A Yuuri le sorprendió ver a Víctor en aquel estado, si bien el chico era extrovertido y algunas veces decía comentarios fuera de lugar, jamás se imaginó verlo a medio vestir y con alcohol encima. Vitya siempre era responsable, pero al parecer ese día había decidido soltarse un poco, no era algo anormal ya que era humano y todos cometían errores o hacían algo en contra de las reglas. Aunque eso no significaba que se le pasaría por alto aquella actitud o eso pensó.
Vio como Yuri ignoraba la situación por completo y se dirigía a su cuarto, eso le molestó ya que los adolescentes se les habían quedado mirando como esperando algún regaño o palabra, pero el rubio simplemente pasó de ellos por completo.
— ¿A dónde crees que vas? —le preguntó a Yuri, intrigado y molesto por su actitud.
El rubio al escuchar aquel tono de voz se detuvo como si intuyera que si daba un paso más, algo saldría mal. Volteó para mirar al japonés y responderle— Voy a dormir, estoy cansado —le respondió en un tono casual.
— ¿Y qué pasará con esto? —Yuuri frunció el ceño mientras apuntaba el desorden que había en la sala.
Víctor mientras tanto se bajó de la mesa y fue a sentarse junto a Chris, observando con atención la que sería, según él, la primera discusión de los Yuris. "Esto se ve bueno" murmuró Chris para que solo su amigo escuchara, recibiendo un codazo en el estómago como respuesta.
— ¿Cómo que "qué pasará"? ellos lo hicieron, ellos lo ordenan ¿No? —no estaba de humor para lidiar con eso hoy, así que solo quería ir a su habitación y pensar en cómo quitarse de encima a aquella mujer.
—Pues díselos, además deberías darle un castigo ¿Qué clase de padre eres? —Yuri nunca había castigado al platinado por algo ya que este siempre era responsable con sus cosas, era la primera vez que le daba un "problema" y ni siquiera era porque bebió licor sino porque tenía a Yuuri regañándolo a él.
Rodó los ojos molesto, pero obedeció para que el japonés se sintiera tranquilo, ni él sabía el porqué le estaba haciendo caso, pero lo hacía.
— ¡Víctor, Chris! —Ambos chicos se tensaron por el tono autoritario en la voz del ruso mayor— más les vale limpiar esto en menos de media hora e irse a dormir y tú —dijo apuntando solo al platinado— mañana hablaremos de tu castigo.
Los chicos se quedaron en silencio como si lo poco de conciencia que les quedaba les diera una alerta de que si decían o hacían algo las cosas se tonarían peores. Víctor pudo escuchar un "¿Feliz?" de parte de su padre hacia el japonés y pudo ver como el mismo mejor huyó a su habitación al ver que Yuuri tenía cara de pocos amigos. Entendió a su padre puesto que él mismo quiso correr cuando aquellos ojos color chocolate se posaban en su persona.
—Lo siento —dijo automáticamente y con los ojos bien abiertos— no volverá a pasar, lo juro.
Chris solo observaba la escena pensando en que su madre también lograba lo que quería cuando se enojaba, él y su padre debían correr cada vez que ella los miraba de una manera desaprobatoria.
Yuuri dio un suspiro cansado y se retiró sin decir nada, eso le dolió a Víctor aún más que cualquier castigo que pudieran imponerle, hubiera preferido cualquier cosa antes que recibir silencio a cambio.
—Tienes prohibido visitar tu cafetería favorita —la voz de Yuuri resonó en los oídos de Víctor, además de que le dolía la cabeza ahora tenía ese castigo frente a él. Pensó que si el silencio del japonés era malo, sus castigos eran peores.
—Pero ¿Por qué? —intentó objetar mientras se masajeaba las sienes al estar sentado frente a la mesa del comedor esperando el desayuno. En la madrugada dejaron todo impecable junto a Chris y ahora el japonés lo había levantado temprano, aún si no había nada que hacer. Yuuri podía ser un dictador si se lo proponía.
—Porque sé que tu padre no te castigará con algo que te duela —le habló aún si no podía verlo por estar preparando el desayuno.
Chris todavía dormía, puesto que él era un invitado. Víctor quiso patear a su amigo, pues le pidió que afrontara el desayuno con él, pero este le dio la espalda literalmente, estaba acostado y cuando escuchó al platinado se volteo para no verlo y seguir durmiendo.
Apoyó su cabeza en la mesa y cerró los ojos un momento, le enojaba estar castigado si nunca hacía cosas malas, por lo menos deberían tener un poco de piedad con su persona, pero al parecer esa palabra no existía en el vocabulario del azabache. Que más daba, tendría que acatar ya que respetaba y quería a Yuuri, así que cumpliría con el castigo que le impuso aún si le dolía, lo haría porque quería que se diera cuenta que su palabra valía para él tanto como la de su padre.
El fin de semana pasó rápido, Chris se fue a su casa el mismo sábado en la tarde mientras que Yuuri se quedó hasta el domingo, escuchando que el castigo que le imponía el rubio a su hijo era que debía acompañarlo a comer un día con Sonya y su hija. El japonés miró de mala manera al ruso mayor al darse cuenta de que se estaba aprovechando de imponerle un castigo para cumplir con lo que su jefe le había pedido.
—Iré si Yuuri viene —replicó el platinado, el domingo a la hora de cenar, con las mejillas infladas por tener que conocer a alguien nuevo cuando no tenía ganas, además sabía para que era aquello, la mujer estaba tras su padre.
—No puedo ir, ella solo quiere verlos a tu padre y a ti, Vitya —le explicó el azabache con total calma.
—Esa no es una mala idea —habló el rubio mirando fijo a su hijo como si pensara en algo— fingirás ser mi pareja y así ella terminara desistiendo rápidamente —sonrió como si fuese la idea más maravillosa del mundo.
