Llegó la noche.

Rey se despidió de sus dos amigos y, temerosa, cerró con llave. Aun tenía mucho que procesar y, dada la inverosimilitud de la situación, no dudó usar por primera vez el cerrojo con el que contaba la puerta. Si bien les había costado explicar a Finn que había ocurrido, dio por válido la explicación y terminaron por adecentar el lugar. Si bien habían ayudado a bajar el armario sin tener que abrirlo, no dejó de pensar en la ínfima posibilidad de que Hux les apuñalara por la espalda. De su preciada chaqueta saco el diario de la señora Sunset. No sabía si los chicos la habían visto coger o no, sabía como robar sin que la pillaran en el acto, pero tal como estaban las cosas, solo podía esperar a que la respuesta fuera negativa. Tenía mucha curiosidad y, sentada en el sofá, estaba dudando de si leer las intimidades de la que, según un papel, era su madre biológica.

Pero la preocupación era latente. Ella siempre pensó que todo lo que estaba viviendo en ese momento era una extraña y enmarañada historia de amor con Ben Solo y no una fantasiosa trama policíaca-mafiosa cuyo enemigo fuera un señor mayor a las puertas de la muerte proclamándose su abuelo biológico. Esas cosas le hacían plantear si vivía en la realidad o en una historieta escrita por un dios cruel y vengativo.

Escuchó ruidos en la puerta y escondió el diario detrás de uno de los cojines del sofá. No sabía que postura coger y, sin darse cuenta, vio como los dos hombres de la casa entraban bastante extrañados. Rey se llamó a si misma, debió avisar a Ben de que algo gordo había pasado. Se levantó para saludarlos y les dijo que iban a pedir algo por internet ya que no le había dado tiempo a cocinar. En los ojos de su chico pudo ver como no se creía aquella mentira tan poco trabajada, pero por no querer asustar a Anakin, Ben lo llevó a bañarse.

Solo esperaba no haberle dado la sensación de que fueran a romper su relación una vez más.

Agarró su teléfono y pidió unas pizzas mientras que agarraba el diario escondido y lo llevaba a la mesilla de noche. Toda aquella angustia no la dejaba ni respirar y lo podía ver mientras pedía aquellas pizzas. Se sentía un tanto patética, ya no tenía edad para temer viejos fantasmas, pero su corazón latía a cien por hora. No fue hasta escuchar las llamadas de atención del pequeño de la casa hasta darse cuenta que no temía por ella, si no por él. Veía a Sheev Palpatine capaz de hacer cualquier barbaridad al pequeño Anakin Solo.

Rey se llamó imbécil a si misma una vez más, había creado un gran problema de la misma nada.

Intentó aparentar tranquilidad en lo que llegaba la cena, haciendo lo que solían hacer. Si bien le había costado horrores, sabía que había fracasado estrepitosamente. Terminó por dejar que Ben se encargara por completo del pequeño mientras se acostaba y, con la luz de mesilla encendida, empezó a ojear aquel diario, en busca de la más mínima pista que le condujera a aquello que tanto ansiaba Palpatine.

" ¿Rey?" el joven Solo intentó llamar su atención, logrando un gracioso bote que solo hizo enredar las sabanas sobre ella misma. "¿Has visto un fantasma?"

Decidió que lo mejor era confiar en él y contar hasta el más mínimo detalle de lo que había ocurrido ese día. A medida que se iba acercando al final, podía ver como la cara de su compañero de cama solo cambiaba a peor, una horrible mueca de incredulidad que Rey interpretó de la peor forma. Se tumbó a su lado con su inexistente pijama y acompañados de una tenue luz, empezaron a leer el viejo diario. Si bien solo leían al principio palabras de una mujer enamorada de un alguien como era su padre, poco a poco se fueron deteriorando hasta escribir con miedo cada una de las palabras que ella sentía. Hasta el punto de que algunas páginas tenían marcas de mojado. Rey las interpretó como lágrimas. Ese señor, Sheev Palpatine, era el demonio en persona y, estúpida de ella, lo había acercado a sus vidas. La culpabilidad cada vez era mayor.

" ¿Estás bien?" preguntó preocupado Ben al ver su rostro "Si quieres..."

" No estoy mal por leer las palabras que escribió la señora Sunset, Ben" interrumpió ella de forma contundente. No quería dejar hueco a la duda "Siento que he traído una calamidad de proporciones biblicas a la casa. Y ahora que Hux lo sabe todo..."

" Espera, ¿no te has dado cuenta? Zanahorias es un infiltrado"

" ¿Qué?" preguntó sin creérselo Rey

" Todos sabíamos que Armitage es un infiltrado de la secreta, sus intentos por parecer una mala persona eran muy graciosos y reírnos de él nos alegraba los malos días, por eso nunca lo delatamos." Explicó Ben con un tono de nostalgia " El hecho de que siga con las cosas de Palpatine quiere decir que tan mal no le ha ido."

