La historia es una adaptación del libro Until It Fades de K. A. Tucker y los personajes pertenecen a Stephenie Meyer. Si tienes la oportunidad te recomiendo que leas el libro original.


Capitulo 14

Marzo 2010

El señor Philips la está esperando. —La estrecha cara de la señora Lagasse es incluso más fina cuando me frunce el ceño desde detrás de su escritorio de secretaria.

No me molesto en devolver la sonrisa, la mujer nunca ha sido amistosa conmigo. Camino junto a ella y continúo por el pasillo a la oficina del director al final, con mi estómago en nudos.

Cierra la puerta al entrar —instruye el señor Philips de algún modo distraído, su concentración permaneciendo en la pantalla de su computador por un largo rato después que he cerrado la puerta y tomado asiento al otro lado de él.

Por fin, se vuelve para fijar su mirada naturalmente fría y dura en mí. No se parece en nada a la de su hijo. —Señorita Swan, me gustaría que nos reuniéramos en circunstancias más gratas.

¿Y cuáles circunstancias serían esas? Me he sentado al otro lado de él en este escritorio en más que una ocasión y nunca ha sido grato.

Sin embargo, concordaré, esta vez se siente cien veces peor. —¿Cómo está él? —Suelto antes de que pueda detenerme.

Los labios del señor Philips se presionan al tiempo que parece considerar su respuesta. ¿Qué debe pensar sobre mi relación con James?

Herido —dice al fin—. No entiende por qué fuiste a la policía con este…

asunto. —La forma en la que lo dice me hace pensar que sabe la verdad, que James y yo estamos juntos. O, lo estábamos.

El nudo que se ha alojado en mi garganta por los pasados nueve días estalla, escuchando que he herido a James. —No quería hacerlo, lo juro. Haría cualquier cosa para arreglarlo. Por favor, dígale eso.

El señor Philips se recuesta en la silla, sus dedos encontrándose uno al otro en frente de él. —Entonces retráctate de tu declaración.

¿Qué?

Sonríe satisfecho, como si supiera que no tengo ni idea a qué se refiere. —Diles que vas a retirar tu declaración. Diles que lo inventaste. No tienen suficiente para continuar con los cargos sin tu testimonio.

Pero… ¿No me meteré en problemas? —¿Y qué hay de los mensajes de textos? ¿La cuenta de mi madre?

No —dice con simpleza—. ¿Quieres que James vaya a la cárcel? ¿Quieres que su reputación sea arruinada?

¡No! Por supuesto que no.

Entonces retráctate. Te dejarán ir.

Pero… ¿mentir a la policía?

La gente lo hace todo el tiempo. No te demandarán. —Se inclina hacia adelante—. No tienes que cooperar con ellos, Isabella. Eres la "víctima". —No me pierdo su desdén en esa palabra—. No forzarán a una víctima a testificar, y si te rehúsas a hacerlo, entonces este completo desastre desaparecerá. ¿No es lo que quieres?

Asiento furiosamente.

.

.

Enrollo mis dedos entre sí mientras todos toman sus lugares, con Emmett moviéndose fácilmente alrededor de los muebles con maniobras cuidadosas. Lo acabo de ver tomar píldoras con una botella de agua, incapaz de retrasarlo más tiempo. Ofrece una fachada fuerte, pero hay dolor en sus ojos. Pese a que me animó, me siento culpable por presionarle con esta entrevista tan pronto.

Esme le frota un brazo con cariño cuando pasa junto a ella para rodear la mesa de café. Justo cuando se gira para sentarse, golpea su yeso contra la esquina de la mesa, y su rostro se contorsiona en dolor, cerrando los ojos.

Por instinto, me estiro para tocarlo, agarrando su mano, caliente, áspera y tan tensa. —¿Estás bien?

Manteniéndose de espaldas para todos los demás, su pecho se eleva con una profunda inhalación. Con una exhalación larga y lenta, su mueca se desvanece y esa sonrisa perfecta y relajada aparece de nuevo. —Sí, estoy bien.

Y me quedo sosteniendo su mano con una habitación de personas observándonos.

Rápidamente la dejo caer y retorno a estrujar mis manos como una abuelita en mi regazo mientras J coloca mi micrófono. Si no acabamos con esto, pronto estaré balanceándome de adelante hacia atrás.

El almohadón del sillón se hunde cuando Emmett se acomoda junto a mí, y siento que me inclino naturalmente hacia su gran cuerpo, tanto por mucho que intente mantenerme recta. Riley tardó tanto tiempo reposicionándome, que tengo miedo de arruinar mi ángulo al ajustarme.

—¿Estás bien? —susurra Emmett.

—Síp. —Mi respuesta tensa de una sola palabra, entregada en un chillido agudo, me traiciona.

Se inclina, ligeramente atrapando mi oreja con su boca. —Solo recuerda respirar profundo antes de contestar cada pregunta. Ayudará, lo prometo. Y si hay algo que no quieras contestar, solo asiente hacia Tanya y ella lo suspenderá. O toma mi mano.

Como si fuera a tomar la mano de Emmett Mccarty en un programa transmitido en el horario de mayor audiencia.

—¿De acuerdo?

Le doy un asentimiento y Kate, en una blusa elegante y falda lápiz, se pavonea hasta tomar su asiento, ajustando su micrófono. Luce como si pudiera salir de la cama lista para estar en cámara. Dudo que sea el caso, pero desearía estar tan a gusto con esta producción entera como ella.

Riley comienza la cuenta regresiva. —Cinco… cuatro… tres… dos…

Podría escucharse una aguja caer en el piso, los dos segundos de silencio son tan agudos. Y entonces…

—Soy Kate Wethers y esta noche les traemos una entrevista exclusiva. Estamos en Balsam, Pennsylvania, con Emmett Mccarty, el capitán de los Flyers de Filadelfia e hijo de la actriz Esme Pratt; y Isabella Swan, la mujer heroica que salvó su vida al sacarlo de un auto en llamas… —Habla encantadora y elocuentemente, y sin errores, como si hubiese practicado su discurso durante días y podría recitarlo dormida, con sus ojos verdes agudos, contorneados con patas de gallo que sugieren que es más vieja que los cuarenta y pocos que pensé que tenía al principio, fijos en la cámara. Presenta el accidente, en caso que haya alguna persona en los Estados Unidos que no sea ya consciente, y después, terminando con la dramática revelación de que la persona misteriosa que salvó a Emmett de casi cien kilos, es sorprendentemente una mujer de baja estatura.

