Primogénita
Todos en la mansión sentían una mezcla de emociones al día siguiente del nacimiento de la pequeña Phantomhive. Era una mezcla de alegría por ver a la hermosa niña y de tristeza porque el joven conde aún no despertaba, preocupados por verlo en ese estado trataban de animar a Sebastian, quien no dejaba a su bebé ni tampoco se separaba de su amado.
—Señor Sebastian... Necesita descansar lleva casi un día cuidando al amo Ciel... —Le sugería Agni por la tarde, obviamente él no sabía que el mayordomo era un demonio y podría soportar esta situación— Entiendo su deseo de querer estar a su lado cuando él abra los ojos pero quizás se enoje y lo regañe si lo ve todo desaliñado como está ahora.
—No me veo tan mal... ¿O si?
—Bueno no está con su uniforme impecable como siempre, eso ya es raro en usted.
—Es que ella me desarregló todo cuando le intentaba dar de comer y después me vomitó un poco.
—Los bebés usualmente hacen eso...
Comentaba Agni notando un poco más de animo en su compañero mayordomo al referirse a su pequeña, quien ahora jugaba con los botones de su camisa. Al parecer ella le daba los ánimos que nadie más podía darle en estos momentos de incertidumbre.
—Señor Agni ¿Usted cree que Ciel despierte? —Con un aire melancólico Sebastian cuestionó— No sé que haría sin él, no podría vivir sin la calidez de sus abrazos y besos, sin el dulce sonido de su voz, sin su mirada amorosa, sin su amor que me hace feliz... Prometió que estaríamos juntos siempre, no puede romper su promesa. ¿Verdad?
La voz de Sebastian se quebraba un poco, era la primera vez en esas horas que parecía desahogar su miedo y preocupación, el hindú con una sutil sonrisa lo escuchaba atento mientras palmeaba su hombro.
—Yo no conozco tanto al amo Ciel, pero usted debe saber mejor que yo que él no se dejará vencer por esto y si le hizo esa promesa la cumplirá.
Sebastian al oírlo reflexionaba sobre esas palabras, sabía que tenía razón su querido amo no se dejaría vencer, es un terco que se aferraría a la vida sin importar nada, si lo hizo antes por una venganza porque no querría vivir ahora que tenía una pequeña esperándolo. Con una sonrisa se levantaba del asiento junto a la cama donde había pasado algunas horas, la pequeña sonreía y pedía estar con su padre dormido.
—¿Quieres abrazar a papi? —Le cuestionó todo cariñoso el demonio— Te dejaré con él pero promete quedarte quieta. ¿Si?
La pequeña sonreía mientras parecía asentir con la cabeza, demasiada perspicacia para una recién nacida pero que Agni no notó. Sebastian la recostaba con cuidado junto a Ciel.
—Señor Agni, ¿Puede cuidarla unos minutos? Iré a asearme y cambiarme el uniforme. Si Ciel llega a despertar me llama enseguida por favor.
El hindú no se negó a la petición además la niña solo se abrazó a un costado de su padre y se quedó quieta aunque estaba con los ojos abiertos. Sebastian iba al baño de esa habitación más animado, se lavó el rostro mirando su reflejo en el espejo notó que su hija en algunos rasgos se parecía un poco a el, eso le provocó una sonrisa. Le impresionaba el hecho de como dos seres diferentes habían formado un ser que combinara los rasgos de ambos, era la fusión perfecta de su amor en un pequeño ser, pensaba emocionado para si mismo.
La noche los sorprendió de nuevo, en medio de la semioscura habitación Sebastian hablaba con su pequeña cuando quedaron solos, ella parecía entender todo lo que su padre decía, sus gestos lo reflejaban.
—Ah mi niña... Te enojas igual que Ciel... Fruncen el ceño de la misma manera. —Todo embelesado el demonio hablaba mientras se abrazaba a la bebé que molesta parecía empujarlo— Hasta los mismos reflejos tienen... Eres tan linda... Me pregunto ¿Qué habrás heredado de mi?
Ambos se quedaron viendo ante esa duda, la pequeña solo esbozó una extraña sonrisa, Sebastian sacudió la cabeza.
—¿Mi sonrisa? ¿Por qué? La de Ciel es más bonita. —Murmuró el demonio notando como la pequeña sonreía ahora como Ciel— Ahh estás jugando conmigo... Tan pequeña y fastidiosa. Oh ya veo, tratas de decir que eso heredaste de mi... Vamos a fastidiar mucho a Ciel entonces... Cuando despierte.
Los dos sonrieron con complicidad, con mirada melancólica veían como Ciel seguía sumergido en ese largo sueño del que solo anhelaban verlo despertar. Minutos después la pequeña se quedó profundamente dormida en el regazo de su padre, quien no apartaba la mirada de su amado, era ya de madrugada cuando vio algo extraño en las sabanas que lo cubrían.
