Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, pero la historia es completamente mía. Está PROHIBIDA su copia, ya sea parcial o total. Di NO al plagio. CONTIENE ESCENAS SEXUALES +18.
Recomiendo: Higher Love – James Vincent McMorrow
Capítulo 32:
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Parte I
"Piénsalo, debe haber un amor superior
(…) Sin ella, la vida es tiempo perdido
Mira dentro de tu corazón, yo miraré dentro del mío
(…) En este mundo, ¿qué es justo?
(…) Déjame sentir el amor venir hacia mí
Déjame sentir lo fuerte que puede ser…"
Sentía que reía en medio de un júbilo inexplicable. Era algo que me costaba creer, pero sí, ahí estaba, un positivo lleno de esperanzas.
—Oh Dios mío —susurré, apretando el papel contra mi pecho.
Todo el miedo paralizante de la incertidumbre se había marchado, convirtiéndose en una dicha tan grande que por poco me creí estando en un sueño, porque sí, estaba embarazada, tenía a un pequeñito dentro de mí, un pequeñito de papá y mamá, uno de Edward y mío. Nuestro.
Oh Dios.
Me tapé los labios y cerré mis ojos, como si en mi interior sintiera el crecer de mi amor por él… o ella. Se sentía diferente a Fred, aunque estaba enamorada ya de mi hijo, las circunstancias eran distintas, mi vida era otra, yo estaba más adulta, más madura, más valiente y sí, con una familia establecida que iba a recibirlo con los brazos abiertos.
No me di cuenta de que estaba llorando hasta que sentí cómo mis mejillas se mojaban producto de las lágrimas, con una ilusión tan inmensa que parecía un sueño hecho realidad. No lo esperábamos, había sido una sorpresa, pero ahí estaba, alojado en casa, donde íbamos a esperarlo con toda dicha, de eso estaba segura.
Me limpié las lágrimas y me puse a reír mientras veía las semanas. Eran tan poquitas.
—Eres un puntito —susurré, mirándome el vientre plano.
Hice un puchero.
—Falta para que seas muy grandote, como papá.
Suspiré.
Tenía que ir con Edward, él debía saberlo, él… de seguro se había quedado más tiempo en alguna emergencia. Iba a ponerse tan feliz. De solo imaginarlo mi corazón crecía y crecía sin parar.
Me metí al coche y manejé rápidamente hacia el cuartel. Cerca de quince minutos después, aparqué frente al lugar, sintiendo el estremecimiento ante la posibilidad de ver su felicidad en cada espacio de su rostro.
—Voy a ser mamá —susurré, como si recién pudiera saborear la idea—, voy a ser mamá otra vez —repetía.
Sonreí, volviendo a llorar.
—Por Dios, qué sensible me pones —gemí, queriendo brincar en un pie.
Miré mi mano puesta en el volante del coche, comprobando cuán hermoso se veía mi anillo en el dedo anular, brillaba, como diciendo una y otra vez "mira hasta dónde están, mira los regalos del destino". Toqué mi barriga y cerré mis ojos.
Inspiré hondo y con el llanto en la garganta, abrí la puerta del coche para ir con él, sosteniendo el papel de los resultados en mis dedos temblorosos. Al llegar al cuartel, varios de ellos se me quedaron mirando y algunas chicas levantaron las cejas.
—Hola —saludé—, ¿está el capitán?
Uno de ellos dejó lo que hacía y me miró.
—¿Quién la busca?
Sonreí.
—Su prometida.
—Es la chica de la foto, bobo, es cosa de ver el escritorio de Edward.
Oh, ¿Edward había puesto una foto mía?
—¡Capitán! ¡Lo buscan! —gritó él.
—¿Quién? —inquirió desde dentro—. No puedo recibir a nadie, tengo que correr, me están esperando.
Puse los ojos en blanco y mientras sentía el crecimiento de la emoción en mi interior, entré sin temor, buscándolo.
—¿No vas a recibirme? —le pregunté, cruzándome de brazos.
Contuve el aliento mientras volvía a sentir el escozor de las lágrimas.
Vi cómo corría por la entrada, medio vestido con el pantalón de bombero y los suspensorios en sus hombros. Llevaba una camiseta negra, tan apegada a su cuerpo que no me dejaba mucho a la imaginación. Mi guapo estaba tan desesperado por llegar a casa como había prometido, que tropezó dos veces, una soltando una palabrota y la otra llamándome mientras respiraba de manera desacompasada.
—¡¿Bella?! —exclamó, mirando hacia todos lados.
Cuando me vio, parada en medio del cuartel, con las manos puestas sobre mi barriga y el labio siendo torturado por mis dientes, simplemente se acercó, apresurado y muy culpable.
—Nena, lo siento —dijo, agitado—. Tuve que resguardar el cuartel mientras arribaban los últimos carros, todo estuvo de locos. Sé que debíamos ir juntos a buscar los resultados, pero no sabes cuánto corrí, fue… —Se calló cuando vio lo que decían mis ojos—. ¿Qué ocurre?
