La serie de Once Upon a Time y sus personajes aquí mencionados no me pertenecen.
Hemos llegado al final de la historia.
Quiero agradecer cada like, kudo, estrellita, follow y cada palabra en los comentarios. Muchas gracias por haberle dado la oportunidad a la historia a pesar de que el género no les era familiar.
Profundamente agradecida con quien me acompañó de principio a fin con sus comentarios y palabras de aliento durante todo este tiempo que duró la historia.
De todo corazón espero que cada persona que lea se encuentre muy bien de salud, así como también sus familiares y seres queridos.
Sé que son tiempos difíciles, de mucha incertidumbre y miedo, así que espero este capítulo final pueda ayudarles a hacer un poquito más llevadero todo mientras salvan al mundo desde casa.
Agradecimientos a autumnevil5 por su incondicional apoyo durante estos años.
La mañana llegó con David y Regina desnudos entre las suaves sábanas de la cama que compartían.
El alfa fue el primero en despertar. Lo hizo cuidando de no moverse mucho ni hacer ruido alguno para no despertar a su bella omega embarazada que seguía durmiendo profundamente a su lado. Estaba un poquito alejada, pero de frente a él.
El príncipe no pudo evitar sonreír divertido al percatarse que él tenía sólo una almohada y Regina, tenía una bajo la cabeza, otra debajo de la hermosa pancita y una más entre las esculturales piernas.
Soltó un largo suspiro sintiéndose inmensamente feliz de verla dormir tan tranquila sin que los malestares la estuvieran aquejando. Tal parecía que ya habían pasado esa etapa del embarazo y ahora podían dedicarse a disfrutar plenamente del mismo.
Y vaya que lo estaban disfrutando…
Habían hecho el amor después de que él le entregó el anillo y ella aceptó ser su esposa. No tenía idea cuántas veces la había anudado. Lo cierto es que ninguno de los dos quería parar y afortunadamente tenían un hechizo de insonorización en la habitación porque ambos habían sido muy audibles y con seguridad Henry habría resultado con algún tipo de trauma de no tenerlo.
David tenía marcas de las uñas de la omega en el pecho, espalda, brazos y nalgas, mientras que Regina, tenía una reciente mordida en el cuello que de momento no podía ver, pero lo sabía muy bien porque él la había marcado, y Dios, su miembro amenazó con despertar al recordar ese erótico momento en que la reina le suplicó lloriqueante y enardecida de deseo que la reclamara una vez más.
Sin duda alguna había sido la mejor manera de comprometerse en matrimonio.
Una tenue e ilusionada sonrisa se dibujó en el apuesto rostro al ver el reluciente anillo en el dedo anular de la delicada mano que estaba sobre la almohada bajo la cabeza de la omega que estaba despertando.
Y no, no había sensación más maravillosa que ver esos hermosos ojos chocolate y esa encantadora sonrisa enamorada al inicio del día.
El primero en saber que estaban comprometidos fue Henry y el pequeño lloró para sorpresa de ambos.
Lo hizo de felicidad porque no cabía de emoción al saber que su mamá, después y a pesar de todo, tendría un final feliz.
Al poco rato ambos estuvieron en sus lugares de trabajo.
Tinkerbell, al igual que Henry, se soltó a llorar con la noticia y no había poder humano que la hiciera parar. Azul estuvo ahí a los pocos minutos y al menos logró que el hada verde se tranquilizara un poco, aunque ahora sollozaba y se secaba las lágrimas
- Estoy tan feliz, Regina - dijo el hada Suprema profundamente conmovida - Sé que nunca podré enmendar el error que cometí contigo, pero al menos tengo la satisfacción de saber que estarás bien y que serás muy feliz - se limpió la lágrima que resbaló por su mejilla.
La reina sonrió agradecida mientras asentía y tomaba una mano de Azul en clara señal de empatía.
Y debía admitir que en algún momento de su vida la odio por jamás ayudarla, por dejarla sufrir cuando menos lo mereció, pero ahora, todo era muy distinto.
Ya no había odio ni rencores, sabía que Azul estaba ahí, más que dispuesta a ayudarla y protegerla si era necesario.
Mientras tanto, el príncipe estaba en la comisaría con su hija. Le contó la noticia algo tenso por cómo lo fuera a tomar, pero se sorprendió gratamente al ver a Emma reaccionar muy bien.
Ella lo felicitó y de un momento a otro, estuvieron platicando de todo lo sucedido en los últimos meses
- Debo admitir que se siente muy bien haberme quitado de encima el peso de ser la salvadora - confesó soltando un largo suspiro de alivio.
Y es que era verdad. Ahora se daba cuenta que el hecho de no tener magia hizo que la gente no esperara nada de ella y que la atención en ese aspecto se desviara hacia Regina.
Aunque sabía bien que eso mismo colocaba a la omega de su padre en una posición un tanto vulnerable y que habría que estar muy pendiente de ella.
¿Quién lo diría? Que Emma Swan, la hija del Príncipe Encantador y de Snow White, terminaría custodiando a la ex Reina Malvada del bosque encantado quien, además, la madre de su hijo y esperaba dos hijas de su padre con el que se acaba de comprometer y encima, esas niñas eran sus futuras hermanitas.
Una familia que jamás pensó llegar a tener…
Dios, cualquiera que la escuchara decir eso fuera de Storybrooke pensaría que estaba completamente loca
- Emma, fuiste la salvadora en su momento. Nadie lo puede negar. De otra forma seguiríamos igual, bajo la maldición, y no estaríamos juntos como estábamos destinados a estar - le sonrió paternalmente mientras le acariciaba el rubio cabello de la misma forma
- Te amo, papá - habló con emoción en la voz
- También yo a ti - respondió de la misma forma
- En verdad estoy muy feliz de verte así de feliz con ella - confesó y se mordió un poco el labio inferior al decirlo porque por mucho tiempo se rehusó a aceptar que su padre estuviera con Regina y ahora, todo era tan distinto que apenas podía creerlo
- Gracias, Emma - susurró con amor y abrazó a su hija, a su primogénita, de la cual, como alfa, estaba muy orgulloso.
En cuanto Granny supo del compromiso de David y Regina se dispuso a planear el evento como si se tratara de la boda de su propia nieta.
Y es que la vieja lobo le tenía un cariño sumamente especial a la reina y la quería en verdad, casi como si fuese también de su sangre.
Los días comenzaron a pasar, Regina y Azul seguían trabajando arduamente en el control de celo de los alfas y omegas. No era tan sencillo como parecía, estaban buscando la forma de brindar esos controles, pero cuidando de no atentar contra la naturaleza de ninguno de ellos.
Sin mencionar, que era imposible luchar contra el poder del vínculo que unía el alma del alfa y la omega de una forma casi incomprensible. Era algo que iba mucho más allá de cualquier tipo de magia, fuerza o poder, pero la reina, estaba empeñada en que debía haber alguna manera.
Después de todo, ella misma estaba unida a su alfa por el vínculo y sería fácil experimentar llegado el momento.
Y fue así, como el día de la unión matrimonial llegó. Regina estaba de seis meses exactos, pero su vientre estaba enorme con las dos princesitas que crecían sanamente en su interior.
Hicieron una pequeña y amena ceremonia en el salón de la alcaldía.
Invitaron a las personas más allegadas a la pareja y todas, absolutamente todas las Hadas estuvieron ahí. Sollozando durante toda la ceremonia.
Archie fue el encargado de oficiar el enlace. Regina llevaba el cabello en un elegante moño, unas zapatillas no muy altas y un hermoso, elegante y sencillo vestido de novia con el cual su pancita se veía muy prominente y le hacía tan feliz estarse casando así, embarazada, con dos hijas de su alfa en el vientre. Prueba innegable de que le pertenecía por completo a David.
Y el príncipe, oh, Dios. Tenía el ego de alfa elevado hasta el cielo y se sentía literalmente en las nubes al estarse casando con su bella omega embarazada. Luciendo esa hermosa pancita que crecía cada día con el fruto de su semilla.
Le encantaba pensar que todos morían de celos al saber que, para que Regina estuviera embarazada, él tuvo que haberla anudado y llenado con su semilla una y otra vez hasta el límite de la hermosa y sensual omega que en ese momento aceptaba ser su esposa ante la ley.
Cuando él también aceptó, la besó posesivo y demandante. No quería que hubiera duda alguna de que la reina era suya y de nadie más.
Al terminar, hubo un banquete que Eugenia se encargó de preparar personalmente con ayuda de Ruby y de Belle quien cada día que pasaba, estaba más radiante y segura de sí misma
- Muchas felicidades - dijo Emma a Regina.
Estaban paradas una frente a la otra. La omega con ambas manos sobre su enorme vientre de seis meses que a ella le parecía ya de casi nueve, y todavía le faltaban tres meses más.
