Día 15. En la ducha

Tres golpes de puño y lo que parecía una patada azotaron la puerta del baño mientras James se quitaba la camiseta.

"¡Apura, Cornamenta, que necesito usar el baño!"

"Ay-" reclamó en cuanto se volteó. Aprovechó de mirarse en el espejo, revisando la herida que ese bastardo de Rabastan Lestrange le había provocado la noche anterior. Un Diffindo lanzado con una puntería de mierda le rozó el costado derecho del torso, por debajo del brazo. Sospechaba que alguna variación tenía ese hechizo, porque no pudo cerrarse completamente la herida con el Episkeyo.

Así que ahí tenía una cicatriz de aproximadamente 15 centímetros que le ardía como el diablo. Le pediría a Lupin que le echara un vistazo más tarde, después de hacer todo lo que tenía que hacer. Eso si es que Sirius no seguía fastidiándolo, tratando de echar la puerta abajo.

"Vamos James, que no puedo esperar todo el día…"

"Ya déjame en paz. Acabo de entrar, haber venido antes." le contestó mientras seguía desvistiéndose.

"Esto no pasaría si hubieras puesto otro baño en esta casa tan grande." masculló su amigo, golpeando la puerta de forma insistente. Tenía razón en eso, después de todo. Abrió el grifo, ahogando los reclamos de Sirius con el sonido del agua al caer contra la cerámica.

Le plantearía la posibilidad de añadir otro cuarto de baño al administrador cuando lo viera en la reunión que tenían a media mañana.

El agua tibia comenzó a caer por su cuerpo, quitándole el sudor por la dura sesión de entrenamiento que acababa de tener.

A pesar de tener 18 años y ser un joven lleno de deseos de venganza e ideas de destrucción, esas no eran sus únicas ocupaciones. Debía, también, ser el heredero de la fortuna Potter para lo cual había nacido en primer lugar.

Ese largo, extenso y cuantioso patrimonio era lo único que le quedaba de sus padres, familia y antepasados. Era una de las pocas cosas que tenía de aquella vida anterior, antes de que Tom apareciera para sembrar el miedo, el terror y el odio en su alma.

Se trataba de una ocupación bien materialista, por lo demás. Pero para sus propósitos actuales tenía fines bien prácticos. Poder mantenerse, a él y a sus amigos, sin que ninguno tuviera que realizar alguna actividad remunerada formal era muy conveniente. Tenía un lugar al que podía llamar "hogar", implementos, herramientas y demás utensilios al alcance. Vivir con algunos lujos también se agradecía.

No había sido fácil aprender todo eso. Voldemort se había encargado durante 10 largos años de todos los negocios, bajo su identidad secreta, para usufructar también del dinero y bienes de aquellos a quienes había asesinado. Nunca había sido un dilapidador o nada parecido, había usado lo justo y necesario, e incluso había contribuido a su grandeza. Eso no dejaba de sonar extraño. James pensaba que Voldemort contaba con que él siempre estaría a su lado, así que se proyectaba con el financiamiento más que asegurado. Además, entre sus seguidores estaban algunas de las mayores y antiguas fortunas. El dinero era algo demasiado mundano para que acaparara la atención de Voldemort por mucho tiempo.

Al cumplir los 17 años, James asumió por completo la gestión y administración de su fortuna. Evidentemente no pudo hacerlo solo. Contrató a un administrador de su confianza, quien a su vez contrató a otros profesionales de la economía y las leyes para auxiliarse. Todos pasaron bajo su atento examen antes de comenzar en funciones; no iba a dejar que cualquiera metiera las manos en su herencia, la que se extendía por los mundos muggle y mágico…

Un portazo lo despertó de sus aburridas divagaciones.

Resopló, fastidiado.

"Cabréate de una vez, Sirius. Te dije que-"

Abrieron la cortina de la ducha.

"¿Esperabas a Black?"

No podía ser nadie más que ella. Evans. Completamente desnuda, el cabello desparramado y mojado, evidencia de que ella también había terminado de entrenar.

Entró a la ducha sin pedirle permiso, y James sólo atinó a echarse para atrás, haciéndole espacio. La miró durante 1 minuto entero, procesando todas sus opciones. ¿Se enfurecía y la echaba a patadas? ¿La dejaba inmiscuirse, así sin más, en sus espacios personales? ¿Le perdonaba todo, y-

La pelirroja fue más rápida y se lanzó a sus labios. No tuvo que pasar mucho tiempo para que la levantara en andas y la apoyara contra la pared de azulejos mojados. Los jadeos de Evans fueron acallados por el agua que continuaba corriendo.

Y afuera, Sirius había vuelto a tocar la puerta.


Comentarios:

Hola a todos! Bueno, supongo que casi todos, si es que no todos, actualmente estamos encerrados en nuestras casas en cuarentena por la pandemia del dichoso Covid-19. En mi caso, llevo 12 días de cuarentena, trabajando desde casa, y no hay mucho más que agregar al respecto. He querido salir y no puedo, así que he tenido que encontrar entretenciones en casa. Obviamente pensé que esta es la oportunidad para terminar mis dos fics tan queridos, así que quizás deba aprovechar el momento.

Por ahora, este capítulo no me gustó mucho. No es tan novedoso ni nada, y es que desde el día que leí que estaba este día en el reto, "En la ducha", supe que me iba a dar problemas porque si hay algo que no concibo para nada, es tener sexo en la ducha. Debe ser incómodo y muy peligroso, por lo demás. En fin, pero si no lo publicaba ahora, iba a seguir ahí durmiendo en los laureles para siempre, y el fic no iba avanzar.

La viñeta del día siguiente es un poco más interesante -aunque no deja de ser cliché- "En un callejón". Le pondré un poco más de acción, porque solo escribir escenas de sexo explícito sin contexto es de lo más aburrido. Así que disculpas si la viñeta siguiente es un poco más larga, pero espero que la disfruten. Y a partir del Día 17 estimo que las cosas se van a ir poniendo más extrañas, para hilar adecuadamente con la tercera parte y final, de la 'Manía', el amor enfermo y obsesivo que termina en tragedia.

Eso sería todo. Cuéntenme cómo van con sus respectivas cuarentenas, al menos así nos sentiremos un poco más acompañados.

Un abrazo y cariños para todos!

Nr.-