"Terminamos etiquetando nuestra relación; ahora es oficialmente mi toca trasero designado".

H I N A T A

La última vez que estuve en su habitación, Naruto se estaba marchando para una reunión de lucha. Besándome el hombro y despidiéndose después de uno mañanero rapidito.

La cama está sin hacer, una pequeña pila de ropa al fondo de su cama.

Las patea hacia el armario, así están fuera del camino, se quita la chaqueta y la cuelga en la silla de su escritorio. Se quita el gorro y se pasa los dedos por su cabello despeinado. Permanece con su camisa azul marino, abotonada hasta el cuello.

—Me encanta que te vistieses elegante para mí esta noche. —Cruzo la habitación, jugueteando inmediatamente con el botón inferior. Lo abro. Luego otro y otro—. Te ves hermoso.

Tres botones.

Cuatro más y estoy deslizando las manos sobre su cálida piel desnuda, apartando la camisa y deslizándola por sus bíceps. Los ojos color zafiro de Naruto son una tormenta de deseo, ensanchando las fosas nasales. Los labios separados, se le escapa un pequeño suspiro cuando paso las manos sobre sus pectorales. Sus pectorales hermosos y firmes.

Rozo el dedo por su cuello, alzándome para besar su piel desnuda, rodeándole el cuello con las manos. Nuestros labios se funden en una perfecta combinación de desesperación y calma, las manos de Naruto tirando de mi camiseta, alzándola. Subiéndola por mi torso hasta que estoy levantando los brazos así puede quitármela por la cabeza. Sacudo el cabello cuando la lanza al escritorio, deshaciéndome de mi pantalón.

Jugueteo con la hebilla de su pantalón, abriéndolo y bajándolo por sus caderas. Para cuando se lo quita y lo deja a un lado, ya estoy en la cama, ocupándome del broche de mi sujetador.

Sube junto a mí, desnudo, pasando las palmas sobre mis suaves piernas. Acariciando el interior de mis muslos con la punta de la nariz.

Besando con la boca la cima de mis piernas. Chupando. Lamiéndome la cima de la barriga, las costillas, los pezones.

Me tumbo ahí, dejando que explore mi cuerpo con la boca, observando mientras lo hace, cerrando los ojos, cada sensación mejor que la anterior.

Acaricio su cabello mientras se amamanta, cerniéndose sobre mí, aferrándome a sus enormes brazos. Grande, fuerte y amable, me murmura cuando pasa los dedos por mi cabello, la boca en mi sien. Mi cuerpo se tensa con sus palabras.

—Je t'aime.

Ambos jadeamos.

Jadeo de nuevo cuando mueve las caderas.

Me aferro a él mientras comienza un suave empuje, balanceándose adelante y atrás, apoyado en sus codos. Susurrándome al oído. Rodando las caderas, la pelvis presionada en la mía, tan profundo como puede ir.

En silencio, hacemos el amor, el colchón y el somier chirriando bajo nuestro peso de la forma más sexy posible.

—Te amo tanto. —Beso su cuello, la vibración dentro de mí aumentando—. Oh, Naruto .

Esconde el rostro en mi cuello, cortos jadeos de aire mientras empuja las caderas en mí. Lentamente. Arriba y abajo. Círculos perezosos. Los labios en la piel bajo mi oreja, aferrándose. Besándome ahí. Mi hombro. Mi mandíbula y la esquina de mis labios.

Chupando mi labio inferior, gimiendo en mi boca.

Arriba y abajo, arriba y abajo.

Círculos perezosos.

Echo la cabeza hacia atrás cuando va más profundo, metiendo las manos bajo mi trasero, alzándome. Labios chupando. Lenguas girando.

Entrelazándose.

Vibraciones.

Una chispa.

Temblores.

Me empiezan a temblar los muslos, la cabeza echada hacia atrás cuando jadea mi nombre. La punta de su polla encuentra mi punto G, penetrándome justo en la correcta…

—Uhhhhh, eso se siente b-bien-n —gimo, los labios separados. El sudor goteando de mis cejas mientras jadeo de nuevo—: D-dios, te amo.

—Je aime aussi —contesta de forma gutural—. Je t'aime bébé.

Sus palabras son demasiado; no puedo decir nada más, simplemente todo se siente... d-demasiado malditamente b-bueno.

I-indescriptible.

Oh Dios, oh D-dios.

Hunde sus caderas en mí una vez. Dos. Se sacude, tensando los glúteos, empujando y pulsando en mí. Cuando siento su cálida corrida, llega mi propio orgasmo, largo, duro e intenso.

Se me curvan los dedos de los pies.

Abro la boca.

Gimo.

Las manos tiran de su trasero, agarrándolo, tirando de él.

Naruto todavía está temblando, su pelvis teniendo espasmos cada pocos segundos, nuestras respiración laboriosa.

Permanecemos allí así durante no sé cuánto tiempo, envueltos en los brazos del otro, mi cabeza contra su pecho, escuchando el ritmo de su salvaje corazón.

Su hermoso corazón me pertenece.

Y el mío le pertenece a él.

Fin.