Arqueé las cejas y corrí a su encuentro. Edward me sostuvo entre sus brazos, y mientras yo sollozaba de entereza y vitalidad, intentando encontrar las palabras, él parecía asustado, casi desesperado. Le mostré los resultados, temblando de pies a cabeza.
—Estoy embarazada —conté, poniendo mis manos en su pecho.
Él abrió sus ojos de par en par, un momento en silencio, casi atónito.
—Embarazada —susurró, como si saborear la palabra fuera… surrealista.
—Vamos a tener un bebé. —Lo abracé del cuello mientras intentaba contener el llanto, pero era imposible.
El labio inferior de Edward tembló y enseguida sonrió.
—Un bebé —repitió en voz baja.
Asentí.
—Oh por Dios —gimió, aumentando la energía de aquella maravillosa sonrisa—. Oh Dios, Bells.
Me abrazó mientras me apretaba con fuerza, dejando ir las lágrimas tal como yo. Cerré mis ojos, saboreando la noticia, sintiendo sus besos en mi piel y la emoción en sus acciones. Yo tampoco dejaba de sonreír.
—Mira —le mostré el papel con los resultados y él inmediatamente lo leyó mientras se limpiaba las lágrimas.
—Es positivo —murmuró—, es positivo. Y tiene solo cuatro semanas.
—Es tan pequeñito.
Botó el aire y volvió a abrazarme.
—Estoy tan feliz, Bells, tendremos un hijo.
—Lo sé —dije—, es muy pequeñito aún.
—Es… —Me hizo la demostración de su tamaño, con un dedo junto al otro, minúsculo y adorable—. Es muy chiquito, es…
—Nuestro Puntito —susurré.
Me besó la frente y juntó su nariz con la mía.
—Estoy tan feliz, tan, tan feliz —confesó.
—Y yo.
Contenerme en su resguardo, en esa felicidad que emanaba con tanta naturalidad, me mantenía llena de esperanzas. Era tan diferente, no dejaba de pensarlo. Cuando Dimitri supo que esperaba a Fred fue todo tan triste, me sentía tan tonta, tan ingenua, tan… incapaz. La manera en la que Edward me sostenía, prometiéndome en cada gesto que iba a acompañarme siempre, hacía que mi felicidad creciera sin parar, como si mi corazón ya estuviera dividido en dos.
—Lamento no haber podido ir contigo, se me pasó el tiempo, perdón…
—Tranquilo, estoy viendo que estás atareado. Eres un héroe y sé que te necesitan.
Botó el aire mientras pasaba sus dedos por mi mejilla, acariciándome.
—Pero ya estoy libre y no sabes cuánto ha cambiado mi día desde que supe que existe —murmuró, llevando la otra mano a mi vientre.
—Santo cielo, yo… No pensé que iba a ocurrir, pero…
—Es una casualidad hermosa, ¿no lo crees? —me dijo al oído, besándome con esos labios que me hacían sedienta.
Me reí.
—A veces esas casualidades son las mejores, ¿no crees?
Nos miramos a los ojos y seguimos sonriéndonos.
En medio de aquello y en el oculto sitio en donde nos encontrábamos, Jonas se metió mientras tecleaba rápidamente en su móvil. Sonreía, como si estuviera coqueteando con alguien a través del aparato. Él, al vernos, dejó lo que hacía y hasta se sonrojó.
—Hey, Bella, qué agradable verte por aquí —declaró—. ¿Qué pasó? Se ven sospechosos.
Edward sonrió y luego nos miramos, compartiendo algo que queríamos guardar, al menos hasta que nuestro Puntito fuera más fuerte y vivaz, tal como su papá.
—Solo… un secreto —respondí—. Espero que no te moleste esperar un poco para saberlo.
Él se rio.
—Lo que sea que se tengan entre manos, créanme que seré feliz de todas formas, lo único que me importa es que mi amigo sea el hombre contento que merece ser.
Jonas le palpó la mejilla a su mejor amigo y Edward lo hizo en su espalda.
.
Edward me tenía sujeta desde su mano, mirando el anillo de compromiso y luego a mis ojos. En su chaqueta de cuero seguía pareciendo el tipo rudo y malo, al menos ante quien no lo conocía, pero conmigo eso era solo una fachada, porque esos ojos verdes llenos de ternura y felicidad de solo saber que seríamos padres otra vez, lo llenaba de un amor que jamás, pero jamás había visto en sus hermosa mirada dulce y llena de vida.
—¿Es normal que me parezcas más hermosa ahora? —me susurró al oído, tomándome con fuerza y poder desde las caderas.
Junté mi frente con la suya.
—¿Ahora que tengo a Puntito dentro?
—Un Puntito que tiene una parte tuya y mía —jugueteó, pasando sus manos por mis nalgas.
—Nos divertimos mucho haciéndolo, ¿no crees?
Se rio, pero luego frunció el ceño.
—Espero que no dejemos de hacerlo, ¿o te incomoda?
