Capítulo 34 - Al compás

En el rincón de la habitación había una muñeca de peluche descolorida, de ropajes grises que en algún momento debieron ser de un color claro, de un pelo rojizo que ahora poco rastro de aquel color tenía y finalmente, con unos zapatitos negros que tenían hoyos, los cuales dejaban entrever el suave relleno del juguete. Una pequeña mano se estiró temblorosa desde la oscuridad agarrando la muñeca, aferrándose a ella como si fuera lo único valioso en la vida. Una Martina de 10 años, con un vestido blanco lleno de polvo, el pelo enredado, las uñas llenas de tierra, los pies descalzos y heridos, abrazaba a la muñeca mientras temblaba de miedo sentada en el suelo. Sus ojitos llorosos escaneaban la habitación en la que se encontraba de un lado a otro, con un movimiento de ojos frenético. El lugar era oscuro, con una pequeña ventana enrejada por la que se colaba la luz de la luna, lamentablemente, la ventana era muy alta como para poder alcanzarla, al lado de esta un ventilador hacia presencia en un rincón. Al lado contrario, había una escalera que subía hacia una puerta cerrada, la cual era la única vía de escape a aquello que sin lugar a dudas era un sótano.

La pequeña apretó la muñeca contra su pecho y su rostro, con el movimiento su pelo se movió hacia el costado cubriéndola por completo. Pensó en sus padres y en lo mucho que quería verlos, en lo mucho que quería que la rescataran, pues ya no aguantaba esa oscuridad infinita. Un entrecortado susurro salió de su boca expresando el miedo que tenía mientras unas lágrimas corrían por sus mejillas. De pronto la puerta se abrió sobresaltando a la pequeña, de inmediato se encontró corriendo hasta el rincón donde se agachó lo más posible esperando pasar desapercibida. Sus ojos abiertos de par en par, divisaron como unas largas piernas con un traje elegante y zapatos negros brillantes hacían su aparición. La joven comenzó a sollozar presa del pánico que se cernía sobre ella y cerró los ojos, apretándolos al punto que dolían, como queriendo despertar de esa pesadilla. De pronto sintió la presencia muy cerca y al abrir los ojos temerosa lo vio de pie frente a ella, los ojos grises la miraban desde arriba y la maldita sonrisa que exhibía, adornaba de forma macabra su rostro difuminándose en un recuerdo perdido…

Sus ojos se abrieron lentamente, pestañeando varias veces para adecuarse a la luz y poder enfocar algo. Comenzó a mirar a su alrededor y vio una silueta a su lado que movió los labios como si la llamara, con unos ojos llenos de preocupación. Durante unos minutos se quedó mirando a la figura, intentando enfocarse en su cara, quizás reconocerla, le tomó un tiempo hacerlo y cuando al fin fue capaz de escuchar como esta llamaba su nombre, supo que estaba a salvo y en casa.

- Luna. - Susurró Martina adormecida con la voz rasposa, las pociones que probablemente habían vertido por su garganta o puesto mágicamente en su sistema la hicieron sentir mareada, como volando, como si hubiera fumado una de las mejores hierbas disponibles en el mundo.

Luna que hasta el momento había estado parada a su lado observándola preocupada, rápidamente se sentó y tomó la mano de la muchacha.

- Martina ¿Cómo te sientes? Estaba tan preocupada. - Preguntó Luna suspirando, como si de su espalda se hubiera desprendido un bolso muy pesado.

Martina sonrió suavemente mientras en su cabeza se arremolinaba todo lo que había pasado, tenía tantas preguntas que hacer, preguntas que necesitaba formular, pero a la vez estaba tan cansada que sentía una enorme necesidad de volver a dormir. De pronto un taconeo resonó en la enfermería acercándose rápidamente a las muchachas.

-¡Jhonson! Hasta que se dignó a despertar, lleva dos días durmiendo.- Exclamó Poppy. - ¿Cree que pueda tomar... Ah, se volvió a dormir. - Negó con la cabeza la enfermera.

