NA: Ni yo misma apostaba por mí cuando hace unas horas lancé una pregunta en mi página de Facebook: ¿Seré capaz de terminar el capítulo antes del domingo?

Que esté actualizando hoy es una clara demostración de que me inspiran vuestros comentarios y vuestro entusiasmo con la historia. Solo espero que podáis ser un poco pacientes con Draco. Puedo asegurar que tiene buenos motivos para actuar así :)


Capítulo 41: Bleeding.


Después de la revelación, Draco estuvo callado tanto tiempo que Hermione temió que hubiera entrado en un estado de shock permanente, aunque su lapsus le dio la oportunidad de echar un rápido vistazo al lugar en el que su novio había estado viviendo las últimas semanas. La nave era enorme, pero apenas tenía mobiliario. Un sofá, una nevera que le llegaba a la altura del pecho, una mesita vieja y roída y, en el fondo, una puerta cerrada que supuso que llevaría a un pequeño baño. Se preguntó si allí tendría agua corriente, porque Draco se veía tan desaliñado que realmente daba la sensación de que no se había aseado en días.

Un ligero movimiento por su parte volvió a llamar la atención de Hermione, quien se fijó cómo Draco desplazaba los ojos hacia la zona de su vientre. Estaba pálido, y una especie de mueca apareció en sus labios justo antes de decir:

—Si se te ha ocurrido esto para hacer que vuelva… te pediría encarecidamente que no alargues más la mentira.

Hermione estaba contenta de volver a escuchar su voz después de tanto silencio, pero ahora creía que tal vez había sido un poco brusca a la hora de darle la noticia. ¿Qué persona no reaccionaría estupefacta ante un embarazo no planificado? ¿Es que tenía que recordar la vez, hacía ya tantos meses que, envuelta en pánico, había abandonado el departamento de Draco creyéndose embarazada? En ese momento no había concebido la idea de estar embarazada, pero ahora… ahora era diferente. Había terminado sus estudios, tenía un trabajo estable y sabía a ciencia cierta que amaba al padre de su bebé. Tal vez no conocía ciertos detalles sobre su pasado, pero ya no era un completo desconocido.

¡Maldita sea! ¡Era él, solo él…! ¡Era la persona con la que quería pasar el resto de su vida!

Y no es que se estuvieran planteando el adoptar otro animal, ¡iban a tener un bebé! Juntos habían construido algo especial a lo largo de los meses y ahora dentro de ella había una vida formándose que sería de los dos… Diablos, todavía era tan reciente que pensar en ello se sentía algo irreal, ficticio. ¿De verdad iban a ser los responsables de una persona por los próximos dieciocho años? ¡Era de locos! Y por ello, lo mejor que podían hacer por el momento era empezar a hacerse a la idea.

No sería fácil, pero nada que realmente mereciera la pena lo era. El amor era la prueba más fehaciente de ello, sobre todo en la situación en la que estaba su relación en ese momento. Tan solo esperaba que la noticia de su embarazo facilitara las cosas con el tiempo. Y llegados a ese punto, solo le quedaba asegurarle que lo que decía no era más que la verdad.

Hermione puso su bolso sobre el regazo y lo abrió para sacar la prueba que lo demostraba. Se arrimó un poco más a él en el sofá y le enseñó el test. Él se quedó viéndolo con un gran interrogante en el rostro. Cuando Hermione se dio cuenta, rió por lo bajo antes de decir:

—Es positivo, Draco. No es ninguna estratagema. Estoy embarazada de verdad.

Él palideció nuevamente, pero esta vez reaccionó al instante. Se levantó, se puso la chaqueta de cuero y cogió las llaves del coche que reposaban sobre la nevera.

—Vamos —le dijo.

Aquello tomó de sorpresa a Hermione, pero sin pensárselo dos veces saltó del sofá y no se demoró en seguirlo afuera antes de que cambiara de opinión. La noche seguía fría, pero ambos estuvieron dentro del coche en menos de un minuto. Draco arrancó el coche y puso la calefacción al notar su débil tiritar. ¿Qué? ¿Así de fácil? Hermione se sentía tan feliz que ni siquiera trató de disimular la forma en la que se acomodaba en el asiento para mirarlo mejor. Se preguntó entonces si al menos debía intentar relajar la expresión de su rostro, pero no estaba del todo segura de poder hacerlo. ¿Cómo camuflar el asombro que le había producido descubrir que volvía a casa? Sonrió al imaginar el momento en el que entraran juntos por la puerta del apartamento. Lo había echado tanto de menos y había pasado tanto tiempo… que ni siquiera la negrura de la noche podía evitar que se le quedara viendo todo lo que quisiera. Y a pesar de que él mantuvo la vista fija en la carretera todo el tiempo, Hermione intuía que estaba siendo ligeramente consciente de su escrutinio.

