DISCLAIMER: LOS PERSONAJES EN SU MAYORÍA PERTENECEN A J. K. ROWLING, ASÍ COMO EL UNIVERSO EN QUE SE DESENVUELVEN.

Nota Traductora: Hola chicas! Me gusta darles este tipo de sorpresas, ahora que los niños no están acaparando la computadora pude traducir este capítulo un poco más rápido (bueno, bastante en realidad) Tenía que traérselos ahorita porque sé que muuuchas lo han estado esperando. Espero nos sigamos leyendo así de pronto. Muchísimas gracias por todos sus mensajes; leo cada uno con muchísimo cariño y emoción. Quedan 8 en nuestra cuenta!

Nota Autora: Wow wow wow ¡Qué capítulo tan decididamente divisivo el que acabamos de tener! Muchas buenas opiniones y muy buenos comentarios. Así que aquí les dejo un capítulo largo y lleno de acción para que inicien su semana. :)

Les envío mucho amor a todos y espero que éste capítulo les de un buen comienzo de semana.

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La Forma Correcta de Actuar

Traducción de "The Right Thing To Do" de Lovesbitca8

Capítulo 28

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Hermione deseó haber dejado puesto el Muro Malfoy.

Justo antes de Navidad había logrado desaparecer finalmente de la pared las últimas palabras garabateadas, por lo que su habitación volvía a estar en blanco.

Pero realmente le hubiese gustado tener una línea de tiempo ahora.

Draco había llegado a Cornerstone con la carpeta de los Hombres Lobo el primer fin de semana de diciembre; pero antes de eso, no se habían hablado durante casi dos semanas -desde aquel incidente con Marcus Flint.

Hermione frunció el ceño ante su pared en blanco. Algo debió haber cambiado entonces. Algo debió haber salido mal si Draco tuvo que sacrificar su orgullo para ir a buscarla. Había admitido por cuenta propia que estaba en Cornerstone para pedirle un favor.

¿Un favor? no tenía problema con hacerle un favor. Era la publicidad manipuladora la que le causaba un problema.

Una idea comenzaba a abrirse paso en su mente… Algo había sucedió entre Noelle y su padre. Y fuera lo que fuese, había sucedido antes de que Draco le pidiera a Hermione que le escribiera a Quentin Margolis y antes de que él comenzara a usar su nombre para conseguir empleados y clientes.

Hermione se mordió el interior de la mejilla. Draco había dejado muy claro que no debía escribirle a Noelle...

Así que treinta minutos después, le envió una carta por lechuza a Noelle, se sentó en el borde de la cama, se quitó a patadas los stilettos bajos y se deshizo de su saco. Hermione buscó en su bolso para revisar el portafolio que Walter le había preparado ese día.

Walter era increíblemente intuitivo, Hermione podía notado. Él había tocado a su puerta cerrada esa tarde, encontrándola con la cabeza hundida entre las manos, y traía consigo todos los correos de admiradores y cartas de amor que había recibido a lo largo de la semana.

—Cada vez que mi esposa está teniendo una mala semana, recolecto toda la poesía vergonzosa que le escribí en Hogwarts y todos sus puntajes de los E.X.T.A.S.I.S. —le dijo, encogiéndose de hombros.

Hermione se había carcajeado. —¿Poesía?

—Sí, la escribía durante la clase del profesor Bins.

—Por supuesto.

También le había traído la carpeta de la Sociedad de Snidgets Dorados en la que había estado trabajando, y se retiró para dejarla leer su pila de correspondencia.

Tenía cartas de jóvenes empresarias que le pedían consejo y le agradecían por allanarles el camino. Tenía veteranos de guerra que escribían cartas de aliento y elogios. Y una carta de una niña de trece años en Ilvermorny. Quería pedirle consejo respecto a un escarbato que había encontrado en la sala de trofeos y que quería conservar como mascota. Terminó la carta solicitándole también consejo sobre cómo responder a las burlas de sus compañeros de clase.

Para cuando se dirigió a su casa al final del día, Hermione había logrado controlar sus sentimientos respecto la situación.

Ella no iba a renunciar. En este punto, eso sería suicidio profesional; y además, disfrutaba bastante lo que hacía en M.C.G. Disfrutaba las posibilidades. Pero iba a hacer del conocimiento de Draco que se había enterado de lo que estaba pasando y que no le gustaba.

Y lo haría con calma.

O eso esperaba.

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A las diez de la mañana del jueves, Hermione se había convencido a si misma de que debía hablar con Draco. Sería directa, concisa y honesta.

Caminó por los cubículos rumbo a la oficina de Draco, y encontró su puerta cerrada. Era extraño que estuviera cerrada, por lo que debía estar en una reunión. Cuando se acercó a su asistente para preguntarle cuándo creía que él se desocuparía, la puerta se abrió.

Pansy salió por la puerta. Hermione parpadeó, mirándola confundida. Pansy sonrió.

—¡Hermione, cariño! —Pansy la miró de arriba abajo, evaluando su atuendo de hoy—. Maravilloso, justo iba a buscarte.

Hermione sonrió y contestó algo cortés, distraída en todo momento por el hecho de encontrar a Draco teniendo una reunión a puerta cerrada con Pansy. Él apareció en la puerta, poniéndose el saco.

Draco la miró a los ojos. Y por un momento tuvo otra vez quince años, observando cómo desaparecía junto Pansy detrás de un tapiz en su camino de regreso de la biblioteca.

Hermione negó con la cabeza, encontrando injustificada toda la situación. Pansy se veía impecable, sin un solo cabello fuera de lugar, ni una sola mancha de labial corrido en sus labios. El hecho de que Draco se estuviera colocando una prenda de vestir no significaba que acabaran de…

—¿Deseas algo de mí? —Los ojos de Draco la quemaban por dentro. Casi se carcajeó en voz alta ante el doble sentido involuntario.

—Yo, hum- No; no si vas de salida.

—Así es. —Él miró su reloj—. Tengo una reunión seguida de otra. Hum, en realidad, si estás disponible para almorzar, a mi cliente le gustaría conocerte. —Draco se apartó un mechón de cabello de la cara y tomó una carpeta que le extendía su asistente—. Uno de los vendedores de Honeydukes está demandando a Honeydukes, y es un gran admirador tuyo. —Miró la carpeta.

Hermione frunció el ceño. Bueno, si tan solo no fuera justamente ese su problema.

