Capítulo 36: Mal de Chicas.

Volver al gimnasio después de tanto tiempo era bastante pesado y agotador. Yugi no era fan de los músculos grandes, pero le interesaba estar en forma y tener buena salud. Y eso se debía a que en esos últimos días había estado muy tenso, no comía con la misma regularidad de antes, se irritaba fácil y no dormía bien,

El tricolor no sabía que "El Mal de Chicas" podría ser tan agresivo, y desbastador para su estilo de vida.

-No te detengas, Yugi, aun te faltan tres minutos- exclamaba Joey, cronometro en una mano y escoba en la otra- ¡Animo, ese Mal de Chicas no se curara solo!

El tricolor sospechaba que no podía ser buena idea que el doctor Joey lo tratara y diagnosticara. Había sido el rubio quien descubrió su padecimiento, y había determinado el tratamiento: más actividad física. Según su teoría, se debía a que la actividad física lo ayudaría a gastar energía, por ende, a dormir; la quema de calorías le abriría el apetito y lo ayudaría a descargar la tensión.

Yugi creía que, en realidad, era una artimaña para hacerlo gastar dinero en el negocio familiar.

Cuando los tres minutos terminaron, detuvo la caminadora. Ya había calentado, ahora podía ir con la rutina de verdad; ese día entrenaría tren superior, lo que dejaría sus brazos trabajando al 70%, debido al dolor, ya que, a pesar de todo, Joey no era un entrenador blando. Luego de pasar todo el día en la universidad y luego un par de horas con su padre en el trabajo, aprendiendo de la empresa familiar, seguro que cuando llegara a casa, solo podría bañarse y acostarse a dormir.

Y claro, comer. Su estómago pronto iba a comenzar a protestar. Quizás el tratamiento si estaba dando frutos.

Una hora y tantas más tarde regreso a su hogar. Apenas saludo a sus padres, la persona que le interesaba era la ama de llaves, quien además, solía hacer de cocinera, y a quien Yugi le tenía mucho aprecio. La mujer ya le tenía la cena lista en la cocina, la cual el tricolor devoro con mucho gusto. Reposo unos minutos la comida, fregó la vajilla sucia y fue a bañarse.

A las 9 y 15 de la noche estaba listo para dormir. En pijama y en su cama, podía sentir el tratamiento funcionar.

Sonó su celular.

-Hola, Cariño- la voz aguda de Rebecca se hizo escuchar fuerte y clara desde el otro lado de la línea- ¿Cómo estás?

Solo por ser Rebecca, Yugi decidió resistir el sueño, cansancio y fatiga, salir de la cama y continuar con la charla. Si se quedaba allí tendido, pronto se rendiría a Morfeo y dejaría a la rubia hablando sola. Y eso sería muy grosero. Paseándose de aquí para allá, hablando con ella durante dos horas y media, los parpados le pesaban pero espero a que ella se despidiera.

-Creo que es tiempo de que te deje dormir- rio ella, al escucharlo bostezar al teléfono- yo aún tengo que llamar a Mokuba, tenemos que hablar algunas cosas "urgentes", según él, y que no pueden esperar a mañana… por la mañana. ¡Buenas noches, que tengas dulces sueños!

Y colgó.

Yugi se metió en la cama, seguía muy cansado y sus músculos comenzaban a resentirse del duro ejercicio, pero ya no tenía ejercicio. No podía dormir. Tenía los ojos bien abiertos mirando al techo… pensando en que "asuntos urgentes" necesitaría tratar Mokuba con Rebecca.

A eso de las 5: 30 am, su cuerpo al fin se relajó y dejo de removerse en la cama. Y a penas pasadas las 7 en punto, llamaron a la puerta de su habitación para el desayuno.

Ojeroso, tenso, adolorido, cansado, de mal humor bajo al comedor. Pero no tenía hambre.

Debía volver con el doctor Joey y que replanteara el tratamiento. Quizás debería agregar la eliminación del celular, el cual era dañino para su tensión arterial y gastritis.

Aunque no tanto como Mokuba Kaiba.


Nunca pensó que terminaría siendo un celestino… y menos para su mejor amigo, Kaiba. El castaño le había contado lo sucedido en la fiesta con Kisara, donde ella creyó que su intención era terminar con su relación. Lo cual era imposible para Seto. El chico le explico lo que realmente quería decir.