Y el parto. Oh, Dios…
- ¿Estás bien? - preguntó la alfa un tanto preocupada al ver que la omega se quedó un poco ausente. Se tranquilizó al verla asentir
- Gracias, Emma - le sonrió agradecida.
La sheriff asintió indecisa, no estaba segura de hacerlo. Había hablado con su padre y él estuvo de acuerdo siempre y cuando Regina accediera
- Quisiera… - se aclaró la garganta y la reina le miró interrogante - Darte un abrazo - susurró con nerviosismo.
La última vez que la había tocado fue cuando Regina se lanzó al peligro sin pensar para salvar a un alfa que defendía a su omega en celo.
La reina se tensó un poquito, no lo pudo evitar y es que no estaba segura de dejar que Emma la tocara. Era una alfa, de alto rango al igual que David, una que además había hecho el intento de propasarse con ella.
Sin embargo, era la hija de su alfa, la madre de su hijo y la hermana de las pequeñitas que llevaba en el vientre.
Muchas veces había visto a la rubia mirarle el vientre con ilusión y ganas de tocar, pero hasta ese momento no se lo había dicho como tal.
No se le olvidaba que Emma la protegió ese día cuando trató de ayudar a un alfa que estaba siendo atacado por otros.
Además, en ningún momento había tratado de apartar a Henry de su lado y estaba muy agradecida con ella por eso. Ni siquiera lo intentó cuando, bajo el mandato de George, lo pudo haber hecho porque las reglas biológicas así lo marcaban
- Está bien - accedió soltando un pequeño suspiro.
La alfa la envolvió entre sus brazos y la omega correspondió y entonces, simplemente sucedió.
Se separaron tan pronto como ambas lo sintieron y se miraron. Regina le miraba expectante y Emma algo extrañada y hasta algo asustada.
Y un poco nerviosa, la rubia lo intentó. Invocó su magia y ésta respondió.
Miró espantada a la reina quien le sonreía emocionada y feliz mientras David se les unía.
Estuvo encantado al saber que Emma había recuperado su magia y que lo había hecho gracias a la peculiar magia de su omega que ahora se abrazaba a él.
Esa noche, como casi todas, Regina y David se entregaron el uno al otro. Sólo que esta vez, lo hicieron de una forma significativa y especial.
Entre el séptimo y octavo mes de embarazo, la reina estuvo muy sensible y necesitada de su alfa.
Regina despertaba a David a medianoche para tener sexo y muchas veces, aparecía en la estación de imprevisto sólo para sentarse sobre su regazo y acurrucarse contra él mientras el alfa trabajaba. O al menos lo intentaba.
Y es que no podía concentrarse cuando su omega le estaba necesitando. Cuando aparecía en la estación se dedicaba a ella por completo. A acariciarla con ternura, mimarla y consentirla con toda la paciencia y el amor del mundo.
No podía explicar lo maravilloso que se sentía estar así con la reina, con su bella omega, que además, era ahora también su esposa. Le encantaba tenerla segura entre sus brazos, verla tranquila y sentir a sus niñas moverse. Sobretodo cuando él les hablaba porque sus princesitas se movían con mucha energía al escucharlo.
Al principio Emma salía corriendo del lugar, pero poco a poco, parecía estarse acostumbrado a esa escena que debía admitir se le hacía linda.
El único problema que tenía era cuando alguno de los dos se excitaba y ella se daba cuenta por el olor. No es que le pareciera mal, era algo normal y natural, pero vamos, se trataba de su padre y de la madre de su hijo que, o salían de ahí apresurados, o simplemente desaparecían en una nube de magia.
Y la alfa sabía que se iban directito a follar.
Por otro lado, Snow estaba dedicada de lleno a sus clases, a su hija y a su nieto. No fue invitada a la boda, pero de haberlo sido no habría asistido.
Estaba contenta con la nueva vida que la pareja estaba llevando, por ambos, por David porque lo había amado mucho y por Regina, porque… Bueno, por todo ese pasado de ambas que era mejor no recordar.
Sin embargo, tampoco se sentía cómoda estando cerca de ellos.
Le emocionó mucho saber que Emma recuperó su magia. Veía a su hija muy feliz, como liberada del estigma de ser la salvadora. Que ya ni siquiera Henry la llamaba así, para él, Emma era su madre y nada más. No había exigencias ni expectativas de su parte hacia ella y eso, hacía muy feliz a la rubia.
La vida había dado un giro inesperado en la vida de Snow, pero debía admitir, que todo eso logró un verdadero y profundo acercamiento con su hija y no se arrepentía ya de nada.
Estaba ahora segura que la mejor elección de su vida había sido pedirle a David que se llevara a Regina en Neverland.
La puerta de Granny's se abrió para dar paso a la imponente figura del alfa de alto rango de la ciudad.
Desde el otro lado de la barra, la vieja alfa le miró con una sonrisa de medio lado en cuanto le vio
- Amaneció de muy buen humor, sheriff - le dijo astuta mirándole por encima de las gafas que llevaba. El olor, era más que evidente
- ¿Qué te puedo decir, Eugenia? Estoy feliz y muy, muy enamorado - respondió con una amplia e incontenible sonrisa que se dibujó en su apuesto rostro
- Puedo notarlo - soltó una pequeña risa mientras se daba la vuelta para ordenar los café que sabía el príncipe llevaría.
La puerta se abrió de nuevo y Emma entró
- Hey - saludó a la vieja alfa y a Ruby que salía de la cocina
- Buenos días - saludó Eugenia
- Emma - saludó con cordialidad la joven lobo - David… - abrió los ojos sorprendida - Tú sí que te la estás pasando de lo mejor con el embarazo, ¿eh? - le alzó una ceja insinuante provocando que todos rieran.
Y es que el aroma a sexo era ya algo común en él. De diario iban padre e hija a saludarles y por un café y todos los días, David olía a sexo.
Algunas veces el olor era mucho más penetrante que otras, pero era constante y como buen alfa, David se mostraba muy orgulloso por ello
- No puedo negarle nada a Regina - se mordió el labio inferior mostrándose fascinado ante sus propias palabras
- Te entiendo perfectamente - dijo Ruby con empatía y es que no se imaginaba negándole sexo a Belle.
Era alucinante cuando las omegas suplicaban con esa dulce voz tan característica que poseían, y era algo a lo que los alfa, no se podían resistir. Por Dios que si ellas querían pasarse la vida entera follando ellos iban a conceder
- Por cierto - Eugenia llamó la atención de todos - Estoy tejiendo unas chambritas para las niñas - les contó emocionada
- Muchas gracias, Granny - dijo el alfa profundamente conmovido por el lindo gesto
- ¿Estás nervioso por el nacimiento? - preguntó al percibirlo ligeramente inquieto
- Un poco - asintió colocando las manos en la cintura. El pensamiento le causaba algo de ansiedad y es que Regina, no estaba ya muy lejos de dar a luz.
Azul pensaba que en un par de semanas más se estaría llegando el momento del parto dado que era un embarazo gemelar
- Todo estará bien - aseguró Emma poniéndole una mano en el hombro izquierdo tratando de brindarle apoyo
- Lo sé - aseguró, porque el hada Suprema estaría con ellos en el parto y ella no iba a dejar que algo malo le pasara a su omega ni a sus pequeñas - Es sólo que no se cómo voy a manejar el verla sufrir y no poder hacer nada - confesó denotando impotencia en sus palabras.
Resopló frustrado
- Podrías no estar presente - propuso la rubia algo pensativa
- No voy a dejarla sola - le miró como si hubiera dicho una locura, que de hecho lo había hecho
- Sólo estaba sugiriendo - se disculpó la alfa al ver el porte autoritario y territorial que adoptó su padre ante la propuesta que hizo
- Ni soñar con eso, Emma - dijo Eugenia haciéndole un ademán con la mano para que entendiera que eso jamás sucedería - Como buen alfa, David debe estar ahí siendo el soporte de su omega durante el parto - explicó percibiendo cómo el príncipe se relajaba de nuevo
- Mejor cuéntanos de tus aventuras con Regina - Ruby pasó un brazo por detrás de los hombros del sheriff y le apretó poquito fraternalmente
- Ruby… - su abuela le llamó la atención mientras el alfa volvía a sonreír divertido.
Abrió la boca para hablar, pero justo en ese momento se vio envuelto en una conocida nube de magia que sabía muy bien lo llevaría con ella
- Por Dios, necesito un trago - dijo Emma con voz afectada y las lobo se soltaron a reír al ver la expresión mortificada en el rostro de la alfa.
La nube aún no terminaba de disiparse cuando los hambrientos labios de Regina se estamparon con los suyos.