¿Podía culparla? La silueta de su rostro era demasiado hermosa bajo el juego de sombras provocado por la oscuridad de la noche y la luz de la luna.

Se encontraba tan absorta en su belleza que, cuando quiso darse cuenta, ya habían llegado a su destino. Hermione le sonrió ampliamente mientras abría la puerta del copiloto y saltaba fuera. Draco tardó unos segundos más en salir, pero cuando lo hizo no se movió de al lado del automóvil.

La ilusión de Hermione de tenerlo de vuelta la había apremiado a abrir el portal y sujetar la puerta para dejarlo entrar, pero se giró tan pronto como notó que no llegaba. Trató de mantener intacta su esperanza, pero algo en su mirada hizo a su sonrisa desvanecerse.

Soltó la puerta y dejó que se cerrara tras ella mientras se acercaba a Draco muy lentamente.

—¿Qué ocurre? —murmuró.

El hombre, apoyado en el lateral del coche y con las manos metidas en los bolsillos de su chupa, dio un largo suspiro antes de responder:

—Aun a riesgo de parecer egoísta… ¿podría pedirte que me besaras?

—¿Egoísta? ¿Por qué dices eso?

—¿Podrías? —insistió.

Con un cierto desconcierto en sus facciones, Hermione salvó la escasa distancia que los separaba y pegó su torso al suyo, entrelazando los brazos en su cuello y posando los labios en los de él mientras lo sentía agarrar su cintura con las manos. El beso empezó lento, suave… sin embargo, la intensidad fue aumentando gradualmente hasta sentirse brusco y desesperado.

Draco gimió un poco y su aliento acarició los húmedos e hinchados labios de la chica. Poder besarlo después de tanto tiempo era como un regalo de los dioses, pero aunque la esperanza que atesoraba se revelara ante la idea, algo dentro de ella decía que la dicha no duraría demasiado. Hermione intentó volver a encontrar sus labios, pero él la apartó a tiempo para evitarlo.

La ilusión se desvaneció tan pronto como vio la seriedad de su rostro. Necesitó un momento para entenderlo todo, y cuando finalmente consiguió hablar, el aire para hacerlo salió sin fuerza de sus pulmones.

—¿No vas a quedarte?

Fijó los ojos en sus labios con el deseo de verlos pronunciar un "sí".

—No.

El profundo silencio de después la agitó por dentro hasta el punto de provocarle un pequeño sollozo. El pecho empezó a arderle en ansiedad.

—N-no te vayas…. O-otra vez… No, n-no, por favor.

Las palabras salieron a trompicones de su boca a la vez que intentaba agarrar la manga de su chupa para que se quedara, pero Draco fue más rápido y logró subirse al coche a pesar de sus súplicas. Destrozada por la idea de volver a perderlo y sin saber qué más hacer para evitarlo, puso ambas manos en el cristal a modo de imploración silenciosa. Draco bajó la ventanilla y ella deseó pedirle que se quedara, quiso ponerse de rodillas, mandar toda su dignidad al garete y rogarle hasta la saciedad que no la dejara, que subieran al apartamento y hablaran las cosas hasta el amanecer. ¡Que lo amaba con toda su alma! ¡Que podían enterrar su pasado juntos si lo deseaba! ¡Que ya ni siquiera le importaban los motivos por los que había estado entre rejas! ¡Que lo quería, maldita sea, que lo necesitaba!

Sin embargo, no pudo hacer ni decir nada de eso. Los labios en los que poco antes había encontrado indicios de que existía el paraíso, ahora se separaban para decir:

—No puedo quedarme. Por favor, no me busques. Necesito tiempo.

El coche arrancó y Hermione se quedó allí de pie, tambaleándose sobre sí misma mientras sentía su mundo caer a pedazos sobre ella. Miró hacia arriba con la vista nublada. ¿Era lluvia o eran lágrimas?


—¿Hermione? Vamos, Hermione —susurró alguien mientras la sacudía suavemente—. Abre los ojos, Hermione.

Obedeciendo lo que le decían, la chica abrió los ojos para encontrar el rostro de Ginny muy cerca al suyo. La luz de la mañana la cegó brevemente. No sabía cómo había llegado a la cama, pero supuso que su amiga había tenido algo que ver en ello.