—No. No estoy disponible. —Su voz sonó un poco más firme de lo necesario. Lo notó por la forma en que las cejas de Pansy se torcieron.

—Está bien. —Draco la estudió. Se despidió y se dirigió a los ascensores.

Pansy volteó a mirarla. —¡Hablemos sobre Corazón de Bruja! Vendrán el lunes a tomarte fotos y a hacerte una entrevista. —Pansy entrelazó su brazo con el de Hermione, como si fueran viejas amigas.

—Sí, hablemos. Me gustaría mucho no vestir de verde para esa sesión. —Hermione le lanzó una mirada.

Pansy alzó las cejas. —¿En serio? —Ella sonrió—. ¿Entonces quieres rojo Gryffindor?

—Con que no sea verde Slytherin me conformo. —Hermione levantó una ceja.

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Se reunió con Corban el viernes para discutir el caso de los Hombres Lobo. Aún podían hacer mucho, incluso sin Quentin Margolis o la Manada del Bosque del Norte en la ecuación, pero sin duda su falta de apoyo los ponía un poco en aprietos.

Corban ayudó a delinear los aspectos legales de los próximos meses, y trabajaron juntos en la declaración de apertura que darían en marzo, el primer día ante el Wizengamot. Corban le contaba una anécdota sobre el día más extraño que había tenido frente al tribunal cuando Draco tocó el marco de la puerta.

Hermione lo miró, todavía sonriendo ante la historia de Corban. Draco los miró a los dos.

—Hartford. —Saludó a Corban con un asentimiento.

—Buenas tardes, Sr. Malfoy. —La voz de Corban seguía alegre debido a su historia.

—¿Cómo van con la declaración de apertura?

—Ya casi terminamos, en cuanto esté lista la tendrás en tu escritorio.

—Excelente. —Draco miró a Hermione con la mandíbula apretada—. Granger, el Sr. Townsend está muy interesado en la Ley de los Hombres Lobo. —Bajó la mirada hacia la carta que sostenía—. Quiere cenar con nosotros la próxima semana para hablar sobre el apoyo financiero.

Llevó la carta hacia el escritorio de Hermione y ella se la arrebató. —Oh, eso es maravilloso.

—El martes a las siete, —dijo Malfoy. Volvió a mirarlos a ambos y se giró para salir.

Hermione estaba demasiado ocupada leyendo la carta para escucharlo. Pero una vez que las palabras de Draco se asentaron en su mente, saltó sobresaltada. ¡Madame Michele!

—Oh, yo... —Pero él ya había salido por la puerta. —Discúlpame un momento —le dijo a Corban, saltando y corriendo detrás de Draco.

—Malfoy. —Ella se detuvo en la puerta, con la mano sobre el marco. Draco se giró—. No puedo el martes a las siete. —Él la miró y ella se sintió ansiosa—. Tengo... tengo una cosa que hacer.

—¿No la puedes reprogramar? —Su mirada era firme pero inquisitiva.

—No, en verdad no puedo. —Apartó la vista de él y observó el marco de la puerta, tratando de encontrar una excusa razonable—. Hum... es que... tengo ésta…

Hermione lo miró de nuevo y parecía que él había seguido sus ojos hacia el punto que había estado observando para evitarlo a él. Draco fijó la vista en un punto de la pared interior de la oficina, justo por donde Corban la esperaba pacientemente sentado. Sus ojos se dirigieron nuevamente hacia ella, oscurecidos.

Avanzó un paso hacia Hermione. —Si estás posponiendo ésta reunión tan importante por algo no esencial, cuestionaría tus prioridades, Granger, —susurró. Estaban a sólo unos pasos de Walter y algunos otros empleados. Draco se detuvo frente a ella—. Odiaría pensar que priorizarías una cita por encima de tu Ley para los Hombres Lobo.

Hermione parpadeó confundida ¿Creía que tenía una cita? ¿Con Corban? Eso no lo había visto venir…

—No tengo ninguna cita, —dijo entre dientes—. E incluso aunque la tuviera, si digo que no estoy disponible para una reunión, no estoy disponible para una reunión, Malfoy. —Hermione lo miró entrecerrando los ojos. Los ojos de él la quemaban por dentro.

—Bien —escupió entre dientes—. Pediré reprogramar. —Se volteó.

—El miércoles me viene bien. Tampoco estoy disponible el jueves. —Se cruzó de brazos.

—Yo no puedo el miércoles, —dijo Draco.

—Oh, Malfoy, odiaría pensar que priorizarías una cita por encima de tu Compañía, —dijo entre dientes. Puso los ojos en blanco y regresó a su oficina, escuchando a Draco resoplar a su espalda.

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Hermione se las arregló para molestar a Draco nuevamente esa tarde. Era un día maravilloso.

Si bien aún necesitaba discutir con él sobre el trato que les daba a ella y a su nombre, no pudo evitar sonreír mirándolo a los ojos cuando él apretó la mandíbula y la vio con el ceño fruncido.

Era un día en serio maravilloso.

Hermione estaba haciendo el balance en la libreta contable de Cornerstone el sábado por la mañana mientras leía uno de los nuevos lanzamientos que acababan de llegar. Corban le había dicho que la autora era una de sus favoritas, pero aún no se sentía del todo enganchada. Después de cien páginas, no era una buena señal.

—Pensé que habías renunciado a este trabajo.

Los ojos de Hermione se apartaron de la novela para ver a Draco parado a unos metros de la caja registradora. Su rostro era frío y tenía una ceja levantada. Ni siquiera había escuchado la puerta abrirse.

—No. ¿Debía hacerlo? —dijo ella.

Él frunció el ceño y se inclinó sobre el mostrador. —Sí.

Hermione observó sus ojos grises y sintió frío. Se sintió muy tonta por haber sido atrapada leyendo en medio de su turno, así que tomó varios libros para guardar y se dirigió hacia los anaqueles de la izquierda.

—Supongo que no encontré una razón lógica para renunciar, —dijo—. Ya sabes cómo soy. Sólo hay pensamientos "lógicos" aquí. —Se tocó la cabeza con una sonrisa, citando "su cosa favorita de ella" y desapareció detrás de la estantería. Hermione lo escuchó seguirla, tal como sabía que haría.

Empujó hacia un lado algunos libros de la repisa por encima de su cabeza cuando él apareció en la esquina. Ella lo ignoró. Draco apoyó el hombro contra la estantería y se cruzó de brazos.

—Tendrás que darles hoy tu aviso de dos semanas.

