Disclaimer: Shingeki no Kyojin así como sus personajes pertenecen a Hajime Isayama. Esta historia es para entretenimiento, sin fines de lucro. Agradecería que no copiaran ni re-subieran a cualquier otro sitio o plataforma sin mi consentimiento.
Advertencias: Esta historia contiene Riren (LevixEren) y avanzará de manera lenta aunque los capítulos puedan ser relativamente cortos. Uso de Ooc, Au, lenguaje soez, violencia y actividades ilegales. Recuerden, esto no es nada más que mera ficción, en ningún momento fomento o aliento la realización de cualquier comportamiento o actividades acá descritas. Posibles Spoilers, quiero advertir sobre esto, ya que sacaré personajes cuya aparición aún no se ven en el anime así como nombres de lugares/territorio, intentaré no comprometer detalles mismos de la trama original.
Beteo por: Rattation.
Después de tanto tiempo al fin el capítulo 27 :'3 (creo que 1 año :c no tengo excusas, bueno, sí, 1 y es la más importante, pero me ahorro la explicación para el final).
Estatus del fic y mis proyectos (ya que fracasé con los anuncios de wattpad):
*El capítulo 28: Sigue escrito en mi cuaderno jaja no he podido transcribirlo por mil y un razones.
*El capítulo 29: Esto será largo de explicar, así que va al final.
*Proyectos enfocados a SNK: Tengo dos en proceso, que a ninguno le estoy dando mucha atención. Logré pedir la comisión para el one-shot largo del que hablé en capítulos pasados, así que pronto estaré subiendo "Castillos de Arena" Me falta aplicar correcciones y bueno, tener la portada en mis manos. El proyecto para Navidad sigue en pie y será una serie de drabbles, lleva por nombre "1000 Years". Si todo sale bien, estaré subiéndolo en diciembre.
Capítulo 27
Muy temprano por la mañana, los tres jóvenes esperan impacientes en la bulliciosa terminal la hora de abordar el autobús con destino a Shiganshina. Eren da un gran bostezo antes de tratar de acomodarse en aquel incómodo asiento de plástico duro, no durmió casi nada la noche anterior y se siente agotado.
—¿Eren? —El aludido deja escapar un sonido gutural como respuesta—, ¿sabes? No estoy seguro de lo que estamos haciendo…
—Armin —interrumpe—, tú mismo te encargaste de revisar el celular y dijiste que no encontraste nada extraño, ¿Cuál es el problema?
—Sé lo que dije, pero no hablo del celular, sino de… —no puede completar la oración y lo único que hace es mirar fijamente la maleta de Eren.
—¡Ah! —El castaño comprende su expresión de inmediato—, es eso. De verdad lamento mi atrevimiento al rogarles que viajáramos en autobús. Ustedes saben que esta es la manera en la que hay pocas probabilidades de que la encuentren. Entiendo que tengan miedo, no están obligados a viajar conmigo, puedo cambiar el boleto y…
—No —Mikasa interviene con voz firme—, vinimos por ti y no vamos a separarnos.
—No se trata de amistad, sino de su seguridad. No quiero que se vean implicados en esto, por eso es mejor que viajemos por separado, así si la descubren yo sería el único culpable. —masculla con aire decidido
—Eren, lo lamento, no quería que malinterpretaras mi inquietud. Además, es la única evidencia que tienes. —el rubio espeta colocando una mano sobre su hombro. Ambos chicos se sonríen con gesto forzado.
—0—0—
—¿Te vas a quedar callado por siempre? —Annie se dirige a Zeke mientras intenta acomodar la almohada en la camilla.
El hombre hace algo inusual para su gusto, tiene las piernas sobre la charola baja de la mesa pasteur* y la cabeza recargada en el respaldo de la silla, inclinada hacia atrás lo suficiente como para sostener un libro abierto sobre su rostro. Sin decir nada, el rubio se despereza y entorna un poco los ojos al verla.
—¿Cómo está tu hombro? ¿Aún te duele? —masculla sin ánimo. Ella frunce el entrecejo molesta.
—¿Por qué mentiste en el informe? No entiendo tus razones para no delatarme.
Zeke guarda silencio y ambos intercambian miradas por un largo rato.
—¿Qué querías que hiciera? ¿Qué deliberadamente dijera que fuiste parte de la conspiración? —exclama con voz baja cuidando el no ser escuchado—. No solo te juzgarán por deserción, ¡te darán pena de muerte!
—La muerte es mejor que esto. —Eleva su brazo para mostrar la intravenosa.
—¡¿Acaso te volviste loca?! —alega con disgusto mientras se acerca a ella—. ¿Cómo puedes decir eso?
—Porque estoy harta. —sisea con un tono de voz cargado de odio.
—No te entiendo. Hace más de cuatro años que te conozco, te recuerdo cómo la recluta más comprometida en esta misión —deja escapar un suspiro tras ver a la joven desviar la mirada—. ¿Qué fue lo que pasó? Cuéntame, soy como tu hermano mayor. —Sonríe con aire cariñoso.
—Cometí un error… permití que le pusieras tus asquerosas manos encima a Eren. —ella espeta con repudio.
—¡Oh! —exclama turbado—. Es eso… no tenías alternativa, así que alégrate porque pudiste salvarle la vida. Claro, solo hasta que tengamos los resultados de sus exámenes. —dice esto con tono malicioso.
—¿Qué le harás entonces?
—Te aseguro que no lo voy a matar.
—0—0—
—¡Al fin llegamos! —Armin exclama con emoción al tiempo que estira su cuerpo.
—Sí. —Eren musita con tono seco. Admira con nostalgia el estado de su casa.
—Chicos, es bastante tarde, ¿Por qué no cenamos en mi casa? Pueden pasar la noche ahí, como en los viejos tiempos. —Mikasa intenta levantar el ánimo decaído de Eren.
—Lo siento, le prometí al abuelo que, sin importar la hora, llegaría hoy a casa. No quiero hacerlo esperar —el joven vuelve a cargar la mochila que dejó en la acera para después despedirse de sus amigos con un ademán—. Nos vemos más tarde.
Mikasa es la única que mira partir a su amigo, Eren permanece plantado en su sitio, observando fijamente un punto desconocido entre la oscuridad.
—¿Eren? —pregunta curiosa.
—Yo también tengo cosas que hacer en casa… —habla sin prestarle atención.
—Lo siento tanto —balbucea al borde de las lágrimas—. Yo lo sabía y no hice nada para protegerte o para salvarte. —La chica le sostiene con fuerza una mano.
—¿De qué hablas? —Confundido, arrebata su extremidad y se aleja un paso de ella.
—Todo esto es mi culpa —prosigue sin darle importancia a su acción—, si yo hubiera denunciado los abusos… —guarda silencio al ver el inexpresivo rostro del contrario.
—Nadie lo hubiera imaginado —dice con voz hastiada—, ni yo estoy seguro de todo lo que sé —guarda silencio al ver la luz del pórtico de a lado encenderse—. Ve a casa, tú mamá debe estar preocupada.
—Pero…
—Estaré aquí en la mañana. Hay muchas cosas que solucionar.
Avanza sin ningún remordimiento por dejar atrás a su amiga.
—
No le sorprendió encontrar la puerta sin llave, las cintas amarillas policiales le daban la seguridad de que dentro no faltaría nada.
