Capítulo 34

-¿Oráculo? No digas tonterías, no son ningún tipo de mensajes de Dios, lo que tienes es algo llamado Haki. Alégrate niño, tienes un gran talento - era la explicación que recibía de aquel hombre cuyo nombre parecía ser Vegapunk.

Kaito creció en la naturaleza más virgen, por lo que salir de su territorio a aquella isla llena de aparatos electrónicos lo llenó de confusión y miedo.

-No te preocupes, aprenderás - también le decía siempre aquel hombre de la bata blanca - ¿Sabes leer o escribir?

El niño negó con la cabeza.

-Bueno, no te preocupes, a partir de hoy vivirás en la civilización, no tendrás que seguir viviendo como un salvaje.

Tal vez los deseos de modernización en muchos personas era un sueño, pero par alguien satisfecho con su estilo de vida, todo aquello era sencillamente abrumador y para nada deseable.

Vegapunk miró con ternura a aquel niño salvaje. Aprendía todo lo que le enseñaba con entusiasmo y resultó ser un gran alumno. Pensó que era realmente alucinante poder tener la experiencia de conocer a un indígena e introducirlo en el mundo moderno.

Al principio, el doctor trató el asunto como un mero experimento científico. Otro de los muchos en los que había trabajado a lo largo de su carrera. Sin embargo, con el tiempo, comenzó a sentir aprecio por aquel muchacho de pelo rojo y hermosos ojos azules como el mar.

El pobre niño vivió encerrado dentro de las instalaciones del Gobierno Mundial donde estaba el laboratorio de Vegapunk. Desde su llegada, no volvió a ver ni un rayo de la luz del sol, y cuando no estaba con el doctor, estaba obligado a permanecer dentro de una habitación completamente monitoreada las 24 horas del día.

Vegapunk se preguntaba a qué se dedicaría el niño cuando estaba solas, por lo que fue a echar un vistazo a las cámaras que grababan el interior de la pequeña habitación. Descubrió que, únicamente se tumbaba en su cama, esperando hasta ser llamado.

La pena inundó al doctor, el cual corrió para poder verlo. Se percató, por primera vez, que el niño únicamente sonreía y reaccionaba cuando iba a visitarlo, y aquello le rompió el corazón.

Desde ese día, las visitas de Vegapunk al niño no se limitaron únicamente a aquellas relacionadas con su educación, si no que comenzó a pasar tiempo con él. Los demás científicos de las instalaciones se rieron, pensando que era otro de aquellos experimentos retorcidos del doctor.

Pero a él no le importaba lo que creyeran el resto. El niño sonreía alegremente cada vez que lo veía, era inteligente y estaba dispuesto a escuchar durante horas lo que le tuviese que contar. Se comenzó a desarrollar un vínculo.

-Doctor - preguntó el niño con curiosidad - ¿Qué es eso?

-¿Esto? Es una guitarra, pensé que estarás muy aburrido cuando yo no esté contigo, así que he pensado que añadiremos a tus lecciones el aprendizaje de un instrumento, ayudará a tu cociente intelectual.

-Guitarra - repitió Kaito con interés.

Miró aquel artefacto que producía sonido, y enseguida se maravilló con él. El doctor sonrió.

Con el paso de los años, Vegapunk lo comenzó a tratar como uno de sus ayudantes, e incluso, como a un hijo.

Amaba la enorme y alegre sonrisa de ese chico pelirrojo. Disfrutaba genuinamente de sus ocurrencias, su humor, y de su creciente talento con la música. Escuchaba con felicidad cada canción que el niño tocaba para él. Se acabó convirtiendo en su refugio personal.


Era curioso.

Durante cada revisión que el doctor tenía con Kaito para ir monitoreando sus habilidades del haki de visión, descubrió que, sin apenas entrenamiento, el chico mejoraba a pasos gigantes.

-Es un desperdicio que únicamente lo tengas tocando la guitarra y con sondas en la cabeza - le dijo Spandam refiriéndose al muchacho - Lo instruiremos en el uso de armas y le sacaremos partido, no vamos a mantenerlo gratuitamente.

-Pero él no es de naturaleza violenta - replicó el doctor - No tiene talento para la confrontación, no creo que sea apto para la batalla.

-Tonterías - Spandam sonrió con malicia - Todos son ángeles hasta que aprietan el gatillo.

Sin oportunidad de debatir, Kaito fue obligado a empezar el entrenamiento con armas. Dentro de las prácticas de tiro, se descubrió que era un verdadero genio y tenía un talento jamás visto que, añadiendo su haki de visión de nivel avanzado, lo hicieron de un perfecto candidato para las misiones en cubierto como francotirador.

La primera vez que Kaito asesinó a un ser humano, tenía 14 años.

