Hola, espero estén teniendo un agradable día, noche o madrugada. Quiero mandar un fuerte abrazo en momentos como estos, por lo acontecido a nivel internacional, no es fácil saber lo que esta sucediendo, ni mucho menos enfrentarlo con cuarentena. Les mando harta energía, mucho ánimo, y decir que esto pasará.
También quiero agradecerles, porque llegamos a las 1.610 visitas, jamás pensé que, la historia tendría tanto aprecio, cariño y valoración por parte de ustedes, es un regalo muy grande para mí, y me anima demasiado.
El siguiente capitulo es el final.
Siento la demora.
Un abrazo fuerte queridos lectores, y harta fuerza.
Torment
Parte IX
—No, no quiero dejarte ir…
Decía en su mente mientras nadaba,sintiendo como su alma se desgarraba a medida que perdía de vista, en la profundidad dulce, los ojos azules que tanto amaba, y que, a medida que más se hundían, más brillo perdían, consecuencia de aquello, se cerraban lentamente, con el último brillo de vida en ellos, dejando de aferrarse al vivir, brotando a los confines oscuros y desolados.
La pelirroja por más que intentaba acercarse, le era imposible alcanzarla. Cuando estiró su mano, sus dedos, a milímetros, rozaron con los de la mujer que yacía con los ojos cerrados, aun cayendo al vacío. Anna sintió como la retuvieron unas cadenas, que provenían de la superficie, intentó deshacerse de ellas, tirándolas, pero no funcionó. Sus pulmones comenzaban a colapsar, a necesitar el principal elemento para funcionar, y en ese momento, cerró los ojos, sintiendo como la vida se le iba.
De un momento a otro, abrió sus orbes, decidida, y determinada, miró hacia arriba, para saber cuál era la raíz de las cadenas, debía volver a la superficie y arrancarlas, para volver por Elsa, debía hacerlo. Cuando comenzó a nadar contraria al cuerpo de la ojiazul, pudo escuchar ruidos sordos, y vio como dos especies de lo que parecían ser ojos rojos, se acercaban. En ese momento comprendió, el miedo que él imponía, jamás tomaría, nunca más el control de sus emociones. La cadena se rompió, dio la vuelta, dispuesta a encontrar a la mujer que la había ayudado a encaminar su luz.
Su cuerpo estaba frío, y tosiendo botaba el agua dulce. Cuando pudo abrir sus esmeraldas, cayó en cuenta que el ruido sordo, eran los golpes de Elsa que se estampaban con brutalidad en el rostro de Hans.
—¡Elsa, detente! —exclamó con desesperación, abrazándose a la espalda de la mujer rodeándole los brazos, ésta inmediatamente volteó, levantándose, y tomando ese rostro entre sus manos. Los azules, cuán cristal, rompieron en un llanto agónico.
—¡Estás viva!, ¡pensé que te perdería, Anna!
El llanto de Elsa, removía las entrañas de la pelirroja, triturándole el alma, más cuando esos ojos que tanto amaba los vio perdidos, pero retomaron el brillo al colisionar con los esmeraldas, como si ellos le compartieran la vida que necesitaban.
Anna, la abrazaba fuertemente, llorando junto a ella, el momento era íntimo, olvidando por completo que, yacían en medio de un peligro inminente.
—Te amo Anna —dijo mientras la otra le limpiaba las lágrimas que, como caudales recorrían sus mejillas.
—Elsa, no me digas eso, no ahora amor mío, por favor. —La tomó del rostro, besándole la frente—. V-, Dios mío, estás sangrando —acotó cuando se alejó, observando como brotaba sangre del hombro.
Sin esperar nada, Anna rasgó la tela de su playera manga larga, que tenía debajo de su suéter y chaqueta, vendó como pudo el hombro, parando la hemorragia, pero le preocupaba que cualquier tipo de movimiento, re-abriera la herida. Elsa solo veía la escena callada, aún no salía de esa fuerte emoción de que estuvo a punto de perderla, todo su cuerpo temblaba, su temperatura era deplorable, pero nada de eso tenía importancia si podía apreciar esos esmeraldas que tanto amaba.
Anna, acarició con cuidado las mejillas de Elsa, con las yemas de sus dedos, y ambas se olvidaron por completo de absolutamente todo lo que las rodeaba. Se sonrieron, pero todo quedó ahí, cuando de pronto Elsa cayó a un lado inconsciente, la culata del revolver había impactado en su cráneo con un ruido hueco, Anna solo sintió como caía al lado de la peli-nívea, mirando los ojos cerrados de ésta. Logró divisar como Hans tomaba el cuerpo de la bombera sin esfuerzo alguno, y la arrojaba al lado, y esa fue la última escena que vio cuando sus ojos se cerraron.
