Epílogo 1

Cuatro años después…

— ¡Papi! —gritó Emma con todas sus fuerzas.

Edward se giró y miró a su hija.

— ¡Mira, tengo uno! ¡Ven, ven, ven…!—gritaba mientras daba pequeños saltitos.

Edward se acercó a ella y sonrió al ver el pequeño pececillo nadando dentro del cubo de agua.

— Muy bien, pequeña, iré a ayudar a Sissi, que parece que tiene problemas —le dijo revolviendo su cabello rubio.

La pequeña sonrió vio como su padre se alejaba

— Emmi, no te acerques tanto al borde, que te puedes caer —susurró Bella levantando la vista de su libro.

La pequeña bufó y rodó los ojos cuando su madre no la miraba, pero Bella sonrió suponiendo lo que había hecho.

— Te he visto —replicó volviendo la vista a su libro.

La niña dejó la caña de pescar colocada entre unas piedras y se acercó a donde su madre estaba tendida disfrutando de un poco de sol.

— Mami… —susurró colocando la cabeza en su regazo.

Bella sonrió y acarició su cabello.

— ¿Qué pasa cariño? —preguntó con dulzura.

— ¿Sissi de verdad no sabe pescar o solo finge para que papá pase más tiempo con ella?

Bella río entre dientes y dejó el libro a un lado. No era la primera vez que tenía esa conversación con su hija, la extraña "conexión", como Edward la llamaba, que había entre Sissi y su padre, había despertado los celos de Emma en más de una ocasión. Nunca hubo mayor problema que una conversación en la que Bella y Edward le explicaban cómo era la situación y ella lo entendía. Pero eso no evitaba que en otra ocasión el bichito de los celos volviese a picarla y volviese a hacer las mismas preguntas.

— Emmi mi amor… ya te he explicado muchas veces lo que pasa —comenzó a explicar Bella una vez más— papá y Sissi se llevan muy bien, ambos se parecen demasiado. Pero lo compensa que tú y yo seamos también muy parecidas.

— A Sissi no le gusta que leas cuentos y a mí sí —explicó la niña con su pequeño ceño fruncido.

— Exacto, yo te leo un cuento a ti y papá pesca con Sissi —Bella sonrió.

La niña sonrió y abrazó una de las piernas de su madre.

— ¿Qué estás leyendo ahora? —preguntó Emma de nuevo.

— Un libro de mayores… pero si quietes puedo contarte una historia —Bella no pudo evitar sonreír al ver una sonrisa en el rostro de su hija.

— ¡Sí! —gritó Feliz y acomodándose al lado de Bella.

— Erase una vez una princesa llamada… —Bella se detuvo y fingió pensar en el nombre.

— ¡Emma! —chilló la pequeña.

— Sí… una princesa llamada Emma, que le gustaba mucho montar a caballo…

Edward miraba maravillado a su mujer interactuando con la pequeña Emma, era imposible no sentirse feliz al ver que se llevaban tan bien, y que no les molestaba que él estuviese tan inmerso en enseñar a su otra pequeña a pescar.

— Papi… esto se mueve —susurró Sissi con voz temblorosa.

Edward volvió la vista a su hija y río al verla con cara de pánico mientras sostenía la caña con sus dos manos.

— Muy bien cariño… ahora recoge el sedal… veras como esta vez te sale bien —la instó.

La niña hizo lo que su padre le pidió y fue girando la palanca para recoger el sedal… al poco tiempo vio como un pequeño pececillo revoloteaba en l aire sujeto al anzuelo en el que había puesto el cebo. Su boca se abrió desmesuradamente mientras sus ojos brillaban de anticipación.

— ¡Así se hace pequeña! —la felicitó Edward estirando el brazo para sujetar el pez y echarlo en el cubo de agua donde los esperaban otros dos más.

— ¡Papi lo he hecho yo sola, lo he hecho yo sola! —gritaba feliz.

— Muy bien Sissi, ahora voy con tu madre… tú ten mucho cuidado y no te caigas —le dijo ocultando una sonrisa, pues la pequeña había heredado el poco equilibrio de su madre.

Sissi bufó bajito para que no la oyesen y se quedó mascullando entre dientes mientras su padre se alejaba.

— ¿Qué hacen mis dos chicas? —preguntó Edward tumbándose al lado de Bella.

— Mami me está contando una historia de princesas y dragones —dijo Emma emocionada y moviendo sus brazos para explicarse mejor.

— ¿Un príncipe azul salva a la princesa del temible y enorme dragón? —preguntó Edward.

— No papá… la princesa tiene una espada mágica y ella va atrapando dragones para dárselos al rey como of… ofren… como regalo —dijo después de intentarlo y no poder pronunciar la palabra que su madre le había dicho.

— Es ofrenda cariño —susurró Bella en su oído.

— ¿Esa cosa es un regalo no? Pues como regalo —protestó.

Edward y Bella reprimieron una sonrisa. Edward se acercó a Bella y besó su mejilla.

— Puaj… estáis siempre igual… me voy a ayudar a Sissi —dijo Emma poniéndose en pie y caminando hacia su hermana.

Edward y Bella sonrieron mientras juntaban sus labios.

— Que rápido han crecido… —susurró Bella viendo como sus hijas jugaban entre ellas a salpicarse pequeñas gotas de agua.

— Es lo que suelen hacer los niños… —contestó Edward encogiéndose de hombros.

— ¡Emma! Si no dejas de mojarme le diré a tío Emmett que tú le has roto sus comics —chilló Sissi.

