¡9 reviews! ¡9! En un capítulo... lo más que había recibido eran 6... cielos, muchas gracias, me siento muy emocionada- XD
°W° tan emocionada que me he quedado sin palabras. Gracias por darse el tiempo de leer esta historia y muchos más agradecimientos a quienes se dan el tiempo de también compartir su opinión.
SD Sandra D: ¡Joder que sí! ¡Claro! Lo que cuenta es que te atrevas a hacer las cosas que tienes ganas de hacer y no que te quedes con el hubiera... Y sobre Lorenzo... sólo te puedo decir que espero lo mismo que tú, le he agarrado mucho cariño.
Nimia Forctis: Claro que puedes decírmelo... XD y qué bueno que le des la oportunidad a la pareja de Helga y Gerald, sinceramente desde que leí el primer fic de ellos dos no pude regresar a las historias sobre Helga y Arnold... XD y no eres la única que se imagina a Gerald así todo sexy... estoy contigo en eso creeme.
Rotten-Spring: ¡Hey, tú! ¿Qué haciendo por aquí? No sabía que también leías esta historia, como siempre, tu review me hizo reír, eso de que no ibas a poder dormir por la escena final hasta me hizo sentir casi culpable... la palabra clave el "casi" ;)
MyMindPalace221b: ¡Tienes tu linda boca llena de razón! Claro que hacen mejor pareja y amé cómo expusiste las razones del por qué, definitivamente creo que es muy cierto que a los humanos nos cuesta un poco soltar. De hecho, intento reflejar eso en esta historia. Por eso llevamos luto... no lidiamos bien con la pérdida. Por cierto, ojalá me perdones, sé que te prometí que ya sería nochebuena, pero mi inspiración no dio para tanto, sobretodo porque en mi trabajo estoy llegando también sábados y domingos, ya no tengo días libres T.T (esclava del sistema)
Beatricerodarte: Hello, bienvenida, siéntete libre de escribirme cuando quieras, me ha hecho muy feliz tu cumplido, hasta me he sonrojado °/° gracias por dejarme saber que te gusta lo que escribo y que me digas que esperas con ansias cada capítulo me llena de entusiasmo por continuar escribiendo. Gracias, de corazón.
DraconFly Marian: Gracias por lo de salud, y por darle una oportunidad a mi historia aunque no fuera protagonizada por una pareja que antes consideraras... escribir sus interacciones es más sencillo para mí que escribir sobre Arnold, es el personaje que más me cuesta, como no tienes idea, no sé por qué será, de hecho a veces siento que mi Arnold no es orgánico... jejeje, en fin, gracias por dejar tu opinión, espero leer un review tuyo pronto.
Darlina 140: Bienvenida a ti también :D, gracias por tus comentarios, créeme que los tengo muy en cuenta, y qué bueno que te agradó la noche que pasaron juntos Gerald y Helga porque me costó un poco escribirla sin pasarme teniendo en cuenta la clasificación de este fanfic XD y muchas veces la presión social influye en la decisión (buena o mala) respecto a quién tenemos como pareja, no digo que sea lo correcto, me refiero a que suele pasar porque la opinión de otros termina por influenciarnos o confundirnos, sobre todo si es la opinión de personas que valoramos. Ha sido muy interesante leer tu review, espero que pronto pueda leer de nuevo tu opinión.
Guest: Jajajajajajajajajajajaja, creo que asusté a mi cachorro con la carcajada que me hizo soltar tu review... lo siento, lamento haberte decepcionado. Y me dio risa porque me ha pasado muchísimas veces que llego al último capítulo para darme cuenta que la historia no tiene un final. Espero que la continuación lo compense.
Diana: Tienes un lindo nombre... Diana... :3 me gusta, jeje. Gracias por decirme que adoras esta historia, eso fue muy gratificante para el tiempo y dedicación que he puesto en ella, tanto que le he tomado cariño, y comparto tu opinión sobre las motivaciones de Arnold para ahora sí, prestarle atención a Helga... ¬¬ narcicista. En fin, espero que disfrutes la continuación.
Disclaimmer: Los personajes de Hey arnold no me pertenecen...
Comenzó a parpadear. Su boca estaba seca, como nunca antes había estado.
Se sentía confundido.
¿En dónde estaba?
Un sonido intermitente llegaba hasta él, pero no podía reconocerlo. Intentarlo hizo que una fuerte migraña le atenazara.