—o—
Sentía como el frío y la ventisca impactaban contra su empapado cuerpo, no quería abrir los ojos, no quería saber que Anna yacería muerta a su lado, o no estaría, no soportaría el hecho de volver a perderla.
Escuchaba pasos, pero no de una persona, ni si quiera eran pasos, era un galope suave y prolijo. Sentía como un calor extra se impregnaba en su torso, sus manos palparon con cuidado, topándose con suavidad.
De un momento a otro, su cuerpo fue depositado en la nieve con delicadeza, sus pesados ojos se abrieron con dificultad, su hombro dolía, quería rendirse, pero los esmeraldas le compartían fuerza. Lo único que podía divisar, era el cielo blanco, como si nada más existiera, tocó la nieve, y luego su hombro, aún tenía la herida junto al vendaje, estaba viva.
A duras penas, se incorporó, sentándose, y escuchó un relinchido fuerte, junto a un galope violento que se alejaba cada vez más, al igual que la ventisca, entonces Elsa sonrió, comprendiendo su encuentro, pero le impactó que al levantarse y ver que la ventisca seguía, pero no cerca de ella. Frunció el ceño, caminando mientras su mano estaba posicionada en su hombro, apretando con suavidad, para evitar que la herida se abriera.
Divisó con complejidad marcas de pisadas, y avanzó siguiéndolas hasta, que a lo lejos, en la cima de la montaña cubierta de nieve, una luz tenue. Apresuró el paso y la ventisca retornó con violencia, pero eso a Elsa no le importaba, encontraría a Anna sin importar nada, no la volvería a perder, no cuando esa mujer era su otra mitad, defendería ese sentimiento con su vida si ha de ser necesario.
—o—
—¿Sientes eso Anna?, nadie, jamás, podrá separarnos —susurró sonriendo, pasando el cañón del arma desde la sien hasta ponerlo en los labios pálidos de la pelirroja, que yacía frente a él con los ojos desorbitados, repitiendo una y otra vez en su cabeza la escena en donde Elsa era aventada al lago.
Volteó, mojó su rostro, para luego secarse con una toalla, y aún sonriendo, desató los amarres de las muñecas, dejándola libre y jalándola para sacarla del baño, la sentó en la cama de un empujón. La tomó de las mejillas con su mano, pasando su lengua por los labios de la mujer, que con repulsión intentó alejarse, pero un golpe la detuvo, abriendo una herida en su pómulo.
—Te quedarás quieta, y te desnudarás —dijo relamiendo sus labios cuando la sangre del pómulo fue capturada por su lengua—. Ahora —exigió.
La mujer se sobresaltó, el disparo se escuchó por la pequeña cabaña con fuerza, dejando un pequeño agujero en la pared. Con temor, Anna intentaba controlar sus emociones, luchaba porque el nudo en su garganta no se desatara, y sus ojos no soltaran lágrima alguna, pero el recuerdo de Elsa le exprimía el corazón, ¿había muerto?, no por favor, que no fuera así, y a quién pudiera oírla, le suplicaba ayuda divina, porque sería imposible que estuviera viva, no mentiría, no quería ser realista, pero con los golpes que recibió, el disparo, arrojada al lago, sumándole el clima y la geografía, era prácticamente imposible que sobreviviera o la encontraran.
Cerró fuertemente sus ojos, evitando cualquier mal pensamiento, debía ser fuerte, se lo había prometido.
—En la mochila, debajo de la cama, sacala, y comienza con el vestido rojo —dijo con serenidad, mientras encendía una radio que estaba encima de la chimenea.
Anna, relamió sus labios nerviosa, más cuando sacó 5 vestidos, y los puso en la cama, mirándolos horrorizada, llenos de sangre mezclados con el olor a muerte y perfume, la pelirroja sintió nauseas, su cuerpo entero rechazaba la idea de que las prendas la tocasen o rozasen.
