33. Temor
Sebastian angustiado palpaba el vientre de Ciel, quien desnudo en la cama se retorcía del dolor, el demonio trataba de calmar al bebé quizás así lograría que se quedara quieto.
—Mi niño quédate quieto mira que tu mami sufre... —El demonio hablaba amoroso con el bebé mientras lo tocaba sobre la piel cálida del vientre de su ahora esposo, ciertamente estaba inquieto podía sentirlo— ¿Te lastimamos? Perdónanos si te zarandeamos un poco. ¿Te golpeé mi niño? No fue mi intención, no es mi culpa tenerlo grande.
—¡Sebastian deja de decir idioteces!
El conde adolorido le regañaba al oír esa tonta conversación pero debía admitir que así se estaba calmando poco a poco su inquieto bebé.
—¿Quieres nacer? Si es así y ya estás listo pues aquí te recibimos pero solo si estás bien formadito... Si todavía te falta crecer quédate adentro. —Le decía entre besos cariñosos sintiendo como se estaba calmando, ese niño al parecer era un consentido al igual que su padre.
Ciel también se iba relajando con el pasar de los segundos ante esos besos y caricias que su demonio le regalaba indirectamente, oyendo como canturreaba una dulce melodía embelesado acariciaba su cabello y parecía arrullarse con su voz.
—Creo que ya está más tranquilo, me di un buen susto. —Murmuró el joven conde mientras su respiración se calmaba y su piel recuperaba su color natural después de palidecer por ese trance de dolor— Y todo esto fue tu culpa.
—¿Mi culpa? La culpa es de los dos, yo solo te di lo que tú me pedías, mi amor... —Sebastian le refutaba en un canto improvisado dirigiendo la mirada al joven que fingía molestia— Pero yo también me asusté, me duele el verte sufrir mi dulce esposo... Me asusta solo pensar el perderlos a los dos.
—Ya deja de cantar pareces idiota. —Con un bostezo le regañaba porque entre tanto ajetreo y canto parecía quedarse dormido, Sebastian con una sonrisa seguía llenando de mimos a sus dos pequeños hasta que sintió que se durmieron.
En la mañana Ciel despertó al sentir como su bebé se movía de la forma usual a esas horas al parecer tenía hambre, acariciando su vientre notaba como su demonio no estaba a su lado.
—¿Dónde se fue tu papá? ¿Habrá ido a preparar el desayuno? La verdad tengo hambre también —Era su forma de saludarlo— Anoche te portaste un poco mal, no vuelvas a asustarme de esa manera.
Sebastian animado entraba a la habitación con una charola en mano, trayendo el desayuno a sus amos, Ciel se sentaba al espaldar de la cama, ansioso esperaba devorar esos alimentos.
—Buenos días mis hermosos niños. —Acercándose besaba los labios de su joven amo que le correspondía igual de amoroso mientras su mano acariciaba su vientre, esa era la mejor manera de saludar a los dos.
—Buenos días... —Ciel le saludaba también cariñoso cuando sus labios se separaron aunque sus rostros estaban aún muy cerca, era la primera mañana que despertaban siendo esposos así que se sentían especiales.
—¿Cómo te sientes? Estuve pendiente de ambos toda la noche.
—Estamos bien... Sin darme cuenta me quedé dormido profundamente.
—Si me di cuenta... —Dijo el enamorado mayordomo regalándole un último beso para así dejar que empezara a desayunar— Come pronto porque el gruñido de tu estómago me desconcentra.
Burlón hablaba mientras lo veía como con el ceño fruncido desayunaba ansioso, aprovechando ese momento decidió arreglar la habitación así también a preparar el traje que su joven amo utilizaría ya que había decidido no pasar todo el día encerrado.
—¿Estás seguro que quieres salir? Puedes quedarte a descansar todo el día. —Sebastian comentó con una sonrisa, notó como su amo lo miraba con enojo y no le refutaba solo porque tenía la boca llena— No me mires así, lo digo por lo de anoche al menos hoy quédate en cama a descansar.
Ciel algo encaprichado negaba con la cabeza la sugerencia de su demonio.
—Bueno, has lo que quieras... —El mayordomo dijo con tono molesto y siguió en sus labores.
—¿Por qué te enojas? —El conde con un puchero le cuestionó— Te dije ayer que me aburre estar encerrado y ya que todos conocen mi estado no es necesario el seguir escondiéndome.
—No me enojo... Solo me molesta lo caprichoso que te pones a veces.
—Molestia y enojo es casi lo mismo... Tonto.
—Como sea, claro que ayer me dijiste eso pero fue antes de ese dolor que casi te hace parir.
—Lo sé pero ya me siento mejor ademas solo voy a caminar y sentarme en el jardín, quizás la falta de ejercicio fue la causa de ese dolor.