La luz blanca lo cegó por un momento.
¿En dónde estaba?
Parpadeó con dificultad, intentando enfocar la mirada para poder saber qué había a su alrededor.
Sentía como si le faltara el aire, como si algo estuviera obstruyendo sus fosas nasales y sólo pudiera respirar a través del juego que hacía el objeto con el tamaño de su nariz…
Flashes de lo que había sido su día anterior, o lo que él creía que había sido el día anterior, se mezclaron con lo que pudo apreciar de la habitación y círculos blancos como si se quemara la imagen de un viejo rollo de película sin revelar.
¿En dónde estaba?
Y lo escuchó.
El estruendo lo hizo jadear, dolorosamente, alertando a su padre de que había despertado finalmente.
-¡Harold! ¡Harold! ¡Enfermera! ¡Doctor! ¡Quien sea!- el chico no entendía por qué no podía respirar bien, por qué le costaba cada vez más, por qué lloraba su padre, en dónde estaba su madre… En dónde estaba él…
Lo escuchó de nuevo, reconociendo esta vez el sonido con tal seguridad que helaba la sangre, nadie debería saber cómo se escuchaba un disparo con tanta certeza.
Lo escuchó una vez más.
La desesperación lo embargó, se cerró su garganta, alguien disparaba, y disparaba, ¿A quién le estaban disparando? "Dios, no permitas que sea a mi madre" fue lo último que pudo pensar antes de que entraran en la habitación un grupo de personas con apremio y angustia en sus rostros.
-¡Señora Berman! ¡Señora Berman!- Patty llegó a la sala de espera con Brian, Park y Lila tras ella… pero se frenó en cuanto la escena llenó sus pupilas. La señora Berman y Olga sostenían como podía el inconsciente cuerpo de la señora Pataki, mientras los guardias de seguridad del hospital jaloneaban a Gerald y al señor Pataki, una enfermera discutía a voz en grito con Helga y el señor Mota de Larrea estaba tirado debajo de la fila de sillas con sangre brotándole del labio y una expresión de sociópata en el rostro –Aamm… ¿Señora Berman?- Marilyn se giró a la castaña que la había llamado. En cuanto Gerald y Helga vieron a sus amigos se frenaron en sus sitios y el Gran Bob confundido por el repentino silencio, también dejó de forcejear –Harold despertó- y por poco, Marilyn también se desmaya junto a Miriam… ¡Su hijo! ¡Su hijo había despertado! Se puso de pie, con la euforia llenándole cada rincón de su cuerpo, con la emoción haciéndole temblar las rodillas y los ojos anegados en lágrimas… finalmente se terminaba la pesadilla… pero fue entonces que se dio cuenta de la desesperación en el rostro de Patty y la seriedad en la expresión de los otros amigo de Harold le provocaron la sensación de ser apuñalada en el pecho.
-¿Qué… qué pasó…?- su voz salió trémula, la idea de que todo había terminado esfumándose entre los dedos como una nube de aire…
-Un equipo médico está con él… convulsionó- y Patty se echó a llorar, casi al mismo tiempo que Marilyn. La señora Berman estuvo a nada de caer desmayada junto a su amiga rubia, pero se repuso en cuanto un pensamiento le cruzó por la mente.
-¡Tengo que verlo!- corrió hacia el pasillo donde estaba la habitación de Harold, seguida por Patty y Park, Bob Pataki se giró a su hija menor y le pidió que fuera con sus amigos.
-Pero…- su madre inconsciente y su padre rodeado por guardias no le permitían tomar una decisión así.
-¡Ve!- le repitió, autoritario. Jesús Franco Mota de Larrea, con toda la dignidad que aún tenía en él, se puso de pie tambaleante y fulminó con la mirada al Gran Bob.
-Señorita- exclamó con frialdad, dirigiéndose a la enfermera –Aquí no pasa nada. Estamos todos calmados- se arregló la camisa y limpió de ella imaginarias motas de polvo –Haga su trabajo, esa mujer está inconsciente, dele atención- y era claro que aquello era una orden en toda la extensión de la palabra y no dejaba lugar a réplica. La enfermera reaccionó inmediatamente acercándose a Miriam y Olga, con ayuda de los guardias, la levantó y llevaron a una habitación desocupada. Mientras eso sucedía, Jesús se giró altivo hacia el padre de Helga, mirándolo con un imperante odio –En cuanto despierte, Miriam tendrá que aclarar cuentas conmigo- y Bob hizo el amago de volver a golpearlo, pero Gerald se volvió a aferrar al brazo del padre de su amiga, deteniéndolo.