Con eso, se vuelve para mirarnos a Emmett y a mí. Siento la cámara enfocándose en mi cara, pero no la miro, manteniendo mis ojos fijos en Kate y tratando de no desnudar mis dientes como un animal feroz cuando fuerzo una sonrisa. Emmett, Esme y Tanya prometieron que Kate es amable y con clase, y no intentaría torcer mis palabras o venir con sorpresas y dejarme boquiabierta.

Solo quiero terminar con esto.

Emmett y Kate comparten cumplidos; ella expresando cuán feliz está de que se esté recuperando, él felicitándola por un prestigioso premio al periodismo que ganó recientemente. Ni un ápice de tensión palpita a través de él. Ojalá pudiera estar tan relajada.

—Y esta es la encantadora jovencita a la que el mundo debe agradecerle por permitirnos seguir disfrutando de la sonrisa hermosa, el talento y el encanto de Emmett Mccarty. Isabella Swan, ¿cómo estás?

¡Habla! ¡Habla! ¡Habla! —Un poco perdida, honestamente. —Me aclaro la garganta varias veces, mostrando una sonrisa nerviosa a Emmett, que asiente, dándome ánimo.

—Entonces, Isabella. ¿O es Bella? He escuchado ambos en el breve tiempo que he estado aquí.

—Cualquiera. Solamente Izzy no, por favor.

Se ríe y entonces vuelve su atención a Emmett. —Así que, ese decisivo viernes a la noche, tú y Paul Lahonte estaban de camino a celebrar por obtener un lugar en las finales de Eastern Conference, ¿cierto?

—Es correcto. Sid Durrand tiene un lugar en los Poconos e invitó al equipo allí.

—¿Y estaban en el auto de Paul?

Emmett sonríe. —Él se moría por sacar su Corvette en la carretera de nuevo luego de guardarlo todo el invierno. —Su sonrisa se borra— Quiero decir… realmente quería conducirlo.

—Y ya aclaraste que no había alcohol involucrado en el accidente.

—Correcto.

Se vuelve a mí. —Bella, por qué no nos cuentas lo que todos quieren escuchar con tus propias palabras: la noche que salvaste la vida de Emmett Mccarty.

—Vale… —Me recuerdo respirar hondo, como me enseñó Emmett— Estaba camino a casa de una cita a ciegas fallida… —Pese a que James me traicionó de la forma que lo hizo, y merece que le bajen diez puntos a su ego, no seré completamente cruel—… y estaba tomando la carretera Old Cannery. Vi un auto rojo deportivo. Estaba… —Contengo las palabras. Le dije a la policía que pensé que el conductor iba a alta velocidad, pero no hay necesidad de condenarlo ahora—. Se hallaba neblinoso. Muy neblinoso —digo en su lugar, lo cual no es mentira. Es sorprendente, cuánto recuerdo sobre esa noche, y con cuanta claridad puedo recordarla, hasta el pánico y la sensación de impotencia.

—¿Así que encontraste a Paul Lahonte primero?

Asiento. —Sí, él estaba… No era bueno. —Siento a Emmett tensarse a mi lado, y rápidamente continúo—: Luego vi a Emmett en el asiento del pasajero. Todavía respiraba, pero inconsciente.

—¿El auto estaba ardiendo en ese momento?

—No. Podía oler algo raro, pero no comenzó a incendiarse hasta unos veinte segundos después. —Sacudo la cabeza—. U, honestamente, no sé cuánto tiempo después. En fin, cuando lo hizo, supe que tenía que sacarlo de allí. Ya había desabrochado el cinturón de seguridad, e intentaba sacarlo a tirones. Logré sacar su pierna derecha del auto, pero su bota izquierda se encontraba atascada bajo algo.

—Intentaste sacar a este hombre de cien kilos del auto. —Hace un gesto hacia Emmett, para enfatizar su tamaño, lo cual estoy segura ya es claro conmigo sentada tan pequeña a su lado.

Algo sobre la manera que lo dice me hace soltar unas risitas. Tal vez lo absurda que fui, incluso intentándolo en primer lugar. —Sí, él es tan pesado como parece.

A la par, Emmett se ríe suavemente.

Ella se acerca, su voz cayendo un grado, como si de algún modo estuviera más metida en la historia. Es un movimiento sutil, pero astuto de su parte. —Entonces, ¿qué sucedió, Isabella?

Desvío mi mirada de la suya y miro al lente de la cámara, pero luego recuerdo que me dijeron que no haga eso, así que dejo caer la mirada a la mesita de café, luchando para controlar mi corazón acelerado. —Seguí gritando y chillando, pero él no respondía y hacía tanto calor, que sentí que mi piel se iba a derretir. Por lo que comencé a retroceder. Por unos segundos, me di por vencida —admito por fin en un susurro tembloroso—. Nada de lo que hacía funcionaba.

El silencio llena la habitación.

—Estabas llorando —dice Emmett de repente, casi para sí mismo— No parabas de decir que lo lamentabas, y llorabas.

Me giro para notar el ceño en su frente. —¿Me escuchaste?

Sus ojos azules buscan mis rasgos. —Supongo que sí. Solo que no lo recordé hasta ahora.

Durante unos momentos, Kate, la cámara, la multitud… se desvanecen.