—¿Qué hora es? —preguntó con voz ronca.

—Suficientemente temprano como para evitar que llegues tarde al trabajo —respondió, luego se sentó a su lado y acarició su rostro con el dorso de la mano—. ¿Qué hacías anoche bajo la lluvia? Cuando llegué del cine… bueno, estabas ahí sola sin atender a razones.

—Estoy embarazada —la interrumpió antes de que acabara—. Fui a buscar a Draco para decírselo, pero no se quedó.

Ginny parecía ligeramente sorprendido, pero no demasiado.

Contemplando con pena el pesar en las facciones de su amiga, decidió no emplear el "te lo dije" que tanto se merecía.

—Bueno, mientras él se decide a hacerlo, yo sí me quedo. Y te recogeré de debajo de la lluvia todas las veces que necesites —sentenció, poniéndose en pie de nuevo y dando un par de palmadas para espabilarla—. Vamos, prepárate, te llevo al trabajo.


—Pareces muy distraída para no llevar ni una semana de trabajo. —Hermione tardó un segundo en entender que le estaban hablando a ella. Acto seguido se apresuró a ponerse derecha en el asiento y a intentar disimular su lapsus con una sonrisa forzada. Danny le devolvió una de verdad—. Tranquila, no se lo voy a decir a la jefa.

—Gracias —respondió—. No volverá a pasar.

Danny miró a ambos lados de la oficina y, después de comprobar que nadie de los allí presentes les estaba poniendo atención, se inclinó un poco hacia Hermione.

—¿Quieres hablar de ello?

La chica se armó de voluntad para volver a mirarlo y, esta vez, mantener los ojos fijos en los de su compañero.

¿Cómo explicar algo que te mata por dentro? ¿Cómo llegar siquiera a conseguir describir un sentimiento tan grande? Y después de lo de anoche, ¿cómo podía estar segura de que no tendrían que volver a llamarle la atención? ¿Cómo pretendía ella pasar determinadas horas al día pegada a un hombre casi idéntico a Draco y no desmoronarse?

Tendría que hacerlo, pero aún no sabía cómo. Y eran tantas las preguntas que traían consigo estrés e incertidumbre que Hermione se planteó muy seriamente las consecuencias que tendría el ponerse a llorar allí mismo.

Por suerte, fue capaz de razonar en el último momento.

—¿Hablar de qué? —dijo al fin—. Estoy bien, solo un poco cansada.

Danny pareció hacer el amago de rebatirla, pero Rose, una compañera de equipo, rodeó su escritorio e interrumpió acertadamente su pequeña conversación.

—Hey chicos, Archie se jubila en unos meses y queremos comprarle un regalo de despedida, ¿queréis aportar algo?

Hermione ni siquiera conocía al tal Archie, pero aquello ayudaría a su integración en la empresa, así que sacó un billete de su cartera y se lo entregó a la chica con una sonrisa.

Además, le había ayudado a distraer a Danny lo suficiente como para que ya no volviera a sacar el tema de su abstracción.


27 de Junio

Querido Draco:

Sé que dijiste que no te buscara, pero no mencionaste nada acerca de enviarte correspondencia. Solo han pasado unos días desde que nos vimos por última vez, pero necesitaba decirte lo mucho que te extraño. Por favor, no te sientas presionado, sé que necesitas tiempo.

Te estaré esperando. Te quiero.

Hermie.


4 de Julio

Querido Draco:

He empezado a compaginar el trabajo en la editorial con la gestión del pub. Sé que no te gusta que nadie entre en el cuartillo donde guardas las carpetas y haces las cuentas del local, pero los proveedores tienen que seguir cobrando y los empleados necesitan sus nóminas a final de mes. No te preocupes, estoy archivando las facturas tal y como solías hacerlo tú. O al menos eso espero.

El inicio del verano se está notando en las ventas, sobre todo las del horario nocturno. Cho quería que te preguntara si ves bien que organicemos una noche universitaria con descuentos en bebidas y competición de "beer pong". ¿Debería decirle que sí? Es una oportunidad de negocio, ¿no? Además, así nos daríamos a conocer entre la comunidad de los estudiantes. Si no recibo una respuesta a esta carta, entonces entenderé que no te importa que lo haga. Descuida, si ese fuera el caso llamaré al "gran" Billy para pedirle que trabaje como portero durante la noche. No debería haber demasiados altercados con él cerca.