-¿Jesús?- al final del pasillo, Carmen de Mota de Larrea veía con incredulidad la escena. El aludido hizo un sonido de exasperación y se giró para reunirse con su esposa.
-¿Bob?- Helga no sabía qué hacer, por un lado, acababan de llevarse a su madre, Olga y Lila con ella. Por otro, Harold había despertado, pero no le quedaba claro si aquello eran buenas o malas noticias. Y ahora… ¿De dónde conocían su padre y madre a ese arrogante sujeto?
-Te dije que te fueras con tus amigos- y el patriarca de los Pataki comenzó a caminar en la dirección en la que se llevaron a su esposa, soltándose abruptamente del agarre que sostenía Gerald en su brazo derecho. El moreno pudo darse cuenta de cómo temblaba, el Gran Bob Pataki, dueño del emporio de celulares más grande de Hillwood, antes dedicado a la venta de localizadores, emanaba un aura de angustia que casi era palpable.
-Aah… será mejor que… aah… veamos cómo sigue… aah… Harold- Brian tomó la mano de Helga y le sonrió con suavidad. La rubia se giró a mirar a Gerald que se limitó a asentir y caminar detrás del par… Le pareció notar que en ese intercambio había pasado más que lo que podía entreverse por las reacciones de las dos partes.
Nadine volvía de hablar con un par de enfermeras, habían acordado que ella se encargaría de convencer a las ex compañeras de la tía de Sheena, a quien por cierto le habían hablado pidiéndole que también llegara al hospital, para que ayudaran con el descabellado plan de Arnold.
Al girar por un pasillo, volviendo a la nueva sede donde se congregaban sus amigos, se encontró con Sid y Phoebe saliendo de una habitación. Decidió ocultarse en el rellano que le proporcionaba una columna para poder escuchar lo que decían. No era una actitud propia de ella, pero la escena le había parecido lo suficientemente inusual como para despertar su imperiosa curiosidad.
-Tranquila… Gerald va a perdonarte, sólo dale tiempo- le aseguraba Sid a la oriental, con las manos en sus bolsillos y el cansancio pesando finalmente en sus facciones.
-No sé si yo pueda perdonarlo a él- Phoebe se veía rota. Por alguna razón, Nadine se sintió impelida a acudir a su lado y consolarla.
-Podrás… ustedes se amaban… pero a veces cuesta mucho darte cuenta en qué momento empiezas a acumular resentimiento hacia la persona de la que estás enamorado, hasta que un día, no lo estás más- la pelinegra se giró al chico con una expresión ofendida.
-Yo no resentía a Gerald- le respondió a la defensiva, con el ceño fruncido.
-¿Ah, no? ¿Entonces por qué lo castigabas faltando a sus partidos?- Heyerdahl enmudeció, no se sintió capaz de responder a aquello, rehuyó la mirada de su interlocutor –Lo único que digo es que… estuvieron juntos demasiado tiempo Phoebe, demasiado… es normal que te confundas- y al escucharlo Phoebe le miró iracunda.
-¿¡Y qué me dices de ti!? Estuviste, ¿Cuánto? ¿Un año? ¿Año y medio?, en una relación con Nadine, y todavía no la puedes superar, y tú la engañaste con otras chicas más de una vez, ¿Cómo puedes decirme que no amo a Gerald? Tú dices amar a Nadine… luego de lo que le hiciste, luego de muy poco tiempo compartiendo con ella- pareció tomar aire para continuar -¡No lo entiendes! Yo llevo ocho años siendo novia de Gerald, ¡Ocho años! Él fue mi primer beso, y mi primera vez, y el único con el que me imaginado formar una familia, el único a quien le he entregado mi corazón… no puedo olvidar todo eso así, sin más… no puedo- y se dio media vuelta y salió corriendo del lugar, como si huyera de las palabras de Sid, como si huyera del recuerdo de su único amor besando a su mejor amiga, a su familia, como si huyera de sus verdaderos sentimientos.
