El Sheriff Stilinski estaba leyendo el periódico de la mañana mientras bebía café, disfrutando de la paz y tranquilidad matutina, cuando el sonido de la puerta le indicó que su hijo acababa de llegar. Aquella mañana, muy a primera hora, Stiles y Derek habían ido al hospital para que Melissa le hiciera la analítica correspondiente a las diez semanas de gestación y comprobar que todo estaba marchando bien.
- Ya hemos vuelto –anunció Stiles.
Un segundo después entraba en la cocina seguido de Derek. Y, sorprendentemente, los dos estaban igual de callados.
Stilinski dejó a un lado el periódico, más interesado en lo que tenían que contarle.
- ¿Qué tal los análisis?
- Bien –respondió Derek por el humano.
- ¡Eso lo dirás tú!
Por si el hecho de que Derek hubiera sido el primero en hablar no fuera suficiente señal de alarma, la respuesta de su hijo, llena de rabia hacia el padre de su hijo, terminó de indicarle que había problemas en el paraíso.
- ¿Qué ha pasado?
- Que acabo de convertirme en una vaca. Eso es lo que pasa –exclamó Stiles, exagerando el movimiento de sus manos. Stilinski, sin entender muy bien a qué se refería su hijo, observó con atención el estómago de Stiles-. ¡No lo digo por la tripa! –Se tapó automáticamente esa parte de su cuerpo, como si su padre pudiera ver a través de la ropa-. ¡Y todavía no se me nota!
- ¿Entonces?
- Ha dado negativo en toxoplasmosis –fue Derek quien respondió de nuevo, intuyendo que como esperara a que Stiles diera las explicaciones, su hijo nacería antes de que le hubiera dicho qué pasaba.
- Oh… -fue la lacónica respuesta del abuelo de la criatura.
- ¿Oh? –Stiles puso su mejor cara de interrogatorio-. ¿Qué significa ese "oh"?
- A tu madre le pasó lo mismo. Estuvo los nueve meses del embarazo sin poder comer nada de carne.
Pero la explicación de su padre no le sirvió mucho a Stiles. Todo lo contrario, ya que su exasperación aumentó de nivel.
- ¿Cómo puedes decir algo así con esa tranquilidad? ¡Es horrible!
- Hay algo más que carne en el mundo, Stiles –trató de calmarle Derek-. También hay…
- ¡Exacto! Lo que comen las vacas.
- Mira… Así ya sabes lo que siento cuando me compras una ensalada en lugar de patatas –bromeó el Sheriff. Pero entonces vio que la cara de Stiles cambiaba para mostrar una que sólo tendría alguien al que le estaba dando un derrame cerebral-. ¿Qué pasa?
- No has debido decir esa palabra –explicó el hombre lobo.
- ¿Por qué no? ¿Tampoco puedes comerlas?
- Sí –respondió nuevamente Derek por Stiles- pero le causa ardor de estómago…
Entendiéndolo todo por fin, Stilinski no pudo por menos que echarse a reír.
Fue así durante unos buenos segundos. Hasta que su hijo pudo recuperarse de la impresión de que sí: su querido padre se estaba riendo de su desgracia y en su propia cara.
- ¡Yo no le veo la gracia! –se quejó Stiles.
- En realidad sí que la tiene –admitió su padre, para nada preocupado por la mirada asesina que le acababa de lanzar su hijo. Ya estaba acostumbrada a ellas desde antes de que Derek llegara a sus vidas, y motivo por el que tampoco se preocupaba mucho cuando era su yerno quien se las lanzaba a su hijo.
- ¡No es justo! Se supone que voy a traer al mundo a un ser vivo. Lo suyo es que pueda alimentarla en condiciones, ¿no?
- Precisamente… -puntualizó Derek, al que ver sufrir a su novio estaba consiguiendo que sacara a relucir su vena más sarcástica-. Y lo vas a hacer de maravilla con una dieta sana y sin grasas…
- ¡Vete a la mierda! –Le dio un empujón-. Todo esto es culpa tuya.