Hermione terminó de acomodar en su lugar un libro y lo miró sobre su brazo derecho extendido. —Necesitaré una razón mejor que "porque yo lo digo" Sr. Malfoy, —se burló.

—Firmaste una cláusula de Conflicto de Intereses.

Hermione se pausó a medio movimiento —¿Conflicto de Intereses? ¿Cómo, en nombre de Merlín, una librería pone en conflicto a una Organización de millones de galeones como Malfoy Consulting Group? —Sacudió la cabeza y se movió unos pasos a su izquierda para archivar un gran libro rojo en el tercer estante. Draco la siguió, parándose directamente a su espalda mientras ella se mantenía de frente hacia el estante.

—Éste es un lugar público de negocios, —dijo. Su voz se deslizó por encima de su hombro derecho. Era desconcertante no verlo, pero sentirlo y escucharlo—. Cualquiera de nuestros competidores podría venir aquí, comenzar una conversación amistosa y preguntarte sobre tu puesto en Malfoy Consulting. O peor, la prensa.

Hermione apretó los labios e inhaló profundamente por la nariz.

—Además, —continuó él—. Tienes un contrato con Pansy. Si la persona equivocada viera lo que vistes en ésta librería los fines de semana, estarías poniendo en peligro su carrera y tu imagen.

Eso la hizo voltear. —¿Y exactamente qué tiene de malo lo que llevo puesto?

Draco se mofó de ella. —¿Jeans muggles y un trozo de algodón que apenas te cubre? No es precisamente el epítome de la Bruja Empresarial Moderna.

La boca de Hermione se abrió para replicar, pero la ira se agolpó en su garganta. No se atrevió a mirarse a sí misma, pero sabía que la camiseta que llevaba puesta no era en absoluto reveladora. Se tomó un momento para analizarlo y sintió la tela de algodón contra su espalda baja y su vientre, y supo que estaba lo suficientemente abajo. No pudo evitarlo y colocó sobre su pecho el último libro que sostenía, como si fuera un escudo.

—Esto es lo que uso los fines de semana Malfoy. No veo por qué-

—Tendré que decirle a Pansy que te haga una línea para el fin de semana, entonces. Porque esto —la miró de arriba abajo—, es indignante.

Hermione se rió de él, haciendo que sus fosas nasales se dilataran. —No harás tal cosa. Eres mi jefe de lunes a viernes, Malfoy. El sábado y el domingo son mis días libres para hacer lo que me de la gana. Trabajaré en ésta librería todo el tiempo que me plazca.

Draco se inclinó hacia ella, colocando su mano derecha al lado de su cabeza en el estante. Ella tenía el rostro tan acalorado y ahora él estaba reduciendo el poco aire fresco que quedaba entre ambos.

—No necesito que la gente comience a decir que no puedo pagarle a mi personal, Granger. Si el mundo escucha que Hermione Granger, La Chica Dorada, —le sonrió maliciosamente y ella frunció el ceño—, y la consultora de más alto perfil en Malfoy Consulting, todavía trabaja por en su puesto de medio tiempo, asumirán que no te pago lo suficiente.

—¡Entonces lo aclararé cuando los reporteros lleguen a borbotones a la librería Cornerstone! —Hermione puso los ojos en blanco y dio un paso a la derecha para escabullirse. Draco levantó su brazo izquierdo, apoyándose en el tercer estante y las costillas de la chica lograron rozar contra su brazo extendido antes de detenerse. Él se acercó más y ella sintió que los estantes creaban hendiduras a lo largo de su espalda.

—Mientras seas empleada de Malfoy Consulting, Granger, te comportarás y vestirás como tal. Si deseas volver a trabajar como una paria del Ministerio, y presentar de nuevo absurdos informes sin lograr un solo cambio real para tus adoradas criaturas, eres libre de hacerlo, —dijo, su aliento deslizándose contra su rostro.

Cómo se atrevía. Comenzaba a sonar como su padre...

—Sólo soy tu "empleada" los lunes, martes, miércoles, jueves y viernes, Malfoy. Soy libre-

—Oh, se me debe haber traspapelado tu renuncia cada viernes por la tarde, seguida de tu nueva solicitud el lunes por la mañana.

—Sólo me pagas de lunes a viernes. Sólo puedes controlar lo que hago de lunes a viernes.

—¿Y cuánto costaría controlar tus sábados y domingos, Granger? —Él arqueó la ceja y aspiró una bocanada de aire antes de continuar—. Estoy seguro de que soy perfectamente capaz de cubrir el salario que ganas aquí.

Hermione abrió y cerró la boca. No podía respirar. El calor del cuerpo de Draco la estaba asfixiando y podía sentir su piel vibrar y el dolor que causaban las estanterías contra su columna. Se rió de forma que esperaba sonara condescendiente.

—No necesito más dinero, Malfoy-

—Entonces, ¿qué es lo que necesitas? —Sus ojos brillaron al mirarla y su voz resonó contra sus boca. Un mechón rubio había caído sobre su frente.

Sentía los labios secos y los ojos ardiendo mientras se movían de un lado a otro entre los ojos de él. Soltó un suspiro tembloroso e inhaló el poco aire que pudo encontrar. El rostro de Draco consumía por completo su campo visual, y Hermione observó cómo se movía la comisura de su boca hacia arriba y cómo sus ojos se deslizaban hacia sus labios.

—¿Hermione? ¿Hola? —La voz de Harry llamó desde el frente de la tienda.

Hermione cerró los ojos y llenó de aire sus pulmones. Sus ojos se abrieron para ver a Draco enderezarse y alejarse de ella. Él continuaba envolviéndola entre sus brazo, por lo que rápidamente se escabulló debajo del brazo que él mantenía a la altura de su cabeza, se alisó la camiseta y dio la vuelta en la esquina.

—Harry, hola, —dijo ella. Harry se giró en el mostrador—. Estaba clasificando algunos libros.

—¡Hey! Venía a ver si quieres almorzar con Ginny y conmigo. —Harry le sonrió, luego los ojos de su amigo se deslizaron por encima de su hombro y ella supo que Draco había aparecido. Vio como Harry alternaba la vista entre ambos, deteniéndose en el rostro sonrojado de Hermione. Ella no se atrevió a mirar a Draco.

—No lo sé, Harry, —dijo Hermione. Se movió hacia el mostrador y comenzó a hacer cualquier cosa con las manos para parecer ocupada—. Tendrás que preguntarle a mi jefe. —Le lanzó una mirada fulminante a Draco y él la devolvió con el ceño fruncido.

