35. Hypnos al estrado

El estupor cubrió toda la sala cuando Saga anunció su primer movimiento.

Las pupilas del cotizado artista se achicaron cuando su nombre resonó en la cámara, más aún cuando se clavaron en la figura del Fiscal, de pie frente al tribunal, aguardando que obedeciera a un pedido que se escapaba de todo esquema judicial.

Todo lo que se le ocurrió hacer pasados los instantes de sorpresa inicial, fue alzarse de su asiento y exhibir todas sus dotes de dramatismo, tomando como centro de su mirada al Juez.

- Su señoría, ¿A qué se debe este llamado? En ningún momento se me ha notificado de debía declarar como testigo. ¡Lo considero un insulto por parte del sistema judicial de este país!

- Señor Hyppolitos Sifakis, sé muy bien que no consta como testigo, pero en la reunión que acabo de tener con las partes se han presentado los motivos por los que se requiere su presencia al estrado, y aunque no estoy nada de acuerdo con el procedimiento que tanto la Fiscalía como la Defensa están llevando a cabo, y por el que han sido advertidos severamente por mi parte, le invito a que suba al estrado para responder a unas sencillas preguntas.

Hypnos ensombreció su semblante, se tiró la americana hacia abajo, alisando la tela con elegantes gestos y se arregló el nudo de la corbata con aires soberbios. Los murmullos de los asistentes se esparcían por la sala entera, y todas las miradas estaban fijas sobre todos y cada uno de sus movimientos.

Todas menos una.

Thane permanecía con la vista al frente. En ningún momento le dio el gusto de regalarle ni una pizca de su atención. E Hypnos avanzó. Por el centro. Con calma y desfachatez, permitiéndose, él sí, el descaro de observar con desdén al acusado.

Saga apenas retrocedió un paso para dejar el suficiente espacio para que Hypnos accediera al asiento designado para los testigos, pero antes de llegar a él fue requerido por el ujier demandándole su compromiso con la verdad.

Toda la verdad.

Una vez tomó asiento, la arrogancia de Hypnos no pudo mantenerse en silencio, y viró su rostro lo suficiente para encarar al Juez y hablar sin permiso.- Que conste que no estoy nada de acuerdo con este procedimiento, su señoría. No comprendo cómo permite que se proceda de esta forma tan rudimentaria...

- Cómo decido proceder es asunto mío, Señor Sifakis, que por algo soy el juez que preside este tribunal. Y si usted no tiene nada que ocultar al proceso no le supondrá ningún problema responder a las preguntas que se le planteen.

El artista arrugó la nariz ante la reprimenda recibida y Dohko se apoyó en el respaldo de su sillón, dirigiendo su mirada hacia Saga y dándole el permiso para proceder.- Cuando quiera, señor Fiscal.

Saga carraspeó. Caminó hacia su mesa y buscó la complicidad de Shura al tiempo que se recolocaba las gafas sobre su recta nariz. Con las fuerzas que recabó gracias al asentimiento de su asistente, se dio media vuelta conectándose con la mirada de Kanon y así terminar de agrupar el coraje necesario para andar dos pasos, posicionarse frente a Hypnos, tragar un cóctel de emociones que le ardían en la garganta y preguntar con la voz más clara y solemne que pudo modular.- Señor Hyppolitos Sifakis ¿reconoce al acusado?

Saga clavó su fruncida mirada en los dorados ojos de Hypnos y se propuso no apartarla ni un instante hasta conseguir que lo hiciera el testigo primero. Ahí mandaba él, como años atrás lo había hecho su padre, y lo quería dejar patente haciendo uso de todas sus dotes escénicas. Porque él también sabía actuar en los escenarios que dominaba.

Hypnos le sostuvo el pulso, aferrándose a un pensado silencio que rompió el juez.- Responda la pregunta, por favor...

- Sí...le conozco...- Respondió Hypnos, aún mirando a Saga fijamente, con la intención de destaparle algún atisbo de inseguridad.

