Una promesa en honor Merodeador

Nota de autor: ¡Vamos a pasar la cuarentena, muchachos! Aunque no me falta agregar el que la historia es de Moonsign y el mundo de "Harry Potter" de J.K Rowling.

"Algunas veces las personas no entienden las promesas que hacen al realizarlas. Pero mantienes la promesa de todos modos. Eso es lo que es el amor. Amor es mantener la promesa de todos modos"

"Bajo la misma estrella" de John Green

SIRIUS:

Cuatro días después del cumpleaños de Remus, Sirius y James ingresaron a la sala común tras práctica de Quidditch para encontrar a Peter y Remus sentados en las bancas junto a la chimenea. Era luna llena aquella noche y Remus, quién siempre se ponía susceptible antes de cada transformación, estaba acurrucado en su silla con la varita afuera en una mano, su libro de cartografía mágica en la otra y un mapa de Hogwarts en el regazo.

— ¿Todo bien, chicos? —Peter les preguntó, levantando la vista de su tarea de Cuidado de Criaturas Mágicas— ¿Buena práctica?

— Estuvo bien —James se arrojó al sofá y gruñó cuando sus músculos protestaron— Nos están moliendo. Si no le ganamos el siguiente partido a Ravenclaw, perderemos el segundo lugar en la copa. Ya no hay forma alguna de ser primeros. Nuestro buscador es tan malo como Lunático en Pociones. Gracias a Merlín que se va el otro año y podremos buscar a alguien mejor.

Sirius se acomodó en el reposabrazos al lado de Remus y vio sobre el hombro del hombre lobo: — ¿En qué trabajas?

— En el mapa. No es propiamente un trabajo. Ya tengo los hechizos para mover las escaleras y ver cuartos secretos. ¿Me ayudarían a hacerlos?

— En algún momento —Sirius respondió— No ahora. No deberías estar trabajando. Tendrías que estar conservando tu energía para esta noche —Se acercó y le arrebató la varita de entre las manos.

— ¡Oye! ¡Devuélvemela!

— Venga, Lunático —Sirius le imploró— ¿Por mí?

Remus giró su pálido y delgado rostro a Sirius y le gruñó. Las facciones de Remus siempre eran más angulares y fieras durante estos días, así que el gruñido tuvo cierto efecto. Sirius, sin embargo, solo le levantó una ceja y Remus suspiró: — Bien —Cerró el libro y dobló el mapa. Entonces estiró la mano y Sirius le devolvió su varita.

— Pareces una madre, Canuto —James le dijo desde el sofá.

Sirius le dedicó un gesto bastante grosero sin ni siquiera mirarlo mientras recogía el mapa de Remus, abriéndolo en su regazo. Estaba hecho con tinta negra y, en el estilo de Lunático, cada detalle era perfecto. La letra ordena y precisa de Remus marcaba cada cuarto, y todas las paredes, escaleras y corredores tenían las medidas precisas (Gracias a mucha creatividad al mentir y más de un encantamiento Confundus contra los empleados para prevenir que los vieran demasiado entretenidos tomando nota de todos los cuartos).

Sirius sintió el calor incrementarse cuando Remus se acercó y también observó el mapa, ignorando que el otro chico resistía la urgencia de pasar los dedos por su desordenado cabello.

— Deben revisarlo primero —Remus les avisó— Para asegurarse el que no haya cometido errores.

— Se ve bien —Sirius le aseguró— Bastante ordenado y preciso. No puedo ver nada de malo con él.

— Podríamos llamarlo y ponerle una contraseña, así solo lo leeríamos nosotros —El rostro cansado de Remus se iluminó al explicarlo— Y está este hechizo bastante complejo en el que puedes imprimirle un poco de tu personalidad, así como una fotografía, que el mapa conserva en caso de que alguien que no se sepa la contraseña e intente abrirlo sea insultado como lo haríamos nosotros.

— Eso —Anunció James, sentándose y dejando salir su sonrisa más Merodeadora— es lo más brillante que he podido escuchar. Podríamos llamarlo "El mapa del Merodeador".

— Los señores Lunático, Colagusano, Canuto y Cornamenta —Sirius empezó con tono pomposo— Proveedores de artículos mágicos para magos traviesos están orgullosos de presentar... ¡El mapa del Merodeador!

— Eso está genial, Canuto —Remus se agachó para recoger su pluma y robó un poco del pergamino de la tarea de Peter— Déjenme escribirlo.

— Todavía nos falta la contraseña —Peter recordó, arrodillándose para ver el mapa— Algo Merodeador.

— Podría ser "Usaré este mapa para causar desorden" —Propuso James.

— O "Planeo ser incorregible" —Sugirió Sirius, recordando esa palabra que le habían dicho gran parte de su vida.

— Nunca recordaría eso —Peter le dijo— Ni siquiera sé que significa "Incorregible" para empezar.

— Juro solemnemente que usaré este mapa para hacerle bromas a los Slytherins —Sirius le guiñó un ojo a Remus quien rodó los ojos.

— Me gusta "Juro solemnemente", sin embargo —El hombre lobo les avisó, escribiéndolo.

— Juro solemnemente que estoy a punto de hacer travesuras —Peter ofreció, con la cara arrugada mientras intentaba pensar en algo creativo.

— Juro solemnemente que mis intenciones son malas —Remus sugirió.

— Juro solemnemente que mis intenciones no son buenas —James modificó.

Los demás lo observaron, sonrisas enormes surgiendo en sus rostros

— Me gusta ese —Sirius anunció— Simple, pero con mucho potencial.

— Juro solemnemente que mis intenciones no son buenas —Remus repitió a la vez que lo escribía— No me dejen perder este pedazo de pergamino —Vio el cielo oscureciéndose— O, ya saben, comérmelo o algo.

— Yo lo guardaré —Sirius avisó, tomándolo en sus manos— Tienes que irte pronto.

— Lo sé. Créeme. ¿Todavía planean robar la poción de Slughorn mientras no estoy? Ya casi es Viernes y la necesitamos para entonces. Tengo un poco de su cabello en mi túnica de la clase pasada. Se le cae tan deprisa que no fue difícil conseguirlo.