" Él me dijo que esta buscando algo que le robo la señora Sunset… pero no terminamos de saber el que. Además, le dije que él ya me enseño un bizarro dossier con su información criminal. Nada tiene sentido, Ben, absolutamente nada. "

" Quizás si que lo tenga" dedujo Ben " ¿Cómo eran los libros? "

" Viejos y raros " describió ella mientras dejaba aquel diario encima de su mesilla " Pensando bien, es raro que estuviera esto ahí. Era el único libro de ella como tal. "

" Echemos un vistazo ahora que Anakin está durmiendo. Todo esta cerrado, no le pasará nada. "

Animada por su chico, Rey agarró su bata y las llaves para volver a subir, no sin obligar a Ben a ponerse un pijama cualquiera para que ningún vecino viera su cuerpo semidesnudo. Con la oscuridad de la noche, no podía dejar de pensar que estaban en constante amenaza, como si unos oscuros ojos se hubieran pegado en su nuca y no la dejara respirar. En completa antítesis, Ben se veía tranquilo, como si estuviera nadando en su salsa. Leía por encima los libros que se encontraban en aquel extraño armario y revisó las armas que se encontraban. Al parecer, el amargado oficinista no era tan oficinista como ella pensaba.

" Son libros de contabilidad y poco más. Esta información debió ser destruida y no guardada aquí, pero no sería suficiente para destruir a un titan como Palpatine… tiene que haber algo más."

Ben siguió indagando hasta sacar una hoja. Aquella hoja tenía en tinta negra una escrita una dirección que él conocía muy bien.

" ¿Qué es eso?" preguntó curiosa Rey, pero Ben dejó la hoja en el mismo sitio donde la encontró.

" Era la dirección de Stardust" dijo un poco asustado. Agarró la mano de Rey y la empezó a arrastrar a fuera del lugar, pero ella se resistió.

" Para un momento, Ben, pensemos. ¿Por qué querría alguien como Sheev Palpatine la dirección de una escuela infantil? "

" Por algo que hay en ese sitio y Leia sabe que hay… Ahora tiene todo sentido. Por eso no quería que estuviéramos juntos o…"

" Para eso no me hubiera contratado" cortó ella de mala manera. Rey soltó el agarre y se puso en frente de él, completamente desorientada, buscando algo que le hiciera tener los pies en la tierra.

En un momento cruzaron miradas. Rey vio como Ben alzaba su mano para acariciar su mejilla. En cierto modo admiraba la determinación con la que él controlaba la situación. Al lado de él, ella se sentía mucho más segura, protegida y, sobre todas las cosas, querida. Si bien entendía que habían cosas que Ben no comprendía, como él hecho de que al leer las palabras escritas de la señora Sunset. Debía explicarle que, aquella niña abandonada que lloraba antes por la ausencia de ambos, ya no existía y leer las palabras de amor de una persona que no llegó a conocer se sentía como lluvia sobre suelo mojado, simplemente caían, molestaban un poco y se terminaban de marchar para siempre. Nada más. Si que en cierto modo la tranquilizaba saber que no fue abandonada por no deseada, si no por un demonio con máscara mal disimulada, pero eso no quitaba importancia y dureza a todo aquello que un día vivió sola. No daba confort alguno. Al contrario, la vida que se estaba planteando con Ben Solo y el pequeño Anakin era lo que la impulsaba a formar una nueva familia. Algo real.

Algo había hecho click en su cabeza en mitad de un trastero casi vaciado. No sabían si era porque habían malgastado demasiadas horas de ocio viendo programas de televisión o por culpa de los minutos de sueño que estaban malgastando. Sin intercambiar ninguna palabra, ambos cerraron todas las puertas y, al más puro estilo zombie, intentaron regresar a la cama.

A la mañana siguiente, Rey notó frío. Ben no estaba al otro lado de la cama y, completamente asustada, salió de la habitación para comprobar si estaban en la cocina. No estaba nadie pero, al escuchar el grifo de la ducha y las quejas de Anakin, supo que ambos estaban bien. Tranquila, miró el teléfono, no había notificación alguna de Armitage, a lo que se cambió y, como un día normal, se cambió rápido para poder practicar yoga con su amigo. Si bien se puso las primeras prendas de ropa que encontró, sintió que algo estaba fallando. Desoyendo ese sentido, se despidió de sus chicos y bajo, esperando haber encontrado a su buen amigo. Grande fue la sorpresa al verse sola, buscando a su amigo sin éxito alguno. Angustiada, decidió empezar a correr hacia el parque donde estuvieron en la vez pasada, deseando ver a Hux saludando al sol.

En vez de encontrar al peli-naranja, encontró a un tipo alto con gabardina negra al cual no le podía ver el rostro.

" Hux no vendrá nunca más, señorita Palpatine "

" Sunshine " corrigió ella de inmediato " ¿Qué le habéis hecho? "

" Ha sufrido un accidente y ha fallecido. Esperemos que la búsqueda siga correcta y pase un buen día "

Rey intentó aparentar tranquilidad, como si las palabras de aquella persona no fueran una horrible jarra de agua helada. Dio media vuelta y, mientras volvía a la casa, respiró hondo. No quería llorar ni montar una escena a mitad de la calle, pero no sabía como desahogarse. Sin darse cuenta, llegó a la casa, donde sus dos hombres se estaban marchando a sus trabajos.

" Espera, Ben, hoy llevo yo a Anakin " fue lo único que ella dijo antes de entrar a cambiarse para hacer una pequeña visita a la Directora Organa.