—Uhm... sí. Malfoy, ¿te gustaría unirte a nosotros?

Hermione rompió la pluma que tenia en la mano.

—Oh, no, —dijo ella—. Malfoy pasará todo el día supervisando a sus Consultores en Jefe. Está saturado. —Dejó caer un pesado libro sobre el mostrador.

—Creo que habré terminado de arruinar el Torneo de Ajedrez Mágico de Wentworth para la una —dijo él, arrastrando las palabras. Hermione apretó la mandíbula.

—Excelente. —Harry parecía querer salir de la librería lo antes posible—. ¿Entonces los veo a los dos en Fortescue a la una?

—Suena perfecto, —respondió Draco, dirigiendo su atención hacia Hermione. Ella resopló.

—Harry, ¿cuál es el código de vestimenta para este almuerzo? ¿Debería ir primero a casa y ponerme algo un poco más Sangre Pura? —Mantuvo sus ojos fijos en Harry, entrecerrándolos y burlándose como si le estuviera hablando a Draco.

—Hum... No. Creo que lo que llevas puesto está bien. Si así estás cómoda, —dijo Harry. Hermione se giró para sonreírle a Draco. Harry continuó—. Digo, ¿no tendrás unos jeans que no tengan agujeros en las rodillas?

La mandíbula de Hermione se abrió de golpe y escuchó que Draco se reía. Se giró hacia él y su rostro se amplió con una gran sonrisa.

—Gracias, Potter. Por todo. Los veré allá a todos. —Draco pasó a su lado para tomar una de sus malditas mentas y se largó con una sonrisa en el rostro.

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Hermione se encaminó a Fortescue con el ceño fruncido. Cuando salía, se dio cuenta que era posible que volvieran a fotografiarla hoy, y de ser así, desearía haber usado un atuendo distinto. Aunque no iba a permitir que Draco se enterara de eso.

Harry y Ginny habían elegido una mesa un poco más alejada de miradas indiscretas, afortunadamente. Draco estaba llegando al mismo tiempo, así que mantuvo la puerta abierta para Hermione con una sonrisa y ella lo miró.

Después de una charla trivial, Harry y Draco entraron al local para ordenar.

Ginny se giró hacia ella. —En el nombre de Merlín, ¡qué es lo que te tiene de semejante humor el día de hoy!

Hermione suspiró y sacudió la cabeza. —Malfoy vino a Cornerstone para insultar mi ropa.

Ginny jadeó. —¡No la ropa de Pansy!

—No, no. Mi ropa. Ésta ropa. —Hizo un gesto hacia sí misma—. Está molesto porque todavía estoy trabajando en Cornerstone, y cree que no debería ser vista con tan indignante ropa de fin de semana. —bebió un sorbo de vaso con agua—. Luego se ofreció a pagarme más para que me vista mejor los fines de semana.

—¿Usó la palabra "indignante"?

—Sí.

Ginny estaba en silencio. Hermione apartó la vista de la calle y encontró a Ginny sonriendo sobre su taza de té.

—¿Qué? —Preguntó Hermione.

—Es sólo que... —Ginny se rió. Hermione se giró por completo hacia su amiga—. Hermione. Tenía seis años la primera vez que vi a una chica muggle. Llevaba puestos los pantalones más ajustados que había visto en mi vida y una camiseta que dejaba sus hombros al descubierto. —Ella sonrió—. Le pregunté a mi madre si era una sexoservidora.

Hermione se rió. —Oook... ¿A los seis?

Ginny agitó su mano. —Todos mis hermanos son mayores que yo, así que desafortunadamente llegaba a escuchar cosas... sólo digo... que la moda muggle no es fácil de asimilar para los Sangre Pura. Es muy difícil de digerir cuando todo lo que estás acostumbrado a usar son túnicas mágicas holgadas.

—¿Entonces me veo como una prostituta para él? —Hermione levantó una ceja hacia Ginny.

—¡No no! —Ginny se carcajeó—. Sólo digo que... tus jeans son terriblemente ajustados... para un Sangre Pura. —Ella sonrió—. Lo que tampoco es lo peor del mundo. —Ginny le guiñó un ojo. Hermione frunció el ceño.

Escuchó la risa de Harry y se giró para encontrar a los chicos regresando. Hermione sentía mucha curiosidad cada vez que Harry se reía ante algo dicho por Draco. No era natural.

Draco colocó una taza de café frente a ella y Harry dejó el número de pedido sobre la mesa.

Una vez que Ginny comenzó una conversación ligera con Draco sobre M.C.G., Hermione tuvo un momento para examinarlos, asombrada por cómo parecía una "cita doble". De repente se dio cuenta que Draco estaba sentado a su derecha, Ginny frente a ella y Harry a su izquierda. Una imagen linda y perfecta.

Se removió en su silla, apretó los labios y tomó su taza de café, tratando de levantar el platito junto con la taza como Madame Michele le había enseñado. Ginny y Harry le estaban contando a Draco una historia que ya conocía, así que se desconectó de la conversación y dejó el platillo sobre la mesa. Volteó a ver a Draco y él ya la estaba observando.

Hermione apartó la vista y cruzó los brazos sobre su delgada camiseta de algodón.

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Hermione recibió una lechuza de Pansy el domingo por la noche, solicitándole que Tracey y Daphne la prepararan en su oficina para su sesión fotográfica de mañana. Harían varias poses, y cambios de ambiente y vestuario durante toda la mañana, por lo que sería mejor instalarse en la oficina vacía contigua a la suya, ya que su oficina sería el telón de fondo de la sesión fotográfica.

Se sentía bastante agotada cuando amaneció al día siguiente. La aterraba todo eso de la publicidad, y esperaba que después de ese artículo en Corazón de Bruja pudiera dar todo esto por terminado.

Se recordó a sí misma que éste artículo no sería sobre M.C.G., sino sobre si misma. Podría orientar la entrevista hacia cómo afectarían los principales cambios de la Ley al Mundo Mágico. La publicidad sobre la Ley de Hombres Lobo y sus futuros proyectos era algo perfectamente aceptable. La publicidad sobre Draco Malfoy y su dañada reputación no lo era.

Llegó el lunes a las 7 de la mañana y descubrió que Pansy ya estaba instalada en la oficina contigua. Había conjurado una cortina de privacidad para que Hermione se vistiera detrás, y un perchero enorme con la ropa que usaría durante la sesión.