Me puse a carcajear de manera sonora.
—¿Crees que voy a soportar un minuto sin ti, Edward Cullen? Eso jamás.
Edward hizo el ademán de morderme los labios y luego me besó, sacándome un suspiro.
—Te amo, recuérdalo, te amo y prometo que soy el padre más feliz del mundo.
Suspiré y lo abracé, ambos frente a la puerta de la casa de sus padres. Aún no queríamos entrar.
—Te amo, mi Bestia —le susurré, poniendo mis brazos en su cuello.
Íbamos a volver a besuquearnos, pero sentimos unas risotadas grotescas detrás de la puerta.
—¿Esa es mi mamá? —pregunté, sintiendo su voz.
Luego de esa risotada le siguió otra.
—Y esa es la mía —siguió diciendo Edward, frunciendo el ceño.
Él sacó la llave de emergencias que guardaba en su bolsillo y abrió, como si estuviera dispuesto a vislumbrar las travesuras de nuestros hijos. Pero no, esta vez las travesuras habían sido efectuadas por nuestras madres y… Nana Cullen. En cuanto Edward dejó que la puerta llegara hasta atrás, el humo inconfundible salió de esta.
—La verdad es que mi Panecito se ha tomado una píldora azul infalible, lo que me ha hecho feliz toda la noche —confidenció Nana sin timidez.
—¡Mamá! —exclamé al verla riéndose mientras tenía un porro entre los labios.
Esme también fumaba junto a Nana Cullen, que reía sin parar mientras se sujetaba del bastón y del sofá. Estaban pasándolo bomba.
—Oh, cariño —respondió a mi regaño, acomodándose el cabello mientras me miraba con los ojos enrojecidos y muy pequeños—. No sabía que ibas a llegar tan pronto.
—No puedo creer que le hayas dado de tu marihuana a la Sra. Higginbotham, mamá —refunfuñó Edward, intentando quitar el humo con su mano.
—No seas tan aguafiestas, Edward —dijo mamá, recargándose en el sofá—. Y no me digas, señora, no soy tan vieja.
—La única vieja soy yo —destacó Nana, riéndose a carcajadas mientras intentaba respirar.
Edward y yo nos miramos. No podíamos creer lo que veíamos.
—¿Dónde están Agatha y Fred? —preguntó mi Bestia.
—Se han ido con tu padre, lo sacamos a patadas porque hoy es tarde de mujeres —respondió Esme, tomando su copa de vino y bebiéndosela sin miedo.
Enseguida las demás chocaron sus copas, nada preocupadas.
—En realidad, tú también deberías irte —afirmó Nana, mirando a su nieto sin detenimiento—. Bella debe saber las buenas nuevas de mi boda con mi Panecito.
—Pero…
—No, no, no, sin peros, Bebé Grandote, te me vas —ordenó Nana, aplaudiendo y luego moviendo sus manos en el aire.
—¿Van a hablar de los strippers de tu despedida de soltera? —inquirió él, mirando a su abuela y luego a mí.
—Sí, ¿y qué? —preguntó su madre, cruzada de brazos.
—Voy a contarle a papá —la molestó—. Y tú, belleza, ni se te ocurra.
Me apuntó con el dedo y yo hice el ademán de morderlo, tal como él lo hacía conmigo.
—Ya, ve, que te lo ordenamos todas. Aprovecha de ir a por los pequeños.
Él enarcó una ceja y se marchó, jugueteándome tal como le gustaba.
—Bien, quiero que sean seis strippers —sentenció Nana, cruzándose de brazos—. Y como mis damas de honor deben estar ahí, disfrutando de ellos, o voy a enojarme.
Me pasé las manos por la cara. Esta mujer era imparable.
—¿Yo también? —pregunté.
—¡Por supuesto que sí! —dijeron las dos al unísono.
—¿Y yo? —inquirió Alice, bajando las escaleras.
Cuando Esme la vio, sonrió, alegre de contemplarla más repuesta luego de lo que había sucedido la última vez.
Ella se sentó a mi lado y nos quedamos mirando de forma amistosa. Eso me tranquilizó.
—Por supuesto que sí. Eres mi nieta menor y te quiero ahí, junto con mi nuera y mi adorable Bella —siguió diciendo Nana.
Me llevé una mano al pecho. ¿De verdad me quería ahí?
—Creí que era algo que ya te había pedido —afirmó, levantando una ceja y luego sonriendo de manera tranquilizadora, dejando a un lado ese aspecto más rudo de su parte, tal como su nieto, su Bebé Grandote.
Esme miró el reloj y se dio cuenta de que la cena se le iba a quemar, así que se levantó para abrir el horno. Mamá fue a ayudarle y Alice miró su móvil, sonriendo de manera coqueta, así que se marchó, dejándonos a la abuela y a mí a solas. Nana me contemplaba de manera absorta, como si supiera que algo ocurría, yo me toqué la cara, pensando que tenía algo ahí, pero no. Ella acortó nuestra distancia, moviéndose de manera elegante por los puestos hasta alcanzar el mío. En un segundo me tomó la barbilla y me miró a los ojos, viéndome… a través de ellos.
