Disclaimer: Los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer y la trama a vampbirch. ¡Se viene el final!
1 de noviembre, 2012
2:11 p.m.
Soy simple.
Aburrido.
Voy al colegio. Intento sacar 10 en los exámenes, y luego intento sacar 8, pero no dejo que mis notas bajen más que eso porque creo que quiero ir a la universidad.
Vendo videojuegos, y mi mejor amigo es un chico que piensa que es gracioso meterse papas fritas en la nariz. Tiene una actitud tranquila como Jasper, pero sus preocupaciones por mi son tan genuinas como las de mis hermanos.
Me enamoré este año. Dos veces, de hecho. Fue inesperado, aunque no puedo admitir que me arrepienta. El amor algo jodido—me vuelve loco, pero creo que hay algo que lo hace que valga la pena.
Las dos personas a las que confiábamos nuestro mundo no eran malos. Sus intenciones no eran malignas, ni perjudicial, y no eran roba bebés. Ellos sabían que luchábamos contra esta decisión, pero fueron pacientes. Jamás nos presionaron para decidirnos de inmediato, pero aun así estábamos determinados a creer que algo estaba mal con ellos. La mayoría de nuestros problemas estaban en nuestras cabezas… hasta que no lo estaban.
Siento la suavidad de su palma presionarse contra la mía, sus uñas clavándose en la piel sobre mis nudillos.
—¿Se han vuelto locos?
Miro hacia la mesa, mordiéndome el labio inferior.
Todo era tan familiar.
Como si hubiéramos vuelto a donde comenzamos. Pero esta vez hay otra mujer que parecer ser la única racional.
—Se va a quedar con el bebé. —El temperamento de Charlie Swan brilla por sus oscuros ojos. Le fulmina con la mirada a su esposa, algo que no puedo entender.
Miro a la mesa, siguiendo las líneas en la madera mentalmente. Puedo sentir las uñas de Bella clavarse en mi piel, pero no creo que se dé cuenta.
Si cierro los ojos por un minuto, mi mente vuelve al prado donde nos conocimos por primera vez. Todo era tan fácil. No tenía de qué preocuparme entonces, pero tampoco tenía razón por la cual luchar.
—¿Puedes parar de llegar a esa conclusión? No tienen que quedarse con el bebé solo porque piensas que no tienen otra opción. No dejes que te mienta, Bella. No todas las personas son iguales.
—¿Piensas que esto….?
Si cierro los ojos por un minuto, creo que puedo bloquear todo.
Si me pongo de pie y digo algo, creo que puedo hacer una diferencia.
Si giro a mi derecha, veré a una chica que también quiere decir algo.
—¿Alguno le ha preguntado a Edward o Bella si quieren quedarse con el bebé? —Esa es mi madre, la mujer que pasé mucho tiempo subestimando y despreciando.
Las uñas de Bella se hunden un poco más.
—¿Puedes dejar de actuar como si todo esto fuese mi culpa? —grita Reneé—. Tenías tanto derecho para estar allí con ellos como yo, pero elegiste no ser parte. No te involucraste, no diste un paso al frente y ofreciste tu ayuda a nadie, te sentaste y los viste…
—¿Y te mereces una medalla de oro? —replica Charlie—. ¿Por fingir que ellos tenían opción?
—Jamás les hice sentir que no tenían opción.
—Nunca les hiciste sentir que…
—No estabas allí, ¿cómo lo sabrías? —Su grito penetra en mí—. Le dije a Bella… ¡Le dije todo el tiempo que no tenía que hacer esto!
Es como ver un partido de tenis. Se gritan una y otra vez, tan rápido que me está mareando.
Si les digo la verdad, les digo lo que quiero, sé que no seré el único.
—¿Qué piensan que hacen con todo esto? Denle a los chicos la oportunidad de hablar —dice mi mamá.
Tres pares de ojos se vuelven hacia dos. Bella suelta un jadeo y deja mi mano, y sin ella, me siento perdido. Como si alguien me hubiera dado un cello y me pidiera que toque una canción, pero ni siquiera sé por dónde empezar.
Todo se vuelve silencioso, y creo si escucho lo suficientemente fuerte, puedo escuchar los latidos del corazón de mi hijo. Es tan rápido, y sé que realmente no lo estoy escuchando; es imposible, pero esto no lo es.
En tan solo segundos, tu vida puede cambiar para siempre. Un segundo era un chico taciturno con cabello que me tapaba el rostro, preguntándome dónde estaba mi hermano. Y al siguiente, me estaba enamorando de una sonrisa como jamás imaginé. Ojos que brillaban llenos de vida, un rostro hermoso y una mente que todavía no puedo descifrar.
Si pudiera, dejaría de repensar las cosas. Dejaría de cuestionarme, y en cambio le estaría preguntando a ella.
Si le preguntara lo que ella quería, sabría que siempre lo quiso.
—Ellos no saben lo que quieren, —Charlie le dice a su esposa—. Ni siquiera hablan entre ellos, Reneé. Míralos.