No obstante, la voz de Kate me devuelve rápidamente. —Eso debe haber sido una decisión absolutamente aterradora e imposible para ti. —Su frente se arruga con simpatía—. Eres una mujer de veinticuatro años, madre soltera con una niña de cinco años que te esperaba en casa, ya te habías puesto en peligro. Y, por lógica básica, una mujer de tu tamaño no podía posiblemente tener la fuerza para levantar a un hombre del tamaño de Emmett Mccarty de un asiento envolvente. — Espera unos segundos, tal vez para dejar que las palabras se asimilen, antes de continuar—: Pero no renunciaste, ¿verdad? Porque, de otro modo, él no estaría sentado aquí junto a ti.

El alivio se hincha dentro de mí, y por primera vez desde que comencé a hablar, mi sonrisa se siente genuina. —Tosió y levantó la cabeza. Lo vi hacerlo, así que corrí de vuelta y comencé a gritarle que liberara su pierna, esperando que me escuchara. De algún modo lo hizo, y tenía sus dos piernas fuera del auto, por lo que envolví los brazos alrededor de su cintura y comencé a tirar.

Kate levanta una mano. —Vamos a detenernos allí un momento, porque quiero asegurarme que nuestros televidentes entiendan esto. — Se vuelve para mirar a la cámara—. Emmett Mccarty no estaba en una pickup o en una SUV, o en ninguno de esos vehículos donde necesitas trepar. Se encontraba en un Corvette del '67. Ahora, no sé ustedes, pero la última vez que estuve en uno de esos, apenas pude bajarme de él, estaba tan bajo como el piso. —Tiene un ligero estilo cómico que la hace resaltar de los otros presentadores de noticias, incluso cuando reporta temas difíciles.

—Mi papá dijo algo entre esas líneas —concuerdo con una risita.

Se vuelve a mí. —¿Cómo en la tierra lo sacaste?

Me encojo de hombros. —Sinceramente, no lo sé. Un momento tiraba de él, y al siguiente tropezábamos hacia atrás en la cuneta. Imagino que despertó y reunió algo de fuerza de último minuto.

Kate se concentra en Emmett. —¿Eso es lo que sucedió? ¿Puedes explicarlo?

—No, no puedo explicarlo. Con mis heridas, la probabilidad de que de repente me levantara y saliera es cercana a nula.

—Así que estás diciendo…

—No sé cómo lo hizo, pero… —Se vuelve para mirarme a los ojos con tal intensidad, que siento un sonrojo furioso arder en mis mejillas. Bajo la mirada a mis manos—. Le debo mi vida a Isabella.

Un silencio ensordecedor se posa en el aire. Una pausa intencional de Kate, sospecho, antes de que continúe: —Entonces, sin duda, ahora no deberías estar sentado aquí.

Su pierna se presiona contra la mía en un discreto —para todos menos para mí— movimiento. —No. Nunca debería haber salido de ese auto vivo.

—¿Y qué se siente saber eso? ¿Ha cambiado tu perspectiva?

Usa el truco que me enseñó e inhala profundo. —Para ser sincero, no creo que ya haya llegado a aceptarlo. Estaba tan acostumbrado a salir de la cama en la mañana con nada más que un partido futuro o práctica para concentrarme. Ahí es donde puse toda mi energía. El juego era todo para mí. Ahora abro los ojos y reproduzco esa noche en mi cabeza, y me digo que el dolor en mi pierna no es nada, que debería encontrarme dos metros bajo tierra, así que no tengo derecho a estar disgustado si… —Su voz se pierde y traga saliva—. Me ha sido otorgada una segunda oportunidad para vivir, una que uno de mis mejores

amigos no tuvo. Necesito aprovecharla al máximo.

La cara de Kate Wethers se llena de simpatía, y no noto si es fingida o sincera. —Tú y Paul Lahonte también eran muy unidos fuera del hielo.

Traga otra vez. —He hecho un montón de amigos durante los años. Pero Paul era uno de esos chicos que al instante sabía que estaría un largo tiempo después de que nos retiráramos. Perderlo… hay un agujero gigante en mi vida. —Su voz se ha vuelto áspera. Tengo que esforzarme para no estirarme y tomar su mano, para intentar ofrecerle alguna clase de consuelo. Me conformo con presionar mi muslo al suyo, una señal regresada de afecto.

—Creo que tu equipo diría que hay dos agujeros gigantes en el hielo, al no tenerte a ti y a Paul Lahonte allí con ellos. Para el momento que esta entrevista salga al aire, los Flyers habrán jugado el cuarto partido de las finales de Eastern Conference y podrían estar fuera de los playoffs. ¿Cómo ha sido, sentarse afuera y verlos luchar?

—Ciento de veces más doloroso que esto. —Con descuido ondea una mano hacia su pierna enyesada—. Quiero estar allí, ayudarlos. Han trabajado duro y merecen ganar.

Las cejas de Kate se juntan un poco. —Aunque el alcohol no fue un factor en el accidente, el reporte policial dice que la velocidad sí lo fue. Esto ha causado un gran revuelo con los fanáticos del deporte y los medios de comunicación que sienten que el accidente era prevenible y que los casi ciento veinticinco millones de dólares relacionados en contratos con ustedes dos debió haber garantizado más responsabilidad de sus partes. ¿Cómo te sientes respecto a eso?

Emmett agacha la cabeza, cesando un momento. Debe haber esperado esa pregunta, aunque fuera difícil. —Hay muchas cosas que desearía poder volver a hacer y cambiar de esa noche, pero no puedo. En verdad lamento si le fallamos a la gente.

La ira estalla dentro de mí. Casi murió. Uno de sus mejores amigos murió, y todo lo que a la gente parece importarle es ganar un estúpido trofeo.

Y en realidad se está disculpando por no ser capaz de dárselos.

Siento el impulso incontenible de defenderlo, mi boca va tan lejos como para abrirse, lista para atacar a los fans.

Y entonces Kate se vuelve a la cámara. —Volveremos dentro de unos minutos para hablar más con Emmett Mccarty y Isabella Swan sobre esta historia increíble. —Hay una pausa, y entonces grita—: Me vendría muy bien agua, ¿por favor, Maggie? —Su asistente corre de prisa con una botella de Evian.

