Epílogo 2

Años despues...

Sissi y Emma miraban a sus padres en silencio, mientras ellos a su vez esperaban algún tipo de respuesta. Pasaron unos segundos más hasta que una de ella abrió la boca por fin.

— ¿Por qué no nos lo habeis dicho antes? —preguntó Emma en un susurro.

Bella suspiró y miró a suhija a los ojos.

— Quería que tuvieseis la edad suficiente para que comprendierais lo complejo de la historia —contestó en un tono de voz neutro, que no mostraba los nervios que sentía.

Otro silencio se interpuso entre las cuatro personas presentes y Edward sintió miedo… por primera vez temía de verdad perder a sus hijas.

— ¿Dónde está ahora? —preguntó Sissi mirando al suelo.

— Murió poco después de que nacieseis —contestó Bella de nuevo.

Emma frunció el ceño y miró a sus padres con expresión desafiante.

— Entonces… ¿cuando todavía estaba vivo ya estabas con papá? —preguntó en un gesto de incredulidad. Bella asintió y Emma bufó— ¿Le engañaste con papá? ¿Por qué él no nos registró como sus hijas?

— Emma, las cosas no son tan sencillas como parecen —habló Edward por primera vez.

— ¿Ah no? —preguntó ella con ironía — Mamá se queda embarazada de su novio, pero después se va a vivir contigo y tú nos registras como tus hijas justo antes de que él muera.

Bella se encogió atemorizada por el rumbo que estaba tomando la conversación.

— Él no se portaba bien con tu madre… por eso se separaron —volvió interceder Edward.

— No se portaba bien con ella —repitió Sissi— ¿qué tan malo podía ser para arrebatarle a sus hijas?

Bella sintió la bilis en su boca y un leve mareo, pero sacó coraje para enfrentarse a sus hijas.

— Él me maltrataba, la noche que le dije que estaba embarazada me golpeó hasta que pude escapar —dijo en un susurro.

Emma y Sissi miraban a su madre con incredulidad. Emma respiró hondo y se puso en pie, abandonó la habitación en silencio y sin volver la vista a sus padres. Sissi la siguió pero miró a su madre con una disculpa silenciosa. En cuanto se quedaron a solas Bella se derrumbó entre los brazos de Edward. Ambos habían creído que a sus dieciséis años tenían edad suficiente para sabr toda la verdad, no esperaban unas palmaditas en la espalda dándoles la enhorabuena, pero pensaron que al menos lo entenderían, pero esa reacción los había tomado por sorpresa.

Emma y Sissi se habían convertido en dos jovencitas alegres y felices. Eran educadas y buenas en sus estudios, aunque también les gustaba salir con sus amigos y celebrar un fiesta de vez en cuando. Eran como cualquier adolescente de su edad.

Anthony entró en la sala mientras sus padres todavía estaban abrazados, Bella todavía tenía el rostro en el pecho de Edward aunque había dejado de llorar.

— ¿Qué pasa? —preguntó el chico.

Tony era igual que su padre. El color de su pelo, sus ojos… apenas había nada de Bella en él, para orgullo de ella, que veía en su hijo al pequeño Edward que conoció cuando entró en el instituto. Era un niño muy maduro para su edad, a sus doce años en ocasiones dejaba a sus hermanas mayores con la boca abierta y un palmo de narices.

— Tu madre no se encuentra bien —contestó Edward.

Le niño lo miró enarcando una ceja, algo tan típico de Edward que en ocasiones creía estar mirándose a un espejo años atrás.

— ¿No la habrás dejado embarazada? —preguntó el niño entre asustado y esperanzado.

Edward ahogó una carcajada y negó con la cabeza a la vez que se mordía el labio. Desde que había cumplido tres años el pequeño Anthony pedía un hermanito por activa y por pasiva, en sus cartas de navidad, por su cumpleaños, por sacar buenas notas… cualquier ocasión le parecía perfecta. Y aún, con el paso de los años, ese deseo no había cambiado.

