de sentarse junto a mí empezó a silbar atrayendo con ese acto a pequeñas aves de amor de diferentes colores, revoloteaban esos animalitos alrededor de Albert mostrando sus hermosos pelajes multicolores, había rojos, amarillos, azules y verdes, yo lo veía encantada mientras el hablaba —aveces, me preguntó si no podría trabajar arriba, en los árboles. Sabes, Candy: ¡a la gloria o a la riqueza, prefiero con diferencia a la naturaleza!, Cuando era joven, no pensaba nada más que en huir de la familia Andrew— cambiando su rostro alegre por uno serio continuó hablando mientras que yo lo escuchaba atenta para no perderme ni un solo detalle de la plática —pero bueno, tía Elroy es ya mayor... Me he dicho que tenía que ser responsable. De hecho, ¿ tú crees qué terminaré como la tía Elroy?
Al escucharlo decir tal cosa no pude aguantar la risa y le dije riendo —¡ oh, no! ¡para nada!
Él empezó a reír conmigo al mismo tiempo que yo me deleitaba con su risa alegre y me dijo divertido — he aquí una respuesta llena de tacto...
—es normal... Y pues, ¡estoy segura que llegarás a trabajar en los árboles!
En esos instantes podía sentir esa magia que caracteriza nuestra relación, me gusta verlo feliz, cuando lo veo me doy cuenta de que es ¡un tío tan encantador!... Es más joven de lo que había creído... Pero es tal como lo deseaba. Estábamos en una atmósfera de amor que él se atrevió a besarme y yo le correspondía con un deseo desbordante hasta que me percaté de que todavía estaba enojada con él y decidí acabar con el beso destruyendo el momento de ensueño que teníamos y me bajé abruptamente del árbol, ya estando en el suelo el me dio alcance para tratar de razonar conmigo pero yo en mi rencor solo pude rechazarlo una vez mas:
— Candy por favor perdóname por ocultarte que yo soy William Andrew
—ya te perdoné pero no puedo olvidar tu engaño, ¿por qué cállate tanto tiempo?
—me faltó valor para confesarte la verdad, no quería perderte y cuando por fin había decidido decirte la verdad la vida se me adelantó y te tuviste que enterar de la peor manera
Saque de la bolsa de mi falda la cajita que contenía el anillo y se la di a Albert, veía como sufría pero no me detuve en mi acto y le dije —creo que te pertenece
Con la voz quebrada contesto —es para ti
—pero yo no lo quiero... Será mejor que me vaya
— déjame acompañante
—¡no!.. quiero estar sola
—te invitó un café mañana... Solo para charlar
—no... Será mejor no volvernos a ver por un tiempo, cuando ya no duela tu mentira entonces quizá podamos hablar
Me alejé de ahí dejando a Albert con un dolor palpable sintiendo en el corazón que estába cometiendo el peor de los errores pero no me detendría a pesar de destrozarme la vida misma.
Continuará...