En vez de dejarse intimidar, Saga se acercó un paso más y continuó con sus preguntas totalmente improvisadas.- ¿Puede decirnos qué relación les une?

- Es mi hermano gemelo.- Respondió con notoria displicencia.

- ¿Y cómo es su relación familiar?

- Nula. No acostumbro a relacionarme con dementes y estafadores.

- ¡Protesto! - Exclamó Kanon.- El testigo está juzgando a mi defendido sin pruebas que le avalen.

- Se acepta.

- ¡¿Que no hay pruebas que me avalen?! - Se indignó Hypnos, dirigiéndose directamente a Dohko.- ¡En su declaración del juicio anterior él mismo confesó haber sido acusado de fraude y condenado a un psiquiátrico para su "rehabilitación"!

- Señor Sifakis, no le tolero que se dirija a mí con esta vehemencia.- Le advirtió Dohko, cansándose un poco de la altanería del testigo.- Limítese a responder las preguntas, y hágalo con un tono moderado de voz.

En este pequeño lapsos de tiempo Saga se acercó a su mesa y tomó el vaso de agua para apurarlo casi entero. Se quitó las gafas y las dejó caer al lado del nervioso cruce de manos de Shura. Ya no las iba a usar más. Necesitaba mirar al testigo sin nada que pudiera distorsionar todo el odio que sentía por él.

- Prosiga, señor Fiscal.

Saga carraspeó otra vez con sutileza e inspiró hondo cuando sus pies volvieron a achicar el espacio entre Hypnos y él.- Afirma entonces que su relación es nula.

- Así es.

- ¿Tiene hijos, señor Sifakis? - Saga cambió de tercio y eligió pasearse un poco por delante de todo el tribunal, con calma, esperando a que la mente de Hypnos pudiera concentrarse en el nuevo frente abierto.

- Pandora era mi hija, ya lo saben.

Dohko negó con la cabeza ante la manía que parecía tener Hypnos de alargar sus respuestas con acotaciones molestas e innecesarias, pero se guardó el nuevo aviso.

- Pandora era su hija adoptiva. Yo le pregunto si tiene hijos biológicos.

El Fiscal detuvo sus andares y se giró otra vez hacia Hypnos para escuchar la que supondría sería la primera mentira de la mañana.

- No, no tengo. Y no sé a qué viene ésto, la verdad...

La dorada mirada de Hypnos volvió a fijarse en Dohko, que n esta ocasión le hizo algo más de caso.- ¿A dónde quiere llegar, señor Fiscal?

- Sólo estoy intentando conocer un poco más al hombre que hay detrás de la importante figura artística que es el señor Hyppolitos Sifakis. Su obra es muy conocida alrededor del mundo entero, pero apenas se sabe nada de su persona y considero que es positivo poder hacernos una idea de cómo es en la privacidad, y así comprender en qué entorno creció y se desarrolló la víctima.

Kanon se rió por lo bajo reconociendo para sí que el desparpajo inherente de Saga ante un tribunal era envidiable, mientras que al juez ya se le estaba torciendo el semblante.

- No considero que sea imprescindible ahondar en la vida privada del testigo.

- Insisto.

Un resoplido de resignación fue todo lo que precedió a las siguientes palabras de Dohko.- Si no llega a puerto pronto me veré obligado a anular esta parte del juicio.

- ¿Conoció a los padres biológicos de Pandora?

- Sí, trabajé para la familia cuando empezaba mi carrera como artista. Era su retratista familiar.

- ¿Ha estado casado alguna vez?

Saga iba cambiando el camino de las preguntas con la intención de ir sacando a Hypnos de su papel, pero también estaba consiguiendo el principio de desquicie del juez, como así se lo advirtió de inmediato.

- ¡Señor Fiscal! ¡Por todos los dioses! ¡Deje de dar vueltas al atajo, se lo ordeno! - Exclamó, con un rictus de impaciencia que ya comenzaba a marcársele en los ojos.