La risa maquiavélica resonaba por la cabaña, la bestia la apuntaba riendo cuando la siguió al baño, mientras su cabeza yacía metida en el inodoro vomitando. Sentía como todo se revolvía dentro de su estomago, como de su garganta solo expulsaba el jugo amargo de su bilis, en ese momento cayó en cuenta que no era consciente del tiempo, no sabía en donde se encontraban, y lo único que podía hacer, era mantener la fe y esperanza, pero aquello no sería una tarea fácil, más cuando el dolor y el maltrato parecían infinitos, sumados a que el dolor humillante de sentir como la tomaban del cabello, y la arrojaban, siendo sus rodillas las principales víctimas para soportar la caída frente a la cama.
Los ojos deseosos de la bestia, observaban cada movimiento, hambrientos por crear más daño, y satisfechos por sentir el control.
—Levantate, y desnudate.
Su voz estaba cargada de lujuria y malicia, los oídos de Anna sabían distinguir a la perfección esos sentimientos, quería ser ajena a ellos, pero con solo volver a escucharlos, su cerebro le proyectaba su infierno, que creyó haber olvidado, pero jamás lo haría si ese hombre estaba suelto.
Temblando -no sabía si era por el frío o lo asustada que comenzaba a sentirse-, se disponía a despojarse de sus prendas, y a medida que las iba arrojando al suelo, comenzó a poner atención a lo que decían en la radio.
—Últimos minutos, se encontraron 5 cadáveres de mujeres, víctimas del violador serial red-hair, como lo apodaron los investigadores implicados en el caso. Se ganó su apodo por matar a una cantidad elevada de mujeres pelirrojas. A algunas las obligaba a utilizar peluca, se cree que ésta obsesión con el cabello rojo, se debe a su ex-esposa.
-Se cuenta, que marca a sus víctimas con un signo de Venus, formando con la barra horizontal del símbolo, un triángulo invertido en la parte inferior, encerrándolo en un círculo y tachándolo con una línea diagonal. Aquel símbolo, todas sus víctimas lo poseen, algunas fueron marcadas con navajas, otras, con una carimba que él mismo habría fabricado.
Las últimas 5 víctimas, nos cuenta la policía, que traían vestidos de los siguientes colores: Rojo, rosa pastel, azul, celeste y verde caqui, se informa ésto, ya que esas fueron las últimas prendas que sus familiares las vieron por últimavez, prendas que no se encuentran en los cuerpos de lasvíctimas.
Hacemos llegar esta información, con el fin de prevenir, estamos ante un hombre enfermo, despiadado, sin emociones, ni arrepen-
Las nauseas volvieron, pero esta vez las retuvo, tomó aire, e intentó relajarse, sus labios temblaban, se había enterado de más cosas aberrantes, y la culpa la dominó nuevamente, ¿merecía aquel castigo, por la muerte de esas mujeres?, ¿por su culpa las había matado?
—Hans Westergaard, es su nombre, y hace unos momentos detuvieron a su padre para interrogarlo. Su último paradero, fueen las afueras de Ahtohallan, en donde se rumorea que estaba su ex-esposa con su actual pareja, Elsa Leonhardt, de lo brigada de bomberos, se log-
—Jamás nos encontrarán, estamos en lo alto de una montaña inexplorada —dijo con confianza, disparando a la radio para que se callara.
La pelirroja, tragó en seco, y se despojó de su última prenda, quedando completamente desnuda, y en ese breve momento, sintió como las manos gruesas del hombre, recorrían sus hombros, hasta unirse a su cuello, lo único que hizo, fue cerrar sus ojos, e imaginar que Elsa la estaba tocando, con sus ásperas, pero delicadas caricias. Un jalón en su brazo la hizo perder esa pequeña sonrisa recordando a su amor, volviendo a la realidad.
—Eres preciosa —espetó soltando un suspiro de excitación que asqueó a la muchacha.
Ambas trenzas fueron liberadas, dejando el pelo caer sobre sus pechos, Anna solo cerró nuevamente sus ojos, pero una mano capturó con brusquedad sus mejillas.
—Mírate, mira lo preciosa que eres —dijo enojado, mirando los ojos de su víctima desde el espejo—. Anna, solo eres mía.
Acercó su nariz al pelo, oliéndolo, la muchacha con asco intentó alejarse, pero fue en vano, se sentía humillada viéndose al espejo desnuda, sintiendo como las manos pasaban por su cuerpo sin pudor, ni delicadeza, con brusquedad y sin atino, pero aquello era lo de menos cuando sintió la erección del hombre en su trasero, y el cañón del arma ir bajando por su abdomen, llegando a su monte, sus piernas flaqueaban, las lágrimas bajaban, y buscó en su interior la fuerza para voltear, empujar a esa bestia lejos, y correr hacia el baño.