No dudo en envolver la delicada figura entre sus brazos y gimió dentro del beso porque la reina le estaba besando con arrebato, ardor y deseo haciendo que su miembro se endureciera con rapidez al tiempo que el olor de la excitación de la hermosa omega penetraba sus sentidos.
Los labios de Regina se separaron de los suyos y entonces, su húmeda y erguida erección hizo contacto con la suave piel de la hermosa pancita. Ambos desnudos gracias a la magia de la enigmática reina que le miraba con hermosos ojos chocolate llenos de fuego y pasión
- Te necesito, alfa - le habló con su voz de omega y no es que quisiera provocarlo a propósito, sino que de verdad necesita de él a cada segundo del día.
Habían hecho el amor tan pronto como despertaron esa mañana y después ambos se fueron a trabajar. Ella se reunió con Azul como todos días, pero pasada una hora aproximadamente, comenzó a necesitar de su alfa. Trató de ignorar el sentimiento y seguir, o al menos aguantar hasta que la reunión con el hada acabara, pero le fue imposible.
No podía dejar de pensar en David de todas las formas posibles. Y es que el príncipe era, sin lugar a duda, el mejor esposo y compañero de vida, la mejor figura paterna para Henry, el mejor padre para sus princesitas que muy pronto nacerían y sí, por Dios que sí, era el mejor de los amantes.
El único que había logrado satisfacerla por completo. Amaba esas fuertes y grandes manos acariciando su piel, amaba sentirlo tocando y besando cada centímetro de su piel, jugar con sus ahora endurecidos pezones, lamer con expertise su sexo que comenzaba a palpitar y a mojarse de deseo.
Y entonces sí, sintió las ganas incontenibles por tenerlo dentro. Por tener el enorme miembro de su alfa muy dentro de ella. Llenándola de ardiente semilla y teniéndola muy bien anudada debajo de él…
Se disculpó con Azul y ésta, supo de inmediato el por qué. Se mostró comprensiva y se retiró con amabilidad, sin hacerle preguntas ni juzgarla o hacerla sentir incómoda y Regina, estaba muy agradecida con el hada suprema por ello.
En un segundo estuvo recostada a lo ancho del sillón que con un simple hechizo se hacía más cómodo cuando iban a tener sexo.
Su trasero estaba volando y las manos del alfa sosteniéndole de las nalgas, sus piernas abiertas sobre los hombros del príncipe que estaba hincado frente a ella, su mirada en el techo de la oficina, la respiración agitada y el cuerpo tembloroso.
Sollozó y apretó la orilla del sillón con sus manos cerrando los ojos cuando sintió el tibio aliento de su esposo contra su ardiente y empapada intimidad
- Alfa, por favor… - suplicó bajito y ladeó el rostro, estirando un poquito el cuello hacia un lado para poderle ver desde esa posición sin que, su ahora enorme vientre, se lo impidiera
- Sí, mi bella y preciosa omega. Alfa está aquí para darte todo lo que necesitas - podía escucharse el deseo arrebatado en su voz.
Tragó la saliva que se acumuló en su boca ante el exquisito aroma de la excitación de su omega y la vista del precioso y rosado sexo hinchado, todo mojado, dejando escapar en exceso la deliciosa y transparente lubricación que resbalaba perdiéndose entre las preciosas nalgas, que tenía bien agarradas, y mojando un poco la punta de sus dedos haciendo todo sumamente erótico.
Regina soltó un pequeño jadeo cuando un tierno beso fue depositado en su palpitante intimidad y podía sentir el exceso de lubricación saliendo de su entrada preparándola para recibir el miembro de su alfa que ahora le lamía hambriento y con ganas.
Lloriqueó poquito cuando los labios se prendieron de su clítoris succionando y mordisqueando con maestría. Le enterró la lengua haciéndola retorcer lo mejor que pudo dado el avanzado embarazo y la penetró con la misma repetidas veces.
La reina abrió un poco más las piernas y apretó más el sillón bajo ella porque David estaba procurando estimular su clítoris con la nariz y entonces se vino.
Y es que estaba demasiado excitada y no hizo falta mucho para que alcanzara el orgasmo. No fue algo extraño para ninguno de los dos. El embarazo la tenía muy sensible y caliente por lo general.
Sonrió gustosa mientras se recuperaba del delicioso clímax y su alfa estaba bebiendo gustoso la evidencia de su orgasmo. Soltaba pequeños gemidos y después, besó con labios húmedos su enorme vientre
- Princesitas - les llamó boca pegada a la suave y tersa piel.
Amaba estar embarazada y ver su redondito vientre, mucho, pero odiaba que no le fuera posible verlo en esa posición. Sintió que una de las niñas se movía y no, no era momento de eso
- Mis pequeñitas - besó ese punto dónde vio el movimiento, pero entonces, Regina comenzó a moverse
- Quiero cambiar - dijo porque no cualquier posición le resultaba cómoda dadas las obvias circunstancias.
El príncipe se hizo hacia atrás permitiéndole hacerlo y líquido prememinal brotó de la punta de su turgente miembro cuando la vio colocarse de rodillas en la alfombra y recargarse en el sillón dándole una vista espectacular de ella.
Ese precioso trasero de infarto y la dulce intimidad goteante e hinchada esperando por él.
Su primer pensamiento fue meterle un par de dedos y demandar que ella misma se penetrara con ellos como una buena omega, pero podía sentir lo mucho que Regina le necesitaba y no la iba a hacer esperar.
Su insisto de alfa le urgía a satisfacerla porque, no sólo era su amada esposa y omega, sino que también estaba embarazada de dos preciosas niñas que moría por tener entre sus brazos.
Se acercó hasta quedar hincado tras ella. Le besó la espalda mientras le acariciaba el vientre con ambas manos. La escuchó resoplar inconforme y sabía que demandaría que la tomar de una vez. Así que, decidió tomarla de las caderas con las manos mientras movía un poco su propia pelvis buscando con su durísimo miembro la estrecha entrada
- Mmmhh, sí - Regina gimió muy alto cuando la virilidad de su alfa comenzó a entrar en ella haciendo que la piel se le erizara por la maravillosa sensación.
Él también gimió muy alto y con ardor al sentirse envuelto en el suave y caliente interior de su amada. El húmedo pasaje se estrechaba con fuerza a su alrededor estimulándole deliciosamente
- Siempre tan estrecha - siseó con ardor, con ojos y dientes apretados.
Habían tenido sexo tan pronto como despertaron y pocas horas después ahí estaban otra vez…
Fue Regina quien comenzó los movimientos de penetración de manera apresurada. Empalándose ella misma en el miembro de su alfa hasta el final
- Oh, oh… ¡Mmghh! - apretó las manos en puños y los dientes mientras se venía de nuevo. Esta vez sobre la palpitante e hinchada erección del príncipe que emprendía el ritmo de las estocadas ayudándola a disfrutar de ese orgasmo.
Abrió la boca grande porque de inmediato se sintió al borde del precipicio de nuevo
- No pares - pidió con voz estrangulada y sintió los ojos llenársele de lágrimas cuando la base del miembro que la penetraba comenzó a hincharse
- ¿Quieres mi nudo, esposa? - preguntó con voz dominante y posesiva. La vio asentir con rapidez y no pudo evitar sonreír de medio lado fascinado - Voy a llenarte de mí, mucho más de lo que ya estás - siguió hablando de la misma forma provocando que la reina lloriqueara en medio de sus preciosos gemidos y jadeos
- Sí… Sí. Sí alfa. Por favor - pidió con su voz de omega - Quiero tu nudo y tu semilla caliente llenándome - lloriqueó sintiéndose a nada de llegar, sabiendo que él estaba igual. El nudo a punto de terminar de formarse para dejarla atada a él como tanto amaba estar
- Mmhh, por supuesto que sí, pequeña omega. Aquí el nudo de tu alfa… - habló por entre dientes apretados. Se enterró de golpe en ella y su nudo se expandió hasta su límite - Tómalo todo - gimió y gruñó cuando se empezó a descargar.
Regina llegó de nuevo con mejillas sonrojadas, ojos inundados en lágrimas y gritando el nombre de su alfa mientras su cuerpo temblaba sin control presa del potente orgasmo que le causó el que su marido la anudara y comenzara a llenarla de ardiente semen.
Un par de semanas después Regina salía al jardín de la Mansión.
Se sentó en la pequeña mesa que había ahí con un libro en la mano derecha y un jugo de frutas en la otra. Era una bebida especial que Granny preparaba para ella bajo el argumento de que contenía muchas vitaminas.
Bebió un poco y se acomodó mejor abriendo el libro que podía recargar fácilmente en su enorme vientre.
Las carcajadas la hicieron levantar la vista hacia el jardín donde su esposo estaba dándole lecciones de espada a su pequeño príncipe que días antes había cumplido once años.