—Oh Dios —susurró, volviendo a sonreír—. Bella, debes ir al médico.
Tragué de emoción.
—Ya fui. Y lo estoy —afirmé, sabiendo a qué se refería.
La mirada de Nana Cullen brilló de tal forma que simplemente la abracé, sin pensarlo y sin detenerme a analizarlo. La abuela de Edward me recibió de la misma forma, como quien abraza a su nieta. Yo nunca tuve una abuela y en ella veía con cariño lo que me habría gustado poder disfrutar de una.
—Cariño… Oh Dios —gimió, muy emocionada—. ¿Él lo sabe?
Asentí.
—Maldito, no me lo contó —dijo para sí.
Me reí.
—Acabamos de saberlo. Es muy pequeñito aún, no queríamos que nadie más supiera, yo… Quiero que crezca —afirmé.
Nana sonrió.
—Tienes razón. —Me palpó las manos—. Ay, estoy tan feliz.
En ese minuto llegó Edward, quien venía con su padre, Agatha y Fred.
—¡Mamá! —gritaron, corriendo a abrazarme.
Mi Bestia me guiñó un ojo mientras que su padre vino a darme un beso en la frente.
—Hey, no aprieten la barriga de mamá —les dijo Edward, viendo cómo los dos becerros se abalanzaban hacia mí.
Desde lejos vi cómo a Nana se le salía una lágrima de felicidad y se marchaba rápidamente para que nadie viera aquel aspecto sentimental de su parte.
Sonreí.
.
—Los componentes de una buena comunicación a la hora de escribir nuestra manera de informar al receptor debe ser adecuada. Nosotros no informamos lo que ve A ni lo que ve B, informamos la realidad. Los juicios de valor y la tergiversación no es nuestro cometido —expliqué. Luego miré el reloj y me di cuenta de cuán rápido había pasado la hora—. Bien, es hora de irnos. Recuerden que la próxima semana tienen el examen dos.
—¿Estará muy difícil? —me preguntó uno, tomando sus cuadernos para marchar.
Me reí y me puse una mano en la cintura.
—¿Desde cuándo mis exámenes son fáciles? Ya, ve a estudiar —respondí, sacándole una carcajada a todos.
Cuando me quedé a solas, miré la gran pila de libros y me lamenté. Estaba muy cansada. Pero tomé valor y yo solita me hice de ellos, tomándolos con fuerza en mi brazo. Al salir, me encontré con que el campus estaba vacío. Debía ser por la hora, ya que pasaba de las siete de la tarde. Quise adelantarme y meterme al estacionamiento, en donde apenas había un par de coches más aparte del mío. Iba a cruzar hasta la puerta, algo incomodada por todos los libros y hojas, pero me frené cuando sentí que alguien me seguía.
Tragué.
Me sentí observada, como si estuviera acechándome alguien peligroso que estaba buscando la manera de atacarme. Cuando sentí su calor cerca, dispuesto a acortar nuestra distancia, di un salto y un grito, queriendo correr.
—¡Hey! ¡Lo siento! —exclamó Jonas, dando un brinco.
Me llevé una mano al pecho.
—Por Dios, Jonas, me asustaste.
Él se quedó mirando algo detrás de mí y yo me giré, intrigada.
—¿Qué ocurre? —pregunté, frunciendo el ceño.
—¡Nada! ¿Te ayudo?
Asentí.
Mientras lo veía acomodar todo en mi coche, me quedé un momento pensando en qué estaba haciendo por acá.
—No sabía que venías a la universidad.
Él levantó la mirada y se ruborizó un poco.
—La verdad… quería verte.
Moví mis cejas, sorprendida.
—¿A mí? ¿Por qué?
Suspiró.
—¿Me das un aventón y hablamos?
—Claro.
Una vez dentro, encendí la radio para que se relajara. Se veía un tanto… ¿tenso? No sabía qué sucedía por su cabeza, la verdad.
—¿Y bien? Que me estás asustando —dije.
—No es nada malo es… Quería saber de James —afirmó, diciendo todo tan rápido que por un momento pensé que era una broma.
—¿James? —inquirí—. ¿Qué ocurre con James?
Él carraspeó y yo entrecerré mis ojos.
—Yo… Umm… Quiero conocerlo… No sé… Cómo…
Sonreí.
—¿Te ha caído bien? —pregunté, intrigada.
Apretó los labios y asintió.
—Ya sabes, es un chico especial.
Me reí.
—Lo es.
Manejé directo hacia mi casa, preguntándome cómo seguir con el asunto sin incomodarlo. Me daba la sensación de que, de alguna forma, Jonas tenía problemas con… quién era, algo como le sucedió a James en su oportunidad, varios años atrás. Todos nos dábamos cuenta, pero tenían la presión de lo que ellos mismos no querían asumir… o temían enfrentar.
—James es un hombre dulce bajo esa capa de loco empedernido —afirmé.