— No te preocupes, Remus —Peter lo consoló— Tenemos todo resuelto. Solo concéntrate en recuperarte pronto para que así puedas venir a Hogsmeade con nosotros por los ingredientes.

Remus se puso en pie, aferrándose al hombro de Sirius mientras este sentía sus músculos expandirse en protestas por la transformación.

— ¿Vas a estar bien? —Preguntó, apretando la mano de Remus por debajo de sus largas túnicas.

— Como siempre —Remus le sonrió forzosamente— Los veo en el otro lado —Se alejó por el retrato, saliendo con mucho cuidado. Sirius sintió como la preocupación lo apuñalaba y dejaba un agujero en su corazón. Ahora que era mucho más cercano a Remus, la idea de dejarlo solo en la cabaña atormentaba cada segundo su mente. Parte de su emoción debió verse reflejada en sus expresiones, porque cuando levantó la mirada se dio cuenta de que los ojos avellana de James estaban estudiándolo.

— Pronto, Canuto —James le aseguró, poniendo una mano sobre sus hombros— Pronto podremos estar con él.

Iiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii

— Idiota, idiota, idiota —Sirius bramaba, a medida que él, Peter y James corrían a la enfermería— ¿Por qué no tomábamos el camino largo?

Eran las primeras horas de la tarde ese día, y el robo de la poción multijugos no salió bien. Habían logrado hacerse con la poción, y estaban regresando a la seguridad. El camino era bastante largo desde las mazmorras hasta la torre de Gryffindor, así que habían decidido acortarlo usando el nuevo pasaje secreto que habían descubierto durante sus rondas de estudio del colegio.

No era un pasaje normal. Si golpeabas cierto ladrillo tres veces con tu varita, una escalera descendería para llevarte dos pisos más arriba y ahorrarte el molesto paseo. Infortunadamente, significaba tener que quitarse la capa de invisibilidad un tiempo y para su mala suerte Filch estaba pasando con su satánica gata justo cuando salían al corredor del salón de Encantamientos.

El incidente los llevó a tener detención hasta el almuerzo de ese día, como también dos horas después de finalizadas las clases. Los profesores estaban tomándose la seguridad muy en serio con los nuevos ataques de Mortífagos. Lo único que podía agradecer los tres Merodeadores es que ni el vial con la poción multijugos ni la capa de invisibilidad fueron descubiertos.

Ahora, Sirius, James y Peter ingresaban a la enfermería con grandes zancadas. Madame Pomfrey emergió del cuarto de Remus luciendo cansada y molesta, y apenas vio a los muchachos no pudo evitar explotar.

— ¿Dónde habían estado? —Demandó— ¡Ha estado completamente histérico todo el día esperando que llegaran! ¡Le prometieron que lo harían!

— Teníamos castigo —James admitió, echándose para atrás con temor, incluso cuando le sacaba una cabeza en altura.

— ¡Castigo! —En vez de calmarla, las noticias solo parecieron enfurecer aún más a Madame Pomfrey— ¿Se metieron en problemas para ganarse una detención mientras él sufría toda la noche y día? Ya debería haber recobrado su mente, pero le dolió tanto el que ustedes no hubiesen llegado que nada funciona, no tengo idea de cuándo podrá recuperarse.

Sirius nunca antes se había sentido tan culpable. La idea del Remus infantil levantándose para buscarlos y ver el cuarto sin su manada le partía el corazón.

— Por favor ¿Nos dejaría entrar? —Rogó a Madame Pomfrey, sus ojos pegados a la puerta de Remus.

— ¡Es lo mínimo que pueden hacer! —Ella bramó— Que no suceda de nuevo.

Los tres caminaron a su lado y entraron en completo silencio. Sirius se asomó y vio a Remus como una bolita sobre sus cobijas y dándoles la espalda, llorando de la forma seca y vacía como hacen los niños después de que llevan mucho tiempo en aquella acción, pero que se han rendido tanto, que son completamente incapaces de detenerse.

Sirius se movió a la cama y Remus levantó la mirada. Cuando vio a Sirius dejó salir un sollozo y se arrojó sobre él, causando que Sirius se sentara prontamente en la cama con un hombre lobo temblando entre sus brazos.

— ¡Perdónperdónperdón! —Remus sollozó, mojando las túnicas de Sirius.

— ¿Por qué te disculpas? —Sirius indagó. Este Remus despertaba en él sentimientos diferentes al Remus normal. Sentía la enferma necesidad de proteger la forma infantil de su... ¿Qué? ¿Amigo? ¿Novio? Ellos eran mucho más de lo que esas palabras podían albergar.

— De lo que he podido entender —Madame Pomfrey les informó desde la puerta— Piensa que hizo algo que los molestó y por eso no habían venido.

— Oh, Lunático. No fue tu culpa —Sirius lo consoló— Lo prometo.

— Teníamos castigo —James explicó, desde donde él y Peter se habían sentado en la cama.

Remus giró la cabeza para poder verlos sin levantarse de encima de Sirius.

— ¿Cornamenta, Colagusano? —Preguntó, y estiró su mano para dárselas— Manada.

Los otros le tomaron la mano incómodamente.

— Todo está bien, amigo —James le aseguró— Lamentamos habernos tardado demasiado.

Remus dejó salir un hipido mientras volvía a enterrar su cara en el cuello de Sirius: — ¿Lunático malo? —Cuestionó con su voz baja.

— No —Aseguró Sirius firmemente— Lunático bueno. Lunático es muy bueno. No has hecho nada mal.

— Lunático morder cama —Remus susurró con culpa.

— ¿La cama de la Cabaña de los Gritos? —Peter preguntó— A nadie le importa, Remus. Puedes morderla todo lo que quieras.

Después de un rato los sollozos disminuyeron y Remus se relajó en los brazos de Sirius. Su respiración se reguló y su cabeza quedó colgando en el hombro del chico.

— Finalmente —Madame Pomfrey murmuró, apareciendo de nuevo en la puerta para ver cómo estaban— No ha dormido desde esta mañana. Ha sido una pesadilla. Lamento haberles gritado, muchachos. Es solo que han formado esta manada con él y ahora depende tanto de ustedes. Honestamente no sé lo que haría si alguna vez dejaran de ser amigos.