La mandíbula de Hermione se desplomó al ver el perchero. Las telas y los colores gritaban moda elevada. Y Hermione no pudo evitar notar que no había un sólo retazo de verde a simple vista.

—Pansy... —No podía apartar los ojos del perchero.

—Lo sé, —dijo Pansy, acercándose a ella—. Soy buena, ¿cierto? —Tomó un vestido del estante—. Pruébate éste. Quiero hacerle un par de ajustes antes de que lleguen.

Era azul claro con encaje plateado en la parte superior. Algo le resultaba vagamente familiar. Hermione tomó el vestido de manos de la chica y lo miró fijamente.

—Está basado en tu vestido del Baile de Navidad.

Hermione levantó la vista para encontrar a Pansy sonriéndole. —¿De verdad?

—Bueno, dijiste que nada de verde, así que me atasqué entre tantos colores que odio. —Pansy puso los ojos en blanco y la empujó detrás de la cortina para cambiarse.

Comenzó a quitarse la ropa simple pero profesional que llevaba puesta. Justo estaba deslizando el vestido añil por encima de su cabeza, cuando escuchó un golpe en la puerta.

—¿Todo bien aquí? —La voz de Draco.

—Sí, cariño, —respondió Pansy.

—¿Granger ya llegó?

—Estoy aquí, —dijo. Hermione salió de atrás de la cortina y miró a Pansy. Pansy jadeó y bailoteó hacia ella para ayudarla a abotonar la espalda.

Hermione se movió el cabello por encima del hombro y miró a Draco en la puerta, de pronto muy consciente de su falta de zapatos.

Él miraba el vestido con la mandíbula apretada. Lo odiaba. Hermione entrecerró los ojos. Los ojos de Draco encontraron los suyos después de recorrer por completo el vestido, y parpadeó, volteándose, como si acabaran de atraparlo.

—Avísenme si necesitan algo, —dijo. Miraba el marco de la puerta de la oficina, intentando a toda costa evitar mirar a Hermione—. Hemos reagendado la reunión del lunes para las once de la mañana, para darte tiempo suficiente con Corazón de Bruja.

Eso era perfecto, en realidad. Harry se reuniría con ella para almorzar al mediodía.

—Muy bien, gracias.

Él la miró rápidamente y se fue. Sólo entonces Hermione se percató de que Pansy estaba terminando de abrochar el último botón, y Draco esencialmente había sido testigo de cómo era "vestida". Por eso había apartado la vista.

Se sonrojó e intentó concentrarse en lo que Pansy le estaba aconsejando que hiciera.

—Oh, espero que elijan éste para la portada. —Pansy sostuvo la tela con las manos y se colocó su varita entre los dientes de una forma muy poco femenina que Hermione encontró tanto funcional como hilarante.

—Me encanta. Ni siquiera me he visto en él y me encanta.

Pansy conjuró un espejo de cuerpo entero sin varita, y luego volvió a tirar del encaje. Era impresionante.

Incluso sin peinado y maquillaje, Hermione parecía una reina. Ella se rió. Y Pansy le sonrió.

—Me encanta, —dijo Hermione.

—También me encanta.

—Malfoy no piensa lo mismo. —Hermione se rió entre dientes.

—¿Estás bromeando? Él lo adoró.

Hermione la miró. Pansy estaba apuntando su varita hacia las costuras, pero parecía estar hablando honestamente.

Después de ajustar ese vestido, Pansy la hizo probarse algunos que eran un poco más del estilo "Bruja Empresarial Moderna" y menos de "Princesa de cuento de hadas".

Se estaba poniendo unos tacones que combinaban con el vestido rojo intenso y vaporoso que parecía más estético que funcional, cuando Blaise se reclinó contra la puerta, bebiendo de una taza.

—La Reina de Gryffindor está de vuelta. —Él sonrió de lado. Hermione puso los ojos en blanco—. Buen trabajo, Pans.

—Gracias cariño. —Pansy ignoró su presencia después de eso.

—¿Necesitan ayuda con las cremalleras y botones, o cosas por el estilo? —Él sonrió y Hermione sacudió la cabeza, ocultando su sonrisa.

—Blaise, cariño, —dijo Pansy—. Vete a la mierda.

Hermione sonrió. Blaise frunció los labios, conteniendo una sonrisa, y estaba a punto de decir algo cuando Tracey y Daphne empujaron la puerta. Tracey murmuró un "disculpa" y continuó, pero Daphne se quedó ahí, esperando que Blaise se moviera para poder pasar.

Hermione vio cómo desaparecía la sonrisa del rostro de Blaise. Su mandíbula se apretó mientras se apartaba del camino de la chica para que avanzara. Daphne frunció el ceño mientras él se hacía a un lado y finalmente entró a la oficina.

Antes de que Hermione tuviera tiempo de pensar en esa interacción, Pansy le desabrochó el vestido y conjuró una bata de baño para que se sentara a que la peinaran y maquillaran.

Mientras Daphne contorneaba su rostro, y Tracey comenzaba a retorcer su cabello en un peinado complejo, Hermione le pidió a Walter que le trajera algo de trabajo que hacer. Se sentía muy imprudente estando ahí sentada mientras arreglaban su cabello y maquillaje y aún así le pagaran su sueldo.

La gente seguía transitando frente a la puerta abierta, y después de ver a Draco al otro lado del corredor por tercera vez, finalmente le pidió a Pansy que cerrara la puerta.

Pansy estuvo entrando y saliendo durante toda esa hora. Era una persona inquieta, Hermione podía notarlo, y no era capaz de simplemente quedarse sentada a conversar. Necesitaba estar en constante movimiento.

Pansy se había ausentado aproximadamente diez minutos cuando regresó con expresión seria.

—Bien chicas, —dijo Pansy, rodeando la silla de Hermione y examinándola—. Volveremos a empezar con el cabello de Hermione.

Tracey soltó una risotada. —Es una broma, verdad.

—Para nada. —Pansy frunció los labios.

Tracey arrojó al piso el pasador que estaba colocando en el cabello de Hermione. Acababa de pasar treinta minutos en ese peinado encantador y elaborado y ahora tenía que deshacerlo porque... ¿por qué?

—¿Ya llegó Corazón de Bruja?

—No, aún no.

—Entonces, ¿quién solicitó esto?