FLASHBACK

-Me siento muy culpable- decía Seto, extrañamente emotivo- quizás yo fuera podido evitar todo esto. No sé si esto entre nosotros…

-¿Estas terminando conmigo?

El castaño abrió los ojos ampliamente, sorprendido por la rápida y equivocada conclusión a la que había llegado la albina antes de dejarlo terminar de hablar.

Sonrió con algo de ironía.

-¿De verdad crees que querría que termináramos, Kisara?- pregunto, seriamente, mirándola a los ojos.

-Quiero pensar que no- a la chica se le notaba cierta angustia y la voz le flaqueaba un poco- pero, luego de pensarlo mucho, después de lo que sucedió el día del apagón, creo que puedo entender por qué no le habías dicho nada aun a Mokuba. Y sé que te he traído muchos problemas y no se… si vale la pena que entre tu hermano y tu haya problemas por mi culpa.

En cuestión de un par de segundos, cruzaron por la mente de Seto los rostros de la chicas con las que había salido; a una par las había invitado el mismo, otras lo habían invitado a él, pero pensó que conociendo lo que las cosas que decían de ellas por ahí, no sería malo aceptar, pues parecían buenas chicas. Otras varias, a penas presentables, habían sido citas que Yami le había conseguido viéndolo tan solo.

Ninguna había valido la pena, salvo esa colegiala de 17 años sentada frente a él, preocupada más por la relación de él y su hermano, que por su noviazgo.

-Es lindo y reconfortante ver cómo te preocupas por mi hermano y por mí. Te lo agradezco, de verdad. Pero es aún más divertido saber que, aunque eres muy inteligente y madura para tu edad, no estas exenta de sacar conclusiones apresuradas, como cualquier otra mujer en el mundo.

-¿Lindo y divertido?-ella parpadeo repetidas veces, desconcertada- No te entiendo, Seto…

-No quiero terminar contigo, Kisara- interrumpió el castaño, sonriendo levemente- te decía, que no se si esto entre nosotros deba ser de tanto conocimiento público. Al menos, hasta que le diga a Mokuba.

-Oh…

FIN DE FLASHBACK

Yami no creía que fuera una pareja muy "publica" pues nadie de la familia de ambos sabe sobre su relación. Solo su grupo de amigos entrometidos, estaban enterados y obviamente no pensaban decir nada al respecto; aunque era complicado, pues Ryou formaba parte de ese grupo de amigos.

Pero ahora que estaban tratando de no ser muy vistos en público y no podían ir a casa de ninguna de los dos, Seto decidió pedirle (exigirle) a Yami que lo ayudara. El apartamento no era muy buena idea, pues Ryou vivía en frente. Y el único otro lugar al que el Mutou tenía acceso y no había ojos curiosos para molestar, era la casa de su abuelo, Solomon.

-Es extraño sentirse incomodo en tu propia casa- comento el abuelo en voz baja, sirviendo limonada en la cocina.

-Dímelo a mí, esta ni es mi casa- bufo el tricolor, sentado en la encimera.

-Eres bienvenido como si lo fuera, hace mucho que no me visitas.

-Lo siento, tengo muchos problemas en la cabeza, no quisiera venir a agobiarte con ellos.

-Pues a mí me gustaría. Mi vida es bastante aburrida, solo achaques de vejes y atender niños caprichosos de vez en cuando. Tú sabes que puedes decirme lo que sea.

El chico sonrió a su abuelo. No estaba seguro de hablarle de todos sus problemas a su abuelito, después de todo, solo la cuestión de que le guste Tea es un tema enredado de explicar y en el que "el asunto gay" también estaba implicado. Seguro que su abuelo lo golpearía, y a los demás chicos también.

-Ayúdame a llevar esa bandeja de limonada.

-Mejor te ayudo con las galletas.

-Bien, pero al menos, deja algunas para los demás.

-Como ordenes- se metió tres en la boca y tomo cinco en su mano- de igual manera, a Seto no le gustan los dulces, Kisara no come mucho y tú no debes comer azúcar por tu salud.

-Veo que sigues siendo muy astuto- rio Solomon, negando con la cabeza.

Cuando entraron en la sala de estar, Kisara se estaba ahogando de risa; una de sus manos estaba sobre la boca de Seto y lo apartaba un poco de ella. El castaño la miraba ceñudo.