— No va a suceder —Sirius repuso.

— ¿Te sientes cómodo así? —Ella le interrogó, frunciendo el ceño al ver como Remus se aferraba al chico— Sé lo raro que debes sentir el tener a un chico de quince años en tu regazo de esa forma.

Sirius lo envolvió protectoramente entre sus brazos: — No lo es. Técnicamente es un niño ahora. No me importa.

Le lanzó una mirada de reconocimiento, y Sirius gruñó internamente. ¡Las mujeres y esa habilidad que tenían para ver las verdaderas intenciones de alguien! Afortunadamente ella no dijo nada más y salió de la habitación.

— Te dedicó una mirada típica de Evans —James mencionó— Toda observadora y penetrante.

— ¡Ooh! Detesto tener esa mirada dirigida a mí —Peter tembló.

— Malditas mujeres —Sirius murmuró.

— ¿Qué adivinó sobre ti, Canuto? —James estaba realmente interesado, sus cejas levantadas.

— ¿Cómo demonios voy a saberlo? —Sirius respondió cortante— La mitad de las veces ellas lo saben antes que yo.

— Es asombrosa, ¿No lo creen?

— ¡Eew! ¡James eso es asqueroso! —Peter exclamó, alejando su silla de él.

— No Madame Pomfrey, cerdo, aunque ella solo debe tener unos veinte y tantos, para que sepas. Hablaba de Evans.

— Mente de un solo sentido, eso eres —Sirius lo criticó.

— También pienso en otras cosas —James repuso.

— ¿En verdad? ¿Cómo qué?

— Er... —James cerró los ojos para concentrarse— Merodeadores. Quidditch. Comida. Sexo. Animagos. Molestar a Snape. Regalos. Navidades. Vacaciones...

— Más o menos lo mismo que Sirius, entonces —Peter comentó— Es como tener el mismo cerebro pero en dos cuerpos.

— ¡Pienso en más cosas que esas! —Sirius protestó— Soy verdaderamente profundo en mi interior. Y jamás pienso en Evans, a excepción de formas en cómo matarla.

— Bien —Le dijo James— Porque ella es mía.

— No la quiero —Sirius le aseguró.

— Bueno, ¿A quién quieres?

— No pienso enamorarme poco realistamente de alguien —Sirius le avisó, completamente sincero. La persona que deseaba estaba en sus brazos, respirando suavemente contra su cuello y haciéndole cosquillas en la mejilla con su cabello arenoso.

— No es poco realista. Un día ella me va a querer.

— Sí claro —Sirius empezó sarcásticamente— Y entonces tendrán cientos de bebés con cabello azabache y desordenado, ojos verdes que necesiten gafas y con mal temperamento.

— Mis bebés serán increíbles —James refutó, alzando la cabeza con arrogancia— Y tú tendrás que amarlos, porque serás el padrino.

— ¿Lo seré? —El rostro de Sirius estaba resplandeciendo.

— Sip. También Peter y Remus. Aunque leí en una parte el que a los hombres lobo no se les permite adoptar niños, por lo que no podríamos hacerlo oficial.

— ¿Qué? —Sirius sintió el enojo fluir en su interior— ¿Por qué no?

— ¿Por qué lo crees? Ya sabes cómo son algunas personas.

Sirius se dio cuenta de que Remus se estaba estirando contra él y que sus pestañas se movían contra su cuello al abrir los ojos. El brazo que colgaba a su lado se aferró un tanto a su cintura. Remus estaba despierto, y a juzgar por la estrella que dibujaba en la piel de Sirius dónde la camisa se había levantado, en total posesión de sus facultades mentales para aprovecharse de la situación en la cual se encontraban sin que los otros se dieran cuenta. Sirius tembló con delicia al ver que estaban presumiendo de su secreto tan abiertamente sin que James y Peter lo supieran.

— Me parece cruel la forma en que tratan a los hombres lobo —Peter habló, completamente ajeno a lo que hacían dos de sus amigos— ¿Qué si uno en verdad quisiera un bebé y no pudiera tenerlo por alguna razón?

— No les importa —James se molestó— Y todo porque son unos idiotas de mente cerrada quienes trabajan en el Ministerio.

— Sí —Peter aceptó— Oí que arrestaron a una bruja que vivía cerca de una villa porque encantó a su gato para que tuviera el mismo color de sus cortinas y ellos pensaron que los Muggles se darían cuenta.

— Puedes hacer eso con tinte para el cabello Muggle igual de fácil —Dijo Sirius— Usan químicos y esas cosas. Lo leí en mi libro de Estudios Muggle y pensé en hacerle una broma a Snape.

La conversación continuó por más de una hora, en donde cambiaron de un tema a otro. Sirius apenas y ponía atención. Gran parte de está estaba concentrada en el encantador, caliente y dormido jovencito que se encontraba en su regazo trazando formas en su piel que lo hacían querer sonrojar.

Finalmente, tuvo que terminar, cuando Madame Pomfrey se asomó para dejarles saber que ya era momento de volver a las habitaciones antes del toque de queda.

Sirius se alejó lentamente de Remus y le dio una gentil, pero innecesaria, sacudida. Remus despertó, mucho más obvio ahora, y se sentó para ver a su audiencia con ojos adormilados.

— ¿Te encuentras mejor, amigo? —James le preguntó.

— Um...sí. A menos que me haya arrancado un miembro y todavía no lo note. Es hora de irse ¿Verdad? —Remus resistió dejar salir un bostezo mientras se deslizaba hasta el borde de la cama, agarrando el gabinete para ponerse sus túnicas sobre el pijama. Se detuvo de repente, luciendo verdaderamente asqueado— ¿Estaba llorando? Lo estaba, ¿Cierto?

— No fue tu culpa —Sirius no demoró en asegurarle— Teníamos detención y por eso no pudimos venir pronto a verte. Pensabas que no habíamos querido hacerlo porque estábamos molestos contigo sobre algo.

— ¡Odio esto! —Remus gritó salvajemente, cerrando el gabinete de un portazo— ¡Me siento tan estúpido!