El demonio sonrió traviesamente ante esa suposición dejando el malhumor a un lado miraba con complicidad a su sonrojado señor.
—No me sonrías, ni me mires así.
—Es que es graciosa tu suposición porque yo diría que mucho "ejercicio" fue lo que te hizo daño.
—Degenerado... Eso fue tu culpa, se te salió lo demonio anoche.
—Oh el joven amo quiere hablar de anoche...
Ciel se sonrojaba y desvió la mirada sintiendo como su demonio se sentaba a su lado quizás con el afán de molestarlo.
—¿Yo solo me provoqué? —le susurró perverso Sebastian al oído— Tu desataste al demonio que tranquilo vive en mi, la forma en que me lo pedías ¿Recuerdas? Tú querías más... Traté de controlarme pero...
El joven se sonrojaba más, notaba como su demonio parecía excitarse al recordarlo, si era sincero admitiría que Sebastian se resistió al principio, claro que tenían sexo regularmente pero era sexo tranquilo que no lastimara al bebé. Sin embargo el tema de la noche de bodas lo alteró a tal punto que olvidó que estaba embarazado, fue el quien en cuatro en la cama dejaba ver su ano palpitante mientras con la mirada llorosa pedía a su demonio que lo penetrara profundo, fue el también que al sentirse llenado se movía frenéticamente haciendo que Sebastian golpeara con fuerza su interior en cada estocada. Ciertamente fue quien lo provocó aún así no lo admitiría, sentía como su demonio rozaba sus labios en su oreja, era tan cálido, tan sensual que comenzaba a excitarse.
—Sebastian... Todavía no... —Ciel murmuró algo excitado, su demonio sabía bien como provocarlo dándole un beso en los labios lo apartaba sutil para seguir desayunando. No quería arriesgarse a tener sexo con el susto que se dieron hace unas horas.
—Ciel, cariño... Lamento mi molestia de hace rato creo que exageré un poco solo promete que si te sientes mal me avisas enseguida.
—Claro "cariño" lo prometo...
Burlón el joven le prometía terminando de desayunar, minutos después se lo veía caminar tranquilo por el jardín junto a un animado Finny que le enseñaba las flores que había plantado días antes.
—Son hermosas ¿Verdad joven amo?
—Si son bonitas... —Ciel respondía tomando una de esas flores azules entre sus manos.
—¿Cree que al bebé le gusten?
—Supongo que si...
—Joven amo... ¿Cómo cree que será su bebé? —El jardinero emocionado preguntaba— ¿Cree que se parecerá a usted o al señor Sebastian?
Ciel pensaba en esa pregunta, si el bebé saldría con la verdadera forma de Sebastian pues mil veces preferiría que saliera igual a el porque ¿Cómo explicaría que una masa oscura y amorfa era su hijo?
—No sé... La verdad no lo he pensado.
—El señor Sebastian es guapo... —Dijo inocentemente el rubio— ¡Ah no se enoje joven amo...! ¡Iba a decir que usted es más guapo, ojalá salga parecido a usted!
Nervioso Finny se justificaba al notar la mirada celosa de su amo, quien en un suspiro se calmaba y siguió caminando seguido de su sirviente.
—Joven amo ¿Puedo preguntarle algo?
—¿Algo más sobre el bebé?
—Ehhh no... No... Es que usted sabe de esas cosas...
—¿Qué cosas? —Cuestionó dudoso el conde— Vamos a sentarnos y me cuentas.
—Si señor...
Los dos jóvenes se sentaron en una de las bancas en medio del jardín, Finny sonrojado trataba de empezar el tema del que tenía dudas y su experimentado amo quizás le ayudaría a despejarlas.
—¿Duele hacer cosas de adultos? Tengo miedo que duela.
—¿Uh? ¿Te refieres a tener intimidad con alguien? ¿Con quién quieres hacer esas cosas?
—Bard... Anoche me besó en la boca y...
—¿Fue su primer beso? —Cuestionó curioso el conde, el jardinero asintió apenado con la cabeza— Ya veo... ¿Y tu querías que te besara? ¿Te gustó?
—Si... Se sintió bonito y cálido... Ahora veo porque a usted le gusta besar al señor Sebastian.
—Si se siente bien besar cuando amas a esa persona... Ustedes se quieren ¿Verdad?
—Si, eso creo aunque no entiendo mucho de estas cosas, lo poco que sé es lo que he visto por ahí cuando hay novios por las calles, con usted y el señor Sebastian.
—Bueno yo tampoco sabía mucho hasta que Sebastian me enseñó... —El joven murmuraba con timidez— El cuerpo reacciona solo ante esas cosas, es mejor que lo descubras por ti mismo junto a Bard.
—Ahh ¿Así funciona...? —Sonrojado Finny murmuró.
—Así que Finny ahora tienes novio...
