Nueva vida

Sebastian narra

Soy un demonio que para saciar su hambre se vio obligado a asumir el rol de mayordomo, la recompensa a ese esfuerzo era al final consumir el alma exquisita de mi joven amo, dulce criatura humana que terminó saciando más que mi hambre. Ahora con más roles sobre mi, los roles de esposo y padre que no había contemplado al principio me han sido añadidos sin darme cuenta.

El demonio que se enamoró de su presa ese soy yo, no recuerdo el momento preciso en que empecé a sentir algo diferente por el pequeño conde de alma rota ¿Cuándo la brecha entre el fastidio y fascinación se convirtió en obsesión? ¿Habrá sido cuándo empecé a percibir que tras esa máscara de soberbia una profunda tristeza y soledad se ocultaba? Percibir esa vulnerabilidad no bastó porque empezó a ser importante para mi, entonces creo que fue ahí cuando inició esta locura en mi oscuro corazón.

Le he preguntado a Ciel algunas veces si precisa el momento en que empezó a enamorarse, como es usual en él su respuesta es un refunfuño con un notable sonrojo en sus mejillas, un "No sé, idiota" es lo que un murmullo me dice la mayoría de las veces, aunque sospecho que tiene la respuesta pero le avergüenza decirla.

Me pregunto si él también en este proceso se dio cuenta de mi vulnerabilidad y se enamoró en esa brecha insconciente que creamos entre los dos. Quizás al principio de nuestra relación solo nos unió una imperiosa necesidad física, el placer que mutuamente nos regalamos en esas noches de pasión, esa atracción tan fuerte que se convirtió en el más sincero amor que entre un humano y un demonio pudiera existir.Sin embargo este hermoso sentimiento se convierte ahora en una abrumadora sensación que parece quitarme el aliento, no me gusta ver sufrir a mi dulce señor, al dueño de mi corazón, escucho sus quejidos y como de dolor se retuerce en la cama.

—Dame algo para el dolor o sacámelo de una vez, me duele mucho...

Es lo que Ciel me dice con la respiración agitada, el día que tanto esperaba y temía ha llegado finalmente, yo estaba como paralizado mientras todos en la mansión andaban alborotados sin saber que hacer, pues el pequeño amo está por nacer.

—Estamos preparando todo para que sea seguro para los dos. —Le hablo tratando de mantener la calma, estoy muy nervioso y trato de disimularlo— No quiero que nada malo les pase.

—Tranquilo, estaremos bien... —En medio de su dolor me calma mientras su mano acaricia mi rostro, seguramente mi mirada refleja miedo ¿Cómo no amarlo cuando es así conmigo? Nadie me ha tratado como si le importara, nunca nadie antes se había enamorado de mi, me siento afortunado y abrumado por este sentimiento— ¿Vas a llorar Sebastian?

Niego con la cabeza avergonzado desvío mi mirada llorosa.

—Ya te dije que no pienso morirme, además si ves a un shinigami merodeando por mi alma solo aléjalo. Mi alma es tuya... ¿Puedes hacer eso?

—Claro que podría pero no hablemos de eso ahora.

Él esboza una sonrisa parece burlarse al verme de este modo quizás porque nunca antes me había visto tan aterrado, la incertidumbre me mata ¿Si Ciel no soporta este parto? ¿Si ese niño para venir al mundo arrebata la vida de mi querido Ciel? Su sonrisa se borra por el dolor que nuevamente le invade.

—Esto duele mucho. —Entre quejidos me vuelve a decir, sé que le duele, sus ojitos llorosos y su sudor frío me lo advierten, mi mano acaricia su vientre para calmar al pequeño que parece desesperado por nacer.

—Pensar que en esta cama hace poco hacías sonidos de placer y ahora son de dolor.

—¿Se supone que eso me anime? Idiota.

—Se supone... —Susurré para robar un dulce beso de sus jadeantes labios, un beso que nos calmara a ambos porque estábamos nerviosos ante el pronto nacimiento de nuestro primogénito, podría decirse felizmente aterrados.

—Perdón por interrumpir, traje el agua caliente.

Agni decía al entrar con prisa a la habitación con un recipiente y toallas en manos. Nuestros labios sutiles se separaron, mi amado más adolorido se retorcía en la cama mientras preparábamos todo lo necesario para ese tan ansiado alumbramiento.