Le sonrió a David quien había cruzado su azul y hermosa mirada con ella y como siempre, le arrancó un suspiro enamorado.
Ambos llevaban días en la casa porque sabían que el momento del parto se acercaba y el sheriff se ofreció a quedarse en la Mansión con tal de que su omega accediera a dejar de ir a la oficina y estaban disfrutando mucho de ese tiempo en familia.
Regina regresó su atención a la lectura y de vez en cuando bebía un poco de su jugo mientras les escuchaba golpear las espadas de madera una y otra vez
- ¡Ah! - se quejó un poco al sentir un dolor diferente esta vez, pero pasados un par de minutos, se relajó.
Poco menos de diez más, sucedió de nuevo, pero esta vez, se quejó mucho más alto y soltó el vaso que se estrelló en el suelo.
David y Henry estuvieron a su lado al instante, ambos con rostros llenos de preocupación y preguntándole si estaba bien
- Creo que ya van a nacer - fue todo lo que tuvo que decir para que el príncipe fuera dominado en su totalidad por el alfa en él.
A los pocos minutos, Regina estuvo instalada en su habitación. David estaba ahí, a su lado, diciéndole cuando la amaba, limpiándole el sudor de la frente y repitiéndole lo orgulloso que estaba de ella.
En la planta baja, estaba Granny haciéndole compañía a un preocupado y nervioso Henry. El príncipe estaba muy alterado y la presencia de algún otro alfa, a excepción de Eugenia, claro está, lo habría puesto mucho peor.
Azul estaba también en la Mansión, pero sólo entraba a la habitación para revisar a la reina y después les dejaba de nuevo.
La omega se abrazaba con fuerza a su alfa mientras trataba de sobrellevar el dolor
- Lo estás haciendo muy bien - besó la sudorosa frente de su esposa mientras se sentía morir por dentro al verla sufrir por los dolores de parto.
Estaba por dar a luz, algo completamente natural, algo que él mismo pidió y demandó de ella durante uno de sus celos y no se arrepentía, porque ese embarazo había sido maravilloso y en pocas horas tendrían a sus princesitas con ellos, pero le hacía sentir sumamente impotente el no poder hacer nada para que dejara de sufrir y lo peor de todo era que, hasta ese momento, ella no se había quejado.
Sí, de pronto lanzaba un grito por entre dientes apretados y sollozaba por el dolor de las contracciones que eran cada vez más seguidas, pero no sé quejaba y no sabía qué tan bueno era porque, bueno… Era Regina Mills
- Van a ser tan hermosas como tú - murmuró con amor volviendo a pasar el paño húmedo y fresco por la sudorosa frente de la reina.
Regina se tensó y apretó una mano de David mientras todo su cuerpo era atravesado por un agudo dolor que nacía desde su vientre amenazando con partirla en dos y entonces…
- Mi fuente se rompió - dijo algo alarmada al sentir que se mojaba toda
- ¡Azul! - el alfa gritó, pero no se movió ni un solo centímetro del lado de su omega.
El hada suprema apareció de inmediato. Estaba en la cocina y el haberse trasladado caminando habría sido más tardado así que empleó magia para ello.
Revisó a la reina bajo la atenta y ligeramente amenazante mirada del príncipe. Sabía que sólo toleraba su presencia porque sería quien asistiría a Regina durante el parto.
Apretaba más contra él la frágil figura de su omega cuando veía a Azul meter una mano bajo las sábanas y entremedio de las piernas de la reina
- Ya falta muy poco - informó y se retiró de nuevo
- ¿Escuchaste? - preguntó David a Regina quien sollozaba contra su pecho porque el dolor se estaba volviendo insoportable - Ya vamos a conocerlas - susurró dejándole un beso en la cabeza
- Quiero agua - le dijo y rápidamente, el príncipe llevó un vaso hasta sus labios y le ayudó a beber - ¡Ahhhh! - Regina se alzó un poco al gritar por una nueva contracción y el alfa la sostuvo.
Se asustó. Era la primera vez que su omega gritaba como tal y no sólo se quejaba como lo estuvo haciendo con anterioridad.
No pasaron ni dos minutos cuando la reina gritó presa del dolor una vez más y algo le urgía a colocarse en posición para dar a luz.
Una nueva contracción la hizo temblar de cuerpo entero y las lágrimas resbalaron por sus mejillas
- Oh, Dios… Cómo duele - sollozó mientras trataba de respirar como Azul y Granny le habían indicado que lo hiciera llegado el momento.
El reloj marcó las cuatro de la madrugada. Granny y Azul platicaban un poco en la cocina mientras Henry dormía en el sillón de la sala. El pequeño no aguantó el sueño y cayó rendido.
Un grito particularmente pronunciado hizo que el hada volviera de inmediato a la habitación, que Henry despertara asustado y que Eugenia estuviera a su lado para impedir que subiera.
Regina lloraba y gritaba mientras trataba de respirar y al mismo tiempo pujar. No porque supiera que debía hacer eso ya, sino porque su mismo cuerpo le urgía a hacerlo
- ¡Haz algo! - demandó el alfa mostrándose sobreprotector y amenazante a la vez. Seguro de que iba a perder el control si su omega o sus niñas llegaban a sufrir más de lo necesario.
Azul preparó todo y tomó su posición en medio de las piernas de Regina quien no dejaba de gritar y llorar por el dolor.
Se sorprendió al constatar que una de las niñas estaba ya coronando y no dudó en actuar
- Llegó el momento. David - llamó la atención del príncipe y le miró con seriedad - Ayúdame a tranquilizarla - le dijo porque Regina no parecía estar coordinando bien sus respiraciones, el aire le hacía falta y se le notaba el estrés en el rostro contorsionado por el dolor
- Preciosa y pequeña omega. Aquí estoy contigo - le besó la sien izquierda - Respira… - la alentó y ella negó desesperada
- Duele mucho - habló casi sin aliento y con dolor impregnado en la voz
- Mírame - le pidió apretando más la delicada mano que tenía aferrada y se sintió morir cuando los bellos ojos chocolate le miraron asustados y vulnerables - Te amo y no puedo describir lo inmensamente feliz que me hace saber que estás por dar a luz a dos hijas mías y tuyas - la besó en los temblorosos y jadeantes labios - Alfa te tiene pequeña omega y está muy, muy orgulloso de ti - la reina comenzó a tranquilizarse con las dulces y amorosas palabras del príncipe
- Regina, en la siguiente contracción, necesito que pujes con fuerza - solicitó Azul con calma, buscando no alterar a la reina y al mismo tiempo, mantener en calma al alfa que de pronto la miraba como si fuera ella la culpable del dolor que estaba sufriendo la omega.
Regina hizo lo solicitado al momento en que la contracción se hizo presente. Escuchaba a Azul indicar que lo hiciera de nuevo, mientras David no paraba de decirle que la amaba y seguía quitándole el sudor de la frente.
Le pareció interminable el hecho de pujar en cada contracción, pero el mundo se detuvo cuando sintió que algo abandonaba su cuerpo y después, el llanto de una de sus hijas irrumpía en el lugar.
Luego de constatar que estaba en perfecto estado de salud, Azul, con una sonrisa amplia en el rostro, le entregó a David a la pequeña y lloriqueante bebé que agitaba las manitas y movía las piernitas.
La acunó protectoramente con su brazo libre de inmediato y la acercó a Regina para que también pudiera verla
- Es Caroline - susurró fascinado y como en un trance viendo a su pequeña hija por primera vez. Le parecía hermosa y muy, muy chiquita
- Princesita - sollozó la reina alcanzado a besar la cabecita de su recién nacida, pero entonces, el intenso dolor regresó
- Vamos de nuevo, Regina - dijo Azul - La otra bebé ya viene - informó
- Elizabeth - informó David con la voz afectada por la emoción - Estás dando a luz a nuestra Elizabeth, preciosa omega - le besó largamente la frente mientras ella gritaba por el dolor y la pequeña Caroline lloraba abiertamente en el brazo de su padre.
Pasados algunos minutos, después de muchas más contracciones y dolor, la otra pequeñita llegaba al mundo rompiendo en llanto.
Azul se apresuró a inspeccionarla con magia como lo hizo con la otra bebé y la depositó con cuidado en los brazos de la reina quien la abrazó protectoramente contra su pecho
- Hola, mi amor - le saludó con una bella sonrisa y con lágrimas de felicidad corriendo por su rostro.
David acercó a la pequeña Caroline junto a Elizabeth y entonces sí, pudieron admirar a sus dos hijas
- Son tan hermosas - dijo Regina muerta de amor por sus bebés y viendo que, efectivamente, eran idénticas.
Lo único que sabían con seguridad era que las gemelas eran rubias. No habían visto aún sus ojitos y de momento, la piel de ambas era rosita.