Por cierto, mis padres están empezando a preguntar por ti. Les he dicho que te has ido a una convención de tatuadores en Mánchester. ¿He hecho bien? Como no sabía si querías que fuera del todo sincera sobre la situación de nuestra relación… hacía días que llevaba la mentira preparada desde casa, solo por si acaso.

Tampoco les he dicho lo del bebé, solo a Ginny. Quiero tenerlo, Draco, aunque con todo lo que ha pasado… entiendo que tengas dudas. Y no te juzgo, quiero que lo sepas. Pero los cólicos están siendo horribles y me siento mareada la mayor parte del tiempo. Y todo eso solo hace que recuerde constantemente lo mucho que te necesito, y que cada día que pasa te necesito más. Te necesito por la mañana, por la tarde y cuando estiro el brazo para buscarte en la cama. Te necesito mucho en las madrugadas. Te necesito cuando no puedo probar bocado y cuando me como todo lo que encuentro en la cocina. Y cuando las hormonas me hacen llorar y reír al mismo tiempo, necesito que estés cerca para que seques mis lágrimas y te rías conmigo. Sé que lo harías, aunque muy probablemente pensarías que estoy loca.

Tal vez. Pero vuelve. Por favor, vuelve.

La rutina se ha vuelto mucho más pesada sin ti.

Y te quiero.

Siempre.

Hermie.


10 de Julio

Querido Draco:

He ido a la primera revisión del embarazo. Ginny ha venido conmigo. Sé que todavía es pronto, pero quería estar completamente segura de que todo marchaba bien.

Todo está bien, pero ha sido una sensación agridulce. Por un lado estaba feliz de que no hubiera complicaciones al inicio del embarazo, pero por otro… te he extrañado como nunca.

Hubiera amado que estuvieras a mi lado y que también hubieras podido atesorar el recuerdo de la primera consulta. Pero no pasa nada, vendrán más. El doctor dice que a partir de ahora debo ir a revisión una vez al mes, ojalá vuelvas pronto para poder asistir al mayor número de ellas.

Sin prisas, amor.

Te quiero.

Hermie.


25 de Julio

Querido Draco:

Últimamente he estado muy ocupada. Tu primo y Julie han venido de visita sorpresa y les he tenido que contar lo que ha pasado. He logrado disuadir a Alex de su idea de insistir al teléfono hasta que contestaras, no quería que te sintieras obligado a dar explicaciones.

Si yo puedo resistir el impulso de llamarte él también podrá, ¿verdad?

También les he contado lo de nuestro bebé. Bueno, más bien me he visto en la tesitura de tener que hacerlo… querían llevarme urgentemente al hospital después de correr al baño a vomitar tres veces seguidas.

Dar la noticia de esa manera ha sido… extraño. Una mezcla de emociones por parte de todos. Tal vez no te lo creas, pero después del impacto inicial, Alex se ha emocionado. Diría que incluso más que Julie.

Quiero que sea el padrino. ¿Qué opinas?

Te quiero mucho.

Hermie.


10 de Agosto

Querido Draco.

Hoy ha sido la segunda revisión del embarazo. Por lo visto estoy embarazada de nueve semanas, aunque según mis cálculos puede ser que lo esté de algo más.

Su corazón ya late, Draco, y lo he escuchado.

No puedo describir el cúmulo de emociones que me ha hecho sentir, pero creo que ese ha sido el punto de inflexión para terminar de asimilar que estoy embarazada. Todavía sigo sorprendiéndome al recordarlo. Todo ha sido tan rápido que a veces me parece irreal.

Pero la devoción que siento por esta criatura es demasiado auténtica, no puedo estar soñando. Y créeme cuando digo que jamás creí ser capaz de amar a nadie como te amo a ti, pero… eso era antes.

La quiero más. Es lo único que sé. La quiero más que a nada. Y ese amor es tan, pero tan puro, que a veces me angustia no tener manera de saber si seré la mejor mamá para ella. La mejor versión de mí misma.

Al menos sé que soy mejor desde que estoy contigo. Conocerte ha sido una de las mejores cosas que han podido pasarme en la vida.

Te quiero. Espero que tú también la estés amando en la distancia.

Hermie.


20 de Agosto

Querido Draco:

Me encantaría poder ayudarte, ¿hay alguna manera? ¿Puedes llamar algún día? Tan solo para decir que estás bien.

Yo estoy mejor. Los vómitos han disminuido considerablemente y mi energía ha vuelto a dispararse, así que es el momento ideal para pedirme que haga algo por ti. ¿Quieres verme? ¿Necesitas que te lleve comida? ¿Ropa? Puedo hacerlo. Quiero hacerlo. ¿Puedo?