Lo primero que ve al cruzar el umbral es el piso tapizado de periódico, lo escucha crujir bajo sus pies mientras camina rumbo a su habitación. La tenue luz del alumbrado público que se cuela por las ventanas, le permite admirar el deplorable aspecto de lo que alguna vez llamó hogar.
Dentro de su habitación todo luce igual a la última vez que estuvo ahí. Deja la maleta a un lado y se sienta en la orilla de la cama, una ligera capa de polvo se levanta por el movimiento, pero sin darle la más mínima importancia, se recuesta sobre aquel revoltijo de sábanas. Casi de inmediato se queda dormido.
—
—¡Eren! No salgas de aquí. —Una voz femenina le ordena a la vez que lo empuja con fuerza dentro de lo que parece un armario.
Todo se queda en silencio, los abrigos y vestidos que penden de las perchas sobre su cabeza, lo despeinan con su vaivén. Distingue un rayo de luz colarse por la puerta entreabierta, intrigado, se inclina hacia delante para echar un vistazo, apenas puede ver la espalda y el largo cabello castaño de aquella mujer. Un fuerte estruendo los sobresalta, la mayor retrocede justo antes de que la puerta de la habitación sea abierta con violencia.
La castaña pega la espalda en las puertas del armario cerrándolas por completo, él ya no puede ver nada más en aquella oscuridad, no obstante, escucha con claridad como la mujer solloza aterrada y los fuertes pasos de los intrusos que saquean cada cajón de los muebles.
—¡Dime dónde lo esconde! —La profunda voz de un hombre amenaza a la mayor.
—¡No sé de lo que están hablando! —grita alterada—, en la casa no guardamos dinero y no tengo joyas de valor.
—¡Esas mierdas no me interesan! —escucha cómo ella se queja al mismo tiempo que su cuerpo impacta contra el armario—. Dime dónde está el laboratorio… ¡¿Dónde guarda la formula el bastardo de tu esposo?!
—¡No tengo idea de lo que está hablando! —asegura entre lamentos.
El golpeteo se oye cada vez más cerca de él causando que su cuerpo tiemble aterrado, aguarda con la esperanza de no ser descubierto. Su instinto le exige escapar, pero dentro de aquel estrecho lugar, lo único que puede hacer es apoyar su espalda contra el fondo del armario. Con respiración agitada ruega que los lamentos y el alboroto terminen pronto.
—¡A un lado! —el hombre ordena con voz ruda.
—¡Es solo un armario! ¡No va a encontrar otra cosa que no sea ropa! —la mujer chilla desesperada.
El pequeño Eren percibe con claridad como aquel menudo cuerpo femenino se aferra a las puertas de madera para impedir que los invasores las abran. Mira en todas las direcciones que le son posibles dentro del reducido espacio. Su instinto le dice que tiene que salir de ahí cuanto antes, sin embargo, el terror que siente en ese momento le impide pensar con claridad y en su intento por esconderse aún más, solo logra tirarse encima la pila de cajas de zapatos que estaban a un costado. Se cubre la boca con ambas manos tras el estruendo para callar su agitada respiración mientras aguarda inmóvil que afuera nadie haya notado su presencia.
—¿Qué fue eso? —el hombre interroga rápidamente.
—¡Nada! ¡No fue nada! —la mujer responde histérica.
—¡Muévete!
Lo que siguió fue una serie de gritos y lo que él interpretó como una intensa lucha entre aquellas personas. No obstante, después de varios minutos, escuchó un golpe sordo sobre el piso de madera, seguido de algunos gemidos angustiantes y lastimeros por parte de la mujer.
—¡Ah! ¡Maldita perra! —el hombre bufa con rabia—. ¡Quítate de mi camino!
La detonación del arma lo sobresalta, y a pesar del alboroto, aún le es posible percibir con nitidez el quedo gimoteo de la mayor mientras se arrastra por el piso. En un par de pasos el hombre llega hasta las puertas de aquel armario.
Su corazón late tan fuerte que le duele el pecho, por algunos segundos su respiración se corta. Y aunque está temblando de terror, empuña sus manos con fuerza y frunce el entrecejo, no quiere quedarse ahí sin hacer nada.
—¡Mamá! —grita furioso al mismo tiempo que se abalanza con determinación contra el extraño en cuanto este abrió las puertas del armario.
Mas se lleva una sorpresa al poner un pie fuera de la oscuridad; acaba de descubrir que la habitación está vacía y muy ordenada. Los pájaros trinan en el árbol frente a la ventana y la luz del sol baña las rosas del florero sobre el buró.
—¿Eren, estás bien? Acabo de escuchar tus gritos —pregunta con voz dulce dejando el cesto de la ropa sucia en el suelo—. ¿Eren?
—¡Mamá! —Corre para abrazarse a su pierna.
—¡Oh! —Carla exclama al tiempo que se balancea para no perder el equilibrio.
—¡Te extrañé tanto! —balbucea entre sollozos—. ¿Dónde estabas?
—¿Qué te ocurre? —interroga con aire divertido—, solo fui al jardín a tender la ropa limpia.
—No vuelvas a dejarme… —suplica en un llanto más intenso.
—Claro que no, mi pequeño. Nunca voy a dejarte. —dice con voz enternecida.
Su madre acaricia su cabeza, enreda sus delgados dedos en pequeños mechones y tararea una dulce melodía. Su cálido tacto lo reconforta, desea quedarse así por siempre.
De pronto, un fuerte tirón en su brazo lo sobresalta. No está seguro en dónde se encuentra ya que, al abrir los ojos lo único que distingue en aquella oscuridad es una luz mortecina detrás de lo que parecen estantes.
Intenta incorporarse, pero está inmovilizado en aquella mesa de metal*. Su ropa ha desaparecido y tirita debido al frío. En aquella habitación se pueden escuchar susurros provenir de alguna parte, estos le erizan los vellos del cuerpo y lo ponen tan tenso como para mover las muñecas con ansiedad en busca de liberarse de aquellas ataduras.
—Día n. Prueba regenerativa… —Capta una voz familiar.
El chirrido que hizo el banquillo de metal cuando el contrario se levantó provocó que su corazón se acelerara.
—Bueno... Eren, también mediré tu tolerancia al dolor. Quiero saber como se comportarán tus células óseas. Vas a estar bien.
Acerca la mesa de pasteur y los utensilios médicos tintinean dentro de la charola metálica. Aquel hombre no pierde el tiempo, una vez que se posiciona a su lado saca un bisturí y enciende la lámpara quirúrgica que se encuentra sobre su cabeza. La intensa luz directa al rostro de Eren lo ciega por algunos minutos y lo imposibilita seguir los movimientos del mayor con los ojos.
El extraño continúa el procedimiento sosteniendo con firmeza la mano del niño, este finalmente vislumbra el destello del bisturí cuando corta su carne; no logra sentir dolor de inmediato, sin embargo, la sensación de como escurre su sangre por el dorso y la palma de su extremidad, es clara. Fue el ensordecedor sonido de la sierra quirúrgica lo que lo exaltó, ya sabe cuál será el siguiente paso.
—No, no, no —repite entre sollozos. Cuando el hombre se inclina aún más sobre él, los cristales de sus gafas reflejan la luz y es así como lo reconoce—. ¡Por favor, no…! Seré bueno, lo juro. ¡Papá, por favor! —implora en alaridos mientras la herramienta corta su falange*.