Me obligo a respirar un par de veces y calmarme. —¿Estás bien? —pregunto sintiendo su cambio de humor.

—Sí. —El sofá se hunde bajo el peso de Emmett mientras se inclina más cerca de mí—. Lo estás haciendo genial.

—Oh, bien.

—Él tiene razón —interrumpe Kate con sorbos—. Y estamos a la mitad. Cuando empecemos de nuevo, vamos a hablar más de ti, Bella. De tu vida actual, de tu hija. —Levanta la mano antes de que tenga la oportunidad de objetar—. Lo mantendremos breve y vago. —Sus ojos conocedores se cruzan con los míos—. Y también hablaremos un poco de tu pasado.

Asiento sin decir palabra.

Ella le dice a Riley que vuelva a empezar la cuenta atrás.

—Y cinco… cuatro… tres… dos…

Kate hace su pequeño discurso de apertura de nuevo, luego se vuelve hacia mí. —Isabella, no saliste del accidente sin heridas, ¿verdad?

—No. —Levanto mi muñeca; el moretón es más pronunciado bajo la iluminación—. Cuando Emmett y yo caímos en la zanja, debí haberme torcido la muñeca. Pero está mucho mejor. Otra semana y debería volver a la normalidad.

—Pero tu auto no fue tan afortunado.

Sonrío tímidamente. —No. Debido a la niebla, me detuve justo detrás del Corvette, con la esperanza de que mis faros me ayudaran a ver. Y luego este se incendió y se extendió al mío antes de que el departamento de bomberos pudiera apagarlo.

—Así que perdiste el auto.

Me encojo de hombros. —Sí, pero mis padres me prestaron el dinero para comprar uno nuevo, así puedo ir y volver del trabajo. Lo aprecio mucho. —Añado esa última pieza más para ellos que cualquier otra persona.

—Eres camarera en un restaurante local, ¿no? —Hace que suene como si no estuviera completamente segura, lo cual sé que no es el caso. Apuesto a que su equipo de investigación le entregó un expediente completo sobre mí para el segmento.

—Sí.

Frunce el ceño. —Es difícil trabajar como camarera con una muñeca torcida, ¿no?

Asiento. —Tuve que tomarme un tiempo libre.

—¿Tienes alguna preocupación por perder tu trabajo por esto?

Sonrío. —No. Afortunadamente, tengo una jefa increíble, así que creo que estaré bien.

Cuando en realidad puedas trabajar de nuevo. Pero, ¿qué vas a hacer hasta entonces? Es decir, eres madre soltera de una niña. Tienes cuentas que pagar.

—El dinero es lo último por lo que Bella tiene que preocuparse — interrumpe Emmett, agregando—, por muy terca que sea al aceptar mi ayuda.

Ruedo los ojos antes de poder detenerme.

La suave risita de Kate llena mi casa. —Emmett es uno de los jugadores de la NHL mejor pagados y un hijo de la realeza de Hollywood. Seguramente dejarás que al menos te compre un auto nuevo, Isabella.

Me giro para fruncirle el ceño, susurrando: —¿La obligaste a eso? —olvidando que estoy usando un micrófono, por lo que probablemente lo oyeron.

Las manos de Emmett se elevan en rendición. —¿Ves? No soy el único que piensa que es totalmente ridículo que no me dejes ayudar.

—Dime, Isabella, ¿hay alguna razón específica por la que no aceptes la oferta de Emmett?

Me encojo de hombros. —No lo sé. Simplemente no se siente bien. Sería como si me beneficiara del accidente.

—Así que, si reemplazara tu viejo auto por uno idéntico...

—Un gran y oxidado Gran Prix sin bocina con trescientos veinte mil kilómetros recorridos, entonces sí, supongo que estaría bien. — Sonrío, dándome cuenta de lo absurdo que suena—. Estoy feliz de haber estado allí y poder sacarlo. —Mi garganta comienza a hincharse con la sola idea de no estar aquí sentada junto a él, con su pierna presionada contra la mía, sintiendo su calor. De lo trágico que habría sido para el mundo perder a una persona como él.

—Pero puedes entender por qué él siente que te debe, ¿verdad?

—Creo que siento que, en cierto modo, soy la afortunada aquí, por estar en el lugar correcto en el momento correcto para ayudarlo, y por llegar a conocerlo después. Si va a estar en mi vida, quiero que sea porque lo desea, no porque se siente obligado.

Oh Dios mío. En el momento en que paro, desesperadamente deseo poder retirar todo lo que acabo de decir. Debo haber sonado como una mujer prendada de Emmett Mccarty. Incluso si es así, no quiero que nadie lo sepa. Menos él.

Una sonrisita de satisfacción aparece en el rostro de Kate, y luego, por fortuna, lleva la conversación a otra dirección. —Isabella, dime algo. —Se inclina hacia adelante, hasta que se sienta al final de mi desvencijada silla de madera. Si se siente incómoda, nadie lo sabrá— No permitías que la policía diera tu nombre después del accidente. Mantuviste tu identidad escondida durante una semana, incluso de la familia Mccarty, que estaba desesperada por conocer a la mujer que salvó la vida de Emmett. ¿Por qué?

Siento que esto es lo que precede a hablar de James Philips. —No quería toda la atención de los medios que sabía que traería.

Sus ojos se estrechan. —¿Y eso tiene algo que ver con lo que pasó en el dos mil diez, con tu profesor de secundaria?

Trago, y me recuerdo que ya he pasado por esto y salí ilesa. Y evitarlo ahora no lo hará desaparecer. —Sí.

Se inclina hacia atrás en la silla. Cruje, y momentáneamente temo, imaginándola romperse y a Kate Wethers cayendo de culo en mi sala. Me pregunto si editarían esa parte. —Para los espectadores que no lo saben, hace siete años afirmaste que estabas involucrada en una relación íntima con tu maestro de arte, James Philips. Tenías diecisiete años y él treinta. Fue detenido por cargos de corrupción de una menor de edad, pero las acusaciones fueron refutadas dos semanas más tarde cuando te retractaste de tu declaración. El fiscal de distrito afirmó que no había suficiente evidencia para llevar este caso a los tribunales, a pesar de que el reporte de la policía mostró evidencia de conversaciones de texto entre ustedes dos, así como un reporte de testigos presenciales de James Philips esperando en su auto fuera de tu casa en medio de la noche.

