CAPÍTULO 14
—Edward, de verdad, no puedo. —Repitió Bella por enésima vez—. Le prometí a Jessica que le ayudaría con la presentación y sería de ser muy mala amiga si le fallo ahora.
—Pero puedes ayudarla y después puedo pasar a por ti. —Replicó Edward besando su cuello.
Se encontraban en la puerta del edificio en el que compartía piso con Jessica. Edward había pasado a recogerla a su salida del trabajo con la intención de llevarla a su casa para cenar y pasar la noche, pero sabía que iba a ser difícil convencerla pues tenía que ayudar a su amiga.
Habían transcurrido tres semanas desde que visitó el apartamento de Edward por primera vez y desde entonces eran numerosas las noches que pasaba allí. Lo que más le alegraba era que el mismo Edward daba por hecho que ella le acompañaría a su piso y es que, desde esa cena se apreciaba un notable cambio en él. El principal indicio de que las cosas estaban cambiando era que, de manera involuntaria comenzó a prodigarle más muestras de cariño en público. Ahora, era él quien buscaba tomarla de la mano, acariciar su rostro o simplemente dedicarle una sonrisa.
Sonreír. La sonrisa de Edward también había cambiado. Ahora era más luminosa además de aparecer con más frecuencia, y aunque aún había tormento en su mirada, esos dos enormes ojos verdes eran más luminosos, más brillantes.
Esos pequeños cambios no eran sólo perceptibles para ella; Alice y Jasper también se habían dado cuenta, sobre todo Jasper, quien no dudó en hacérselo saber una tarde.
—No sé qué estás haciendo con Edward, pero por favor, no te rindas. Hacía años que no veía una sonrisa sincera en su cara y desde que tu llegaste parece más feliz.
—Sabes que me gustaría tanto como a ti acompañarte, pero he dado mi palabra. Además, mañana te vas de excursión con tus alumnos y los dos sabemos que, si voy a tu apartamento, vas a dormir muy poco y debes estar descansado para mañana.
—Estoy seguro de que mis alumnos perdonarán que su profesor pase un poco de ellos.
—Pero sus padres no.
—¡Aburrida! —Se quejó abrazándola por la cintura—. Tenía planes que implicaban fresas, chocolate, una cama y tu cuerpo desnudo para darnos un festín.
—Ah, ¿sí? ¿Y puedo conocer esos planes más detalladamente?
—Empezaría dibujando tus labios con una fresa bañada en chocolate, para después lamerlos así. —Su lengua perfiló los labios de ella para después adentrarse en su boca y empezar a besarla despacio. Bella rodeó con sus brazos el cuello de él para profundizar el beso, olvidándose de que estaban en mitad de la calle, hasta que un carraspeo y una voz demasiado conocida hizo que se tensase y se separase de Edward como un resorte.
—Creo que no vamos a poder darle la sorpresa a nuestra hija, Renné, más bien diría que los sorprendidos somos nosotros.
—¡Mamá! ¡Papá! ¿Qué hacéis aquí? —Preguntó sorprendida Bella.
Frente a ella se encontraban sus padres. Renné observaba a la pareja con una sonrisa divertida en los labios mientras que Charlie les observaba con algo más de recelo.
—¡Oh, cariño! ¡Deja que te abrace! —Renné Swan se acercó hasta ella para estrecharla entre sus brazos—. ¡Te he extrañado tanto!
—Y yo, pero... ¿Cómo es que habéis venido? La última vez que hablamos no mencionaste nada.
—Tu madre quería sorprenderte, pero veo que hemos llegado en un… mal momento. —Aclaró su padre mirando directamente a Edward.
Isabella sintió como se sonrojaba ante las palabras de su progenitor y sin poder evitarlo alzó la mirada para observar la reacción de Edward, quien, por cierto, permanecía a su lado observando de manera cautelosa la situación.
