Disclaimer: Los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer y la trama a vampbirch.


22 de noviembre, 2012

Puedes pasar semanas, meses, años, contemplando la decisión más importante de tu vida. Puedes tener miedo de todos los posibles resultados, temer cada posibilidad, preocuparse, preocuparse, y preocuparse aún más.

Nada puede prepararte para el momento en que pasa. Hay un instante donde creo que al fin tengo todo resuelto, y entonces las decisiones toman vida, y dudo de todo nuevamente.

Mi decisión nace un jueves, en la noche del día de Acción de Gracias, para ser exacto.

No sé qué está pasando todavía. Soy ajeno a todo lo que pasa afuera de las paredes de mi casa.

Emmett está enojado porque no puede ganarme en Mortal Kombat. Le dije una vez y se lo diré de nuevo:

—Jamás destruirás a Johnny Cage.

—Idiota. —Lanza su joystick. Este cae a mis pies, y se lo tiro a la cabeza.

La primera vez que ella me llama, Emmett me tiene agarrado del cuello sobre el piso de la sala.

Me estoy riendo tan fuerte que no escucho el sonido de mi teléfono en la mesa, y Rose no se da cuenta porque nos está gritando que dejemos de matarnos.

La segunda vez que me llama, mi mamá nos está gritando a los tres.

Ella golpea a Emmett en la cabeza y le dice que es un idiota por casi matar a su hermano. Luego se gira hacia mi y me dice que tengo que madurar, que voy a ser padre pronto y por lo tanto debo comportarme como tal.

Estoy sosteniendo hielo contra mi cuello cuando le digo:

—No sé cómo se debe comportar un padre.

Y alrededor de ese momento, Bella me deja un mensaje de voz.

Mamá se ríe. Me abraza y me dice que saque la basura para comenzar.

Me pierdo dos llamadas más cuando saco la basura. Por alguna razón, me siento un poco raro mientras llevo la basura a los tachos que se encuentran en el callejón detrás de mi casa. No sé qué es; solo que algo está mal.

Por una vez en mi vida, no le hago caso. Me digo que no tengo razón por la cual preocuparme. Soy un chico ansioso, Sr. Me-preocupo-por-todo.

Todo está bien, me digo, porque lo está.

Irónicamente, no es así. Por primera vez, si tengo razón para preocuparme.

No sé todavía que Bella está en el hospital y que la otra vida quiere salir dos semanas antes. No hasta que mi mamá me dice que limpie la sala y noto la notificación en mi teléfono.

Toda mi vida estuve seguro de lo que significaba entrar en pánico. Quiero decir, experimenté un paro-cardíaco-que-no-era-real al menos cinco veces en los últimos seis meses. Se puede decir que sé una cosa o dos sobre ansiedad.

Pánico:

Es cuando tomas tu teléfono y descubres que tienes seis llamadas perdidas de Bella y dos de su madre, y mi corazón se detiene. Mi pecho comienza a estrecharse y no puedo respirar porque sé que en unas horas, toda mi vida va a cambiar.

Es cuando estoy a medio camino del hospital y Emmett tiene que conducir el resto del camino porque piensa que nos voy a matar. No quiero morir todavía, así que le dejo que tome el volante.

—Hermano, tienes que relajarte. —Coloca su mano en mi hombro, y asiento. Sacudo mi cabeza. Asiento otra vez.

Calma, calma, CALMA… Puedo estar jodidamente calmado.

Mi vida está girando ante mis ojos. Un segundo estoy enloqueciendo en el coche, y al siguiente estoy al lado de Bella, y todo se detiene.

—¡Edward! —grita ella, pero se está riendo por alguna razón. Su rostro está sonrojado, sus ojos brillantes, y tiene una sonrisa radiante—. Pensé que no llegarías.

—Es culpa de Emmett —suelto, envolviéndola en mis brazos—. ¿Qué rayos pasó?

Bella me cuenta que estaba a punto de devorar la tarta de chocolate cuando rompió bolsa.

—¿Al menos pudiste comer la tarta? —Es la única preocupación de Emmett.

Bella sacude su cabeza y frunce los labios, luciendo decepcionada.

—No.

Charlie resopla. Levanto la vista y veo a Reneé debajo de su brazo. Él me guiña el ojo.

—Lo intentó.

Bella se encoje de hombros, sin vergüenza.

—También lo intentarías.

Me río.

Me doy cuenta que no soy el único que está asustado.

Asustado:

Es cuando estamos solos en la habitación y Bella llora con el rostro en sus manos.

—Estoy tan asustada, Edward. ¿Y si lo arruinamos?

Vamos a arruinarlo… una y otra vez. Pero en vez de preocuparnos por este hecho, beso sus mejillas y sostengo su mano. Sus ojos están llenos de lágrimas cuando me aparto.

—Vamos a cometer errores, Brightside. —Beso su muñeca.

Darme cuenta que no sé qué hacer es otra cosa.

Es cuando ella dice:

"No puedo hacer esto."

"¿Y si lo hago mal?"

¿Y si accidentalmente lo mato?"

No sé de dónde saca esta mierda, pero intento convencerme que va a estar bien.

Por tres horas, de todas formas.

Hasta que Bella comienza a empujar, y ahí comienzo a dudar.

Dudar:

Es mirar a la chica por la que sonríes, gritar como si la estuvieran matando, mientras la otra vida sale de ella.

Es fulminar con la mirada a su madre y querer arrancarle la cabeza por convencer a su hija de no aceptar la epidural.

Otra vez, es cuando ella dice:

"No puedo hacerlo."

Y entonces está la parte más importante de nuestra decisión…

Teniendo la confianza de sostener su cabeza, mirarla a los ojos y decir:

—Si, puedes, y eres jodidamente hermosa, pero, Brightside, estás lastimando mi mano.

Unos momentos después, hay un chasquido, pero esta vez no es mi mano; es el comienzo del sonido del llanto de un infante.

Verlo por primera vez es tan simple. No estoy dudando, ni en pánico. No tengo razón para enloquecer porque él está aquí y está bien. Grita con fuerzas para hacernos saber, y lo sabemos. Es la cosa más increíble que he sentido en toda mi vida.

Y entonces Brightside—la chica que me enseñó que está bien sonreír sin razón alguna—gira y jadea. Sus ojos se ensanchan, luce aterrada, pero las curva en las esquinas de sus labios dicen lo contrario.

—¿Canal tres?

Todos nos miran como si estuviéramos locos, y no puedo evitar estallar en risas. Es ahogada y algo aterrada.

No sabemos a dónde vamos desde ahora, pero sabemos que no estamos solos. Todo nuestro mundo está aquí, y no tengo duda en el mundo que su lugar es aquí con nosotros.

Amor:

Es loco y confuso, y más que nada, deseo haber sabido antes que esto iba a ser nosotros.

Estos son nuevos comienzos.