—Lo sé —respondió—. Pero a veces creo que tiene miedo de que lo dañen.
Suspiré. Claro que sí, si Jonas era un guapo que le fascinaba, pero que parecía no tener clara la idea… o quizá me estaba equivocando.
—Pues… Comienza por darle a entender que tú no quieres hacer eso, ¿o sí?
Me apoyé en el asiento mientras esperábamos en un semáforo en rojo. Su mirada ligeramente inocente me enterneció. Claro que él no quería hacerle daño.
—¿Y cómo hago para demostrarle que efectivamente no quiero hacerlo?
Suspiré.
—Comienza por ganarte a su familia.
—¿Sus padres?
Reí.
—No, su hija y su ex esposa. —Le guiñé un ojo.
Jonas sonrió, comprendiéndolo.
Cuando llegamos cerca del bar en el que Edward y yo nos dedicamos a divertirnos una de las tantas veces, Jonas me pidió que parara ahí.
—Aquí me bajo —señaló.
—¿De verdad?
—Sí. Gracias por el aventón, Bella, y por los consejos.
—De nada. —Suspiré—. Eres un buen chico, Edward por algo te considera uno de sus amigos más cercanos.
Él asintió y miró hacia adelante, como si recordara algo del pasado respecto a lo que le dije.
—Que tengas buena tarde y salúdame a mi brabucón.
—En tu nombre.
.
Me dolían los pies al usar los tacones durante todo el día. Las clases en la universidad habían sido fatales para mi rotundo cansancio.
Llegar a casa era el único momento que más felicidad me generaba, al menos desde que mi vida había cambiado de esta manera.
Antes de abrir la puerta, escuché las voces infantiles de los becerritos, riéndose y luego pidiéndole algo a Edward mientras los perros ladraban, divertidos.
—Bueno, esta es tu familia, ¿qué me dices Puntito? —inquirí, tocándome la barriga—. Sé que te va a gustar estar aquí.
Cuando me metí a casa, sentí a los perros venir hacia mí y luego a Agatha y a Fred, que estaban muy feliz de verme.
—¡Mamá! —gritaron, agarrándose de mi cintura y abrazándome mientras me besaban.
—Oh, yo también los extrañé. ¿Dónde está papá?
No tuve tiempo de escuchar una respuesta, porque fui tras su rastro en la cocina. Cuando entré y vi el espectáculo, simplemente comencé a carcajear sin respiro. Edward estaba cocinando de manera alocada mientras llevaba el cabello agarrado con flores, rositas y más, todas de color rosa, pastel y turquesa. Tenía el rostro lleno de lápiz labial, colorete y sombras chillonas en los ojos, sumado a que le habían hecho vestir de princesa y las uñas las tenía pintadas de color rojo. No podía creerlo, era mi Bestia, ese hombre rudo, varonil, casi peligroso con sus tatuajes y sus aretes, vestido como una princesita para sus hijos.
—Oh mi Dios —dije, intentando sostenerme para no morir de ahogo ante mi risa.
Edward me vio y se puso rojo como un tomate, avergonzado de que lo haya encontrado así.
—¡¿Ese es mi maquillaje?! —exclamé, acercándome para saludarlo.
Me tomó desde las caderas y me apegó a la encimera, besándome con pasión mientras los pequeños se acercaban a nosotros.
—Creo que sí —respondió contra mis labios.
—¿Y ese es mi collar? ¿Y mis pendientes? ¡¿Mi vestido?! —Carcajeé, intentando parecer anonadada.
—Los pequeños querían jugar a que yo era una princesa. Mira, Fred me pintó las uñas. —Me mostró su mano—. ¿No es lindo?
Me enternecí tanto. Edward hacía todo para que fueran felices, incluso cuando a cualquiera esto podía romperle su masculinidad, en especial a él, que le brotaba por los poros.
—Te ves divino —susurré, besándole las mejillas y luego el cuello.
—No hagas eso, que están los pequeños mirando.
Me reí.
—Papi quería hacerte de comer y mientras esperábamos jugamos a que era una princesa de los campos —canturreó Fred, poniéndose en medio de nosotros.
—Es una princesa un poco tosca, ¿no crees? —jugueteé.
—Oye, me ofendes —dijo él, dándome una nalgada a escondida de los becerritos.
—Nosotros le ayudamos a cocinar y… y… papá dijo que estabas muy dormilona y… y… que tenías mucha hambre en tu pancita —contó Agatha, apegándose a mí.
Sonreí y luego miré a Edward.
—Desde que me contaste que tenías antojos de pescado, corrí a comprar para tenerte. Espero que te guste —susurró, besándome la frente.
Ay, era tan afortunada.
—¿Qué es un antojo, papi? —preguntó Fred.
Él, tan grande y tan rudo, se llevó a los becerritos en brazos, uno en cada uno, y yo los seguí. Me quité los tacones y me acosté en el sofá, algo adormilada producto de mi embarazo. Edward se sentó a mi lado y me masajeó los pies con cariño y luego me tocó la barriga, con sus ojos brillantes mirándome justo ahí, donde aguardaba nuestro Puntito.