—Cariño, Bella no nos esperaba, es normal que estuviese ocupada con su amigo. —Intercedió Renné excusando a su hija.
—Pues debe ser un amigo muy íntimo si puede meterle la lengua hasta la campanilla.
—¡Papá!
—¡Charlie!
Exclamaron madre e hija a la vez escuchando como la risa de Edward llegaba hasta sus oídos haciendo que se volteasen para mirarlo.
—Soy Edward, señor Swan. —Se presentó tendiéndole la mano a modo de saludo—. He escuchado hablar bastante sobre usted.
—Me gustaría poder decir lo mismo. —Respondió estrechando con fuerza su mano.
—No te asustes por su seriedad, en el fondo es un oso de peluche. Yo soy Renné, la madre de Bella. —Se presentó la mujer dedicándole una mirad reprobatoria a su marido
—Es un placer. —Edward dirigió de nuevo su mirada a Bella que permanecía a su lado— Creo que será mejor que me marche y te deje con tus padres.
—¡Oh, no! Está claro que estabais en mitad de algo importante. —Habló Renné divertida.
—No es problema, además, de verdad debo marcharme.
—Edward tiene que madrugar, es profesor y mañana tiene una excursión con sus alumnos.
—¡Oh, qué pena! Podríamos haber ido a tomar algo, ponernos al día, conocer a tu amigo…. —Sugirió mirando directamente a su hija.
—Mamá, yo tengo que ayudar a Jess con un asunto, si me hubieseis avisado...
—Te lo dije —Intervino Charlie haciendo que su esposa frunciese el ceño— Le insistí una y otra vez en qué debíamos avisarte, pero ya sabes lo cabezota que es.
—¡Oh, da igual! Vamos a estar aquí todo el fin de semana. Tu padre tiene mañana una reunión con los bomberos veteranos de su grupo, pero el domingo podemos ir a comer los cuatro, así puedes presentarnos a tu amigo. ¿Te apetece, Edward?
—Mamá, no creo que sea buena idea, además Edward tiene planes y... —Se apresuró a responder intentando liberarlo de la insistencia de su madre.
—Pero cielo, ¿Cuándo vamos a poder conocer a tus nuevos amigos? Nosotros a penas venimos por aquí y ….
—Ya, pero...
—No hay problema, podemos comer juntos el domingo. —Aceptó Edward para sorpresa de Bella.
—¿Estás seguro? No es necesario que...
—Claro, no veo que hay de malo. —Edward optó por ceder, pues si Bella continuaba negándose empezarían a pensar que ocurría algo extraño. Al fin y al cabo, los padres de ella no eran tontos y les habían pillado besándose.
—¡Maravilloso!, ¡Lo pasaremos genial! —Exclamó una complacida Renné.
—Ya me dirás el lugar y la hora. —Dijo besando su frente— Espero que disfruten de su fin de semana. —Se despidió dirigiéndose a sus padres.
Una vez que Edward se marchó, sus padres la acompañaron hasta el apartamento, donde aprovecharon para saludar a Jessica quien les invito a cenar, pero ambos se negaron aludiendo que tenían que ir al hotel.
El domingo prácticamente llegó en un suspiro. El día anterior apenas pudo hablar con Edward pues este llegó tarde de la excursión con sus alumnos.
Normalmente esos viajes se hacían en días escolares pero el viaje incluía disfrutar de un musical, por lo que aprovecharon para realizar la visita en sábado y así ver como parte de los músicos ensayaban.
Cuando le llamó, le insistió en que no estaba obligado a asistir a la comida. Su madre solía ser impulsiva y alocada y estaba claro que se moría de curiosidad por conocer al amigo de Bella, de ahí su invitación
—De verdad, no estás obligado a venir, puedo decirles que estas cansado o que te ha surgido un imprevisto familiar, lo entenderán.