El agudo dolor recorre cada parte de su cuerpo, a pesar de ello, ni sus gritos ni sus súplicas logran doblegar al mayor. Grisha solo se detiene en cuanto termina aquella operación y lo observa con semblante adusto.
Su pequeño cuerpo tiembla descontrolado, de su boca escapan quedos gemidos lastimeros mientras aprieta con fuerza su mandíbula tratando de soportar el dolor. Su visión se empaña con sus lágrimas y de a poco se oscurece. Lo último que escucha antes de dejarse arrastrar por la inconsciencia, es el ruido que hacen los instrumentos quirúrgicos al ser devueltos a la charola de metal.
—
—¡Ah! —el grito que dejó escapar cuando cayó al piso lo espabila.
Mira confundido y aterrado a todos lados en su habitación mientras se toca con desespero el torso en busca de las correas que lo apresaban e inmovilizaban hace unos segundos.
—Es hora de levantarse, bebé.
Oye el dulce timbre de voz de su madre y la estela de su perfume impregna la estancia. El castaño gira la cabeza con rapidez hacia la dirección de donde creyó que provino su voz, solo para llevarse la sorpresa de que en el umbral no hay nadie.
—Tranquilo, Eren, no pierdas la cabeza —trata de calmarse a sí mismo—. Nos levantaremos, bajaremos a la sala y comenzaremos con la limpieza. Eso será suficiente para despejar tu mente. Todo está bien.
—0—0—
Con tacto meticuloso coloca el último árbol a escala dentro de la jardinera al frente del edificio, después, se para erguido para admirar con los brazos cruzados su maqueta. Tras varios minutos de contemplación, resopla con hastío, es uno de los peores trabajos que ha hecho, ni siquiera sus primeros modelos tuvieron ese mediocre nivel de calidad. Sin embargo, ya no le queda más tiempo, así que prefiere que rechacen su proyecto a tener que cancelarlo él.
Se deja caer sobre su silla tras el escritorio y masajea sus sienes concentrándose en la melodía de Gymnopédie No.1*. Tiene aquella jaqueca recurrente que sufre cuando piensa demasiado y, es que no deja de darle vueltas al mismo asunto que lo ha atormentado durante los últimos días. ¿Qué obtuvo por aquella estúpida misión? Perdió algunos subordinados y a dos de sus mejores elementos; ya que Isabel sigue en ese estado debilitante, entretanto que muchos de sus exámenes físicos no son concluyentes, Farlan se niega a alejarse de ella por temor a perderla. La cereza del pastel es, que tampoco lo tiene a "él".
Como es de esperarse, sabe dónde se encuentra el causante de su malestar. Secretamente agradece que no haya dado indicios de cumplir sus amenazas, porque de lo contrario, tendría a Hanji encima exigiendo su cabeza de inmediato. Ya decidió proceder con cautela para no darle motivos que levanten aún más aquellas sospechas, después de todo, Eren tiene demasiadas pruebas para culparlo y lo que menos quiere es tentar a su suerte.
—¿Levi? —Petra habla con voz ronca en cuanto asoma por el umbral. Tiene los ojos rojos y cristalinos, se ha convertido en un manojo de sentimientos, llorando en cualquier oportunidad—. ¿Has visto a Cheese? —Frunce el ceño molesta al ver al hombre hacer una mueca de hastío—. ¡Oh! ¡Claro! ¿Por qué sabrías dónde está? Es la segunda cosa en esta casa que no te interesa. —La mujer reprocha con voz ruda antes de cerrar con un fuerte golpe la puerta del estudio.
Levi suspira con cansancio, no está seguro desde hace cuánto ella se convirtió en su verdugo. Petra se encarga de recordarle que Eren no está en casa cada dos por tres, está muy consciente que lo culpa por su partida y la poca iniciativa que tiene en buscarlo para traerlo de vuelta.
Su mano mueve el mouse para encender la pantalla de su computador, quiere olvidarse de Petra sumergiéndose en trabajo. Está seguro que aquella perderá horas buscando al gato en cada rincón de la casa. Al cabo de un rato, su concentración se ve interrumpida cuando la pila de planos que dejó en un rincón cae al suelo, observa por unos minutos a la nada.
—¿Qué mierda? —gruñe negando el estar volviéndose loco.
De inmediato corre su silla hacia atrás luego de sentir que algo rozó su pierna, mira hacia abajo llevándose una gran sorpresa: el gato está sentado bajo el escritorio devolviéndole la mirada. El animal maúlla un par de veces antes de ponerse de pie y caminar tranquilamente en su dirección.
El instinto natural de Levi es apartarse, pero, tras la curiosa insistencia de aquel pequeño ser, decide volver a alargar su pierna y permanecer inmóvil.
—¿Qué mierda ocurre contigo? —farfulla mientras observa con semblante incrédulo su extraño comportamiento, este se frota y ronronea por toda la extensión de su extremidad. El animal se detiene un momento y maúlla como si respondiera—. Mierda.
El hombre suspira profundo antes de volver a concentrarse en la pantalla de su ordenador. Fastidiado por ese extraño contacto, aleja al gato con un leve empujón de su pie. Sonríe para sí mismo al ver que este entendió su mensaje y emprendió la huida.
Un par de minutos después, Cheese salta sobre el escritorio; luego de relamerse los bigotes y limpiar su rostro con sus patas, se queda muy quieto mirando fijamente al hombre con esos grandes y hermosos ojos. A Levi no le importa, siempre y cuando se mantenga alejado de sus asuntos, le daba igual lo que hiciera; de algún modo se acostumbró a su presencia a pesar de su desagrado mutuo. Ninguno de los dos disimulaba aquellas miradas cargadas de intenciones asesinas cada que se cruzaban en el camino.
El gato tampoco parece reparar en las acciones del mayor, se acicala su pelaje con extrema calma. De pronto, un movimiento brusco de su mano provoca que el animal se ponga alerta y, con esos agudos ojos, sigue el desliz del mouse. Finalmente, el gato se levanta y se acerca con cautela, primero olisquea sus dedos y después sube un poco por su brazo antes de regresar hasta sus nudillos, Levi no se nota renuente ante el acto.
En aquella extraña escena, lo increíble sucedió: Cheese toma la iniciativa de lamer el dorso de su mano a la vez que ronronea. El hombre lo observa con seriedad, le desagrada la sensación calidad y rasposa de aquella lengua, sin embargo, no encuentra motivos para apartar su extremidad. Al contrario, se aventura a acariciarle la cabeza con la mano libre.
Sus delgados y blancos dedos se mueven con delicadeza detrás de sus orejas y su frente hasta bajar a sus mejillas y el mentón.
—¿Te gusta, no? —murmura complacido.
Es la primera vez que ambos comparten esa intimidad. Su suave tacto provoca que Cheese termine recostado sobre el teclado en completo estado relajado. Al notar su disposición, Levi aprovecha para llevar sus mimos por el lomo y el largo de su cola, este la menea con movimientos delicados y a pesar de que parece desagradarle se coloca panza arriba.