—Cariño... Ahora dormirás y cuando despiertes tendrás a nuestro hijo en brazos.

—¿O hija? ¿Si es niña no la querrás?

—No quise decir eso... Niña, niño o una mancha oscura lo amaré con mi vida.

—¿Una mancha oscura? Si fuera así yo lo amaré igual porque se parecería a ti —Ciel con una sonrisa cerraba los ojos lentamente a punto de caer en un profundo sueño acariciaba su vientre podía apostar que por primera vez tenía una ferviente esperanza, estaba aferrándose a la vida, a un futuro juntos los tres— Te amo Sebastian... Recuerda lo que prometiste.

Fueron sus palabras antes de caer en ese inducido profundo sueño apenas alcancé a decirle que lo amaba también, creo que no lo escuchó pero supongo que lo sabe. El señor Agni y yo estaríamos a cargo de esa improvisada cirugía, no había otra forma de sacar a ese inquieto bebé de su interior además no habría otro humano en quien pudiera confiar y me ayudará en esta importante labor.

—Señor Sebastian... ¿Cree que podrá cortarlo? Está temblando.

El mayordomo hindú me cuestionaba cuando con bisturí en mano me prestaba a cortar la suave piel de mi amado, con cualquier otro humano hubiera estado emocionado por cortar pero Ciel era diferente.

—Lo haré...

Con firmeza respondí, sacudiendo mis miedos me prestaba a sacar a mi bebé antes que se complique todo, Ciel tenía el semblante tranquilo algo opuesto a la sangre que de su interior emanaba, con mi mano enguantada en plástico buscaba la bolsita donde estaba nuestro hijo o hija. Agni trataba de contener de sangre, algo perturbadora la escena para marcar el inicio de una nueva vida.

Minutos después el llanto de un pequeño humano se escuchaba resonar en toda la habitación, todos afuera golpeaban la puerta para entrar a verlo, yo estaba embelesado mirando en mis brazos a mi primogénita. ¿Quién diría que concebimos una hermosa niña? Tenía los hermosos ojos de Ciel ¿Qué más hermosa podía ser?

—Señor Sebastian, ya terminé de coser la herida... Parece que todo resultó bien... —El hindú con una sonrisa me decía— El joven Ciel podría despertar en una hora, espero no le duela mucho.

—Señor Agni ¿No es la niña más linda que haya visto?

—Ciertamente es muy linda, no era menos de esperarse de una hija de ambos. Felicidades señor Sebastian...

Yo emocionado me acercaba a Ciel para mostrarle a nuestra bebé, no sabía si él me escuchaba o percibía nuestras presencias pero ahí estábamos a su lado.

—Gracias cariño por darme este regalo. —Susurré rozando mis labios en su oído para que me escuchara mejor mientras nuestra pequeña se retorcía en mis brazos parecía querer ir con su "madre" que dormía plácidamente.

—¡Owwwww que ternura!

Escuché el unísono grito emocionado de todos de repente interrumpiendo nuestra calma, atrevidos todos se colaron en la habitación de alguna manera, la verdad me sorprende que hayan demorado tanto en abrir una simple puerta. Se acercaron cuando la bebé estaba a un costado de Ciel, en una posición que parecía abrazarlo, debía admitir que era una escena llena de ternura.

—¿Es niño o niña? —Preguntó Soma emocionado con los ojos llenos de lágrimas.

—Es una niña...

—Aww —Todos se emocionaron ante la aclaración.

—¡Se parece a Ciel...! ¡Que emoción! ¡Le pondré los más hermosos vestidos que puede haber!

La señorita Elizabeth comentaba también llena de emoción, me alegraba que nuestra hija causara esa emoción en todos, ¿La hija de un demonio hacía feliz a unos humanos? Era un tanto irónico para mi. Todos comentaban animados sobre la bebé, lo hermosa y despierta que era a pesar de haber nacido unos minutos atrás, decían que en eso se parecía a mi y en el poco cabello negro que se le notaba.

Pasaron algunas horas ya todos se retiraron de la habitación, nuestra primera noche siendo familia nos sorprendió en la semioscura habitación, yo con la pequeña dormida en brazos a su lado en la cama con tristeza veía como él no despertaba. ¿Despertaría? ¿Este era el precio a pagar por ser el demonio que se enamoró de su presa?

Muchas gracias por estar al pendiente de esta historia,