La mano de Rikako Oryo danzaba suavemente sobre el papel con una destreza pura e inigualable, mientras le dirigía una mirada a la figura inmóvil que posaba a un metro de distancia, para identificar si debía cambiar cierto detalle en su boceto o simplemente continuar con el arduo trabajo. La parte que más difícil le resultaba era la mano, pues se hallaba sosteniendo el mentón en una postura analítica y cada vez que la miraba, no podía evitar distraerse con los finos labios y la nariz un tanto puntiaguda que el rostro enseñaba. Los ojos se encontraban entrecerrados, y la luz que llegaba desde la amplia ventana del salón parecía reflejar magia sobre el plateado que emitían. A Rikako le llamaba la atención la tenue sonrisa que desde hacía rato iluminaba la expresión de Yashiro. Parecía una niña pequeña que no podía evitar reír tras cometer su primera maldad.

-Desde que nos cruzamos con la compañera de mi clase, esa sonrisa no se va de tu rostro -comentó Rikako en un tono suave.

Yashiro amplió el gesto, tal como si hubiera estado esperando el comentario, pero aun así no fuera capaz de ocultar la diversión. Su vista estaba fija en el cielo, el cual podía contemplar desde su posición a pesar de que se hallaba sentada. A veces era necesario realizar ciertas pausas al platicar, para tomar aire y pensar, o simplemente observar al otro, y ambas se habían acostumbrado a ello hacía mucho tiempo, por lo que Rikako se la quedó mirando detenidamente, tomando en cuenta cada detalle. Una media sonrisa se dibujó en su rostro, cuando se dio cuenta de que Yashiro tenía que hacer un gran esfuerzo para evitar extender sus manos e inclinarse, de modo que Rikako pueda terminar el boceto de forma más eficiente y rápida.

-Me entristece encontrar chicas que, desde tan jóvenes, se les inculca la obligación de contraer matrimonio, tener hijos, un buen coche…

Yashiro hizo una mueca de disgusto y por un momento cerró los ojos, ladeando la cabeza como si estuviera tratando de reprender sus propias palabras y apartar el pensamiento de su mente. Se mantuvo en silencio unos segundos, hasta que cerró fuertemente en un puño la mano con la que sostenía su mentón.

-Creo que tú y yo tenemos la misma postura respecto a la política educativa de la Academia Ousou -supuso la joven Oryo bajando la mirada por una milésima de segundo-. Es extraño… estamos en una época completamente distinta, donde las mujeres pueden elegir ser más que sus antecesoras, aquellas cuya única razón natural de existir era el mero hecho de dar a luz. Como bien mencionaba Ayn Rand, la paternidad es una enorme responsabilidad. Decidir ser madre o padre es estar dispuesto a sacrificarse por la vida de un hijo, es acabar convirtiéndose en un medio para un fin, donde el fin pasa a ser el hijo en cuestión…

El silencio que se armó a continuación fue impresionante e increíblemente largo. Yashiro la escuchó hablar con los labios ligeramente entreabiertos, tal niña que escucha una gran historia antes de dormirse. Sentía su corazón latir a toda prisa como si fuera a salir en cualquier momento, víctima de la forma de pensar que tenía Rikako, una que nunca había conocido y que, en ese momento, se parecía tanto al de ella que hasta le resultaba irreal que fuera una persona de carne y hueso. Durante un largo tiempo se quedó sin palabras. Y cuando por fin su corazón volvió a latir con normalidad, Yashiro se inclinó hacia atrás orgullosamente, dejando escapar una sonrisa llena de sorna.

-¡Pero si eres una simple adolescente! -espetó Yashiro con desdén-. Cuando crezcas cambiarás de idea y tendrás hijos, un marido que te ame y te repita incesantemente lo hermosa que eres…

Rikako se mordió el labio mientras negaba con la cabeza y observaba alrededor. Sus puños se cerraron como quien hace un gran esfuerzo por evitar golpear a alguien, y cuando al fin se atrevió a volver su mirada a Yashiro, sólo bastaron unos segundos para que toda su consternación se disipara. Sin saber cómo o cuándo, ambas intercambiaron una sonrisa de complicidad y acabaron riendo por el comentario. Hacía tiempo que Rikako no sentía esa emoción carcomiendo su interior, y de cierta manera le resultaba confortante. Tantas estudiantes había y, sin embargo, ninguna le parecía igual de interesante que la joven Takahashi. Hacía rato que había terminado el boceto y Yashiro permaneció allí sentada, perdida tanto en sus pensamientos como en la vista que Rikako otorgaba, hasta que un repentino golpazo interrumpió la tan ansiada paz, haciendo, por poco, vibrar todo el suelo.