Aunque lo más importante en ese momento es que las dos estaban muy sanas a pesar de ser tan pequeñitas
- Como tú - susurró con amor el príncipe y no se aguantó. Capturó los labios de su esposa en un beso posesivo y demandante - Me haces el hombre y el alfa más feliz y orgulloso del mundo - después se alejó poquito de ella porque sus niñas no paraban de llorar
- Deben tener hambre - dijo Regina buscando con la mirada a Azul quien asintió.
David tomó a sus dos pequeñas niñas y se sentó en la orilla de la cama. Las bebés parecieron calmarse un poco cuando se sintieron la una a la otra.
Dios, eran hermosas y diminutas.
Sonrió con orgullo al verlas y se agachó un poco para conocer el olor de sus princesitas y saber la naturaleza biológica de las mismas
- Son alfas - informó con una amplia sonrisa y suspiró lleno de amor al ver a su esposa sonreír con emoción.
Se acercó al ver que Azul había ayudado a que Regina estuviera cómoda y preparada para alimentar a las niñas al mismo tiempo. Había colocado almohadas alrededor de ella
- Coloca una aquí y a la otra allá - dirigió el hada, convencida de que sería un suicidio tratar de tocar a una de las bebés en ese momento.
David estaba en un estado territorial total, el ambiente se sentía pesado para ella, pero a Regina, la hacía sentir muy segura, cuidada y protegida.
Casi de inmediato las pequeñitas comenzaron a comer causándole algo de dolor a su madre
- ¿Duele? - preguntó preocupado mientras le acariciaba el rostro con ternura
- Sí - respondió ella sin apartar la vista de sus pequeñas hijas - Pero es hermoso - dijo soltando un largo suspiro lleno de calma.
Volteó a verlo. Su apuesto alfa se veía cansado y muy tensó todavía, pero muy, muy feliz y eso, la llenaba de satisfacción al saber que ella estaba provocando esa felicidad en él.
Para una omega, no había nada más grande que el hecho de satisfacer a su alfa de todas las formas posibles y Regina, estaba experimentado por primera vez el darle hijos a su alfa, verlo tan feliz y orgulloso por ello y era, simplemente maravilloso
- Te amo, alfa - le dijo y le besó con amor cuando él volteó a verla.
Después de eso, David, como buen alfa, insistió en que su omega descansara mientras él, con la asistencia de Azul, le daba el primer baño a sus princesitas.
Luego de ello, entre los dos las vistieron y las envolvieron en suaves manitas para que Henry las conociera.
Era el único que lo haría por el momento. El príncipe no quería que absolutamente nadie se acercara a sus recién nacidas ni a su omega que acababa de dar a luz y estaba muy cansada.
Y la verdad, Regina tampoco quería a nadie más cerca.
Así que, el casi adolescente estuvo en la habitación a los pocos minutos
- Mi pequeño príncipe - Regina saludó a su niño quien corrió a abrazarla en cuando la vio
- ¿Estás bien? - preguntó y ella asintió tomándole el rostro y besándole la frente con amor.
Después desvió su mirada hacia el otro lado de la cama donde estaban sus hermanitas con David de pie junto a ellas.
Caminó hasta allá para acercarse y poderlas ver
- Qué bonitas y pequeñitas - dijo un tanto nervioso porque le parecían muy chiquitas y frágiles, y desistió por lo mismo de quererlas cargar - ¿Quién es quién? - preguntó porque en verdad que las gemelas eran idénticas y no veía la manera de diferenciarlas
- Ella es Elizabeth y ella Caroline - informó el alfa mostrándose divertido por la pregunta que seguramente todo el mundo haría
- ¿Cómo saben? - le preguntó astuto el niño y está vez, el príncipe río un poco para luego ponerse un tanto a la altura de su nieto
- Por el olor. Podrán ser idénticas y alfas, pero huelen diferente - le explicó
- ¿Son alfas? - preguntó Henry emocionado mirando a su madre quien asintió orgullosa - Estoy tan feliz, mamá - corrió de nuevo al lado de su madre para abrazarla
- Te amo tanto, Henry - le besó repetidas veces la cabeza mientras lo abrazaba con fuerza
- Y yo a ti - respondió
- Bajaré por tu desayuno para que luego puedas descansar - dijo David a su esposa quien asintió agradecida
- Te veo al rato, mamá - se despidió besándole la mejilla.
Quería quedarse más tiempo, pero tenía hambre y su mamá tenía que desayunar.
Aproximadamente una hora después, con radiante sol de la mañana colándose un poco por las cortinas de la ventana de la habitación principal, Regina dormía profundamente en la cama después de haber desayunado y tomado un baño.
Y David, estaba ahí, recostado junto a ella y con sus princesitas durmiendo apaciblemente sobre su pecho.
Amando como nada el ver dormir tranquilas a sus tres bellezas.
Caroline y Elizabeth tenían cerca de un mes de nacidas cuando David por fin sintió que podía dejar que las demás personas las conocieran.
Y ni qué decir de que vieran a su omega.
Estaba muy sobreprotector y durante todo ese tiempo, la única que veía a Regina era Azul. Fue algo a lo que el príncipe accedió con tal de que su esposa no dejara la seguridad de la Mansión, pero pudiera seguir trabajando.
La omega estaba muy feliz porque podía estar en casa con su esposo y sus tres hijos al tiempo que avanzaba en los supresores.
Quería tenerlos listos para el próximo celo de David y el de ella también, los cuales tendrían un mes de diferencia.
Desde luego que la primera que fue a conocer a las gemelas fue Emma. La invitaron a cenar y para sorpresa de Regina fue el príncipe quien se encargó de todo.
No le permitió mover ni un sólo dedo. Así que mientras él cocinaba y Henry le ayudaba, la reina estuvo con sus bellas princesitas a solas.
Las cambió de ropita con suma delicadeza y amor, sonriendo a cada minuto porque sus pequeñitas eran una completa dulzura.
Caroline abrió los ojitos y movió sus bracitos
- Mi hermosa niña - le sonrió enamorada mirando los bellos ojitos azules idénticos a los de su alfa que parpadeaban con lentitud, completamente adormilados.
La tomó entre sus brazos y la meció con amor haciendo que la bebé se volviera a quedar dormida de inmediato.
En general, las pequeñas eran muy tranquilas, pero ya había habido un par de veces en que se habían mostrado muy demandantes.
Entró al baño y al regresar, se puso sus altos tacones. Se vio en el espejo de cuerpo completo admirando su figura que por supuesto que recuperó con magia al par de días de dar a luz y justo cuando pensó que estaba perfecta, Elizabeth comenzó a llorar a todo pulmón.
Se apresuró hasta ella y la levantó en brazos
- Shhh, shhh, shhh - buscó calmarla rápido para que no despertara a su hermanita y pareció funcionar porque la bebé dejó de ser tan audible - ¿Qué pasa, princesita? - preguntó sonriéndole a su bebé que fijó momentáneamente su azul mirada en la de ella.
Su bebé se retorció quejándose y considerando que no tenía hambre pues acababa de comer, Regina la dejó sobre la cama para revisar su pañal encontrando todo en orden.
La levantó de nuevo y comenzó a pasearse por la habitación mientras le cantaba bajito.
Cuando Elizabeth se quedó dormida, invocó con su magia los portabebé y acomodó a su hija en uno de ellos. Después, hizo lo mismo con Caroline
- Vamos a ver si su padre ya terminó la cena - susurró a sus dormidas hijas e invocando su magia desaparecieron de la habitación.
David estaba terminando de revisar el estofado que prácticamente estaba listo. Se irguió cerrando el horno y justo en ese momento, los delicados brazos de su esposa le rodearon mientras ella se abrazaba a él por la espalda
- ¿Cómo vas? - le preguntó dejando un beso en uno de los fuertes brazos de su alfa quien giró hasta quedar de frente a ella.
Lo vio sorprenderse un poquito al verla y después se hizo hacia atrás sosteniéndola de las manos para poderla admirar
- Estás bellísima - le dijo soltando un enamorado suspiro.
Llevaba el cabello suelto que le llegaba un poco abajo de los hombros, una blusa de seda color champagne con un sexy escote, unos pantalones negros muy, muy entallados y unos tacones negros
- Gracias, encantador - le sonrió coqueta y después se acercó a él para besarle.
Regina le soltó de las manos y le abrazó por el cuello mientras David llevaba sus manos hasta la estrechísima cintura de su amada omega y la aferró con firmeza de ahí al tiempo que profundizaban el beso que se estaban dando.
El timbre anunciando la llegada de Emma les hizo separarse
- ¡Yo abro! - se escuchó a Henry, que se había quedado con las gemelas en la sala, correr a la puerta.