- ¿Mía?
- Sí… Si no me follaras con tanto ímpetu y tantas veces, yo no habría acabado así –se señaló nuevamente el estómago, por si no quedara claro de a qué se estaba refiriendo. Pero entonces observó la expresión de Derek, tan poco común en él, y se olvidó momentáneamente del asunto que estaban tratando-. ¿Y ahora por qué te sonrojas?
La respuesta vino en forma de un ligero carraspeo procedente de su padre.
Stiles miró al sheriff con cara de que le estuviera dando un infarto, y luego a Derek, quien seguía con la cara más colorada de cómo le había visto en toda su vida.
Ver a los otros dos únicos presentes en la casa con semejante expresión de "tierra trágame" le indicó a Stiles que el motivo debía ser algo que él había dicho.
Así que hizo memoria y repitió en su mente lo mismo que acababa de increparle a Derek… y por fin comprendió a qué venían esas caras.
No obstante, aunque jamás habría imaginado que un día disfrutaría tras haber cometido semejante metedura de pata, también había conseguido que ahora mismo él no fuera el único hombre de la casa que estaba sufriendo por lo cruel que era el mundo con él…
Y eso si era algo positivo a tener en cuenta.
Así pues, decidió que lo mejor que podía hacer era regodearse unos segundos más en el sufrimiento de los dos hombres a los que supuestamente quería.
Cogió entonces una manzana del frutero que había en la encimera con deliberada alevosía para que quedara claro que era una persona responsable y que iba a comer más sano a partir de ahora, le pegó un buen mordisco, y salió de la cocina bastante más animado de como había entrado.
***********
Varias semanas después al "incidente" en la cocina, como a Derek le gustaba referirse a él cada vez que Stiles se quejaba de por qué su novio no se fiaba más de él, el hombre lobo llegaba a casa tras un largo día de trabajo.
Desde que su vida dio un giro de 180 grados, aunque esta vez para bien, no había tenido apenas un minuto de respiro. Cuando todavía no había terminado de procesar el hecho de que iban a ser padres, había comenzado una vorágine de pruebas médicas y planes para rediseñar la habitación que pasaría a ser la de su hijo, y todo ello sin poder dejar de lado sus respectivos trabajos o las visitas sociales que recibían cada día, ya fuera en casa o incluso en el trabajo, interesados en ver cómo le estaba yendo a Stiles.
Fruto de ello era que cada día llegaba a casa con la sensación de llevar días en pie, ansioso por meterse en la cama, abrazar a Stiles y dormir durante toda la noche.
Pero muchas veces eso tampoco era posible.
Eso fue lo que ocurrió cuando, nada más llegar a casa, oyó el inconfundible sonido de alguien vomitando.
Encontró a Stiles en el baño, arrodillado junto a la taza del retrete y expulsando una sorprendente cantidad de comida.
- ¿Qué ha pasado? –preguntó, preocupado. A partir del primer mes de embarazo las náuseas habían dejado de ser tan frecuentes, por lo que no tenía mucho sentido que las tuviera ahora; aparte del hecho de que lo normal era que las tuviera nada más levantarse y no a última hora del día.
Stiles escupió un par de veces para quitarse el mal sabor de boca, y observó a su novio con ojos de cordero a punto de ser degollado.
- No me encuentro bien –se quejó, como si ese hecho no fuera ya lo suficientemente claro.
Sin embargo Derek, lejos de preocuparse por el lamentable estado en el que se encontraba su compañero, no cambió de posición ni trató de ayudar a Stiles a levantarse, sino que le miró con ojos de inquisidor.
Cruzó entonces los brazos en torno al pecho.
- No me digas que otra vez has comido patatas fritas.
No lo dijo gritando, aunque Stiles hubiera preferido eso mil veces a la mirada de reprobación que le estaba dirigiendo ahora mismo el padre de su hijo.