Sid se quedó de pie en medio del pasillo, observando el camino que había emprendido la oriental en su huida con una expresión de culpabilidad… por lo menos nadie podría decirle que no intentó ayudarlos, pero suponía que ambos tenían razón, Gerald, Phoebe, ¿Con qué autoridad moral podría apelar a su sentido común para evitarles más sufrimiento? Él mismo no podía parar de sufrir o detener el sufrimiento de la mujer que amaba.
-Ya puedes salir Nadine…- y una titubeante rubia se asomó detrás de la columna. Era una pésima espía, tenía suerte de que Phoebe hubiera estado alterada.
-¿Dijiste todo eso porque sabías que yo estaba aquí?- le preguntó recomponiéndose de la vergüenza inicial que sintió al saberse descubierta.
-No- y la intensidad de la mirada del chico la hizo sonrojarse -Pero ¿importa?- la rubia asintió lentamente después de sopesar algunos segundos la pregunta, a ella le importaba, para ella haría una diferencia… ¿La haría? ¿Qué cambiaría? –Nadine… yo te amo…- los colores en el rostro de la chica no tardaron en volverse incandescentes ante la declaración de su interlocutor –y hasta yo sé, que aunque te amo, no debemos estar juntos de una manera romántica- Nadine le miró confundida –he entendido que… no te hago bien… y me gustaría poder decirte que cambiaré, y prometerte la luna y las estrellas, pero sólo estaría vendiéndote castillos en el cielo, yo no sé si puedo cambiar… a estas alturas, ni siquiera sé si quiero hacerlo… y es injusto que siga intentando retenerte. Haz tu vida, y si necesitas un amigo, yo aquí estaré- Sid le sonrió con dolor, y se giró, dispuesto a dejar sola a la rubia, pensando que sería lo mejor, y dándose cuenta de su error cuando ella lo detuvo, sujetándole de la manga de su playera.
-Justo ahora… necesito a un amigo- le miró tímidamente, como si esperara que Sid fuera a negarse, pero el chico sólo la abrazó con fuerza y se quedó así, con ella, agradecido de que no le odiara y sintiéndose inmerecido de su cariño.
Agatha manejaba como si no le hubiesen presentado todavía al pedal del acelerador. Sheena a su lado estaba exasperada, y miraba compulsivamente su reloj de muñeca. Estaba amaneciendo. Eran las seis de la mañana del día veintitrés de diciembre, el martes sería nochebuena, al día siguiente se suponía sería un día de celebración, conocida mundialmente como al noche de paz o noche de amor y la pelirrosa sólo pensaba en ahorcar a su prima porque iba a 40 km/hr con rumbo al hospital y no podía pisar más el maldito acelerador.
-¿Quién te enseñó a conducir Agatha?- se quejó una malhumorada Marcy Kornblum desde el asiento trasero. No había visitado a Harold ni a Lorenzo porque su abuela siempre le dijo que más ayuda el que no estorba y las salas de espera del hospital no tenían asientos infinitos, ella sobraba, era meramente conocida de los afectados y si no fuera por la insistencia de Mary (sentada a su lado en el asiento trasero) y Agatha, se habría quedado en su casa.
-¿Qué demonios te interesa?- la conductora estaba muy tensa, odiaba que le hablaran mientras iba al volante, ¿Acaso sus amigas no entendían el peligro que corrían? ¡Montaban un armatoste con litros y litros de un líquido altamente inflamable! A veces las personas tenían cero consciencia del manejo del riesgo.
-Si sigues así, cuando lleguemos al hospital será navidad- se quejó Marcy, recargándose en el asiento con los brazos cruzados y hundiéndose en él un poco.
-¿Y si cantamos villancicos? Mi familia lo hace y ameniza tanto el recorrido en auto que ni siquiera te das cuenta cuánto tiempo estuviste arriba de él- propuso una emocionada Mary, Sheena se giró desde el asiento de copiloto de enfrente.
-Mary, cariño, vamos a visitar a unos amigos que han sido gravemente heridos, te aseguro que nadie aquí tiene ganas de cantar villancicos- y volvió a girarse en su sitio para fijar la mirada en el camino.
-No se preocupen, ustedes pueden escucharme- y sin más, comenzó a entonar (algo, muy, desafinada) la letra de la canción 'Santa Claus Is Coming To Town', "You better watch out, You better not cry, Better not pout, I'm telling you why, Santa claus is coming to town", y fue todo lo que Agatha se creyó capaz de soportar.