La omega le volvió a besar, pero esta vez el beso fue ardiente y prometedor.
Regina se separó mordiéndole al alfa un poco el labio inferior. Se dio la vuelta para comenzar a caminar, pero un fuerte brazo la apresó por la cintura y la jaló hacia él. Contuvo el aliento cuando sintió el tibio aliento en su oreja izquierda
- Oh, pequeña y preciosa omega. Cuando la cena termine y los niños estén dormidos, voy a darte fuerte y duro hasta que no puedas más - prometió y le besó sonoramente detrás de la oreja haciéndola estremecer.
Y antes de soltarla, le dio una buena nalgada que la hizo dar un saltito involuntario y gemir con sorpresa.
Después la tomó de la mano izquierda y la llevó hasta sus labios para besarla mientras escuchaban a Emma saludar a Henry.
Salieron al encuentro con la rubia así, tomados de la mano.
David saludó a su hija y no le pasó desapercibido que ésta se impresionó al ver a Regina, por lo que él, la abrazó posesivo de la cintura por instinto, mostrándose territorial a pesar de que no tenía nada que temer.
Henry entró a la casa con un montón de regalos
- Traje algunos regalos para las niñas - dijo Emma -¿Dónde están? - preguntó emocionada
- En la sala - respondió Regina invitándola a pasar.
Llegaron hasta ahí y de inmediato David tomó a una de las niñas en brazos para presentársela a su primogénita
- Ella es Elizabeth - le contó mostrándose muy orgulloso
- Oh, Dios. Es tan pequeñita y bonita - dijo la rubia muerta de amor al mirar a su hermanita
- Y ella es Caroline - dijo la reina con la otra pequeñita en brazos.
Emma se atrevió a acariciar el rubio y fino cabellito de la bebé que sostenía la omega. Lo hizo con delicadeza y cuidando de no alterar ni a David ni a Regina.
Podía sentir que ambos estaban muy protectores con las gemelas, pero el alfa, lo estaba mucho más porque también estaba sobreprotector y territorial con la omega
- Se parecen mucho a David - dijo mirando la carita de Caroline y después se asomó a ver a Elizabeth constatando sus palabras
- Sí - respondió Regina riendo casi con ironía porque fueron casi nueve meses cargándolas en el vientre y muchas horas de doloroso parto para que sus princesitas no tuvieran nada de ella.
Eran rubias, de ojitos azules y piel muy blanca
- Tienen la nariz y las cejitas de Regina - dijo David y Emma miró a Elizabeth con más atención
- Es verdad - sonrió divertida
- Fruncen el ceño igual que mi mamá - argumentó el casi adolescente
- No es verdad - dijo Regina mirando a su hijo - Están muy pequeñitas para eso - frunció el ceño al hablar y Henry trató de aguantarse la risa al igual que David mientras Emma seguía inspeccionando los rasgos de sus hermanitas
- Quiero ver los regalos - dijo Henry cambiando el tema
- Todos estos son míos - dijo Emma y tomó uno en especial - Éste lo manda Snow junto con sus felicitaciones - se los extendió.
Ambos se miraron por un segundo algo extrañados y fue David quien lo tomó por fin
- Sé que no les encanta la idea, pero ella insistió. Muy su estilo - se rio de su propio comentario porque estaba segura que la reina los odiaría.
Eran dos pañaleros blancos con un exagerado tutú rosado. Regina hizo su mejor esfuerzo por disimular, pero es que no iba a vestir a sus pequeñitas así por nada del mundo.
Iban a parecer piñatas
- Dile a tu madre que no tenía por qué molestarse - se limitó a decir convencida de que sus bebés jamás usarían esas cosas
- Dale las gracias por mí - sonrió David fingidamente, seguro de que sus niñas no usarían esos regalos.
Seguía muy, muy sobreprotector y no se le olvidaba que, por culpa de Snow, Regina y sus princesitas pudieron haber muerto a manos del sucio pirata. Así que, de momento, no la quería presente en la vida de su omega y de sus pequeñas hijas de ninguna forma
- ¿Cómo les va con lo de la magia? - preguntó Emma con interés porque David le contó que Azul confirmó que las niñas habían nacido con magia
- Decidimos suprimir la magia hasta que tengan una edad prudente para aprender - le contó Regina, mirando con detenimiento la delicada pulserita dorada que llevaba Caroline en la muñeca derecha para ello y Elizabeth, portaba una igual.
Tuvieron una linda y amena cena. Emma se retiró y Henry se fue a su cuarto a dormir mientras David y Regina, se encargaban de alimentar, cambiar y dormir a sus pequeñas hijas.
Las dejaron en la cuna que compartían dentro de la habitación de ambos. A la reina le parecían todavía muy diminutas, mucho más cuando era David quien las sostenía en brazos y no quería separarlas de ella aún.
Y en cuanto se durmieron, el alfa cumplió lo prometido. Con la confianza de que había hechizos de insonorización en la habitación y otro en la cuna, hizo gritar de placer a la reina hasta que quedó completamente exhausta y bien llena de él.
Al día siguiente, recibieron las visitas de Eugenia, Ruby, Belle, Tinkerbell y nuevamente de Emma.
Esta vez, se reunieron a la hora de la comida. Granny ofreció llevar los alimentos y no llegó con las manos vacías.
Llevaba las chambritas que le comentó a David, un par de cobijitas, calcetincitos, vestiditos y gorritos que ella misma tejió.
Conocieron a las pequeñitas y todas murieron de amor al verlas. Se comentó de nuevo que eran idénticas a David, pero con ciertos rasgos de Regina sobretodo el ceño y la reina sólo torcía los ojos al escucharlas.
El alfa sintió que los nervios se le ponían de punta cuando las invitadas comenzaron a cargar a sus princesitas y si se detuvo de pedir que no lo hicieran, fue porque le prometió a su omega, que ahora le miraba con advertencia, que no lo haría.
La reina fue muy comprensiva y espero hasta que él se sintiera con la confianza de permitir que otras personas se les acercaran a las tres, porque en verdad, ella tampoco se sentía segura de ello, pero le dejó muy en claro que cuando pasara, se iba a tener que comportar.
Regina percibió lo tenso y en alerta que estaba su alfa y no dudó en abrazarse a él
- Tranquilo - susurró bajito mientras le miraba. Los azules ojos pronto le estuvieron viendo fijamente.
David asintió y la besó tiernamente en los labios comenzando a sentirse más calmado y es que sólo ella, su amada Regina, esposa y omega, tenía el poder de tranquilizarlo.
Podía ser un alfa de alto de rango, quien la había marcado como suya, pero literalmente era ella quien le tenía a él a sus pies.
Y hubo un momento en el que sólo Emma reparó. Ruby miraba enamoradísima la imagen de Belle sosteniendo en brazos a una de las gemelas...
Cuando las pequeñas cumplieron un mes, llegó el momento de que David entrara en celo. Se mostró muy ansioso porque no le parecía tiempo prudente para dejar a las niñas por todo un día.
Días antes, Regina le había propuesto probar los supresores que ya tenían listos. Servirían para que el celo no fuera tan fuerte y, un tanto contrariado y contra su instinto de alfa, los tomó porque tenía miedo de, en medio del arrebato y el calor del celo, demandar más hijos de su omega.
Sí quería más hijos con la reina, un montón, pero las gemelas estaban muy pequeñitas y no se sentía preparado para volver a ver a Regina sufrir los dolores de parto tan pronto.
Eugenia se quedó en la Mansión por si alguien tenía qué hacerse cargo de las gemelas de emergencia y Henry se fue con Emma.
Los supresores, fueron todo un éxito. David estuvo muy pasional y demandante, pero en ningún momento sintió que se perdía de sí mismo. Estuvo en completo control y gozó como nada el atender a sus princesitas y ver a Regina alimentarlas mientras él estaba en celo.
Fue una experiencia única y muy hermosa.
Al mes siguiente, llegó el turno de Regina de entrar en celo y la reina, quería probar los anticonceptivos junto con los supresores.
Y para su sorpresa, David tardó un poco más en estar de acuerdo en el uso de los supresores que los anticonceptivos.
El príncipe tenía en claro que era muy pronto para otro embarazo y le parecía una excelente idea lo del control para evitar el mismo. Pero, le costó acceder para el uso de supresores porque quería vivir el celo de su omega como tal. Sin embargo, terminó cediendo porque sabía lo importante que era para Regina y además, eso les permitiría tener a sus princesitas con ellos en la habitación. La reina podría alimentarlas y él hacerse cargo de ellas mientras ella descansaba un poco.
Si lo pensaba detenidamente, era perfecto.
Nuevamente fue Granny la que se quedó en la Mansión con ellos para cualquier emergencia y Henry, se fue al apartamento con Emma y Snow.