Perdona si estoy siendo impaciente. A veces mis dedos no obedecen y escriben todo lo que intento evitar.

Te amo.

Hermie.


25 de Agosto

Querido Draco:

Olvida lo que dije en la carta anterior. Las náuseas han vuelto a ser recurrentes y está siendo difícil ocultarlo en el trabajo. Todavía no estoy preparada para contarlo allí, así que tengo que disimular al menos diez veces al día que no salgo corriendo al baño para vomitar.

Creo que algunos compañeros ya se han dado cuenta de que pasa algo extraño. Danny, quien fue mi tutor durante el primer mes, todavía no se ha percatado de nada. Y no me extraña, ahora que no tiene que estar tan pendiente de mí suele enfocarse mucho en su propio trabajo.

A veces es incómodo estar a su lado. No es un mal hombre, pero creo que sigue queriendo llamar mi atención, y yo no puedo corresponderle.

Desearía que estuvieras aquí. Y te quiero.

Hermie.


10 de Septiembre

Querido Draco:

Tal vez no te importe, pero hoy ha sido un mal día. Me han hecho la primera ecografía en la revisión mensual. Pensé que estaría feliz de conocer a nuestra hija, pero la imagen de su carita solo me ha recordado a ti. Será igual que tú. Y yo odio esta situación.

Hablemos, Draco, solucionemos todo esto.

¿No ves que te necesito más que nunca? ¿Me estás castigando por algo?
Siempre voy a esperarte, pero cuando quieras volver tendrás que correr para alcanzarme porque pienso seguir adelante con nuestra hija. Contigo o sin ti.

Hermie.


11 de Septiembre

Postdata: Te quiero.

Hermie.


Hermione repasó con el bolígrafo aquellas dos palabras una vez más, luego se levantó y metió el trozo de papel en un sobre vacío en el que anteriormente había escrito la dirección de la nave situada en el polígono.

—¿No enviaste una ayer? —se extrañó Ginny.

—Sí, pero olvidé mencionar algo —mintió.

Cogió su bolso y salió de casa poniendo rumbo a la oficina de correos más cercana. Había hecho aquel camino tantas veces que simplemente se limitó a dejar que sus pies la llevaran hasta allí mientras su mente pensaba en el pequeño embuste que acababa de decirle a su amiga.

No, no había olvidado escribir que lo quería en el momento de redactar la última carta; en realidad, la decisión de no ponerlo había sido totalmente deliberada.

¿Es que podía echárselo en cara? ¡Estaba enfadada! O peor, estaba decepcionada. Él le había jurado tantas veces un amor tan grande que ahora no podía entender ese abandono tan prolongado. Realmente había pensado que sus cartas de amor y comprensión podrían ayudar a que volviera, pero él ni siquiera se había dignado a llamar una sola vez.

Estaba embarazada de su bebé, ¿por qué era tan duro con ella? Su ausencia la tenía desvelada y apática la mayor parte del tiempo. ¿Y por qué pensaba que era ella misma la que había hecho algo mal? En su cabeza no dejaba de darle vueltas al asunto para intentar resolver el problema, pero era difícil solucionar nada cuando el principal implicado no colaboraba. ¿Dónde estaba? ¿Qué estaba haciendo? ¿Estaba siquiera recibiendo sus cartas?

Un sentimiento de estupidez se adueñó de su cuerpo cuando la recepcionista no tuvo que preguntarle sus preferencias de envío al verla entrar.

Sabía que tal vez podía estar resultando algo insistente, pero su necesidad de que volviera crecía por segundos. Y lo peor de todo era que, por muy herida que estuviera, simplemente no lograba odiarlo porque sabía lo que era convivir con demonios bajo la piel.

Ahora era su turno de hacerles frente de una vez por todas. Hermione tan solo esperaba que lograra derrotarlos pronto, porque lo necesitaba.


Hermione había llegado a la oficina, como cada día, y se había puesto manos a la obra con las tareas que tenía pendientes desde inicios de semana. Se encontraba terminando de hacer unas cuentas cuando alguien interrumpió su concentración.

—Hey.

—¿Hmm?

—¿Cómo vas a ir esta noche a la fiesta?

—¿Qué?

—La fiesta sorpresa de Archie.

Aún tenía la vista fija en los números del papel, pero pudo imaginar a Danny sonriendo a su lado debido a su olvido. Pudo comprobarlo cuando finalmente levantó la cabeza para mirarlo.

—¿Era esta noche?