El pequeño se metió en la cocina a buscar algo de comer y después se fue a su habitación azotando la puerta con fuerza solo para molestar a sus hermanas. Edward y Bella suspiraron mientras sonreían…

...

— ¿Qué piensas? —preguntó Sissi acurrucada en el alfeizar de su ventana mientras veía como la lluvia de Forks empapaba los cristales.

Emma suspiro y sacó la cabeza de debajo de las mantas para mirar a su hermana.

— Tenían que habérnoslo dicho antes —susurró.

Sissi la miró y negó con la cabeza.

— ¿Has visto como estaba mamá? —preguntó en un murmullo a la vez que se ponía en pie y se acercaba a la cama de su hermana hasta meterse con ella bajo las mantas— ese hombre tuvo que hacerle mucho daño para que lo abandonase, mamá es la persona más buena que conozco.

— Ese hombre es nuestro padre biológico Elisabeth —gruñó Emma.

— Era… esta muerto —la corrigió su hermana.

Se quedaron en silencio unos minutos, una al lado de la otra, como siempre habían estado.

— ¿Te imaginas a alguien golpeando a mamá? —preguntó Sissi en un murmullo.

Emma no contestó, pero sintió como algo se revolvía en su estómago, nadie debería golpear a su madre… pero ese hombre que la había creado lo había hecho. Aunque le dolía el engaño de su madre, creyó que en su situación quizás hubiese hecho lo mismo.

— No somos realmente unas Cullen —dijo finalmente.

— Pero todos nos tratan como si lo fuésemos —contradijo Sissi.

Emma bufó.

— Emmett no es nuestro tío de verdad… ni Jazz —negó con la cabeza— toda nuestra vida es una mentira.

— Eso no es así… —la contradijo su hermana una vez más— mira a Lily, no tiene sangre Cullen y la queremos como si fuese nuestra prima realmente. No tenemos sangre Cullen, pero somos Cullen.

Emma suspiró de nuevo pensando en su prima Lily, ella era la hija de Emmett y Rose, la habían adoptado al descubrir que Rose no podía tener hijos. Al principio se había sumido en una depresión horrible, pero todo cambió cuando la pequeña Lily, con tres añitos, llegó a su vida iluminándolo todo.

— Quizás tienes razón —suspiró Emma.

— ¿Quizás? —preguntó Sissi enarcando una ceja como Edward— piensa en papá… él siempre ha estado ahí para nosotros, siempre nos ha apoyado en todo incluso nos ha evitado alguna regañina con mamá.

Emma rió entre dientes.

— ¿Recuerdas cuando rompimos el jarrón que le envió la abuela Renée por su cumpleaños? —preguntó Emma— papá le echó la culpa a Tony cuando estaba empezando a caminar.

Las dos estallaron en carcajadas.

— ¿Vamos a hablar con ellos ahora? —preguntó Sissi.

— Mejor lo dejamos para mañana… ya es muy tarde —contestó su hermana.

Se quedaron juntas en la misma cama, como cuando eran niñas y una de las dos tenía pesadillas, en lugar de despertar a sus padres, siempre se metían en la cama de la otra y sus miedos se desvanecían por arte de magia. Sissi se quedó dormida enseguida, pero Emma no lo consiguió. Por su cabeza no dejaba de pasar lo que sus padres le habían confesado horas atrás.

Edward Cullen no era su padre biológico, pero él siempre había estado allí. Su madre, les había mentido durante dieciséis años, pero pensándolo bien, no sabía cómo habría reaccionado si se enterase antes de todo eso.

Se imaginó a sí misma en el lugar de su madre, embarazada, con un hombre que la maltrataba y un escalofrío recorrió su espalda. Tenía que haber sido tan difícil para ella… seguir adelante ella sola, con dos hijas… estaba su padre, el de verdad, Edward, que la ayudó a salir adelante, pero en algún momento ella tuvo que verse sola y desamparada.

Se levantó de la cama y bajó hacia la cocina a tomar un vaso de leche, a ver si así conseguía dormir al menos un poco. Cuando pasó por la sala se quedó petrificada al ver a su madre sentada en el sofá viendo sus fotos de cuando eran bebes, Bella alzó la vista y la miró asustada. ¿Qué recibiría en esta ocasión de su hija? ¿Comprensión? ¿Rabia? ¿Odio? ¿O de nuevo indiferencia?