Cuando regresó al cuartel, se tumbó en su cama y no volvió a salir de su habitación hasta que prácticamente fue obligado. La sensación de la sangre y los órganos saliendo del cuerpo de aquel hombre, el calor del arma, aquella sensación fría sobre su espalda al ver caer el cuerpo inerte... Nunca lo olvidó.

-Kaito - habló Vegapunk mientras se sentó al borde de la cama del adolescente - Sé que ha sido duro, pero es solo trabajo, no deber verlo como algo personal.

-Yo... he matado doctor... - comenzó a sentir como las lágrimas caían por sus mejillas - Dios me castigará el día del juicio final.

-Kaito, ya te lo he dicho, quítate de la cabeza esas tonterías de oráculo y de deidades. No hay nada después de la vida, nadie te castigará.

El niño continuó temblando. El doctor suspiró.

-Kaito - comenzó a acariciarlo con ternura en la cabeza - Sé que no ha sido fácil, pero debes hacerlo por el bien de tu familia. Yo no puedo ayudarte, si el Gobierno Mundial cree que tu trabajo como francotirador tiene más valor que como sujeto de mis investigaciones, entonces no puedo hacer nada al respecto. Pero debes de ser fuerte.

Al voltearse y mirar al doctor, el adolescente comprendió que mejor debía comenzar a acostumbrarse a ese estilo de vida. Le gustara o no.


El dolor y la angustia causadas por los asesinatos que cometía le comenzaron a pasar factura.

Su hermoso pelo rojo comenzaba a mostrar cabellos canosos a causa del estrés a pesar de su corta edad.

El doctor, para intentar animar a su querido aprendiz, le regaló un rifle de francotirador único en el mundo y especialmente creado para él. Con un alcance de 10 km y con un peso de 70 kilos, únicamente era compatible con el inigualable haki de visión del chico, además de que, gracias a su genética, era capaz de cargar con ese gran peso, ya que creció con una altura que terminó llegando a los dos metros y medio.

Sin embargo, el estilo de vida que llevaba cada vez era menos llevadero. Las muertes cada vez eran más crueles y con mayor frecuencia. Finalmente, el sufrimiento acabó arrinconándolo al uso de las drogas.

En su justa medida, el uso de las drogas parecía que hacía su carga más liviana y, cuando alcanzó la edad suficiente, comenzó a combinarlo con sexo.

Vegapunk fue testigo de cómo su querido niño era arrinconado a un estilo de vida completamente destructivo.


Con 15 años, Kaito comprendió que resultaba atractivo, tanto a hombres como mujeres. Tal vez eran los genes de su madre sirena, pero las miradas lascivas y las continuas insinuaciones no pasaron desapercibidas. Aunque al principio se mostró más reservado, todo cambió tras su primera experiencia, donde comprendió que era una estupidez no dejarse llevar.

Se sentía bien y, tal vez por el uso combinado con la droga, era capaz de abstraerse de la triste realidad en la que vivía ¿Por qué parar entonces?

Sí, era consciente que su vida se había visto reducida a pasar el día entero alucinando, bebiendo y pasando largas noches junto a más de una persona en habitaciones de moteles baratos, pero ¿qué importaba? El dolor de cabeza y los vómitos del día siguiente no eran nada que no pudiera soportar.

-Has cambiado - le decía con regularidad Vegapunk - Eres un chico listo ¿¡Por qué te haces esto a ti mismo!?

-¿Y qué se supone que debo hacer para olvidarlo todo? - lo miró con severidad - Tú no tienes ni idea sobre como me siento. Créeme, no hay nada lo suficientemente fuerte que me pueda hacer sentir mejor ¿Qué más da entonces?

A los pocos años, aquel estilo de vida desenfrenado tuvo sus consecuencias. Los dolores de cabeza cada vez eran más insoportables debido a que, con el uso de drogas, su haki empezó a descontrolarse. Las visiones del futuro eran tan potentes y difusas que para él comenzó a ser imposible diferir entre la realidad y lo que aún no había pasado. Las alucinaciones era intensas y agonizantes, obligándose a llevar una venda que cubría constantemente sus ojos, ya que le era más fácil vivir al centrar su mente en otros sentidos.

Sin embargo, aquellas risillas divertidas de mujeres que se divertían en su cama todas las noches, a veces incluso de hombres desesperados por su atención, todo aquello se había vuelto en una adicción de la que no tenía nunca suficiente. Las luces de colores que lo deslumbraban y el olor a alcohol era lo que lo empeoraba, pero también lo que le ayudaba a mantener la cordura.


Tras muchos años encerrado en los excesos, un día finalmente decidió mirarse al espejo. Se quedó horrorizado al descubrir que, lo que empezó siendo unos cuantos cabellos grises se había convertido en una cabellera completamente plateada.

Corrió nervioso a ver a Vegapunk.

-¿¡Qué diablos me está pasando!?