El hombre sonríe de medio lado muy satisfecho con su reacción y, sin dudarlo, pone su mano sobre su mullida barriga, sus dedos se hunden en el largo pelaje dorado. Luego de varios minutos, el gato abre los ojos solo para aprisionar el brazo de Levi entre sus garras y dientes mientras gruñe bajito.
—¡Ah! —exclama al sentir como atraviesan su piel—. Suéltame, animal de mierda. —escupe con voz ronca sin mover su extremidad.
Eventualmente, sin maldecir más de la cuenta ni luchar, Cheese lo libera alejándose varios pasos de él. Ninguna de sus heridas es seria, ni siquiera sangran demasiado. El animal se sacude un poco y vuelve a acicalarse con fervor.
La mirada de Levi va de su mano al gato; la verdad es que no sabe cómo reaccionar ante la tranquilidad de Cheese, quien lo observa con sus grandes ojos verdes*. La criatura maúlla una última vez antes de estirar su cuerpo y saltar del escritorio para salir por el mismo lugar por el que entró.
Y de pronto, al quedarse completamente solo en el estudio, tiene una sensación de déjà vu* ante esa situación. No puede evitar pensar que aquel pequeño ser es muy similar a "él": el color de pelo, aquellos grandes y penetrantes ojos en los que podría perderse por horas y sobretodo, ese carácter y su extraña forma de actuar en la que solo obtiene migas de afecto y rasguños. Todo, incluso ese maldito gato, le recuerda a Eren.
—¿Levi? —Petra irrumpe de nuevo en la estancia. Procede con cautela al ver la furia reflejada en su rostro—. ¿Qué te sucedió? —pregunta tras descubrir las heridas en su brazo.
—El gato de mierda está en el jardín, salió por la puerta de cristal. —habla con voz ruda mientras descuelga su chaqueta del respaldo de la silla.
—¡Oh! Cuanto lo siento, la próxima vez le pondré más atención. —Se disculpa con voz quebrada.
—Da igual. Estaré fuera de la ciudad, hazte cargo de todo.
—0—0—
—Es una linda mañana, ¿no lo creen? —Mikasa pregunta al mismo tiempo que abre las ventanas de la sala.
Armin aparta la mirada de ella para centrar su atención en la reacción de Eren, sin embargo, el castaño permanece en el sofá, inmóvil y callado.
—Parece que no dormiste bien, ¿volviste a tener pesadillas anoche? —el rubio interroga con un tono de voz inseguro y tras varios minutos de no recibir respuesta, opta por tocar el hombro del contrario para captar su atención—. ¿Eren?
—El emparedado está bien, gracias. —aquel espeta distraído. Sus amigos intercambian miradas de preocupación—. ¿Qué les pasa? ¿Acaso dije algo malo? No está mal comer un emparedado en el desayuno, ¿o sí?
—No, no, claro que no está mal —la joven se apresura a responder fingiendo restarle importancia al tema—, si es lo que te apetece te prepararé uno.
—¡Mhg! —protesta con un sonido gutural—. Pensé que habían venido porque querían llevarme a comer fuera —observa la angustia en los chicos—. ¿No están aquí para eso? En ese caso lo haré yo.
Se levanta y en silencio se dirige hasta la cocina con aire ensimismado.
—¡Dile algo! —Mikasa susurra exaltada.
Armin hace una mueca a modo de respuesta indicándole que aguarde. Ambos jóvenes acompañan al castaño, el cual se encuentra con la mirada perdida en dirección a la sala de estar mientras pasa una y otra vez el cuchillo de mantequilla por una rebanada de pan.
—¿Les preparo uno? —dice en automático sin mirarlos.
Tras colocar su emparedado, casi vacío, en un plato hondo y meter el pan junto al frasco de mayonesa dentro del refrigerador, Mikasa no lo soporta más y le da un fuerte codazo en las costillas a Armin.
—Eren, la verdad es que no vinimos por esto… —masculla vacilante al tiempo que masajea su costado.
—Estamos muy preocupados por ti. —La joven se apresura a completar el argumento.
—¿Por mí? Estoy muy bien, en serio. —afirma con una sonrisa antes de tomar asiento en una silla del comedor donde puede ver fácilmente la chimenea de la sala.
Sus amigos lo imitan y se quedan junto a él en la mesa observándolo por varios minutos.
—Nos damos cuenta que físicamente estás muy bien —Mikasa rompe el incómodo silencio—, lo que nos inquieta es tu estado emocional y mental.
Eren la mira sin expresión alguna en el rostro, mastica muy despacio y después de una larga pausa regresa la vista a la misma pared en la habitación contigua.
—Estoy bien. —frasea con desinterés ante sus expectantes acompañantes.
—No lo parece —Armin contradice con voz severa—. Entendemos que hayas pasado por una situación difícil, por eso nos preocupa que desde hace varias semanas no quieras ni tengas la intensión de salir de casa.
—Así es, Eren. Creemos oportuno que es hora de que busques ayuda profesional —hace una pausa vacilante—. Quiero decir, a ninguno de los dos nos pesa seguir ayudándote, lo que nos alarma es tu falta de interés. Ya perdiste el año escolar ¡y no te importa! —exclama con un deje de molestia en la voz.
—¿Ya pensaste qué vas a hacer? ¿Conseguirás un trabajo? —El rubio no puede ver su expresión desde su ángulo—. Lo que más nos inquieta es que no has contactado al comandante Erwin, ¿acaso ya no piensas hacer la denuncia?
—Pese a que yo no le tengo ni una pizca de confianza a ese tipo, lo que pasó no puede quedar impune. Tu padre y Levi Ackerman tienen que pagar, ¡tienes que hacer justicia! —La joven golpea con ímpetu la mesa con su puño.
—¿Estás escuchando, Eren? —Armin vuelve a tocarle el hombro al percatarse que el contrario está absorto en otro mundo—. ¿Eren?
—¡Eso es! —Repentinamente el castaño eleva la voz al mismo tiempo que se pone de pie—. Yo estaba ahí —regresa a la sala señalando con el índice la mesita de café—. Era de noche… ¡Sí! Todo estaba oscuro… ¡No! Había luz, era cálida... era el fuego de la chimenea. —alega de forma confusa y exagerada.
—¿De qué hablas? —su amigo pregunta con evidente nerviosismo.
—Yo sostenía a Fonejo en brazos y lo arrojó al fuego —sus ojos bicolor se posan en el interior de la chimenea—, ¡el maldito lo arrojó al fuego! —grita alterado. Toma un poco de aliento antes de proseguir—. Me dijo que su nombre era tabú*, ¡que lo olvidara! ¡Que olvidara todo! —brama furioso.
—Eren… nos estás asustando. —Mikasa lo mira recelosa desde la distancia.
El castaño se lleva las manos al pecho y deja escapar un gemido lastimero. Armin corre hasta él y le palmea con suavidad la espalda como un gesto para tranquilizarlo.
—Eren, mejor toma asiento, así podrías contarnos lo que pasa, ¿estás de acuerdo? —el chico masculla con voz serena.
—¡No! —Se aleja de aquella muestra de afecto—. Ustedes no van a entenderlo… el dolor que siento en mi cuerpo es insoportable —se abraza a sí mismo apretando con fuerza los dientes—. Él la mató, lo sé, fue él. —Algunas lágrimas ruedan por sus mejillas.
—¿Hablas de Levi? —Mikasa pregunta vacilante.