Nadie sabía cómo contestarle. No sabían que podían decirle para consolarlo.

— Un día de estos —Continuó Remus, poniéndose la ropa con demasiada violencia, sin al parecer notar sus heridas— Un día de estos encontraré a Greyback y lo destrozaré con mis propios dientes, ¡De la misma forma en que él me lo arrebató todo!

— Remus, por favor tranquilízate —Madame Pomfrey intervino, luciendo desamparada— Mira, bebe esto antes de irte.

Le tendió un vial y Remus simplemente lo observó antes de bebérselo en un solo trago: — Disculpen —Murmuró después, sin poder mirarlos a los ojos.

— No hay nada por lo que arrepentirse, amigo —James dijo con forzada alegría— Vámonos al dormitorio.

Iiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii

Era un Viernes ya entrada la noche y todo estaba oscuro afuera. Sirius se sentía inusualmente nervioso mientras se abrían paso en el túnel detrás del espejo que llevaba a Hogsmeade. Había tanto en juego con lo que estaban a punto de hacer, que si eran atrapados se llevarían algo más que unas detenciones de castigo.

Habían decidido que James, siendo el mejor actor, tomaría la poción multijugos para hacerse pasar por Slughorn. Justo ahora, se tambaleaba frente a Sirius vestido con las túnicas diez tallas más grandes de su profesor.

Infortunadamente, la capa de invisibilidad ya no cubría a los cuatro, ni siquiera a tres, de ellos satisfactoriamente, así que decidieron el que Peter acompañaría a James en caso de que algo saliese mal y tuvieran que volverse invisibles rápidamente, mientras que Sirius (quién era demasiado alto para meterse bajo la capa con James) y Remus (quién hacía la mejor vigilancia con sus sentidos lobunos) vigilarían el sector bajo la protección de un oscuro callejón cerca al establecimiento.

Alcanzaron el final del túnel y James tomó aire profundamente, sacando el vial de su bolsillo: — Recuerden, no hay mucho. Seré Slughorn por tan solo veinticinco minutos a lo mucho. Tenemos que ir y salir con prisa ¿Entendido?

Los demás asintieron y James quitó el corchó para beberse la poción de un trago. Por un momento, no sucedió nada, pero luego empezó a engordar y engordar al punto que al final a duras penas cabía en el túnel.

— ¿Estás túnicas me hacen ver gordo? —Preguntó con la distintiva voz del profesor.

— ¡Apresúrate, idiota! —Sirius siseó, tratando de no reír. James le entregó sus gafas antes de golpear los ladrillos para abrir la puerta al callejón.

Todos salieron con prisa, Sirius, Remus y Peter manteniéndose en la sombras con la capa para impedir que la gente viera los trozos que ya no tapaba. Se encaminaron lo más pronto que pudieron al lugar en dónde se encontraba la tienda. La tienda con ingredientes extraños se encontraba afuera de la boticaria de Hogsmeade.

— Vigilen desde el callejón de ahí —James susurró— Está junto a la tienda, casi llegando a la boticaria.

— Ya lo veo —Remus contestó en voz baja— Pete, llévanos debajo de la capa. Mantente pegado a las sombras. Déjanos ahí, luego regresa y quédate lo más cerca que puedas de James mientras él compra las cosas. Podría requerir desaparecer pronto. Sirius y yo mantendremos guardia. Vete James.

La figura redonda de Slughorn se encaminó a la tienda y los demás corrieron al callejón.

— ...para mis alumnos de séptimo año —James decía a medida que los otros se movían y Sirius y Remus salían de la capa, resguardándose en las sombras— Aquí están las cantidades que necesito.

— ¡Ve con James, Pete! —Sirius lo afanó, dándole un empujón al Merodeador gordito.

Peter se fue y Sirius se metió aún más en las sombras con Remus. Alzó la mano para tocar el hombro de Remus y se dio cuenta de que el hombre lobo estaba bastante quieto y tensionado: — Relájate, Lunático —Susurró— No te sobrecargues.

— El olor del callejón es muy fuerte —Remus le susurró de regreso— ¡Estamos justo al lado de una jodida boticaria! El olor de ingredientes para pociones no me permite olfatear nada más.

— Entonces nos valdremos netamente de nuestros ojos —Sirius lo tranquilizó— Estaremos bien.

Remus no se calmó, así que Sirius se puso detrás y pasó sus manos por su delgada cintura, poniendo la barbilla en su hombro mientras escaneaba la multitud en busca de alguien que les diera problemas. Remus suspiró al sentir el contacto y se recargó contra el chico, relajándose a la vez que Sirius dejaba un beso en su cabello.

— Me alegra el que hayas venido —Decía el dueño de la tienda, pasándole los paquetes a James quien los metía en sus bolsillos— Pensaba que no lo harías dado que ya es bastante tarde a comparación de otros años.

Sirius sacudió la cabeza al ver a la profesora Sprout entrar a una tienda cerca de donde estaban. Le dio un codazo a Remus quien asintió para darle a entender el que también la había visto.

— Compré algunas cosas en el callejón Diagon —James conversaba con el dueño— Pero los precios son muy altos, así que me encantó oír que todavía no te habías ido.

Sirius no pudo evitar sonreír al darse cuenta la forma en que James mentía usando la situación real de Slughorn. El Merodeador de cabello revoltoso era en verdad un magnífico actor.

Remus volvió a tensionarse de repente en los brazos de Sirius y giró la cabeza para ver el callejón tras ellos.

— ¿Qué sucede? —Sirius susurró en alarma.

— Puedo sentir que alguien nos está observando. Calla.

Sirius se congeló y agudizó el oído. No escuchaba nada pero sabía que, por la forma en que los músculos de Remus se torcían con nerviosismo, el hombre lobo todavía sentía a alguien detrás de ellos. Lentamente sacó la varita del bolsillo.

— ¿Puedes oírlos? —Respiró cerca al oído de Remus.

— Cuatro —Remus respondió— Se están acercando.

— ¡Carajo, carajo, carajo! —Sirius masculló— No podemos salir a la calle. ¿Qué si Sprout nos ve?

— Suéltame —Remus exigió, removiéndose entre los brazos de Sirius.