-¡Silencio, Mary!- vociferó alterada, estrujando entre sus manos el volante –Guarda silencio. Cállate. Sólo, no hables. No hables hasta llegar por favor, nadie hable- Agatha se veía bastante azorada, Sheena sonrió sintiéndose especialmente malvada.
-He's making a list, And checking it twice; Gonna find out who's naughty and nice, Santa claus is coming to town- cantó la siguiente estrofa de la canción, mejor entonada que Mary, pero impregnando un matiz de burla en cada palabra que pronunciaba, resaltando una venita en la sien de su prima que parecía a punto de explotar.
-He sees you when you're sleeping… He knows when you're awake… He knows if you've been bad or good… So be good for goodness sake!... Oh!... you better watch out! You better not cry, Better not pout, I'm telling you why, Santa claus is coming to town, Santa claus is coming to town- se unieron a Sheena, Mary y Marcy, la primera feliz de haber despertado en sus acompañantes el esperanzador espíritu navideño que todo teñía de ilusión y bondad, y la segunda porque quería ver qué tan grande podía volverse la venita en la sien de Agatha antes de explotar, y gratamente sorprendida al ver que su canto provocaba la hinchazón de una segunda vena en el cuello de la conductora.
-¡Que se callen todas! ¡Desquiciadas! ¡Nos vamos a matar! ¡No sigan!- comenzó a gritar, mientras intentaba arrearles un golpe a alguna de ellas y volanteaba zigzagueante en la carretera.
-Mira amor- comentó una mujer en el automóvil que iba tras ellas -¿Qué estará pasándole a esas chicas?- preocupada se asomó por la ventana.
-Es la maldita droga, Rachel. Siempre es la maldita droga- respondió el conductor, una bebé en el asiento trasero gorjeó alegre –Tú no vas a meterte esas porquerías Emma, ¿verdad que no?- le dijo por el espejo retrovisor con la ridícula voz que suelen poner los padres a sus bebés cuando creen que están siendo adorables.
-Pero por supuesto que no, Ross. Qué cosas dices- bufó Rachel, y luego ambos adultos se asustaron cuando escucharon los gritos que provenían del carro de enfrente, cosas sueltas como "Noche de paz", "Santa claus", "Cállense", y "¡Vamos a morir!" llegaban hasta ellos. Una gota de incomodidad se deslizo por las nucas de la pareja, ambos miraron preocupados a su divertida bebé… No… Emma no podía crecer para convertirse en alguien similar a esas lunáticas del auto de enfrente, sería su misión hacer de ella una ciudadana productiva de la sociedad. Así fuera lo último que hicieran… las voces desafinadas de cuatro chicas cantando Jingle Bell Rock les llegó de fondo mientras se prometían a sí mismos evitarle un destino así a su pequeña.
-¿Cómo estás mamá?- preguntó con ternura Olga, acariciando la cabeza sin cabello de su madre que despertaba de su inconsciencia. Los primeros rayos de sol de la mañana entrando por la ventana de la habitación. Miriam se levantó alterada, ¿Estaba internada de nuevo en Seattle?
-Tranquila señora Pataki, no debe levantarse así- Lila le acercó un vaso con agua –Seguro que tiene la garganta seca… beba por favor- y Miriam hizo como le fue solicitado, mejorando su semblante luego de refrescarse. Recordó lo que pasó una vez tuvo la mente más despejada.
-¿Y Helga?- preguntó con aprehensión en cuanto notó que sólo Bob era la otra persona en su habitación.
-Está con sus amigos- respondió secamente el esposo de Miriam. La mujer tuvo un escalofrío. Sabía lo que tenía de tan mal humor a su marido, y sinceramente, también ella comenzaba a sentir algo de rabia en su interior, ¿Por qué la vida se empeñaba en arrojarla contra el piso cada vez que ella intentaba hacer las cosas bien?
-Querida, ¿Por qué no vas a ver a los Johanssen?- habló la rubia mayor a su hija –Hay algo que debo discutir con tu padre- Olga asintió solicita, siempre había sido una obediente hija, Miriam la miró con cariño.
-Iré con ella- anunció Lila. Pelirroja y rubia dejaron solos al matrimonio Pataki, para hacer frente a sus demonios y desenterrar el empolvado baúl de los secretos.
-Volver fue un error- eran las primeras palabras que salieron de los labios de Bob desde que las chicas les permitieron estar a solas.