—¡No! —contradice con fervor—. ¡No lo sé! —Los mira abrumado para después cubrir sus oídos con la intensión de bloquear todo el sonido—. ¡Tiene que estar ahí! —Su grito fue repentino antes de salir apresurado de la casa.
—¡Eren, espera! —ambos lo llaman al unísono yendo tras de él.
Los tres cruzan por el empedrado del jardín hasta llegar a la trampilla del sótano* donde ahora solo hay cachivaches y herramientas. Eren baja los escalones casi corriendo, tan pronto como entra enciende la luz para escudriñar en cada rincón del cuarto.
—No lo entiendo, tiene que estar aquí. —El castaño arroja furioso una caja al piso.
—Eren, mejor regresemos… —La joven se acerca con cautela hasta él y toca suavemente su brazo.
—¡No! ¡Estaba aquí, lo juro! —Zarandea los estantes para despegarlos* del piso y poder moverlos con mayor facilidad—, esto es más grande de lo que aparenta. He estado aquí, ¡lo sé!
—Eren —Armin dice en un hilo de voz—, Mikasa tiene razón, regresemos.
—¡Armin! —Su amigo lo mira con ojos suplicantes sin poder pronunciar palabras.
—Te creo, ¿bien? Pero es mejor regresar a la casa —le sonríe con franqueza—. Más tarde te ayudaremos a buscar, ¿de acuerdo?
—¿Hablas en serio? —susurra esperanzado
—Por supuesto, nunca te he mentido.
El rubio lo empuja gentilmente por la espalda hasta sacarlo de aquel lugar para dirigirlo de vuelta a su dormitorio. Mikasa se adelanta hasta el cuarto de baño mientras que Armin ayuda a Eren a sentarse sobre la cama.
—Descansa un poco… —sugiere inseguro.
—No estoy cansado. —responde con tono hosco.
—Quizás esto te ayude —la chica entra en la habitación con semblante abatido, en una mano tiene una tira de pastillas y en la otra un vaso de agua—. Tómalas todas, te sentirás mejor cuando despiertes.
—No lo creo. —Eren afirma escueto.
—Nos quedaremos aquí y más tarde te ayudaremos a buscar con más calma. —Armin asegura persuasivo.
Eren saca con dedos temblorosos una a una las pastillas y observa por unos segundos el montón blanco en su palma acunada. Suspira profundo antes de engullirlas todas de una sola vez y beber hasta la última gota de agua.
—Estaremos abajo. —Mikasa habla al mismo tiempo que lo ayuda a recostarse. Arroparlo es una vieja costumbre que se quedó muy arraigada en ella.
El castaño tiene sus ojos fijos en sus amigos, no obstante, en su rostro no hay expresión alguna. Mikasa le sonríe con calidez antes de cerrar la puerta tras de sí. Ambos chicos bajan con pesadez hasta la sala de estar, ninguno pronuncia algo al respecto, solo toman asiento en el sofá frente al televisor.
—El efecto de las pastillas no durará más de dos horas en Eren. —Armin rompe el silencio con voz seria.
—No se me ocurrió otra cosa, ¿no lo viste? Estaba demasiado alterado. —dice con angustia mirando muy atenta en dirección a la planta alta.
—Eren no ha hablado abiertamente con nosotros sobre lo que pasó estos meses que no estuvimos en contacto. Siento como si se tratara de otra persona, está muy disperso y habla de cosas muy extrañas —el rubio guarda silencio meditando durante varios minutos—. No, esto ya pasó antes, ¿recuerdas? De niño solía tener varias crisis similares a esta y se volvían más intensas durante los días de tormenta.
—Cómo olvidarlo. Lo más difícil para mí, fue su etapa de terror nocturno*. Le tenía tanto miedo que, durante el día no me atrevía a jugar con él… incluso ahora me sigue poniendo nerviosa —habla con un poco de vergüenza abrazándose a sí misma.
—En aquel entonces mencionaba cosas muy al azar… no quiero decir que ahora sus disparates tengan sentido, pero me parece más contundente —Armin sonríe irónico—. ¡Qué digo! No puedo recordar ni la mitad de lo que él hablaba.
—Lo único que recuerdo con claridad era cuando su padre lo tomaba en brazos, se lo llevaba a casa y cuando regresaban, Eren no volvía a hablar de nada de lo que había pasado. Eso ahora me parece muy sospechoso.
—Estamos en una situación bastante seria, tanto que nos supera. Nosotros dos no podemos ayudarlo.
—Ten confianza, estoy segura que se nos ocurrirá algo qué hacer.
—0—0—
Levi estaciona su auto frente al garaje, en sus planes no está pasar más de dos horas en Yarckel. Al llegar a la entrada principal no duda ni un segundo en descorrer el cerrojo de la puerta para adentrarse en completo silencio en la casa; todo está tal como le gusta, ordenando y limpio. Sube con aplomo por las escaleras hasta el dormitorio que alguna vez le perteneció a su madre.
El hombre se queda parado en el umbral, observa por algunos minutos el interior de la habitación. Las delgadas cortinas dejan pasar los rayos del sol sin problemas y, el hecho de que las ventanas se mantengan cerradas hace que la aromática fragancia de las fresias frescas impregne la estancia.
Toma asiento sobre la mullida cama mientras admira su reflejo en el espejo del tocador. Desde hace varios años la casa de su madre se convirtió en su refugio personal, un escape a la realidad cuando siente que ya no puede más. De alguna forma encuentra consuelo entre aquellas pertenencias ajenas que aún se niega a tirar.
Se vuelve a poner en pie y con pesadez se acerca hasta el armario. En cuanto desliza las puertas de madera extiende sus dedos para tocar con delicadeza cada uno de los vaporosos vestidos que alguna vez le vio usar a Kuchel. Inhala profundo y, como es de esperarse, su fragante perfume se ha esfumado.
Después de centrar su atención en la ropa de su madre, se inclina para arrastrar un baúl de madera hasta la alfombra. Con el índice recorre el grabado del cerrojo antes de presionarlo para abrirlo, adentro aún guarda varias cosas personales de su infancia, como su ropa de bebé, mantas tejidas a mano y algunas fotografías familiares que quedaron intactas.
Sin embargo, un sobre blanco destaca entre aquella metódica organización, está muy seguro de que no le pertenece y que no lo dejó olvidado la última vez que escudriñó el baúl. Con curiosidad decide tomarlo entre sus manos para averiguar de qué se trata; lo único que tiene escrito es su nombre al reverso, y eso lo vuelve más extraño, porque solo personal de confianza accede a la casa bajo la orden estricta de no tocar ese arcón, así que eso le da la certeza que ninguno de ellos pudo haberlo puesto ahí.
—No. —musita enseriando su semblante al sospechar la identidad del remitente.
Con dedos ágiles saca la carta solo para confirmar que fue escrita en puño y letra por Kenny. Arruga el trozo de papel con rabia, aunque después de un par de segundos decide alisarla para poder leerla.
"Para mi querido sobrino, Levi."
Sonríe de medio lado tras notar cierto sarcasmo en aquellas palabras.
"Ojalá pudiera justificar todas mis acciones, pero no pretendo redimir mis pecados en un simple trozo de papel.