—¿Te duele la barriga, mami? —inquirió Agatha, muy preocupada.
Negué.
Fred frunció el ceño y se acostó ahí, mirándome a los ojos.
—Mamá tiene antojos, eso quiere decir que de pronto nacen ganas monstruosas de comer algo que, a veces, cuesta mucho conseguir —jugueteó mi Bestia.
—¿Y eso por qué? —le siguió Agatha, frunciendo el ceño.
Me acaricié el vientre, sintiendo la inmensa emoción de tener a mi bebé dentro de mí. Edward se acercó más y me besó una mano, queriendo gritar que nuevamente iba a ser papá.
Finalmente suspiré.
—¿Qué dirían si… yo les contara que en esta barriguita hay un hambriento Puntito queriendo conocerlos pronto? —pregunté con un nudo en la garganta.
Fred alzó su cabecita, pestañeando lentamente, con esos ojos brillantes y achocolatados, mirándome de tal forma que supe entender perfectamente sus emociones a la par de las de Agatha, que se acercó contemplando mi vientre y luego a mí, comenzando a sonreír, como si pudieran imaginarse jugando con su hermanito, con un pequeñín que iba a unirse a sus travesuras y a quien iban a cuidar y proteger como ellos ya lo hacían entre ellos.
—Un Puntito que… mamá y papá esperan muy ansiosos —medio gimió Edward, con sus hermosos ojos brillantes—. Y que aman como los aman a ustedes.
Ellos abrieron aún más sus ojitos y se taparon la boca, comprendiéndolo todo.
—¡¿De verdad, mami?! —exclamaron a la vez, corriendo a abrazarme.
Yo cerré mis párpados, asumiendo la alegría de verlos tan contentos por la posible noticia. Yo contemplé a Edward también, quien venía a abrazarme y a besarme. Entonces lo contemplé, dándole a entender que era bueno darles la noticia de a poco. Mi Puntito aún era muy pequeñito y los pequeños no eran muy silenciosos cuando algo les daba tanta felicidad.
—Sí, es muy posible —les comenté, mirando a Edward mientras me tomaba la barbilla y me besaba.
—Anda, mami, que sea —exclamó Fred, juntando su mejilla con mi vientre.
Toqué sus cabellos y recordé el día en que me enteré que estaba embarazada. El contexto de aquello tenía tantos sabores que preferí enfocarme en aquel que me daba plena emoción, como su existencia y nada más.
—¿Tienes un bebé en la barriga? —preguntó Agatha, tocándome con mucha emoción—. ¿Aquí?
—Es posible —susurré, mordiéndome el labio—. Y si ustedes le hablan al dormir, los escuchará.
—¿Y así estará pronto con nosotros? ¿Como los huevitos? —preguntó Agatha, juntando sus manos entre sí.
—¡Sí! ¡Como los huevitos! —añadió Fred—. ¿Y si le hablamos antes de dormir él nos escuchará?
—¿Y así podremos conocerlo? —le siguió mi pequeña.
Edward y yo nos largamos a reír ante su rotunda emoción. De verdad querían que fuera cierto, que aquello que estaba en mi barriga, mi chiquitín de apenas un mes, se materializara como un bebé, lo veía en sus ojos, en la manera en que ellos imploraban, queriendo disfrutar de aquel hermanito que iba a cambiarles la vida y la manera en la que ya teníamos el comienzo de nuestra familia.
.
Edward recorría mi cintura y luego mi columna mientras yo sentía el ritmo de su corazón y su piel con la mía. Miraba hacia la ventana, directo a la noche estrellada, suspirando de amor. Todo el cuerpo me vibraba aún, y es que los efectos que nos provocábamos eran difíciles de borrar.
—¿En qué piensas? —inquirió, hundiendo sus dedos en mi cabello.
—En nuestra familia.
Cuando escuchaba eso saliendo de mi boca, sus ojos relucían de intensidad. Era algo maravilloso de ver.
—Agatha y Fred están tan contentos —murmuré, mordiéndome el labio.
Pasó su dedo índice por mi nariz, jugueteando conmigo. Al instante me besó.
—Imagínate cómo estoy yo.
Me reí.
—¿Muy feliz?
Me dio la vuelta y me llenó de más besos, mientras lo sentía aún dentro de mí.
—Edward —medio gemí.
—Quiero casarme contigo.
Lo tomé desde la quijada.
—Ya me lo pediste, ¿recuerdas? —Le mostré mi dedo anular.
—Quiero que nos casemos ya.
Pestañeé.
—¿Ya?
—No puedo aguantar un minuto más sin que tú y yo lo estemos. Es un capricho que tengo guardado para mí.
Me reí.
—Mejor ve pensando en cambiar pañales.
Lejos de ver una expresión negativa en su rostro, en él refulgía la emoción de vivir esos momentos junto a mí.