Kate se detiene durante unos segundos. Me doy cuenta de que lo hace cuando está a punto de hacer una pregunta en la que tengo que hablar mucho.

—¿Puedes hablarnos un poco de este profesor?

—Vaya. —No puedo evitar la risita nerviosa—. No he hablado de él en mucho tiempo. —Siento un empujón en mi pierna. Emmett, tratando de llamar mi atención.

—¿Estás bien? —dice, con preocupación en los ojos.

No. Sonrío y asiento.

—Cualquier cosa. ¿Cómo era él como profesor, para empezar?

—Nunca se sintió como un maestro para mí. No como todos los demás. Se parecía más a un amigo mayor, alguien con quien podía hablar de música, libros y arte. Todo el mundo lo llamaba James en clase. Era atractivo y coqueto.

Las cejas de Kate se elevan. —Coqueto.

—Tenía una sonrisa de la que las chicas en la escuela hablaban. A muchas chicas le gustaba.

—Y le gustabas tú.

Dejo caer mi mirada a mis manos. ¿Qué puedo decir que no me meta en problemas? —Eso creo.

—Intercambiaron mensajes de texto, ¿verdad? —añade, como para tranquilizarme—. La policía tenía pruebas. Uno de James Philips diciéndote lo hermosa que eras.

Asiento. James afirmó que el mensaje donde me decía que era hermosa fue inocente en intención, pero extremadamente de un pobre juicio de su parte. Que yo parecía una chica con baja autoestima. Solo trataba de aumentarlo.

—Y entonces tu madre te siguió mientras te escapabas una noche y te observó subiendo en un auto conducido por él. Ella fue la que presentó el informe a la policía.

Otro asentimiento. James afirmó que estaba de camino a su casa desde donde un amigo y me vio caminando por la calle, así que se detuvo. Su amigo lo corroboró, aunque mucho más tarde se supo que ese amigo estuvo en Filadelfia esa noche. Irónicamente, en un juego de los Flyers.

—¿Cómo te sentiste cuando hizo eso? ¿Estabas enojada con ella?

La mano de Emmett se desliza contra mi muslo tan sutilmente, y sé que comprueba si estoy bien con esto, si quiero que Tanya intervenga.

Pero recuerdo lo que mi madre me dijo acerca de decir lo que necesito. —Estaba devastada. No lo veía como ella. Solo vi a un hombre al que amaba y con quien quería estar. La odié durante mucho tiempo por eso.

—Dices que lo amaste. ¿Alguna vez te hizo sentir como si hubiera podido corresponder a esos sentimientos? —Parece que está escogiendo cuidadosamente sus palabras.

Aquí es donde se pone peligroso. ¿Qué digo? Sí, me dijo que me amaba en más de una ocasión y estoy cansada de negarlo, de permitir que la mentira que él y su familia sembraron siguiera adelante. De permitir a James Philips salirse con la suya. Pero admitir eso significa abrir puertas que no tenía intención alguna de reabrir.

Elijo mi respuesta con el mismo cuidado. —Cuando le di mi declaración a la policía, estaba aterrorizada. No sabía que tenía otra opción que contarles todo. Eran las vacaciones de primavera, y una semana más tarde, cuando la escuela empezó, fui llamada a la oficina de mi director. Él fue quien me dijo que me consideraban una víctima y que, si me retraía, las acusaciones contra James serían abandonadas. No quería que James fuera a la cárcel, así que me retracté.

La expresión de Kate Wethers me dice que tengo razón, que no necesito contestar a su pregunta directamente para decirle todo lo que necesita saber. —Tu director era el padre de James Philips, ¿no?

—Sí.

—¿Sabía que amabas a su hijo?

—Parecía, pero no puedo hablar por él.

—Para resumir… James Philips fue acusado y puesto en libertad bajo fianza, y su padre, el director, te llama, la víctima de diecisiete años, a su oficina y te persuade a retractarte de tu declaración para que los cargos contra su hijo sean abandonados.

Dudo. Nunca le conté a mi madre acerca de esa reunión con el señor Philips. Ella asumió que alguien había hablado conmigo, me convenció de retractarme, pero nunca le dije quién. No quería darles más munición para utilizar contra James. En ese momento, estaba agradecida por lo que su padre me había dado. —Básicamente. Sí.

—¿Por qué estarías de acuerdo?

—Porque amaba a James.

Asiente con suavidad. —¿Y alguien más presenció esta reunión?

—La secretaria me vio entrar, pero en realidad no estuvo en la habitación.

Kate exhala profundamente, la primera vez que ha hecho eso en la entrevista. —Así que, recapitulando un poco. Los cargos se eliminan y James Philips regresa a enseñar en tu escuela. ¿Hablaste con él?

Sacudo la cabeza. —Nunca volvió a enseñar en mi clase.

—Y el periódico local publicó un artículo sobre él, no mucho más tarde, básicamente, que te describía como una zorra que utilizó sus encantos irresistibles para tratar de atraer a un hombre de treinta años, con ropa sexy y coqueteo incesante. Claro que no te nombraron, pero supongo que todo el mundo sabía quién eras.

—Creo que es seguro asumirlo, sí.

Se detiene y me mira fijamente. —¿Sentiste que eras culpable de tratar de seducir a James Philips?

Me sonrojo con esa palabra. Sigo avergonzada por la forma en que actué con él, aunque no fue como lo dio a entender la gente. —Te refieres... ¿Me ponía vaqueros ajustados para ir a clase? Sí, supongo. ¿Mis camisetas eran ajustadas? Sí, es probable. Pero sinceramente no sé cuánto podría haber ayudado… —Miro hacia abajo a mi copa A como para aclarar el punto.