-¿Qué te ocurre? - le preguntó el doctor.

-¿¡Desde cuándo tengo este aspecto!?

-¿Te refieres al pelo? No te ves mal Kaito.

-¡AGGG!

dolores muy fuertes de cabeza comenzaron a apoderarse de él.

-Dios mío ¿Estás bien? - Vegapunk estaba empezando a asustarse, su querido niño estaba empezando a sufrir los efectos secundarios después del abuso de drogas.

Los efectos permanentes que quedaron en él fue un vértigo muy agudo, era incapaz de caminar mucho tiempo sin la venda en sus ojos, ya que perdía por completo el equilibrio y los mareos eran constantes.


-Varios meses más tarde-

-Lo siento Vegapunk, ya no es útil - Spandam había sido muy claro, los continuos mareos de Kaito habían provocado que dejara de ser de utilidad.

-¿Y por qué no puede quedarse conmigo? - Vegapunk luchó para poder permitir que su hijo adoptivo permaneciera a su lado como ayudante - Sigue siendo un importante de investigación. Además, no creo que el Gobierno Mundial quiera dejar ir a su mejor francotirador y usuario del haki de visión.

-¿Eres idiota? Ese chico si no sirve al Gobierno debe ser ejecutado, no podemos permitir que alguien como él deambule en libertad, por no hablar de la cantidad de misiones de alto secreto que conoce y puede difamar.

-¡No lo entiendo! ¿¡Por qué hacéis esto!? Ya fue suficiente con toda su isla, ¡no es necesario que lo ejecutéis a él también!

-La muerte de esos salvajes era necesaria, ese chico si tiene lugar al que volver jamás habría permanecido tanto tiempo aquí, habría intentado marcharse.

-¡No! ¡Yo nunca le dije que matasteis a toda su familia!

Spandam comenzó a reír mientras miraba al peligris, totalmente horrorizado mientras miraba la escena desde la puerta. Había estado ahí todo el rato.

El horror en la cara del joven era palpable. Vegapunk empezó a darse cuenta de su error. El chico, después de 10 años de servicio al Gobierno Mundial, había descubierto aquella verdad que el doctor siempre le quiso ocultar. Pero era por su bien, o al menos eso se decía a sí mismo.

-¿Están...muertos?

-Kaito, no es lo que piensas.

-Llevo 10 años sirviendo al Gobierno Mundial fielmente - lo miraba fijamente, con lágrimas en los ojos - Me fui para protegerlos ¿Y a cambio los asesinas?

-Kaito, yo no lo hice... ¡Yo no quise que sucediese nada de esto! Yo... ¡Yo te quiero como a un hijo y jamás he pensado en hacerte daño!

-Yo no soy tu hijo ¡Soy un sujeto para tus investigaciones! ¡HE PASADO 10 AÑOS DE MI VIDA ENCERRADO EN ESTAS PAREDES PARA PROTEGER FANTASMAS!

-¡Cálmate, por favor! ¡Yo solo intento protegerte! - miró a Spandam, el cual ya había mandado a llamar a otros agentes para llevarse preso al peligris - ¡ELLOS QUIEREN EJECUTARTE PORQUE YA NO SIRVES!

-¡Y NO LO HAGO! He soportado todo esto por el bien de todos ellos, pero... ahora están muertos - se dejó caer al suelo - No... hace tiempo que dejaron de estar vivos...

Un dolor indescriptible se apoderó de él. Intentó levantarse para salir corriendo, pero los mareos tan intensos lo tiraron al suelo, dejando que los agentes pudieran capturarlo con facilidad.

Spandam se acercó a él y lo miró a los ojos, los cuales ya no mostraban nada más que un vacío inmenso.

-Es realmente una pena que te hayas roto - le agarró la barbilla - Y el Gobierno Mundial no necesita juguetes rotos como tú.

-¡DÉJALO!

-Eso sí, eres atractivo, así que tampoco es como que seas un desperdicio total - sonrió con maldad - He cambiado de opinión, llevadlo a la casa de subastas y que algún Tenryubito puje por él.

-Pero señor, si permanece vivo puede contar lo que ha visto...

-¿Estás de broma? En cuanto sea esclavo no tendrá manera de salir. Nadie escapa de Marijoa.


Y así ocurrió. A pesar de los ruegos de Vegapunk por evitar su destino, el Gobierno lo lanzó a la casa de subastas.

-¡Damas y caballeros! ¡Tenemos un gran ejemplar! - agarró las cadenas que sostenían su cuello - ¿Acaso no es un hombre hermoso? No sirve como esclavo doméstico... ¡Pero estoy seguro de que podrán darle otros usos!

El público rió ante los ingeniosos comentarios de Disco, el presentador de aquella subasta.