—En eso soñaré hoy —exclamó, sacándome una carcajada—. Te amo, nena.
—Y yo te amo a ti, mi Bestia.
.
No me di cuenta que me había dormido hasta que sentí su voz tensa detrás de la oscuridad. Instantáneamente abrí mis ojos y lo busqué.
Algo iba mal.
Vi cómo Edward se mantenía quieto en su posición, paralizado. Me levanté de la siesta y caminé hacia él, intrigada.
—¿Qué ocurre? —pregunté, poniendo mi mano en su espalda.
—¿Cómo está? —inquirió, mirándome con las cejas alzadas.
Fruncí el ceño.
—¿Cómo lo encontraron?
Tragó y yo hice lo mismo, sabiendo que algo muy malo había ocurrido para que él tuviera esa expresión, además estaba muy pálido.
—Iré a verlo… Yo…
Apretó los labios y sentí el sudor helado tras mi nuca.
—Por favor, mantenme al tanto, ¿sí? —Sus ojos se tornaron acuosos.
Cuando cortó, respiró hondo y me miró, con un sinfín de emociones en su interior.
—Emmett —susurró.
—¿Qué pasó con él?
—Lo han encontrado desangrándose a un lado de su coche.
Me llevé una mano a los labios.
—Rose…
—Debió ser ese imbécil —murmuró, tragando de forma audible—. Fue… —Apretó los labios.
Me llevé una mano a la barriga, recordando todo lo que habían tenido que pasar.
—Royce debió encontrarlos, Edward. Por Dios… ¡Rose está embarazada! ¡Quizá le hizo algo! Cielo santo…
—Tranquila —me susurró, abrazándome—, la policía los está buscando, ¿sí?
—Maldición, Edward, Emmett…
—Está muy mal en el hospital —jadeó, como si le costara creerlo—. Mi amigo…
Cerré mis ojos. De solo imaginarme qué habría ocurrido se me levantaban los vellos del cuerpo.
—No se sabe nada de Rose. Asumo que logró huir —dijo.
—¿Y si no? Edward, tiene a su hijito, si algo le ocurre…
—Tranquila —insistió, acariciándome las mejillas.
Me pasé una mano por el pecho, angustiada por mi amiga.
—Tengo que verlo. Ven conmigo, podemos llevar a los pequeños con mis padres…
—Claro, claro —murmuré, poniéndome rápidamente la bata sobre el cuerpo.
De camino, Edward estaba en silencio. Su semblante era sombrío, como si se estuvieran gestando ideas oscuras en su interior.
—No quiero que estés sola durante el día —susurró.
Tragué.
—Edward…
—Si algo te llegara a suceder…
—No va a ocurrir.
—Yo lo mataría —afirmó, apretando el volante.
—No necesitas hacerlo. Estaré bien.
Sentí cómo sonaba su garganta ante el dolor de ponerse en los zapatos de su amigo.
Al llegar al hospital, él tomó mi mano y me la besó mientras caminábamos. Estaba nervioso, ninguno sabía cómo íbamos a encontrar a Emmett, tampoco qué pasaba con Rose. Me daba angustia siquiera imaginar más allá, era tan doloroso.
Cuando la recepcionista nos indicó dónde estaba Emmett, lo primero que hicimos fue seguir el camino hasta allá. En el instante en que cruzamos el umbral del servicio, vimos el despliegue policial, a los amigos de él y su familia. Fue tan doloroso que me sujeté de mi Bestia, quien enseguida fue hasta quienes conocía pidiendo saber más.
—Dicen que había salido con Rose desde su departamento. Fue ahí cuando varios tipos salieron de un coche y los encerraron. A Emmett lo golpearon y a ella… no sabemos dónde fue —decía Sam, pasándose una mano por la frente—. Al menos eso es lo que dice la policía.
—Fue Royce —susurré, angustiada.
Todos miraron y asintieron.
—Es lo más seguro —respondió Jonas—. Emmett asumía que estaban buscándolo a él y a su chica.
—Ella está embarazada —les dije a todos.
—¿Qué? —exclamaron.
—Temo que le haga algo a ella y a su bebé. —Me sentía muy angustiada—. Por favor, tienen que hacer algo.
El policía elevó el radio y comenzó a pedir que reforzaran las unidades para encontrarlo, afirmando que Royce King había secuestrado a una mujer embarazada.
—Si tan solo hubiera alcanzado a llegar —dijo uno de los amigos, quien estaba golpeado—, pero solo pude ver a un par de tipos y a otro que aguardaba en otro coche…
—¿En otro coche? —preguntó Edward, frunciendo el ceño.
—Era como si fueran testigos de un espectáculo.
—¿Cómo era el coche? —inquirió el policía.
—Negro. Solo recuerdo que en el centro de la carrocería había un dragón.
Sentí que un balde de agua fría me caía sobre la espalda.
—¿Un… dragón? —gemí.
Dimitri solía llevar un dragón en sus coches, cambiándolos con frecuencia…
No… No… No podía ser él.