Emma siguió de largo a la cocina y se sirvió su leche, volvió sobre sus pasos y se sentó al lado de su madre en silencio.

— En esta teníamos cinco… —susurró señalando una foto se Sissi y ella misma con la cara bañada en chocolate— fue cuando ayudamos a la abuela Esme a hacer el pastel de cumpleaños del primer año de Tony.

— Sí… —susurró Bella— teníais más chocolate en la cara y en la ropa del que se quedó en el pastel.

Ambas rieron y Emma suspiró.

— Gracias por luchar mamá… —dijo en un murmullo— por seguir adelante sin que él te ayudase y decidir tenernos de todos modos.

— No me arrepiento de nada… —dijo Bella emocionada— recibiría de nuevo todos esos golpes solo por teneros a mi lado.

Emma la abrazó y enterró la cara en su cuello.

— ¿Podría ir a visitar su tumba? —preguntó en un susurro.

Bella se tensó… en todos esos años nunca se le había pasado por la cabeza ir a visitar la tumba de Mike… pero lo que le pedía su hija no era tan descabellado, después de todo, ese hombre había sido su padre biológico.

— Por su puesto —dijo con reticencia— iremos mañana si quieres.

— Gracias —dijo Emma sonriendo antes de irse de nuevo a su habitación.

— ¿Qué hacemos aquí? —preguntó Tony a su padre en un susurro.

— Tus hermanas querían venir —contestó Edward.

— ¿Al cementerio? Puff —se quejó una vez más— esta tarde hay un partido de Mariners y me lo estoy perdiendo por su culpa.

— ¿Crees que no lo sé? —preguntó Edward— tu tío Emmett no invitó a verlo en su casa.

— ¿En la pantalla de de cincuenta y dos pulgadas? —preguntó Tony, su padre asintió— voy a matar a Emma y a Sissi… ¿no podían venir ellas solas?

— Tranquilo, acabaremos pronto… podremos ver al menos el final —le dijo Edward para tranquilizarlo— o eso espero…

Bella miró por sobre su hombro a Edward y a Tony y les dedicó una mirada de advertencia para que se mantuviesen en silencio. Ellos solo bajaron la mirada y fingieron estar avergonzados mientras camuflaban unas risitas con tos fingida.

Sissi se mantenía al lado de su madre… pero Emma estaba frente a la tumba con un ramo de margaritas blancas. Lo dejó sobre esta y suspiró. No sabía que pensar… por un lado sentía la curiosidad de haber conocido a una de las personas que le dio la vida, pero por otro no podía perdonarle que hubiese golpeado a su madre.

Pero sin más se giró sobre sus talones y miró a Bella con una sonrisa.

— ¿Nos vamos? —preguntó feliz.

Bella parpadeó confundida y frunció el ceño.

— ¿Ya está? ¿no necesitas más tiempo? —preguntó.

— No… solo quería conocerlo, ya lo he hecho y podemos irnos —dijo Emma caminando hasta ponerse al lado de su padre y su hermano— ¿Nos vamos a casa del tío Emm? Si apuramos todavía llegaremos a tiempo para ver el partido.

Los dos le contestaron con una sonrisa y se fueron los tres a paso rápido hacia el coche. Bella los miró alejarse y pensó en su hija... después de todo si se parecía a ella más de lo que la gente decía, su pelo rubio y sus ojos azules despistaban. Pero bajo todo eso la misma fortaleza que demostró ella años antes estaba presente en Emma.

— ¡Mamá! —gritó Tony por la ventanilla abierta— si no te apuras irás andando.

— ¿Quién dice eso? —preguntó Bella caminando al lado de Sissi.

— ¿Lo dice papá? —dijo el niño en tono de pregunta.

Bella y su hija negaron con la cabeza y se metieron dentro del coche.

...

Y así era un día más en la pequeña familia Cullen…