El médico salió finalmente de la habitación de Harold.
Marilyn, Jerry y Patty fueron los primeros en acercarse a él. Park, Brian, Helga y Gerald se colocaron tras ellos.
-Hemos conseguido estabilizarlo- aquello quitó un peso de encima a los presentes –es relativamente normal que haya sucedido después de un shock como el que vivió su hijo. Si pasa todo el día sin percances, probablemente mañana podremos cambiarlo del área observación a una de las habitaciones personales- terminó de decir con un tono esperanzador el médico.
-¿Podremos verlo?- preguntó Marilyn.
-De momento sólo ustedes, limitaremos la visita de sus amigos a uno por vez, no puede recibir a más de dos personas en la habitación. Síganme- y Jerry y Marilyn hicieron como se les pidió.
-Les juro que estoy al borde de un infarto, si sigue dándonos esos sustos- murmuró Patty. Park posó su mano en el hombro de la chica.
-¿Te traigo algo de la cafetería?- Gerald lo miró con una ceja alzada.
-¿Eso es lo que haces, Park? ¿Te acercas a una chica vulnerable y le ofreces tu hombro para llorar? ¿Así es como te las ligas?- preguntó con saña el moreno.
-¡Geraldo!- le riñó Helga.
-Tranquila, Pataki. No te preocupes por mí. Me puede decir lo que quiera, no hiere mis sentimientos- replicó con sarcasmo.
-¿A ti quién te dijo que me preocupo por ti?- la rubia frunció el ceño y le miró desdeñosa –Gerald es mi mejor amigo, no quiero que se meta en problemas por alguien que no vale la pena- el chico oriental resintió las palabras de la chica.
-Ah, cierto. Olvidaba que te besas con tus mejores amigos- Patty lo golpeó en el brazo.
-No digas cosas así, Park- le reclamó.
-¿Por qué no? Gerald, Brainny, Harold… todos ellos tus mejores amigos, ¿no, Pataki?- la rubia le miró con rabia –Iré a buscarte un café Patty, si te enfermas, Phoebe va a preocuparse mucho- y el pelinegro dejó atrás la bomba de tiempo que había accionado, evitando estar dentro del radio de la onda expansiva cuando los otros dos chicos presentes se dieran cuenta de lo que había dicho.
-Aah… aah… ¿A qué se… aah… refería… aah… Park?- preguntó el castaño de lentes, en su voz percibiéndose el temor que sentía a una confirmación por parte de la rubia.
-¿Harold? ¿En serio, Helga?- Patty parecía a punto de llorar, la aludida los miró sintiéndose impotente.
-No es lo que piensas Patty, tú y él ni siquiera eran novios, fue mucho antes- y Brian la miró como si lo hubiera golpeado.
-Aah… ¿Besaste a Harold… aah… y a Gerald?- el de lentes no perdía de vista ningún detalle de la postura de la chica ni de su rostro… no necesitaba una respuesta a su pregunta.
-Asumo entonces que a ti también te besó- habló Gerald por primera vez. Patty se limpió las lágrimas.
-No puedo lidiar con esto ahora- murmuró y fue a sentarse a una de las sillas, esperaría ahí su turno para ver a Harold, ella ya no era su novia, ya no debería interesarle con quién se besó el chico, aunque haya sido su mejor amiga, no debía importarle… y comenzó a repetírselo una y otra vez.
-Aah… aah… ¿Helga?- la rubia giró el rostro, incapaz de sostenerla la mirada a Brian, no siendo consciente de los sentimientos que el castaño le profesaba o le seguía profesando, tampoco de eso estaba segura. No podía decirle que no fue capaz de interesarse por él de esa manera porque tenía sentimientos por Arnold, pero contarle que a pesar de esos sentimientos hacia el rubio, le gustaba muchísimo Gerald –Aaah… entiendo- y el castaño se alejó del sitio, en busca de Lila. Y aunque no debía doler, dolía. Él la había superado bajo la idea de que, aunque no como interés amoroso, sí era especial para Helga. Habían compartido un beso. Ella era especial para él. Fue su primer beso. Pero ahora se enteraba que ella no se sentía igual, ni lo veía como alguien especial.
-Dale espacio para pensar. Le ha dolido enterarse por alguien más- Helga se volteó a encarar a Gerald, se sentía vulnerable, de alguna forma, le dolía que Park hubiera dicho algo así.