La siguiente vez que despertó sintió que la lucidez volvía a su cuerpo y con ella el dolor. No era un dolor terrible como el que había sentido anteriormente pero al respirar hondo sus costillas dolían. La joven miró detenidamente alrededor, las ventanas mostraban un cálido atardecer y afuera se escuchaba el suave ulular de una lechuza, también pudo darse cuenta de que estaba sola en la enfermería. Luna debía estar comiendo algo o se debía haber retirado a descansar, la verdad es que no quería pensar que había estado todo el tiempo allí cuidándola, pobre de su amiga.

Con dificultad se sentó, el dolor no era impedimento para moverse, era más bien la falta de fuerza en su cuerpo. Delicadamente movió la sabana de la cama, revelando sus pálidas piernas en las que predominaban los colores azul y morado junto a algunas cicatrices que eran notorias, sin embargo no había ninguna herida preocupante. Pensó en su rostro, no sería capaz de mirarse al espejo por un buen tiempo, lo único que podía sentir era su labio y su ojo izquierdo hinchados. Con lentitud puso los pies en el piso y se tomó su tiempo para equilibrarse y ponerse de pie, lo mismo hizo con los primeros pasos que dio. Calzada de las típicas pantuflas blancas de la enfermería y vestida con el que a su parecer era un deprimente camisón del mismo color, comenzó a moverse lentamente. De un momento a otro se mareo un poco y se sujetó de la mesa, consecuentemente el jarrón con flores que adornaba esta cayó estrepitosamente, delatando su posición. No pasaron ni unos segundos para que Poppy apareciera dispuesta para poner sus manos en acción.

Después de un chequeo minucioso, de beber varias pociones y ser reprendida por la enfermera un tiempo que pareció infinito, la joven de largos cabellos pudo dejar la enfermería luego de pasar al baño a asearse y cambiarse de atuendo. Ya vestida con la ropa que Luna le había llevado la noche anterior, caminaba con la idea de ir a comer algo al gran comedor y así ver a sus amigos y enterarse de todo lo que había pasado. A mitad de camino su determinación se encontraba fallando y decidió devolverse, pero unos brazos la envolvieron energéticamente por la espalda, apresándola en un cálido abrazo. Supo identificar perfectamente a la persona que tenía a su lado por la manera en que olía.

-Luna no quiero molestarte, pero me rompieron dos costillas. – Le comentó la joven mientras comenzaba a reír al ver que su amiga la soltaba rápidamente y se ponía delante de ella. Rápidamente la joven rubia alzó sus manos para ponerlas en las mejillas de Martina, mirándola fijamente.

-Tenía tanto miedo, pensaba que te ibas a convertir en un Inferius.- Dijo bajito con sus ojos llenándose de lágrimas.

-Ay Luna, no te vas a librar tan rápido de mi.- Intentó contraatacar la joven pero al igual que su compañera, sus ojos no tardaron en seguir su ejemplo, Luna actuó rápido para sacarlas de la pena que las llenaba.

-Ven, debemos celebrar y ponerte al tanto… Espero que haya pudin para comer.- Luna le tomó suavemente la mano y la llevó en silencio por los pasillos, Martina agradeció este gesto, todo en su cabeza aún daba vueltas y tenía la garganta apretada por la angustia.

Al llegar al comedor entraron lentamente por la puerta, Martina escaneó detalladamente el lugar en busca de los demás miembros del ED, grande fue su satisfacción al ver que no era la única con un ojo morado. Levantándose de su asiento y corriendo a su lado, el joven de ojos verdes y notoria cicatriz en su frente, se posó frente a ella a observarla.

-Martina, yo… em… me alegra verte recuperada al fin. – Potter miró hacia el suelo avergonzado, sintiéndose culpable del estado de la joven, al fin y al cabo habían caído todos en la trampa tendida por los mortifagos.

La muchacha tomó la barbilla del joven y lo obligó a mirarla a los ojos, dedicándole una cálida sonrisa la cual el joven imitó. A su lado Hermione llegó corriendo y abrazó a Martina, alguien iba a salir con otra costilla rota.

-Les juro que agradezco las muestras de cariño pero mi cuerpo aún duele por todos lados. – Comentó la joven sacándose el pelo de la morena de la cara. Hermione se separó de la joven y la miró duramente.