Pansy la miró fijamente. —Draco sugirió que-

—Oh, no; gracias. —Se burló Hermione—. Tracey, por favor continúa —Se cruzó de brazos y endureció su mirada.

Pansy y Tracey intercambiaron miradas. Daphne sonrió hacia su paleta de maquillaje.

—Hum... creo que a lo que Draco se refiere es a que para la sesión de fotos debes verte un poco más como la Hermione Granger que todos conocemos. Y la verdad estoy de acuerdo con él porque…

—Pero éste es el diseño de Tracey para la sesión. —Hermione levantó una ceja—. Y es encantador.

Tracey parpadeó. Los labios de Pansy dibujaron una sonrisa que reprimió. —Bueno, ¿qué tal si llegamos a un acuerdo? ¿La mitad arriba, y la mitad abajo?

Hermione se puso de pie, arrojando sus notas por la habitación. —Si tienes demasiado miedo de enfrentarte a ese cretino redomado, entonces permíteme a mí. —Se dirigió hacia la puerta de la oficina, la abrió y salió vestida en su bata de baño, descalza, y con el rostro a medio maquillar.

Ignoró las miradas y las bocas abiertas mientras se dirigía a la oficina en la esquina opuesta del edificio. La puerta de Draco estaba abierta, por lo que ni siquiera llamó. Entró por la puerta y lo encontró leyendo atentamente algo detrás de su escritorio.

—Éste es el peinado para la sesión fotográfica de hoy. —Hermione gesticulaba salvajemente hacia su cabeza, y él la miró. Draco parpadeó y sus ojos la recorrieron desde la parte superior de su cabeza hasta sus pies descalzos—. No sabía que necesitaba aclararlo contigo, pero esto es lo que hay.

—¿En verdad desfilaste por la oficina en bata de baño? —Él levantó una ceja.

—Sí. Sí, lo hice. —Hermione puso sus manos sobre la cadera—. Y estoy pensando hacerlo más a menudo porque es muy cómodo. Y la próxima vez que tengas una opinión sobre mi cabello o mi ropa, guárdatela para ti.

Se giró para marcharse y Draco arrojó su lectura sobre el escritorio, poniéndose de pie.

—Granger, ¿qué te pasa?

—¿Que qué me pasa? —siseó ella—. No me pasa nada. Estoy intentando hacer mi sesión fotográfica matutina.

—En mi oficina, ¡así que cálmate!

—En realidad, la sesión de fotos será en mi oficina-

—¡Oficina que yo pago! —grito él.

Hermione pateó el suelo y apretó los labios, refrenándose de comentar cualquier cosa que explicara ¡por qué era ella quién pagaba por ésta oficina al asegurar su herencia!

—¡No entiendo por qué está permitido que emitas opiniones sobre cómo llevaré mi cabello en mi sesión fotográfica!

—Fue una sugerencia-

—¡Pues guárdatela para ti mismo!

Draco rodeó el escritorio. —¿Qué está pasando contigo?

—Nada está "pasando" conmigo.

—¡Llevas días actuando como una perra!

Hermione bufó. —¡Tal vez porque me dí cuenta que llevas meses actuando como un imbécil!

Él la miró con el ceño fruncido y ella pudo sentir que jadeaba entre respiraciones irregulares.

—Hola, hola, —dijo una voz dubitativa, y Hermione se giró para ver a Blaise inclinado hacia la puerta con los ojos muy abiertos—. Sólo voy a cerrar ésta puerta... —Tomó la manija lentamente—. Y voy silenciar la habitación, ¿de acuerdo? —Los miró a los dos—. Algo que alguno de ustedes ya debería haber hecho, —dijo, como si le estuviera hablando a dos niños.

—No te molestes, —dijo Hermione—. Ya terminé aquí.

—Granger-

Se despidió de él con un gesto de mano y pasó a Blaise, ignorando las miradas de todo el piso al pasar frente a ellos de vuelta a la oficina con Pansy y las chicas.

—Muy bien, —dijo ella—. Tracey, continúa.

Tracey alzó las cejas. Pansy se giró y salió, sonriendo.

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Hermione estaba exhausta al final de la entrevista con Corazón de Bruja. Había trabajado muy duro para mantener las preguntas alejadas de las estupideces superficiales de la revista, pero era muy difícil. Se las arregló para promover su trabajo sobre la Ley de los Hombres Lobo y hacer algunas sugerencias sobre a dónde creía que se dirigían los derechos de los Elfos Domésticos, pero principalmente tuvo que discutir el por qué su color favorito era el azul y cuál había sido su materia favorita en la escuela.

La fotógrafa consiguió algunas fotos preciosas de ella en su oficina, en su estantería y detrás de su escritorio. La ropa de Pansy fue un éxito, y se enamoraron perdidamente del vestido añil. Hermione encontró tiempo para mencionarle al entrevistador cuánto apreciaba la línea Parkinson por su fusión entre lo Muggle y lo Mágico, y Pansy le sonrió.

Eran las once y cinco cuando terminaron con ella. Corrió hacia la sala de juntas, todavía con el vestido añil y tacones, y se disculpó cuando interrumpió a Draco en medio de su discurso de apertura. Luego tuvo que caminar alrededor de la mesa para situarse a la izquierda de Draco.

—Te ves encantadora, jovencita. —dijo Mockridge mientras pasaba. Ella se sonrojó.

—Oh gracias. —Hermione miró a Draco—. Continúa por favor.

Él miraba hacia la mesa. Tragó saliva.

Después continuó, describiendo los objetivos de la semana. Habría entrevistas esa semana para el puesto de Relaciones con el Wizengamot, y Draco esperaba contratar a alguien para la semana entrante. Wentworth los actualizó con su éxito en los negocios del Callejón Diagon. Se ocuparía de la reestructuración corporativa de algunas ubicaciones estratégicas, lo que hizo que Hermione se preguntara si George estaría interesado en ese tipo de asistencia. Tendría que preguntarle.

Cuando llegó hasta ella después de preguntar a toda la mesa, Hermione los actualizó en la Ley de Hombres Lobo y luego entregó un paquete a todos con el proyecto de los Snidget Dorados que la apasionaba. No le importaba que nadie más hubiera preparado paquetes para esa reunión.

—Esencialmente, el Santuario de Snidgets en Somerset está solicitando nuestra ayuda. Las tasas de reproducción han disminuido drásticamente ésta temporada, y los Snidgets no viven mucho tiempo dentro del Santuario. Quieren ser capaces liberar a los Snidgets Dorados en la naturaleza y convertir la caza furtiva de Snidgets o su uso en partidos de Quidditch no oficiales en un crimen con cargos agravados de felonía.