—Lo es.

Hermione soltó un resoplido de frustración. No se había acordado en absoluto, y tampoco es que tuviera unas ganas locas de asistir.

—¿Dónde es?

—Están diciendo que han reservado en un bar céntrico. Puedo pasar a recogerte si quieres.

El tono de su voz quiso sonar indiferente, pero no logró conseguirlo.

—No te molestes, puedo pedirle a mi amiga que me lleve —comentó.

—No es molestia —se apresuró a añadir—. Voy a buscar a Rose de todos modos. Según tengo entendido ella vive cerca de ti, ¿verdad?

Hermione sabía que Danny volvería a insistir dijera lo que dijera, y lo cierto es que ya estaba empezando a sentir que tal vez estaba abusando un poco de la amabilidad (y gasolina) de Ginny. Además, ¿qué había de malo en aceptar si Rose también iba? Solo serían tres compañeros de trabajo compartiendo coche para llegar a un mismo destino.

—Está bien, gracias —dijo al fin.

Tres reuniones improvisadas y un montón de problemas con las facturas hicieron que el día pasara con más rapidez de la esperada. Cuando quiso darse cuenta, el coche de Ginny ya estaba estacionado frente al edificio donde trabajaba. Por lo general siempre solía quedarse un poco más en su puesto para adelantar las tareas del próximo día, pero esa vez decidió que ya había trabajado demasiado para su estado. Se despidió de sus compañeros y se apresuró a encontrarse con su amiga.

—Tenemos que ir de compras —fue lo primero que dijo al subirse al coche.

Ginny no dudó en mostrarle su sorpresa ante tal comentario.

—Creí que nunca llegaría este momento —se mofó—. Y te enfadaste conmigo cuando mencioné que necesitas renovar tu fondo de armario.

—Calla —la interrumpió—. No quiero "poner a la moda" mi armario, necesito comprarme algo que disimule esta barriga. Esta noche será la despedida de Archie y no tengo nada formal que ponerme sin evidenciar mi embarazo.

—¿Quién es Archie?

—No sé. ¿A quién le importa? Pero puse dinero para su regalo y ahora tengo que ir a la "fiesta". —Se movió en el asiento para entrelazar los dedos frente a su cara a modo de súplica—. Me vas a ayudar, ¿verdad? Te invito a comer después.

—Tú sí que sabes cómo ganarme —sentenció, arrancando el motor y poniendo rumbo al centro comercial.

Un largo paseo por las tiendas, tres bolsas de ropa y dos pizzas después, Hermione y Ginny volvieron al departamento.

La embarazada soltó sus nuevas adquisiciones en un lado del sofá y caminó con pesadez hacia el otro para sentarse con cuidado.

—Ay…

—¿Qué pasa?

—Que por estas cosas odio ir de tiendas… ¡Me duele todo el cuerpo!

—No culpes a las compras de esto —se burló Ginny—. Lo que tú tienes se llama embarazo.

—Ya, ya… Pues me duele por aquí —comentó mientras se frotaba los riñones—. Y tengo algunos calambres en el vientre.

—Bueno, tal vez solo necesites descansar.

Hermione dejó escapar un quejido lastimero antes de volver a levantarse lentamente.

—De eso nada… Tengo que ir abajo, que aún no he terminado de hacer los cheques para los proveedores.

—¿Por qué no me dejas ayudarte? ¿Recuerdas que hemos estudiado la misma carrera?

—Ya, eso díselo a… —Hermione no fue capaz de terminar su frase. Pensar en su nombre se estaba volviendo casi igual de doloroso que su propia ausencia.

—Hermione…

La chica se aclaró la garganta.

—No. Estoy bien —le aseguró—. Es solo que no le gusta que nadie hurgue en sus papeles del pub.

—Sí, vale.

Hermione bajó al local con cuidado de no encontrarse a su padre. Cho le daba igual, ella no iba a preguntar por el jefe mientras la cuantía de su nómina llegara religiosamente a su cuenta a final de mes. Su padre era otra historia; Ya le había tenido que decir que la convención de tatuadores se había alargado un poco, y después que se había ido a Liverpool a visitar a su primo, y luego que estaba de viaje de negocios para conocer a nuevos proveedores. ¿Cuánto tiempo más podía alargar la mentira? ¿Qué diría cuando ya no le quedaran excusas para ocultar la desaparición de su novio?

Los dolores de espalda se hicieron más intensos y sus pensamientos se vieron amenizados en respuesta. Se quejó de nuevo, pero supuso que era producto de todo el tiempo que había pasado de pie aquel día.