Sirius obedeció y Remus no tardó en ponerse frente a él, dándole cara la oscuridad del callejón en una posición defensiva que le recordaba a Sirius a cuando lo encontró en el baño.

— ¿Vas a pegarnos, niño? —Dijo la voz de un hombre unas cuantas sombras más atrás— Podemos verlos a ti y tu repugnante novio claramente con la poca luz. Sabemos lo que son. No nos agrada su tipo. Son veneno en nuestra sociedad.

— ¿Nuestro tipo? —Sirius preguntó, su mano sudorosa contra la varita.

— Maricas —La voz los insultó— Gays. Son desagradables —Las palabras fueron arrastradas y Sirius se preguntó el sí estaban ebrios.

— No les hemos hecho nada —Sirius bramó. Remus no movió un solo músculo. Sirius denotaba su forma arqueada y la manera en que su cabeza se inclinaba a los lados de forma canina.

— No deben hacerlo. Podemos ver que son de Hogwarts. Contaminan nuestras escuelas.

— ¿Remus? ¿Sirius? —Sirius dejó salir un gruñido al escuchar la voz de James detrás— Eso estuvo cerca. Fue una buena cosa el que Pete estuviese conmigo cuando empecé a cambiar. ¿Listos para irnos?

— ¿Hay más de ustedes? —Cuestionó una nueva voz, también masculina— Son una enfermedad.

— ¿Quién es ese? —Peter preguntó con nerviosismo— ¿Con quién están?

— Vámonos, Lunático —Sirius dio un paso al frente para agarrar el hombro de Remus, hablando por lo bajo— Déjalos que hablen.

— ¡Petrificus Totalus! —El hechizo emergió de forma tan rápida en la oscuridad que no tuvieron tiempo de reaccionar. Sus miembros se paralizaron y cayó al suelo, incapaz de moverse. Oyó los gritos de James y Peter y el furioso rugido de Remus. Vio al hombre lobo saltar y arrojársele encima a los hombres escondidos. Siguió un gemido de sorpresa y el golpe contra el suelo.

— ¡Maldición, el marica pelea como un gato! —Uno de los hombres gritó— ¡Lumos!

Si sus ojos no hubiesen estado abiertos, Sirius habría parpadeo ante la repentina luz. Remus estaba en lo cierto. Eran cuatro hombres en el callejón. Tres de ellos intentaban alejar a Remus del chico que estaba sofocándose. No era nada extraño dado que Remus estaba sobre su pecho y tenían ambas manos alrededor de su cuello.

— ¡Voy a matarte! —Gruñía— ¡Te mataré por herirle!

— ¡Atúrdelo! —Gritaba unos de los hombres— ¡Suéltalo, pequeño pervertido! ¡Se lo merecía! ¡Ambos lo hacen, criaturas asquerosas!

Salieron dos disparos de luz roja. Cuando la visión de Sirius se aclaró, uno de los hombres yacía en el suelo, al que intentaron estrangular recuperaba el aire en el piso y Remus esquivaba el segundo rayo. Sirius supo que los hechizos venían de James debajo de la capa de invisibilidad.

Remus se levantó como un animal y acorraló al hombre restante contra el muro, mientras que el tipo que había sido aturdido gritaba al sentir la varita de James contra su espalda.

— No te muevas —Su voz era gélida— Si te atreves a lastimar a mis amigos de nuevo, no dudaré en lanzarte el maleficio asesino.

El hombre que Remus tenía contra la pared dejó salir una risa sardónica: — ¿Tus amigos? —Jadeó, sus ojos buscando el origen de la voz— ¿Defenderías a uno de ellos? ¿Sabes lo que son? Los vimos aquí en el callejón, acurrucándose y esas cosas. Desagradable. Ellos...

El hombre no pudo terminar de hablar por el puñetazo que le zampó Remus.

— ¡Stupefy! —Maldijo James a quien tenía en frente y lo dejó caer al suelo. El único consciente fue al que casi ahorcaron, quien tuvo el suficiente sentido para quedarse en silencio y simplemente concentrarse en respirar.

Finite Incantatem.

Sirius sintió su cuerpo liberarse y Remus se arrodilló frente a él: — ¿Estás bien? —Indagaba con urgencia— ¡Oh, Merlín, Canuto por favor dime que estás bien! —Sus manos tocaron delicadamente su cara, brazos y pecho.

— Estoy bien, Lunático. En verdad. Nada me duele —Remus dejó salir un sollozó y forzó a Sirius a sentarse antes de abrazarlo con fuerza— El aire ahora es un problema, sin embargo —Jadeó.

— ¡Perdón, perdón! —Remus lo liberó.

— Chicos, es mejor que nos vayamos —La voz de Peter estaba llena de miedo.

Remus ayudó a Sirius a ponerse en pie y los cuatro corrieron por el callejón y giraron en la calle: — Alejénse de las personas —James les avisó— No hay forma alguna de que los cuatro quepamos aquí. Bajen y por la derecha, luego izquierda, izquierda de nuevo y regresaremos a nuestro pasaje, creo.

Los demás lo siguieron y para su alivio, la familiar pared por la cual habían salido los estaba esperando. Sirius la abrió con la combinación correcta y el túnel fue revelado.

— ¡Gracias a Merlín! —Peter gimió, mientras se apresuraban en regresar a la escuela— Recuérdenme el no volver nunca a Hogsmeade. ¿Por qué estás cosas siempre nos suceden?

Sirius no supo cómo llegaron a la torre de Gryffindor sin ser atrapados. Se sintió como horas eternas el subir los escalones, temblando y exhausto, a través del retrato de entrada y los que encaminaban a los dormitorios. Apenas llegaron, cerraron la puerta.

Sirius colapsó sobre la cama y gruñó: — Maldita poción animaga. Más vale que funcione.

— ¿Por qué los atacaron? —James cuestionó, arrodillándose frente a su baúl para guardar los ingredientes. Sirius se congeló ante la pregunta, su estómago retorciéndose. Se sentó despacio, viendo la pálida cara de Remus— Sé que algo los molestó. ¿Por qué los llamaban por esos nombres? ¿Por qué les decía pervertidos? Y no me mientan, porque puedo ver que algo está mal aquí —Se subió a la cama y cruzó los brazos con testarudez.