Hans lleno de ira, y reprendiéndose a sí, se levantó del suelo, pero no tuvo en cuenta del sonido de algo cayéndose, ni tampoco de un ojo que había estado observando todo, gracias al mismo agujero que había hecho disparando, y su confianza le jugó en contra, porque Elsa entró a la cabaña cuando el hombre se levantó para perseguir a Anna, tomó lo que a Hans se le había caído, y con rapidez tecleó a emergencias.
Ajena a todo lo que acontecía, era Anna, que solo sabía que había atrasado su agonía encerrándose en el baño, se tomaba la cabeza entre las manos, mientras sollozaba con angustia, y en lo único que podía pensar, era en los momentos tan felices que pasó junto a Elsa, lo feliz que había sido, y lo amada que se había sentido junto a esa mujer, se aferraba a la esperanza, de que estuviera viva y repetía una y otra vez en voz alta, mientras se mecía en el suelo del baño: "Elsa, Elsa".
—¡Abre la maldita puerta, zorra! —vociferaba, pateando la madera que se interponía entre él y su víctima.
La ira que Elsa sintió al ver todo aquello, y no saber qué hacer, porque estaba desprotegida, sin armas, herida, debía pensar y ser inteligente, no poner en riesgo a Anna, pero ver todo lo que ese enfermo le hacía, solo alimentó su ira contra el desgraciado, tanto que no sentía el dolor de la bala por la adrenalina del momento, tiró el celular lejos, y divisó el pasillo que conducía a donde escuchaba los gritos.
Cegada con la cólera, se levantó, corrió por el pasillo, divisando al maldito al final de éste, entonces con todas sus fuerzas, y sin importarle nada, se estampó contra el hombre, haciendo que se golpeara la cabeza contra la pared, el arma cayó, y estuvo al alcance de Elsa, quien no dudó, y la tomó con dificultad, disparándole en ambos muslos, la bestia chilló.
—¡Hija de puta!, ¡deberías estar muerta!, ¡yo te maté!, ¡te lancé al lago! —gritaba con furia.
—¡Anna!, ¡abre rápido por favor! —decía desesperada, mientras movía la perilla, y cuando vio que por su brazo hasta su mano en donde tenía el pomo de la puerta escurría sangre, supo que su herida se había abierto, pero poco importo cuando esos esmeraldas brillaban vivos.
Ambas dejaron sus emociones de lado, Elsa tomó de la mano a la pelirroja, con rapidez cogió la chaqueta y pantalón de Anna que estaban en el suelo, dándoselos junto a las botas de nieve, ésta se vistió lo más rápido que pudo, y ambas salieron de la cabaña, más cuando escucharon disparos tras ellas, y a un Hans gritándoles furioso, no les sorprendería en lo más mínimo que ese monstruo pudiera caminar o cojear, por eso debían alejarse lo más rápido posible, para salvar sus vidas.
Corrieron cuesta abajo, refugiándose entre los árboles, adentrándose a el bosque que sería su mejor aliado.
—Ven —dijo la peli-nívea mientras empujaba a la pelirroja, para refugiarse en el grueso y ancho tronco de un árbol.
—Estás viva, estás viva —decía repitiendo, y tomando el rostro de la otra sonriente entre sus manos.
—Por favor, ya no llores más, estoy junto a ti mi amor —dijo calmándola, y estrechándola entre sus brazos con fuerza.
—Pensé que te perdería nuevamente —declaró sollozando.
—Mientras existas, yo estaré a tu lado. —Le dijo besándole la frente, y secando las lágrimas con su mano ilesa.
Sus labios se encontraron, en un beso corto y pequeño, más profundo y sentimental, quizás uno de despedida, no lo sabían, pero de lo que estaba completamente segura Anna, fue que Elsa no resistiría mucho cuando cayó a la nieve tiñéndola de rojo, con desesperación se agachó, y la tomó entre sus brazos, volviendo a romper a llorar.
—Elsa, y-yo…
—Shh, no, por favor, no —dijo con dificultad, estirando su mano hasta capturar la mejilla de la otra, y acariciarla con ternura, mientras la pelirroja besaba la palma y ponía su mano sobre la de la oji-azul—, no es tu culpa, nada, a-a veces nos t-tropezamos, en el camino correcto con gente sin alma —explicó con dificultad, queriendo quitar la culpa de esos ojos—, n-no cargues con las muertes del, no cargues con su culpa, tú solo has amado, no corrompas tu alma —sonrió, cerrando sus ojos.