Acarició su vientre. Ya se notaba algo abultado.


La tela y ligereza de la camisa que se había comprado hicieron su trabajo de disimularle la barriga a la perfección. Se encajó unos nuevos jeans blancos y los zapatos de charol que se había comprado el día que invitó a Draco a cenar en aquel restaurante a los pies del río Támesis.

Cuando, tras tres días de locuras y desinhibición, le propuso que se mudara a su apartamento con él. Cuando, al salir, empezó a llover tanto que decidieron correr bajo la lluvia, y entre juego y juego, darse ese beso de película que les fue robado y divulgado por todo el mundo.

Se encontró dando un portazo y bajando a la calle antes de la hora acordada. Ni siquiera se había despedido de Ginny, pero necesitaba despejarse, necesitaba un poco de aire fresco para ver si así se disipaba la dolorosa presión que se aferraba a su pecho sin piedad.

Se plantó allí mismo, a la mitad de la acera, y se cruzó de brazos mientras esperaba la llegada de Danny.

Otro dolor punzante picó su corazón al ver las similitudes que había con el momento en el que Draco había acelerado y la había dejado en el mismo sitio, sola, unos meses atrás.

Lloró un poco, pero después de tanto tiempo se había vuelto experta en disimularlo. Se secó las lágrimas con el dorso de una mano y sorbió por la nariz, inspirando luego profundamente y recuperándose al instante. Aunque solo fuera de cara a los demás; La procesión iba por dentro.

La bocina de un coche la sobresaltó antes de estacionar justo frente a ella. Hermione se acercó, comprobando a su paso que no había nadie más que Danny dentro.

—La casa de Rose está en dirección contraria —dijo extrañada cuando se subió.

—Acaba de avisarme de que se encuentra indispuesta y de que no irá a la fiesta —le informó él—. Debe haber un virus rondando por ahí.

—Ah.

—Sí.

Danny ya había arrancado de nuevo, pero ni el sonido del motor podía amortiguar la tensión que se respiraba en el ambiente.

—Es bonito —comentó Hermione para combatir el silencio.

—¿Qué?

—El coche.

—¡Ah, sí! Es nuevo.

—Es cierto, huele a eso.

—¿A qué?

—A nuevo.

Hermione quería zarandearlo por los hombros, y probablemente lo habría hecho de no haber estado él conduciendo. ¿Es que estaba intentando hacerlo todo más incómodo, o simplemente era de esos que no podía conducir y pensar al mismo tiempo?

Quiso darse una palmada en la frente cuando cayó en la cuenta de que tal vez era su presencia la que le ponía nervioso. ¿Era tan ridículo pensarlo? Prácticamente se había pasado los últimos meses lanzándole indirectas que ella se había dedicado a evitar como buenamente podía.

El calambre de su vientre se desplazó hacia su espalda y le provocó una mueca de dolor. Por suerte, Danny tenía los ojos fijos en la carretera en ese momento.

—Es de la casa —comentó.

—¿Qué?

—Recién sacado del concesionario.

—Ah, qué bien.

—Solo tiene dos semanas en la calle.

Hermione siguió hablando para distraerse.

—No lo has comentado en la oficina. ¿No es de coches y de fútbol de lo que os gusta hablar a los hombres?

—De hecho… sí lo dije. Varias veces. —Hermione podía creerle. No era un mal tipo, pero le gustaba demasiado alardear de las cosas que tenía o había tenido en algún punto de su vida. Sus ex novias eran una de esas cosas—. Has estado muy distraída como para darte cuenta.

—Lo siento, me gusta evadirme cuando tengo que trabajar.

—¿Te gusta la tapicería? Es de cuero exclusivo.

Hermione no sabía cómo decirle que ya no quería hablar más de su coche ni de lo mucho que se había distraído en el trabajo últimamente… y ciertamente no tuvo que hacerlo, porque una sensación de calor en su zona íntima acaparó toda su atención.

Le costó un momento entenderlo, pero después de levantarse un poco y comprobar que había sangre en su asiento, saltaron todas las alarmas en su cabeza.

—¡Llévame al hospital! —exclamó, gritando tan fuerte que Danny dio un pequeño volantazo debido al susto.

—¿Qué?

—Te lo imploro Danny, ¡llévame al hospital!

—¿Qué pasa? —preguntó, ahora preocupado.

—Estoy sangrando, ¡corre!

Danny solo necesitó echar un rápido vistazo al intenso color rojo que ahora opacaba el marroncito claro de la tapicería.