- ¡No! ¡Nunca he estado casado! - Respondió Hypnos, elevando notablemente el tono de su voz.

Saga estiró sus labios en una pequeña sonrisa que compartió con Kanon, al que atisbó un momento antes de continuar con su intención de desestabilizar la escena.

- Pero supongo que habrá amado a alguna mujer...

- ¡Por supuesto!

- ¿Ha tenido lo que coloquialmente se llama como "el amor de su vida"?

- ¡¿Pero qué clase de preguntas son éstas?! - Se enfurismó Hyppolitos, dirigiéndose de nuevo hacia Dohko, a quien atisbó con la cabeza gacha y una mano rascándose los cabellos con evidente desesperación.

- ¡Señor Saga Samaras! ¡No juegue en mi tribunal, ya se lo he advertido! ¡Concrete de una vez o anulo al testigo! - Exigió Dohko, casi alzándose de su sillón para poder hacer valer su superioridad mejor.

- ¿Le gustan las niñas? - Preguntó Saga, consiguiendo enmudecer la sala con el planteamiento de tan peliaguda cuestión.

- Pero...¡¿cómo se atreve?!

La mirada de Hypnos se afiló peligrosamente, y decidió clavarse en la del Fiscal que estaba consiguiendo amargarle la mañana.

Saga se acercó aún más a él, deteniéndose apenas a un par de palmos de distancia, y repitió la pregunta, con voz alta y clara. Con una dicción impecable para que no pudiera malinterpretarse ni en la sala ni en los medios de comunicación que estaban con sus objetivos sobre los dos.

- Repito: ¿le gustan las niñas? ¿las chicas jóvenes menores de edad?

- ¡Por supuesto que no! - Gritó Hypnos, hallándose de pie y con ganas de abalanzarse hacia Saga, el cual no se movió ni un milímetro de su posición estudiada.

El alboroto se esparció por toda la sala y Dohko también se vio obligado a levantarse, tomar el martillo de madera pulida y comenzar a ejecutar golpes para controlar un espacio que ya se le estaba yendo de madre, como la vez anterior.

- ¡Orden! ¡Silencio en la sala! ¡Orden! ¡Oooooordeeeen!

Los golpes se sucedieron hasta que la concurrencia se fue calmando. En su lado de la sala, Kanon no podía evitar estar disfrutando un poco de la intervención de su hermano, pero en ese momento Saga parecía no estar allí. Para el Fiscal era como si todo su alrededor se hubiera difuminado y enmudecido, quedando sólo él e Hypnos, cara a cara. Mentiras contra verdad.

- No se preocupe Señor Hyppolitos Sifakis...Éste es un tema que aclararemos después con el inspector Manigoldo Granchio.

Al escuchar dicho nombre, Hypnos palideció al instante. Su cuerpo buscó sentarse y fue entonces cuando comenzó a comprender que tal vez, esa mañana que se auguraba gloriosa para él, se estaba contagiando de una oscuridad digna de los cuadros de Goya.

Saga sintió dentro de sí la emoción de haber ganado una pequeña batalla, pero sabía que la lucha no iba a concluir de manera tan sencilla.

- No conozco a dicho inspector.- Farfulló Hypnos, tratando de recuperar la compostura arreglándose el desbarajuste que habían sufrido sus ropas.

- Oh, no se inquiete por ello. Él si le conoce a usted.- Contraatacó Saga.

- ¡Señor Fiscal! ¡Se está jugando su carrera! - Se añadió Dohko, totalmente fuera de sí.

El ronroneo de varias voces volvió a extenderse por todo el público e Hypnos trató de respirar, de aclarar su mente y de volver a lucir el aspecto altivo y soberbio que le caracterizaba. Paseó la mirada por los presentes en el público y reparó en la figura de Defteros Samaras, imaginándose que quizás era una de las armas que le estaban amenazando con ensuciar su nombre y reputación.