Sirius se sentía enfermo de los nervios. Estaba temblando mientras miraba a James y tuvo que apartar la vista. Sus ojos cayeron sobre un Remus que se veía aterrado y enfermo, pero también resignado.

— Um...nosotros —Sirius rebuscó las palabras indicadas, su estómago revolviéndose y su corazón martilleando— Nosotros...Remus y yo...nosotros...como que...estamos saliendo.

El silencio que prosiguió su declaración fue el más largo de su vida. Pareció pasar años antes de que levantara la mirada para ver las expresiones de James y Peter.

— Er... —Finalmente, James fue el primero en hablar, sonando extremadamente cauteloso— Juzgándolo mediante las expresiones de terror que tienen, supongo que "Estar saliendo" significa que...um...son "pareja" en una forma muy melosa y eso.

— ¿Qué? —La voz de Peter estaba cargada de incredulidad— Se refiere a que... ¿Ustedes se besan y esas cosas?

— S-sí —Remus contestó, su voz muy suave. Sirius se dio cuenta de que estaba sentado en la cama con las rodillas en la barbilla, su rostro demasiado pálido.

— Bueno...carajo —James soltó de repente— Simplemente...carajo.

— ¿Buen "carajo" o mal "carajo? —Sirius preguntó, desesperado por obtener una mejor reacción.

— ¿Cuánto llevan? —Peter indagó.

— Un p-poco —Remus respondió— Desde el tiempo en que Sirius y yo no hablábamos, ¿Recuerdan?

— ¿Ustedes no se hablaban...por qué ya eran pareja? —James estaba intentando poner en orden todos los eventos.

— No, no estábamos hablando debido a que Evans siempre decía que a mí me gustaba Lunático, y eso me estaba haciendo cosas en la cabeza —Sirius explicó— No quería creerle, pero estaba...ya sabes...sintiendo cosas a su alrededor, así que empecé a evitarlo y él pensó que lo evitaba debido a que sabía que yo le gustaba, así que se deprimió, tú me golpeaste, yo fui a decirle que lo sentía y estaba en el baño viéndose tan caliente y ahí fue que supe el que me gustaba, y le pregunté el si podía besarlo y él...

— ¡Okay, Okay! —James se veía mortificado— No necesitaba todos los detalles.

Sirius cerró la boca y miró a Remus, quien tenía la cara enterrada en las rodillas.

— ¿Por qué hace eso? —Peter preguntó, también mirando a Remus.

Sirius cerró las manos en puños: — No queremos perder a nuestros amigos —Susurró, inseguro todavía del cómo se habían tomado la noticia James y Peter— ¿Lo hemos hecho?

Santo Merlín, esto es demasiado para procesar —James gruñó, pasándose las manos por entre el cabello— ¿Por qué no nos dijeron nada antes?

— No lo sé. ¿Por qué no lo hicimos, Lunático? Me refiero a que la conversación ha sido tan divertida hasta ahora, no logro entender por qué no la tuvimos antes.

— Sirius, para —Remus susurró, levantando la cabeza. Su expresión era devastadora— No empeores las cosas.

Sirius sintió encogerse su corazón: — Ah, Lunático, lo siento —Salió de su cama para ir a sentarse a la de Remus, tomando su mano y dedicándoles a James y Peter su mirada más amenazadora. Los dos bajaron la vista.

— Así que ¿Esto era todo el asunto de Evans? —James preguntó, jugueteando con sus cobijas para no tener que verlos a los ojos.

— Sí —Remus contestó— Ella sabe que nosotros...g-gustamos...del otro, y quería que fuéramos pareja. Ella dijo que quería el que nosotros...bueno, yo en realidad porque Sirius no le cae nada bien...fuéramos f-f-felices —Remus se acercó más a Sirius y él le apretó la mano— Y Sirius me h-hace muy feliz —Remus admitió, su voz poco más que un susurro.

Peter miró a James para direccionarse y el Merodeador suspiró y pasó una mano por su rostro, antes de dirigir la mirada a dónde Sirius y Remus se acurrucaban protectoramente: — No se preocupen tanto —Les dijo con cansancio— No vamos a atacarlos ni nada. No puedes evitar quien te gusta, supongo.

— Los chicos de hoy no pensaban lo mismo —Sirius murmuró.

James frunció el ceño: — Eran idiotas malvados. No tienen que ponerle atención a nada de lo que dijeron. Ustedes no son pervertidos. Solo son...diferentes —Dudó un poco antes de preguntar— No los vieron besándose ¿Cierto?

— ¡No! —Sirius y Remus gritaron al mismo tiempo— Nunca haríamos eso en momentos tan críticos —Sirius prosiguió— Manteníamos guardia como prometimos. Pero Lunático se puso nervioso dado que no podía oler nada por sobre los ingredientes de pociones, así que puse mis manos alrededor de él para calmarlo. Luego sintió que alguien estaba tras nosotros y eran esos chicos y no sabíamos que hacer porque si salíamos a la esquina podríamos ser descubiertos fuera del colegio. Sprout estaba comprando algo en una tienda cercana.

— Deberíamos haberlo adivinado, supongo —Peter comentó, obviamente sin todavía procesar completamente el que Remus y Sirius fueran pareja— Ustedes siempre se abrazaron y esas cosas.

— La gente heterosexual también se abraza —James le recordó.

— Sí, pero no como ellos —Peter mencionó— Siempre han sido diferentes.

— La historia de mi vida —Remus suspiró.

— Solo no se besen frente a nosotros —Dijo James— No quiero ser sometido a tener que verlo.

— ¿Están bien con nosotros? —Sirius indagó, casi sin poder creerlo.

— ¿Terminarías con él si te lo pidiera? —James le lanzó a Remus una significativa mirada que Sirius pasó por alto.

— ¡No! —Sirius exclamó, abrazando posesivamente a Remus y acercándolo aún más. Para su sorpresa, eso hizo sonreír a James y Remus.

— Te dije que no le gustaban las chicas —Remus molestó a James.

No me dijiste que era debido a que ya te tenía a ti —La voz de James era muy seca.