¿Acabo de atraer la atención a mis pechos en televisión nacional?

El calor se arrastra por mi nuca mientras me río, nerviosa. —Oh Dios. Por favor, editen esa parte.

—No, por favor, deja esa parte —contrarresta Emmett con una sonrisa, ganándose mi codo en sus costillas. Pero su sentido lúdico del humor trae consigo una sensación de alivio. Puedo superar esto con él a mi lado.

—¿Has vuelto a hablar con James Philips?

Dudo. —Una vez fui a su casa a verlo. Me dijo que me fuera. Así que me fui. —Suspiro—. Tenía diecisiete años, estaba enamorada y era tonta. Tomé muchas malas decisiones.

—Para ser honesta, no conozco a adolescentes que no tomen muchas malas decisiones. La mayoría simplemente se escapan sin ser la comidilla de la ciudad. Parece que una gran cantidad de personas estuvieron menos que impresionados contigo durante el caso. ¿Cómo fue la vida para ti en ese año?

—No fue fácil. Ni para mí ni para mi familia.

—No todos lo hicieron tan difícil, ¿verdad?

Sonrío. —Mi jefa, Sue de Diamonds, no lo hizo. Su marido también es genial. Son como familia para mi hija y para mí. Y el hombre que me alquiló esta casa, fue muy amable. Solo ha levantado el alquiler una vez desde que nos mudamos, y apenas.

Su cara se suaviza. —Quedaste embarazada de tu hija unos meses después de este incidente, ¿verdad?

—Siete meses después. —Trago saliva—. Así es.

—Y ya habías salido de casa de tu familia.

—Yo era... Las cosas eran difíciles para todos en ese momento. Pensé que mi vida estaba arruinada.

—Lo imagino. —Una mirada de sabiduría llena sus ojos—. Oye, he pasado por muchas escuelas donde las chicas suben sus faldas hasta donde son más como pantalones cortos. ¿Deberían hacer eso? No. Pero eso no es una invitación o una excusa para que los maestros coqueteen con sus estudiantes, o lo lleven más lejos. Lo que usabas en la escuela o lo que sentías por James Philips, o incluso lo que pudieras haberle dicho, es irrelevante. No deberíamos estar hablando de eso ahora. —Se vuelve hacia la cámara—. Sé que la gente en casa debe preguntarse qué le pasó a James Philips. Mis fuentes confirmaron que ha

estado enseñando clases de arte en una escuela secundaria privada en Memphis, Tennessee, durante los últimos seis años. Los padres de los estudiantes de esa escuela no eran conscientes de su pasado hasta ahora, gracias a la historia de Isabella Swan que salió la semana pasada.

La suave y melodiosa voz de Kate es tan calmante a pesar del tema que, por un breve momento, casi olvido que estamos siendo filmados. Pero luego se gira hacia mí, rompiendo el hechizo. —Bella, ¿crees que debería permitirse a James Philips continuar enseñando?

Sé que quiere que lo condene públicamente, que lo castigue en este escenario abierto.

—Supongo que depende de los padres de los estudiantes a los que está enseñando.

—¿Lamentas retractarte de tu declaración?

Si no lo hubiera hecho… James y yo habríamos acabado de cualquier manera. Pero ¿cuánto habría empeorado, al tratarlo con abogados y un juicio? Casi me estremezco al pensamiento. —Lo único que sé es que nadie puede huir de sus errores para siempre. Pero me gustaría seguir adelante de los míos.

Genuina simpatía brilla en sus ojos. —Estoy de acuerdo en que es hora de que todo el mundo se enfoque en el lado increíble de esta historia, que arriesgaste tu propia vida salvando a este hombre a tu lado. De mi breve conversación con la madre de Emmett, sé que la familia Mccarty-Pratt no puede cantar alabanzas lo bastante altas por tu valentía. ¿Sabías de quién era la vida que tratabas de salvar aquella noche, Isabella?

Sacudo la cabeza.

—¿Ninguna idea en absoluto?

—Ninguna.

—¿Y cuándo averiguaste que el hombre que habías salvado era una superestrella?

—Cuando Mike, digo el Oficial Newton, me llevaba a casa y vi todas las camionetas de noticias en el camino, pensé que era un poco extraño, tanta atención por un accidente.

—¿Y? ¿Te sorprendiste?

—Sí. Pero... —Miro a Emmett, y sonrío tímidamente—. No miro hockey, así que todavía no sabía quién eras.

Los ojos de Emmett brillan mientras se ríe junto a Kate.

—Apuesto a que eso cambiará tan pronto como Emmett vuelva al hielo, ¿verdad? —Ella me guiña un ojo y luego sonríe a Emmett.

Lo siento ponerse rígido, pero oculta la evidencia de incomodidad a la cámara con una sonrisa encantadora. —Haré que me pase el disco en algún momento.

¿Me va a enseñar a jugar? ¿Va a estar cerca una vez que todo esto se acabe? ¿O es solo una frase, parte de este acto para el público?

—Entonces, ¿qué sigue para ti, Isabella?

—Uh… —Me encojo de hombros, un tanto desprevenida por esta pregunta, todavía atascada en la idea de que Emmett sea una parte de mi vida—. No sé. Planeo volver al trabajo tan pronto como pueda, y criar a mi hija. Sabes, llevarla hacia y desde la escuela sin que los periodistas acampen fuera de mi puerta. Eso estaría bien.

Kate sonríe. —Has estado criando a tu hija sola todo este tiempo, ¿verdad?

—Sí.

—¿Y qué ha dicho su padre acerca de tu reciente valentía?

—Nada, él… No es parte de nuestras vidas. —Es una forma indirecta de volver con el tema del padre de Brenna y no lo esperaba, lo que me hace tropezar con mis palabras.

—¿Lo ha visto alguna vez?

—No.

—¿Es consciente él de ella?

Esto está fuera de los límites y lo sabe. Es mi culpa por responder en primer lugar. Busco a Tanya desde detrás de la cámara central.

—No más sobre la niña —dice ésta última abruptamente.