Una sonrisa de superioridad acudió a moldear sus labios, y lentamente regresó al mirada hacia el Fiscal, que seguía impasible muy cerca de su posición, en una lucha personal para no dar un solo paso atrás.

- Qué poco que aprendió de su padre, señor Samaras...- Susurró Hypnos, cuidándose de no ser escuchado por nadie más que por Saga.- ¿Qué pensaría de usted si le viera montar estos espectáculos? Y ya no hablemos de su hermano...

Saga se tuvo que morder el labio inferior para frenar la rabia que esas palabras le habían despertado. Pero no pudo contenerse. En medio del escándalo montado a su alrededor era imposible que su pugna se escuchase, ni siquiera por un sobrepasado Dohko. Se mentalizó en mantener su postura tan segura como siempre, pero no se privó de acercarse un poco más a Hypnos para asomarse en esos ojos rebosantes de maldad.

- Eres un condenado hijo de puta...- Masculló, con los dientes apretados.

- ¡Pero qué carácter que tiene señor fiscal, no hay para ponerse así! - Exclamó Hypnos, haciéndose oír por encima de todo el caos ambiental.

Saga se apartó de él mordiéndose el puño y pasándose una nerviosa mano por los cabellos bien arreglados. Dio un par de tumbos sin sentido y al fin se detuvo para aflojarse un poco la corbata y desabrocharse el botón superior.

Le había dado en su punto débil y era consciente de ello. Tanto como lo había sido desde mucho antes de enfrentar el juicio, pero se creía preparado mentalmente para ello. Se había dibujado en su mente todas las posibilidades que pudieran sacar a relucir el nombre de su admirado padre, pero presenciar cómo Hypnos se regocijaba en ello simplemente le repugnó.

- Hey, Saga...- Murmuró Kanon, aprovechando para lanzarle una bolita de papel que dio en su muslo y ayudó a que se le prestara atención.- No caigas en su juego...

- Ya lo sé, no volverá a pasar...- Le respondió Saga a media voz.

- ¡Señor Hyppolitos Sifakis y Señor Saga Samaras! - Voceó Dohko.- Les ruego que repitan la conversación que acaban de tener y la cuál no ha podido constar en acta debido al escándalo que se está montando. Y aviso, ¡al siguiente pedido de silencio y orden decretaré que el juicio se celebre sin público!

- Disculpe señor Juez...- Comenzó a hablar Hypnos, hallándose totalmente recuperado de orgullo y poder.- Sencillamente he expresado al señor fiscal cuánto me recuerda a su famoso y fallecido padre...y parece no habérselo tomado muy bien...

Saga tuvo que tragarse la bilis que le escalaba la garganta antes de responder con toda la falsedad del mundo.- Así es, Su Señoría.

Dohko inspiró con ganas un par de veces, soltando el aire a través de los labios sin esconder que trataba de recuperar su tranquilidad anímica hecha trizas con tan sólo empezar el día.- Necesito un receso. Ésto me supera...¡me supera! - Se dijo para sí mismo, antes de tomar el martillo y dejarlo caer con energía y determinación.- ¡Receso! ¡Quince minutos!

Saga soltó toda la tensión acumulada con una larga exhalación y regresó al lado del preocupado Shura, sin regalar una sola mirada más a aquél que decidía salir de la sala escoltado y protegido de la prensa.

Dohko ya había desaparecido por la parte trasera del tribunal y Kanon ya estaba buscando su tabaco para dar cuenta de algún cigarrillo que le neutralizara un poco los nervios que no pararon de recorrer sus piernas durante todo el tiempo que debió mantenerse sentado.

Estaba claro, aprovechar ese precioso tiempo para serenarse era la mejor opción.

#Continuará#


¡Gracias Inia! Espero que los personajes y sus historias sigan acompañándote :).

¡Gracias Monse! Un placer conocer que la historia y sus personajes te engancharon un poquito :).