Miró alrededor de la mesa mientras revisaban su documentación. La mandíbula de Draco tronó.

—Éste proyecto es excelente. Creo que puedes comenzar a trabajar en él el próximo trimestre, una vez que el proyecto de Ley de los Hombres Lobo esté en marcha.

Hermione parpadeó, manteniendo sus ojos sobre la documentación.

—Respetuosamente, me gustaría comenzar ahora. La especie está a punto de extinguirse.

—¿Se trata de un cliente que pagará por los honorarios de consultoría o vas a necesitar recaudar fondos para el proyecto? —Draco la miró y sus ojos eran indescifrables.

—Necesitaré recaudar fondos. El Santuario no indicó que serían capaces de pagar...

—Quiero asegurarme de que la Ley de Hombres Lobo está completamente financiada antes de comenzar otros proyectos que también necesitarán una recaudación de fondos.

Hermione lo miró con el ceño fruncido. —Puedo hacer más de un trabajo, Malfoy.

—¿Pero sería benéfico para ambos proyectos el dividir tu atención?

Su rostro se estaba acalorando, y sintió todos los ojos en la habitación sobre ella. Hermione respiró hondo para responderle y él la interrumpió.

—Como dije, es un excelente proyecto para abril. Podemos enviarlos a ti y a Walter a Somerset a finales de marzo para empezar la recopilación de datos. —Draco se levantó y se abrochó la túnica—. Gracias por su tiempo. La junta ha terminado.

Podía sentir su sangre hirviendo. Se dio la vuelta y salió a toda velocidad de la sala de conferencias, murmurando —Maldito idiota.

Hermione no podía recordar el camino de regreso a su oficina, pero tomó un atajo. Atravesó los escritorios medio vacíos de su equipo, observando cómo la gente saltaba fuera de su camino, mientras ignoraba el resonar de los zapatos de piel del dragón a unos diez pasos por detrás de ella.

Empujó la puerta de su oficina sin usar la varita y una vez dentro, intentó cerrarla. Oyó que la puerta golpeaba a Draco al entrar y casi sonrió.

—Granger-

—¿Por qué estoy aquí, Malfoy? —Hermione volteó a verlo. Él cerró la puerta de la oficina mientras le devolvía la mirada. Su mandíbula apretada. Ella continuó—. Me dijiste que querías "hacer la diferencia" y "cambiar al mundo" ¡Una absoluta bazofia!

Hermione se apartó de él y caminó a zancadas hacia su escritorio.

—Como te dije, Granger, el proyecto no está en el presupuesto del trimestre, pero a partir de abril-

—¡Y una mierda! —Se giró en su camino hacia el escritorio, volviendo sobre sus pasos hacia Draco en el centro de su oficina. Intentaba no emplear palabras muggles como esa alrededor de personas Sangre Pura, ya que por lo regular no captaban el sentimiento, pero su boca se movía más rápido que su cerebro cuando su sangre bombeaba a través de ella como si se hubiera liberado una represa—. ¡Para abril la especie podría estar extinta!

—Eso es una exageración. —Draco metió las manos en los bolsillos de su pantalón y se apoyó sobre sus talones. Frunció el ceño, imitando la imagen perfecta de alguien despreocupado, pero su mandíbula tensa lo delataba—. Podrás lograr lo mismo en dos meses con un presupuesto mucho mayor-

—¿Estás castigándome? —Puso sus manos sobre sus caderas y levantó las cejas. Debía agradecerle más tarde a Pansy por los tacones de hoy, pues le proporcionaban un incremento significativo de altura que jugaba a su favor.

—¿Castigándote?

—Sí; ¿por no haber renunciado a Cornerstone?

Los ojos de Draco destellaron.

—¿O tal vez porque mi ropa de fin de semana no te parece suficientemente adecuada? Si te permitiera "adueñarte" de mis fines de semana, como me lo pediste, ¿tendría una oportunidad para pelear por los Snidgets? —chilló ella.

—Granger —Él se acercó a Hermione, como si fuera un gato salvaje acorralándola.

—¡¿Por qué estoy aquí, Malfoy?! —No pudo bajar el volumen por más que lo intentó. Sabía que parecía una loca, y su cabello se estaba cayendo del hermoso peinado torcido que Tracey había hecho—. ¿Por qué estoy en Malfoy Consulting?

—Quería tener a los mejores-

—Dijiste que todos merecían una segunda oportunidad, pero supongo que no estabas hablando de criaturas mágicas. Hablabas de la familia Malfoy y su reputación. —Hermione le clavó un dedo en el pecho en un movimiento que le pareció particularmente infantil, pero no se iba a molestar en preocuparse. Draco se quedó muy quieto y ni siquiera se balanceó por la fuerza del empuje, lo que la molestó aún más.

—Cuida tu tono, Granger, —le gruñó, con las fosas nasales dilatadas. Sacó las manos de los bolsillos y apretó los puños a los costados.

Ella persistió. —Me alegro de haber "completado" tu personal ejecutivo, Malfoy. Dios mío, sin mí no hubieras cubierto tu cuota de Sangres sucia. —La cabeza de Draco se torció ligeramente hacia un lado—. ¿Cómo hubieras podido cambiar la opinión pública de la familia Malfoy sin tener una? ¿No es así?

Él entrecerró los ojos y Hermione supo que había entrado en aguas muy peligrosas. Estaba sobrepasando la línea, pero no podía parar. Ella comenzó una pequeña caminata de un lado a otro, para alardear.

—O tal vez estoy aquí para cubrir la cuota femenina de la Compañía. Realmente no podrías operar sin una de esas, con todas las molestas leyes de igualdad que el Ministerio ha estado implementando-

—Detente, —le advirtió. Hermione vio la tensión ondular a lo largo de sus antebrazos, hasta llegar a sus omóplatos—. Detente ahí, Granger.

—No, gracias, —soltó sarcásticamente—. Aún no he terminado. —Dejó de pasearse y se plantó a dos pasos de él—. Supongo que la cualidad más importante que aporto a éste equipo, ya que claramente mi relación con la comunidad de criaturas mágicas no sirve de nada, es que soy Hermione Granger, La Chica Dorada, —le escupió—. ¿Esperabas que esparciera un poco de ese polvo dorado a tu alrededor, Malfoy? ¡Lo admito, funciona de maravilla para una sesión de fotos con tu amiga Skeeter!