Yo te lo dije —Sirius le recordó— En la mañana del cumpleaños de Lunático.

— Lo hizo, es verdad —Peter no podía dejar de sonreír.

— Ack, no lo menciones. Yo sabía que esa posición tenía demasiado doble sentido.

— Mmm... —Sirius sonrió traviesamente— Fue un delicioso doble sentido.

— ¡Asqueroso! No quería saberlo. Hablemos de otra cosa.

A Sirius no le importó de lo que hablaron después. Todo en lo que podía pensar era que James y Peter lo sabían y les daba igual. Los Merodeadores habían sobrevivido a otro secreto.

"Nunca vamos a separarnos" Pensó, cuando la conversación fue sobre los ingredientes de la poción "Nunca. Siempre seremos Los Merodeadores."

Iiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii

— Peter y Remus dijeron que nos encontraríamos bajo el sauce en el lago —James le avisó, cuando Sirius y él abandonaban los vestuarios de Quidditch después de la práctica del día siguiente.

— Bien —Sirius respondió, estirando sus adoloridos músculos— ¡No puedo creer que nos obligaran a practicar en un Sábado! Debería ser ilegal. Me duelen lugares que no sabía que tenía.

Pasaron a un grupo de tercer año de chicas de Gryffindor quienes volvían de ver la práctica, o por lo menos a Sirius y James que estaban en la práctica. Sirius les guiñó el ojo y varias dejaron salir chillidos y risitas antes de irse.

— ¿Remus sabe que haces eso? —James le preguntó, visiblemente incómodo.

— Sip —Sirius respondió— Es parte de nuestra coartada. Creo que lleva una cuenta de cuantas chicas gustan de mí. Obviamente tenía que ser Lunático quien lo convirtiera en un proyecto.

— Pero… ¿No le importa?

Sirius frunció el ceño: — ¿Qué parte de "coartada" no te queda claro? ¡Tenemos que hacer esto! ¿Sabes el problema que estaríamos enfrentando si alguien se enterara?

— Es solo que no se siente bien —James empezó— Si ustedes van a estar… juntos…así, deberían ser…fieles —Estaba tremendamente sonrojado cuando acabo de hablar y Sirius sabía que el asunto no estaba completamente digerido. Sirius sintió una súbita ola de cariño por su amigo. Incluso cuando James estaba evidentemente incómodo con toda la situación, seguía determinado a velar por sus amigos.

— No me gusta mantenerlo en secreto —Sirius le aseguró— Si pudiera, le contaría a todo el mundo lo maravillosamente hermoso que es, y tú fuiste quien trajo el tema así que no hagas muecas, pero no podemos. Todo lo que Lunático quiere es ser normal y encajar. Desea que la gente lo acepte, y esto hará mucho más difícil que la gente lo quiera. Si la gente lo supiera, ¿Puedes imaginar cómo lo tratarían? Lo juzgarían y siempre estarían observándolo para decir cosas horribles de él a sus espaldas. Y entonces sería solo cuestión de tiempo para que notaran las otras cosas raras sobre él. El cómo se enferma cada luna llena, y que algunas de sus "cicatrices por abuso" son muy nuevas. ¿Ves a dónde quiero llegar?

James lo miró pero no dijo nada.

— Y no solo es por él, Cornamenta. Yo también tengo miedo —Era sorprendente lo mucho que le costó decir eso.

— ¿A qué te refieres? —James indagó, luciendo confundido.

— El heredero a la más antigua y noble casa Black ¿Resultó jugando para el bando contrario? Piénsalo, James. ¿Tienes la menor idea de lo que mi familia me haría? —Sirius dejó salir una risa histérica— La maldición Imperious sería lo más delicado al lado de maldiciones tan oscuras que ni siquiera las pueden llamar "Imperdonables" dado que el Ministerio niega su existencia. Y están por todas partes. Prácticamente cada familia sangre pura está relacionada conmigo de una u otra forma, especialmente las más oscuras. La única razón por la cual tú no eres mi primo segundo es debido a que nuestras familias siempre han sido rivales. Y déjame decírtelo, hay muchas familias afuera que harían cualquier cosa por tener un jugoso secreto del heredero de los Black: Cosas para desacreditar a mí familia; algunos querrán cosas para vengarse porque yo soy Gryffindor, o el primogénito; algunos querrán que el nombre de mi familia siga siendo poderoso incluso cuando implica quitarme de la ecuación.

Sirius tembló de solo imaginarlo: — Y todos están aquí, en la escuela, vigilándome todo el tiempo. No puedo arriesgarme a flaquear. No puedo arriesgarme a no guiñarles el ojo a las chicas. Por mí y por Lunático, dado que la solución más sencilla sería sacar del mapa a quien me corrompió en primer lugar, y sé que no podré vivir si le sucede algo por mí culpa.

Sirius miró a James por el rabillo del ojo y se dio cuenta de lo pálido y enfermo que lucía: — Tienes una familia enferma, amigo —Le dijo al final.

Sirius metió las manos en sus bolsillos y miró el cielo: — No sabes ni la mitad sobre ella.

— Termínale —James exclamó.

— ¿Qué?

— Termínale. Puedes encontrar a alguien más. Y él también. Chicas. Ustedes no saben en lo que se están metiendo. No es una conquista ni un experimento, Sirius. Es poner sus vidas en riesgo. Solo tienen quince años. ¿Un par de besos valen la pena?

Habían llegado al sauce, pero Sirius no tenía ganas de sentarse. Temblaba debido al enojo y la frustración, ni siquiera podía notar la diferencia. Todo lo que sabía es que tenía que hacer que James lo entendiera: — ¡No es sobre los besos, James! Esto va mucho más allá. ¿Qué no lo entiendes? Es…es…más. Yo querría estar con él incluso si me odiara. Me quedaría con él incluso si fuera deforme o feo o…o…una chica o cualquier cosa. Siempre lo he querido así, lo quiero a él. A nadie más. Incluso si algo malo sucediera, no querría nada más. Si él, no lo sé, se transformara en lobo y quedara así para siempre, me convertiría en Canuto y viviría de esa forma lo que me queda de la maldita vida. Y si se quedara en su estado infantil post luna, me haría cargo de cuidarlo y me encargaría de que tuviera una mejor infancia de la que le dieron con…juguetes y juegos y helado y ¡viajes a esos lugares que hacen felices a los niños! ¿Comprendes? No puedo dejarlo, Cornamenta.