-¿Qué sucede. Kisara?- Yami no tenía ningún problema en entrometerse un poco- ¿Seto volvió a olvidar lavarse los dientes?

Kisara rio aún más fuerte. Seto tomo represalias contra su amigo, lanzándole con fuerza un cojín; el cual el tricolor solo esquivo, y aun así, evito que golpeara a su abuelo y derramara la limonada. La albina aplaudió su agilidad mientras el tricolor hacia una reverencia.

-¿Por qué sigo pidiéndote ayuda?- se quejó Kaiba, huraño.

-Porque soy tu as bajo la manga, tu ficha de triunfo, tu amigo del alma, en quien puedes confiar. Tu…

-Ya, silencio- interrumpió Solomon, metiendo dos galletas en su boca. Kisara sonrió hacia él, recibiendo un vaso de limonada- disculpa al tonto de mi nieto, sus padres tienen la culpa de todo.

-Es cierto- Yami y Seto estuvieron de acuerdo.

-No me importa, es divertido- la chica se recostó de Seto, otra vez- gracias por recibirnos, no queremos ser molestia.

-Oh, no, en lo absoluto- Solomon se sentó en uno de los sofás individuales, Yami se mantuvo de pie un poco más apartado de todo, sabiendo que en cualquier momento saldría de allí, a la tienda- las amigas de mis nietos me caen muy bien. Tea es la más antigua, estudio con Yugi muchos años. A Rebecca la conocimos un poco después, cuando ella tenía unos 10 u 11 años, cuando Arthur la trajo de Norteamérica. Era una niña caprichosa, discutía con Yugi por todo, aunque él no entendía por qué. Luego ella cambio, de manera, que más que pelear, se pegaba a Yugi y lo seguía a todos lados. Esto confundía aún más al pobre chico, además de que Tea y Rebecca no se llevaban en lo absoluto. Fue hasta hace poco que empezaron a charlar como personas civilizadas- esto hizo reír a la chica, Seto sonrió y Yami trato de imaginar a Tea y Rebecca discutiendo- claro, también esta Mai. La he visto muy pocas veces, pero me pareció una chica muy divertida.

-Hilarante- Seto rodo los ojos mientras Yami bufaba.

Yami dejo a su abuelo importunar a Seto otros 15 minutos, Kisara se estaba divirtiendo con las anécdotas del hombre, y este estaba encantado por ser oído con tanta atención, pero Kaiba tenía mal carácter y era mejor dejarlo quieto y contento.

Sentado tras el mostrador de la tienda, Yami recibió una llamada de su "novio".

-¿Qué paso?- respondió de mal talante.

-"¿Qué paso?" es para pelear, hermano. ¿Dónde quedo tu amor?

-Da lo mismo, Wheeler…

-No, no da lomismo. Lomismo es una enfermedad del lomo.

-Que chistoso.

Le colgó. Se sentía bien dejarlo con la palabra en la boca.

El rubio volvió a llamar.

-Estas advertido- dijo al atender.

-Ya, está bien, me quedo claro. Iré al punto: te necesitamos en el gimnasio, tu hermano está en medio de una crisis.

-¡¿Qué?!

-Lo que oíste, Yugi está mal. Si lo vieras. ¿En cuánto tiempo crees…?

-Voy para allá.

Apenas dijo adiós a su abuelo, envió un mensaje de texto a Seto y tomo el primer taxi que paso por allí.


La situación de Yugi era tan extraña que, incluso, había cancelado una cita con Mai. La rubia no había estado muy contenta, pero luego de describirle el aspecto y comportamiento de su amigo, ella lo dejo libre, solo pidiéndole que la llamase cuando arreglasen todo y que también llamara a Tea, para mantenerla al tanto de la situación de su mejor amigo.

Pero Wheeler, al igual que Tylor y Devlin, no creían que fuera buena idea alarmar a Mama Gallina, aun. Sin embargo, era más que obligatorio llamar a Yami. Él se preocupaba en igual medida, pero mantenía la calma mucho mejor que la castaña… y era más probable que el intentara matarlos si lo mantenían ignorante de la situación.

-De acuerdo, ¿Qué sucede?

Antes de lo calculado, Yami había llagado al gimnasio. Joey y los demás lo rodearon; era como la escena de un hospital: el familiar angustiado que recién llega, los parientes nerviosos que se tranquilizan un poco al verlo llegar y el doctor con temple de acero, listo para explicar la situación.