Hermione empujó su pecho con ambas manos. Estaba tan rígido que deseaba moverlo de alguna manera. Hacer que peleara con ella. Por supuesto, él ni siquiera se balanceó, pero pudo notar que su respiración se había vuelto desigual. Perfecto.

—¿Es eso, Malfoy? —continuó ella—. ¿Es agradable tener a la Chica Dorada para alardear un poco? ¿Para encabezar tus artículos del Profeta? Bueno, si no es por mi estatus de sangre o mi género, entonces debe ser por mi fama. —Ella empujó su pecho nuevamente, y nuevamente Draco no se movió. Podía sentir todas sus emociones corriendo dentro de su cuerpo, esperando que él hiciera algo para romperse por completo.

—O tal vez, —gruñó—, ¡Solo estoy aquí para jugar a los vestiditos con Pansy! ¿Es eso, Malfoy? ¿Es para darle una muñeca a tu puta novia?

La mano derecha de Hermione empujó su pecho tan fuerte como pudo y se dio cuenta que tenía los ojos anegados. Antes de que ella pudiera sacar su mano de encima de Draco, él levantó bruscamente la suya y la tomó por la muñeca, sosteniéndola entre ambos, tan fuerte que podría romperla.

Él bajó su cabeza hasta nivelarla con la suya, enviando fuego a través de sus ojos y siseó, —No. Me. Toques.

Hermione lo miró a la cara, alzó su mano izquierda y le dio una palmada en el pecho.

La mano libre de Draco se levantó, tomó la parte posterior de la cabeza de Hermione y la acercó a su rostro. Y la besó.

Y ella se quedó inmóvil. Con los ojos muy abiertos. Un gemido brotó de la garganta del chico hacia sus labios.

Con su muñeca aún atrapada en la mano de Draco, el rostro alzado y sin aliento. Él salpicó besos con la boca semiabierta contra sus labios, acribillándola, su aliento ardiente.

Draco la estaba besando. Y ella no estaba haciendo nada. Hermione jadeó al darse cuenta, mientras los dedos del chico se enredaron en su cabello, inclinando su cabeza para poder saborearla.

Hermione cerró los ojos, proyectándose hacia su cuerpo mientras él atacaba su boca, jadeando por más aire. Aquellos dedos todavía estaban tan apretados alrededor de su muñeca y su mano izquierda aún estaba aprisionada contra su pecho. Ella arqueó los dedos sobre su camisa y él jadeó. Ella trató de igualar el ritmo de su boca, permitiendo que su lengua probara un poco de su sabor.

Draco se acercó más y ella tuvo que retroceder un paso para no caer. La mano del chico aún estaba atrapada en su elaborado peinado, tirando suavemente hacia atrás de su cabeza para reclinarla.

La boca de Draco abandonó brevemente la suya y Hermione casi abrió los ojos para preguntarle qué estaba pasando, pero él respiró profundamente haciendo que su garganta crujiera, antes de unirse a ella nuevamente. Besó las comisuras de su boca, moviendo los labios sobre los suyos poco a poco. Ella se sentía en combustión. No podía esperar a que él volviera a arremeter. Se vio obligada a dar un paso hacia atrás.

Su trasero golpeó contra el borde del escritorio y el cuerpo de Draco se presionó contra el suyo. Era firme y cálido. Estaba atacando su boca de nuevo y emitiendo los más exquisitos sonidos dentro de su boca. Hermione sintió que él tomaba la mano que mantenía sobre su pecho y luego llevaba ambas manos hacia la superficie del escritorio tras su espalda. Ella se reclinó hacia atrás, y las manos de Draco acariciaron las suyas, plantándolas contra la superficie de madera, evitando que se movieran. Ella quería moverlas. Quería tocarlo por todas partes. Sentir su pecho, recorrer sus brazos, y oh, cómo deseaba enredar los dedos en su cabello. Pero sus manos la obligaban a permanecer en el escritorio. Hermione vertió esa frustración en su boca, lamiendo y mordiendo ligeramente. Draco gimió y ella descubrió que sus rodillas estaban siendo separadas. La pierna del chico se abría paso entre las suyas, apartando a un lado su pierna izquierda. Él se posicionó en el centro.

Su mano izquierda libero su mano, después de empujarla hacia abajo, como exigiendo que la dejara ahí. Él colocó con cuidado su mano sobre su cintura. Hermione gimió. Draco la apretó ligeramente.

Su lengua estaba haciéndole cosas maravillosas y ella exhalaba en jadeos, degustándolo entre respiración y respiración. El cuerpo de Draco estaba presionando contra el suyo, empujándola contra el escritorio. Hermione quería tocarlo. Retiró la palma de su mano derecha del escritorio y la llevó hacia su mandíbula, con sus pequeños dedos sobre el cuello y el pulgar cerca de sus bocas.

Ante el contacto, Draco gruñó y su mano izquierda se deslizó hacia abajo para tomarla por la cadera, jalándola hacia él, conectándolos, y la parte superior del cuerpo del chico comenzó a empujarla hacia atrás.

Un golpe en la puerta que apenas escuchó y un —Hermione, ¿estás lista para-? —fue la única advertencia que tuvieron antes de que Harry entrara a la habitación.

Draco saltó apartándose de ella, girándose de espaldas a la puerta. Hermione se enderezó y se limpió la boca.

Harry estaba parado con la boca abierta a mitad de una palabra, con la mano todavía sobre el pomo de la puerta. Los ojos de Harry bailaban de uno al otro.

—ya es- —intentó formular Hermione, pero tuvo que aclararse la garganta—. ¿Ya es la hora del almuerzo?

—Hum, sí, —dijo Harry—. Pero puedo volver más tarde.

—¡No! —Gritaron Hermione y Draco al unísono. Draco finalmente se giró para mirar a Harry, apretó la mandíbula y dijo "Potter" al salir. El aire de repente se hizo más ligero.

Harry solo la miró con los ojos muy abiertos y una pequeña sonrisa creciendo en sus labios.

—Por Dios, Harry; abstente —dijo Hermione, cubriéndose la cara con las manos.

—¡No pensaba decir nada! —contestó riendo.

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Nota Autora: Muaaajajaja. ^ _ ^ Sesión de fotos inspirada en el tablero de Pinterest. Nombre de usuario: Lovesbitca8