—Nena, ¿qué ocurre?
Todo me daba vueltas.
¿Y si ese monstruo estaba detrás de todo?
Buenas tardes, les traigo un nuevo capítulo de esta historia. Sí, decidí dividirlo porque la carga emocional de este iba a hacer demasiada y pasaban tantas cosas que mejor lo dejé en dos, así lo disfrutan de manera más pausada. ¿Qué piensan de la nueva noticia para la familia? Edward está dichoso y Bella saborea la llegada de otro hijo con una perspectiva diferente, tomando en cuenta cuánto sufrió con Dimitri. ¿Qué dicen de la Nana Cullen? Ella sí que sabe leer a Bella y se convertirá en un apoyo inmenso para esta familia. ¿Qué piensan de lo que sucede en el corazón de Jonas? ¿Alguna teoría? O bien, ¿qué piensan de todo lo que está pasando con Emmett y Rose? Muchas ya saben que se viene una carga emocional grande, en especial con ese final. ¡Cuéntenme qué les ha parecido! Ya saben cómo me gusta leerlas
Agradezco los comentarios de Vanina Iliana, Jenni98isa, DanitLuna, Coni, glow0718, valentinadelafuente, CazaDragones, lauritacullenswan, Ana Karina, Santa, Isabelfromnowon, Belli swan dwyer, Berenice, nataliastewart, Joa Venezuela, Tata XOXO, Abigail, krisr0405, A k, Techu, Valevalverde57, natuchis2011b, SeguidoradeChile, AnabellaCS, cavendano13, marieisahale, Pam Malfoy Black, rjnavajas, LuAnka, Diana, tamarafala, morales13roxy, Dominic Muoz Leiva, lindys ortiz, Kamile PattzCullen, Pancardo, michi'cullen, lunadragneel15, Retia, Viridiana Cruz, Jocelyn, VeroPB97, Milacaceres11039, Lore562, Brenda Cullenn, Lulugrimes98, PanchiiM, Robaddict18, Luisa huiniguir, Tereyasha Mooz, jupy, Liliana Macias, Twilightsecretlove, CeCiegarcia, Rero96, Gladys Nilda, Noriitha, BreezeCullenSwan, angryc, Angelus285, Claurebel, Mela Masen, Mime Herondale, patymdn, Hanna D. L, SolyC, MaleCullen, sueosliterarios, MariaL8, Nelly McCarthy, calia19, caritofornasier, Mar91, Chiqui Covet, Bitah, Nataly, Schatzie0713, selenne88, Ilucena928, camilitha cullen, freedom2604, morenita88, mindita04, AniluBelikov, Mayraargo25, jhanulita, Yesenia Tovar, carlita16, Ana, debynoe12, Yoliki, Valeeecu, Josi, Jeli, Liz Vidal, ELIZABETH, alejandra1987, Diana2GT, Fernanda21, Johanna22, kathenayala, isbella cullen's swan, beakis, Duniis, Olga Javier Hdez, Pili, Adriu, saraipineda44, DrakiSwan, GabySS501, FlorVillu, Lizdayanna, PatyMC, PoliFP13, NarMaVeg, damaris14, Fernanda javiera, almacullenmasen, alejandravela96, seelie lune, Elizabeth Marie Cullen, Kriss, miop, keith86, Srita Cullen brandon, Tina Lightwood, LicetSalvatore, Fallen Dark Angel 07, bbluelilas, Meemi Cullen, aliciagonzakezsalazar, torrespera172, lu, Gis Cullen, Esal, somas, Miranda24, VeroG, Ella Rose McCarty, Ceci Machin, katyta94, florcitacullen1, amedina6887, rosycanul10, kaja0507, Liliana Macias, Cecy Dilo, Flor Santana, Sandoval Violeta, Elmi, Car Cullen Stewart Pattinson, bbwinnie13, Alexandra Nash, cary, Vaneaguilar, nydiac10, Nat Cullen, twilightter, AndreaSL, liduvina, YessyVL13, NadiaGarcia, bealnum, maribel hernandez cullen, Shikara65, AstridCP, Jade HSos, sool21, Alimrobsten, paz15, Maca Ugarte Diaz, LoreVab, joabruno, Leah De Call, MasenSwan, beatrizalejandrabecerraespinoza, Gibel, Reva4, LizMaratzza, Salve-el-atun, Cullenland, claribelcabrera585 y Guest, espero volver a leerlas a todas nuevamente, cada gracias que ustedes me dan es invaluable, el cariño que expresan y el entusiasmo por seguir leyendo me llena, hacen que de verdad quiera seguir dándoles todo lo que mi loca cabeza quiere brindarles
Recuerden que si dejan su review recibirán un adelanto exclusivo del próximo capítulo vía mensaje privado, y si no tienen cuenta, solo deben dejar su correo, palabra por palabra separada, de lo contrario no se verá
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En pocos días estará la segunda parte de este capítulo, ¿qué tan pronto? Depende de ustedes y su entusiasmo
Cariños para todas
Baisers!