Hay un momento antes de levantar mi mirada, que pienso que puedo hacer todo esto más fácil. Podríamos dejar de dudar, dejar de hablar sobre el quizás y lo que quieren. No se trata de solo lo que es mejor para él, o para ella, o para mí. Se trata de con lo que podemos o no podemos vivir, y sé lo que podría ser. Y cuando finalmente miro a Bella, creo que ella también lo sabe. Puede que no tengamos todas las respuestas, pero ambos sabemos que puede estar bien.
En cambio, me pongo de pie y salgo por la entrada de los Swan.
"Justo allí… ese es un varón," señala el Dr. Webber a la pantalla.
Me inclino más cerca, curioso por la otra vida. Todo es borroso…como canal tres. Reneé hace lo mismo, inspeccionando la pantalla, y me pregunto si Bella piensa lo mismo. Me vuelvo hacia ella y siento caer mi rostro. Ella mira al techo, sus ojos llenos de lágrimas.
"Bueno," dice Reneé. Bella me mira y sonríe. "Un varón saludable. Esas son buenas noticias."
Me subo al asiento del pasajero y cierro de un golpe la puerta del coche. Las gotas de lluvia caen de mi cabello y hacia mi cuello, mojando mi camiseta. Respiro fuerte; mis pulmones se sienten tan pesados que creo que van a colapsar.
"Solo quiero hacer lo mejor para todos."
Sacudo mi cabeza intensamente, me aferro al volante e intento ver por la ventana en la fuerte lluvia. Mis nudillos se ponen blancos, mi respiración es corta.
—Es una maldita mentirosa.
Atrapo la lágrima que cae por mi mentón con mi mano, golpeando el volante. Repito el proceso con mi mejilla, una y otra vez, hasta que mi puño golpea el salpicadero.
"¿Quieres…? ¿Quieres que nos lo quedemos?"
Tomo el volante y comienzo a golpearlo, sin importar si suena la bocina o si los vecinos me ven. Cada vez que mi puño toca el coche, creo que no es suficiente y sigo haciéndolo. Comienzo a hablar conmigo mismo, preguntándome por qué no pude decir algo. Sabía que ella quería que dijera que quería que nos lo quedemos.
—¿Por qué no pude… —Cada palabra sale con un golpe— decirlo?
Siento algo romperse en mi mano y la aparto. Mi espalda choca contra el asiento, mis manos en mi rostro mientras intento recomponerme. Mi pulso repiquetea por todo mi cuerpo, moviéndose en toda dirección y hacia mis dedos. Mi corazón y mis pulmones están conectados; sintiéndose pesados e inestables.
Mis ojos se cierran mientras descanso mi frente contra el volante. Y por este pequeño y dichoso momento, no pienso en las cosas que pude haber dicho, o cuando debería haber escuchado a mi madre, o lo ridículo que era que no todos podemos ser felices. Ni siquiera pienso en Bella. Solo cuento las gotas, y es simple.
Aburrido.
.
.
.
Si tiras una moneda, puedes verla girar por siempre. Puedes verla girar, girar, girar, y justo cuando crees que va a caer… sigue girando. Sigue rodando y rodando en un círculo, una y otra vez… para siempre. Hasta que la moneda comienza a dejar el círculo, y su fluidez se quiebra. E incluso cuando la moneda deja el círculo, sigue girando… hasta que lo deja de hacer.
Respingo cuando siento dedos acariciando los míos. Mis ojos se abren y mi cuerpo pega un salto de sorpresa cuando miro al asiento del pasajero y veo a la chica que me hace girar.
—Hola —susurra, tomando mi mano en su regazo—. Lo siento.
Yo también lo siento por ellos.
Lo siento por muchas cosas.
Y entonces todo sale de una.
—No creo que pueda hacer esto, Bella —le digo, pasando mi pulgar por sobre su meñique—. No quiero pasar por otro proceso de adopción, y no quiero actuar como si estuviera bien con todo. No puedo obligarte a haber nada, y no lo haré, pero creo que todo lo que hemos hecho en los últimos ocho meses es subestimarnos a nosotros mismos. Y está bien, pero sé que piensas que no vas a ser una buena mamá, y yo digo que no seré un buen padre, pero no quiero pasar el resto de mi vida preguntándome si lo hubiera podido hacer y ni siquiera lo intenté. ¿Crees que vas a poder pasar por esto otra vez?
Me obligo a mirarla. Ella observa por la ventana con hombros encorvados, respirando pesado.
—Yo… no. No creo que pueda, Edward.
—¿Porque todos no quieren que lo hagas? —pregunto, la sequedad en mi garganta volviéndose amarga, haciendo que me sea difícil respirar.
Si esta es la razón por la que no puede entregarlo, nunca se lo va a perdonar. Y me pregunto, es retrospectiva, cuál destino es peor. ¿Deseando poder estar con él, o arrepentirse de quedárselo?
—No. —Niega con la cabeza, enlazando sus dedos con los míos—. Porque yo no quiero.
Y por un minuto, no pensamos en los demás.
Ella no piensa en la adopción, o en sus padres, y yo no dudo más porque sé la verdad. No ya no giro, giro, más; todo cae en su lugar.