Acelerando todo lo que pudo, saltándose varios semáforos en rojo y dando algún que otro frenazo en los pasos de peatones, Danny condujo hasta el hospital más cercano y estacionó en el lugar reservado para las ambulancias.

Hermione saltó del coche y corrió a la puerta de urgencias, en donde interceptó a una enfermera a la que agarró fuertemente del brazo.

La expresión atónita de la mujer contrastó bruscamente con la desesperación en el rostro de Hermione.

—Estoy embarazada —dijo con un hilo de voz, dirigiendo entonces la mirada hacia sus jeans.

Cuando la enfermera finalmente se percató de la mancha oscura en su entrepierna, todo sucedió demasiado rápido.

—¡Una camilla! —gritó la mujer—. ¡Rápido! ¡Está teniendo una amenaza de aborto!

Hermione solo fue consciente de ser alzada por unos brazos y depositada con cuidado en una superficie ligeramente blanda. Empezaba a ver borroso cuando un hombre la miró desde arriba y le quitó unos mechones de pelo de la cara.

«¿Draco?», quiso pronunciar, solo siendo capaz de mover un poco la mano para rozar la suya con las yemas de los dedos.

—Estarás bien, Hermione.

Un atisbo de lucidez tumbó sus alucinaciones al instante. ¿Hermione?

Danny.

Y, de repente, estaba de pie en un sitio tan oscuro como frío y desolador. Un rayo de luz apareció frente a sus ojos antes de darle tiempo a sentirse desconcertada.

Alguien atravesó el haz de luz y caminó despacio hasta ser visible a sus ojos.

El remanso de paz que liberó el pecho de Hermione al divisar a Luna se fue tan pronto como entendió qué era lo que su difunta amiga cargaba entre los brazos. Envuelta en cobijas de un tono rosa claro, una bebé sollozaba débilmente.

Luna la acunó un poco y Hermione quiso correr a su encuentro para consolarla. Sin embargo, su cuerpo no obedeció sus órdenes y se quedó clavada en el mismo sitio en el que estaba.

Una parte de ella se sentía considerablemente aliviada al comprobar que la niña estaba viva, pero otra parte, una más racional, cayó en la cuenta de que el lugar en el que se encontraban no podía ser de ninguna manera terrenal. ¿Era el cielo?

La sensación de un espeso líquido saliendo de su entrepierna y deslizándose por sus muslos le hizo recordar el motivo que la había llevado a perder el conocimiento.

Un aterrador pensamiento la paralizó por un instante que se sintió eterno. ¿Estaba ahí porque había muerto? O peor, ¿estaba ahí porque su niña había…?

Ni siquiera soportaba pensar en ello.

—No te lleves a mi hija —le suplicó a la chica de cabellos rubios—. Por favor, no…

Luna suspiró, aún algo distraída mientras le hacía arrumacos al bebé.

—He venido a devolvértela —confesó, y empezó a caminar hacia ella con la gracilidad solo digna de un ser celestial. Cuando estuvo a solo un par de pasos de distancia, se paró en seco y le advirtió—: Ten cuidado, está enferma.

—¡¿Qué le pasa?! —se inquietó Hermione, sintiendo una extraña desesperación que llegaba a niveles jamás experimentados.

—La inmensa tristeza que habita en tu corazón le está afectando negativamente.

—¿Qué? ¿Es esto culpa mía?

—No intentes buscar un culpable ahora —le aconsejó—. Él no tiene la culpa de necesitar tiempo y tú tampoco la tienes de que te afecte.

Luna salvó la distancia que las separaba y depositó el pequeño bulto en sus brazos.

—Cógela. Siéntela. A esto me refería cuando dije que te esperaban cosas grandiosas.

Hermione la apretó contra su pecho y apartó un poco las mantas para intentar ver su carita, pero dentro de ellas solo había oscuridad.

—¿Qué pasa? Siento su peso, incluso la escucho sollozar… pero no puedo verla.

—Deberías descansar —le sugirió mientras se alejaba.

Su corazón se aceleró al comprender que su visita estaba a punto de terminar.

—¡Espera, aún tengo muchas preguntas! ¿Saldrá todo bien? ¿Seré una buena madre? ¿Debo seguir esperando a Draco?

Pero ni siquiera pudo terminar de mencionar su nombre. Todo se volvió de una negrura asombrosa, tragándosela a ella y al bebé y llenándolo todo con dolorosas pinceladas de melancolía.


:V

¿Me dejas un review? uwu
Cristy.