Sirius nunca antes había visto a James tan sorprendido. Se quedó mirando a Sirius con la boca abriéndose y cerrándose, sin decir palabra alguna. Su rostro no se decidía en ser pálido o escarlata y eso lo confirmaba los pequeños parches de rojo en sus mejillas: — Maldición, Canuto —Consiguió decir al final— Y te atrevías a decir que yo estaba idiotizado.

Sirius bufó: — Lo estás.

— Bueno, si yo estoy idiotizado, tú estás colgado, ahogado y descuartizado.

Sirius suspiró y se dejó caer al suelo, acostándose sobre su espalda y usando sus brazos como almohada: — Bien, lo estoy. ¿Y qué?

— Solo… no lo lastimes.

— ¿Lastimarlo? —Sirius se sentó de un saltó y miró mal a James— ¿Me pusiste atención cuando te conté todos mis sentimientos?

— No me refiero a deliberadamente —James añadió rápidamente— Pero algunas veces haces estupideces sin pensarlo. Si tú… g-g-gustas de él tanto, solo puedo pensar que él también ya está dispuesto a ir todo el camino por ti, porque ya sabes cómo es Lunático, nada lo detiene. Te ha dado su corazón, Canuto. No se lo rompas en tu entusiasmo.

— Oh, amigo. En verdad se te ocurren cosas perturbadoramente poéticas cuando quieres. Haz una y mándasela a Evans. Posiblemente eso la enamore.

— Hablo enserio, y no te atrevas a bromear. En verdad lo estoy. Sé que no querrías hacerlo, pero algunas veces eres…un Black. Sé que no es tu culpa. Pero solo, quiero que entiendas que no deseo escoger entre los dos si algo sale mal.

Sirius recordó de repente el momento en la cornisa antes de caerse y que Remus lo atrapará: — ¡Mantén tus malditos sentidos de lobo para ti mismo! —Las palabras habían salido de su boca sin que pudiera impedirlo. Como poderoso veneno. Era un Black hasta el hueso, no importaba que tanto lo negara.

— Tienes razón, por supuesto —Habló suavemente— Justo como dijo Bellatrix "Mucho Slytherin para un Gryffindor. Mucho Gryffindor para ser un Slytherin" Solo prométeme algo ¿Bien?

— ¿Qué?

— Prométeme que si hago algo para herirle, lo escogerás a él. Prométemelo, James.

— Dependería de la situación… —James empezó.

— ¡No! —James saltó— No importa qué, él sobre yo. Prométemelo. En honor Merodeador.

James parecía estar luchando con algo en su interior, pero al final contestó: — Bien. Lo prometo. En honor Merodeador.

— Bien —Sirius volvió a acostarse, satisfecho.

— Hablando de Merodeadores, ahí vienen Peter y tú malvavisco.

— Si vuelves a usar el término "Malvavisco" conmigo, te colgaré de las ramas del Sauce Boxeador mientras Evans te fríe en un asador y baila a tu alrededor como loca.

— ¡Ooh! —Peter exclamó, sentándose al lado de James— ¿A quién vamos a cocinar?

— Cornamenta —Sirius contestó, molestando al muchacho.

— ¿Puedo ofrecer a Quejicus como substituto? —James preguntó, pretendiendo mostrarle algo a Sirius— ¿No preferirías verlo a él ser asado?

— Oh, está bien —Sirius suspiró— ¿Cómo puedo resistir tremenda oferta?

— Ustedes dos deberían superar su venganza contra Snape —Remus los regañó, llegando detrás de Peter. Tenía su libro de cartografía y una pluma puesta en la oreja. Se veía tan cerebrito y excéntrico que Sirius estaba a punto de explotar.

— ¿Superar nuestra venganza contra Snape? —James cuestionó, luciendo herido— ¿Entonces qué haríamos para vivir?

— Solo opino que un día de estos los meterá en problemas —Remus se sentó al lado de Sirius, que seguía admirándolo profundamente— ¿Ves algo que te guste, Canuto? —Le dijo con orgullo, dedicándole una sonrisa coqueta antes de sacar el mapa de su bolsillo.

— Ew, Lunático —Peter torció el gesto en desagrado— Gracias por las imágenes.

— Yo pienso que es interesante —Sirius añadió.

— Entonces —James cambió el tema prontamente— ¿Cómo va el mapa?

— Muy bien. Miren esto —Remus desdobló el mapa en el pasto. Sirius se alzó con los codos y frunció el ceño al darse cuenta de que no era el mapa, solo un pergamino en blanco.

— ¿Qué le sucedió? —James demandó.

— Mira, te he dicho —Remus puso su varita contra el pergamino— Juro solemnemente que mis intenciones no son buenas.

Tinta negra empezó a aparecer frente a ellos, conformando pequeñas columnas que eran las paredes, cuartos y corredores del castillo, hasta que finalmente el mapa completo se había revelado. Mientras Sirius lo miraba boquiabierto, las escaleras comenzaron a moverse.

— ¡Remus Lupin, eres mi dios! —Gritó.

— Yo no iría tan lejos —James mencionó, haciendo una mueca— Pero si estás cerca. Eres un demonio de Merodeador, Lunático. Esto es totalmente increíble.

— Necesito ayuda con los hechizos para implantarle las personalidades y también encontré el que pondría a las personas.

— Espera un minuto —Peter lo interrumpió— ¿Personas moviéndose? ¿Con etiquetas que tengan sus nombres?

— Sí —Remus contestó, su sonrisa con destellos Merodeadores— Supongo que por eso el libro es ilegal. Invade un poco la privacidad.

— Es lo más genial que he visto —Peter anunció— De hecho, creo que lo único que nivela su genialidad es la capa de invisibilidad.

— Yo lo apoyo —Sirius aceptó.

— Tenemos todo el día —Remus les recordó— ¿Quieren intentar los otros hechizos ahora?