—Bella, no hay problema de verdad. En cierto modo, entiendo que tus padres quieran conocer a la gente con la que te relacionas después de todos los cambios que han ocurrido en tu vida últimamente. Ellos no viven aquí y si con una simple comida se quedan más tranquilos por mi está bien.
Así que allí se encontraban: en The Eagle, el restaurante favorito de su padre. El dueño era amigo suyo. Le conoció cuando intervinieron en un incendio durante sus años de bombero. En agradecimiento por salvar su negocio, el hombre invitó a los participantes a una cena y desde entonces se había convertido en su lugar favorito para comer.
—Iré a saludar a Sam mientras que llega… tu amigo. —Dijo Charlie dejando allí a madre e hija.
—Tu amigo, —Repitió Renné— Estoy segura de que Edward es algo más que eso. Te conozco, Bella, no lo niegues.
—No voy a negarlo. Estamos en ello, mamá, pero vamos despacio, así que, por favor, contrólate y no le agobies. Compórtate con él como eso, como si fuese un amigo y punto
—Está bien, pero... ¡Es que es tan guapo!¡Y tiene pinta de besar tan bien! ¿Me equivoco?
—¡Mamá!
—¿Qué? No seas aburrida, Bella. Tenemos suficiente confianza para hablar de estas cosas, tu padre besa maravillosamente.
—¡Oh, por favor!, No empieces.
—Y tiene un culo...
—¡Mamá! ¡No quiero hablar del culo de papá! —Exclamó abochornada cubriendo el rostro con las manos.
—Me refería al de Edward, aunque el de tu padre tampoco está mal.
—¡Oh, Dios!
—Ahí viene Edward. —Su madre levantó la mano para saludarlo efusivamente haciéndoles saber dónde estaban.
Bella se volvió para mirarlo y sintió como una ola de calor la invadía. Si vestido de manera informal estaba guapísimo, con esos pantalones beige y la americana negra estaba tremendo.
—Sin duda, tienes buen gusto para los hombres, hija.
Edward se acercó hasta ambas.
—Perdón por el retraso, encontrar aparcamiento es un poco complicado. —Se excusó besando a Renné en la mejilla para saludarla y apretando cariñosamente la cintura de Bella al tiempo que besaba su frente.
—No te preocupes. Además, parece que la mesa ya está lista. —Añadió Renné observando como su marido les hacía señas desde el fondo del local. Se adelantó a la pareja y caminó en dirección a su esposo.
—¿Todo bien? —Pregunto Edward al ver la expresión consternada de Bella.
—Sí, bueno, no… —Titubeó.
—¿Sí...? ¿No…?
—Solo te pido una cosa. —Suspiró Bella— No tomes en serio a mis padres, sobre todo a mi madre. Acabo de darme cuenta de que está loca.
Edward sonrió ante el comentario y apretando sus hombros le infundió valor para enfrentarse a la comida que les esperaba.
Comieron en una terracita ajardinada, en una mesa especialmente preparada para ellos, según comentó Charlie Swan.
La comida transcurrió de manera tranquila y para sorpresa de Edward, agradable y cómoda. Charlie y Renné les comentaron todos los detalles sobre la reunión del día anterior con el grupo de bomberos al que perteneció su padre, lo que desencadenó en un montón de anécdotas de cuando él trabajaba. Charlie se mostró encantado de responder a las preguntas que Edward le hacía.
La comida estaba sirviendo para que el padre de Bella dejase a un lado el recelo inicial que había mostrado cuando los encontró juntos
Sin saber cómo la conversación derivó a la infancia de Isabella, donde su madre les bombardeo con todos los detalles más vergonzosos de la joven, desde su primera menstruación hasta cuando tropezó el día de su graduación en mitad del escenario a la hora de recoger su título.
—Mama, por favor. No es necesario avergonzarme más.
—Por mi puedes seguir hablando, Renné, me están encantado todos esos detalles. —Comento Edward divertido.