-¿No es maravilloso? Sí, se ve un poco apagado - sacudió con fuerza su cuerpo, ya que el chico carecía de ganas por seguir viviendo. Además, los mareos constantes le impedían ponerse de pie al no llevar una venda para cubrirle los ojos - Pero no deben preocuparse - sacó una jeringuilla y se la inyectó, provocando que Kaito se levantara con energía, a pesar de los mareos, y comenzara a jadear - Con este accesorio ¡Es como si estuviese completamente nuevo!


Los hombres de Shirohigue se encontraban en la casa de subastas observando la decadencia del ser humano. Marco estaba furioso, jamás había visto tanta crueldad en el ser humano.

La forma en la que aquellos Tenryubitos pujaban por aquel pobre chico totalmente drogado era repulsivo.

-¡Padre! ¡No podemos tolerar esto-yoi!

-Lo sé hijo, pero no podemos apresurarnos, estamos aquí de incógnito.

-Padre, todos saben quién eres - dejó caer una gota de sudor - ¡Pasemos a la acción-yoi!

-Hijo mío ¿Por qué buscas la salvación de ese muchacho con tanto ímpetu?

Ni el propio Marco lo sabía. Era difícil de entender, pero al mirar a los ojos de aquel chico drogado en contra de su voluntad, llenos de desesperación y dolor... No puedo evitarlo.

-Entiendo - asintió Shirohigue - Haz lo que creas necesario hijo mío, yo te apoyaré.

Marco se convirtió en una enorme fénix, provocando el caos entre la multitud.

Corrió a socorrer a al peligris, pero, antes de que pudiese llegar al escenario, una fuerte ventisca apareció de repente.

-Vaya, me pregunto qué hace aquí la Armada Revolucionaria - dijo con una sonrisa Shirohigue - Este es un punto clave para el Gobierno, podéis hacer enfadar a Doflamingo, Dragon.

El hombre con la marca de fuego en la cara miró con seriedad al pirata.

-Lo siento Shirohigue, pero este chico se viene con nosotros.

Mientras ambos hombres hablaban, Marco había llegado al estrado donde Kaito se encontraba aún atado y con el collar explosivo. No sabía cómo quitarlo, y estaba terrado de volarle la cabeza, pero de pronto, un chico con aspecto de príncipe lo miró y le sonrió:

-No te preocupes, yo me encargo.

En un movimiento de muñecas asombroso, el rubio consiguió quitar el collar antes de que explotara, liberando al joven de cabellos grises.

-¡Increíble-yoi!

-No cantes victoria - dijo Sabo con seriedad - Espero que sepas algo de primeros auxilios.

La droga que le habían administrado le había provocado convulsiones muy severas a causa de sus antecedentes como consumidor de drogas.

Marco, gracias a las habilidades ligeramente curativas, junto con la ayuda del revolucionario, consiguió parar las convulsiones del chico.

-Por favor... - dijo débilmente el peligris - Dejadme morir, ya no tengo motivos para continuar...

-¿Y eso? - preguntó Dragon, quien se había acercado al estrado, mientras el resto de revolucionarios liberaban a los esclavos enjaulados.

Kaito explicó a duras penas su historia. Dragon se arrodilló ante él y le puso una mano en el hombro.

-Hemos venido hasta aquí porque sabemos quién eres y tus talentos. No eres una persona rota ni acabada.

Kaito rió a duras penas.

-Si lo que buscas de mi es a un sicario, lo siento. Hace tiempo que mis habilidades dejaron de ser igual de eficaces ¿Sabes por qué me han tirado como si fuera un papel usado? Soy un ex drogadicto incapaz de ponerme en pie por las secuelas. Si no tapo mis ojos tengo mareos intensos, por lo que ya no sirvo como francotirador - tosió - Mataron a mi familia por este don, ya no me queda nada.

-¿Estás seguro de eso?

Kaito lo miró con confusión.

-Tú crees que eres un desperdicio, que ya no tienes utilidad ¿Por eso malgastas tu preciada vida?

-¿¡Y qué otra cosa puedo hacer!? - las lágrimas caían por sus ojos azules como el mar - ¡No me queda nada!

-Sí, tu libertad como ser vivo. No eres un desperdicio -lo miró fijamente con esa mirada que tan sólo Monkey D Dragon tenía - ¿Quieres ser un hombre libre?

Kaito recordó su infancia encerrado entre paredes de metal. Siempre esperando en solitario a que Vegapunk apareciese. Siempre sabiendo que estaba siendo observado desde los cristales tintados de su habitación. Siempre obedeciendo órdenes a cambio de unas migajas de afecto de un científico.

Miró a Dragon con decisión en su mirada.

-Más que nada en este mundo.

Dragon sonrió. Agarró la mano del chico y lo levantó del suelo.

-Entonces, creo que tienes un nuevo propósito para seguir luchando.