-Estábamos todos asustados, tú no despertabas, Dumbledore estaba preocupadisimo, están todos alborotados en el ministerio, y los reporteros al enterarse de que había una estudiante muy herida y que probablemente había sido torturada… – Hermione paro de lleno al ver la cara de Martina palidecer, todos los recuerdos volvían de a poco a su mente. Esos ojos, esos ojos grises que la perseguían en sueños eran reales, el hombre dueño de ellos era real. Su respiración comenzó a agitarse y apretó el brazo de Hermione en busca de soporte, su mirada se perdió en el piso tratando de calmar su respiración, pero su pecho parecía cerrarse y una sensación inminente de peligro la recorría. Los jóvenes a su lado intentaron contenerla llamando su nombre pero pareciera que Martina no podía controlar su estado. De pronto una mano la tomó del brazo suavemente, por detrás, un poco más arriba del codo, luego sintió la sensación tan característica de la magia recorrerle el cuerpo, la respiración de la pelinegra menguó en unos segundos y lentamente soltó el brazo de Hermione, sintiendo un cosquilleo en sus dedos al dejar de hacer fuerza. Al subir la vista pudo enfocar nuevamente las caras preocupadas de sus compañeros, ahora Ron y Liam se habían unido al grupo, pero lo que más llamó su atención era la mano que la sostenía , con fuerza por si caía pero no la suficiente para hacerle daño, subió la vista lentamente observando el brazo cubierto por la túnica negra, luego los hombros tensos, el cuello cubierto por la misma túnica con sus infinitos botones, los ojos negros que se mantenían imperturbables mirando a sus amigos pero que no la miraron y finalmente los labios que se movían pronunciando palabras poco amigables.

-Creo que Jhonson aún está muy débil para estas bienvenidas tan efusivas y con tan poco tacto al hablar.- Hermione quiso replicar algo pero Snape la cayó de lleno.- Escoltaré a la joven de vuelta a la enfermería.

Martina no despegó los ojos de Snape en ningún momento hasta que salieron del comedor y se encontraron solos en el pasillo. Era gracioso como lo único que siempre podía salvarla era también una parte de lo que la estaba matando lentamente. La joven se detuvo de lleno cansada de casi trotar al lado del hombre que aún la sostenía, Snape se volteó para mirarla preparado para regañarla, pero su mirada se perdió detrás de ella, no atreviéndose a mirarla.

-Necesito aire, por favor, no quiero volver a la enfermería. – Snape suavizó el agarre de su brazo y retomó su camino, esta vez más calmado, guiándola hacia el lugar donde podía conseguir toda la tranquilidad y el aire que necesitaba.

Sus pasos los llevaron hacia la torre de astronomía, subieron las escaleras lentamente, Snape aún mantenía su pálida mano envolviendo lo que ahora era el frágil antebrazo de la joven, guiándola hasta su destino. Al llegar, Martina se liberó y se dirigió al borde de la torre, el aire frío le dio de lleno en la cara e inhaló llenando sus pulmones lo más que pudo, intentando calmar su respiración agitada y guardándose las ganas de llorar. Sentía la necesidad extraña de gritar, pero se quedó quieta mirando al horizonte, pensando en todo lo que había pasado y cómo iba a seguir su vida después de lo que creía saber, pero que al final no podía hilar y encontrarle sentido.

La joven pensaba en lo cerca que habían estado de matarla, de hecho, en sus recuerdos aún no sabía cómo había llegado a Hogwarts, pero creía que alguien o algo había intercedido entre ella y el mortífago, sin embargo no tenía idea de que o quien. Había solo una cosa de la que estaba segura, el mortífago que la había torturado hace 2 noches estaba relacionado con algún episodio traumático de su niñez, probablemente antes de entrar a Hogwarts, de aquel año del que no recordaba mucho. Bueno, quizás estaba segura de dos cosas, cuando había leído sobre maldiciones imperdonables, creyó que el Cruciatus era descrito exageradamente, pues se había equivocado, calculaba que había estado bajo la maldición menos de 1 minuto y dos veces, pero solo eso le había bastado para rendirse, para querer morir, para sucumbir a la locura. Era desesperanzador tomar en cuenta que ninguna barrera podía con el hechizo en sí, solo esquivarlo con algo sólido o evitar que la persona pronunciara el hechizo podía salvarte, lo cual era bastante difícil considerando que la palabra era tan corta de formular y no había mucho tiempo para esconderse. Pensándolo así, era más fácil evitar que alguien pronunciara la maldición asesina. Al menos ahora, tenía muchas ganas de seguir estudiando sobre las maldiciones.