- No me eches la bronca encima –se quejó, todavía abrazado a la taza del váter-. Por si no te has dado cuenta, estoy arrodillado junto al retrete y vomitando… ¡Ah! ¡Y estoy embarazado!
- ¿Y de quién es la culpa?
Stiles no se achantó. No cuando su especial estado, en su opinión, exigía que tuviera siempre la razón.
- ¿Tuya por dejarme así?
Derek no se dignó a responder al último comentario.
- ¿Quién te las ha comprado? Porque sé que tú no has podido hacerlo…
- Evidentemente –farfulló el humano-. No me apetece volver a pasar otra vez por ese momento tan humillante de mi padre revisando las cámaras de seguridad de las gasolineras y supermercados de todo pueblo, buscando sorprenderme mientras compraba como si YO fuera el ladrón.
- Pero fue efectivo, ¿no? –le recordó Derek. Aquella anécdota había pasado a ser su favorita de entre todas las que su suegro le contaba cuando los dos se aliaban para meterse con Stiles- Y no has respondido la pregunta.
- ¡En serio me vas a hacer un interrogatorio ahora! –se quejó, señalando la postura tan incómoda en la que estaba.
- No me hace falta –Se acercó un par de pasos a él, lo suficiente para inspirar profundamente y captar lo que le interesaba: el olor del traidor que había comprado a Stiles lo que todos sabían que no podía comer. Y al detectar el inconfundible aroma a frescura con un toque de picante, no tuvo ninguna duda de quién había sido el culpable-. Erica… -gruñó con los ojos rojos-. La voy a matar.
- Vamos. Ella sólo quería ayudarme –trató de defenderla Stiles. Viendo que las náuseas parecían haber remitido, se apoyó en la taza del váter y consiguió ponerse poco a poco en pie.
- Y ya ves lo bien que le ha ido.
- Tenía un antojo… -protestó. No se atrevió a dar un paso, todavía mareado tras la cantidad de comida y líquido que había expulsado, pero en seguida Derek le ofreció su brazo para llegar al menos hasta el sofá-. Tengo todo el derecho del mundo a tener antojos.
Derek se aseguró de que estuviera cómodo, tras lo que fue a la nevera a por un poco de zumo que le ayudara a terminar de quitarse el mal sabor de boca.
- Sí… Pero la próxima vez escoge uno que no te dé ardor de estómago y te deje así.
Stiles dio un largo trago a la bebida. Sin embargo, el malestar que seguía teniendo en el estómago no remitió.
- ¿No puedes hacer nada? –pidió con voz lastimera, pero ante lo que Derek no se ablandó. Antes bien, le miró con incredulidad.
- ¿Te recuerdo otra vez que eres tú el que está embarazado?
- ¡Me refiero al dolor, idiota! Se supone que eres un hombre lobo y una de tus habilidades es quitar el dolor.
- No es así como funciona.
- ¿Cómo lo sabes si nunca lo has hecho? –puso otra vez ojitos de cordero degollado y el Alfa tuvo claro que esa era una habilidad que había mejorado a raíz de quedarse embarazado, porque antes no le salía tan bien-. Anda… Me encuentro fatal.
No del todo seguro de que serviría de algo, pero incapaz de dejar a Stiles en semejante estado y mirándole con esa cara, se sentó a su lado. A continuación levantó la camiseta del humano, echó un largo vistazo a su vientre, y colocó con cuidado ambas manos sobre él. El primer contacto fue sobrecogedor, como siempre le ocurría al recordarse que bajo esa piel estaba latiendo el corazón de su hijo, pero en seguida se concentró en el dolor que, aunque como consecuencia de una irresponsabilidad, estaba incomodando a su compañero.
En seguida se vieron líneas negras surcando las manos del hombre lobo, y casi al mismo tiempo Stiles soltó un suspiro de alivio.