—Jamás, jamás lo haré, pero por favor, te amo, no te vayas —decía llorando frenética, aferrándose al cuerpo de la bombera.
Anna, apretaba la herida para intentar detener el sangrado, se negaba a perder a aquella mujer que tenía en sus brazos, sería fuerte, por ella, por Elsa, por su amor. Sus lágrimas desesperadas bajaban al sentir que el pulso de su otra mitad, comenzaba a ser más débil, y junto a ello su vida lentamente se detenía, pero cuando escuchó las hélices, supo que todo acabaría.
—Resiste mi vida, la ayuda ya está aquí —dijo besando la frente de Elsa—, quédate conmigo, por favor —suplicaba sollozando, mientras sentía como la sangre caliente brotaba por su mano, deslizándose hasta teñir la nieve.
—Hans Westergaard, estás rodeado, retrocede, no se dudará en abrir fuego —decían desde el helicóptero.
Los vehículos de nieve, estaban subiendo a donde se encontraban, Anna los podía divisar, pero también sintió la voz de Hans muy cerca gritando, y asustada solo miró el rostro de Elsa para tranquilizarse.
—¡Todos morirán!
—¡No abran al fuego!, ¡repito!, ¡no abran al fuego!, ¡tiene un dispositi-
La explosión alertó a todos, una gran sacudida se percibió, y la pelirroja vio como los vehículos retrocedían, en ese momento cuando la tierra comenzó a temblar despiadadamente, supo que una avalancha se avecinaba. Con rapidez, divisó una gran roca, y apostó por ella, era su única opción, rápidamente empujó el cuerpo de Elsa hacía el improvisado refugio, y cuando estuvo a punto de llegar, observó a Hans corriendo hacia ellas, lo único que pudo hacer, fue llegar bajo la roca, y aferrarse a Elsa, cuando alzó su vista, vio el cañón del arma y los ojos desquiciados de Hans junto a esa sonrisa enferma, estaba perdida, lo sabía cuando el hombre estaba frente a ella, solo cerró los ojos, aferrándose al cuerpo de su amada, diciéndole su último: Te amo.
Pero ella no contaba, que, un relinchido violento resonó por todo el caos, como si proviniera de otra dimensión, y cuando abrió los ojos, frente a ella, pudo ver que en segundos la sonrisa de Hans desapareció, la avalancha lo alcanzó en un lugar que era imposible, y agradeció en silencio, que todo terminara, más cuando el helicóptero desplegó las camillas, junto a los paramédicos, y en ese momento, Anna sonrió, dejándose caer al lado del cuerpo de Elsa.
BlackStarr18
aaahh hasta que me puse al día, me gustaron los capítulos. Y este Hans, diablos, maldito psicópata. De alguna manera espero que reciba su merecido. La intensidad del capitulo solo me ha dejado con ganas de más. Ya quiero saber como sigue.
Respuesta: ¡Me alegro que te pusieras al día!, y no lo pude haber escrito mejor: Hans maldito psicópata. En el siguiente cap, veremos cuál fue su destino final. Gracias por comentar.
OBSIDEANFURY V2
dale duro Elsa, acaba con ese maldito desgraciado.
Maldición Anna no, por favor no.
no puedo creer que pasará eso estoy muerto de miedo
Respuesta: Ni yo puedo creer que sucediera, pero aquí la continuación. Gracias por comentar.
regnev
No necesito dormir, yo sólo necesito respuestas, y de poderse un final terrible para Hans, por en serio, dan ganas de verlo suplicar que lo maten de tanta tortura que le den en vida
Respuesta: Jajaja, gracias por tu entusiasmo por la historia, ya veremos el final de Hans, en el último capítulo. Gracias por comentar.
Chat'de'Lune
¡Nooo! Maldito guarro Hans... no puede salir victorioso. No ahora que poseen planes a futuro.
¿Cómo coño encontró a las chicas?
Saint Nokk, salva a Anna y Elsa... a el guarro de Hans, que muera ahogado o de un impacto balístico. ¡Amén!
En espera del milagro milagroso. Mientras námaste inmortales para ti.
P. D. Y sí, "bardo" es por Xena... mola leer historias de esas tías
Respuesta: En el siguiente cap, se explica cómo Hans las encontró, cuál es su destino final, etc. Gracias por comentar.
P.D: Es genial Xena, he leído pocas historias de ellas, pero tienes toda la razón, mola leer sobre ellas.
