Capítulo 35. Se desvanece mi felicidad ante mis ojos
Los días siguientes después de la fiesta, me costaba trabajo realizar mis actividades diarias por tener el corazón confundido, todavía me dolía el engaño de Albert pero también quero verlo, por las mañanas me levanto sin muchos ánimos, me arreglo para ir a la clínica, al salir de casa todos los días me encuentro una flor silvestre color rosa al pie de la puerta, la tomaba entre mis manos con delicadeza, la acercó a mi nariz para olerlas, se me dibuja una sonrisa y el corazón se me reconforta por saber que las dejo mi rubio bello, me a de extrañar como yo lo extraño a él, las flores las depósito en un jarrón con agua.
En la clínica trabajo de más para tener la mente ocupada, no quiero pensar en la ausencia de Albert. Al salir del trabajo me demoro para llegar a la casa, se que va estar sola, nadie me espera con la cena ya preparada, no me espera su sonrisa cálida, ni sus brazos protectores ni sus besos llenos de amor, por eso invento cualquier escusa para llegar tarde a casa. Al llegar a mi hogar no quiero ni tocar la perilla, se lo que me espera en su interior, al abrir la puerta siento la soledad que abruma todo mi ser. Cuando entró al recinto solo encuentro el silencio . Fuera del alcance de miradas curiosas me derrumbó para llorar como una niña desprotegida, todo me recuerda a él, los besos en el sofá, en el comedor teníamos pláticas llena de risas, las caricias en la alfombra, sus bromas subidas de tono que provocaban el rubor de mis mejillas como cuando dijo que al ser su novia tenía la obligación de besarlo por las mañanas, su ausencia me atraviesa y desangra el corazón como si fuera una flecha. Con gran dificultad llegó a su habitación, mis pasos no son firmes, mis piernas parecen gelatina que se tambalean al caminar. Estando en su cuarto me quito la ropa para ponerme una de sus camisas para sentirlo cerca de mí. Me acuesto en su cama, abrazo la almohada para seguir llorando otra vez. Se que no es sano tener esta clase de vida pero no tengo la fuerza para irme de esta casa, prefiero tener el lugar de mis recuerdos aunque me haga daño, si me fuera no tendría nada y eso si me mataría de tristeza, después de cansarme de llorar me quedo dormida.
Al día siguiente, en la madrugada ya no pude conciliar el sueño, tenía una ansiedad que me hacia dar vueltas en la cama, no pudiendo estar por más tiempo acostada decidí ponerme en pié, sin prestar atención a mi aspecto fui directo a la puerta principal, mire la calle por la ventana, al ver que estaba desierta salí para buscar mi flor favorita, para mi sorpresa ahí se encontraba en el mismo lugar sin falta, como siempre la tomó en mis manos para ponerla en agua sintiendo que me inyectan nuevos bríos en mi vida. Siento como incrementan mis ganas de verlo, por lo que decido ir a la mansión Andrew con el pretexto de visitar a Archie, me tarde más de lo normal en arreglarme por si me lo encuentro quiero que me vea bonita, salgo de la casa con un vestido lila, zapatos blancos, me hice una coleta de lado para ponerme un sombrero color crema adornado con flores blancas y rosas, me ato las cintas blancas en un moño por debajo del cuello, respiro profundamente para mitigar mi nerviosismo tengo la esperanza de encontrarmelo en este día.
Al llegar a la residencia Andrew me topé con Archie antes de tocar a la puerta, me sonrió y dijo —que bella sorpresa, ¿a que se debe tan grata visita?
Con una sonrisa le contesté —vine a visitarte
Con el rostro un poco apenado habló —yo voy de salida, quedé de verme con Annie para comer juntos, puedes acompañarnos, sabes que te queremos mucho
—te acompañó hasta el centro, necesito comprar unas cosas para la casa y no los quiero interrumpir en su cita
Caminamos hasta donde estaba estacionado uno de los tantos autos de la familia Andrew, nos subimos y seguimos platicando —no interrumpes nada, bueno quizás un poco... Jajaja jajaja
—jajaja, por cierto ¿ qué novedades hay en la mansión Andrew?
—ninguna... Solo que Albert es el abuelo William, pero eso ya lo sabías
Al escuchar su nombre mi corazón late apresuradamente como si supiera que él es su dueño y digo fingiendo indiferencia — hablando de Albert ¿ qué a hecho últimamente?
—trabaja casi todo el día... No he tenido oportunidad de conversar a detalle con él
Con tristeza pregunté —¿en estos momentos se encuentra en la empresa Andrew?
Archie puso cara de preocupación y mencionó —!Candy! No lo sabes...
—¡¿saber qué?!
— Albert salió de viaje
Esta noticia me cayó como valde de agua helada y pregunte sorprendida —¿ cuándo regresa?
—dentro de dos años aproximadamente
Dije en un hilo de voz —tanto tiempo
—si Candy, tiene que ir a Europa a resolver unos problemas
Al escuchar las palabras de Archie quede en stock mientras que las lágrimas me brotaban de los ojos, solo pude decir —no me despedí de él
—¡Candy! Si quieres te llevo a la estación del tren... No se si logremos alcanzarlo pero lo podemos intentar
—si Archie, vamos a la estación por favor
Al llegar a la estación, me bajé del coche corrí lo más a prisa hacia el tren pero era en vano ya se había ido, sin pensarlo corrí para alcanzarlo sabía que era en vano pero tenía que intentarlo, grité su nombre no importando desgarrarme la voz, lo ví a lo lejos pero por más que gritaba no me escuchaba, cansada y con las esperanzas por los suelos me paré a ver como el tren se alejaba de mí como si fuera las gaviotas que migran al sur, mientras que soy golpeada por una fuerte ráfaga de viento que me produce escalofríos por todo mi cuerpo. Se va mi vida con Albert, todo por mí orgullo, si hubiese sabido que esto pasaría habría aprovechado el tiempo para ser feliz con el hombre que amo, no habría permitido que las dudas me invadieran. Lloro a mares sintiendo arrepentimiento, se que no sirve de nada no se pueden borrar los errores del pasado, solo puedo ver como se desvanece mi felicidad ante mis ojos.
Continuará...