Ryou se unió a ellos, luego de haber ido a buscar toallas y agua. Joey los llevo con Yugi.

Los cinco observaron al tricolor más joven, con los guantes puestos, donde golpe tras golpe a un saco de boxeo. Aun con su aspecto general, parecía molesto. De vez en cuando daba patadas y rodillazos, antes de reanudar los puñetazos, que parecían ser dirigidos a alguien diferente en la mente del muchacho.

-¿Ha dicho algo?- cuestiono Yami, cruzado de brazos.

-Llego antes de lo normal- comenzó a explicarle Tristan, Joey estaba estirando un poco aparte, como si también fuera a entrar al ring- ni siquiera saludo. Solo entro a los vestuarios, se cambió, se puso los guantes y golpeo el saco todo el rato. No ha parado ni un minuto.

-A este paso se va a descompensar y se desmayara, no tiene aspecto de haber comido bien últimamente- intervino Ryou.

-Solo hay que verle la cara. Está agotado de todas las maneras posibles. Algo tuvo que sucederle para que se pusiera así- agrego Duke, muy seriamente- ¿Qué hacemos?

-Ya intente hablar con él, y me ignoro olímpicamente- dijo Wheeler, tronándose los nudillos- tendremos que detenerlo a la fuerza.

-No vamos a lastimarlo- gruño Yami- está fuera de sí. Derribémoslo, lo sostendremos en caso de que forcejee hasta que se calme, luego lo hacemos comer y beber. Cuando este mejor, hablaremos.

El plan había sonado muy fácil, pero el joven Yugi los sorprendió. Cuando intentaron sujetarlo para hacerlo caer, el chico envió un gancho izquierdo a la nariz de Duke, suerte que no era su brazo dominante. Luego su codo derecho si fue a dar con éxito a uno de los pómulos de Ryou, quien cayó como un castillo de naipes. Yami y Joey sujetaron los brazos del muchacho y Tristan le golpeo las rodillas desde atrás, desestabilizándolo.

Aun tendido en el suelo, el Mutou menor forcejeo. Ryou y Duke le sostuvieron los pies, Tristan y Joey los brazos. Yami, la cabeza.

-¡Suéltenme, aún no he terminado! ¡Suéltenme!- les grito el chico, muy ansioso.

-Ya basta, Yugi- reprendió su hermano, con severidad- ya notamos que no has terminado de hacerte daño. Será mejor que respires y te tranquilices un poco, para que nos expliques que te pasa, ¿me has oído, Yugi Mutou?

Muy pocas veces, Yami usaba el nombre completo de su hermano, y eso solo significaba que estaba muy molesto. El chico miro a su hermano mayor fijamente, luego movió su mirada a sus demás amigos. Apenado por su comportamiento, cerró los ojos, respirando profundamente. Su cuerpo comenzó a refrescarse al tiempo que sudaba. De manera que mojaba el suelo donde estaba.

Ya más tranquilo le permitieron sentarse, secarse el sudor con una toalla y lo hicieron beberse medio litro de agua; el otro medio litro se lo bebió junto a unos panecillos que le habían conseguido para que comiera.

Medianamente repuesto, y antes de enviarlo a las duchas, los cinco chicos quisieron saber por qué el repentino ataque de ira.

-Ayer, en la noche, Rebecca me llamo. Y cuando se despedía me dijo que tenía "cosas urgentes" que hablar con Mokuba.

Joey y Yami se miraron entre sí. Yugi era un chico muy celoso, además de un novato en todo esto de las chicas y los sentimientos; era mejor estar pendientes, para asegurarse de que no hiciera ninguna tontería.

Era tiempo de razonar.

-Yugi, ¿Cuál es el problema?- comenzó Yami, con voz paciente- sabes bien todo lo que hemos tenido que hacer por Seto para que Mokuba no estuviera cerca de Kisara, y el muy tonto no tuviera un ataque de nervios.

-Lo sé, pero, ¿Y si Mokuba quiere olvidar a Kisara con Rebecca?

-Eso sería caer muy bajo, ni siquiera Duke haría algo como eso- comento Ryou, con una sonrisa tranquila.

-¿Cuál es tu problema?- reclamo el pelinegro, Ryou ni se inmuto- ¿Quieres que te deje el otro cachete morado?

-Entonces te las veras con Emma.

Ambos muchachos fueron mandados a rincones distintos, como si de niños pequeños se tratara.