El platinado quedó con la boca abierta y Yuuri casi se atraganta al escucharlo, como siempre ni siquiera le estaba preguntando, estaba asumiendo algo por sí solo. Aunque si lo pensaba con detenimiento, le convenía, no quería a ese tipo de mujer cerca del menor, ni del mayor, porque se estaba valiendo de artimañas como las relaciones laborales para poder verse con el rubio con otras intenciones que, obviamente, eran totalmente ajenas al trabajo.
—Vas a romperle el corazón —dijo Víctor con una sonrisa que algo escondía y es que estaba contento de que algo así pasara, tal vez y podría hacer que ambos Yuris fueran sus padres de verdad, además de darse cuenta de que su padre no le tenía desprecio a las relaciones entre dos hombres como pensaba. Tal vez dos cosas buenas podían salir, su padre quizás se daba cuenta que la única persona para él debía ser Yuuri y podría aceptar que a él le gustara el sexy moreno de la cafetería.
—Ese no es mi problema —respondió fríamente Yuri— yo no estoy interesado y esta es la manera más sutil de hacérselo entender, si no fuera por trabajo simplemente me habría negado.
Yuuri no respondía nada, pero por dentro saltaba de la felicidad, se dio cuenta de que era observado por ambos rusos como esperando su opinión al respecto.
— ¿Me estabas preguntando? Porque a mí me pareció que lo asumiste solo.
—Entonces está decidido —Yuri siguió comiendo y Yuuri simplemente sonrió.
Los días pasaron con rapidez, la semana fue agotadora para todos puesto que Víctor tenía exámenes y el trabajo había aumentado un poco para ambos adultos. Yuuri se quedó a dormir allá, llevando una pequeña maleta con cosas solo para no tener que viajar a su departamento todos los días porque se estaba haciendo tedioso. Víctor pensaba que poco a poco estaban logrando que el japonés se quedara a vivir con ellos, sentía como si todo estuviera funcionando tal y como quería.
El día de la comida a la que fueron invitados llegó, los tres iban arriba del auto mientras corroboraban no haber olvido nada. La vestimenta era casual, por lo que no había mucho problema. La mujer vivía en uno de los lugares más caros de la ciudad, la casa era enorme por lo que Víctor se admiró un poco del lugar.
Al bajar del automóvil, Yuri sorprendió al azabache tomándolo de la mano y entrelazando los dedos de ambos— No pongas esa cara, se supone que somos una pareja —Yuuri comenzó a ponerse nervioso.
— ¿Y si todos en tu trabajo se enteran? —le preguntó con el miedo creciendo dentro de él, conocía de cerca la discriminación y no quería que Yuri la sufriera, menos por una mentira.
El rubio se quedó serio para luego dedicarle una sonrisa— mejor, así dejan de acercárseme tantas personas —apretó más fuerte su mano intentando darle seguridad.
Víctor miraba todo desde atrás, se adelantó para tocar la puerta mientras los adultos caminaban mirándose a los ojos, uno por nerviosismo y el otro para hacerle entender a Yuuri que todo saldría bien y que a él le importaba una mierda lo que dijeran los demás.
La puerta se abrió y la mujer de castaños cabellos abrió, la sonrisa en el rostro se le fue de inmediato al ver a los dos hombres con las manos entrelazadas.
—Lo siento, olvide avisarte que vendría con mi pareja. Pensé que tendría trabajo hoy, pero no fue así —le habló con formalidad.
—N-no te preocupes —respondió Sonya con una sonrisa fingida, podían notar su desagrado— pasen por favor.
Entraron y ella los guió a la espaciosa sala donde tomaron asiento, en ella ya esperaba una versión en miniatura de la mujer.
—Buenas tardes, soy Anya —saludo la chica que parecía tener excelentes modales.
Todos la saludaron y la mujer hizo que Víctor se sentara junto a la adolescente, el platinado se sentía un poco incomodo, pero sabía actuar bien por lo que con una sonrisa causo un sonrojo inmediato en la chica.
Yuri mantuvo al japonés a su lado en todo momento, lo abrazó por la cintura mientras estaban en el sofá y Sonya servía un poco de vino para los adultos y jugo para los menores. La castaña no sabía cómo había pasado esto, ella pensaba que podría conquistar al rubio, pero este era homosexual ¿Cómo no se había enterado antes? tal vez nadie en el trabajo lo sabía.
—Lo siento, yo no bebo —dijo Yuuri rechazando la copa.
—Es de mala educación no aceptar —le dijo la mujer en un intento de fastidiarlo y el azabache miró a Yuri quien asintió levemente con la cabeza para que el azabache tomara la copa.
—No es necesario que bebas —le susurró al oído y las mejillas de Yuuri se colorearon al sentirlo tan cerca. Por el nerviosismo le dio un gran sorbo a la copa, causando que el rubio riera un poco.
Conversaron un rato más mientras las empleadas terminaban con los preparativos de la comida, los adolescentes desaparecieron un momento. Yuuri no se dio cuenta en qué momento Víctor se había ido de la sala, todo por estar embobado con el rubio quien lo trataba con delicadeza. No conocía ese lado caballeroso del ruso mayor, sabía que solo era una actuación, pero no podía evitar sentirse feliz, además de que el poco vino que había consumido estaba causando efecto en su sistema.
En un momento donde la dueña de casa se levantó para ver cómo iba todo y al ver que no había nadie más en la sala, el japonés tomó al rubio desde las mejillas y junto sus labios con los del contrario, en un beso simple, sin contar con que Yuri le correspondiera acercándolo con la mano que le tenía en la cintura y moviendo un poco sus labios.
࿂Continuará࿂