—Intentaste ir a trabajar hace unos días. ¿Cómo fue eso? —me pregunta Kate, cambiando tan suavemente de tema, como si estuviera probando las aguas para ver hasta dónde podía llegar antes de que yo o Tanya la detuviéramos. Sus fuentes debieron haberle sustentado de los rumores locales sobre Felix.

Necesito más que unos pocos segundos para recomponerme.

Emmett se inclina a mi lado ligeramente, para recordarme que está allí.

—Un desastre —admito—. Hubo mucha gente, tomándome fotos. Y los periodistas me hacían preguntas terribles e inapropiadas. Tuve que irme enseguida. No puedo trabajar así, y si no puedo trabajar, no puedo pagar mis cuentas. Así que me gustaría que las personas me dieran un poco de espacio para respirar. Por eso acepté esta entrevista. Pensé darles a todos la historia de una vez, y entonces podría volver a mi vida regular y tranquila. Es la única entrevista que estoy dispuesta a hacer.

—Es muy difícil para la gente no querer conocerte, con tus esfuerzos heroicos y todo.

—Agradezco que Emmett esté vivo. —Miro hacia él para encontrarlo observándome con una sonrisa extraña y triste.

—Creo que puedo decir, en nombre de todos los estadounidenses, los aficionados al hockey y las mujeres de todas partes —guiña un ojo juguetonamente a Emmett—, gracias por tu increíble valentía y por arriesgar tu vida. Tu hija tiene un modelo a seguir excepcional. Emmett, ¿cuándo te veremos en el hielo otra vez?

—Tan pronto como mi médico dé la autorización.

—Y tus fans esperan ese día. —Dirigiéndose a la cámara, Kate acaba con—: Soy Kate Wethers, trayendo una entrevista exclusiva con Isabella Swan y Emmett Mccarty de Balsam, Pennsylvania. Isabella y Emmett.

—Y terminamos. —Riley presiona un interruptor y la luz roja se apaga—. Yo no tocaría eso.

—Estoy de acuerdo. Estuvieron geniales —dice cuchicheando Kate, ya fuera de su silla y recogiendo su chaqueta como si de repente tuviera mucha prisa. Se estira para estrechar mi mano; su agarre firme y suave—. Gracias por darme la oportunidad de conocerte. Espero haberte ayudado a darle un cierre.

—Lo hiciste. Gracias.

Sus ojos parpadean entre nosotros dos, y una sonrisa secreta toca sus labios. —La gente consumirá esta historia.

—¿Cuándo saldrá al aire? —pregunta Emmett.

—El viernes por la noche, ocho de la tarde. En el oriente.

—¿Este viernes? —¿O sea en dos noches? Supongo que es mejor que esperar ociosamente durante semanas. Aun así… Ahora que la entrevista ha terminado, mi ansiedad por ser filmada está cambiando rápidamente a la realidad de innumerables desconocidos mirándome en televisión. Espero no haber sonado estúpida.

El estudio de la sala de estar se desmonta en quince minutos, y el equipo ha empacado y sale por la puerta en veinte.

Esme, quien ha estado tácitamente invisible durante toda la sesión de rodaje, revisa su teléfono y se pone de pie. —Siento salir corriendo, pero tengo que tomar un avión.

—Está filmando una película en Australia. —Recuerdo que Mike mencionó algo sobre eso.

—Sí. Y ahora que Emmett está fuera del hospital, recuperándose, no puedo pedirles que detengan la producción por más tiempo. Por lo tanto, por desgracia, tengo que irme. —Se inclina para tomar mi mano sana en la suya, con una amplia sonrisa llenando sus labios— Estuviste maravillosa. La gente te amará. —Hay algo en su voz jadeante que es completamente tranquilizador.

—No sé acerca de eso. Pero, ¿cree que eso les impedirá acampar en mi camino de entrada?

Se ríe, inclinándose para darme otro cálido abrazo. —Con un poco de tiempo, las cosas estarán de nuevo como lo deseas. —Su vista se mueve hacia su hijo. Una mirada larga y conocedora transita entre los dos. Me pregunto si tiene que ver con la conversación susurrada que compartieron en la cocina en el momento en que el equipo empacaba todo, demasiado silenciosa para que yo la escuchara, pero el aire a su alrededor parecía cargado—. Estaré esperando en el auto.

Tanya llena el espacio que Esme dejó justo delante de mí. —Aquí está mi información. —Mete una tarjetita blanca en mi mano—. Mantén un perfil bajo hasta después de la entrevista, y no respondas a ninguna pregunta sobre Emmett o el accidente sin consultármelo primero. De hecho, no hables con los periodistas, punto. Tienen la habilidad de retorcer tus palabras para contar su propia historia. ¿Sí?

—Síp.

—¿Qué no vas a hacer?

¿Por qué de repente me siento como mi hija de cinco años?

—¿Hablar con los periodistas?

—En absoluto.

—Bien.

—Haré una declaración pública de que has dado a The Weekly una entrevista exclusiva y no darás más. Veremos si escuchan. —Se gira hacia la puerta pero luego se detiene—. Oh, y mantente alejada de las redes sociales. No importa la curiosidad, no leas los comentarios, no busques reacciones. Nada. ¿Entiendes?

—Eso será fácil. Estoy sin datos por este mes.

Finalmente satisfecha, coloca su bolso sobre el hombro y se pone al teléfono, saliendo por la puerta detrás de Esme.

Toqueteo la tarjeta de Tanya, metida entre mis dedos.

Emmett asiente. —Pon ese número en tu teléfono y asegúrate de usarlo cada vez que pienses que podrías necesitarla. Incluso si es algo simple. Quiere que la llames, créeme. Es más fácil que arreglar cualquier cosa después.

Tanya en marcación rápida. —No puedo esperar.

Emmett se ríe entre dientes. —Sé que puede ser un poco insolente, pero es muy buena en su trabajo.

—Parece que sí. —Respiro hondo, mirando en torno a mi espacio. No puedo creer que éste soportara a tantas personas y no estallara en las costuras—. Aquí es muy tranquilo.