—¡No, no! Mi hija tiene razón. Ahora te toca a ti, Edward.
Isabella deseó poderle tapar la boca a su madre ya que empezó su peculiar interrogatorio a Edward sobre si familia, su vida su trabajo. Interrogatorio, que Edward sobrellevo de buena manera respondiendo amablemente y esquivando de manera audaz las preguntas más incómodas.
—Seguro que tu hermano y tú fuisteis traviesos de pequeños. A nosotros nos hubiese gustado tener más hijos, pero Bella era tan inquieta que requirió toda nuestra atención.
—Bueno, nos encantaba jugar con las pinturas de mi madre, cosa que a ella le molestaba enormemente, pero al final se rendía y terminábamos pintando juntos, o destrozando sus obras de arte, según se mire.
—¿Tu madre es pintora? —Preguntó Bella sorprendida ante ese nuevo. descubrimiento.
—De paisajes, sobre todo.
—¿No lo sabías, Bella? —Preguntó Charlie enmarcando una ceja extrañado.
—Ya no se dedica a ello, por eso no se lo había comentado. —Respondió Edward salvándola.
—Y a todo esto, ¿Desde cuándo os conocéis? Por lo que vimos ayer sois... amigos muy íntimos, aunque apenas hemos escuchado hablar de ti.
—Papá, no os cuento todo lo que ocurre en mi vida. Nos conocimos hace unos meses, gracias a él empecé a trabajar con Alice.
—Fue una accidental coincidencia —Sonrió Edward mirándola haciendo referencia al incidente que provocó su encuentro.
—Lo único que debe importarte Charlie es que se lleven bien, y al parecer así es, así que deja de interrogarles y disfrutemos del postre.
—¡Pero si has sido tú quien has avasallado al chico con preguntas!
—¿Yo? ¡Tonterías!
Charlie rodó los ojos haciendo que tanto su hijo como Edward rieran.
Tras el postre y el café tuvieron que despedirse ya que el matrimonio debía poner rumbo a Cold Spring, pero antes le hicieron prometer a Bella que les visitaría pronto.
Una vez en el apartamento de Bella, ésta no pudo evitar suspirar aliviada.
—Muchas gracias por esto, sobre todo por aguantar a mi madre, puede llegar a ser muy intensa.
—Son muy simpáticos. Pero tienes razón, debes recompensar de alguna manera por hacerme disfrutar de una deliciosa comida y una tranquila charla con tus padres. —Bromeó como si hubiese sido sometido a una tortuosa velada, aunque en realidad había disfrutado bastante.
—Ah, ¿Sí? —Preguntó al sentir como los brazos de él la rodeaban por su cintura—. Y según tú ¿Cómo debo recompensarte?
—Dejándome hacerte todo tipo de cosas sucias en la cama. —Susurró en su oído acariciando su pecho e ingeniándoselas para introducirse bajo la tela y pellizcar su pezón, provocando que se estremecerse.
—¡Mmmm…! Me gusta la idea. Además, Jessica no está.
—Mejor, —Volvió a susurrar besando su cuello mientras que su otra mano avanzaba por su abdomen hasta introducirse en su interior y empezar a acariciarla—. Así podré hundirme en ti y hacerte gritar de placer sin preocuparme por que nos escuchen.
Con esa promesa y sintiendo el endurecido miembro de él detrás de ella se dirigieron a su habitación donde en cuestión de segundo se desnudaron y Edward, tumbado sobre ella empezó a bombear en su interior haciéndola alcanzar el placer una y otra vez.
¡Hola! ¿Qué tal todo?
Los padres de Bella han hecho acto de presencia y parece que Edward no ha salido corriendo.
Espero que os esté gustando la historia y hayáis disfrutado del capítulo.
Muchas gracias a todos por los favs, follows y reviews. Espero leer vuestros comentarios.
Saludos.
Nos seguimos leyendo.
Un Saludo.