No hay nada de tu pasado que yo no te haya revelado y nada en mi futuro que debas saber; me siento conforme con que creas que soy una mierda, después de todo, no voy a cambiar.
Lo correcto hubiera sido que te enfrentara, pero te conozco, me habrías volado los sesos antes de que te explicara algo de suma importancia; aprecia mi sensatez, porque es importante.
Grisha Jeager me traicionó, sin embargo, no he descubierto de qué lado está jugando. Estoy seguro que no lo vas a recordar, te conozco, y sé que cuando algo realmente te daña, retendrás hasta el más ínfimo detalle, por el contrario, si no es de tu interés lo considerarás una total perdida de tiempo, tal como crees que son la mayoría de mis negocios.
No te culpo, en aquel tiempo mi hermana era la mayor de tus preocupaciones, tu prioridad. No obstante, tienes que saber que ese fatídico día se convirtió en un doble ataque. Nos tendieron una trampa para obtener una formula que el Dr. Jeager creó para mí, cosas de mi juventud. Por fortuna para nosotros, estoy seguro de que lo que buscaban ya no era tangible y que todo debe girar en torno a Eren, su pequeño hijo; tú mejor que nadie sabe que mi instinto nunca falla.
Si no es demasiado tarde, búscalo y no lo dejes ir, ese niño es más nuestro que de su padre. Si te parece bien, mátalo, si la formula no es nuestra, no será de nadie más. Tampoco se la confíes a Uri Reiss.
Una cosa más, quiero que sepas que lamento demasiado lo que pasó con Kuchel y siento haber desaparecido cuando le llegó la hora.
Posdata: No te molestes en buscarme, aunque claro, no es que te importe desenterrar el pasado. No necesitas perdonarme, no nos debemos nada"
Levi mira estupefacto aquella hoja de papel. Le da la vuelta en busca de una pista que le indique que lo que leyó se trata de una broma de mal gusto, pero, no hay nada más. Después de un rato en absoluto silencio, deja escapar una sutil carcajada debido a que la situación le parece muy absurda, ¿de qué se trataba, de una película de súper héroes?
—Que buen chiste, viejo. —murmura haciendo una bola la carta para arrojarla muy lejos de él.
De pronto, a su mente llega el recuerdo del último trato que hizo con Grisha. El hombre le suplicó tomar a Eren como moneda de cambio, le aseguró que era más valioso de lo que se podría imaginar y, a la vez le dejó bien en claro que el joven era prescindible. No comprende el porqué sortear para bien o para mal el destino de su propio hijo y al mismo tiempo empeñarse en que su palabra era de fiar.
—El maletín.
Abruptamente devuelve el baúl a su preciado lugar, rescata la carta arrugada que quedó en el rincón y baja apresurado por las escaleras, mientras que se maldice mentalmente por no haberle dado importancia a ese detalle durante la transacción con Grisha. Hasta ese momento creía que era un objeto cualquiera, que su contenido tenía dinero, cosa que no necesita.
—0—
Petra está en la cocina cortando los vegetales para preparar el platillo de la débil Isabel; da la impresión que desde que Eren ya no está en la casa centra sus atenciones en la pelirroja, mas no es el caso, a ella siempre le ha gustado servir a sus compañeros y seres queridos. Y que Isabel se encuentre en cama, se le hace la excusa perfecta para mimarla porque, ahora que es mayor, aquella no se lo permitía más. Obviamente, le preocupa su estado de salud y desea su pronta recuperación.
Sumergida en sus pensamientos, siente vibrar su celular dentro del delantal, pretende dejarlo pasar, pues no tiene ánimos de charlar, no obstante, tras la insistencia de quien fuera que estuviera llamando, decide atender de mala gana.
—¿Señorita Ral?
Escucha una voz trémula al otro lado de la línea.
—¿Quién habla?
—¡Ah! Soy Armin, el amigo de Eren,¿me recuerda?—La mujer aguarda en la línea, cree que es muy pronto para ilusionarse—, necesitamos de su ayuda, ¿será que podamos hablar con Ryven o Levi, o cómo quiera que se llame? —pronuncia su nombre con timbre despectivo, se nota que para él es un tema muy delicado.
Sus palabras no la toman por sorpresa, era de esperarse que el castaño les contara todo sobre lo que pasó durante esos meses. La llena de tranquilidad saber que se encuentra en un lugar seguro y que siga en contacto con sus amigos. Ahora, lo que no le gusta para nada, es el hecho que aquellos necesitaran de su ayuda, después de las duras amenazas de Eren, bien podría tratarse de otra trampa.
—Mi jefe no se encuentra en casa, lo pondré al tanto cuando lo vea. —dice con seriedad. Ella también debe actuar con precaución.
—Por favor, es importante.
El chico corta la llamada sin esperar alguna confirmación. ¿De qué podría tratarse ahora? Seguro no tiene que ver con Eren, ya que este les dejó muy en claro que no iba a necesitar nada de ellos. Prueba de esto es que, desde su partida no han tenido ninguna noticia de él.
Suspira cansada mientras se dirige a la planta alta; al subir las escaleras con la bandeja de comida, no puede evitar molestarse al pensar en Cheese, ¡Cómo era posible que aquel chico que alegaba un tremendo amor por su mascota, la hubiera dejado sin importarle nada! Por culpa de esa rabieta casi choca con Levi al cruzar el pasillo. Este lleva un viejo maletín entre las manos y se le nota bastante agitado.
—¿Hace cuánto que estás aquí? No te vi llegar. —farfulla con un tenue rubor en las mejillas esperando que él no haya notado su desliz. Después de tantos años de servicio, cometer ese tipo de faltas le resultaba vergonzoso*.
—Estaré en el estudio. No quiero que nadie me moleste. —advierte con tono rudo.
El hombre coge su móvil apenas timbra y deja atrás a Petra. La menuda mujer sigue su camino antes de que la comida se enfríe.
—
—¿Qué es lo que tienes? —pregunta con voz dura.
—Estoy muy bien, Levi, gracias por preguntar —él resopla hastiado tras la pausa de Hanji—. Como sea, la foto que me mandaste es código binario, ¿de dónde sacaste eso?
—Tengo un maletín lleno de esa mierda. ¿Sabes lo qué dice? ¿En cuánto tiempo podrás descifrarlo? —Levi arroja el maletín con desdén sobre el escritorio y toma asiento en su silla.
—No soy experta en eso, si lo hiciera por mi cuenta, entre mi trabajo en el laboratorio, tu trabajo… me tomaría meses decodificar un párrafo. —Carcajea divertida.
—Encuentra a alguien capaz de hacerlo y tráelo aquí. Ahora. —ordena antes de colgar.
—0—0—
—Después de todo tendremos que esperar —Armin observa dubitativo la pantalla apagada de su celular—. Era lógico, ya no se pueden fiar tan fácil de nosotros.
—¿Y por qué tú sí confías ciegamente en ellos? ¿Por qué nosotros tenemos que recurrir a ese desgraciado? —reprocha con voz gélida.
—Ya sé que es alguien en quien no deberíamos confiar, pero, piénsalo. Eren estuvo bien y seguro a su lado durante varios meses, más que en toda su vida bajo el mismo techo que su padre.
—¡Armin! —eleva la voz exaltada—, ¡ese tipo mató a su madre! ¡Es un criminal!