— ¡Traidora!—respondió Emma tirándole un cubo de agua por la cabeza.

— ¡Emma Cullen! —chillaron sus padres a la vez.

— ¿Ha sido sin querer? —dijo la niña sonriendo angelicalmente.

— Yo iré… tú descansa —Edward se puso en pie y besó la cabeza de Bella.

— Hay ropa seca en el coche —gritó Bella— sabía que Emma haría de las suyas.

Edward ayudó a Sissi a cambiarse de ropa y reprendió a Emma por mojar a su hermana. Bella los observaba desde la distancia y sonreía con cada ocurrencia de sus pequeñas…

— Te vas a tostar… si sigues ahí tendremos asado de Bella —dijo una voz a su espalda.

Bella se giró y Emmett y Rosalie acaban de llegar y estaban extendiendo una toalla sobre la hierba al lado de la suya.

— ¿Qué ha hecho Emma esta vez? —preguntó Rose mirando como Edward todavía regañaba a la niña.

— Le tiró agua por la cabeza a su hermana… —dijo Bella riendo y negando por la cabeza.

— No sé de quién ha aprendido esas ideas —dijo Emmett suspirando teatralmente— iré a enseñarle como de verdad se hacen las cosas… ¡tenía que tirarla al río! —en seguida tuvo que salir corriendo ante la mirada encolerizada de su mujer.

Ambas rieron ante la imagen de ver a un hombretón hecho y derecho como Emmett asustado por Rose.

— ¿Qué tal estás? —preguntó Rosalie.

— Gorda… ¿no es evidente? —dijo Bella haciendo un círculo alrededor de su abultado vientre.

Rose río.

— ¿Y cómo te encuentras? —preguntó de nuevo.

— Cansada… este calor me está matando… y Tony no parece entenderlo… no deja de moverse y de patearme —de quejó dejándose caer boca arriba en la toalla.

Rose se acercó y acarició el vientre de su amiga, que se movía de cuando en vez.

— ¿Cuánto te queda? —preguntó una vez más.

— Un par de semanas… Edward esta histérico —Bella río entre dientes— cada vez que me muevo en la cama se levanta de un salto y busca sus zapatos desesperadamente.

— ¿Sea la hora que sea?

— Sea la hora que sea… anoche pasaba de las cuatro de la madrugada.

— Eso es típico de mi hermano —dijo Alice entre risas acercándose a ellos seguida de su marido Jasper.

— ¿Ya estáis hablando mal de mí? —se quejó Edward acercándose a su mujer.

— No cariño… solo les contaba tu operativo en caso de parto —bromeó Bella.

— Tú ríete… pero me lo agradecerás cuando tengas contracciones y no sepas como actuar —Edward hizo un mohín y la miró de reojo.

— Creo que ya he estado embarazada antes, y en esa ocasión sí que supe cómo actuar —protestó ella.

— Casualidad… —dijo Edward rodando los ojos.

— ¡Tío Jasper! —gritó Sissi colgándose del cuello del interpelado.

— Hola renacuaja… ¿Qué te ha pasado en el pelo? —inquirió.

— Emma me ha mojado porque le dije que diría que ella rompió los comics del tío Emmett —explicó la niña.

— ¿Qué Emma ha hecho qué? —preguntó Emmett más pálido de lo normal.

Emma puso cara de circunstancias y se sentó entre su madre y su padre.

— Ha sido sin querer tío Emmett, Sissi no me dejaba verlos y al tirar… se rompió… pero solo un poquito —dijo Emma señalando con sus dedos índice y pulgar una pequeña porción.

— ¿Cuánto es un poquito para ti enana? —preguntó Emmett tambaleándose y apoyándose en un árbol… su rostro estaba cada vez más pálido.

— Solo unas cuantas páginas…

— ¿Cuántas? —preguntó con voz ahogada.

Emma temblaba y Edward pasó un brazo por sus hombros para tranquilizarla.

— Siete… no, fueron seis… cinco… ¿cuatro? —el número de páginas arrancadas bajaba al a vez que el color rojo en el rostro de Emmett aumentaba— ¡pero fue culpa de Sissi! Ella me dijo que no me lo dejaba. Tío Emmett ten piedad de mí… voy a tener un hermanito y quiero conocerlo.

— No asustes a la niña —lo reprendió Rosalie.

Con un gruñido Emmett se alejó de nuevo.

Bella río entre dientes y Emma se acomodó a un lado de ella colocando la oreja en el vientre de su madre.

— ¿Tony te cuenta algo interesante? —preguntó Edward divertido.

— Sí… que quiere salir para tirarte del pelo —dijo la niña echando la lengua.

Edward se la devolvió y echó la lengua también.

Sissi apareció segundos después y besó la mejilla de su padre antes de colocarse al otro lado de Bella y también colocar la oreja pegada a su vientre.

— ¿A ti que te cuenta? —le preguntó Edward.

— Un secreto… —dijo riéndose y mirando a su hermana.

Edward suspiró y miró a las tres mujeres más importantes de su vida… ni el tiempo había borrado todo lo que sentía... era demasiado. Y ahora la vida le daba otro regalo más… Bella estaba embarazada, tendrían un hijo juntos. Edward adoraba a Sissi y a Emma, sabía que eso no cambiaría nunca, pero sentía un calorcito especial en su pecho cuando pensaba en Anthony… su hijo que nacería en cualquier momento.

— Doctor Cullen —dijo Bella en un susurro y con el ceño fruncido, Edward la miró confundido— pon en marcha tu operativo de partos, porque creo que he roto aguas.