—No puede ser... —Sorprendido en un murmullo Sebastian decía al pretender saber de que se trataba, dejando a su hija en la cuna a unos pasos se acercaba a la cama de nuevo— ¿Cómo puede hacer eso frente a una pequeña dama? Que bueno que está dormida. Porque ¿Cómo explicarle que ese bulto es una erección? Es muy pequeña para explicarle esas cosas.
Sebastian con una pícara sonrisa hablaba al oído a su dormido amo, notó que ciertamente seguía en su insconciencia. Le daba algo de alivio saber que quizás iba recuperándose ya que su cuerpo empezaba a reaccionar de esta forma, de esta lasciva forma.
—Al menos ahí abajo estás despierto aunque hubiera preferido que empezaras a despertar desde arriba, ya sabes por tu cabeza abriendo los ojos o algo pero bueno como siempre usted tan impredecible —Eran las susurrantes palabras en tono burlón del demonio mientras se colaba bajo las sabanas para verificar su estado, tocando bajo su pijama y ropa interior notó lo erecto que estaba su pequeño esposo dormido— Me pregunto que habrás soñado para ponerte así de duro...
Sonrojado Sebastian hablaba, parecía excitarse al tocarlo, realmente su miembro estaba muy endurecido y húmedo, comenzó a masajearlo con el pretexto de quitarle tan bochornoso estado. Más excitado lamía su cálido cuello mientras lo masturbaba con fuerza, Ciel seguía dormido aunque su rostro empezaba a teñirse de un sutil sonrojo, emocionando al demonio pues pensó que así lo haría despertar pronto.
—Eres un bello durmiente muy extraño, creo que no despertarás con un beso. Y si... —Sebastian miró la cuna de su hija a unos pasos, levantándose ponía una sabana en los costados para cubrir la vista de la niña si se llegara a levantar— No debes mirar esto... Papi va a levantar a tu mami...
Un poco apenado le decía a la pequeña dormida, dejándola se acercó a la cama nuevamente, no sabía si lo que haría era correcto pero debía intentarlo, intuía que haciéndolo podría despertarlo. Dudó unos segundos pero notaba como su amado seguía erecto, en las manos tenía parte de su lasciva humedad, lamiéndolas percibía su exquisito sabor, excitándolo más. En un suspiro bajó su pantalón notando a su vez como estaba igual de erecto, avergonzado porque a unos pasos estaba su pequeña. ¿Cómo podría estar pensando en sexo estando una recién nacida cerca y su amado en ese estado?
Se sentía como el ser más depravado del mundo existente, aun para ser un demonio pero no tenía más opción, semidesnudo con su erección expuesta se metía bajo las sabanas. Estando a un costado acariciaba la suave piel de su amo como preparándolo para lo que haría, repartía besos en ese bello rostro ruborizado y dormido, su otra mano estimulaba su miembro bien despierto, su propia erección la rozaba a su trasero al estar en esa posición.
—Ciel cariño... Lamento hacer esto pero tengo una corazonada de que esto podría funcionar, o solo quiero hacerlo porque soy un maldito pervertido, no lo sé pero si sé que quiero que despiertes.
Sebastian se acomodaba de tal forma que pudiera penetrarlo sin hacer demasiada presión en su cuerpo, ya que todavía tenía la herida del parto en su abdomen. Estando los dos de costado, era la posición más frecuente de las últimas semanas que habían intimado por el embarazo, lentamente lo penetraba, para su sorpresa la cavidad anal de su amo estaba bien dilatada, era como si él lo quisiera también.
—Ciel... —Jadeante en voz baja lo llamaba mientras daba la primera estocada, sentía lo caliente que estaba por dentro y como su interior lo estrujaba deliciosamente. No tardó mucho en caer en el delirio de placer, embistiéndolo con fuerza y sin detenerse aunque se sentía un poco culpable al hacerlo de esta forma no refrenaba su desempeño.
—Ngh... —Un jadeo se escuchó en medio del silencio— Sebas... Tian...
El demonio se paralizó al oírlo, preso de la emoción al oírlo pero a la vez sentía miedo por como reaccionaría su amo al ver la manera en que lo despertó. Ciel por su parte estaba confundido, en ese momento no entendía que sucedía, lo último que venía a su mente era haberse quedado dormido por un motivo. Abrió los ojos sorprendido al recordar el motivo, iba a nacer su bebé pero ¿Por qué Sebastian estaba tras suyo haciéndole el amor? Era lo que lo confundía, sentía su miembro latir dentro suyo, acaso no estaba embarazado, no tuvo un bebé.
—Ciel... Despertaste... —Nervioso Sebastian le susurraba mientras rozaba sus labios al oído.
—¿Tuve a mi bebé? —Preguntó confuso tocándose el vientre que ya no estaba abultado, no había soñado con un embarazo ¿O si?