—Pero por alguna razón lo mantuvo a salvo. Si hubiera querido atentar contra él, lo habría matado apenas llegó a su casa, o antes.
Mikasa está a punto de refutar lo que cree es un estúpido argumento cuando un fuerte ruido llama su atención. Ambos aguardan en silencio un momento.
—Eren despertó. —la joven suelta con alarma.
Ella es la primera en correr escaleras arriba. El estrepitoso golpeteo los guía hasta la habitación del padre de su amigo, en donde encuentran al castaño dentro del clóset rompiendo la pared de madera con un martillo.
—¡¿Qué haces?! —Armin exclama con voz alterada.
—Demostrando que no estoy loco —responde entre jadeos mientras sus amigos lo observan pasmados sin saber qué hacer—. Sé que tiene que estar aquí.
Eren aparta unas tablas de su camino y regresa hasta la cama para tomar la linterna con la que alumbra el interior del hueco que acaba de abrir.
—Eren, yo sé que no estás loco, pero estás actuando muy extraño, nos asustas. —Mikasa lo observa consternada al mismo tiempo que cruza sus brazos sobre su pecho, un acto instintivo muy arraigado en ella.
—Yo sé que ninguno de los dos me entiende, así que se los mostraré.
Con paso firme se adentra en la oscuridad de la abertura que hizo. Armin y Mikasa echan un vistazo temerosos ante el increíble hallazgo en esa habitación.
—¿Vienen? —el castaño los invita a mitad del camino.
Sin querer demostrar su desconfianza y que su amigo se lo tome a mal, terminan bajando detrás de él esas polvorientas y viejas escaleras. La oscuridad no les permite ver más allá de lo que ilumina la luz de la linterna.
—Seguro hay un interruptor por aquí. —El rubio toca la pared más cercana hasta que se topa con la placa del apagador.
La mitad de la habitación se ilumina con una amarillenta luz mortecina, la cual les permite escudriñar un poco mejor el interior. Una densa capa de polvo se levanta a su paso; hay estantes que llegan hasta el techo y los mismos están repletos por cajas de las que penden largas telarañas, a simple vista es una bodega más. Sin embargo, justo detrás de esos cachivaches alcanzan a ver una gran mesa de metal sobre una rejilla de desagüe.
Eren es el que lidera la exploración, avanza con paso tembloroso al mismo tiempo que aparta algunas cajas y mesas pasteur a su paso. En la pared que tienen al frente hay una pizarra a tiza, debajo de este encuentran una mesa de madera con utensilios médicos y tubos de cristal sucios y, asegurada a la viga central, una lámpara quirúrgica.
—¿Qué es este lugar? —Armin pregunta con cierto aire de fascinación en la voz.
—¡Oh por dios! —Mikasa exclama horrorizada al tiempo que se cubre la boca con ambas manos. Con mucho esfuerzo contiene sus ganas de devolver el estómago.
—Estuve aquí —Eren balbucea mientras recorre con sus dedos el largo de la mesa de metal—. Recuerdo la luz en mi cara que me cegaba… y luego el intenso dolor en mi cuerpo. —Su voz se escucha bastante afectada.
Sus amigos aguardan a que aquel continúe, pero solo se queda de pie con la mirada baja junto a la mesa. Repentinamente se abraza a sí mismo y cierra sus ojos con fuerza.
—No más —susurra con voz trémula—, ¡ya no más! ¡Ya no más! —repite una y otra vez sus lastimeros gritos. Su amiga mira con temor desde la distancia como se retuerce con aparente dolor.
—¡Eren! —Armin corre hasta su lado para intentar calmarlo—, tienes que salir de aquí.
El rubio coloca su mano en el hombro del contrario, este, al sentir su tacto, se aleja de inmediato y solo la mesa detiene su huida.
—¡No me toques! ¡Alejate de mí! —bufa con mirada hostil.
—Eren, tranquilizate, somos nosotros, tus amigos. No vamos a hacerte daño. —dice con voz suave tendiéndole una mano mientras Mikasa trata de mostrarle su mejor expresión enternecida a pesar de la difícil situación.
—¿Mikasa? —pregunta atontado posando sus ojos en ella.
—Sí, soy yo —la saliva que intenta tragar se hace nudo en su garganta y tras su pausa le tiende la mano—. Salgamos. —masculla con tono cariñoso.
El tibio y tembloroso tacto del castaño la estremecen al recordar los malos momentos que pasaron, pero ya no tienen seis años, ahora su querido amigo la necesita. Pese a que se siente tan abrumada como él, lo mejor que puede hacer es ofrecerle el cariño y apoyo que siempre le ha dado, aunque eso significara fingir estar tranquila y aparentar una fortaleza que amenazaba con colapsar.
Sonríe complacida de que aquel se deje llevar por las escaleras de vuelta a su dormitorio. Al llegar, lo alienta a tomar asiento en la cama antes de retomar su distancia. La verdad era que no podía evitar sentirse incómoda a su lado.
—Eren, cerré con llave la habitación de tus padres, es mejor que te alejes de ella por un tiempo… solo hasta que averiguamos qué hacer. —Armin se dirige a él mostrándole la llave que posteriormente guarda en uno de los bolsillos de sus jeans.
—¿Averiguar qué hacer? —repite con irritación—, ¿y qué se hace para estos casos? ¡¿Qué?! —vocifera exaltado—. Tengo que hablar con el comandante Erwin. —Se pone en pie, decidido a salir de la habitación.
—No —Mikasa bloquea desafiante su paso—, no irás a ninguna parte en ese estado. Puede ser muy peligroso. Regresa a la cama, cuando estés más calmado irás. —Lo empuja por el pecho con gentileza hasta devolverlo varios pasos atrás.
—¡Es que no me puedo calmar! ¡¿No lo entienden?! —alega desesperado—. Solo yo lo sé… tiene que venir a ver, ¡tiene que saber de todo el dolor que pasé!
—Y-yo le llamaré al comandante Erwin y le pediré que venga, ¿bien? —Armin habla turbado por la insistencia del contrario. Algo en él le atemorizaba—. Solo quédate aquí e intenta calmarte, nosotros volveremos pronto con noticias.
Eren intenta protestar, sin embargo, guarda silencio al ver cómo su amigo toma por el brazo a Mikasa para sacarla casi a rastras de la estancia. En la soledad de su habitación, se tira de los cabellos y camina de un lado a otro meditando lo que debería hacer.
—¡¿Estás loco?! —exclama en voz baja apenas cierran la puerta—. Yo no confío en ese hombre.
—No estoy loco, solo intento ganar algo de tiempo hasta que Levi venga por él.
—¡¿Qué?! ¿Esa es tu gran idea? —reprocha con voz severa—. Que no confíe en Smith tampoco significa que apruebo que nos ayude un criminal. Debemos buscar algo mejor.
—0—0—
—¡Vaya! —exclama antes de darle un gran sorbo a la lata de soda.
—¿Qué es, Erd? —Hanji pregunta animada mientras Levi enarca una ceja.
—¿De dónde sacó esto? —Muestra las hojas que sostiene en la mano—. Porque si lo que dice aquí es verdad, significa que podría hacerse más rico, o crear su propio ejército —carcajea sarcástico—. Claro, si es que estos individuos existen.
—Habla claro. —espeta con voz ronca. En ese instante desbordaba hastío.