Los tres días de celo, fueron maravillosos y únicos. Estuvieron follando sin descanso. Todo lo que Regina necesitó y en todo momento estuvieron pendientes de las niñas. David se hizo cargo de casi todo y básicamente lo único que la omega hizo fue alimentarlas ante la atenta mirada de su alfa.
Fue algo hermoso y muy íntimo que les unió mucho más de lo que ya estaban si es que eso era posible.
Después de que el uso de supresores y anticonceptivos resultara todo un éxito. Regina y Azul se encargaron de crear un plan de distribución de los mismos para la población de alfas y omegas en general. Sería algo que Storybrooke proveería como un derecho.
Y así, los meses comenzaron a pasar. La gente estaba usando los supresores y anticonceptivos de manera favorable, y hasta el momento, no se había registrado ningún problema por ello.
Cuando menos lo pensaron Regina entró en celo otra vez. Las gemelas, que tenían loco de amor a David, tenían ya cuatro meses y para sorpresa del alfa, fue ella quien decidió tomar sólo los anticonceptivos
- Quiero sentirte plenamente, alfa - fue el argumento que le dio y él, no pudo decirle que no.
Por lo que esta vez, Eugenia se hizo cargo de las pequeñitas mientras los padres de las mismas se la pasaron follando durante tres días enteros.
Regina estaba trabajando en su oficina tranquilamente cuando de pronto, la puerta se abrió revelando la imponente figura de David portando una mochila portabebé donde llevaba seguras a sus pequeñas hijas que ya tenían siete meses de edad
- Hola, belleza - le saludó mientras Tinkerbell cerraba la puerta tras él y la reina se levantaba hasta su encuentro.
Se besaron dulcemente y después, la omega besó la frente de sus niñas
- ¿Cómo se portaron? - preguntó mientras desajustaba todo para poder tomar a Elizabeth en brazos
- Muy bien - respondió el príncipe sacando de la mochila a Caroline también - Pero creo que tienen un poco de hambre - le contó sonriendo divertido al ver a su hija con el ceñito fruncido tal cual Regina solía hacerlo y Dios, las gemelas eran adorables cuando hacían ese gesto que tanto amaba de su omega
- ¿A qué hora les diste la botella? - preguntó sentándose en el sillón de la elegante sala de la oficina, descubriendo uno de sus senos para alimentar a Elizabeth que se había puesto un poquito demandante
- A la que acordamos - respondió sentándose enseguida de ella con Caroline que mordisqueaba un juguete
- ¿Qué pasó, mi amor? - le preguntó a su hijita que había parado de comer y la miraba atenta con bellos ojitos azules. Al escucharla, la pequeñita sonrió provocando que su madre también lo hiciera y volvió a su labor de comer
- Me encanta verte así con las niñas - David le miraba fascinado.
Se dieron un lindo beso y Caroline renegó aventando también el juguete haciendo que ambos se sorprendieran porque eso era nuevo. El reniego, no. Al parecer, las gemelas tenían mucho del carácter de la reina y solían renegar, resoplar y fruncir el ceño más que llorar escandalosamente, pero nunca lo habían hecho cuando ellos se besaban.
Volvieron a hacerlo y tuvieron el mismo efecto. Los dos rieron a carcajadas por lo curiosa de la situación
- Oh, no princesita - la levantó para besarle la mejilla derecha - Papá tiene derecho de besar a mami - le habló dulcemente, pero con seriedad y su pequeña le frunció el ceño.
Ambos rieron otra vez e intercambiaron de bebé. Cuando las dos estuvieron dormidas en sus sillitas sobre la mesa de la oficina, David levantó en brazos a Regina y la llevó hasta el sillón
Le alzó un poco el negro vestido que llevaba y se colocó entre sus piernas mientras la besaba con desmedida pasión y deseo
- Estoy durísimo - jadeó y entonces, el olor de la excitación del alfa se hizo presente.
Faltaban algunos días para que él volviera a entrar en celo y había estado muy deseoso
- David… - Regina trató de llamar la atención del príncipe que ahora le sacaba la ropa interior - Debemos ir a Granny's - le recordó.
Tenían una reunión familiar ahí y la reina era enemiga de llegar tarde.
Gimió desde el fondo de su garganta cuando los dedos la tocaron. Le había abierto más las piernas y empujado un poco hacia ella
- Alfa te quiere bien mojada, preciosa omega - siseó con ardor e introdujo un dedo mientras se inclinaba para besarla a fin de acallar la protesta que sabía estaba a punto de escuchar.
La folló con el dedo a su antojo y después metió otro, sintiéndola a cada ir y venir más húmeda. Le bajó el vestido hasta descubrir el seno izquierdo y lo chupó con gentileza provocando que la omega se retorciera y gimiera con más abandono.
Y cuando sintió que la tenía muy cerca, que las suaves paredes se apretaba de pronto a su alrededor y que la cantidad de lubricación era excesiva, fue cuando habló. O más bien, cuando demandó algo de su bella omega.
Se alzó hasta colocar los labios contra la marca y lamió causando un sonoro gemido tembloroso
- Vente para tu alfa… - susurró su orden, precisamente con su voz de alfa. Fueron palabras dichas con amor y dulzura, pero fue una orden al final.
Una a la que la omega no se podía negar
- Oh, j-jodeeeeer - gimió con voz estrangulada la reina mientras todo su cuerpo se tensaba y los dientes del alfa la mordían al tiempo que ella se apretaba con excesiva fuerza alrededor de los grandes dedos que tenía bien dentro.
Movió un poco las caderas buscando más de ese increíble placer mientras David lamía la pequeña herida que causó provocando que Regina se retorciera por el insano placer.
Después, el alfa descendió. Una mano bajo los pechos de la reina y la boca besando con ardor el plano vientre.
Y de pronto, los dedos salieron de ella, el príncipe estaba encima suyo y la estrechaba fuertemente contra él
- Oh, mi bella y preciada omega - sollozó un poco, con la voz llena de emoción. La besó en los labios - Te amo, te amo tanto - volvió a besarla introduciendo su lengua hasta lo más profundo de la dulce boca
- ¿Qué pasa? - preguntó divertida y sin aliento por ese beso que acababa de darle
- Pero creí que… - frunció el ceño y se irguió quedando hincado entre las esculturales piernas de la reina
- Explícate, querido - solicitó alzándose un poco en sus antebrazos y sin entender nada
- Estás embarazada - le dijo y la expresión de sorpresa en el bello rostro de la omega le indicó que ella tampoco tenía idea
- Oh, Dios - se dejó caer sobre el sillón con las manos en la cabeza
- ¿Fallaron los anticonceptivos? - preguntó acariciándole las caderas suavemente y ella negó
- Creo que olvidé tomarlos - respondió y soltó un largo suspiro.
Recordaba no haber estado segura de tomarlos cuando su último celo terminó. Y es que había sucedido abruptamente. La tomó por sorpresa y le golpeó de lleno de primera instancia como en Neverland.
Llamó desesperada a David y él la tomó entre sus brazos, la llevó a casa y le recordó de los anticonceptivos mientras él se encargaba de las niñas y de ahí, Regina recordaba haber agarrado el frasco que terminó en el suelo y no estaba segura si alcanzó a tomar o no.
Cuando el príncipe volvió a la habitación, la omega estaba desesperada y suplicante haciendo que todo desapareciera y no existiera nada ni nadie más que ella, por lo que no se aseguró de que Regina hubiera tomado los anticonceptivos.
Y ahora, la reina sabía perfectamente que no lo había hecho
- David… yo - trató de explicar, pero él la interrumpió
- No estoy enojado, preciosa omega - aclaró volviéndose a inclinar hasta quedar sobre ella - Estoy sumamente feliz por la noticia - besó largamente su frente temiendo que Regina pudiera sentir que había hecho algo mal y no quería que se disculpara por estar embarazada.
Y es que aún no habían acordado tener más hijos. Estaban en el acuerdo de usar anticonceptivos hasta que ambos se sintieran listos para otro embarazo.
La besó de nuevo, demandante y posesivo, dejándose llevar por el alfa en él que moría de orgullo al saber que había embarazado a su bella esposa de nuevo, que su preciada omega le iba a dar otro hijo
- Hazme el amor, esposo - pidió Regina mientras envolvía la gruesa cintura del sheriff con sus piernas - Te necesito dentro de mí - jadeó mirándole fijamente al tiempo que desabrochaba el cinturón, el pantalón y metía la mano para encontrar el miembro caliente y palpitante - Estás tan duro - habló con ardor sintiendo su propio centro palpitar y lubricar más
- Así me pones siempre, hermosa omega - siseó deseoso cerrando los ojos y tragando pesado al sentir la delicada mano de su mujer estimularle el miembro.