—Tuvimos una linda bebé pero al tenerla no despertaste... Hasta ahora.
Ciel frunció enojado el entrecejo al darse cuenta de lo que pasaba, estaba insconciente y su depravado demonio estaba abusando de él.
—¡Quitate... Quita tu cosa de mi...!
—Habla en voz baja despertarás a la bebé.
—Ella está aquí... Y tú estás haciéndome esto. Quítate... Odio tus extraños métodos para conseguir las cosas.
—Deja que termine estoy a punto de correrme. —Excitado Sebastian le decía con una sonrisa, mientras no dejaba de besarlo emocionado— Pensé que no despertarías... Amor...
Entre lágrimas de alegría Sebastian eyaculaba dentro de Ciel, que a pesar de su enojo sentía sincera la extraña alegría de su demonio, vaya manera de expresarse aunque no le sorprendía ya que sabía lo pervertido que era. Jadeante sentía placer al ser llenado de esa forma pero lo disimulaba.
—¿Piensas embarazarme de nuevo cuando apenas he parido?
Dijo el conde con fingida molestia mientras trataba de apartarse, su demonio salía de su interior volteándolo lo veía fijamente, sus ojos llorosos conmovieron al joven que olvidó este percance y acaricio con ternura su rostro.
—No sabía que haría sin ti... Lo pensé y pensé estas horas pero nunca tuve una respuesta. Te amo Ciel... No te atrevas a dejarme nunca, es una orden.
—Sebastian... —Le llamó conmovido el joven— No le des ordenes a tu amo.
Ambos sonrieron embelesados mientras sus labios se unieron en un dulce beso a la vez que se abrazaban.
—Quiero ver a nuestra hija... Quiero verla. —Ciel arreglando su pijama trataba de levantarse ansioso quería ver a su pequeña.
—Cariño... No te levantes, yo la traeré. Ella también estaba ansiosa por verte despierto pero primero limpiemos la cama y cambiamos tu ropa, no querrás que ella huela nuestros fluidos sexuales. ¿Qué va a pensar de nosotros?
Apenado Ciel oía su sugerencia, aunque estaba ansioso por conocerla no quería que ella lo conociera oliendo a Sebastian, no de esa forma. Rápidamente el demonio arregló todo y casi de inmediato traía a la bebé medio dormida en brazos para presentarla a su amo, quien emocionado la recibía. Nervioso la tomaba entre sus brazos, ella era perfecta ante sus ojos, tan hermosa y pequeña, alguien a quien debía cuidar, amar y proteger. Sin notarlo sus ojos se llenaron de lágrimas de emoción cuando su pequeña también le miró y sonrió, esta sensación era tan diferente a lo que antes había sentido. Sebastian observaba la escena con una sonrisa, entendía lo que su amo sentía, conmovido se acercaba para unirse a ellos en ese abrazo.
—Es hermosa... Su cabello negro contrasta bien con sus ojos azules, y sonríe muy lindo creo que se parece a ti... —Ciel alegre comentaba como estudiando cada detalle de su pequeña.
—Ahora puedo decir que hay otra persona que amo aparte de ti... Gracias Ciel por hacerme feliz... Gracias por darme a esta pequeña.
Sebastian le decía mirando a su joven amo que sonrojado no dejaba de verlo, la pequeña los observaba acercándose acariciaba sus rostros con sus manitos.
—Es tan tierna nuestra hija... He pensado que deberíamos tener mínimo unos diez hijos más ya que nos salen bien lindos. Poblar el mundo con pequeños amos. —Divertido Sebastian comentaba mientras jugaban con la pequeña.
—Ah ¿Y qué yo tendré esos diez hijos más? ¿Crees que no duele? Si los tienes tú, con gusto poblemos el mundo...
—Tú no podríamos hacerme ni uno...
—No hables así frente a la bebé.
Ambos discutían frente a la pequeña que parecía suspirar resignada al escucharlos después de todo estaba acostumbrada a esas discusiones tontas, desde que fue concebida los escuchaba discutir. Los demás en pijama entraron a la habitación sin avisar pues querían ver a la pequeña familia junta, emocionados no dejaban de verlos y felicitarlos ahora si por la pequeña.
—¿Cómo fue que despertó el amo Ciel? —Cuestionó Agni con alegría y curiosidad, la pareja se miró entre si de reojo, no sabiendo que responder, no querían decir que al parecer el sexo fue su estimulante para ese despertar. Los demás apenados pudieron casi interpretar ese incómodo silencio— Bueno... Lo importante es que despertó...
Murmuró apenado Agni mientras agradecía a los dioses por este nuevo milagro y pedía las bendiciones de ellos para esta nueva y peculiar familia.
(ฅ'ω'ฅ)
Muchas gracias por estar al pendiente de esta historia. Espero haya sido de su agrado este capítulo... Gracias por el apoyo...