—Es agradable. —Me mira con ojos suaves—. ¿Respirando mejor?

Mis hombros suben con exageración en tanto inhalo y exhalo hondo. En realidad, sí. —Me alegro de que haya terminado.

Sonríe. —Se pone más fácil.

—Te tomaré la palabra allí. Eso es lo único que haré.

Me mira con esos intensos ojos azules, algo ilegible pasando por su mirada.

—¿Qué?

Vacila. —Me aseguraré de que recuperes tu vida, si eso es lo que quieres. Pero no será de la noche a la mañana.

—Gracias por toda tu ayuda. Estoy segura de que tú también quieres volver a tu vida. —Una vida que no está en ninguna parte cerca de Balsam, Pennsylvania.

—Claro. —Hace una pausa—. Mi papá y yo iremos a Toronto con mamá en su jet esta noche. Mis abuelos viven allí, así que pensamos pasar una semana con ellos.

—¿Entonces estarás en casa en una semana? —Una punzada de decepción se agita en mi interior.

—En realidad, creo que voy a volver a California con él para el verano. Si no puedo viajar con mi equipo, puedo estar con mi familia.

—Oh eso es... —Toronto, esta noche... California, para el verano… Está muy lejos. Y tan pronto. No es que necesite decirme estas cosas, pero ni siquiera lo mencionó esta mañana, cuando estaba arreglando la entrevista—. ¿Sabías que ibas antes de preparar esto?

—No. Fue una decisión de última hora. —Abre la boca como si fuera a decir algo más, pero se detiene.

El silencio persiste mientras busco una respuesta que no muestre mi creciente consternación. —Estoy segura de que sería bueno poner algo de distancia entre tú y todo esto. —Y yo.

—Sí, supongo. —Una arruga aparece en su frente—. Me dará la oportunidad de aclarar mis ideas. Mi madre está convencida de que no he estado pensando claramente. Quizá no lo haya hecho.

—Yo tampoco creo haberlo hecho. —He estado demasiado ocupada fantaseando contigo. Pero... ¿Emmett se va a ir todo el verano? Es tres o cuatro meses. Mi espíritu se hunde haciendo las matemáticas.

—Mi distancia te ayudará a arreglar tus cosas por aquí. Aunque siento como si estuviera abandonándote. —Sus ojos azules se posan sobre mí y siento una pregunta detrás de sus palabras.

Me rodeo el cuerpo con mis brazos para ayudar a protegerme del frío repentino que siento. Tan rápido e involuntariamente, Emmett invadió mi vida. Y con la misma rapidez, se habrá ido, dejándome confundida. No puedo estar enojada con él por ello. Tiene razón. Lo mejor que puede hacer para ayudarme a resolver mi vida es alejarse. Pero me gustaría que no fuera el caso. —No te preocupes. Sam y Garrett son geniales.

Asiente. —Mantenlos hasta que las cosas vuelvan a calmarse.

Esto se ha vuelto demasiado incómodo. No estoy segura de qué más decir excepto: —¿Supongo que esto es un adiós?

Cambia su peso de muletas. Y hace una mueca.

—Deberías hacer reposo.

—Eso es lo que mi doctor sigue diciendo.

—Bueno, quieres curarte lo más rápido posible, ¿verdad?

—Sí. Es difícil estar encerrado. No estoy acostumbrado a esto.

—Sé exactamente lo que quieres decir. —Me río—. Bueno, menos los huesos rotos.

Se acerca a mi muñeca lesionada, tomándola con cuidado en su mano, frotando con su pulgar la parte contusionada. —¿Aún duele?

—Apenas. —Ahora no.

El teléfono de Emmett vibra en su bolsillo, tan fuerte que puedo oírlo. —Esa es mi madre. Tenemos que tomar un avión. —Espero que pase por mi lado con una simple despedida, pero en cambio amolda su peso en las muletas y engancha un brazo alrededor de mí, jalándome hacia su pecho, al igual que hizo la noche que nos conocimos. Solo que ahora mi cabello no huele a pescado quemado y no estoy sudada. Y, curiosamente, aunque apenas hemos tenido tiempo juntos, siento que lo conozco.

—Lo siento por perturbar tu vida. Ya has pasado por bastante.

Cierro los ojos y me dejo hundir en él, pensando lo mucho que yo no lo siento. Al menos, esta parte no.

—Llámame si necesitas algo.

—Estaré bien. —¿Qué pasa si simplemente quiero escuchar su voz?

¿Cómo pasó tan rápido de ser Emmett el hombre que saqué de un coche en llamas a ser el hombre que deseaba que fuera parte de mi vida? ¿La boca de quién deseaba tener permiso para inclinar la cabeza hacia atrás y sentir?

El calor se arrastra por mi cara ante la idea de que Emmett podría sentir lo que pasa por mi cabeza. Está mostrando afecto a la mujer que le salvó la vida. Y quiero mostrar un tipo completamente diferente de afecto en este momento.

Se aleja lo suficiente para inclinarse y plantar un beso persistente en mi mejilla, a solo unos dos centímetros de mi boca.

Cierro los ojos, deseando que vaya a la derecha solo un poco.

Y luego lo hace.

Por solo un segundo sus labios están en los míos y, luego se van con un suspiro, mucho antes de que pueda apartar mi sorpresa y descongelarme. ¿Quiso hacer eso?

Se dirige hacia la puerta en sus muletas y me mira una vez, para sonreír.

Quiero rogarle que no se vaya.

Correr hacia él y lanzar mis brazos alrededor suyo para que me bese de nuevo, esta vez de verdad.

Quiero que se enamore profunda y locamente de mí.

Pero presiono mis labios y planto mis pies en el suelo antes de que logre humillarme.

Y luego Emmett Mccarty se ha ido.


OMG, lo largo que es este capitulo. Nuestro Emmett se va, que creen que pasara ahora?

Espero que lo disfruten mucho, no olviden comentarme que les parecio