Tan pérdida estaba en sus pensamientos y en mirar el sol que ya casi no se veía (y en suspirar cada cierto tiempo) que no tomó muy en cuenta al personaje que estaba detrás de ella. El enigmático personaje que se encontraba fusionándose con las sombras, él no tenía como objetivo esconderse de ella ni mucho menos, el tema era que no sabía cómo acercársele y ciertamente no sabía cómo mirarla a los ojos. La joven se volteó a mirarlo volviendo a la realidad y lo hizo detalladamente sin querer romper con el silencio, los dos continuaron absortos en sus pensamientos.

Para Snape era la primera vez que se encontraba con ella después de lo ocurrido en el ministerio, se había negado a ir a la enfermería a visitarla, no quería verla herida y sabía que Poppy tenía almacenadas todos las pociones que necesitaba por lo que no había que reponer nada, no había excusa para aparecerse por ahí. Aunque debía aceptar que casi no dormía pensando en ella y que cada vez que lo vencía el sueño, despertaba nuevamente con su imagen acaparando todo su pensamiento. Un viento helado desordenó los cabellos de la joven y provocó unos escalofríos en su magullado y diminuto cuerpo.

Para la joven también era difícil hablarle, había pensado en lo que le diría la próxima vez que se encontrara con él, habían dejado de hablar en tan malos términos que deseaba cambiar eso. Pero ahora que se encontraba frente a ella, todo parecía un extraño sueño. Sus labios se abrieron para decirle algo pero no salió ningún sonido de ellos, ninguno. Entonces Snape dio el primer paso, se acercó lentamente, como si estuviera frente a un animal demasiado herido como para confiar de nuevo en alguien, temía acercarse, pero quería tanto sostenerla en sus brazos incluso sin saber cómo la joven podía reaccionar. Entonces estiró su mano en el mejor intento de dejar que ella tomara la decisión de si acercársele o no, la joven no dudo mucho, tomó su mano y dio un paso hacia adelante cerrando la distancia entre ellos. El profesor llevó su otra mano a la cintura de la joven y lentamente se envolvieron en un abrazo, ella descansó su cabeza en el pecho del hombre, escuchando su respiración y el latir acelerado de su corazón. Snape bajó su cabeza para respirar el suave aroma a vainilla tan característico de sus cabellos apretando un poco más el abrazo, sin llegar a molestar a la joven. Cerró lentamente sus ojos pensando en el miedo que tuvo de perderla, cuando la vio en aquellas condiciones en el suelo creyó que su cuerpo no resistiría y con toda la rabia que se acumulaba en su cuerpo, alejó de la manera más rápida que pudo al mortifago había dañado a la joven, ya habría tiempo de lidiar con él pensó. De verdad creyó que la perdería, pero ahí estaba, tan bella como siempre, con aquel largo pelo ondulado moviéndose al compás del viento, incluso con el ojo morado y su labio hinchado, seguía siendo la hermosa joven con la que tanto soñaba.

Quería decirle que le perdonara, que no quería tenerla lejos otra vez, que si fuera por él no la soltaría nunca, que el mundo mágico se podía ir al carajo con tal de mantenerla a su lado. Martina hizo el amague de soltarlo pero él la abrazó más fuerte aún.

-Un minuto más Jhonson, solo un minuto más.- Susurró él, esperando que la joven lo escuchara y lo entendiera. Lo hizo, se quedó así, abrazándolo mientras el viento helado y la poca luz les recordaba que el anochecer estaba llegando. Pasados unos minutos Martina levantó su cabeza y lo miró, aquellos orbes oscuros le devolvieron al fin la mirada y las palabras no fueron necesarias, la joven puso en puntas sus pies y acortó todo el espacio que podía separarlos, dándole un suave beso en los labios, duró unos segundos, pero fueron suficientes para encender sus almas y apaciguar sus preocupaciones…

….

Hola! Ha pasado un tiempo desde que actualicé y la verdad estoy feliz de seguir con esta historia, tiene mucho de mí en ella. Lamentablemente no sé si la continuaré, no sé si aún hay gente que queda leyéndola. Algún sobreviviente por ahí?