—Lo que tiene aquí es una bitácora sobre un supuesto experimento. Una investigación —hojea con rapidez los papeles que dejó sobre su regazo—. Lo que hasta ahora descifré trata sobre varios sujetos de prueba que fueron sometidos a un sin fin de barbaridades —levanta la cabeza para verlo a los ojos y luego sonríe de medio lado—, ¿está seguro que recibió el pago justo por esto? Quiero decir, si tal investigación existe, deberían haberle entregado el resultado —esculca dentro del maletín—, por lo menos una jeringa.
—¡Oh! Levi, ¿te estafaron? ¿Dónde quedó la formula? —Hanji canturrea con voz divertida.
—¡Levi! —Petra grita alarmada en cuanto abre la puerta del estudio. Todos los presentes la miran expectantes—. Algo malo sucede con Eren, tienes que ir pronto a Shiganshina, no creo que sus amigos logren retenerlo por más tiempo en su casa. Por favor. —suplica con lágrimas en los ojos.
Sin dudarlo un minuto más, Levi se pone en pie y cruza la estancia con paso veloz ante la mirada incrédula de la castaña.
—¿Por qué te importa tanto esa mierda? —Hanji pregunta con tono despectivo.
—Porque pretendo cobrar todo lo que me debe. —responde con voz dura antes de salir.
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Antes que nada, espero que todos estén bien, sinceramente había pensado en no subir o actualizar nada hasta que las cosas en el mundo se tranquilizaran. Sé que muchos están pasando por una situación de estrés muy grande y otros pues, intentamos sobrellevarlo de la mejor manera posible (a mí me están pegando su frustración, la cereza del pastel para mi ansiedad, ¡ja!). En fin, dentro de mi pesimismo habitual, estoy contemplando un futuro, si bien no tan brillante, sí en el que la libro y sigo bien activa en este mundo del fanfic. (De hecho, desde que comencé con el fic he tenido una idea que en estos tiempos solo se reforzó y es respecto a habilitar un link donde suba todo el plan que escribí para GaC, desde el principio hasta el final, pero ese archivo no tiene más de 3 líneas hablando sobre el final, solo la idea principal, así que no sé). Acaten las recomendaciones sanitarias para que nos sigamos leyendo. 3
Respecto al capítulo 29 y el futuro del fic: No me voy a cansar de repetir que: No voy a abandonarlo. La cuestión es la siguiente. Les hice muchas promesas respecto a esto, la más importante es "el hard" entre Eren y Levi, pero no puedo, no se me da escribir relaciones amorosas profundas y por esa razón he abandonado varios proyectos (de hecho, tengo una historia original llamada Apologies, la cual murió apenas comencé el romance jajaja). Bueno, con esto en mente comencé a frustrarme cada vez más porque estamos en la recta final —por cierto, notarán que los capítulos serán más largos de lo habitual, por recomendación de mi beta es mejor alargar los capítulos que cortarlos en varios—, y yo no encuentro la forma de meterle romance a una trama turbulenta y complicada, especialmente con dos personajes que aparentemente no se entienden para nada. Y es que simplemente, ese aspecto NUNCA estuvo planeado en la trama inicial. En mi mente siempre da vueltas la idea de violación y cosas obligadas por parte de Levi y eso es justo lo que no quiero para el fic. Quiero que todo se dé natural entre ellos, pero no puedo meter amor en la mente de un Eren que está sufriendo una ruptura de su realidad, se me hace ilógico. Entonces, para no terminar botando el fic a la basura, me enfoqué en otras cosas que nutrieran mi creatividad, así descubrí (me la recomendaron hasta el hartazgo xD) MDZS (Mo dao zu shi) y así me vino la iluminación divina para tener bien claro en lo que no quiero que termine el fic, el cual ya estaba a un paso de seguir ese camino absurdo en una trama cargada de "acción" y emociones traumaticas o intensas.
Así que... esta es mi excusa, tengo el apoyo de mi beta, así que comenzaré a movilizar la cosa, necesito terminar el fic antes de que la crisis económica me quite el internet :'3
NOTAS DEL CAPÍTLO:
Extra: ¡No me olvidé del maletín! Les dije que hay elementos importantes a lo largo de toda la trama y poco a poco van encajando las cosas :D ¿recuerdan algún otro?
1) mesa pasteur. O carrito multifunción. Son las típicas mesas de acero inoxidable con rueditas que tienen varias charolas o niveles.
2) La mesa de metal en la que aparece recostado Eren en el sueño, es una mesa de autopsias. Grisha la mandó modificar para que se le pudieran adaptar las correas con las que lo inmoviliza.
3) Falange. Hueso pequeño y largo de los varios que forman el esqueleto de los dedos de la mano o del pie.
4) Gymnopédie No. 1 (Arr. for Cello and Guitar) · Jan Vogler · Erik Satie · Ismo Eskelinen. YT /watch?v=_9e68xKNBEY
5) Los ojos de Cheese… ha pasado tanto tiempo que ya no recuerdo sí ya hice esta nota jajajaja pero he aquí la respuesta al color de los ojos del gatito. Por eso dije que era un elemento importante en la trama, aunque no lo pareciera. Lo necesitaba para darle un empujoncito al difícil de Levi.
6) Déjà vu. ¿Si saben lo que es un déja vu, no? Igual les pongo la definición: es un tipo de paramnesia del reconocimiento de alguna experiencia que se siente como si se hubiera vivido previamente. Básicamente se trata de un suceso que se siente que ya ha sido vivido pero en realidad no.
7) El tabú del nombre. Hace bastante vi un documental sobre la muerte en distintas partes del mundo, en él hablaban de una cultura en la cual, después de que una persona moría no volvían a mencionar su nombre porque creían algo así como que la perturbaban, o sea, que era tabú, pero no recuerdo qué cultura era e internet no ayudó en mucho para especificarla. En verdad estuve busque y busque, pero no me salieron resultados concluyentes, más que temas variados sobre los necrónimos que no es lo mismo.
8) El sótano de Eren. Es estilo refugio estadounidense, en el pasado se podía tener acceso desde el interior de la casa, pero con las remodelaciones se bloqueó esa puerta.
9) Cuando digo que Eren quiere despegar los estantes del piso (dentro del sótano), es porque estos están clavados/asegurados. La idea era que ese espacio estuviera destinado a ser un refugio, así que en mi mente parecía ser una gran opción.
10) Terror Nocturno. No sé si debía poner este o no, pero acá está: Episodios de gritos, miedo intenso y agitación durante el sueño; a menudo se combina con el sonambulismo. Ocurren en el sueño que no es MRO. Técnicamente, los terrores nocturnos no son un sueño sino una reacción repentina de temor que ocurre durante la transición de una fase del sueño a otra.
11) La vergüenza de Petra por chocar con Levi. Aquí quiero que se entienda que cometer ese tipo de faltas, el chocar, perder el equilibrio o el simple hecho de no prestar atención en servicio, le resulta vergonzoso después de tanto tiempo trabajando en esa casa.
Finalmente, gracias por seguir conmigo a pesar de lo mal ficker que soy. Son maravillosos, aunque no los conozca, ustedes le dan una pizca de felicidad a mi vida.
Por favor, cuídense mucho y también cuiden a sus semejantes, "no puede llover por siempre".