- Es genial –susurró, muy pendiente de todo el proceso. Miró entonces a Derek, con una mirada llena de gratitud y orgullo-. ¿Cómo es que no se me había ocurrido antes?
De pronto los ojos se le iluminaron.
- Ni se te ocurra –advirtió Derek, poniéndose incluso en pie para alejarse de él.
- ¿El qué, si no he dicho nada?
- No hace falta –gruñó, apartando la mano al constatar que Stiles se encontraba mucho mejor. Incluso había recuperado el color que había perdido y con el que le había encontrado-. Conozco muy bien esa mirada. Y no vas a volver a comer más fritos aunque sepas que luego puedo ayudarte.
- ¿Por qué no? –con el color y sobre todo la desaparición del malestar, Stiles también había recuperado su entusiasmo-. ¡Pero si es fantástico! Así no tendrás que volver a preocuparte cuando me veas hecho una mierda.
- Quién ha dicho que me preocupe.
- JA. Ya no me engañas lobito –canturreó-. Tendrías que haber visto tu cara cuando me has visto vomitando... Además, no puedes impedírmelo.
La amenaza, exagerada con una sonrisa de prepotencia que tanto odiaba ver en Stiles, sobre todo cuando veía que iba a salirse con la suya, sirvió para que Derek recuperara su posición de Alfa.
- ¿Eso crees? –Sacó entonces su móvil del pantalón y buscó entre los contactos.
- ¿Qué estás haciendo? –preguntó- ¿Sabes lo tarde que es?
Derek no respondió. Se quedó plantado delante de Stiles, esperando a que quien fuera al que había llamado, respondiera.
Cuando por fin cogieron el teléfono, los ojos del hombre lobo volvieron a brillar con el inconfundible rojo del Alfa.
- Erica –gruñó el nombre de su Beta más díscola-. Sí, sé qué hora es –gruñó, asesinando a Stiles con la mirada cuando éste le murmuró un "te lo dije"-. Ponme en manos libres... –ordenó, y no aceptó un no por respuesta-. Porque quiero que Boyd también oiga lo que tengo que decirte –Esperó el segundo que tardó la mujer lobo en obedecer a su Alfa, y entonces tomó aire para gritar a pleno pulmón-: ¡Como alguno de los dos vuelva a comprarle patatas fritas o cualquier otra cosa que le siente mal a Stiles, os juro que os arrancaré la garganta con mis dientes… muy lentamente! ¡Estamos!
Stiles no tuvo muy claro si los pobres Betas de Derek dijeron algo o incluso fueron capaces de responder, pues lo más probable es que todavía les estuvieran pitando los oídos… Si a él le había dejado medio sordo, no quería ni imaginar cómo tendría que haber sido para dos hombres lobos.
Eso, por no hablar de la "sutil" amenaza, por supuesto.
Por otro lado, Derek tampoco esperaba una contestación por parte de los dos miembros de su manada, ya que cortó la llamada y procedió a quitarse la cazadora, pues todavía no había podido relajarse desde que llegó a casa.
- No habría hecho falta que usaras el teléfono –le recriminó Stiles cuando fue a dejar la cazadora en el perchero-. Te ha oído todo Beacon Hills.
- Mejor –respondió con tal autosuficiencia que Stiles pudo oír perfectamente de fondo el "porque yo soy el Alfa" que llevaba implícito ese tonito.
Así que dejó que Derek se regodeara en su victoria, pues bien sabía que nunca era bueno tocarle las cosquillas a un Alfa cuando éste tenía el ego muy subido, y resopló mientras acariciaba distraídamente su barriga.
- Lo siento, cielo –susurró a su bebé con cariño, como si pudiera entenderle perfectamente- Papá te ha debido dejar sordo… Pero no te preocupes, que en seguida te acostumbrarás a sus gritos y a sus cambios de humor. Ya lo verás.
Stiles esperaba que fuera así, o de lo contrario jamás podrían decir que era hijo de Derek Hale.