-¡Yashiro! Ah… ¿interrumpo algo?

La sonrisa de Yashiro se disolvió por completo al instante, y ladeó su cabeza en dirección a la aguda voz con una seriedad casi palpable. Una chica de cabello castaño recogido en una coleta se encontraba en la puerta, aún con su mano en el picaporte, como si estuviera indecisa o en realidad temiera entrar. Se trataba de una compañera de su clase llamada Saori Hamada y le parecía extraño que la buscara, puesto que no había planeado nada con ella. Se preguntó si necesitaría ayuda con algún ejercicio, pero no lo veía posible ya que todavía faltaba para las fechas de exámenes. La sombra que se había proyectado en el rostro de Yashiro fue tan inquietante como fugaz, si bien sólo duró una fracción de segundo y no fue percibido por la recién llegada, aunque sí por Rikako.

-¡Para nada! Siéntete libre de entrar.

Tras unos instantes de incertidumbre, Saori decidió pasar sonriendo abiertamente. Cuando se acercó a ambas, se detuvo de pronto y les dedicó una mirada pícara, con sus ojos marrones claro brillando de manera intensa. Yashiro no pudo evitar fruncir el ceño, pero no dijo nada. Rikako, en cambio, tan sólo sonrió internamente de la manera en que solía hacerlo cuando disfrutaba ver cómo se molestaba su compañera. Lo único que deseaba a esas alturas, era que la joven dijese lo que tenía que decir y se volviese por donde había llegado. Al parecer Yashiro intuyó sus pensamientos, puesto que intercambió una mirada elocuente con ella y alzó el rostro unos milímetros, aludiendo a la tan importante paciencia.

-Discúlpame si te molesto, pero, ¿te enteraste del asesinato?

Yashiro guio la mirada hacia los alrededores, haciendo memoria, hasta que la imagen del político Ryoji Hashida vino a su mente. Recordaba haberlo visto por imágenes en el jardín de un restaurante, y había sido todo un desastre en las noticias desde entonces. Había hecho temblar a la sociedad de una manera nunca antes vista. Cuando por fin logró dibujar una sonrisa en su rostro, se volvió a la chica.

-¿Qué hay con eso?

La joven abrió los ojos completamente sorprendida y durante varios segundos se quedó de pie helada, el color parecía haber abandonado su piel como si se hubiera sumergido en un mar de agua fría. Tenía la vista clavada en el suelo, incapaz de mirarla directo a los ojos. Yashiro entrecerró los ojos al intuir, ante la evidente incomodidad, que algo sucedía. Comenzó a preguntarse si se relacionaba con el gran pesar que había percibido en sus compañeras esa misma mañana, quienes en clase estuvieron chateando sin atender a lo que los profesores explicaban, sumidas en un claro conflicto que las afectaba a todas por igual.

-No sé si será verdad, pero… hay ciertos rumores. Se filtró en las redes que la Oficina de Seguridad Pública tiene los ojos puestos en esta academia. Están buscando a alguien de adentro. Parece que el político se reunió con alguien de esta academia, pero se desconoce quién porque no compartió la información con nadie.

Yashiro arqueó una ceja ante el impacto de sus palabras y dejó que el silencio se abriera paso en la estancia. Ladeó la cabeza en dirección a Rikako, buscando su compañía para comprobar, en efecto, que había reaccionado de la misma forma. Ninguna de las dos había esperado una noticia como aquella, y debía ser tan reciente que todavía no se había hecho pública tanto entre los docentes como las estudiantes. Yashiro estaba tan conmocionada que no podía caer a la realidad, o tal vez, no quería creer en sus palabras. Comenzó a tener sentido que aquel establecimiento resguardara a un asesino.