-Nunca pensé que te daría tan fuerte El Mal de Chicas- suspiro Joey, ayudándolo a levantarse- no te angusties por esas cosas, amigo. Rebecca a estado detrás de ti por años, no se va a ir detrás del primer tonto que le guiñe el ojo. No creo que seas tan fácil de olvidar.

-Eres un Mutou- sonrió Yami, dándole ánimos a su hermano- los Mutou no somos fáciles de olvidar.

Lo enviaron a las duchas, Yugi ya estaba más tranquilo. Mientras este salía, los cinco se reunieron.

-No sé qué piensen ustedes, pero creo que hay que darle un empujón a Yugi y que se le declare a Rebecca- Tristan hablo en voz baja, generalmente evitaba dar ideas cuando Yami y Joey se encontraban juntos, pues tendían a discutir las opciones muy violentamente.

-Lo dejare en manos de ustedes- Yami les dijo, sorprendiéndolos- no creo ser el más apropiado para esto. Solo procuren no meter a mi hermano en problemas.


Yami, Yugi, Joey y Tristan no se habían sentido tan incomodos desde la vez que Solomon trato de explicarles los cambios que sufrían los varones después de cierta edad, cuando empezaba a crecerles el vello en el cuerpo y las chicas dejaban de parecerles tan asquerosas. Ahora revivía el sentimiento gracias a Tea, quien le daba concejos a Yugi para que se le declarase a Rebecca.

-Películas románticas- se quejó Mai, quien también los acompañaba. Al igual que Emma y Kisara.

-Nada mejor para evitar que un hombre piense coherentemente- apoyo Joey- nuestras neuronas no procesan bien el rosa.

Emma distraía a Ryou muy bien, de manera que el chico no estaba tan pendiente de interrumpir la conversación de Seto y Kisara. En ese momento se dirigían a casa de Duke, quien los había invitado a desayunar, y para abrir el apetito iban a pie.

Yami y Tristan charlaban tranquilamente, tratando de ignorar los concejos utópicos de la castaña. Cuando pasaban por una cafetería, y entrando al lugar estaban Rebecca… y Mokuba.

-Vaya, vaya- Seto arqueo una ceja mirando al menor de los Mutou- ¿crees que deba meterme, Kisara?

-Ni se te ocurra- ella frunció el ceño- sé que querrás protegerlo, pero es algo que ellos tienen que arreglar.

Yugi se paralizo al notarlos, y con él, todo el grupo. Vieron como Rebecca se negaba a entrar, cruzada de brazos; Mokuba se le acerco a la chica, tomo una de sus manos y con una mirada suplicante, le hablaba. El tricolor menor se fue acercando a ellos, con movimientos mecánicos. Los demás se quedaron dónde estaban, solo observando, pues desde donde estaban no podían oír nada.

Vieron a ambos chicos hablar, luego discutir. Rebecca parecía primero confundida, luego algo preocupada y finalmente, alarmada al ver que se habían ido a los empujones. La rubia no dudo en ponerse en medio de los dos, al ver que Mokuba se había ido de espaldas. En grupo, sus amigos decidieron acercase.

Entonces, Yugi decidió silenciar los reclamos de Rebecca, besándola, sorprendiendo a todos. Incluso a sí mismo.

Seto ayudo a su hermano a ponerse de pie, el pelinegro se dirigió al grupo.

-De haber sabido que Yugi era tan celoso le fuera pedido permiso para ser amigo de Rebecca hace tiempo- murmuro con ironía, sacudiéndose el polvo del pantalón- es bueno saber que mi indiscreción al menos sirvió de algo.

En ese momento, Yugi y Rebecca rompieron su beso por falta de aire. El chico estaba muy sonrojado… mientras ella hiperventilaba, abanicándose con una mano. Emma y Kisara fueron a socorrerla.

-Demasiada emoción para estar en ayunas- se quejó la Hopkins más pecosa- alguien cómpreme un pastelillo, algo con azúcar-

Yugi obedeció y entro a la cafetería, para evitar cualquier comentario de sus amigos.

-Ha sido inesperado- dijo Tea, contenta.

-Debí grabarlo, al abuelo le fuera gustado verlo.

-Espero que Duke no se moleste por tener que darnos de comer a todos nosotros- agrego Ryou, recordando que, originalmente, la invitación había sido para él, los Mutou, Joey y Tristan.