Ninguno de los dos quería esperar. Ambos tenían las mismas ansias y necesidad urgente de amarse.
Sin embargo, no disponían de mucho tiempo. Les estaban esperando y sus hijitas podían despertar en cualquier momento.
Así que Regina se alzó y le empujó hasta que David se recostó sobre el sillón. La reina se montó sobre él, tomó el endurecido miembro y lo colocó contra su estrecha entrada.
Descendió sin esperar nada, provocando que ambos soltaran un pequeño gemido estrangulado y que dejaran escapar uno más audible cuando estuvieron unidos por completo
- Cómo amo tu miembro, alfa - gimió y comenzó a moverse sensualmente sobre él
- Carajo - gruñó el príncipe indeciso de dónde poner sus manos, sintiendo el suave y delicioso vaivén que su hermosa esposa imponía mientras le montaba con majestuosidad.
Sonrió al escucharlo y aumentó el ritmo cambiándolo a un subir y bajar haciéndolo gemir roncamente. Se mordió el labio inferior por la exquisita estimulación que estaba consiguiendo y echó un poco la cabeza hacia atrás
- Tan profundo - murmuró entre gemidos y jadeos, y es que cuando tomaba toda la larga longitud, sentía la punta del miembro muy, muy dentro, aunque en esa posición, no alcanzaba a acariciar su cérvix
- Así, muévete así. Majestad - la alentó a que siguiera y no se fuera a detener.
Toda su entrepierna estaba mojadísima con la esencia de la reina que no paraba de brotar de la estrecha entrada en la que estaba dentro.
Al escucharlo, Regina apoyó sus manos sobre el amplio pecho y comenzó a moverse con fuerza y rapidez. Clavándose una y otra vez en el duro mástil que podía sentir hincharse y palpitar en su interior.
Los ojos se le llenaron de lágrimas de placer al sentir el nudo comenzar a formarse y dificultando un poco el movimiento al quererse alzar, amenazando con dejarla atada a él.
Y el sólo pensamiento de estar anudada la hacía enardecer más de deseo.
Las grandes manos del alfa la aferraban de las caderas, ayudándola a rebotar con más ímpetu sobre él y sobretodo, asegurándose que tomara todo su miembro cada vez que bajaba y Dios, era alucinante cuando la estrecha intimidad tomaba ese punto donde su nudo se hacía cada vez más grueso
- Voy a venirme muy duro para ti, alfa - gimió Regina con su hermosa voz de omega.
Soltó un pequeño grito mezclado con un agudo lloriqueo cuando el príncipe le dio una certera nalgada que causó un poco de delicioso escozor. Después le apretó la nalga para luego darle otro par de nalgadas que provocaron que las lágrimas rodaran por sus mejillas y que el placer se volviera insoportable lanzándola sin retorno al clímax
- Ohhhh, sí - gruñó David cuando Regina comenzó a convulsionar literalmente sobre él y a apretarse tan fuerte a su alrededor que no pudo evitar llegar también.
La anudó y su semen comenzó a llenar el interior de la reina abundantemente mientras el ardiente pasaje que envolvía su miembro le ordeñaba para ella, extrayendo toda su semilla.
La omega lloriqueó al venirse una vez más y después cayó desfallecida sobre el pecho del alfa que la envolvió de inmediato entre sus fuertes y protectores brazos
- Vas a darme otro hijo, preciosa omega - le besó la sudorosa frente con devoción - Dios, te amo tanto, Regina - sollozó un poco por la emoción
- También yo a ti, David - respondió con voz agitada concentrándose en recuperar el aliento. Sintiéndose muy llena y satisfecha.
Y no podía explicar lo feliz que se sentía al saberse embarazada de nuevo y ver que su alfa también estaba muy feliz con la noticia.
Poco después, estuvieron en Granny's donde todo estaba listo para una pequeña reunión con varias personas.
En cuanto pusieron un pie ahí, Henry y Emma tomaron a una bebé cada uno. Ambos estaban locos por sus hermanitas y las consentían a más no poder, sobretodo la alfa que, como buena adulta con dinero propio, les compraba todo aquello que no necesitaban
- Belle - Regina saludó a la omega que se giró hacia ella mostrando un notario embarazo de cuatro meses.
Había sido todo confusión y emoción cuando Ruby anunció que Belle estaba embarazada. Desde luego que todos se preguntaban cómo había ocurrido y la respuesta les dejó perplejos.
Emma había hecho todo lo posible por aprender un hechizo y otorgarle a Ruby un miembro en el siguiente celo de Belle para que pudiera dejarla embarazada. Y es que había visto a la joven lobo mirar con amor y nostalgia a la omega cuando sostenía a una de las gemelas cuando las fueron a conocer y no se pudo resistir
- Ya sabemos qué será - les contó entusiasmada con ambas manos sobre el vientre
- ¿Y? - preguntó Regina mientras David la abrazaba por detrás, entrelazando sus dedos por enfrente de la estrecha cintura de la reina
- Niño - anunció la ex bibliotecaria
- Muchas felicidades - dijeron el príncipe y Regina al unísono. La reina suspiró con amor cuando lo sintió acariciarle el vientre y después darle un beso en la mejilla derecha
- Y se llamará Adam - dijo Ruby apareciendo en escena para darle un largo beso en la frente a su embarazada omega.
Un sollozo les hizo voltear y ahí estaba Granny, con un pañuelo y haciéndoles ademanes de que no le pusieran atención
- Se pone sentimental cada que hablamos del bebé - les contó Ruby.
Un reniego les hizo voltear a ver a sus hijas y se encontraron con que Elizabeth parecía estar sermoneando a Emma con balbuceos
- Ojalá pudiera entenderle - dijo la rubia sorprendida mientras Henry moría de la risa con Caroline en brazos que estaba por agarrar una papita frita
- Caroline - Regina llamó a su pequeña hija que volteó a verle en cuanto le escuchó - No, princesita - le dijo y Henry la alejó de inmediato al darse cuenta de lo que pasaba, ganándose su propio reniego de la gemela
- Dios, Regina. Estas niñas son una copia tuya cuando se ponen así - dijo la alfa pasándole a una enfurruñada Elizabeth que tenía su pequeño ceño fruncido
- Mi amor - besó la mejilla de su bebé quien comenzó a reír alegre al verse en brazos de su madre
- Les tenemos una noticia - dijo David y en ese momento Caroline comenzó a inquietarse y amenazar con soltarse a llorar.
Henry volteó alarmado buscando la ayuda del príncipe quien de inmediato se acercó para tomar a su hijita en brazos
- ¿Qué noticia? - preguntó impaciente una vez que el alfa calmó a la pequeña
- Estoy embarazada - anunció Regina.
Todos lanzaron una exclamación de sorpresa y Eugenia sollozó de nuevo.
Las felicitaciones no se hicieron esperar. Henry abrazó a su madre con mucho amor y se mostró muy feliz por la noticia como cuando supo del primer embarazo. Emma igual, les felicitó muy emocionada al saber que tendría otro hermanito
- Felicidades - la voz de Snow les hizo voltear a ambos.
La princesa había llegado minutos antes y alcanzó a escuchar la noticia. Estaba ahí porque había logrado ganarse la confianza de todos de nuevo, excepto la de David y de Regina por completo.
La toleraban y no era que pensaran que iba a intentar hacerles daño, pero no confiaban plenamente en ella
- Gracias - murmuró la reina con sincera gratitud y abrazó un poquito más a Elizabeth.
Hasta ese día, la beta no había tocado a ninguna de las gemelas y Regina no quería que eso cambiara
- Son hermosas - dijo Snow con una sonrisa en los labios.
Les había visto en contadas ocasiones. La reina y el príncipe eran muy sobreprotectores con las gemelas, y a la beta, le seguía sorprendiendo el increíble parecido de las niñas con David quien, por cierto, comenzaba a mostrarse territorial.
Algo que no pasó desapercibido para nadie
- Bueno, vamos a cenar - Ruby rompió la tensión del momento.
David pudo olvidarse del incómodo momento al estar conviviendo con las personas que consideraba su familia. Feliz de tener a su lado a su hija mayor y a su nieto, a sus pequeñas hijas y a su amada omega nuevamente embarazada que se veía radiante y feliz.
Por su parte, Regina se sentía plena y feliz al estar conviviendo con todas esas personas a pesar del oscuro pasado que compartían. Recordaba las palabras de clara burla de Gold cuando insinuó que ella jamás sería parte de esa familia y ahora estaba ahí, con su hijo, Emma y sus pequeñas princesitas. Embarazada y al lado de su amado y valeroso alfa al que le pertenecía en cuerpo y alma, su esposo y compañero de vida.
Y lo único que podía pensar era que, al fin, después de tanto sufrimiento, dolor y oscuridad, había logrado tener su final feliz.
Fin