-¿Y tú? ¿Necesitas espacio?- Gerald la observó detenidamente, en silencio, sopesando la pregunta de su amiga… ¿Le molestaba que hubiera besado a Harold y a Brian? No… pero lo ponía celoso como el demonio… Básicamente porque el sentimiento de posesividad que había despertado en él, se hacía presente, sin que pudiera evitarlo. Pero no estaba molesto, no con Helga. Odiaba un poco más a Park por hacerla pasar un mal momento, eso sí… Hacia ella… hacia ella no sentía enojo… ¿Cómo podría?
-No. Y espero que tú tampoco porque estoy a punto de abrazarte- Helga rio desganada y permitió que el segundo hijo de los Johanssen hiciera como dijo.
Envuelta entre sus brazos, su corazón era un poco más ligero.
-Oigan… ¿interrumpimos?- y al alzar la mirada, Timberly, Jamie O. y Melissa los miraban con similares sonrisas satisfechas y pícaras.
-Claro que no- le respondió sonrojada a Jamie O. que había hecho esa pregunta, mientras se separaba del abrazo de Gerald de mala gana.
-Iremos a desayunar, ¿vienen?- preguntó una sonriente Melissa. Helga cruzó miradas con Patty, que asintió aprobatoriamente con un movimiento de cabeza.
-Te llamaré si algo cambia. Pero en cuanto salga alguno de los señores Berman, ten por seguro que no serás la siguiente en entrar… esa seré yo- y la castaña le sonrió fatigada.
-¿Qué demonios significa esto?- vociferó el señor Mota de Larrea al recibir de parte del personal del hospital los papeles que claramente decían que su hijo ya no estaba ahí, siendo que el traslado a la clínica privada aún no se realizaba porque él había ido a decirles justamente que la ambulancia esperaba afuera.
-¿Acaso no sabe leer?- preguntó la enfermera –Su hijo ya fue trasladado- y el padre de Lorenzo arrojó desesperado los papeles al suelo.
-¡A dónde! ¡¿En dónde está?!- su esposa y él, al borde de una crisis nerviosa, amenazaron con demandar el centro de salud si no les respondían.
-Señor, ya le dije. Aquí ya no está- y como si fuera cualquier cosa, se giró, dejándolo con la palabra en la boca, y se fue a continuar con sus pendientes.
-Nuestro hijo- exclamó Carmen –está perdido- susurró mientras empezaba a llorar.
-¿Estás bien?- le preguntó Lila a Olga, los hermanos de Gerald habían ido a buscarlo y a Helga para que todos fueran a desayunar, pero la rubia mayor parecía haber enmudecido desde entonces y tenía una extraña expresión en el rostro, mitad pensativa, mitad incrédula.
-Me estaba preguntando qué asuntos podrían tener mis padres con ese adinerado señor- y la voz de su padre resonó a espaldas de Olga.
-Hemos venido justamente a aclarártelo- la rubia se giró, encontrándose de frente a sus progenitores con similares gestos de fatalidad en sus rostros que hicieron preocupar a su primogénita.
La hora de la verdad había llegado para la familia Pataki.
-¿Dónde está Helga?- preguntó Miriam.
-Jamie O. y su esposa fueron a buscarla con la pequeña Timberly- respondió Lila. Intuyendo que se estaba entrometiendo en un momento sólo de los tres rubios.
-Es mejor así. Debemos hablar contigo Olga- y cuando finalmente estuvieron los tres en el estacionamiento del hospital, un espacio que estaba libre y les proveía en cierta medida de privacidad y de libertad para hablar o gritar, Bob continuó -¿Alguna vez te explicamos la razón de tu nombre?- Olga negó, aquella conversación con sus padres produciéndole un mal presentimiento.
-Es el nombre de tu abuela paterna- la rubia frunció el entrecejo.
-Creí que la abuela era Nancy- y Bob pareció incapaz de sostenerle más tiempo la mirada.
-El nombre de mi madre es Nancy- los ojos negros de Olga se abrieron desmesuradamente…
-¿Qué?- titubeó… su padre no podía estar refiriéndose a lo que ella creía que él estaba refiriéndose, ¿o sí?
-Soy estéril- terminó por decir Bob Pataki y el mundo de Olga se derrumbó con esas dos simples palabras.
Estéril.
Estéril.
Su padre… estéril.
¿Cómo era eso posible?