—Si... Supongo que si... Bard dijo que éramos novios, y los novios hacen lo que hicimos anoche que no se lo dijera a nadie.
—¿No quería que dijeras que se besaron? No sabía que el idiota fuera tan tímido.
—Si además no quería que dijera que me quitó la ropa y me besó todo el cuerpo, también besó mi... —Muy sonrojado el rubio contaba, Ciel comenzó a sospechar que no solo se habían besado inocentemente.
—Finny... ¿Tuviste sexo con Bard?
—Ahh... ¿Sexo? ¿Qué es eso?
Ambos jóvenes se miraron entre si con extrañeza, el conde no entendía entonces a que se refería al miedo de hacer cosas de adultos si ya las había hecho.
—Bueno... ¿Cuéntame que hicieron?—Ciel le cuestionaba para confirmar si habían tenido sexo o no, confirmar también cuán tonto e ingenuo era su sirviente.
—¿Promete no contarlo a nadie?
—Lo prometo... Cuenta de una vez.
—Después de la fiesta de su boda, Bard estaba un poco ebrio dijo que quería hablarme de algo importante, cuando estábamos solos en la habitación me abrazó... Empezó a decirme al oído que me quería, después me besó en la boca, nadie me había besado antes... Me dio vergüenza y lo empujé no tan fuerte, solo se estrelló contra la pared, estaba tan avergonzado pero corrí a ver si estaba bien...
—Que bueno que no fue muy fuerte porque ahora estaríamos enterrando al pobre cocinero. —Se le burlaba un poco el conde.
—Ah no... No diga eso joven amo... Yo no quiero lastimarlo... Me acerqué y se quejaba, no sé por qué pero lo besé a manera de disculpas, seguimos besándonos se sentía tan bien... Se sintió mejor cuando empezó a besar mi cuerpo cuando me quitó la ropa, él se quitó la ropa también y fuimos a la cama.
—Ya veo... ¿Siguieron haciendo cosas en la cama? —Cuestionó Ciel al notar como el rubio avergonzado se quedó callado.
—Si... Después él abrió mis piernas y puso su miembro en mi trasero... Se sintió tan bien... Nos moviamos mucho en la cama y hacíamos unos ruidos raros, después temblamos y algo salió de nuestras "cositas" se sintió mejor.
—Finny eso se llama tener sexo...
—¿Ah si? —Confundido Finny cuestionó.
—Entonces no entiendo porque dices que te da miedo hacer cosas de adultos si ya las hiciste y parece que ni te dolió.
Ahora el confundido era Ciel.
—Yo decía que me da miedo las cosas de adultos, como cuando meten un bebé dentro, así como Sebastian se lo puso a usted... Yo no quiero que Bard me meta un bebé ¿Cómo me lo va a meter? Eso me asusta.
El conde se echó a reír discretamente ante la inocencia de su joven sirviente que apenado le pedía que no se riera de sus dudas y temores. Sebastian desde una ventana observaba la escena aunque no entendía de que hablaban los dos jóvenes, se embelesaba al ver la hermosa sonrisa de su amado esposo.
Más tarde Ciel conversaba animado del asunto con Sebastian, aunque había prometido no hacerlo, lo hizo no podía ocultarle algo así a su burlón demonio.
—Ah, esos idiotas... Por eso me pareció raro ver a Bard todo golpeado. —Divertido Sebastian comentaba— Entonces querido ¿Quieres que te meta otro bebé? ¿O quieres que te meta otra cosa?
—No seas tonto... —Refutó con fingida molestia el conde mientras lo besaba dulcemente— Sebastian... No quería decir esto pero tengo miedo...
—¿De qué? Yo estoy a tu lado no debes tener miedo de nada. —Amoroso le decía mientras lo abrazaba conmovido por esa repentina declaración.
—Anoche en medio de ese dolor, sentí que moría... Si llego a morir teniendo a nuestro bebé promete no ponerte triste.
Sebastian solo al escucharlo e imaginar perderlo se estremecía a la vez que su mirada se tornaba llorosa.
—Tú no vas a morir nunca cariño... No lo permitiré.
La mirada del demonio destellaba en un brillo carmesí mientras sus labios rozaban en los de su amado al pronunciar esas palabras con certeza.
—Yo no pienso dejarte nunca ¿Y dejar a mi lindo perro sin su dueño? No seas melodramático...
Besando a su demonio lo calmaba, ¿Quién se hubiera imaginado que ese mismo demonio que años atrás solo quería consumir su alma ahora casi lloraba por imaginar perderlo? La vida daba giros extraños y le alegraba que Sebastian fuera uno de ellos, solo deseaba no morir pronto porque realmente su anhelo era pasar muchos años a su lado y criar a su hijo juntos, no cumplir ese anhelo era su mayor temor.
Muchas gracias por seguir atentos a esta historia...