Si bien la Academia Ousou ponía muchas restricciones, se podía saltar las reglas, tan sólo había que aprender a hacerlo. El simple hecho de que fuera conservadora la hacía más vulnerable. La tecnología y la ciencia avanzaban a pasos agigantados y allí, en cambio, ni siquiera había cámaras de seguridad. Suspiró profundamente al reflexionar más al respecto. Podía entrever que algún día llegarían a reforzar la seguridad, y por consiguiente muchas cosas dejarían de suceder dentro de la academia, algunas un tanto inocentes y otras un poco más graves. Los profesores, incluso, ya no tendrían el mismo contacto con sus estudiantes, temerosos de recibir cualquier denuncia. Yashiro sonrió al percatarse de que cuando ese momento llegara, ella ya no estaría. Rikako, por el contrario, tendría que pasar por ello.

-¿Sabe alguien más de esto? -atisbó a preguntar Rikako.

Saori negó con la cabeza, pero ellas no estaban sorprendidas. Toda la ciudad se estaría cuidando de un psycho hazard inminente, y no sería de extrañar que la Academia Ousou impusiera una de sus usuales barreras contra las noticias virales, cuando se hablaba de proteger a sus estudiantes. Un mecanismo que era útil para la academia, pero que no servía a largo plazo. Todas y cada una de ellas debían salir a la realidad en algún momento u otro, y tenían que estar preparadas para ello. Y allí radicaba el problema. Nunca se podía estar preparado.

Saori bajó la mirada mordiéndose el labio inconscientemente, un gesto que no pasó desapercibido para las otras dos estudiantes. La confianza y dulzura que reflejaba Yashiro, no obstante, le dio ánimos para continuar, y pronto volvió a enseñar una sonrisa jovial y sincera. Era una persona que entraba en confianza demasiado rápido, que se podía convencer con simples palabras agradables. Una de las razones por la que su presencia se le hacía algo insoportable a Yashiro.

-Aun así… trataré de advertirles a las demás -procuró Saori con cierta timidez-. Por lo menos para que anden con los ojos abiertos.

Yashiro mantuvo intacta su sonrisa y no dejó de mirarla a los ojos. Se irguió más en la silla y esperó a que transcurrieran unos segundos hasta que decidió hacerle frente, con la misma suavidad y delicadeza con la que trataba a sus otras compañeras. Sus ojos brillaron de satisfacción y cuidó su tono de voz para no expresar agresividad alguna.

-Me parece una excelente idea. Busca a Izumi Hisakawa. Ella es experta en la red y puede ayudarte. Gracias por avisarnos, Saori.

La chica apretó los labios y se mantuvo en silencio por un rato, como si estuviera analizando sus posibilidades, hasta que asintió con la cabeza dejando escapar una honesta sonrisa. Yashiro apaciguó su expresión, relajando los párpados y estirándose ligeramente hacia atrás. Saori la señaló alzando un pulgar y se volvió apresurada hacia la puerta del aula. Yashiro levantó una mano dejándola extendida en el aire durante unos segundos, para saludarla en silencio. Sin embargo, justo en el momento en que Saori abrió la puerta para marcharse, se detuvo en seco de pronto, como si el tiempo se hubiera detenido o algo en la habitación hubiera captado su atención, y decidió voltearse de nuevo para dirigirle una mirada a las dos estudiantes.

-Yashiro… ve con cuidado.

Yashiro asintió con la cabeza en su dirección lentamente. Saori, segundos después, volvió a saludarla con la mano y salió de la estancia, cerrando la puerta y produciendo un sonido casi ensordecedor. El ambiente se tornó oscuro y silencioso, como si hubiera sido víctima de un tornado y ya no quedaran más que restos y recuerdos alrededor. Yashiro se hallaba con las cejas levemente fruncidas y la vista perdida en el suelo, oyendo el eco de la conversación que había dado lugar antes. Rikako había permanecido en silencio todo el rato y, no obstante, Yashiro la sentía más cerca que nunca, podía llegar a percibir el ardor de su mirada como un rayo de luz cegador. Seguía recordando la forma extraña en que Saori había mirado a Rikako, casi como si la tomara por alguien que no estudiaba en la academia.

-¿Problemas en el paraíso? -cuestionó Rikako en un tono sarcástico y, de igual forma, sombrío.

Yashiro se humedeció los labios alzando la mirada al techo, y ladeó su cabeza hacia la joven enseñando una media sonrisa. La otra, en respuesta, simplemente se limitó a negar con la cabeza.